perfecta, la mejor que pueda imaginarse según las acciones ilustres
que se han de engrandecer, ó una idea de la vida civil que sea más
practicable, ó los defectos de la naturaleza ó del ánimo, ahora sea
para reprenderlos, ahora para incitar á su burla ó imitación, que á
tanto como esto llega la malignidad del entendimiento humano.
156. Si la "fábula" propone una idea muy perfecta, se llama "epopeya",
la cual representa con gallardía las acciones ilustres de personas
insignes en las artes de la paz ó de la guerra, con el fin de excitar
los ánimos de los lectores á la admiración y de moverlos á la imitación
de tan heroicas virtudes. Tales son la _Ilíada_ y _Odisea_, de Homero.
157. Antonio Diógenes, que, según conjetura Focio[232], Patriarca de
Constantinopla, vivió poco después de Alejandro Magno, escribió una
_Novela de las peregrinaciones y amores de Dinias y Dercilis_, donde
se ve una manifiesta imitación de las peregrinaciones de Ulises y
amores de Calipso. La "novela" que compuso "de las cosas de Etiopía"
Heliodoro, obispo de Trica en Tesalia, también está escrita á imitación
de la _Odisea_, de Homero; asimismo la _de los amores de Clitofón_ y
_Lencippes_, menos honesta que la otra; su autor, Aquiles Tacio, que
si creemos á Snides también fué obispo. Y para que á nuestra edad
no faltase otro, también novelista á lo de Homero, Mons. Fenelón,
arzobispo de Cambray, ingeniosamente escribió con estilo poético _Las
aventuras de Telémaco_. Últimamente (por no apartarme de Cervantes),
_Los trabajos de_ _Persiles y Sigismunda_ son una clara imitación de
la _Odisea_, de Homero, y _Etiópica_, de Heliodoro, con quien Cervantes
intentó competir; y en mi juicio, le hubiera aventajado, si con la
fecundidad de su ingenio no hubiera entremezclado tantos episodios,
que desfiguran y desaparecen la constitución y proporción de los
miembros de la fábula principal. Pero este mismo descuido tiene una
singular prerrogativa, y es, que muchos de estos episodios son otras
tantas "tragedias", donde la acción es una, y de persona ilustre, y el
estilo correspondiente á la grandeza de la acción, sin que falte otra
cosa para la composición de una perfecta tragedia, sino la disposición
dramática, coro y aparato escénico.
158. La "fábula" de _Don Quijote de la Mancha_ imita la _Ilíada_.
Quiero decir, que si la ira es una especie de furor, yo no diferencio
á Aquiles airado de Don Quijote loco. Si la _Ilíada_ es una fábula
heroica escrita en verso, la novela de Don Quijote lo es en prosa: "que
la épica (como dijo[233] el mismo Cervantes), también puede escribirse
en prosa como en verso".
159. Si la "novela" propone una idea de la vida civil con su
artificioso enredo é ingeniosa solución, es "comedia". Y por tales
tengo yo casi todas las novelas de Cervantes, y como comedias se han
representado muchas de ellas, sólo con haberlas dispuesto en forma
dramática.
160. Si la vida que representa la novela es pastoril, se llamará
"égloga" con toda la propiedad. Y así llamó Cervantes á su
_Galatea_[234]. Veamos, pues, ahora, cuán bien cuadra lo que dijo el
ignorante aragonés. "Conténtese con su _Galatea_ y comedias en prosa,
que eso son las más de sus novelas. No nos canse." Á fe que no diría
esto Lope de Vega, su oráculo, pues en su _Novela del desdichado por la
honra_, dijo[235]: "Yo he pensado que tienen las "novelas" los mismos
preceptos que las "comedias".
