MARCELA
(_Alarmadísima_.) ¿Cómo dices?
LUISA
¡Hombre, qué ocurrencia!
ANTONIO
¡Qué había de salir!
MANUEL
En lo tocante a eso...
MARCELA
¿Qué?
MANUEL
(_Con mucha parsimonia_.) ¡Sábelo Dios!
ANTONIO
¡Vaya una salida!
MARCELA
Sí; ¡Dios lo sabe! (_A los pastores_.) ¿Y no supisteis nada del nuestro
invernal?
MANUEL
Nada, hija... Considera que el vuestro cae ponentino y el de nosotros
cara al sur.
ELÍAS
¡Si hubiéramos barruntado que andaba por allí Andrés!
MARCELA
Pero la bajada al pueblo es la misma.
ANTONIO
Desde medio camino sí...
MARCELA
(_A los pastores_.) ¿Y no hallasteis huella ninguna?
LUISA
¡Marcela, no te mortifiques más!
MARCELA
¡No puedo remediarlo!
ELÍAS
Ni vimos alma viviente: ¡estaba el monte frío y solo como un muerto!
MANUEL
Y nos sucedió un caso.
ELÍAS
Es verdad.
MARCELA
¿Qué fué?
ANTONIO
No me lo habíais dicho.
ELÍAS
Vale poco la pena.
LUISA
A ver qué es ello.
MARCELA
¡Sí!
MANUEL
Pues, veníamos por el soto de la Cruz, cuando, en esto, va el serroján y
echa un relincho que retumbó en la nieve por todas las camberas abajo. Y
quien os dice que a tal tiempo, oímos unas voces como si fueran cosa del
otro mundo.
MARCELA
¡Virgen de la Esperanza!
LUISA
¿Y qué hicisteis?
MANUEL
Pararnos a escuchar.
MARCELA
¿Entonces?
MANUEL
¡Todo estaba mudo, igual que antes!
MARCELA
¿Pero, aquel clamor?...
ANTONIO
La quejumbre del ábrego...
ELÍAS
O el eco del ijujú...
LUISA
¡Claro está!
MARCELA
¿No sería la voz de Andrés?
ELÍAS
¿Por aquellos rodales?
MARCELA
¿O el llanto de un niño?
LUISA
(_A_ MARCELA.) ¡Lo que tú amontonas, criatura!
MANUEL
¡Cosa muy amarga parecía!
MARCELA
(_Desolada_.) ¡Me consume el miedo!
ELÍAS
Para mi cuenta fueron los crujidos del invernal ruinoso.
ANTONIO
Justo: que se hundía al peso de la nieve.
MARCELA
¿Y no fuisteis allá?
ELÍAS
¿A qué habíamos de ir?
MARCELA
(_Dominada por su inquietud_.) Por si algún caminante se hubiera
guarecido y demandara socorro.
ANTONIO
No, mujer; por el monte no transita ningún forastero.
ELÍAS
Y los del país no asubiamos en el soto de la Cruz.
MARCELA
(_A_ MANUEL_, que parece reservado_.) ¿Tú qué piensas, Manuel?
LUISA
(_A_ MANUEL _aparte_.) ¡No la atemorices!
MANUEL
(_Después de pensarlo_.) Pues... en finiquito: yo pienso... que todos
tenéis razón.
ELÍAS
(_Riendo_.) Está bien.
ANTONIO
(A MARCELA.) Mira: el invernal ese que cruje y se está hundiendo, no es
camino de Bustarredondo, ni semejante cosa.
MARCELA
(_Con recelo, a los pastores_.) ¿No?
ELÍAS
No; queda muy a trasmano.
MANUEL
¡Mucho!
LUISA
(_A_ MARCELA.) ¡Bien lo sabes tú!
MARCELA
(_Con desaliento_.) ¡No sé nada!
ELÍAS
(_Haciendo ademán de levantarse_.) Conque, Marcela, si no mandas más...
MANUEL
Sí; nos iremos.
ANTONIO
(_A su mujer_.) Y también nosotros.
LUISA
Sí. (_Todos se levantan_.)
MARCELA
(_Dominándose_.) ¿No queréis otro vaso de vino?
