182. Cervantes dijo que su _Persiles y Sigismunda_ se atrevía á

competir con _Heliodoro_. La mayor alabanza que podemos darle, es decir

que es cierto. Los amores que refiere son castísimos; la fecundidad de

la invención, maravillosa; en tanto grado, que, pródigo su ingenio,

excedió en la multitud de los episodios. Los sucesos son muchos y

muy varios. En unos se descubre la imitación de _Heliodoro_, y de

otros, muy mejorada; en los demás campea la novedad. Todos están

dispuestos con arte, y bien explicados, con circunstancias casi

siempre verosímiles. Cuanto más se interna el lector en esta obra,

tanto es mayor el gusto de leerla, siendo el tercero y cuarto libro

mucho mejores que el primero y segundo. Los continuos _Trabajos_

llevados en paciencia, acaban en descanso, sin máquina alguna; porque

un hombre como Cervantes sería milagro que acabase con algún milagro,

para manifestar la felicidad de su raro ingenio. En las descripciones

excedió á _Heliodoro_. Las de éste suelen ser sobrado frecuentes y muy

pomposas. Las de Cervantes á su tiempo y muy naturales. Aventajóle

también en el estilo, porque aunque el de _Heliodoro_ es elegantísimo,

es algo afectado, demasiadamente figurado y más poético de lo que

permite la prosa. Defecto en que cayó también el discreto Fenelón. Pero

el de Cervantes es propio, proporcionadamente sublime, modestamente

figurado y templadamente poético en tal cual descripción. En suma, esta

obra es de mayor invención y artificio, y de estilo más sublime que

la de _Don Quijote de la Mancha_. Pero no ha tenido igual aceptación;

porque la invención de la historia de Don Quijote es más popular y

contiene personas más graciosas; y como son menos en número, el lector

retiene mejor la memoria de las costumbres, hechos y caracteres de cada

una. Fuera de eso, el estilo es más natural y tanto más descansado

cuanto menos sublime. Sepan, pues, los que escriben, que poner término

á la invención y levantar la mano de la obra, si es á su tiempo, es la

última diligencia, y mano. Y esto mismo me amonesta de que ya es hora

de que yo no moleste más á mi lector, á quien suplico me perdone muchas

impertinencias que aquí ha leído, pues mi fin sólo ha sido obedecer á

quien debía el obsequio de recoger algunos apuntamientos, para que otro

los ordene y escriba con la felicidad de estilo que merece el sujeto de

que tratan. Entretanto, yo daré ahora una fidelísima copia del mismo

original, procurando acabar con aquellas mismas palabras con que Miguel

de Cervantes Saavedra dió principio al prólogo de sus _Novelas_.

183. "Quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de

escribir este _prólogo_, porque no me fué tan bien con el que puse en

mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar con éste. De esto

tiene la culpa algún amigo[262] de los muchos que en el discurso de mi

vida he granjeado, antes con mi condición que con mi ingenio, el cual

amigo bien pudiera, como es uso y costumbre, grabarme y esculpirme

en la primera hoja de este libro; pues le diera mi retrato el famoso

don Juan de Jáuregui, y con esto quedara mi ambición satisfecha y el

deseo de algunos que querrían saber qué rostro y talle tiene quien

se atreve á salir con tantas invenciones en la plaza del mundo á los

ojos de las gentes, poniendo bajo del retrato: "Éste que veis aquí de

rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de

alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de

plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes,

la boca pequeña, los dientes, ni menudos ni crecidos, porque no tiene

sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen

correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos,

ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena, algo

cargado de espaldas y no muy ligero de pies." Éste digo que es el

rostro del autor de _La Galatea_ y de _Don Quijote de la Mancha_, y

del que hizo el _Viaje del Parnaso_, á imitación del de César Caporal

Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y quizá sin el

nombre de su dueño. Llámase comúnmente MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

Fué soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió á

tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de

Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece

fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable

y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los

venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del Hijo del

rayo de la guerra, Carlos V, de felice memoria."

