(_Con vivísima ansiedad_.) ¿Qué?

MARCELA

(_A_ ANDRÉS.) Dime tú qué fué del infeliz. ¿Dónde está?... ¿No

alienta?... ¿No le veré ya nunca, nunca?

ANDRÉS

(_Angustiado_.) ¡Vivo, nunca!

MARCELA

(_Abrumadísima_.) ¡Ah!

ANDRÉS

(_Siempre con voz opaca_.) Le alcanzaron la nieve y el mal... y le dobló

la muerte allá arriba.

MARCELA

(_Delirante_.) ¡El castigo, el castigo!

ESCENA VII

Dichos, REMEDIOS y SERAFÍN

REMEDIOS

(_Llevando de la mano al niño, que viste blusa y pantalón largo y

representa nueve años muy gentiles_.) Aquí tenéis al muchacho tan

campante.

MARCELA

(_Mira al niño con extravío y le empuja al medio de la escena_.) Pues

éste, éste es Jesús, el jayón... Te le devuelvo, Irene, toma: ¡no llores

más por él!

IRENE

¿Que este es Jesús?... ¡Mi hijo!... ¿No me engañas?

ANDRÉS

(_A Marcela, con ansiosa inquietud_.) ¿Pero es verdad?

LUISA

(_Suplicante_.) ¡Marcela, por Dios!

MARCELA

(_A su marido_.) ¡Es verdad! (_A_ IRENE.) ¡No te engaño! (_Señalando al

niño_.) Quise valerme de él contra ti, y no quiso el que todo lo

puede!... Este niño es _el vuestro_, el saludable y dulce, el de los

ojos verdes que embrujan como los tuyos. (_Habla con pasión y violencia,

arrepentida y desesperada a un tiempo, mientras_ IRENE _se sacia mirando

al hijo y le tiende los brazos_.) ¡Fíjate! Cuando Andrés le mira, es

igual que si te mirase a ti.

IRENE

(_Mirando y abrazando al niño, que se resiste asustado_.) ¡Yo no pienso

en Andrés!

MARCELA

(_Con lógica brutal_.) ¡La que se lleva al hijo se lleva al hombre!

IRENE

No; al hijo nada más; al hijo, sí; ¡ven! (_Muy codiciosa_.)

JESÚS

(_Lloroso, muy aturdido, queriendo irse con_ MARCELA.) ¡Madre!

ANDRÉS

(_Aparte_.) ¡No acabo de creerlo!

MARCELA

(_Echando al niño con brusquedad en brazos de_ IRENE.) ¡Esa es tu madre!

(_A ella_.) ¡Tómale!... Te le doy y me quedo sola en el mundo, como

estabas tú...

ANDRÉS

¡Calla, calla, te confiesas a voces!

MARCELA

(_Con infinita amargura_.) ¡Como los sentenciados a muerte! (_Haciendo

un ademán de huída_.) Ahora... ¡adiós!

ANDRÉS

(_Adelantándose a detenerla_.) ¿Que te vas? ¿adónde?

MARCELA

(_Pugnando por soltar la mano con que la sujeta su marido_.) Por la

nieve adelante, por los caminos altos donde las criaturas perecen de

frío y pesadumbre...

IRENE

(_Aparte_.) ¡Como el hijo suyo!

ANDRÉS

(_Compasivo_.) ¡No, eso no!

MARCELA

(_Con obscura intención_.) Si cada alma vuelve a su estrella, yo quiero

acercarme a la mía sola y en paz.

ANDRÉS

Y yo no puedo abandonarte.

MARCELA

(_Imperiosa, magnífica en su terrible desesperación_.) ¡Déjame, Andrés!

Ya oíste mi culpa: no te acuerdes más de mí!

ANDRÉS

(_Muy sombrío_.) ¡No sé lo que oigo!

MARCELA

¡Sí; lo que no sabes lo adivinas!... Nada me preguntes ni me prometas:

me duele tu caridad... ¡Quédate con ellos!

ANDRÉS

(_Vacilante_.) ¡Pero, aguarda!

MARCELA

¡No! ¡Quiero acabar de arrancarme el corazón! (_Volviéndose a la gente

que escucha con murmullos de inquietud y compasión_.) Que nadie me siga:

¡Que nadie me busque!

ANDRÉS

(_Porfiando débilmente_.) ¡Marcela!