161. Si las costumbres se reprenden con acrimonia descubierta y
severidad del ánimo, la "novela" será "sátira", como _La gitanilla_,
_Rinconete y Cortadillo_, _El licenciado Vidriera_ y _Los perros Cipión
y Berganza_, que son cuatro ingeniosísimas sátiras, semejantes, según
podemos conjeturar, á las que compuso Marco Varrón, intitulándolas
"menipeas", aludiendo á que Menipo, filósofo cínico, trató cosas muy
graves con estilo gracioso. _La gitanilla_ es una reprensión de las
costumbres de los gitanos, salteadores, siempre perseguidos y nunca
acabados. _Rinconete y Cortadillo_ es una satírica representación de la
vida ladronesca, y especialmente de la de los cortabolsas, que llamamos
"gatuna". _El licenciado Vidriera_ es una censura general de todos los
vicios. _La novela de los perros_ es una invectiva contra los abusos
que hay en la profesión de varios ejercicios y empleos.
162. Si las costumbres ó acciones se representan ridículas, la novela
es "entremés", de cuya composición, como diré en su lugar y tiempo, nos
dejó Cervantes ocho ideas, y en las cuatro novelas recién alabadas hay
mucho de eso y aun en la de Don Quijote.
163. De las ideas torpes de los vicios, representándolos agradables,
como dicen que lo hacían las antiguas y bien perdidas "novelas
sibaríticas", y se ve hoy en las "milesias", no quiso Cervantes
dejarnos ejemplo por no darle malo.
164. Pero para que no nos faltase alguna idea de la "fábula sáltica",
si es que debe llamarse así la que se dice que inventó ó á lo menos
compuso nuestro español Luciano, nos la dejó en _La gitanilla_ y en
_La ilustre fregona_, como también de la "psáltica", que podemos
llamar "cantar" ó "romance", de cuya especie compuso, según él
dice, infinitos[236], entre los cuales habría muchos ciertamente
correspondientes á la grandeza de su ingenio, y yo (aunque por
conjetura) pudiera aquí señalar algunos, y especialmente el que
empieza: "En la corte está Cortés", que me agrada mucho.
165. El diestro inventor, como Cervantes, sabe hacer una agradable
mezcla de todas estas especies de fábulas, así en lo que toca á los
caracteres de las personas y costumbres, como al estilo, apropiándole
al sujeto de que se trata. Y á esto aludió el canónigo de Toledo,
esto es, el mismo Cervantes, cuando dijo[237]: "Que con todo cuanto
mal había dicho de tales libros (esto es, de los "noveleros") hallaba
en ellos una cosa buena, que era el sujeto que ofrecían, para que un
buen entendimiento pudiese mostrarse en ellos, porque daban largo y
espacioso campo, por donde, sin empacho alguno, pudiese correr la
pluma, describiendo naufragios, tormentas, reencuentros y batallas;
pintando un capitán valeroso, con todas las partes que para ser tal
se requieren, mostrándose prudente, previniendo las astucias de
sus enemigos, y elocuente orador, persuadiendo ó disuadiendo á sus
soldados; maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente
en el esperar como en el acometer; pintando, ahora un lamentable y
trágico suceso, ahora un alegre y no pensado acontecimiento; allí una
hermosísima dama, honesta, discreta y recatada; aquí un caballero
cristiano, valiente y comedido; acullá un desaforado bárbaro fanfarrón;
acá un príncipe cortés, valeroso y bien mirado; representando bondad
y lealtad de vasallos, grandezas y mercedes de señores. Ya puede
mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya músico, ya inteligente
en las materias de Estado. Y tal vez le vendrá ocasión de mostrarse
nigromante, si quisiere. Puede mostrar las astucias de Ulises, la
piedad de Eneas, la valentía de Aquiles, las desgracias de Héctor,
las traiciones de Sinón, la amistad de Eurialo, la liberalidad de
Alejandro, el valor de César, la clemencia y verdad de Trajano,
la fidelidad de Zopiro, la prudencia de Catón, y finalmente todas
aquellas acciones que pueden hacer perfecto á un varón ilustre, ahora
poniéndolas en uno solo, ahora dividiéndolas en muchos; y siendo esto
hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire
lo más que fuere posible á la verdad, sin duda compondrá una tela de
varios y hermosos lazos tejida, que después de acabada tal perfección
y hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los
escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho.