FIN DE LA "VIDA DE CERVANTES"

NOTAS:

[1] En 8.º--4 hjs. prels.--204 págs.

[2] Cuatro tomos en 4.º mayor.

[3] Según los descubrimientos posteriores, Cervantes fué bautizado

el domingo 9 de Octubre del año 1547 en la iglesia de Santa María la

Mayor, de ALCALÁ DE HENARES. Á más de la partida de bautismo, publicada

en 1753 y reproducida varias veces en facsímile, se prueba _ser natural

de Alcalá de Henares_ por un autógrafo de Cervantes, firmado en Madrid

á 18 de Diciembre de 1580. (Véase _Doc. cerv._, de P. Pastor, tomo I,

pág. 65).--_N. del E._

[4] En el prólogo de sus ocho comedias.

[5] Cap. I.

[6] _Viaje del Parnaso_, cap. VIII, en la Adjunta.

[7] En el prólogo de las novelas.

[8] Tomo I, cap. IX.

[9] Tomo I, cap. VI.

[10] En el mismo capítulo.

[11] Véase la dedicatoria de _La Galatea_.

[12] Ídem, ídem.

[13] Prólogo de las novelas.

[14] En el _Viaje del Parnaso_.

[15] _Viaje del Parnaso_, cap. I.

[16] Alude á que sólo era soldado, sin grado alguno.

[17] Tomo I de _Don Quijote_, cap. XXXIX.

[18] En el _Viaje del Parnaso_, cap. I. En el prólogo de _La Galatea_.

En la aprobación del 2.º tomo de _Don Quijote_ y en los _Tratos de

Argel_.

[19] En el prólogo de las novelas.

[20] _Don Quijote_, tomo I, cap. XLVIII.

[21] Ídem, ídem.

[22] _Rimas_ de Espinel, fol. 44, col. 2.

[23] _Don Quijote_, tomo I. cap. VI.

[24] En el fin de _La Galatea_ y en el prólogo del tomo II de _Don

Quijote_.

[25] En la oración en alabanza de las obras de don Diego Saavedra

Fajardo, la cual precede á su _República literaria_, reimpresa en

Madrid, año 1735.

[26] Lord Carteret.

[27] En la exposición del _Momo_, traducido por Agustín de Almazán.

Conclusión 2.ª

[28] _Don Quijote_, tomo I, cap. III.

[29] Véase la Ley 22, título 21, partida 2.

[30] Lib. III.

[31] Véase Aldrete, _Origen de la lengua castellana_, libro I, cap.

XXII.

[32] Véase el fin de su _Galatea_ y la dedicatoria de sus novelas.

[33] En la dedicatoria de sus novelas.

[34] Diálogo II, pág. 42.

[35] _Lettre de l'origine des romans._

[36] En la Carta 3.

[37] Fr. Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, distinto de don

Antonio de Guevara, prior de San Miguel de Escalada.

[38] _Origen de la lengua castellana_, lib. II, cap. VI.

[39] Diálogo X, pág. 426. Diálogo XI, pág. 447.

[40] _De christiana fœmina. Cap. Qui non legendi scriptores, qui

legendi._

[41] _De causis corruptorum artium_, lib. II, _in fine_.

[42] _Historia imperial y cesárea._ En la vida de Constantino, cap. 1.

[43] En la _Exposición del Momo_. Conclusión 2.

[44] _De locis theologicis._ Lib. II. cap. VI.

[45] En el prólogo de su tomo I.

[46] En el prólogo de la primera parte.

[47] Tomo I, caps. VI, XVIII, XXXII y XLIX. Tomo II, capítulos I y XXVI.

[48] Tomo I, cap. II.

[49] Tomo I, cap. XXXVIII.

[50] Tomo II, cap. VI.

[51] Tomo II, cap. XVI.

[52] Tomo II, cap. XLII.