ELÍAS
Ya basta.
MANUEL
Se agradece.
ANTONIO
(_A_ MARCELA.) A la mañanuca temprano yo vendré por aquí a ver lo que se
te ocurre.
LUISA
Y yo lo mismo. (_Vacilando_.) ¿Tendrás miedo esta noche?
MARCELA
Para la soledad no soy medrosa.
ANTONIO
(_A su mujer_.) Puedes quedarte con ella.
LUISA
Eso estaba cavilando.
MARCELA
No. (_Ante el ademán insistente de_ LUISA.) No he de ceder. Que mañana
madrugues, eso sí. (_Los pastores han recogido sus cayados y aguardan en
el corral.) (_LUISA _se pone el mantón_.)
MANUEL
(_Desde fuera_.) Si hacia el mediodía no ha bajado Andrés, iremos a
buscarle.
ELÍAS
(_A_ MARCELA.) Tú dispones.
MARCELA
Gracias por todo... ¡Ah! llevaros el farol. (_Le descuelga y se le
ofrece a la orilla del portal_.)
LUISA
¿Te íbamos a dejar a oscuras?
MARCELA
Encenderé el candil.
ELÍAS
No es menester luz, no.
ANTONIO
La nieve nos alumbra.
ELÍAS y MANUEL
Buenas noches.
MARCELA
Que descanseis.
LUISA
(_Volviendo unos pasos atrás._) A ver si te acuestas y duermes.
MARCELA
(_A media voz_.) ¡Ay, pídele a Dios por mí!
LUISA
(_En el mismo tono_.) Sosiégate, mujer, ten confianza...
ANTONIO
(_Ya en el camino esperando a_ LUISA.) ¿Vamos?
LUISA
(_A su marido_.) Allá voy. (_A_ MARCELA _abrazándola_.) Adiós...
MARCELA
Adiós... (_Desaparecen en el campo_.)
ESCENA VII
MARCELA, luego IRENE
MARCELA permanece al borde del portal con el farol en la mano, inmóvil,
aterrados los ojos. No se sabe si escucha o aguarda. La noche se aclara
con la nieve; brillan algunos relámpagos; suena el toque de las
oraciones.
MARCELA
(_Sale de su quietud con un largo suspiro y se santigua_.) ¡Las
oraciones! ¡Si yo pudiera rezar!... ¡Y un poco he desahogado el corazón
que se me quería partir! (_Apaga el farol y le deja en el suelo_.) No me
hace falta luz: ¿para qué? He de estarme en esta orilla de cara al cielo
y a la nieve, esperando, esperando... ¿Qué espero?... Aquí se me figura
que sufro, más cerca del inocente que sufre... más lejos del castigo...
¡Aquellas voces del soto de la Cruz! (_Levanta la cabeza, mira al campo
y se estremece. Una sombra enlutada va acercándose con sigilo._ MARCELA
_se recoge al fondo del portal_.) ¡Ah...! ¡Una sombra, Dios mío!... La
sombra de una mujer... No es un fantasma, no: bien cierta la descubro...
Es «ella»... siempre «ella»... Padece por la misma criatura que yo; la
empuja hacia mí esta misma inquietud que me consume... ¡Nos come un solo
penar! (_Con vehemente impulso de compasión, llamando, ensordecida la
voz_.) ¡Irene... Irene!
IRENE
(_Estremecida, adelantándose_.) ¡Marcela! ¿Eres tú?
MARCELA
Ven.
IRENE
(_Acercándose dudosa_.) ¿Es verdad que me llamas?... ¿Estás ahí?
MARCELA
Te llamo: aquí estoy.
IRENE
¡No te veo!
MARCELA
Porque llegas de la claridad... En cambio a mi se me hace que vienes
toda llena de luz. (_Sale a recibirla_.)
IRENE
(_Pasándose las manos por los ojos_.) Me ciega la blancura de la
nieve... ¿Estás sola?
MARCELA
Sí.
IRENE
(_Trémula, con la voz tapada_.) ¿Han vuelto?
MARCELA
(_Con tono igual_.) ¡No!
IRENE
¿Y qué hacías?
