competir con _Heliodoro_. La mayor alabanza que podemos darle, es decir
que es cierto. Los amores que refiere son castísimos; la fecundidad de
la invención, maravillosa; en tanto grado, que, pródigo su ingenio,
excedió en la multitud de los episodios. Los sucesos son muchos y
muy varios. En unos se descubre la imitación de _Heliodoro_, y de
otros, muy mejorada; en los demás campea la novedad. Todos están
dispuestos con arte, y bien explicados, con circunstancias casi
siempre verosímiles. Cuanto más se interna el lector en esta obra,
tanto es mayor el gusto de leerla, siendo el tercero y cuarto libro
mucho mejores que el primero y segundo. Los continuos _Trabajos_
llevados en paciencia, acaban en descanso, sin máquina alguna; porque
un hombre como Cervantes sería milagro que acabase con algún milagro,
para manifestar la felicidad de su raro ingenio. En las descripciones
excedió á _Heliodoro_. Las de éste suelen ser sobrado frecuentes y muy
pomposas. Las de Cervantes á su tiempo y muy naturales. Aventajóle
también en el estilo, porque aunque el de _Heliodoro_ es elegantísimo,
es algo afectado, demasiadamente figurado y más poético de lo que
permite la prosa. Defecto en que cayó también el discreto Fenelón. Pero
el de Cervantes es propio, proporcionadamente sublime, modestamente
figurado y templadamente poético en tal cual descripción. En suma, esta
obra es de mayor invención y artificio, y de estilo más sublime que
la de _Don Quijote de la Mancha_. Pero no ha tenido igual aceptación;
porque la invención de la historia de Don Quijote es más popular y
contiene personas más graciosas; y como son menos en número, el lector
retiene mejor la memoria de las costumbres, hechos y caracteres de cada
una. Fuera de eso, el estilo es más natural y tanto más descansado
cuanto menos sublime. Sepan, pues, los que escriben, que poner término
á la invención y levantar la mano de la obra, si es á su tiempo, es la
última diligencia, y mano. Y esto mismo me amonesta de que ya es hora
de que yo no moleste más á mi lector, á quien suplico me perdone muchas
impertinencias que aquí ha leído, pues mi fin sólo ha sido obedecer á
quien debía el obsequio de recoger algunos apuntamientos, para que otro
los ordene y escriba con la felicidad de estilo que merece el sujeto de
que tratan. Entretanto, yo daré ahora una fidelísima copia del mismo
original, procurando acabar con aquellas mismas palabras con que Miguel
de Cervantes Saavedra dió principio al prólogo de sus _Novelas_.
183. "Quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de
escribir este _prólogo_, porque no me fué tan bien con el que puse en
mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar con éste. De esto
tiene la culpa algún amigo[262] de los muchos que en el discurso de mi
vida he granjeado, antes con mi condición que con mi ingenio, el cual
amigo bien pudiera, como es uso y costumbre, grabarme y esculpirme
en la primera hoja de este libro; pues le diera mi retrato el famoso
don Juan de Jáuregui, y con esto quedara mi ambición satisfecha y el
deseo de algunos que querrían saber qué rostro y talle tiene quien
se atreve á salir con tantas invenciones en la plaza del mundo á los
ojos de las gentes, poniendo bajo del retrato: "Éste que veis aquí de
rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de
alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de
plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes,
la boca pequeña, los dientes, ni menudos ni crecidos, porque no tiene
sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen
correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos,
ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena, algo
cargado de espaldas y no muy ligero de pies." Éste digo que es el
rostro del autor de _La Galatea_ y de _Don Quijote de la Mancha_, y
del que hizo el _Viaje del Parnaso_, á imitación del de César Caporal
Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y quizá sin el
nombre de su dueño. Llámase comúnmente MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
Fué soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió á
tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de
Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece
fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable
y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los
venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del Hijo del
rayo de la guerra, Carlos V, de felice memoria."