[53] Tomo II, cap. XLIII.

[54] Tomo II, cap. XXX.

[55] Tomo II, cap. XXXII.

[56] Tomo II, cap. XXVII, en el fin.

[57] Tomo II, cap. XLIV.

[58] Tomo II, cap. LVIII.

[59] Tomo I, cap. XXVIII.

[60] Tomo I, cap. IX.

[61] Tomo I, cap. XV.

[62] Tomo I, cap. XVI.

[63] Tomo II, cap. XVIII.

[64] Tomo II, cap. XL.

[65] Tomo I, cap. V.

[66] _In retoricis._

[67] _De desrum natura._

[68] _In Præcxercitamentis._

[69] _In macrobiis._

[70] _Initio_, lib. II.

[71] En la dedicatoria de su primera novela.

[72] Tomo I, cap. IX.

[73] Tomo II, cap. III.

[74] Miguel de Cervantes Saavedra.

[75] Tomo II, cap. V.

[76] Tomo II, cap. XVI.

[77] Tom. I, cap. IX.

[78] Tomo II, cap. III.

[79] Tomo II, cap. XVI.

[80] Tomo II, cap. XXXII.

[81] Tomo II, cap. III.

[82] Tomo II, cap. LXXI.

[83] Véase el prólogo del segundo tomo de _Don Quijote_.

[84] En la adjunta al _Viaje del Parnaso_.

[85] Tomo II, cap. XXXI.

[86] Tomo II. caps XXXI y XXXII.

[87] Tomo II, cap. LXI.

[88] Tomo II, cap. LXX.

[89] En el fin del tomo II.

[90] Tomo II, cap. XXX.

[91] En la primera edición de Tarragona se lee "hierros", así lo copió

también Mayáns.--_N. del E._

[92] Don Nicolás Antonio, en su Biblioteca hispana.

[93] Montalván, en los elogios á Lope de Vega Carpio, ó _Fama póstuma_,

dice que Lope compuso mil ochocientas comedias.

[94] Tomo I. cap. XLVIII.

[95] Véase lo que dijo Lope de Vega, ya citado.

[96] Comedias de Miguel de Cervantes Saavedra. Véase la _Adjunta al

Parnaso_.

[97] Uno de ellos era Lope de Vega.

[98] El mismo Lope en su _Arte_.

[99] Lope de Vega, de quien dice Montalván que compuso mil ochocientas.

[100] Seis dijo Lope de Vega que había escrito con arte. No las señaló,

librándose con esta cautela de nueva y más rigurosa censura.

[101] En el prólogo del segundo tomo.

[102] En la batalla de Lepanto.

[103] Esto es, á la emulación.

[104] Cap. II.

[105] Tomo II, cap. I.

[106] Tomo II. cap. LVIII.

[107] _Laurel de Apolo_, Selva 8.

[108] En el prólogo del segundo tomo de _Don Quijote_.

[109] En el prólogo ya citado.

[110] En el prólogo del tomo primero del _Quijote_.

[111] _Laurel de Apolo._ Selva 9.

[112] Tomo I, cap. VI.

[113] En el mismo cap. VI.

[114] Tomo I, cap. VI.

[115] Tomo I, cap. I.

[116] Tomo I, cap. I.

[117] Cap. VIII, y en otros muchos.

[118] No le pinta así el aragonés.

[119] Véase el tomo I, cap. IX, de _Don Quijote_.

[120] Esta es una oculta amenaza contra el escritor aragonés.

[121] Como lo es la continuación del aragonés en muchos capítulos.

[122] En el cap. II.

[123] Tomo II. cap. XXXII.

[124] Tomo II. cap. LXX.

[125] Véase el prólogo de la reimpresión del llamado Fernández de

Avellaneda.

[126] Tomo II. cap. LXXI.

[127] Tomo II, cap. LXXII.

[128] Véase la _continuación_ de Fernández de Avellaneda, capítulo

XXXVI.