MARCELA

(_Empujándole hacia_ IRENE _y_ JESÚS _con un sollozo que más parece un

rugido_.) ¡Quédate ahí! (_Huye desatinadamente, mientras_ IRENE _y_

ANDRÉS _se miran con infinita ansiedad_.)

IRENE

(_Dando un paso hacia el hombre como para retenerle, con descubierta

pasión_.) ¡Andrés!...

TELÓN.

LA PRENSA Y EL ESTRENO DE «EL JAYÓN»

De "El Debate":

La Sra. Concha Espina figura en primera línea entre los novelistas

españoles contemporáneos. En las columnas de _El Debate_ hemos rendido

pleitesía a la alcurnia literaria de la egregia escritora al estudiar

dos libros suyos: _Agua de nieve_ y _La Esfinge Maragata_. Hoy tenemos

la satisfacción de volver a aplaudirla con motivo del estreno de su

primera obra teatral, _El Jayón_.

La rutina suele clasificar a los publicistas inapelablemente. Al que lo

encasilla entre los poetas no le reconoce aptitudes para la novela; al

que lo diputa novelista, no lo aguanta dramaturgo. Diríase que la rutina

es envidiosa y la ofenden la ductilidad y el proteísmo del talento

ajeno. Por esta vez, la rutina habrá de resignarse con que una novelista

ilustre haya triunfado en la escena de Eslava, desde la que hubo de

saludar, al fin de los tres actos, a los espectadores que la aclamaban.

* * * * *

La Sra. Espina ha acertado a poner en su obra una intensidad emotiva

extraordinaria; y como el arte esencialmente es emoción, se deduce que

_El Jayón_ merece los aplausos con que fué acogido por el público.

Añádase que los caracteres de Marcela, Irene, Andrés y Luisa están

trazados con habilidad; que el diálogo es sobrio y el estilo primoroso,

y se comprenderá que la crítica debe asociarse al fallo de la opinión.

* * * * *

En la autocrítica publicada en _La Tribuna_, afirma la autora:

«En este drama no trato de decir nada nuevo, de plantear problema

alguno, ni mucho menos de resolverle. Aspiro sólo a llevar a la escena

un pedazo palpitante de vida, un bloque de la cantera humana, labrado

por mi corazón. Para darle forma no me preocuparon ardides técnicos, y

me dejé conducir por la emoción y la realidad, creyendo que este camino,

si no fácil y corto, es el único que logra llegar a un alto fin.»

Completamente de acuerdo con la teoría que este párrafo expone. La Sra.

Espina ha conseguido realizar sus propósitos, y éstos son noblemente

artísticos.

En la interpretación, la Srta. Morer, admirable de vis trágica, puso a

contribución su gesto natural, fuerte, elegante y su voz privilegiada,

cuyas vibraciones emocionan por sí mismas, aun descartado el contenido

de lo que exprese. El Sr. Hernández, adusto, seco, pensativo o

fogosamente dramático, según las exigencias de las situaciones. Muy bien

las Sras. Peñaranda y Siria y la Srta. Almarche.

Mignoni ha pintado para _El Jayón_ dos bellas decoraciones.

RAFAEL ROTLLAN.

De "A B C":

La primera manifestación teatral del temperamento literario de Concha

Espina ha respondido al prestigio de que goza desde hace mucho tiempo

como novelista la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_.

_El Jayón_, drama en tres actos, estrenado anoche en el teatro de

Eslava, obtuvo un éxito franco, unánime, cordial y justísimo. No podía

esperarse otra cosa de quien tan ponderadamente ha sabido interpretar

momentos y sensaciones de un realismo doloroso y vivo, descubriendo la

llaga de lo trágico, no con la grosera tenacidad de los gusanos, sino

con la solícita atención de un psicólogo.

_El Jayón_ es un afortunado ensayo dramático. Concha Espina ha tenido el

acierto, además, de mostrarse como dramaturgo femenino de sutiles y

vibrantes percepciones estéticas y humanas.

Su primera obra escénica es, como la obra de una madre, la exaltación

del más puro sentimiento de la maternidad, y esta postura sentimental

tan simpática y tan excepcional en este ciclo literario en que la mujer

propende a sentir como el hombre, fué acogida con visible complacencia

por el público, sugestionado al mismo tiempo por la plasticidad del

cuadro, del ambiente, de la luz local; la riqueza de la expresión en su

poética rusticidad, y, finalmente, la tembladura de bondad, de

sencillez, de almas buenas, que circula, como la sangre caliente y

generosa por las venas, por todos los instantes del drama.

