REGLAS DEL CORTESANO.

Comenzó el Duque y dixo: Á mí me paresce que el Cortesano ha de tener

estas reglas: saber hablar y callar donde es menester, que no en todos

tiempos ni en todo lugar ni á toda persona es bien hablar, sino en su

caso y lugar; que si se habla en tiempos que pueden causar algun mal,

mejor es callar; ni ménos se ha de hablar en el lugar que se debe tener

silencio, que ha de ser en la casa de Dios, cuando se ha de rezar ó

tener atencion á los oficios que se dicen, y asimesmo en los lugares y

casas reales estando delante del Rey, por la fidelidad y acato que se

le debe, sino cuando él lo manda, ó hay ocasion ó interroga que delante

dél se hable; ni ménos se debe hablar á la persona qu’es prohibido,

como escomulgado con participantes, por no menospreciar la Iglesia

de Dios que lo manda; ni con hereje ni moro, sino por necesidad ó

conversion dellos, y en este caso es bueno ser amigo del amigo, qu’es

Dios, y enemigo de su enemigo, ni en lo temporal nadie debe ser amigo

de su enemigo para encender fuego en lugar de matalle, y lo demas diga

quien quisiere.

Dixo don Diego Ladron: Pues vuestra Excelencia lo manda, digo, que el

Cortesano no debria hablar sino de aquello que él sabe, pues qualquier

que habla lo que no comprende, descubre lo que no entiende. Ni ménos

debe hacer lo que ignora ó lo que no puede, que muestra saber poco, y

poder ménos quien mal se atreve.

Dixo Juan Fernandez: Yo diria que el Cortesano debe hablar siempre á

buen propósito, que apénas hay cosa mal dicha á buen propósito ni bien

hablada fuera dél, hora sea moviendo conversacion, ó respondiendo á

quien la mueve, pues sería conversacion despropositada, como si se

hablase de alegría en tiempo de tristeza, si ya no se hiciese para

alegrar á uno que se holgase lo sanase de triste un alegre donoso.

Dixo don Francisco Fenollet: Yo digo que el Cortesano siempre debe

estar en lo que hace y dice, por no parescer descuidado, como en este

cuento diré: Iban camino dos caminantes, y pasando por un pajar dixo

el uno: ¡oh qué buena paja es ésta! y de allí á una hora respondió el

otro: para albardas. Esta paja se les podria dar á comer á los que no

están en lo que están, ni traen cuenta con quien les habla, que no se

ha de responder tarde para luégo, ni luégo para tarde. Otros hay que

no están en lo que hacen, como hacia un justador portugues que nunca

engozaba la lanza sino cuando su contrario lo habia encontrado, y decia

que se le hacia gran traicion de encontralle ántes que él engozase;

quiso ser juzgado, y el Rey de Portugal, que era el juez, juzgó y dixo:

Descuidado justador,

Nan juste mais en amor.

Dixo don Luis Milan: El Cortesano ha de ser padre de la verdad, hijo

del modo, hermano de la crianza, pariente de la gravedad, varon con

ley, amigo de limpieza y enemigo de pesadumbre; y por mostrar cómo lo

entiendo, digo, que debe ser tan verdadero como el padre á sus hijos,

tratando mucha verdad con ellos para que sean verdaderos, mostrando

amor y correccion donde se debe, que en casos hay que si mostrase

voluntad sería tenido en poco; y porque no lo sea, no le han de ver la

cara para ser temido, sino obras para ser amado, que no debe causar

menosprecio quien ha de ser respetado; y en todo lo que ha de tratar

verdad ha de ser muy verdadero, sino cuando va de burlas placentero.

Tambien ha de ser hijo del modo por lo que diré: Un filósofo, haciendo

vida en un desierto, vió una muy hermosa ninfa y demandóle quién era,

y ella le respondió: Soy la Justicia; dixo el filósofo: ¿De dónde

veniste? respondió: Vine del cielo; prosiguió el filósofo diciendo:

¿Por qué vas por desiertos? dixo la Justicia: Porque donde yo reinaba

han muerto mi padre, que do el modo se pierde, justicia no reina. Por

donde se ve que el modo es padre de la justicia y del Cortesano, que,

para ser justo y llegado á razon, ha de ser su hijo y de su condicion.