[129] Habla de la de Fernández de Avellaneda.

[130] Tomo II, capítulo último.

[131] Tomo II, en el fin.

[132] Lo que se sigue está sacado de un romance antiguo, no me acuerdo

cuál.

[133] Indicio de cuán oculto era el autor tordesillesco.

[134] El mal continuador, en el capítulo último, dió indicios de querer

escribir algunas andanzas de Don Quijote en Castilla la Vieja.

[135] Si se contase la del tomo II, serían tres las salidas de Don

Quijote. Pero Cervantes habla suponiendo no estar publicado sino el

primero.

[136] Esto es, Miguel de Cervantes Saavedra.

[137] Periódicos.--_N. del E._

[138] _De christiana fœmina_, lib. I. cap. _Qui non legendi scriptores,

qui legendi._

[139] Novelas de Eneas Silvio, siendo mero beneficiado, retratada

después en su Epíst. 395.

[140] Tomo II, cap. IV.

[141] Véase el fin del tomo I.

[142] Tomo II. cap. XLIV.

[143] Esto es, que pareciesen novelas, como verdaderamente lo son.

[144] Tomo II, cap. XXVII.

[145] Tomo II, cap. L.

[146] Tomo II, cap. LV.

[147] En el mismo capítulo.

[148] En el fin del tomo primero.

[149] Tomo I, cap. VII.

[150] Tomo I, capítulo último.

[151] Tomo II, caps. V y último.

[152] Véase el tomo I, cap. VII, en el fin.

[153] Obsérvese el fin del tomo I.

[154] Tomo I, cap. XLVII.

[155] Véase el tomo I, capítulo último.

[156] _Roderic. toletan._, lib. 6, cap. 30.

[157] Tomo I, cap. XIII.

[158] El mismo Cervantes le alaba mucho, lib. I, cap. VI. Pero Vives le

vitupera con todos sus semejantes.

[159] Tomo I, cap. I.

[160] Tomo II, caps. I y XLVII.

[161] Tomo I, cap. XIX, y tomo II. cap. LVI.

[162] Tomo I, cap. XLVIII.

[163] Tomo II, cap. VIII.

[164] Tomo II, cap X.

[165] Tomo II, cap. XL y LXXI.

[166] _Miniana de rev. hisp._, lib. IV, cap. VIII.

[167] Tomo II, cap. XXXV.

[168] Primera parte del lib. II de la _Historia de la Florida_,

capítulo X, del inca Garci-Laso de la Vega.

[169] Tomo II, cap. XXXV.

[170] Tomo I, cap. VI, y en otros muchísimos.

[171] Tomo I, cap. VI. Tomo II, caps. I y LXII.

[172] Tomo II, cap. XXXIII.

[173] Tomo II, cap. LXVII.

[174] Tomo I, cap. VI.

[175] Tomo II, cap. XXII.

[176] En el mismo capítulo.

[177] Tomo II, caps. VI, LXIII y LXX.

[178] Tomo II, caps. VIII y XVIII.

[179] Tomo II, cap. LXVII.

[180] Tomo II, cap. LXII.

[181] Tomo II, cap. LVIII.

[182] Tomo I, cap. XVIII.

[183] Tomo I, cap. III.

[184] Historia del rey don Juan II.

[185] Tomo II, cap. XXXIV.

[186] Tomo I, cap. XLVII.

[187] Tomo I, cap. VI.

[188] En el cap. IV.

[189] Tomo I, cap. XXXII. Añádase el cap. XXXV, en el fin.

[190] Tomo I, cap. XXXIX.

[191] Tomo II, cap. XXIII.

[192] Tomo II, cap. XLI.

[193] Tomo II, cap. XLIX.

[194] Tomo II, cap. XI.

[195] Tomo II, cap. LVIII.

[196] _Historia de Valencia_, lib. VIII, cap. XXVIII.

[197] Tomo II, cap. VIII.

[198] Tomo II, cap. LXIII.

