Nosotros que hemos tratado de averiguar esta tradición, hallamos que el

verdadero palacio de los gobernadores ó walíes estuvo, como era

corriente entonces, sobre las murallas y cubos que hay por encima de la

_Puerta Bonaita_ en el actual convento de Santa Isabel, en el cual

existe una torre ó mirador ornado de arabescos, con altura suficiente

para dominar toda aquella barriada, y sobre la que se puede suponer la

existencia de la mencionada veleta. Algunas de las inscripciones de este

edificio de Santa Isabel la Real, demuestran que era habitado por

magnates de los que en tantas ocasiones tomaban el título de reyes, y se

rebelaban contra los emperadores de Córdoba. En él se ve un precioso

patio con columnas de mármol blanco, bellos capiteles, arcos labrados, y

habitaciones que conservan perfectamente las pinturas y dorados de sus

finos arabescos. Los techos son de ensambladuras de madera, perfilados

con delicadeza en rojo y azul. Lástima que no sea fácil obtener el

permiso para penetrar en este patio y estudiar los bellos fragmentos de

aquella época. Restos notables para el arte, pues que el haber sido

destinado el edificio á convento, ha sido causa de que pueda trazarse

hoy la distribución de sus cuartos árabes hasta el tercer piso con todos

los pequeños accesorios de construcción que exijen las costumbres

mahometanas.

De cualquier modo, la citada tradición de la _Casa del Gallo_ y de que

Aben-Habuz era lugarteniente del capitán Tarif, es inverosímil también,

por habernos revelado las crónicas de los árabes, que los primeros

gobernadores de este territorio habitaron en la ciudad de Illiberis, que

se sitúa á dos parasangas de Garnata, y que en esa antigua población

permanecieron á lo menos tres siglos antes de trasladar á Granada su

residencia.

Recomendamos al viajero las casas y ruínas que se ven en todo este

recinto de San Miguel bajo, donde hallarán restos no menos importantes

que los de la Casa del Gallo: pero volviendo al palacio árabe de Santa

Isabel, citaremos la tradición de que esta casa fué habitada por la

madre de Boabdil, y que los moros la titulaban _Darlahorra_ ó casa de la

honesta, que en ella se refugió aquél cuando le perseguía su padre; y

que estos barrios, con el edificio llamado la Lona, el cual confunden

también con la Casa del Gallo, fueron habitados en los años inmediatos á

la conquista por los más ricos granadinos[182].

En la casa que fué Convento del Angel en 1812, vivió el conocido pintor

Juan de Sevilla, y en la casa Lona, Atanasio Bocanegra.

CASA DE HAMET.--Situada cerca de San Nicolás: fué de las más importantes

de la dominación mahometana. Todavía podemos hallar algunas leyendas que

la suponen embellecida con capiteles de mármol de Elvira, alfreizares y

linteles labrados, artesones alicatados, y otras preciosidades que en

vano se buscan hoy.

CASA BLANCA Ó DARALBAIDA.--Siguiendo estos escombrados recintos, no

olvidemos la casa que tenía este nombre cerca del Aljibe Dulce (por la

frescura y virtudes de sus aguas) y donde una inscripción en mármol

decía:

«_Dios, soberano y bienhechor, crió todas las cosas y les dió

perfección. Él con su aliento dió vida á Salem Alhamar, que buscando las

delicias de esta tierra de paraíso, vino del África. Le trajo el

espíritu de Dios y por eso quiere llamarle su padre y ser llamado su

hijo_».

Nótase en estos edificios, de los que hay á lo menos cuatro en la calle

de María la Miel, que tienen arabescos tan delicados como los de la

Alhambra. El viajero puede entretenerse algún rato en buscar entre

oscuros y mezquinos aposentos, vestigios hermosos de aquella

civilización olvidada.

En la calle del Agua había una inscripción procedente de un baño

morisco, que entre otras cosas decía:

«_Dios extendió las aguas sobre la tierra para que se purificasen los

hombres. El baño es saludable y delicioso. El que quiere tener el alma

limpia, ha de tener limpio el cuerpo. Las manchas exteriores son signos

de las interiores. Dios quiere la purificación y la limpieza, etc.,

etc._».

