Como se fue señalado en otra sección de este reporte las radiaciones de

las explosiones nucleares que causaron lesiones a personas fueron

primariamente ésas sentidas durante el primer segundo después de la

explosión; pocas ocurrieron más tarde, pero todas ocurrieron durante el

primer minuto. Los dos otros tipos generales de radiación, a saber,

radiación de productos esparcidos de fisión y radioactividad inducida

de objetos cercas al centro de la explosión, fueron aprobados

claramente de no causar ningunas casualidades.

La designación apropiada de lesiones de radiación es un poco difícil.

Las dos designaciones las más directas son probablemente lesión de

radiación y lesión de rayos gamma. El termino precedente no es

enteramente adecuado en que no define el tipo de radiación como

ionizando y permite confusión con otros tipos de radiación (por ejemplo

infrarrojo). La objeción al termino más reciente es que limite la

radiación ionizanda a rayos gamma, que fueron sin dudo los más

importantes; pero la contribución posible de rayos de neutrón y rayos

beta a los efectos biológicos no puede ser enteramente rechazada.

Lesión de radiación tiene la ventana de costumbre, como es entendida

generalmente en el campo de medicina que se refiere a los efectos de

rayos X a diferencia de los efectos de radiación actinica. En

conformidad, lesión de radiación es usada en este reporte para

significar lesión debida solamente a radiación ionizanda.

Según observaciones japonesas, los síntomas primarios de los pacientes

que sufrieron de lesión de radiación parecieron mucho a los síntomas

observados de pacientes que reciben roentgenoterapia, así como también

ésas observadas en animales experimentales que reciben dosises grandes

de rayos X. Los síntomas importantes que fueron reportados por los

Japoneses y observados por las autoridades americanas fueron depilación

(perdida de pelo), Petequias (flujo de sangre en la piel), y otras

menafastaciones de hemorragia, lesiones orofaringeas (inflamación de la

boca y garganta), vomitando, diarrea, y fiebre.

Depilación fue uno de los descubrimientos más obvia y espectacular. La

apariencia del paciente depilado fue típica. La corona fue implicada

más que los lados, y en muchas instancias la semejanza a una tonsura de

un monje fue impresionante. En casos extremos el pelo fue perdido

totalmente. En algunos casos, recrecimiento de pelo comenzó 50 días

después de los bombardeos. Curiosamente, depilación de pelo otro que el

pelo sobre el cuerocabelludo fue extremamente inusual.

Petequias y otras manifestaciones de hemorragia fueron descubrimientos

impresionantes. El flujo de sangre comenzó regularmente en las ensillas

y fue evidente pronto de todas fuentes posibles en los que fueron

afectados más gravemente. Petequias aparecieron sobre extremidades y

sobre puntos de compresión. Equimosises grandes (hemorragias debajo la

piel) se desarrollaron alrededor de punciones de agujas, y lesiones

sanadas parcialmente se debilitaron y sangraron mucho. Hemorragias

retinas ocurrieron en muchos pacientes. El tiempo para sangradura y

coagulación fue prolongado. Las plaquetas (coagulación de sangre)

fueron característicamente reducidas en números.

Nausea y vómito aparecieron dentro de algunas horas después de la

explosión fueron reportados frecuentemente por los Japoneses.

Regularmente subsidió por la mañana siguiente, aunque a veces duró para

dos o tres días. Vomitando no fue reportado infrecuentemente y fue

observado durante el transcurso de síntomas más tardes, aunque a estos

tiempos aparentemente en relación con la otra manifestación de

reacciones sistemáticas asociadas con infección.

Diarrea de grados variantes de severidad fue reportada y observada. En

los casos más graves, fue frecuentemente sangrienta. Por razones que no

son claras, la diarrea en algunos casos fue muy persistente.