Es el jayón un niño prohijado, una criatura con paternidad adoptiva,

según la lexicografía vulgar montañesa.

En la obra de la exquisita y gentil escritora, el jayón es un niño

tullido, una lacra fisiológica, un rollito santo donde la Fatalidad se

ha complacido en grabar una arruga deforme. Y este niño, hijo aparente

del infortunio, cuando es el infortunio mismo, viene a ser el eje de la

delicada trama, es como la línea de primer término de la linda, de la

sugestiva acuarela dramática que ha compuesto Concha Espina.

De su triunfo absoluto y clamoroso le hablarían anoche con clara

elocuencia las ovaciones cerradas que le prodigó el entusiasmo de la

concurrencia.

La Srta. Morer tuvo ocasión de contrastar sus admirables aptitudes,

dando la máxima sensación de la ternura, de la abnegación, del

sacrificio y, finalmente, del desgarrante dolor maternal, interpretando

la figura dulce y bondadosa de Marcela, la madre del jayón, la madre

secreta para todo el mundo, menos para sus entrañas laceradas por la

suprema adversidad.

La Sra. Peñaranda y el Sr. Hernández se hicieron una vez más acreedores

a la legítima complacencia con que el público de Eslava sabe

justipreciar sus méritos artísticos indiscutibles.

Para los tres, como para sus estudiosos auxiliares, hubo muchos y

merecidos aplausos.

Concha Espina fué llamada al palco escénico multitud de veces.

El decorado, de Mignoni, de justo verismo.

J. SAN GERMÁN OCAÑA.

De "El Sol":

Nosotros tenemos que recibir complacidos siempre cualquier ensayo

escénico de los novelistas, seguros de que han de llevar a la dramática,

con la sinceridad de sus análisis, graves preocupaciones de lenguaje y

de estilo. En este último aspecto, principalmente, tiene un innegable

valor la aparición ante la batería de una obra de Concha Espina, la

interesante autora montañesa.

* * * * *

La sugestión innegable de esa fábula tiene aún menor importancia que la

pintura del ambiente. La Sra. Espina ha llevado al teatro todo el color

y todo el encanto descriptivo de la novela. Y, atenta al paso que daba,

cuidó de conceder a los episodios una sobriedad plausible, que los hacía

resaltar vivamente. El diálogo sostenía, en tanto, sus prestancias, y

los actos se deslizaban bajo un innegable encanto literario.

* * * * *

El público aplaudió los tres actos del drama, reclamando en todos la

presencia de la autora. Josefina Morer exteriorizó una vez más su alto

temperamento dramático en la interpretación de Marcela. Y fué secundada

con acierto por la Sra. Siria, y por los Sres. Hernández y Vega,

especialmente.

De "La Vanguardia", de Barcelona:

Otra producción no sólo interesante por sí misma, sino reveladora de

aptitudes dramáticas ciertas ha sido _El Jayón_, primer trabajo escénico

de la insigne novelista Concha Espina. Se trata de una bella narración

publicada ya y adaptada perspicazmente al teatro por su autora. El

público percibía con claridad los dos elementos indispensables: el

ambiente montañés que envuelve el episodio, y la curiosa experimentación

del amor maternal que se intenta realizar. Así la potencialidad de la

fábula destacaba sus vigores y la emoción surgía eficazmente. El dolor

de aquella madre que en lejano día señalara al hijo legítimo como

espurio, como hallado, como el _jayón_, avergonzado del raquitismo y de

la fealdad del niño, adquiere una alta significación en el momento de

perecer el muchacho víctima de un accidente fortuito. El verdadero

_jayón_, el muchacho sano y hermoso se salva. Quien perece es el

muchacho aquel que todos creían no era el de la triste. Ved por lo

apuntado cómo en el drama de la Sra. Espina asoma mejor que una

Fatalidad ciega o una Fatalidad hecha de determinismos, una decisiva

acción providencial, pronta a ejercer sus justicias inexorables. La

sencillez de los personajes que conocemos, el tono misterioso, recogido

y apacible de la obra y la necesidad que tienen aquellos campesinos

humildes del amparo constante de lo alto, concluyen de establecer las

condiciones especiales de _El Jayón_. Y todo esto forma un conjunto

organizado cuyas finalidades idealistas arriban sin mengua de la

realidad viva y palpitante. Prueba, además, que la insigne autora de _La

Esfinge Maragata_ y de _La Rosa de los Vientos_ puede caminar por la

escena. Y a la par afirmaba, con el ejemplo ante nosotros, que no son

tan insondables como se cree los abismos separadores de la novela y de

la dramática.