[199] Tomo II, cap. LXV.

[200] Tomo II. cap. XXXVI.

[201] Tomo I, cap. XLVII.

[202] Según se había usado antes de Cervantes.

[203] Caps. XXXII y XLVII.

[204] Tomo I, cap. II.

[205] Tomo II, cap. XXIX.

[206] Tomo II, cap. XXVII.

[207] Tomo I, cap. I.

[208] Tomo I, cap. IX.

[209] Tomo I, cap. VIII.

[210] Tomo II, cap. VI.

[211] Tomo I, cap. XVI.

[212] El uno en el cap. XXII y el otro en el XXIV del tomo II.

[213] Gracián, _El criticón_. Parte III, Crisi 6.

[214] Tomo I, cap. XXXI.

[215] Tomo II, cap. XXXI.

[216] Tomo II, cap. XI.

[217] Tomo II, cap. XXXII.

[218] Tomo II, cap. XLII.

[219] Tomo II, cap. XLIII.

[220] Tomo II, cap. XXXIII.

[221] Ley II, tít. V, parte segunda.

[222] Tomo II, cap. LXII.

[223] Tomo I, cap. XLVII.

[224] _Lettre de l'origine des romans._

[225] En la dedicatoria de su primera novela á la señora Marcia

Leonarda.

[226] En la exposición que hizo al _Momo_, conclus. 2.

[227] En el prólogo citado.

[228] En la décima del poeta entreverado.

[229] Cap. IX, vers. 8.

[230] Cap. XIV, vers. 8.

[231] Tomo I, cap. XXXVIII, en el fin.

[232] _In Bibliotheca._

[233] Tomo II, cap. XLVII, en el fin.

[234] En el principio de su prólogo.

[235] En la dedicatoria de la novela _La desdicha por la honra_.

[236] _Viaje del Parnaso_, cap. IV.

[237] Tomo I, caps. XLVII y XLVIII.

[238] En las _Eróticas_, elegía VII.

[239] _Viaje del Parnaso_, cap. III.

[240] Lib. VI.

[241] Cap. VII.

[242] Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola,

pág. 316.

[243] _Viaje del Parnaso_, cap. III.

[244] Tomo II, cap. IV.

[245] Tomo I, cap. VI.

[246] Tomo I, cap. XXIII.

[247] _Viaje del Parnaso_, cap. I.

[248] Idem, cap. VI.

[249] Véase el libro V de su _Galatea_.

[250] _Viaje del Parnaso_, cap. III.

[251] Idem, cap. IV.

[252] Cap. IV.

[253] _Lettre de l'origine des romans._

[254] _Apud Leonem Allatium in Apibus Urbanis_, página 196.

[255] En la dedicatoria de su _Historia de las cosas de España_.

[256] En el _Sincello_, párrafo segundo de la introducción.

[257] 2, _ad Corinth._ XII, vers. II.

[258] En el _Viaje del Parnaso_, cap. IV.

[259] En la _Adjunta al Viaje del Parnaso_.

[260] He leído manuscrita esta comedia. Está escrita con mayor

verosimilitud que las impresas.

[261] Hallábase presidente del Consejo Supremo de Italia.

[262] Habla del amigo incógnito que dijo ser su consejero en el prólogo

primero de _Don Quijote_.

* * * * *

EL CERVANTISMO EN VALENCIA

EL

CERVANTISMO

EN VALENCIA

ARTÍCULOS Y NOTAS

POR

J. GIL Y CALPE

C. DE LA REAL ACADEMIA

DE LA HISTORIA

[Ilustración]

CERVANTES EN VALENCIA

El cultísimo cronista de Valencia y distinguido jefe de la Biblioteca

Universitaria, don José María Torres Belda, fué el primero en darnos á

conocer, tras pacientes investigaciones, algunas noticias referentes á

la estancia de Cervantes en la ciudad del Turia.