Lesiones de las encías, y de la membrana oral mucosa, y de la garganta

fueron observadas. Las áreas afectadas encrecieron rojo fuerte,

entonces violácea en color; y en muchas instancias ulceraciones y

necrosis (colapso de tejido) siguieron. Recuentos sanguíneos hechos y

ordenados de nuevo por los Japoneses, así como recuentos hechos por el

Grupo del Distrito de Ingenieros de Manhattan, de estos pacientes

mostraron regularmente leucopenia (recuento sanguíneo bajo de glóbulos

blancos). En casos extremos el recuento sanguíneo de glóbulos blancos

fue bajo 1.000 (recuento regular es cerca 7.000). En conexión con la

leucopenia y las lesiones orofaringeas, una variedad de otros procesos

infectos fue vista. Lesiones y quemaduras que sanaron adecuadamente

supuraron y grave necrosis ocurrió. Al mismo tiempo, ulceraciones

similares fueron observadas a la faringe, tripas, y en el caso de

hembras, los genitales. Fiebre acompañó estas lesiones usualmente.

Lesiones en los ojos producidas por los bombardeos atómicos en las dos

ciudades fueron el sujeto de investigaciones especiales. Los tipos

regulares de lesiones mecánicos fueron vistos. Por añadidura, lesiones

consistentes en hemorragia retinal y exudación fueron observadas y 75%

de los pacientes que las mostraron tuvieron otras muestras de lesión de

radiación.

El progreso de enfermedad de radiación de varios grados de severidad se

muestra en la tabla siguiente:

_SUMARIO DE LESION DE RADIACIÓN_

_SINTOMAS CLINICAS Y DESCUBRIMIENTOS_

Día

después

de la

Explosión Más Grave Moderadamente Grave Benigno

1. 1. Nausea y vomitando 1.Nausea y vomitando

2. después de 1 o 2 horas. después de 1 o 2 horas.

3. NO HAY SÍNTOMAS DEFINIDAS

4.

5. 2. Diarrea

6. 3. Vómito NO HAY SÍNTOMAS DEFINIDAS

7. 4. Inflamación de la

boca y la garganta

8. 5. Fiebre

9. 6. Enflaquecimiento Rápido

10. Muerte NO HAY SÍNTOMAS DEFINIDAS

11. (Mortalidad probablemente 2.Depilación comienza.

12. 100%)

13.

14.

15.

16.

17.

18. 3. Perdida de Apetito

19. y Malestar General 1. Depilación

20. 4. Fiebre 2. Perdida de Apetito

21. 5. Inflamación Grave y Malestar

22. de la boca y la garganta 3. Garganta Adolorada

23. 4. Palidez

24. 5. Petequias

25. 6. Diarrea

26. 7. Enflaquecimiento Moderado

27. 6. Palidez

28. 7. Petequias, diarrea

29. y hemorragias nasales (Recuperación salvo los que son

30. complicados por mal de salud o

31. 8. Enflaquecimiento Rápido lesiones o infección superpuestas)

Muerte

(Mortalidad probablemente 50 %)

La conclusión fue que las personas expuestas a las bombas al tiempo de

la detonación mostraron efectos de radiación ionizanda y que algunos de

estos pacientes, no lesionados de otra manera, murieron. Casualidades

de radiación comenzaron casi una semana después de exposición y

llevaron a cabo en 3 a 4 semanas. Casi dejó de suceder en 7 a 8

semanas.

Tratamiento de las quemaduras y otras lesiones físicas fue hecho por

los Japoneses por métodos ortodoxos. Tratamiento de los efectos de

radiación incluyeron medidas generales sustentadores aquellos que

descansó y regímenes alimenticios caloríficos y con muchas vitaminas.

Preparaciones de calcio y de hígado administradas por inyección y

transfusiones de sangre fueron usadas para combatir hemorragia.

Preparaciones especiales de vitaminas y drogas especiales usadas en el

tratamiento de condiciones médicas similares fueron usadas por los

oficiales del Servicio de Sanidad del Ejército Americano después de su

llegada. Aunque las medidas generales puestas en efecto fueron de algún

beneficio, un efecto definido de cualquiera de las medidas especificas

durante el curso de la enfermedad no podía ser demostrado. El uso de

drogas de sulfamidas por los Japoneses y particularmente de penicilina

por los médicos americanos después de su llegada sin dudo ayudó a

controlar las infecciones y aparece que fuera el tipo único importante

de tratamiento que pudiera cambiar el curso más temprano de estos

pacientes.

