Ya está descifrado el enigma, padre Gil--dijo D. Álvaro desde su butaca
viéndole entrar. La sonrisa con que acompañó estas palabras era tan
contraída y extraña que daba frío.
--¿Qué enigma?--preguntó el P. Gil, un poco agitado por el
presentimiento de alguna desgracia.
--No se asuste usted; no es el de la Creación: un enigma más modesto, el
de la venida de mi mujer a Peñascosa hace unos meses... Entérese usted
de esa carta.
El joven presbítero tomó de las manos del mayorazgo la que le presentaba
y se puso a leer:
* * * * *
«Mi querido Álvaro: Acabo de saber que Joaquina dio a luz hace seis
días un niño, el cual se ha inscrito en la parroquia y en el registro
civil con tu apellido. He procurado informarme, y me han dicho que era
perfectamente legítimo, puesto que tu esposa ha estado en Peñascosa hace
unos meses y ha dormido en tu misma casa. Te escribo apresuradamente
para preguntarte si es cierto. Lo dudo mucho, porque no me has dicho
jamás una palabra del asunto. Contéstame inmediatamente.