MARCELA
Esperar... ¿y tú?
IRENE
Yo también.
MARCELA
Esperaremos juntas.
IRENE
¡Si me dejas!
MARCELA
Ven. (_Al salir a buscarla atisba otra vez el celaje_.) Has traído la
bonanza. Ya se afinan las nubes... Repara cómo se hiende el cielo y las
estrellas se asoman a ese retal azul...
IRENE
(_Fijándose donde_ MARCELA _dice_.) Parece que se miran y que
tiemblan...
MARCELA
(_Muy conmovida_.) ¡Lo mismo que nosotras! (_Luce un relámpago; a su
resplandor las dos mujeres se miran temblorosas con suprema ansiedad_.)
IRENE
¡Marcela!
MARCELA
(_Tendiéndole la mano_.) ¡Ven!
TELÓN
ACTO TERCERO
Una cocina montañesa con el llar en el suelo, gran
campana, espetera brillante, de cobre, colmada botijera y
bancos rústicos de nogal. Hay varios taburetes de la
misma madera, una puerta lateral que comunica con el
interior, y otra grande, abierta sobre el portal con una
ventana pequeña en la misma dirección. Ha pasado la noche
y ha salido el sol encima de la nieve: su luz debe
asomarse a la escena.
ESCENA PRIMERA
LUISA y ANTONIO
LUISA
(_Trajinando_.) ¡Qué cosas se ven en este mundo!... ¡Mira que llegar yo
aquí al amanecer y encontrarme a Irene y a Marcela juntas en un mismo
banco!
ANTONIO
(_Con alguna suficiencia, mientras pasea y fuma_.) Las mujeres sois así:
tan repentinas para aborrecer como para perdonar.
LUISA
Ellas no se aborrecen...
ANTONIO
Pues esa es la cuestión; que en los quebraderos de esta casa todo el
personal es de valía... Marcela una venturada que no hay más que
pedirle; ya lo estamos viendo; mejor criatura no cabe. Andrés, bueno a
carta cabal, amigo de los pobres y pronto a sacarnos de un apuro al que
más y al que menos... ¡Da en cara verle padecer el humor de la
melancolía!
LUISA
(_Cavilosa_.) ¡Sí; llevas razón!
ANTONIO
Y si vamos a Irene, otra infeliz. Desde el percance aquel no ha vuelto a
dar qué hablar ni ese es el camino... Ella trabaja, sola y enferma, dale
que dale, y puja con la vida siempre clavando los ojos en este llar,
donde le recogieron al hijo.
LUISA
¡Por ahí duele! (_Acabó de ordenar la cocina y atiende con mucho
interés a la conversación: hablan en voz discreta_.)
ANTONIO
¿Y van a estar los tres como en el Purgatorio, talmente, hasta el sin
fin de los años?
LUISA
(_Desanimada_.) ¡Qué sé yo!
ANTONIO
¡Es el sino de las personas, no digas!... Nacen con la negrura de un
desvelo, como quien saca una pinta en la piel, y arrastran aquella nube
hasta que vuelven a la tierra.
LUISA
¡Será... será! (_Pausa_.)
ESCENA II
Dichos y MARCELA
MARCELA
(_Saliendo del interior, siempre con aire inquieto_.) ¡Qué largas se me
van a hacer las horas de aquí al mediodía!
ANTONIO
Paréceme que antes no pueden venir. Porque Andrés aguardará a que el
sol caliente para traer a los muchachos poco a poco.
LUISA
Y si no llegan a eso de las doce, suben a buscarlos.
ANTONIO
(_A_ MARCELA.) No sé si habrán subido ya; porque todo el pueblo está
pendiente de tus cavilaciones.
MARCELA
Nos queréis bien.
ANTONIO
Merecido estará.
LUISA
(_A_ MARCELA.) ¿Por qué no te acuestas un rato y yo me quedo aquí a la
mira?
MARCELA
No estoy cansada... Después de calentarme a la lumbre maté el frío y el
sueño y no me importaría quedarme en vela otra noche.
LUISA
¡Gastas recia salud!
MARCELA
¡Si la pudiera repartir!...