Porque la escritura desatada de estos libros da lugar á que el autor
pueda mostrarse épico, lírico, trágico y cómico con todas aquellas
partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la
poesía y de la oratoria; que la épica también puede escribirse en prosa
como en verso." "Así es como vuesa merced dice, señor canónigo--dijo el
cura--, y por esta causa son más dignos de reprensión los que hasta
aquí han compuesto semejantes libros, sin tener advertencia á ningún
buen discurso, ni el arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse
famosos en prosa, como lo son en verso, los dos príncipes de la poesía
griega y latina." "Yo á lo menos--replicó el canónigo (el cual ya he
dicho que es Cervantes)--he tenido cierta tentación de hacer un libro
de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado,
y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas; y
para hacer la experiencia de si correspondían á mi estimación, las he
comunicado con hombres apasionados de esta leyenda, doctos y discretos,
y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oir disparates, y
de todos he hallado una agradable aprobación." Entre estos ignorantes
no debió consultar al censurador aragonés, el cual debía haber hecho
reflexión de que quien así sabía los preceptos del arte de novelar,
tomando la pluma procuraría ajustarse á ellos. En mi juicio, las
novelas de Cervantes son las mejores que se han escrito en España, así
por la agudeza de su invención y honestidad de costumbres, como por el
arte con que se dispusieron y la propiedad y dulzura de estilo con que
están escritas.
166. Un año después que publicó las _Novelas_ dió á luz un librito
que intituló _Viaje del Parnaso, compuesto por Miguel de Cervantes
Saavedra, dirigido á don Rodrigo de Tapia, caballero del hábito de
Santiago, hijo del señor Pedro de Tapia, oidor del Concejo real y
consultor del Santo Oficio de la Inquisición suprema. En Madrid, por la
viuda de Alonso Martín, año 1614, en 8.º_.
167. Cervantes se preció mucho de la invención de este libro. Yo juzgo
que es más ingeniosa que agradable. Pero no por eso me atreveré á
llamar á su autor mal poeta, como don Esteban Manuel de Villegas dijo
que lo era, escribiendo al doctor Bartolomé Leonardo de Argensola[238]:
Irás del Helicón á la conquista
Mejor que el mal poeta de Cervantes,
Donde no le valdrá ser quijotista.
En cuyo terceto aludió á lo que había dicho Cervantes[239], que los dos
hermanos Leonardo, Lupercio y Bartolomé, no habían ido al Parnaso á dar
la batalla á los malos poetas porque estaban ocupados en Nápoles en el
obsequio debido al conde de Lemos. Villegas, pues, torció el sentido de
Cervantes, convirtiendo en sátira de aquellos grandes ingenios el no
haber ido al Parnaso, cuando ellos se alegrarían de que cediese eso en
gloria del conde, su protector, y más sabiendo que Cervantes hacía de
sí el justo aprecio, pues aun siendo mozos los alabó muchísimo en su
_Galatea_[240] y después en el mismo _Viaje del Parnaso_, llegando á
decir[241] en el lance más apretado de la batalla:
Quiso Apolo indignado echar el resto
De su poder y de su fuerza sola,
Y dar al enemigo fin molesto.
Y una sacra canción, donde acrisola
Su ingenio, gala, estilo y bizarría
Bartolomé Leonardo de Argensola,
Cual si fuera un petrarte Apolo envía
Adonde está el tesón más apretado,
Más dura y más furiosa la porfía.
Cuando me paro á contemplar mi estado,
Comienza la canción[242], que Apolo pone
En el lugar más noble y levantado.