FIN DE LA "VIDA DE CERVANTES"
NOTAS:
[1] En 8.º--4 hjs. prels.--204 págs.
[2] Cuatro tomos en 4.º mayor.
[3] Según los descubrimientos posteriores, Cervantes fué bautizado
el domingo 9 de Octubre del año 1547 en la iglesia de Santa María la
Mayor, de ALCALÁ DE HENARES. Á más de la partida de bautismo, publicada
en 1753 y reproducida varias veces en facsímile, se prueba _ser natural
de Alcalá de Henares_ por un autógrafo de Cervantes, firmado en Madrid
á 18 de Diciembre de 1580. (Véase _Doc. cerv._, de P. Pastor, tomo I,
pág. 65).--_N. del E._
[4] En el prólogo de sus ocho comedias.
[5] Cap. I.
[6] _Viaje del Parnaso_, cap. VIII, en la Adjunta.
[7] En el prólogo de las novelas.
[8] Tomo I, cap. IX.
[9] Tomo I, cap. VI.
[10] En el mismo capítulo.
[11] Véase la dedicatoria de _La Galatea_.
[12] Ídem, ídem.
[13] Prólogo de las novelas.
[14] En el _Viaje del Parnaso_.
[15] _Viaje del Parnaso_, cap. I.
[16] Alude á que sólo era soldado, sin grado alguno.
[17] Tomo I de _Don Quijote_, cap. XXXIX.
[18] En el _Viaje del Parnaso_, cap. I. En el prólogo de _La Galatea_.
En la aprobación del 2.º tomo de _Don Quijote_ y en los _Tratos de
Argel_.
[19] En el prólogo de las novelas.
[20] _Don Quijote_, tomo I, cap. XLVIII.
[21] Ídem, ídem.
[22] _Rimas_ de Espinel, fol. 44, col. 2.
[23] _Don Quijote_, tomo I. cap. VI.
[24] En el fin de _La Galatea_ y en el prólogo del tomo II de _Don
Quijote_.
[25] En la oración en alabanza de las obras de don Diego Saavedra
Fajardo, la cual precede á su _República literaria_, reimpresa en
Madrid, año 1735.
[26] Lord Carteret.
[27] En la exposición del _Momo_, traducido por Agustín de Almazán.
Conclusión 2.ª
[28] _Don Quijote_, tomo I, cap. III.
[29] Véase la Ley 22, título 21, partida 2.
[30] Lib. III.
[31] Véase Aldrete, _Origen de la lengua castellana_, libro I, cap.
XXII.
[32] Véase el fin de su _Galatea_ y la dedicatoria de sus novelas.
[33] En la dedicatoria de sus novelas.
[34] Diálogo II, pág. 42.
[35] _Lettre de l'origine des romans._
[36] En la Carta 3.
[37] Fr. Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, distinto de don
Antonio de Guevara, prior de San Miguel de Escalada.
[38] _Origen de la lengua castellana_, lib. II, cap. VI.
[39] Diálogo X, pág. 426. Diálogo XI, pág. 447.
[40] _De christiana fœmina. Cap. Qui non legendi scriptores, qui
legendi._
[41] _De causis corruptorum artium_, lib. II, _in fine_.
[42] _Historia imperial y cesárea._ En la vida de Constantino, cap. 1.
[43] En la _Exposición del Momo_. Conclusión 2.
[44] _De locis theologicis._ Lib. II. cap. VI.
[45] En el prólogo de su tomo I.
[46] En el prólogo de la primera parte.
[47] Tomo I, caps. VI, XVIII, XXXII y XLIX. Tomo II, capítulos I y XXVI.
[48] Tomo I, cap. II.
[49] Tomo I, cap. XXXVIII.
[50] Tomo II, cap. VI.
[51] Tomo II, cap. XVI.
[52] Tomo II, cap. XLII.
[53] Tomo II, cap. XLIII.