JOSÉ ALSINA.

De "El Liberal":

«El Jayón», por Concha Espina.

La excelente novelista y escritora ha demostrado con ese su primer

ensayo teatral que tiene todas las condiciones de un buen dramaturgo.

_El Jayón_ es una obra dramática, trágica más bien, llena de emoción y

de fuerza, cuyo fondo es hondamente patético. Y que por la forma y el

ambiente--escenas de la montaña santanderina--está llena de verdadera

poesía real.

Fué muy aplaudida.

MANUEL MACHADO.

De "La Acción":

Concha Espina es una escritora que goza de grandes simpatías entre las

damas. El arte de sus novelas y la ejemplaridad que resplandece en la

vida de esta mujer iluminan su personalidad con los prestigios más

ingentes. Concha Espina ha sabido ser una gran escritora y una dama

amante de su hogar, términos no antitéticos, pero, en realidad, no muy

avenidos en la vida corriente y moliente. Por eso sus lectores muestran

hacia su autora predilecta, tanta simpatía como admiración.

_El Jayón_ es el primer intento teatral de la Sra. Espina. Nadie lo

diría al ver el dominio técnico de que da gallardas muestras esta

escritora en el drama estrenado anoche en Eslava.

En _El Jayón_, a través de una trama simplicísima y de gran fuerza

patética, Concha Espina exalta con toda la vehemencia de su corazón

femenino, dotado de una gran sensibilidad, el sentimiento de la

maternidad, que es eje y esencia del drama.

No queremos hurtar a nuestros lectores el interés que en ellos ha de

despertar el argumento del drama. Por eso, contrariando nuestros deseos,

nos abstenemos de relatar las incidencias del asunto.

Hay en esta primera obra de Concha Espina verdaderos alardes de

sagacidad psicológica, que delatan un gran temperamento dramático en la

ilustre escritora. La acción de la obra se desarrolla en la montaña

santanderina, y los personajes, a pesar de su rusticidad, se expresan

con la sobria elegancia de lenguaje que es característica en aquella

comarca castellana. Sorprenden en _El Jayón_, la fluidez y naturalidad

del diálogo y la elevación literaria de los giros, por cuyo extremoso

celo merece sinceros plácemes esta ilustre autora.

El interés del drama no desmaya un solo instante. La obsesión amarga de

que están embargados los personajes de la obra se transmite al público,

poniendo en tensión sus nervios en espera del desenlace. Y éste

sobreviene, sencillo, noble y patético, coronando con los rigores de la

adversidad definitiva la gama de torturas en que han venido

consumiéndose las almas.

El público rindió pródigos homenajes a Concha Espina, la cual hubo de

salir a escena al final de cada jornada, requerida por los insistentes

aplausos.

Josefina Morer, en la protagonista de la obra, puso de relieve sus

grandes aptitudes para los papeles dramáticos. La bella y gentil actriz,

que es todavía una niña, si, como es de esperar, persevera en el

estudio, será muy pronto una de las figuras culminantes de nuestra

escena.

Asimismo merecen un sincero aplauso el Sr. Hernández, que cada día añade

mayores perfecciones a su arte, y la Sra. Siria, siempre ajustada y

excelente actriz.

ALBERTO MARÍN ALCALDE.

De "El Universo":

Las delicadezas del estilo de Concha Espina no son nuevas para nuestros

lectores.

Esta escritora, quizás la más espiritual de las de su sexo, ha triunfado

en el cuento, en la novela y en el comentario sentimental, con estilo

propio, y con triunfos tan rotundos como generales. Sus artículos,

gustados por el público y consagrados, como sus novelas, por la

crítica, la han granjeado una reputación literaria de las más sólidas.

Pero si como creadora de las más bellas farsas poéticas es estimada por

los lectores, quizás las exquisiteces de su estilo, por lo raras y

escogidas, por lo depuradas literariamente, la han conquistado, en el

mundo de los artistas una personalidad sobre todas original.

Concha Espina, aplaudida y mimada del público por toda su labor

anterior, va ahora al teatro con una obra dramática de ambiente rústico.

En declaración autocrítica nos dice la ilustre autora que en su nuevo

drama no pretende ni enseñar ni demostrar nada, y que el público está

libre de todo intrincado problema moral de complicada solución.