ANTONIO
(_A_ MARCELA.) Ya que no mandas ninguna cosa voy a soltar el ganado y
volveré más tarde.
LUISA
Es lo mejor.
MARCELA
Sí; comeréis con nosotros.
ANTONIO
Hasta luego. (_Sale despacio_.)
LUISA
(_A_ ANTONIO.) ¿Sabes qué hora es?
ANTONIO
(_Deteniéndose en la puerta a mirar hacia delante quitándose el sol con
la mano_.) Las ocho dadas, que ya cayó la sombra en la cerca del
maestro.
ESCENA III
MARCELA y LUISA
MARCELA
Entonces, si te puedes quedar aquí voy un rato a la iglesia. Se me hará
el tiempo más corto y aprovecharé la blandura que siento en el corazón.
LUISA
Yo te aguardo lo que necesites, y contenta, porque te veo más animosa.
MARCELA
¡Qué buena eres conmigo!
LUISA
Si te sirvo de algo no haré más que corresponderte.
MARCELA
Me sirves de mucho. Desde ayer puedo rezar y no se me endurecen los
pensamientos, cerrados en la esclavitud... Es como si te diese un poco
de este peso que me agobia.
LUISA
Me lo diste y se me aposentó aquí. (_Señalándose el pecho_.)
MARCELA
Pues con llevarlo tú me alivias. Me consuela saber que tengo a quién
decirle hasta dónde se me hunde la compasión y la ternura por Jesús;
como le quiero de un modo diferente a las otras madres que en el hijo
disfrutan bienandanzas y goces... En mí todo el amor es una cuita que me
consume... un dolor que me parte las entrañas...
LUISA
¡Así será para Irene!
MARCELA
¡Te acordaste de ella!, ¿verdad? ¿Qué haré yo, Luisa?
LUISA
¡Bien lo considero!...
MARCELA
Muchas veces en tantos años de padecer, tuve tentaciones de confesar a
gritos mi culpa, que a todos nos aflige.
LUISA
¡Es un caso muy fuerte!
MARCELA
(_Con pasión_.) ¡Y está Andrés por el medio!
LUISA
Pero él es tu marido.
MARCELA
(_Sordamente_.) ¡Por gratitud!
LUISA
¡No, mujer!
MARCELA
¡Por Serafín!
LUISA
¿No dices que quiere más al otro?
MARCELA
En el hijo dañado le tira la pasión; en el saludable el orgullo...
LUISA
Andrés es bueno...
MARCELA
Sí, pero no la olvida; no la puede olvidar, ¡y si supiera!...
LUISA
¿Y cómo anoche la diste arrimo?
MARCELA
No te lo sé decir... Toda la lástima y el sentimiento subiéronse a mi
boca de un pronto. «Estaba» ahí esperando como yo: la llamé y vino.
Juntas lloramos y yo sentí consuelo al cobijarla. Pero si nos hallaste
juntas... ¡nos apartaban muchas cosas!...
LUISA
¡Se te haría la noche un siglo!
MARCELA
Al revés... se me pasó como un vuelo. Las penas se me pasmaron aturdidas
y ya no supe si yo era yo.
LUISA
Estarías trasoñada.
MARCELA
Estuve con los ojos abiertos como ahora.
LUISA
(_Con mucho interés_.) ¿Y ella?
MARCELA
Ella, igual.
LUISA
¿Hablasteis?
MARCELA
(_Con voz sorda_.) No: lloramos.
LUISA
¿Y no te dió recelo su mirada como otras veces?
MARCELA
Ninguno: con el llanto se le apagó la lumbre de los ojos...
LUISA
Parece mentira... Ahí en la soledad oscura, yo lo que tú me traspaso de
miedo.
MARCELA
Había mucha luz. Como está creciendo la luna, quebró las nubes y se puso
cada vez más blanca la noche... Según el ábrego iba deshaciendo la
nieve, llenóse el valle con el vocerío de la riada...
LUISA
(_Interrumpiéndola_.) ¡Ya lo creo! Estaban rotos los azutes del ansar y
los saetines del molino.
MARCELA
Y bajaban despeñados los chortales del monte. ¿Los oíste?
LUISA
¡Qué había de hacer!