Tambien ha de ser hermano de la crianza, como en este cuento mostraré:

Topáronse cazando dos cazadores, muy lindos hombres; dixo el uno al

otro: Tan bien me paresces, que yo querria saber tu nombre y de qué

vives. Respondióle: Á mí me dicen don Venturoso, y vivo de cazar lo que

desdichados no alcanzan; yo tambien querria saber lo mesmo de tí. Dixo

el otro: Á mí me nombran don Bien-criado, y vivo de cazar lo que mal

criados pierden; el Cortesano debe ser el uno que es don Bien-criado y

cazará siempre lo que mal criados vienen muchas veces á perder, que es

el cielo y la tierra; y puede ser el otro que es don Venturoso, porque

el cielo da la ventura á quien trabaja de ganalle con bondades y no

parencerias, como debe ser la crianza, que no ha de ser fingida para

engañar, sino verdadera para contentar.

Tambien ha de ser pariente de la gravedad, como en este cuento diré: Un

caballero de muy gran presencia y gravedad topó con una reina, de gran

hermosura y auctoridad, que se paseaba sola por una deleitosa floresta,

y díxole: Señora, ¿quién sois, que tanto contentais á quien os mira?

respondióle: Yo soy la Reina de la gravedad; dixo el caballero: ¿Y por

qué vais sola? respondió ella: Más vale soledad que mala compañía, que

la gravedad ha de ir acompañada de virtudes y sola de vicios.

Tambien ha de ser varon con ley, como dixo un valeroso caballero

castellano, en la guerra de Granada, nombrado don Manuel de Leon, que

siendo muy amado, por su gran valentía, de un moro no ménos valiente

que él, que se decia Muza, que fué cativado en una escaramuza, y

trabajando el rey don Fernando y la reina doña Isabel que se hiciese

cristiano, viéndose muy importunado, dixo: Yo no haré sino lo que me

aconsejáre don Manuel Leon, mi gran amigo. Fué á hablalle por mandado

de los reyes y díxole: Muça, si tú te pasas á nuestra ley y de corazon

no fueres della, ni serás de la tuya ni de la nuestra, y quedarás

hombre sin ley; no dexes de serlo, que no debe estar sin ley un momento

el corazon para ser todo varon. Muy bien mostró este caballero tener lo

que aconsejaba; pues hallándose en Roma, asaltado de malhechores una

noche, hizo tan maravillosas cosas en armas, que siendo los contrarios

muchos, los hizo pocos, venciendo á todos, huyendo de su gran corazon;

y viendo esta hazaña un romano, dixo á su mujer lo que don Manuel de

Leon habia hecho, y ella, enamorada de su gran valor, fuese á él y

contóle lo que su marido le habia dicho, ofresciéndose para cumplir su

voluntad si della se queria servir. A esto respondió él: Ios, señora,

que muy mala obra haria yo á quien me la hizo tan buena, que fué

vuestro marido; que jamas está sin ley l’agradescido.

Tambien ha de ser el Cortesano enemigo de pesadumbre,

Que si fuere pesadilla

No le cumple ir en Castilla

Ni en córte de Portugal;

que á pesados hacen mal y burlan dellos. Sepan más

Que’l buen galan,

Sus vestidos y ademan

Han de ser buenas razones,

Honestas calzas y jubones,

Capas y sayos.

Que si visten

Como mayos

De colores,

ha de ser

En justas y cañas,

Por amores.

Y al usado, honesto y limpio y adobado de buenos guantes adobados,

porque no den mala olor, de cuero de mal servidor:

Que no debe mal oler

El vestido cortesano

Porque no le den de mano

camisas y pañizuelos limpios y de buen olor

Y si fuese servidor,

En la gorra una invincion,

Que el otro monerías son.

Tambien debe tener el Cortesano buen estilo de hablar.

Que á los muy malos vocablos

Gasta bocas digo yo,

Que bocajes engendró.

Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros · 第 37 / 130 题