[54] Tomo II, cap. XXX.
[55] Tomo II, cap. XXXII.
[56] Tomo II, cap. XXVII, en el fin.
[57] Tomo II, cap. XLIV.
[58] Tomo II, cap. LVIII.
[59] Tomo I, cap. XXVIII.
[60] Tomo I, cap. IX.
[61] Tomo I, cap. XV.
[62] Tomo I, cap. XVI.
[63] Tomo II, cap. XVIII.
[64] Tomo II, cap. XL.
[65] Tomo I, cap. V.
[66] _In retoricis._
[67] _De desrum natura._
[68] _In Præcxercitamentis._
[69] _In macrobiis._
[70] _Initio_, lib. II.
[71] En la dedicatoria de su primera novela.
[72] Tomo I, cap. IX.
[73] Tomo II, cap. III.
[74] Miguel de Cervantes Saavedra.
[75] Tomo II, cap. V.
[76] Tomo II, cap. XVI.
[77] Tom. I, cap. IX.
[78] Tomo II, cap. III.
[79] Tomo II, cap. XVI.
[80] Tomo II, cap. XXXII.
[81] Tomo II, cap. III.
[82] Tomo II, cap. LXXI.
[83] Véase el prólogo del segundo tomo de _Don Quijote_.
[84] En la adjunta al _Viaje del Parnaso_.
[85] Tomo II, cap. XXXI.
[86] Tomo II. caps XXXI y XXXII.
[87] Tomo II, cap. LXI.
[88] Tomo II, cap. LXX.
[89] En el fin del tomo II.
[90] Tomo II, cap. XXX.
[91] En la primera edición de Tarragona se lee "hierros", así lo copió
también Mayáns.--_N. del E._
[92] Don Nicolás Antonio, en su Biblioteca hispana.
[93] Montalván, en los elogios á Lope de Vega Carpio, ó _Fama póstuma_,
dice que Lope compuso mil ochocientas comedias.
[94] Tomo I. cap. XLVIII.
[95] Véase lo que dijo Lope de Vega, ya citado.
[96] Comedias de Miguel de Cervantes Saavedra. Véase la _Adjunta al
Parnaso_.
[97] Uno de ellos era Lope de Vega.
[98] El mismo Lope en su _Arte_.
[99] Lope de Vega, de quien dice Montalván que compuso mil ochocientas.
[100] Seis dijo Lope de Vega que había escrito con arte. No las señaló,
librándose con esta cautela de nueva y más rigurosa censura.
[101] En el prólogo del segundo tomo.
[102] En la batalla de Lepanto.
[103] Esto es, á la emulación.
[104] Cap. II.
[105] Tomo II, cap. I.
[106] Tomo II. cap. LVIII.
[107] _Laurel de Apolo_, Selva 8.
[108] En el prólogo del segundo tomo de _Don Quijote_.
[109] En el prólogo ya citado.
[110] En el prólogo del tomo primero del _Quijote_.
[111] _Laurel de Apolo._ Selva 9.
[112] Tomo I, cap. VI.
[113] En el mismo cap. VI.
[114] Tomo I, cap. VI.
[115] Tomo I, cap. I.
[116] Tomo I, cap. I.
[117] Cap. VIII, y en otros muchos.
[118] No le pinta así el aragonés.
[119] Véase el tomo I, cap. IX, de _Don Quijote_.
[120] Esta es una oculta amenaza contra el escritor aragonés.
[121] Como lo es la continuación del aragonés en muchos capítulos.
[122] En el cap. II.
[123] Tomo II. cap. XXXII.
[124] Tomo II. cap. LXX.
[125] Véase el prólogo de la reimpresión del llamado Fernández de
Avellaneda.
[126] Tomo II. cap. LXXI.
[127] Tomo II, cap. LXXII.
[128] Véase la _continuación_ de Fernández de Avellaneda, capítulo
XXXVI.
[129] Habla de la de Fernández de Avellaneda.