MARCELA
(_Con honda evocación_.) Pues yo no sabía si aquel llorar tan grande era
de Irene o mío, o de todas las tristezas de la vida juntas.
LUISA
Es que soñabas sin dormir.
MARCELA
Con todo y eso, no se me despertaron las agonías tan duras como ayer y
ahora parece que se me derrite un poco la pesadumbre con el sol.
LUISA
(_Alentándola_.) Sí, Marcela, a ver si te recobras: Dios te ayudará.
MARCELA
(_Con alguna esperanza_.) ¡Ay!, mucho se lo tengo que pedir... Voy a
buscar la mantilla. (_Entra en la casa_.)
LUISA
(_Sola_.) Y yo a sacar unos cántaros de agua y a gobernar allá dentro.
(_Hay un silencio, mientras el cual_ LUISA _dispone los cántaros_.)
MARCELA
(_Sale con la mantilla en la mano y se la va poniendo_.) Si algo ocurre
te acercas a llamarme, ¿eh?
LUISA
Vete sin cuidado. (_Se va_ MARCELA.) ¡Pobre criatura! ¡Lo que ella pena
y se martiriza por el amor del su hombre!... Y él, tan amargo y
sobrecogido como si la ventura le supiera a hieles. ¡Qué vida, Señor!
ESCENA IV
CARMEN y LUISA
CARMEN
(_Llega con un cántaro y un botijo a sacar agua también. Habla con tono
de misterio y emoción_.) Una que va por ahí delante, ¿es Marcela?
LUISA
Lo será, porque acaba de salir.
CARMEN
Víla al doblar la cerca del maestro y no pude fijarme bien. ¿Iba a la
parroquia?
LUISA
Eso mismo.
CARMEN
Entonces, ¿no sabéis lo que pasa?
LUISA
(_Con inquietud_.) No..., ¿qué?
CARMEN
Pues dicen que bajó Andrés con un muchacho sólo entre los brazos y que
al otro le dejó muerto encima de la nieve.
LUISA
(_Muy apurada_.) ¿Cuándo? ¿Quién lo dice?
CARMEN
El serroján lo habló en la mi cambera.
LUISA
Pero, ¿dónde están?
CARMEN
Venía Cándido de casa de Flora y decía que estaban allí; que llegaban
aterecidos y los querían fortalecer un poco, antes que los viese
Marcela.
LUISA
¿Será verdad?... ¡Era lo que faltaba!... ¿Y cuál niño dicen que pereció?
CARMEN
Eso no lo sé.
LUISA
¡Ay, no quisiera encontrarme aquí!
CARMEN
Yo me vine a buscar agua para enterarme de si era cierto.
LUISA
(_Perpleja_.) ¿Y qué hago yo ahora?... No; a Marcela no la llamo hasta
saber...
CARMEN
(_Mirando hacia el camino_.) ¡Ahí vienen!
LUISA
(_En la misma actitud_.) ¡Andrés!... ¡Si parece más viejo!... ¿Qué habrá
sucedido?
ESCENA V
Dichas, ANDRÉS, MANUEL, ELÍAS; después ANTONIO.
ANDRÉS
(_Con la cabeza descubierta. En zapatos; traje de pana con remonta.
Aspecto de fatiga y desesperación. A_ LUISA.) ¿Marcela?
LUISA
(_Temblando_.) No está.
ANDRÉS
¿Cómo?...
LUISA
Fué a la iglesia y vendrá en seguida... Pero, ¿qué te pasa?
ANDRÉS
(_Se deja caer en una silla, con la frente entre las manos. Todos le
rodean en actitud solícita y penosa_.) ¡El jayón!... (_Con amarguísimos
acentos_.) No era más que eso..., ¡un pobre jayón!...
LUISA
(_A los pastores_.) ¿Qué dice?
CARMEN
(_Comprendiéndolo_.) ¡Es Jesús el que ha perecido!
ELÍAS
Sí.
LUISA
¡Virgen de los Dolores!
MANUEL
¡Y del mal, el menos!
ANDRÉS
(_Levantando la cabeza; saturada la voz de amargura_.) ¡Eso es!... Un
niño sin padres, raquítico, inútil, para nada sirve en el mundo.