Una de las tareas más importantes asignadas a la misión que se

investigó fueron los efectos del bombardeo fue ésta de determinar si

los efectos de la radiación fueran debidos a las descargas instantáneas

al tiempo de la explosión, o si gente fuera dañada por añadidura de

radioactividad persistente. La cuestión fue investigada de dos puntos

de vista. Medidas directas de radioactividad persistente fueron hechas

al tiempo de la investigación. De estas medidas, cálculos fueron hechos

de los dosises escalonados de radiación, es decir , la cantidad total

de radiación podía estar absorbido por cualquier persona. Estos

cálculos mostraron que el dosis más fuerte que habría estado recibido

de radioactividad persistente en Hiroshima fue entre 6 y 25 roentgenes

de radiación gamma; el más fuerte en la área Nagasaki fue entre 30 y

110 roentgenes de radiación gamma. La cifra más reciente no refiere a

la ciudad misma, pero a una área localizada en el Distrito Nishiyama.

Para interpretar eses encuentros tiene que entender que para obtener

estos dosises, alguien tendría que quedar al punto de radioactividad

más fuerte para 6 semanas continuamente, desde la primera hora después

del bombardeo. Es aparente en consecuencia que en cuanto a podría estar

determinado en Hiroshima y Nagasaki, la radiación residual sola no

podía estar dañina a la salud de personas que entraron y vivieron en

las áreas bombardeadas después de la explosión.

El segundo enfoque a esta cuestión fue para determinar si cualquier

persona que no estuvo en

la ciudad al tiempo de la explosión, pero que vinieron inmediatamente

después mostraron cualquiera síntomas o encuentros que podían estar

debidos a radiación inducida de persistencia. A la hora de la llegada

del Grupo de Ingenieros del Distrito de Manhattan, muchos estudios

japoneses fueron hechos con tales personas. Ningunas de las personas

examinadas en cualquier de estos estudios mostraron cualquier síntomas

que podían estar atribuidas a radiación, y sus recuentos sanguíneos

actuales fueron consistentemente a dentro de los límites normales.

Durante todo el periodo de la investigación del Distrito de Ingenieros

de Manhattan, médicos japoneses y pacientes fueron pedidos

repetidamente que traer cualquier pacientes al Grupo que ellos pensaban

podrían ser ejemplos de personas dañadas de radioactividad persistente.

Tales sujetos no fueron encontrados.

Por siguiente la conclusión, como resulta de estos descubrimientos y

falta de descubrimientos, es que aunque una cantidad medida de

radioactividad inducida fue encontrada, no fue suficiente para causar

ningún herida a personas que vivían en las dos ciudades después de los

bombardeos.

ESCUDO DE RADIACIÓN

Cifras exactas sobre el grueso de ciertas sustancias para proveer

protección completa o parcial de los efectos de radiación con relación

a la distancia del centro de la explosión no pueden estar dadas a este

tiempo. Estudios de datos coleccionados son ya en camino. Puede ser

declarado, no obstante, que a una distancia razonable, casi 1/2 milla

del centro de la explosión protección para personas contra lesión de

radiación no puede ser dada por un estrato de concreto o otro material

cuyo grueso no evita construcción razonable.

Radiación causó últimamente la muerte de pocas personas que no fueron

agotadas por otros efectos y que fueron completamente expuestas a las

bombas hasta una distancia de casi 1/2 milla de X. La Misión Británica

estimó que gente al aire libre tuvieron una posibilidad de 50% de

sobrevivir los efectos de radiación a 3/4 de una milla de X.