[130] Tomo II, capítulo último.
[131] Tomo II, en el fin.
[132] Lo que se sigue está sacado de un romance antiguo, no me acuerdo
cuál.
[133] Indicio de cuán oculto era el autor tordesillesco.
[134] El mal continuador, en el capítulo último, dió indicios de querer
escribir algunas andanzas de Don Quijote en Castilla la Vieja.
[135] Si se contase la del tomo II, serían tres las salidas de Don
Quijote. Pero Cervantes habla suponiendo no estar publicado sino el
primero.
[136] Esto es, Miguel de Cervantes Saavedra.
[137] Periódicos.--_N. del E._
[138] _De christiana fœmina_, lib. I. cap. _Qui non legendi scriptores,
qui legendi._
[139] Novelas de Eneas Silvio, siendo mero beneficiado, retratada
después en su Epíst. 395.
[140] Tomo II, cap. IV.
[141] Véase el fin del tomo I.
[142] Tomo II. cap. XLIV.
[143] Esto es, que pareciesen novelas, como verdaderamente lo son.
[144] Tomo II, cap. XXVII.
[145] Tomo II, cap. L.
[146] Tomo II, cap. LV.
[147] En el mismo capítulo.
[148] En el fin del tomo primero.
[149] Tomo I, cap. VII.
[150] Tomo I, capítulo último.
[151] Tomo II, caps. V y último.
[152] Véase el tomo I, cap. VII, en el fin.
[153] Obsérvese el fin del tomo I.
[154] Tomo I, cap. XLVII.
[155] Véase el tomo I, capítulo último.
[156] _Roderic. toletan._, lib. 6, cap. 30.
[157] Tomo I, cap. XIII.
[158] El mismo Cervantes le alaba mucho, lib. I, cap. VI. Pero Vives le
vitupera con todos sus semejantes.
[159] Tomo I, cap. I.
[160] Tomo II, caps. I y XLVII.
[161] Tomo I, cap. XIX, y tomo II. cap. LVI.
[162] Tomo I, cap. XLVIII.
[163] Tomo II, cap. VIII.
[164] Tomo II, cap X.
[165] Tomo II, cap. XL y LXXI.
[166] _Miniana de rev. hisp._, lib. IV, cap. VIII.
[167] Tomo II, cap. XXXV.
[168] Primera parte del lib. II de la _Historia de la Florida_,
capítulo X, del inca Garci-Laso de la Vega.
[169] Tomo II, cap. XXXV.
[170] Tomo I, cap. VI, y en otros muchísimos.
[171] Tomo I, cap. VI. Tomo II, caps. I y LXII.
[172] Tomo II, cap. XXXIII.
[173] Tomo II, cap. LXVII.
[174] Tomo I, cap. VI.
[175] Tomo II, cap. XXII.
[176] En el mismo capítulo.
[177] Tomo II, caps. VI, LXIII y LXX.
[178] Tomo II, caps. VIII y XVIII.
[179] Tomo II, cap. LXVII.
[180] Tomo II, cap. LXII.
[181] Tomo II, cap. LVIII.
[182] Tomo I, cap. XVIII.
[183] Tomo I, cap. III.
[184] Historia del rey don Juan II.
[185] Tomo II, cap. XXXIV.
[186] Tomo I, cap. XLVII.
[187] Tomo I, cap. VI.
[188] En el cap. IV.
[189] Tomo I, cap. XXXII. Añádase el cap. XXXV, en el fin.
[190] Tomo I, cap. XXXIX.
[191] Tomo II, cap. XXIII.
[192] Tomo II, cap. XLI.
[193] Tomo II, cap. XLIX.
[194] Tomo II, cap. XI.
[195] Tomo II, cap. LVIII.
[196] _Historia de Valencia_, lib. VIII, cap. XXVIII.
[197] Tomo II, cap. VIII.
[198] Tomo II, cap. LXIII.