Consignadas quedaron estas ligeras noticias en el tomo primero de la

_Revista de Valencia_, correspondiente á los años 1880-1881, donde

puede leerlas el curioso; pero la prueba plena, documental, del

paso de Cervantes por Valencia, la dió el eminentísimo bibliógrafo

don Cristóbal Pérez Pastor en el volumen primero de sus _Documentos

cervantinos hasta ahora inéditos_, Madrid, 1897.

Según resulta de la lectura de estos documentos, Cervantes, que había

sido rescatado en Argel por el Procurador general de la Orden de la

Trinidad, redentora de cautivos, Padre Fray Juan Gil, el día 19 de

Septiembre de 1580, permaneció durante algunas semanas en el lugar de

su cautiverio, evacuando cierta información que le era muy necesaria

por haber perdido todos sus papeles y necesitar se le acreditasen los

servicios prestados durante los cinco años que estuvo cautivo.

Provisto de un traslado de la mencionada información (cuyo original se

conserva en el Archivo de Indias en Sevilla), suscrita por Pedro de

Rivera, notario apostólico entre los cristianos de Argel, fecha el 10

de Octubre de 1580, y de un apéndice á la misma, fecha 22 del mismo

mes, embarcó en Argel--según testimonio de Francisco Aguilar (documento

número 18)--el 24 de Octubre, en compañía de Diego de Benavides,

Francisco de Aguilar, Rodrigo de Chaves y otros dos rescatados más,

llegando á Valencia á fines del indicado mes.

En la información solicitada por el padre de Miguel de Cervantes en

Madrid en primero de Diciembre siguiente, comparecen dos testigos

declarando que habían visto á Miguel rescatado y libre en Valencia,

hacía como mes y medio poco más ó menos, y afirmando otro que "vinieron

juntos en una nave cuando se rescataron, hacia la cibdad de Valencia,

donde al presente está el dicho Miguel de Cerbantes..."

De la información practicada el 19 de Diciembre acerca del cautiverio

de Rodrigo de Chaves, no llega á precisarse el lugar donde embarcaron;

pero en la declaración de Cervantes, que figura ya como testigo en

esta información, se dice que, rescatados á un mismo tiempo, "vinieron

juntos en un baxel hasta Denia, que es en el reino de Valencia".

Bien fuera el puerto de Denia ó el Grao de Valencia el lugar donde

desembarcara el príncipe de nuestros ingenios, el hecho ciertísimo es

que se dirigió á Valencia para formar parte de la procesión con que se

celebraba la redención de los cautivos.

La solemne entrada de los redimidos en Valencia hacíase, según refiere

Pérez Pastor, solicitando previamente la licencia del virrey, y

obtenida ésta, los religiosos de la Orden Redentora reunían á todos

aquéllos y se organizaba la procesión, en la cual, precedidos de

trompetas y atabales, iban todos los cautivos con la cabeza descubierta

y en el pecho el escapulario de la Orden que los había redimido, por la

calle del Mar, hasta la iglesia Mayor, donde oían Misa y sermón.

Cervantes permaneció en Valencia ocupado en el arreglo de sus

asuntos--pues era deudor al mercader valenciano Hernando de Torres de

200 ducados, que le había facilitado para ayuda de su rescate, y de

2.000 reales al Padre Fray Juan Gil, con el anterior objeto--todo el

mes de Noviembre y los primeros días de Diciembre de 1580, afirmación

que se comprueba por la solicitud presentada por su padre en Madrid el

primero del último mes y en que se dice que estaba Miguel en Valencia.

Durante este mes y medio debió frecuentar Cervantes el trato con los

principales ingenios valencianos, especialmente con el editor, poeta

y librero Juan de Timoneda, quien hubo de mostrarle el precioso libro

de caballerías _Tirant lo Blanch_, vertido del portugués en lengua

valenciana por Mossen Joannot Martorell y Martí de Galba, como más

tarde hubo de _traducir_ Cervantes el manuscrito del árabe Benengeli

con el título _El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha_.