EFECTOS DE LOS BOMBARDEOS

ATÓMICOS SOBRE LOS HABITANTES

DE LAS CIUDADES BOMBARDEADAS

A ambas Hiroshima y Nagasaki la escala tremenda de desastre destruyó

extensamente las ciudades como entidades. Mismo el peor de todos

ataques previos de bombardeo sobre Alemania y Japón, así como ataques

incendiarios sobre Hamburg en 1943 y sobre Tokio en 1945, no fue

comparable al efecto paralizando de las bombas atómicas. Además del

número enorme de personas que fueron matados o lesionados para que sus

servicios en rehabilitación no fueran disponibles, una huida de la

población ocurrió de ambas ciudades inmediatamente siguiente las

explosiones atómicas a causa de pánico. Reconstrucción significante o

trabajo de reparación no fue realizado a causa del regreso lento de la

población; al fin de noviembre de 1945 cada una de las ciudades tuvo

solamente casi 140.000 gente. Aunque el termino de la guerra casi

inmediatamente después de los bombardeos atómicos destruyó mucho del

incentivo de la gente japonesa que concierne reconstrucción inmediata

de sus perdidas, su parálisis fue ya extraordinaria. Mismo el despejo

de ruinas y la quemadura de muchos cuerpos atrapados adentro no fueron

bien organizados algunas semanas después de los bombardeos. Como la

Misión Británica declaró , la impresión que causan las dos ciudades es

que bajaron, en un instante y sin lucha, al grado más primitivo.

Además de lesión física y daño, el efecto el más significante de las

bombas atómicas fue que sobrecogió de terror a los pueblos de las dos

ciudades bombardeadas. Este terror, resultante en actividad inmediata

histérica y evacuación de las dos ciudades, tuvo un efecto

especialmente pronunciado: personas que han encarecido acostumbradas a

ataques aéreos masivos no pusieron atención a aviones únicos o pequeños

grupos de aviones, pero después de los bombardeos atómicos la

apariencia de un avión único causó más terror y disrupción de la vida

normal que la apariencia de muchos cientos aviones podía causar antes

de los bombardeos. El efecto de este miedo terrible del peligro

potencial que hasta un avión del enemigo sobre las vidas de los pueblos

del mundo en caso de cualquier guerra del futuro puede estar fácilmente

conjeturado.

La bomba atómica no ganó la guerra sin ayuda, pero la terminó

indudablemente, salvando algunas mil personas que habrían muerto en

cualquier invasión de combata de Japón.

TESTIGO OCULAR

Hiroshima el 6 de agosto de 1945

por Padre John A. Siemes, Profesor de Filosofía a la Universidad

Católica de Tokio

Hasta el 6 de agosto, bombas infrecuentes, que no hicieron grande daño,

cayeron sobre Hiroshima. Muchas ciudades tortuosas, una tras otra,

fueron destruidas, pero Hiroshima quedaba protegida. Había aviones de

observación casi diario sobre la ciudad pero ninguno lanzó una bomba.

Los ciudadanos se maravillaron de que ellos mismos quedaron serenos

durante un espacio de tiempo tan largo. Había rumores fantásticos que

el enemigo tuvo pensado especial para la ciudad, pero nadie sonó que el

fin vendría en tal modo como la mañana del 6 de agosto.

El 6 de agosto comenzó con una mañana de verano calor y brillante. A

ése de las siete, había un aviso de ataque aéreo que nosotros hemos

oído casi cada día y algunos aviones aparecieron sobre la ciudad. Nadie

puso atención y a cerca las ocho, la señal de que había pasado el

peligro fue sonada. Yo estoy sentando en mi cuarto al Noviciado de la

Sociedad de Jesús en Nagatsuke; durante la mitad pasada del año, la

sección filosófica y teológica de nuestra Misión ha estado evacuada a

este lugar de Tokio. El Noviciado está situado aproximadamente dos

kilómetros de Hiroshima, en el medio de un valle arriba que extiende de

la ciudad al nivel del mar a esta región alejada montañosa, y por la

que un río recorre. De mi ventana, tengo una vista maravillosa por el

valle a la fuera de la ciudad.

De repente,--- la hora es aproximadamente 8:14 - toda el valle llenó

con una luz deslumbrante que se parece a la luz de magnesio que se usa

para fotografía, y yo tengo consciencia de una onda de calor. Yo salto

a la ventana para enterarme de la causa de este fenómeno, pero yo no

voy más que esa luz brillante y amarilla. Como yo voy hacia la puerta,

no me ocurre que la luz podría tener que ver con aviones del enemigo.