168. Y lo que más es de admirar (en prueba de la rectitud del juicio
de Cervantes), es que alababa á los Leonardo, hallándose quejoso de
ellos porque no hacían con el conde de Lemos los buenos oficios que le
habían prometido[243]. Don Esteban Manuel de Villegas, que sabía esto,
por lisonjear á Bartolomé Leonardo torció el pensamiento de Cervantes,
y haciendo comparación de uno y otro, prefirió á Bartolomé. De cuya
censura no se puede hacer buen juicio, si no se habla con distinción,
según las especies de poesías. Porque en las coplas de arte menor es
maravilloso el juicio y gravedad de Hernán Pérez de Guzmán y de don
Jorge Manrique: como también el ingenio, discreción y gracia de don
Juan Manuel, Hernán Megía, Gómez Manrique, Luis Bivero, Suárez, el
Comendador Ávila, don Diego de Mendoza y de otros muchísimos, cuyos
pensamientos fueron agudísimos y sus expresiones tan graciosas como
nobles. Es admirable la festividad de Castillejo; la urbanidad de
Luis Gálvez de Montalvo; el natural decir de todos éstos, castizo,
inteligible y de todas maneras agradable. Garcilaso de la Vega es el
único maestro de las églogas. De la comedia y tragedia hablo yo en otra
parte. De la poesía lírica es príncipe el que lo fué de Esquilache, don
Francisco de Borja, á quien aventajó en erudición don Luis de Góngora,
pero aunque hizo versos felicísimos é inimitables, no supo igualarle
en la observación del arte y pureza del estilo. La sátira y poesía
heroica empezaron tarde en España. El doctor Bartolomé Leonardo de
Argensola guardó en aquélla el rigor del arte, como hombre versadísimo
en los tres satíricos latinos, Horacio, Juvenal y Persio, á quienes más
copió que imitó. Don Francisco de Quevedo observó menos el arte y fué
más libre en la reprensión. En todo manifestó su gran ingenio, pero en
la _Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de
los castellanos, escrita á don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares,
en su valimiento_, nos dió á entender que si no hubiera querido
dejarse llevar de su genio, hubiera excedido á los mayores satíricos
que ha tenido el mundo. Respecto de la poesía heroica, más quiero
que se lea el juicio de Cervantes que el mío. Introduce al bachiller
Sansón Carrasco, hablando de los famosos poetas que había en España,
y refiere[244] "que decían, que no eran sino tres y medio". El mismo
Cervantes nos dirá cuáles son éstos. Haciendo el cura y el barbero
el escrutinio de los libros, dijo el barbero[245]: "Aquí vienen tres
todos juntos: _La Araucana_, de don Alonso de Ercilla; _La Austriada_,
de Juan Rufo, jurado de Córdoba, y _El Monserrate_, de Cristóbal de
Virués, poeta valenciano. Todos esos tres libros--dijo el cura--son
los mejores que en verso heroico en lengua castellana están escritos,
y pueden competir con los más famosos de Italia. Guárdense como las
más ricas prendas de poesía que tiene España." El medio poeta entiendo
yo que era el mismo Cervantes, pues en boca de Don Quijote dijo de sí
mismo[246]: "Á fe que debe de ser razonable poeta, ó yo sé poco del
arte." Y con razón; porque según el testimonio del mismo Mercurio[247],
fué raro inventor, y la invención es la parte que anima la poesía. En
aquello mismo que inventa suele guardar la debida puntualidad y el
común decoro[248]. Pero como no tenía ni la profunda erudición que
requiere la poesía heroica, ni su genio festivo podía atarse á los
rigorosos preceptos de una arte tan seria, con cuerda modestia no se
atrevió á llamarse poeta entero. Y en efecto no dió muestras de serlo,
ni en el _Canto de Calíope_[249] ni en el _Viaje del Parnaso_.
169. Este último libro (escrito á imitación de César Caporal), á
primera vista, parece una laudatoria de los poetas de su tiempo; pero,
realmente, es una sátira contra ellos. Y por eso está escrito en
tercetos. El intento del autor se descubre en varias partes. En una,
dice[250]:
Desta manera andaba la poesía
De uno en otro, haciendo que hablase,
Este, latín, aquél, algarabía.