En diferentes ocasiones hubo de recordar Cervantes estas amistades,

dando prueba de ello en el "Canto de Calíope", que forma parte de _La

Galatea_, en donde elogia á nuestros ilustres paisanos Juan Coloma,

Luis Garcerán, Alonso Rebolledo, el doctor Falcón, Micer Rey de

Artieda, Gaspar Gil Polo y Cristóbal de Virués.

En el _Viaje del Parnaso_, publicado en los últimos años de su vida,

vuelve á recordar á nuestros ingenios y les tributa los siguientes

elogios, sin dejar de olvidar la hermosa tierra que le recibiera

amorosa después de un lustro de cautiverio:

Y en esto descubrióse la grandeza

De la escombrada playa de Valencia

Por arte hermosa y por naturaleza.

Hizo luego de sí grata presencia

El gran don Luis Ferrer, marcado el pecho

De honor, y el alma de divina ciencia.

Desembarcóse el dios, y fué derecho

Á darle cuatro mil y más abrazos,

De su vista y su ayuda satisfecho.

Volvió la vista, y reiteró los lazos

En don Guillem de Castro, que venía

Deseoso de verse en tales brazos.

Cristóbal de Virués se le seguía

Con Gaspar de Aguilar, junta famosa

De las que Turia en sus riberas cría.

No le pudo llegar más valerosa

Escuadra al gran Mercurio, ni él pudiera

Desearla mejor, ni más honrosa.

Luego se descubrió por la ribera

Un tropel de gallardos valencianos,

Que á ver venían la sin par galera:

Todos con instrumentos en las manos

De estilos y librillos de memoria,

Por bizarría y por ingenio ufanos:

Codiciosos de hallarse en la victoria,

Que ya tenían por segura y cierta,

De las heces del mundo y de la escoria.

Pero Mercurio les cerró la puerta.

Digo, no consintió que se embarcasen,

Y el por qué no lo dijo, aunque se acierta.

Y fué porque temió que no se alzasen,

Siendo tantos y tales, con Parnaso,

Y nuevo imperio y mando en él fundasen.

En esto vióse con brioso paso

Venir al magno Andrés Rey de Artieda,

No por la edad decaecido ó laso.

Hicieron todos espaciosa rueda,

Y cogiéndole en medio, le embarcaron,

Más rico de valor que de moneda.

Al momento las áncoras alzaron,

Y las velas ligadas á la entena

Los grumetes apriesa desataron.

De nuevo por el aire claro suena

El son de los clarines, y de nuevo

Vuelve á su oficio cada cual sirena.

Miró el bajel por entre nubes Febo,

Y dijo en voz que pudo ser oída:

--Aquí mi gusto y mi esperanza llevo.

* * * * *

En su póstuma obra, _Los trabajos de Persiles y Sigismunda_, dedicada

á su protector el conde de Lemos, cuatro días antes de su muerte y

después de recibida la extremaunción, se encuentran otros elogios á

nuestra ciudad por todo extremo halagadores y que tenemos verdadero

gusto en reproducir: "Cerca de Valencia llegaron, en la cual no

quisieron entrar por escusar las ocasiones de detenerse; pero no faltó

quien les dijo la grandeza de su sitio, la excelencia de sus moradores,

la amenidad de sus contornos, y finalmente, todo aquello que la hace

hermosa y rica sobre todas las ciudades, no sólo de España, sino de

toda Europa; y principalmente les alabaron la hermosura de las mujeres,

y su extremada limpieza y graciosa lengua, con quien sola la portuguesa

puede competir en ser dulce y agradable."

EDICIONES CERVANTINAS VALENCIANAS

No son, en verdad, muy numerosas las ediciones publicadas en Valencia

de las diversas obras del príncipe de nuestros ingenios; pero las

hay de tan extraordinaria rareza, y aún desconocidas algunas por los

biógrafos cervantinos, que no resistimos á la tentación de enumerarlas

en los actuales momentos en que España y el mundo entero conmemoran el

tricentenario de la muerte del inmortal Manco de Lepanto.