BAÑOS Y CASAS DE LA CALLE DE ELVIRA.--Existen cerca de la iglesia de San

Felipe los restos de unos baños árabes, que no debemos olvidar, porque

son de planta cuadrada y un poco diversos, en su distribución, de los

otros. Se hallan situados en uno de los barrios más moriscos de Granada,

donde se encuentran siempre patios con estanques y pórticos con esbeltas

columnas, salas en los bajos con artesonados, y restos de colorido. Muy

cerca se halla la Puerta de Elvira, construcción almenada, con

barbacanas y pasadizos cubiertos al estilo de aquellas fortificaciones

que vemos en otros parajes, pero que aquí han desaparecido.

Volviendo á los baños, son de notar los capiteles, que bien pudiéramos

llamar mozárabes, porque se resienten de la influencia gótica y romana,

como otros muchos de época no dudosa.

La calle de Elvira es de las más antiguas de la población y la principal

en los primeros años de la dominación cristiana. En ella y bajando la

calle que hay cerca de San Andrés, había una casa morisca que se destinó

á Inquisición, cuyo solar se puede ver hoy todavía.

* * * * *

Terminamos aquí el estudio descriptivo de los monumentos árabes de las

tres más importantes poblaciones antiguas de Andalucía, y de su

influencia bajo el interés artístico é histórico. Nos propusimos

particularmente ordenar la multitud de ideas que asaltan visitando tan

preciados restos, sobre la época, influjo y desarrollo de un arte

peculiar, que no puede distinguirse en España con la exacta limitación

que se determinan otros estilos clásicos, lo cual hemos hecho sin

olvidar el influjo que el arte cristiano tuvo sobre el árabe, y el que

éste ejerció sobre aquél por espacio de tantos siglos, desvaneciendo el

error de muchos modernos historiadores que suponen una civilización no

oriental sino puramente africana, en lucha victoriosa con el pueblo

visigodo.

Tribus oriundas de los más civilizados países del Oriente cayeron

armadas sobre nuestro suelo, pasando ligeramente por las costas

africanas hasta llegar á la Península, y ajenas casi siempre al flujo

invasor y salvaje que agitó á los pueblos del Maghreb; razas más

civilizadas que las que se quedaron en Africa, las cuales pudieron

después enseñar muchos de los conocimientos antiguos, que en los siglos

medios eran ignorados por los francos, castellanos y gallegos.

Las artes y la poesía de estos árabes españoles, tienen un carácter

propio y distinto de la literatura y las artes cristianas. ¿Qué punto de

contacto existe entre la Alhambra y las obras góticas, románicas y del

renacimiento? Hemos visto que ninguno. Pues esto basta para demostrar lo

que ya hemos iniciado en este libro: que el pueblo árabe invasor era más

ilustrado y científico que el pueblo visigodo y el que le sucedió en los

siglos medios.

GRANADA

DESPUÉS DE LA CONQUISTA

Como hemos hecho al tratar de Sevilla y Córdoba, damos una ligerísima

reseña de los monumentos cristianos más interesantes, con el doble

objeto de ayudar al viajero en su estudio y de que se comparen tan

diversas y radicales civilizaciones como la árabe y la cristiana.

La catedral.

La catedral de Granada es un majestuoso templo, espacioso y bien

proyectado, sin que sea ni pueda ser de los más magníficos de Europa,

como opinan los entusiastas. Su planta es hermosa y su elevación

interior tan sublime y bien delineada, que se coloca á buena altura

entre los monumentos cristianos del Renacimiento. No es difícil entrever

que la disposición de sus robustos pilares repartidos en hileras y

formando cinco naves es más una concepción de arquitectura gótica que

greco-romana, y que no fué planteada en el estilo que representa, sino

que pudo haberse dispuesto como la capilla Real gótica que hay orilla,

cuya variación de pensamiento originara el conflicto que hubo con los

capellanes reales cuando consiguieron una orden del Rey mandando

suspender la obra por no ser gótica y parecida á la de la Real capilla;

lo cual obligó al Cabildo á encargar al director que defendiese su

trazado y proyecto, y consiguiera el que continuara la obra. No se

necesita más que contemplar este edificio para creer en la historia de

sus primeros años: el Renacimiento no es el carácter de su distribución;

pero aun así, está ejecutado con tal maestría y conocimiento de las

proporciones, que hay verdadera grandeza y suntuosidad en el conjunto.