El ensayo dramático de la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_

pertenece a lo que pudiéramos llamar teatro poético. _El Jayón_ es la

poética exaltación de la maternidad y el canto a las sublimes y

misteriosas profundidades y siniestros de las montañas. Allá arriba, en

las cimas donde las ventiscas y las tempestades se forjan, la nieve

entierra, quitando antes el último suspiro, al jayón.

* * * * *

El diálogo, que es el oro puro de esta narración novelesca, tiene

primores poéticos y de estilo verdaderamente espléndidos.

El lenguaje florido de aquellas montañesas toma color con la acción, y

nos sabe más a mieles que en las lecturas.

La Srta. Moner, en primer lugar, y Hernández, prestan el calor de su

arte sincero y conmovedor a aquellas ternísimas escenas sentimentales.

La Sra. Siria y Ricardo de la Vega, en papeles episódicos, admirables de

carácter.

Hidalgo y los demás intérpretes, muy bien.

Concha Espina salió a escena al final de todos los actos a recibir los

aplausos numerosos y entusiastas.

FEDERICO LEAL.

De "El Fígaro":

Los intérpretes del drama.

El drama estrenado anoche por la compañía que acaudilla D. Gregorio

Martínez Sierra no va a los artistas del teatro Eslava. Sinceramente

estimamos que merece otra interpretación más de emoción, de más nervio,

que la que le dieron, con la mejor intención, la Srta. Morer, la Sra.

Peñaranda y Paco Hernández, principales intérpretes de _El Jayón_.

Y es que, acostumbrados al género diametralmente opuesto que cultiva el

director artístico del teatro, no sienten, no viven, no cultivan el

drama intenso que con tan buena fe les ha entregado la Sra. Espina, de

quien teníamos un alto concepto literario por sus novelas y cuentos, y a

la que debemos desde ahora una mayor consideración escénica.

Esta misma opinión nuestra sustentaba el público que acudió al estreno

del drama, otorgando con afecto prolongados aplausos a la autora y

reclamando su presencia en escena al finalizar cada uno de los tres

actos en que la obra está desarrollada.

«El Jayón».

_El Jayón_, el niño hallado sin padres, recogido por caridad, es al

contrario de lo que estamos acostumbrados a ver en teatros, el motivo

del drama íntimo que ahoga la felicidad del matrimonio montañés, eje de

la obra.

Este hijo del amor adúltero, hijo del marido y de una moza del valle, es

encontrado una noche de nieve y de frío junto a la puerta de la casa del

padre.

La esposa, que sospecha la tragedia de aquel hombre, acoge con amor a la

criatura y procura hermanarla con su hijo, el legítimo, recién nacido

también. Pero un día descubre que éste es defectuoso, enfermizo,

contrahecho, y en un arranque de orgullo, sintiéndose humillada,

vencida, viendo al _jayón_ fuerte y sano, cambia a los niños de cuna

para no avergonzarse ante la gente del fracaso de su amor.

Y como un castigo ultrahumano, fingiendo siempre, eternamente dolorida,

ve sucumbir, poco a poco, a su hijo verdadero, hasta que una noche

trágica, también de fríos y nieves, perdidos en la montaña, el padre de

los dos niños abandona, muerto, helado, al enfermo, para salvar al otro

sano...

Este es el drama fatal, sombrío, en el que interviene, como una sombra

acusadora, la madre del _jayón_, errante y triste, para recobrarlo al

final, en una escena de extremada intensidad, de un agobio profundo,

dislacerante, amargo.

El drama.

Se desarrolla fácilmente, sin complicaciones, muy ponderado y muy

interesante. Un momento, cuando acaba la obra, pesa algo, por la

extensión del momento que, una vez expuesto, no debiera prolongarse con

la desesperación y el dolor de la madre.

Literariamente merece algo más que el ligero comentario que podríamos

hacerle. A nuestro juicio, modestísimo, hace tiempo que no se

representaba una comedia tan fácilmente dialogada ni tan elegante de

expresión.

Sin perder un momento el ambiente rústico, sin un alarde, se escucha con

verdadera complacencia por el buen gusto de la escritora, que, a no ser

mujer, seguramente hubiese alcanzado los honores de la Academia hace

tiempo.

Presentación.