[199] Tomo II, cap. LXV.
[200] Tomo II. cap. XXXVI.
[201] Tomo I, cap. XLVII.
[202] Según se había usado antes de Cervantes.
[203] Caps. XXXII y XLVII.
[204] Tomo I, cap. II.
[205] Tomo II, cap. XXIX.
[206] Tomo II, cap. XXVII.
[207] Tomo I, cap. I.
[208] Tomo I, cap. IX.
[209] Tomo I, cap. VIII.
[210] Tomo II, cap. VI.
[211] Tomo I, cap. XVI.
[212] El uno en el cap. XXII y el otro en el XXIV del tomo II.
[213] Gracián, _El criticón_. Parte III, Crisi 6.
[214] Tomo I, cap. XXXI.
[215] Tomo II, cap. XXXI.
[216] Tomo II, cap. XI.
[217] Tomo II, cap. XXXII.
[218] Tomo II, cap. XLII.
[219] Tomo II, cap. XLIII.
[220] Tomo II, cap. XXXIII.
[221] Ley II, tít. V, parte segunda.
[222] Tomo II, cap. LXII.
[223] Tomo I, cap. XLVII.
[224] _Lettre de l'origine des romans._
[225] En la dedicatoria de su primera novela á la señora Marcia
Leonarda.
[226] En la exposición que hizo al _Momo_, conclus. 2.
[227] En el prólogo citado.
[228] En la décima del poeta entreverado.
[229] Cap. IX, vers. 8.
[230] Cap. XIV, vers. 8.
[231] Tomo I, cap. XXXVIII, en el fin.
[232] _In Bibliotheca._
[233] Tomo II, cap. XLVII, en el fin.
[234] En el principio de su prólogo.
[235] En la dedicatoria de la novela _La desdicha por la honra_.
[236] _Viaje del Parnaso_, cap. IV.
[237] Tomo I, caps. XLVII y XLVIII.
[238] En las _Eróticas_, elegía VII.
[239] _Viaje del Parnaso_, cap. III.
[240] Lib. VI.
[241] Cap. VII.
[242] Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola,
pág. 316.
[243] _Viaje del Parnaso_, cap. III.
[244] Tomo II, cap. IV.
[245] Tomo I, cap. VI.
[246] Tomo I, cap. XXIII.
[247] _Viaje del Parnaso_, cap. I.
[248] Idem, cap. VI.
[249] Véase el libro V de su _Galatea_.
[250] _Viaje del Parnaso_, cap. III.
[251] Idem, cap. IV.
[252] Cap. IV.
[253] _Lettre de l'origine des romans._
[254] _Apud Leonem Allatium in Apibus Urbanis_, página 196.
[255] En la dedicatoria de su _Historia de las cosas de España_.
[256] En el _Sincello_, párrafo segundo de la introducción.
[257] 2, _ad Corinth._ XII, vers. II.
[258] En el _Viaje del Parnaso_, cap. IV.
[259] En la _Adjunta al Viaje del Parnaso_.
[260] He leído manuscrita esta comedia. Está escrita con mayor
verosimilitud que las impresas.
[261] Hallábase presidente del Consejo Supremo de Italia.
[262] Habla del amigo incógnito que dijo ser su consejero en el prólogo
primero de _Don Quijote_.
* * * * *
EL CERVANTISMO EN VALENCIA
EL
CERVANTISMO
EN VALENCIA
ARTÍCULOS Y NOTAS
POR
J. GIL Y CALPE
C. DE LA REAL ACADEMIA
DE LA HISTORIA
[Ilustración]
CERVANTES EN VALENCIA
El cultísimo cronista de Valencia y distinguido jefe de la Biblioteca
Universitaria, don José María Torres Belda, fué el primero en darnos á
conocer, tras pacientes investigaciones, algunas noticias referentes á
la estancia de Cervantes en la ciudad del Turia.