En otra parte[251] introduce á un poeta mal contento reprendiendo al
nuestro porque sin mérito había canonizado á tantos. Las palabras del
poetastro son éstas:
Oh tú (dijo) traidor, que los poetas
Canonizaste de la larga lista
Por causas y por vías indirectas:
¿Dónde tenías, Magancés, la vista
Aguda de tu ingenio, que así ciego
Fuiste tan mentiroso coronista?
Yo te confieso, oh bárbaro, y no niego,
Que algunos de los muchos que escogiste
(Sin que el respeto te forzase ó ruego)
En el debido punto los pusiste;
Pero con los demás, sin duda alguna
Pródigo de alabanzas anduviste.
170. Á cuyo cargo satisfizo con decir que Mercurio le había dado
aquella lista y que tocaba á Apolo, como á dios de la Poesía, darles
los puestos que pedían sus ingenios y habilidad.
171. También es este _Viaje_ un "memorial" de Miguel de Cervantes
Saavedra; y como los hombres desvalidos, aunque modestos, se ven
obligados á referir sus méritos, porque no tienen otros que los
cuenten, introduce dos coloquios suyos, uno con Mercurio, á quien
fingió la mitología mensajero de los dioses, y otro con Apolo,
soberano protector de las ciencias, y en uno y otro dijo Cervantes lo
que convenía que supiese y premiase el rey de España por medio de su
privado, que los que lo son tienen obligación de referir á sus amos los
que merecen premio ó castigo, so pena de condenarse á sí propios á una
infamia perpetua. El primer coloquio, con Mercurio, dice así:
Mandóme el dios parlero luego alzarme,
Y con medidos versos y sonantes,
Desta manera comenzó á hablarme:
"¡Oh Adán de los poetas! ¡oh Cervantes!
¿Qué alforjas, y qué traje es éste, amigo,
Que así muestra discursos ignorantes?"
Yo, respondiendo á su demanda, digo:
"Señor, voy al Parnaso, y como pobre
Con este aliño mi jornada sigo."
Y él á mí dijo: "¡Oh sobrehumano, y sobre
Espíritu cilenio levantado!
Toda abundancia y todo honor te sobre.
Que en fin has respondido á ser soldado
Antiguo y valeroso, cual lo muestra
La mano de que estás estropeado.
Bien sé que en la naval, dura palestra,
Perdiste el movimiento de la mano
Izquierda, para gloria de la diestra.
Y sé que aquel instinto sobrehumano
Que de sano inventor tu pecho encierra
No te le ha dado el padre Apolo en vano.
Tus obras los rincones de la tierra
(Llevándolas en grupa Rocinante)
Descubren, y á la envidia mueven guerra.
Pasa, raro inventor, pasa adelante
Con tu sotil designio, y presta ayuda
Á Apolo, que la tuya es importante.
Antes que el escuadrón vulgar acuda
De más de siete mil sietemesinos
Poetas, que de serlo están en duda.
Llenas van las sendas y caminos
Desta canalla inútil contra el monte,
Que aun de estar á su sombra no son dinos.
Ármate de tus versos luego, y ponte
Á punto de seguir este viaje
Conmigo y á la gran obra disponte.
Conmigo segurísimo pasaje
Tendrás, sin que te empaches, ni procures
Lo que suelen llamar matalotaje."
172. El razonamiento que Cervantes hizo á Apolo fué con ocasión de
verse en el Parnaso, siendo el único que no tenía asiento en él,
aludiendo á la desestimación que se hacía de su ingenio, habiendo
sido el que en su tiempo empezó á levantar la Poesía. Como en este
razonamiento dijo Cervantes de sí propio muchas cosas, es preciso
copiarlo. Dice así[252]:
Suele la indignación componer versos;
Pero si el indignado es algún tonto,
Ellos tendrán su todo de perversos.
De mí yo no sé más, sino que pronto
Me hallé para decir en tercia rima
Lo que no dijo el desterrado al Ponto.
Y así le dije á Delio: "No se estima.