Así como los efectos escénicos del acto primero nos causaron una

impresión de espanto, de desesperación, por los tonos chillones del

decorado, por la falsedad absoluta del paisaje, por la colocación, en

general, en cambio tenemos que confesar el acierto del escenógrafo

Mignoni al presentar la misma, exacta decoración de paisaje en el

segundo, con un efecto de nieve verdaderamente originalísimo. El

decorado del tercer acto es de escasa, nula originalidad. Su

indumentaria, aceptable nada más.

JOSÉ MAIRAL.

De "La Correspondencia de España":

«_El Jayón_, nos dice su autora, es un drama rústico, amargo, lo mismo

que la vida, fatal como un _karma_ que se cumple.

Se desarrolla entre pasiones desnudas, entre criaturas buenas, en un

medio primitivo, dentro del cual intervienen los elementos, con sus

voces y su poder misterioso, como un personaje más. No está hecho a la

medida de ningún actor», etc.

Esto nos dice la Sra. Espina, y aun algo más, y en verdad no nos

defrauda.

Es _El Jayón_ uno de esos dramas humanos que, por lo mismo, por lo

humanos, pueden pasar en cualquier parte, en cualquier época, allí donde

latan dos humanos corazones... ¿Qué decimos dos? No; aquí son necesarios

más; cinco por lo menos: tres _activos_, digámoslo así (los de dos

mujeres madres y un hombre padre), y dos _pasivos_ (los de los hijos):

el _jayón_ y el legítimo.

En la vida se han dado sin duda muchos casos como el que presenciamos

ayer en la escena. La novedad en estos asuntos nada importa; su

verdadera novedad no está en el motivo, sino en el modo de

desarrollarlo, y la distinguida y laureada autora de _La Esfinge

Maragata_ ha demostrado un tacto escénico admirable.

Sobriamente y con creciente interés en cada escena, va desenvolviéndose

el drama, que tiene instantes felicísimos de emoción y poesía.

Es verdad que ninguno de los papeles está hecho _a la medida de ningún

actor_; pero es cierto también que todos estos papeles de la vida real,

con sus palabras y sus sentimiento comunes, _caen_ siempre como hechos a

la medida para nuestros cómicos, que son insuperables en cuanto se les

hace caminar por la superficie terrena y no se les obliga a explorar en

psicologías subterráneas o aéreas.

Anoche, todos los actores de Eslava que tomaron parte en la obra lo

hicieron a maravilla. Hasta los más secundarios; por ejemplo, aquellos

dos pastores, llegados al llano de las alturas nevadas, parecían tipos

arrancados de la propia sierra.

Todos dignos de plácemes, y sobre todos hemos de mencionar especialmente

y en justicia a la Sra. Peñaranda, que dió la nota dramática más

emocionante, sin gritos desentonados, gestos extemporáneos, sin

aspavientos, sino con una sobriedad en la actitud y en la palabra,

palabra cálida, humana, de dolor profundo y contenido, mil veces más

emocionante y trágica que un coro de voces plañideras.

La Sra. Espina salió al final de todos los actos, reclamada por los

aplausos unánimes del público. Reciba también el nuestro fervoroso.

GOY DE SILVA.

De "El Imparcial":

Con motivo del estreno de «El Jayón».

_Hablando con Concha Espina._

Dulzura; todo en ella es dulzura: los ojos puros que miran siempre _más

allá_, el pliegue de la boca cansada, los gestos pausados, la voz

igual...

Entra en el saloncillo del teatro, donde la espero; el ancho sombrero de

terciopelo negro proyecta una sombra suave sobre su rostro, cubriendo

los cabellos negros; los largos pendientes de coral rojo no son en ella

una extravagancia, ni siquiera una fantasía: son un adorno encantador e

inmóvil, porque su cabeza apenas se mueve.

--Vengo a molestarla--la digo--con motivo del estreno de esta noche; la

actualidad manda, y usted es hoy una figura de actualidad de primer

orden...

--¡Oh, no!--protesta casi intimidada--: de primer orden, no.

--Un estreno teatral femenino--prosigo--es aquí un acontecimiento, y

tratándose de una firma, como la de usted... Pero esto es un pretexto;

hace mucho que yo deseaba hablar con usted para poder luego hablar de

usted a mis lectoras. Y antes de tratar de su nueva personalidad

literaria, yo quisiera que me hablase usted de su vida.

Y me habló de su vida muy sencillamente, con su voz dulce e igual,

parándose a menudo, como si cada palabra evocase algo ante sus ojos, que

miran siempre _más allá_...

* * * * *

El Jayón: Drama en tres actos · 第 3 / 4 段