En un rarísimo volumen en 12.º, impreso en Valencia en 1593, y del que

da puntual noticia don Pedro Salvá, en el comentario al número 363 de

su excelente "Catálogo", se incluyen tres romances que la generalidad

de los críticos atribuyen á Cervantes.

Son los titulados _Los celos_.

Yace donde el sol se pone

Entre dos tajadas peñas.

Una entrada de un abismo,

Quiero decir, una cueva, etc.

Se compone este romance de quince cuartetas asonantadas, como la

primera, que insertamos. Se cree ser de Cervantes, por la referencia

del mismo, en el capítulo IV del _Viaje del Parnaso_, donde dice:

Yo he compuesto romances infinitos

Y el de _Los celos_ es aquél que estimo.

Entre otros...

Los otros dos romances, rimados de igual modo que el anterior, son los

nominados _Elicio_ y _Galatea_.

El curioso puede verlos insertos en el _Romancero general_, publicado

por don Agustín Durán.

El año 1605, fecha memorable en los anales cervantinos, salía de las

prensas de Juan de la Cuesta la primera parte del _Quijote_, y el

público madrileño, anticipándose al juicio de la posteridad, arrebataba

en pocas semanas todos los ejemplares de la copiosa edición de manos

del librero del rey, Francisco de Robles, primer editor del famoso

libro.

Dos impresores portugueses, Jorge Rodríguez y Pedro Crasbeech, movidos

por el acicate del lucro, se apresuraron á reimprimir en Lisboa sendas

ediciones de la primera parte.

Aún no habían transcurrido tres meses, y ya circulaba la segunda

impresión de Cuesta, hecha en vista de la primera y de la que sólo se

diferencia por algunos descuidos en la portada y ligeras erratas en el

texto.

Estas variantes, que sirven para distinguir las dos impresiones de

Madrid, de 1605, fué el primero en advertirlas el docto bibliógrafo

valenciano don Vicente Salvá en su _Catalogue of Spanish and

Portuguese books_, publicado en Londres el año 1829, notando además que

la segunda impresión lleva el privilegio para Portugal, de que carece

la primera.

Á fines de 1605, veía la luz en Valencia otra impresión del _Quijote_,

conforme con la segunda de Cuesta, estampada por el hábil tipógrafo

Pedro Patricio Mey y á costa del mercader de libros Iusepe Ferrer, en

octavo menor, 16 hjs. prels. sin numerar y 768 páginas.

Algunas leves diferencias notadas por don Pedro Salvá entre varios

ejemplares de la misma edición, hicieron creer en un principio que se

trataba de dos impresiones distintas; pero un cotejo minucioso permite

asegurar que las variantes obedecen á algunas erratas que, al ser

advertidas, se irían subsanando durante la tirada.

Después de la segunda parte apócrifa del _Quijote_, que se dice

estampada en Tarragona, por Felipe Roberto, en 1614, y de la que

todavía no se ha puesto en claro su verdadero autor, publicó Cervantes

en 1615 la _Segunda parte del Ingenioso Cavallero Don Quixote de la

Mancha_, haciendo constar en la portada que era del "autor de su

primera parte", advertencia importante para que no se confundiera con

el infundio del falso Avellaneda.

Reimprimióse en Bruselas, en 1616, y el mismo año en Valencia, por

Pedro Patricio Mey, siendo el editor Roque Sonzonio, mercader de

libros. En octavo menor; ocho hjs. de prels., 766 págs. y 6 hjs. para

tabla y 1 para el colofón.

Don Leopoldo Rius observa que esta edición es mucho más correcta que

la _príncipe_, y fué la primera que salió expurgada de las palabras

"advierta Sancho, etcétera", del capítulo XXXVI.

Vida de Cervantes · 第 11 / 12 段