Consignadas quedaron estas ligeras noticias en el tomo primero de la
_Revista de Valencia_, correspondiente á los años 1880-1881, donde
puede leerlas el curioso; pero la prueba plena, documental, del
paso de Cervantes por Valencia, la dió el eminentísimo bibliógrafo
don Cristóbal Pérez Pastor en el volumen primero de sus _Documentos
cervantinos hasta ahora inéditos_, Madrid, 1897.
Según resulta de la lectura de estos documentos, Cervantes, que había
sido rescatado en Argel por el Procurador general de la Orden de la
Trinidad, redentora de cautivos, Padre Fray Juan Gil, el día 19 de
Septiembre de 1580, permaneció durante algunas semanas en el lugar de
su cautiverio, evacuando cierta información que le era muy necesaria
por haber perdido todos sus papeles y necesitar se le acreditasen los
servicios prestados durante los cinco años que estuvo cautivo.
Provisto de un traslado de la mencionada información (cuyo original se
conserva en el Archivo de Indias en Sevilla), suscrita por Pedro de
Rivera, notario apostólico entre los cristianos de Argel, fecha el 10
de Octubre de 1580, y de un apéndice á la misma, fecha 22 del mismo
mes, embarcó en Argel--según testimonio de Francisco Aguilar (documento
número 18)--el 24 de Octubre, en compañía de Diego de Benavides,
Francisco de Aguilar, Rodrigo de Chaves y otros dos rescatados más,
llegando á Valencia á fines del indicado mes.
En la información solicitada por el padre de Miguel de Cervantes en
Madrid en primero de Diciembre siguiente, comparecen dos testigos
declarando que habían visto á Miguel rescatado y libre en Valencia,
hacía como mes y medio poco más ó menos, y afirmando otro que "vinieron
juntos en una nave cuando se rescataron, hacia la cibdad de Valencia,
donde al presente está el dicho Miguel de Cerbantes..."
De la información practicada el 19 de Diciembre acerca del cautiverio
de Rodrigo de Chaves, no llega á precisarse el lugar donde embarcaron;
pero en la declaración de Cervantes, que figura ya como testigo en
esta información, se dice que, rescatados á un mismo tiempo, "vinieron
juntos en un baxel hasta Denia, que es en el reino de Valencia".
Bien fuera el puerto de Denia ó el Grao de Valencia el lugar donde
desembarcara el príncipe de nuestros ingenios, el hecho ciertísimo es
que se dirigió á Valencia para formar parte de la procesión con que se
celebraba la redención de los cautivos.
La solemne entrada de los redimidos en Valencia hacíase, según refiere
Pérez Pastor, solicitando previamente la licencia del virrey, y
obtenida ésta, los religiosos de la Orden Redentora reunían á todos
aquéllos y se organizaba la procesión, en la cual, precedidos de
trompetas y atabales, iban todos los cautivos con la cabeza descubierta
y en el pecho el escapulario de la Orden que los había redimido, por la
calle del Mar, hasta la iglesia Mayor, donde oían Misa y sermón.
Cervantes permaneció en Valencia ocupado en el arreglo de sus
asuntos--pues era deudor al mercader valenciano Hernando de Torres de
200 ducados, que le había facilitado para ayuda de su rescate, y de
2.000 reales al Padre Fray Juan Gil, con el anterior objeto--todo el
mes de Noviembre y los primeros días de Diciembre de 1580, afirmación
que se comprueba por la solicitud presentada por su padre en Madrid el
primero del último mes y en que se dice que estaba Miguel en Valencia.
Durante este mes y medio debió frecuentar Cervantes el trato con los
principales ingenios valencianos, especialmente con el editor, poeta
y librero Juan de Timoneda, quien hubo de mostrarle el precioso libro
de caballerías _Tirant lo Blanch_, vertido del portugués en lengua
valenciana por Mossen Joannot Martorell y Martí de Galba, como más
tarde hubo de _traducir_ Cervantes el manuscrito del árabe Benengeli
con el título _El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha_.