Señor, del vulgo vano el que te sigue
Y al árbol sacro del laurel se arrima.
La envidia y la ignorancia le persigue,
Y así envidiado siempre y perseguido,
El bien que espera por jamás consigue.
Yo corté con mi ingenio aquel vestido
Con que al mundo la hermosa _Galatea_
Salió para librarse del olvido.
Soy por quien _La Confusa_ nada fea
Pareció en los teatros admirable,
Si esto á su fama es justo se le crea,
Yo con estilo en parte razonable
He compuesto "comedias", que en su tiempo
Tuvieron de lo grave y de lo afable.
Yo he dado en _Don Quijote_ pasatiempo
Al pecho melancólico y mohino
En cualquiera sazón, en todo tiempo.
Yo he abierto en mis _Novelas_ un camino
Por do la lengua castellana puede
Mostrar con propiedad un desatino.
Yo soy aquél que en la invención excede
Á muchos, y al que falta en esta parte,
Es fuerza que su fama falta quede.
Desde mis tiernos años amé el arte
Dulce de la agradable poesía.
Y en ella procuré siempre agradarte.
Nunca voló la pluma humilde mía
Por la región satírica, bajeza
Que á infames premios y desgracias guía.
Yo el "soneto" compuse que así empieza,
Por honra principal de mis escritos:
"Voto á Dios, que me espanta esta grandeza."
Yo he compuesto "romances" infinitos,
Y el de los _Celos_ es aquél que estimo,
Entre otros que los tengo por malditos.
Por esto me congojo y me lastimo
De verme solo en pie, sin que se aplique
Árbol que me conceda algún arrimo.
Ya estoy, cual decir suelen, puesto á pique
Para dar á la estampa al gran _Persiles_,
Con que mi nombre y obras multiplique.
Yo en pensamientos castos y sotiles,
Dispuestos en soneto de á docena,
He honrado tres sujetos fregoniles.
También al par de _Filis_ mi _Filena_
Resonó por las selvas, que escucharon
Más de una y otra alegre cantilena.
Y en dulces varias rimas se llevaron
Mis esperanzas los ligeros vientos,
Que en ellos y en la arena se sembraron.
Tuve, tengo y tendré los pensamientos,
Merced al cielo que á tal bien me inclina,
De toda adulación libres y exentos.
Nunca pongo los pies por do camina
La mentira, la fraude y el engaño,
De la santa virtud total ruina.
Con mi corta fortuna no me ensaño,
Aunque por verme en pie, como me veo,
Y en tal lugar, pondero así mi daño.
Con poco me contento, aunque deseo
Mucho." Á cuyas razones enojadas,
Con estas blandas respondió Timbreo:
"Vienen las malas suertes atrasadas,
Y toman tan de lejos la corriente,
Que son temidas, pero no excusadas.
El bien les viene á algunos de repente,
Á otros poco á poco y sin pensallo,
Y el mal no guarda estilo diferente.
El bien que está adquirido, conservallo
Con maña, diligencia y con cordura,
Es no menor virtud que el granjeallo.
Tú mismo te has forjado tu ventura,
Y yo te he visto alguna vez con ella,
Pero en el imprudente poco dura.
Mas si quieres salir de tu querella,
Alegre, y no confuso, y consolado,
Dobla tu capa, y siéntate sobre ella.
Que tal vez suele un venturoso estado,
Cuando le niega sin razón la suerte,
Honrar más merecido, que alcanzado."
"Bien parece, señor, que no se advierte,
(Le respondí), que yo no tengo capa."
Él dijo: "Aunque sea así, gusto de verte.
La virtud es un manto con que tapa
y cubre su indecencia la estrecheza
Que exenta y libre de la envidia escapa."
Incliné al gran consejo la cabeza,
Quedéme en pie; que no hay asiento bueno,
Si el favor no le labra, ó la riqueza.
Alguno murmuró, viéndome ajeno
Del honor que pensó se me debía,
Del planeta de luz y virtud lleno.