MANUEL
Hombre, eso no... (_Alusivo_.) Bien consideramos la pena tuya.
ELÍAS
(_En el mismo tono_.) Y conocemos que él y tú... ¡Claro está!
CARMEN
(_Corroborando_.) ¡Las cosas de la vida!...
LUISA
(_Aparte_.) ¡El hijo de las dos madres!...
ANTONIO
(_Llega buscando a_ ANDRÉS _y le abraza contristado_.) Andrés: supe
ahora mismo la desgracia...
ANDRÉS
(_Con honda intención_.) Una desgracia, sí... aunque no lo parezca.
ANTONIO
¿Quién lo había de pensar? Ibamos a subir a buscarte sólo por tu mujer.
(_Mirando alrededor_.) ¿Dónde está ella?
CARMEN
Yo iré a llamarla.
LUISA
(_Deteniéndola con viva ansiedad_.) No vayas, no... Ahora viene...
ANDRÉS
¡A tiempo llegará!
ANTONIO
(_A los pastores_.) ¿Dónde le encontrasteis vosotros?
ELÍAS
Vímosle bajar por la calzada y fuimos a ayudarle.
MANUEL
Venía con cara de difunto, cargado con el hijo.
ANTONIO
¿Y Serafín?
ELÍAS
La tía Remedios le está aliñando para traérsele a su madre.
LUISA
(_Aparte_.) ¡Pobre Marcela!
ANTONIO
(_A_ ANDRÉS, _que permanece absorto en un dolor sombrío_.) Pero ¿cómo
fué eso?
ANDRÉS
¡Por mi culpa!
ANTONIO
A ver: dilo.
MANUEL
Sí, hombre, cuenta. (_Todos se preparan a escuchar con mucho interés_.)
ANDRÉS
¿Qué voy a deciros? No vale para contado. (_Pausa_.) Cuando ayer
barrunté la nieve en los cielos y en el aire, quise venir antes que
reventara la nube, creyendo que había lugar...
ELÍAS
¿Y salisteis?
ANDRÉS
Esa fué mi torpeza. Jesús no había querido almorzar. Ardía y temblaba, y
me entró la prisa de traerle. Como a la hora de camino, en la mitad del
monte, nos alcanzó la lluvia de través, un cierzo helado que se volvía
nevasca, todo envuelto en huracanes. Entonces quise volverme al
invernal... Pero ya estaban rasas las veredas: nos cegaba la nieve;
perdí el tino y erré el sendero.
MANUEL
¡No hay mucho que asombrarse!
ELÍAS
¡El temporal aturde al más valiente!
ANTONIO
¡El monte es cosa muy seria!
ANDRÉS
(_Con la voz traspasada por el desaliento_.) ¡Para qué voy a contaros
más!
ANTONIO
Sí: acaba.
CARMEN
¿Cómo fué lo del niño?
LUISA
¡Dilo pronto, Andrés!
ANDRÉS
¡Que le roían la tristeza y la enfermedad y no pudo resistir como el
otro!... Fuí tirando por ellos monte arriba igual que un orate, pensando
acertar con la cabaña. Puse en los hombros a Jesús y llevé de la mano a
Serafín no sé qué tiempo... Era todo el aire una pura cellisca y la
tormenta rodaba con tronidos y relámpagos.
MANUEL
¡Pues no bregaste tú poco!
ELÍAS
Sí; que empezó a tronar a media tarde.
ANDRÉS
¡Y a escampar también!
ELÍAS
Eso.
ANDRÉS
Pero ¿sabéis dónde estábamos a aquella hora?
MANUEL
¿Dónde?
ANDRÉS
En el soto de la Cruz.
MANUEL
(_Alteradísimo_.) ¿En el invernal?
ANDRÉS
Sí.
ELÍAS
¿Y diste unas voces?
ANTONIO
¡Marcela acertó!
LUISA
¡Fué una corazonada!
ANDRÉS
(_A los pastores, muy asombrado_.) ¿De qué sabéis?...
MANUEL
¿Oíste el ijujú?
ANDRÉS
(_Levantándose, con tremenda ansiedad_.) Me lo pareció: ¿erais vosotros?