En diferentes ocasiones hubo de recordar Cervantes estas amistades,
dando prueba de ello en el "Canto de Calíope", que forma parte de _La
Galatea_, en donde elogia á nuestros ilustres paisanos Juan Coloma,
Luis Garcerán, Alonso Rebolledo, el doctor Falcón, Micer Rey de
Artieda, Gaspar Gil Polo y Cristóbal de Virués.
En el _Viaje del Parnaso_, publicado en los últimos años de su vida,
vuelve á recordar á nuestros ingenios y les tributa los siguientes
elogios, sin dejar de olvidar la hermosa tierra que le recibiera
amorosa después de un lustro de cautiverio:
Y en esto descubrióse la grandeza
De la escombrada playa de Valencia
Por arte hermosa y por naturaleza.
Hizo luego de sí grata presencia
El gran don Luis Ferrer, marcado el pecho
De honor, y el alma de divina ciencia.
Desembarcóse el dios, y fué derecho
Á darle cuatro mil y más abrazos,
De su vista y su ayuda satisfecho.
Volvió la vista, y reiteró los lazos
En don Guillem de Castro, que venía
Deseoso de verse en tales brazos.
Cristóbal de Virués se le seguía
Con Gaspar de Aguilar, junta famosa
De las que Turia en sus riberas cría.
No le pudo llegar más valerosa
Escuadra al gran Mercurio, ni él pudiera
Desearla mejor, ni más honrosa.
Luego se descubrió por la ribera
Un tropel de gallardos valencianos,
Que á ver venían la sin par galera:
Todos con instrumentos en las manos
De estilos y librillos de memoria,
Por bizarría y por ingenio ufanos:
Codiciosos de hallarse en la victoria,
Que ya tenían por segura y cierta,
De las heces del mundo y de la escoria.
Pero Mercurio les cerró la puerta.
Digo, no consintió que se embarcasen,
Y el por qué no lo dijo, aunque se acierta.
Y fué porque temió que no se alzasen,
Siendo tantos y tales, con Parnaso,
Y nuevo imperio y mando en él fundasen.
En esto vióse con brioso paso
Venir al magno Andrés Rey de Artieda,
No por la edad decaecido ó laso.
Hicieron todos espaciosa rueda,
Y cogiéndole en medio, le embarcaron,
Más rico de valor que de moneda.
Al momento las áncoras alzaron,
Y las velas ligadas á la entena
Los grumetes apriesa desataron.
De nuevo por el aire claro suena
El son de los clarines, y de nuevo
Vuelve á su oficio cada cual sirena.
Miró el bajel por entre nubes Febo,
Y dijo en voz que pudo ser oída:
--Aquí mi gusto y mi esperanza llevo.
* * * * *
En su póstuma obra, _Los trabajos de Persiles y Sigismunda_, dedicada
á su protector el conde de Lemos, cuatro días antes de su muerte y
después de recibida la extremaunción, se encuentran otros elogios á
nuestra ciudad por todo extremo halagadores y que tenemos verdadero
gusto en reproducir: "Cerca de Valencia llegaron, en la cual no
quisieron entrar por escusar las ocasiones de detenerse; pero no faltó
quien les dijo la grandeza de su sitio, la excelencia de sus moradores,
la amenidad de sus contornos, y finalmente, todo aquello que la hace
hermosa y rica sobre todas las ciudades, no sólo de España, sino de
toda Europa; y principalmente les alabaron la hermosura de las mujeres,
y su extremada limpieza y graciosa lengua, con quien sola la portuguesa
puede competir en ser dulce y agradable."
EDICIONES CERVANTINAS VALENCIANAS
No son, en verdad, muy numerosas las ediciones publicadas en Valencia
de las diversas obras del príncipe de nuestros ingenios; pero las
hay de tan extraordinaria rareza, y aún desconocidas algunas por los
biógrafos cervantinos, que no resistimos á la tentación de enumerarlas
en los actuales momentos en que España y el mundo entero conmemoran el
tricentenario de la muerte del inmortal Manco de Lepanto.