Esta Metropolitana es apostólica por haberla fundado San Cecilio, que

según piadosa tradición se estableció en Illiberis. Se perpetuó durante

la época mahometana en la iglesia mozárabe, y después de la conquista,

Inocencio VIII expidió la Bula concediendo catedral con el título de la

Encarnación, y dándole por sufragáneas las Sillas de Guadix y Almería.

Consta que estuvo establecida esta Metropolita iglesia primero en la

Sala de Justicia del patio de los Leones, y luego en la Mezquita mayor

de la Alhambra, hoy iglesia de Santa María (y no en la del Sagrario,

como se ha supuesto), de donde se trasladó á este gran templo, siendo

Arzobispo D. Pedro Guerrero. Se había puesto la primera piedra de los

cimientos el 15 de Marzo de 1523, y llevaba cuarenta años de obra cuando

murió[183] Diego de Siloe, dejando el cuidado de concluirla á su

discípulo Juan de Maeda. Queda, pues, averiguado que sólo hasta la

altura de cornisas dirigió Siloe; y con efecto, ya en las bóvedas y

embocinados se vuelve á sentir el gusto gótico, viciado por la

ornamentación plateresca y de Renacimiento decadente.

A Maeda le sucedió en 1571 Juan de Orea, el cual adelantó poco la

fábrica por estar ocupado en el palacio de Carlos V de la Alhambra.

En 1590 aparece Ambrosio de Vico, pero ya estaba hecha la notable

portada del Perdón, y la mayor parte de la torre y bóvedas del Crucero,

sin que hallemos noticia de este arquitecto en ningún acta; pero en 1590

se celebró una reunión de facultativos, con Vico, para resolver la

necesidad de calzar de sillería la torre por no creerla muy segura.

Gaspar de la Peña, arquitecto de la catedral de Córdoba, se encargó en

1664 de acabar la obra, para lo cual informó Alonso Cano y el padre

Alonso Díaz favorablemente; pero fué nombrado por el Rey director de las

obras del Retiro y se fué sin concluirla.

Le sucedió Rojas, que se fué á poco tiempo á la obra de la catedral de

Jaén, y con este motivo se encargó Granados interinamente de su

dirección; aunque en realidad ésta estaba á cargo del insigne racionero

Cano, el cual había ya trazado la fachada principal, obra de mal gusto

que no corresponde á la fama del autor.

Hasta 1689[184] no fué elegido Ardemans en certamen con otros doce

arquitectos, para echar las aguas á la calle y cerrar la crucería de

piedra que cubre el coro. La iglesia, pues, á ser justos, no es una obra

clásica del arte, pero es un magnífico conjunto de bellezas artísticas.

La altura de la decoración de la puerta es de 139 pies, distribuída en

cuerpos, que aunque simétricos, presentan un exterior más grande que

proporcionado y bello. Casi todas las esculturas que contiene son de

Verdiguier, menos la medalla que representa el Misterio de la

Encarnación, que es de Risueño: las dos de los lados, de Uceda, y las de

los Evangelistas, de Rojas.

La planta total de la Iglesia tiene 433 pies por 249 en el Crucero sin

el espesor de los muros; la altura varía de 90 á 124 pies. El casi

círculo de la Capilla mayor tiene 73 pies de diámetro. La cúpula sube á

cerca de 170 pies. Tiene ocho entradas, y el pavimiento data de 1775.

Veinte pilares ó grupos de columnas corintias distribuyen las cinco

naves, y la Capilla mayor apoyándose en más de un semicírculo sobre ocho

gruesísimos pilares, es la construcción más suntuosa y más artística en

sus proporciones que tiene el templo. Se elogia mucho el rompimiento ó

arco toral entre esta capilla y la nave central de la iglesia, que

recogido por su clave, es una consecuencia muy natural de la

intersección de la circunferencia de la cúpula, con el plano que ofrece

el embocinado. Pero aparte del felicísimo y simétrico decorado de esta

capilla, se ven las mejores y más notables pinturas de Alonso Cano en

siete grandes lienzos que representan la vida de la Virgen; obras sobre

las que llamamos especialmente la atención. No son malos los cuadros de

los Doctores de la Iglesia, pintados por Atanasio; y son también dignas

de mención las dos estatuas de los Reyes Católicos arrodillados, de

Pedro Mena y Medrano, las cuales se evaluaron en aquel tiempo en

cuarenta mil reales.