ELÍAS
(_Desolado_.) Sí; ¿cómo íbamos a pensar que eras tú?
ANDRÉS
Pero ¿escuchasteis mi grito?
MANUEL
¡El tuyo fué; no le tuvimos por cosa humana!
ELÍAS
Contamos que al hundirse gemía el invernal...
MANUEL
¡Que aullaba el viento!...
ANDRÉS
(_Entre dolido y desesperado_.) ¡No me disteis socorro!
MANUEL Y ELÍAS
(_Muy afligidos, abrazándole_.) ¡Andrés!
ANTONIO
(_Con cierta pavura_.) El monte es así, como una madriguera...
MANUEL
(_En el mismo tono_.) ¡Igual que una sima!...
ELÍAS
(_A_ ANDRÉS.) Repara que tampoco tú fiaste en nuestra voz.
ANDRÉS
(_Muy abatido_.) Tampoco; asubié en la cabaña porque ya no podía Serafín
andar ni yo mismo debatirme contra la fatiga y la inquietud. Esperaba
allí una ayuda de Dios: ¡llegó el milagro y no tuve fe!... Respondí con
un grito a otro apagado entre la nieve y el vendaval; pero respondí sin
confianza, como quien sueña o tiene calentura, y no hallé amparo...
ANTONIO
(_Profético_.) ¡Es el destino de cada cual!
LUISA
(_Llorosa_.) ¡Qué lástima!
CARMEN
(_Lo mismo_.) Da mucha compasión.
ANDRÉS
(_Vuelve a sentarse, caído en su quebranto_.) ¡Sí; la suerte suya!...
¡Tenía que morirse a las inclemencias del cielo, según había nacido!
LUISA
¿Fué allí en el invernal?
ANDRÉS
Ni eso siquiera. Toda la noche padeció sin lamentarse, con los ojos más
despiertos que nunca, mientras Serafín, deshambrido y cansado, acabó por
dormirse. Bajo las hendeduras abiertas a los temporales no les hallé
apenas el abrigo de un rincón y ni un puñado de rozo o de escamonda para
mullirles una cama. Quise darles calor con mi cuerpo y no logré que
Jesús dejara de temblar...
MANUEL
A lo menos tuviste luna.
ANDRÉS
Sí; muy grande y muy amarilla; ¡más triste que las mismas tinieblas!...
LUISA
¿Y después?
ANDRÉS
De amanecida empezó a crujir la techumbre con señales de hundirse. Saqué
a los niños fuera, de un brazado, y se vino abajo lo que quedaba del
invernal.
ANTONIO
¡Miray que es mala suerte!
MANUEL
¡Apañado estuvo!
LUISA
(_A_ ANDRÉS, _apremiante_.) ¿Y qué?
ANDRÉS
Era en el valle de noche, pero hacía bonanza y ya en las cumbres quería
salir el sol. Cobré ánimo, tomé rumbo de cara a la llanura y volví a
cargar con Jesús; ya no le ardían más que los ojos y parecíame que
estaba mejor. Pero Serafín, al despertar, sintió hambre y empezó a
dolerse, muy cansado y lloroso. Y va y me dice:--Me quieres menos que a
Jesús; por eso le llevas siempre a él... (_Con la voz muy ensordecida_.)
¡Tenía razón!... Yo entonces preguntéle al dañado. ¿Puedes andar? Y fué
y contestó:--Sí. Le posé y cargué al otro... Al poco tiempo rodaba en la
nieve Jesús detrás de mí. Conté que se había resbalado y quise
levantarle, pero no se movía; estaba yerto. Me hinqué al lado suyo; le
llamé:--¡Jesús... Jesusín!... y comenzó a reirse... ¡ja ja ja!... (_Ríe
de un modo siniestro_.)
LUISA
(_Con asombro mientras todos se alarman_.) ¿A reirse?
ANDRÉS
(_Poseído por la profunda emoción de su relato, se obsesiona con el
recuerdo de la risa fatal, y la repite aunque con la mano sobre la boca
la quiere contener_.) ¡Ja ja ja!... Así ríen los que se hielan. (_Sigue
riendo_.)