De camino de la ventana, yo oigo una explosión moderadamente fuerte que

parece que viene desde lejos y, al mismo tiempo, las ventanas rompen

con un estallido fuerte. Había un intervalo de quizá diez segundas

desde la ráfaga de luz. Yo estoy cubierto por fragmentos de vidrio. El

cerco entero de la ventana fue introducido por fuerza en el cuarto. Yo

me doy cuenta de que una bomba detonara y tengo la impresión de que

detonó directamente arriba de nuestra casa o en la vecindad cercana.

Yo sangro por heridas de las manos y la cabeza. Yo intento salir por la

puerta. Ha sido arrancada por la presión del aire y ha encarecido

apretada. Yo fuerzo una apertura en la puerta por medio de bofetadas y

golpes de pie y vengo a un corredor ancho del que desemboca en los

varios cuartos. Todo está en estado de confusión. Todas las ventanas

están rotas y todas las puertas forzadas hacia dentro. Las estanterías

en el corredor se han derrumbado. No noto una segunda explosión y los

aviadores parecen que estar en funcionamiento. La mayoría de mis

colegas han estado lesionadas por fragmentos de vidrio. Algunos sangran

pero ninguno ha estado lesionado gravemente. Todos nosotros hemos sido

afortunados como ahora es aparente que la pared de mi cuarto frente de

la ventana ha sido lacerada por fragmentos largos de vidrio.

Nosotros procedemos al frente de la casa para ver donde la bomba ha

aterrizado. No hay evidencia, sin embargo, de un embudo; pero la

sección sudoeste de la casa es dañada severamente. No queda ni una

ventana ni una puerta. La ventolera de aire ha penetrado la casa entera

del sudoeste, pero la casa ya está recta. Es construida al estilo

japonés con un armazón de madera, pero es grandemente fortalecida por

la labor de Compadre Gropper como se hace frecuentemente en casas

japonesas. Solamente por la frente de la capilla que junta la casa,

tres soportes han cedidos (fue construido de un templo japonés,

enteramente de madera.)

Abajo en el valle, quizá un kilometro hacia la ciudad de nosotros,

algunas casas de campesinos están ardiendo y los bosques al otro lado

del valle están en llamas. Algunos de nosotros vamos allí para ayudar a

controlar las llamas. Mientras tratamos de ordenar todo, una tempestad

viene y comienza a llover. Sobre la ciudad, nubes de humo ascienden y

oigo algunas pequeñas explosiones. Yo concluyo que una bomba

incendiaria con una acción explosiva especialmente fuerte ha detonado

en el valle. Algunos de nosotros vimos tres aviones a una altitud

enorme sobre la ciudad al tiempo de la explosión. Yo mismo no vi ningún

vehículo aéreo.

Quizá una media hora después de la explosión, una procesión de gente

comienza a venir por el valle de la ciudad. La multitud se vuelve más

numerosa continuamente. Algunos vienen por el camino a nuestra casa.

Nosotros les damos primeros auxilios y los traemos dentro de la

capilla, que hemos limpiado y hemos removido despojos en el tiempo

medio, y los situamos a las esteras de paja que constituyen los pisos

de casas japonesas para que puedan descansarse. Algunos tienen heridas

horribles sobre las extremidades y la espalda. Las pequeñas cantidades

de grasa que poseímos durante este tiempo de guerra fueron agotadas

pronto para cuidar a las quemaduras. Padre Rektor que, antes de tomar

sus ordenes sacerdotales, ha estudiado medicina, suministra a las

personas lesionadas, pero nuestros vendajes y drogas son agotados

pronto. Tenemos que estar contentos de depurar las heridas.

Más y más personas lesionadas nos vienen. Las personas menos lesionadas

arrastran las que son lesionadas más gravemente. Hay soldados

lesionados, y madres que traen niños quemados en sus brazos. De las

casas de los granjeros en el valle vienen noticias: Nuestras casas son

llenas de personas lesionadas y moribundas. ¿Pueden ayudar, a menos por

tomar los casos peores?. Las personas lesionadas vienen de las

secciones a la fuera de la ciudad. Vieron la luz brillante, sus casas

se derrumbaron y enterraron las residentes en sus cuartos. Ellos que

estuvieron al aire libre sufrieron de quemaduras instantáneamente,

particularmente sobre las partes de cuerpo que fueron vestidas

ligeramente o desvestidas. Numerosos incendios comenzaron que

consumieron pronto el distrito entero. Concluimos ahora que el

epicentro de la explosión estuvo a la fuera de la ciudad cerca de la

Estación de Jokogawa, tres kilómetros de distancia de nosotros. Nos

ocupamos de Padre Kopp que este mañana misma fue para celebrar misa a

las Hermanas de los Pobres, que tienen una casa para niños a la fuera

de la ciudad. No ya ha vuelto.

