--Y ahora hablemos un poco de su última encarnación literaria. ¿Cómo se

le ocurrió escribir para el teatro?

--Paso de la novela al teatro con la misma naturalidad y lógica que pasé

del periodismo a la novela, o de los versos a la prosa. Hace algún

tiempo escribí _El Jayón_ en novela para _La Novela Corta_. Mis pocos

amigos intelectuales me aseguraron que los tres capítulos de _El Jayón_

eran más bien tres actos de un drama. Y un buen día me decidí a seguir

su consejo y, en efecto, a medida que escribía me parecía que mi novela

iba adquiriendo su verdadera forma, realizando su verdadera misión.

--Volviendo al motivo _de actualidad_ de mi visita, ¿cuáles son sus

impresiones de autora dramática en día de primer estreno?

--Estos días confieso que en los ensayos sufrí un poco; es doloroso el

oir las frases que nos dictó la emoción, cien veces remachadas,

indiferentemente, desapasionadamente. Yo comprendo que esto es una

sensación algo pueril, de autora novicia.

--No sé si es pueril, pero me parece que debe ser muy justa. ¿Y hoy?

--Hoy estoy muy tranquila; soy muy optimista.

Y sus ojos, y su actitud toda, confirman tan sinceramente sus palabras

que la miro algo desconcertada, y no temiendo ya turbar tan robusta

serenidad, insisto:

--Sin embargo, descontado el valor seguro de una obra de usted, hay

obras muy hermosas y hasta de gran éxito más tarde, que fueron, el día

de su estreno...

--... ¿Un fracaso?--concluye tranquilamente--. Pues bien, yo me pongo

perfectamente en el caso; de todas maneras no será culpa mía. Yo he

escrito un drama que yo misma he presenciado y hondamente sentido,

entregándome en mi obra con toda pasión, con toda fe. Yo no podía hacer

más; luego, sean las cosas como sean, mi trabajo es el mismo; yo

también...

¡Admirable Concha Espina, inmortal autora de _La Esfinge Maragata_; el

éxito de su primer drama ha debido llenarla de una alegría digna, sin

nervosidad, como sin nervosidad también fué la espera! Porque usted en

la gloria como en el arte, como en la vida misma, permanece siempre

fuerte con dulzura, optimista sin vanidad, y sin pasividad, serena.

Porque usted, como sus ojos claros, está siempre _más allá_...

MAGDA DONATO.

De "La Unión", de Sevilla:

Anoche, en el escenario de Eslava, se representó una obra teatral debida

al ingenio de Concha Espina, la de la prosa correcta y clara como agua

de manantial serrano, la novelista que sabe tejer realidades de nuestra

propia vida con finos hilos de ensueño, dando a la labor un tono suave,

de verdad y de ilusión, tan perfectamente armonizado, que logra poner un

suspiro en nuestros labios, al mismo tiempo que, embebecidos, pensando

en unas dulces quimeras, miramos a las lejanías más azules.

Y la representación de _El Jayón_--que así se denomina la nueva comedia

dramática--nos proporcionó aquella hora grata que el espíritu nos

demandaba, cansado de tanta aridez y de tanto mezquino prosaísmo como

estamos viviendo estos días en este nuestro buen pueblo español.

Concha Espina, dotada de un exquisito temperamento artístico,

escribiendo para el teatro como escribe sus novelas, tuvo el

singularísimo acierto de subyugar a los espectadores, brindándoles

generosamente aquellas exquisiteces de que estamos tan ayunos y que, en

verdad, hemos echado de menos en tantas temporadas teatrales perdidas

para la cultura, para el buen gusto y para el arte, nuestro supremo

soberano.

_El Jayón_, que tiene por fondo un brioso panorama de vidas rurales, que

exalta hasta un sacrificio eterno--el de dejar el amor al hombre

único--, el santo cariño maternal, está enmarcado en una pureza de

lenguaje y en una simplicidad de tecnicismo que constituyen la triunfal

ejecutoria de la pluma que anoche fué aclamada, no ya por el aplauso de

los selectos, sino por el público de la galería, que, abierta el alma a

la llegada de la emoción, supo gustar ésta y apropiársela,

agradeciéndola como una señalada merced.

Los periódicos madrileños relatarán, de seguro, el argumento de la obra

que de modo tan definitivo triunfó anoche en Eslava, y por ello, para no

hacer demasiado extenso este apunte, no he de meterme en tal detalle;

pero, por si no te lo dijesen los críticos de teatros al hacer el

comentario del estreno, yo he de manifestarte, amigo lector, que _El

Jayón_ tiene una escena tan intensa y tan sublime, tan generosa y tan

llena de dulzores de alma de mujer, tan ungida por la gracia de las que

fueron madres, que la diputo como uno de los mayores aciertos de nuestro

teatro.

* * * * *

Cuando _El Jayón_ siga su camino por todos los teatros de España, que la

ruta es amplia y reclaman las gentes de todos los lugares beber en el

mismo fresco y grato manantial, Concha Espina recogerá el fruto de la

gratitud, pues ha puesto en el duro surco de nuestra vida semilla de

arte noble y grande.

Y bien haya quien así atiende la sed de nuestro espíritu, que ya

empezaba a mostrar grietas producidas por la hosca resequedad que

hubieron de proporcionarnos los que se propusieron extraviarnos en

nuestro camino hacia lugares de cordialidad, de ternuras, de realidades

suavizadas por el dulzor del ensueño.

LEOCADIO MARTÍN RUIZ.

El Jayón: Drama en tres actos · 第 4 / 4 段