CARMEN
¡Se trascorda!
ANTONIO
(_Asustado_.) Pero, hombre; ¿estás en ti?
ANDRÉS
(_Se domina, se levanta y continúa con la más elevada pesadumbre_.) ¡Lo
estoy!... Íbase la risa del niño por el monte abajo sin dejar de
oirse... ¡todavía se oye!... y los ojos le relucían como un cristal,
llenos de lágrimas, abiertos contra las nubes, mirando al sol... Dentro
de ellos el alma fuese apagando como un cirio cuando se consume; hasta
que se le nublaron los últimos ardores con una sombra muy fría, y toda
la carne de la criatura se cuajó en cera mortal... (_Las mujeres
sollozan; los hombres se muestran muy enternecidos_.) Eché a correr con
el hijo que me quedaba y dejé allí solo al inocente... No le sirvieron
estos brazos míos para nacer ni para morir... Una noche, hace ya nueve
años, temiendo que pereciese de frío y de hambre, le abrí esa puerta y
le calenté en ese llar... ¡Bendita sea la mujer que le remedió!... Pero
Jesús traía consigo la condena, arrastraba una culpa, y luego de padecer
toda su vida, tenía que morir de hambre y de frío, sin un regazo, sin un
consuelo... ¡delante de mí!...
ESCENA VI
Dichos, IRENE, después MARCELA
IRENE
(_Llega en silencio cuando_ ANDRÉS _pronuncia las últimas palabras.
Demuestra una ansiedad desgarradora_.) ¡Andrés... Andrés!... ¿Qué es lo
que dices?
ANDRÉS
(_Con un grito inexplicable_.) ¡Irene!... ¿Tú?...
IRENE
(_Mirándole con suprema angustia_.) ¿Es verdad que dejaste a Jesús
muerto en el monte, solo, encima de la nieve?
ANDRÉS
(_Bajando la cabeza al peso de toda su amargura_.) ¡Es verdad!
IRENE
(_Trastornada por la pena_.) ¡Ah! ¿Qué has hecho de él?... ¿Qué has
hecho, di?
ANDRÉS
¡Lo quiso Dios!
IRENE
(_Desesperada_.) ¡Mi hijo... mi hijo! (ANDRÉS _hace un generoso
movimiento para recibirla en sus brazos pero se detiene con un sollozo
y_ LUISA _y_ CARMEN _la reciben en los suyos piadosamente_.)
LUISA
(_A_ IRENE _y_ ANDRÉS.) ¡Se os escapa a gritos el secreto!
MARCELA
(_Sin aparecer, llamando con ansia_.) ¡Luisa!... ¡Luisa!...
ANTONIO
¡Ahí viene Marcela!
ANDRÉS
(_Dominándose_.) Mucho la debo, pero algo se lo voy a pagar.
IRENE
(_En medio de su llanto_.) ¡Sí; con mi carne!...
ANDRÉS
(_Mordiendo la frase con pasión_.) ¡Y con la mía!
LUISA
(_Ha salido a recibir a_ MARCELA _que llega desolada, con la mantilla
caída en los hombros_.) ¡Detente... aguarda!
MARCELA
(_Desasiéndose_.) ¡No... no!... ¿Dónde está Andrés?
ANDRÉS
(_Acogiéndola en un abrazo_.) ¡Aquí!
MARCELA
(_Mirando en torno suyo como una loca_.) ¿Pero qué sucede? ¿Dónde están
los niños, dónde?
ANDRÉS
(_Solemnemente_.) ¡Salvé al hijo tuyo, mujer!
MARCELA
(_Convulsa_.) ¿Al mío?... ¿al mío?... ¿A cuál?
ANDRÉS
Al tuyo: ¡a Serafín!
MARCELA
(_Con un grito indecible_.) ¡Hijo de mi alma! (_Oculta la cara entre las
manos con infinita desolación... Después de una pausa habla
exaltadamente_.) ¡No, ese no es el mío, no; el mío es el otro, el otro!
IRENE
(_Absorta_.) ¿Qué dices?
ANDRÉS
(_Asombradísimo_.) ¿Cómo?
TODOS