Cerca al mediodía, nuestra gran capilla y biblioteca son llenas de

personas gravemente lesionadas. La procesión de refugiados de la ciudad

continua. Finalmente, a casi una hora, Padre Kopp vuelve, junto con las

Hermanas. Su casa y el distrito entero donde viven fue consumido por el

fuego a la tierra. Padre Kopp sangra de la cabeza y el cuello, y tiene

una grande quemadura sobre su palma derecha. Estuvo de pie delante del

convento de monjas listo para ir a su casa. De repente, se dio cuenta

de la luz, sintió la onda de calor y una grande ampolla formó sobre su

mano. Las ventanas fueron arrancadas por la explosión en su vecindad

cercana. El convento de monjas, también una estructura de madera hecha

por nuestro Compadre Gropper, quedó ya pero pronto es notado que la

casa está prácticamente destruida porque el incendio, que ha comenzado

a muchos puntos en el barrio, viene más y más cerca, y no hay agua. Hay

ya tiempo para rescatar ciertas cosas de la casa y para enterrarlas en

un sitio libre. Entonces la casa es consumida por llama, y ellos luchan

para volver a nosotros por la libera del río y por las calles

ardientes.

Pronto vienen las noticias que la ciudad entera ha sido destruida por

la explosión y que está ardiente. ¿Que han sido del Padre Superior y

los otros tres padres que estuvieron al centro de la ciudad a la Misión

Central y la Casa Parroquial? No hemos pensado en ellos hasta este

tiempo porque no creímos que los efectos de la bomba circundaban la

ciudad entera. También, no quisimos ir a la ciudad salvo si fuera

extremamente necesario, porque pensamos que la población era

grandemente perturbada y que podría vengarse a cualquier extranjero que

ellos podrían considerar como espectadores maliciosos de su infortunio,

o hasta espías.

Padre Stolte y Padre Erlinghagen van por el camino que está ya lleno de

refugios y traen los que son gravemente lesionados que se han hundido

cerca del borde del camino a la estación provisional en la escuela

aldeana. Allí yodo es aplicado a las heridas pero son dejadas impuras.

Ni ungüentos ni otros agentes terapéuticos son disponibles. Esos que

fueron traídos a la casa se acostaban sobre el piso y nadie puede

darlos mas atención. ¿Que podría hacer cuando nos faltan todas medidas?

Bajo esas circunstancias, es casi inepto traerlos a la casa. Entre los

transeúntes, hay muchos que están ilesos. En una manera insensata y

vaga, perturbado por la magnitud del desastre la mayoría de ellos

corren por todas partes y nadie conceptúa el pensado de organizar ayuda

por iniciativa propia. Se ocupan del bienestar de sus familias propias.

Se hizo claro a nosotros durante estos días que los Japoneses mostraron

poco iniciativo, preparación, y destreza de organización por preparando

para catástrofes que siguen su curso. Cuando nosotros los estimulamos a

tomar parte en el trabajo de salvamento, hicieron todo gustosamente,

pero hicieron poco por iniciativa propia.

A cerca de cuatro horas en la tarde, un estudiante de teología y dos

niños a la edad de kindergarten que vivían a la Casa Parroquial y

edificios colindantes que han encendido, entraron y dijeron que Padre

Superior La Salle y Padre Schiffer han estado dañados gravemente y que

se refugiaron en el Parque Asaro a la ribera. Es obvio que tenemos que

admitirlos en nuestra casa porque están demasiado débiles para venir

aquí a pie.

Los Bombardeos Atomicos de Hiroshima y Nagasaki · 第 4 / 6 段