En un rarísimo volumen en 12.º, impreso en Valencia en 1593, y del que
da puntual noticia don Pedro Salvá, en el comentario al número 363 de
su excelente "Catálogo", se incluyen tres romances que la generalidad
de los críticos atribuyen á Cervantes.
Son los titulados _Los celos_.
Yace donde el sol se pone
Entre dos tajadas peñas.
Una entrada de un abismo,
Quiero decir, una cueva, etc.
Se compone este romance de quince cuartetas asonantadas, como la
primera, que insertamos. Se cree ser de Cervantes, por la referencia
del mismo, en el capítulo IV del _Viaje del Parnaso_, donde dice:
Yo he compuesto romances infinitos
Y el de _Los celos_ es aquél que estimo.
Entre otros...
Los otros dos romances, rimados de igual modo que el anterior, son los
nominados _Elicio_ y _Galatea_.
El curioso puede verlos insertos en el _Romancero general_, publicado
por don Agustín Durán.
El año 1605, fecha memorable en los anales cervantinos, salía de las
prensas de Juan de la Cuesta la primera parte del _Quijote_, y el
público madrileño, anticipándose al juicio de la posteridad, arrebataba
en pocas semanas todos los ejemplares de la copiosa edición de manos
del librero del rey, Francisco de Robles, primer editor del famoso
libro.
Dos impresores portugueses, Jorge Rodríguez y Pedro Crasbeech, movidos
por el acicate del lucro, se apresuraron á reimprimir en Lisboa sendas
ediciones de la primera parte.
Aún no habían transcurrido tres meses, y ya circulaba la segunda
impresión de Cuesta, hecha en vista de la primera y de la que sólo se
diferencia por algunos descuidos en la portada y ligeras erratas en el
texto.
Estas variantes, que sirven para distinguir las dos impresiones de
Madrid, de 1605, fué el primero en advertirlas el docto bibliógrafo
valenciano don Vicente Salvá en su _Catalogue of Spanish and
Portuguese books_, publicado en Londres el año 1829, notando además que
la segunda impresión lleva el privilegio para Portugal, de que carece
la primera.
Á fines de 1605, veía la luz en Valencia otra impresión del _Quijote_,
conforme con la segunda de Cuesta, estampada por el hábil tipógrafo
Pedro Patricio Mey y á costa del mercader de libros Iusepe Ferrer, en
octavo menor, 16 hjs. prels. sin numerar y 768 páginas.
Algunas leves diferencias notadas por don Pedro Salvá entre varios
ejemplares de la misma edición, hicieron creer en un principio que se
trataba de dos impresiones distintas; pero un cotejo minucioso permite
asegurar que las variantes obedecen á algunas erratas que, al ser
advertidas, se irían subsanando durante la tirada.
Después de la segunda parte apócrifa del _Quijote_, que se dice
estampada en Tarragona, por Felipe Roberto, en 1614, y de la que
todavía no se ha puesto en claro su verdadero autor, publicó Cervantes
en 1615 la _Segunda parte del Ingenioso Cavallero Don Quixote de la
Mancha_, haciendo constar en la portada que era del "autor de su
primera parte", advertencia importante para que no se confundiera con
el infundio del falso Avellaneda.
Reimprimióse en Bruselas, en 1616, y el mismo año en Valencia, por
Pedro Patricio Mey, siendo el editor Roque Sonzonio, mercader de
libros. En octavo menor; ocho hjs. de prels., 766 págs. y 6 hjs. para
tabla y 1 para el colofón.
Don Leopoldo Rius observa que esta edición es mucho más correcta que
la _príncipe_, y fué la primera que salió expurgada de las palabras
"advierta Sancho, etcétera", del capítulo XXXVI.