Mírense con detención los dos grandes bustos de Adán y Eva, obras de

Alonso Cano, que legó á su criada para que los vendiese al Cabildo.

Los cuatro cuadros grandes que hay en los dos altares á derecha é

izquierda, cerca de los púlpitos, son dos de Juan de Sevilla y otros dos

de Atanasio Bocanegra.

El coro no tiene nada de especial mérito; los dos grandes órganos son de

Leonardo Dávila. El altar del Trascoro se hizo en 1733, obra de gusto

plateresco y extravagante. Pasemos ahora á recorrer las capillas en el

mismo orden que hemos establecido en otras.

Desde la puerta derecha de la fachada hallamos primero, un cuadro que se

dice ser de Juan de Sevilla, y representa la Sacra Familia.

La capilla de San Miguel, que costeó el Arzobispo de Granada Moscoso y

Peralta, Obispo del Cusco, que trajo á este país inmensas riquezas, y la

fabricó para su eterno descanso. La inscripción que se halla en uno de

sus costados lo explica todo. Se concluyó en 1807, y se proyectó por

Romero Aragón, arquitecto. La medalla de San Miguel la hizo el escultor

Adán de un gran pedazo de mármol traído con grandes dispendios desde las

canteras de Macael. González hizo las demás esculturas del altar. El

notabilísimo y hermoso cuadro de la Soledad es una pintura del célebre

Alonso Cano. Las demás de poco mérito, y el conjunto de la capilla es

rico en mármoles y bronces, y ostentoso como el Arzobispo que tales

muestras dejó en Granada de su amor á las artes. Este mismo fué el que

se hizo construir el palacio de recreo en Viznar.

Sigue la puerta del Sagrario, donde hay un cuadro venerado, porque ante

él oraba San Juan de Dios.

La Capilla de la Trinidad, por un cuadro de este asunto, probablemente

obra de Cano y bosquejo del celebrado de la Chanfaina. Un San José en el

retablo, de Maroto, y otros de poco interés. Hay en los altares de los

costados una Virgen y un Obispo que se atribuyen á Pedro de Moya, y la

Virgencita con el niño en los brazos de origen italiano.

Siguiendo, se halla un gran retablo dorado, dedicado á Jesús Nazareno, y

aquí hallará el lector las más notables pinturas de la Catedral: son de

José Rivera el San Antonio, la Magdalena, el San Lorenzo y un San Pablo

que fué robado de este sitio. La calle de la Amargura, San Agustín, el

Salvador y la Virgen son de Cano, el primero interesantísimo. Los de San

Pedro, San Pablo y San Francisco, son: los dos primeros del Españoleto,

y el último del Greco. Cuadros todos donados en 1722 por el Tesorero

Medinilla.

La puerta gótica de la Capilla Real, que daba en su origen á una ancha

plaza, es una muestra de este género, que tomó en Andalucía un carácter

propio, perdiendo la sencillez germánica y complicándose en sus

cresterías y festones, de una manera más ingeniosa que monumental. Es,

sin embargo, esta puerta uno de los mejores ejemplares del arte gótico,

y del tiempo en que se dejaba sentir la influencia del renacimiento en

todas las construcciones de España.

El Retablo de Santiago, de mal gusto, con imágenes de Mena y de Mora.

Una Virgencita, que parece del siglo XV, fué un regalo de Inocencio VIII

á Isabel I, que le hizo con la Rosa bendita del domingo de este nombre.

Dícese que este cuadro sirvió en el Real de Santa Fe y en la Alhambra

para formar el altar portátil de los Reyes Católicos.

En la puerta de la Sacristía hay una medalla circular con una Virgen y

un niño, que se dice es de Siloe.

Lo mismo un Ecce Homo que hay sobre la puerta inmediata, por el

exterior, que conduce al Colegio Eclesiástico, y es, según se cree, del

mismo maestro.

[Illustration: Planta de la Catedral.]

La Capilla de Santa Ana: parecen de Raxis varias tablas que contiene; y

los dos grandes lienzos de San Juan de Mata y San Félix de Valois, de

Bocanegra. Debajo de esta Capilla hay un aljibe.

En la de San Sebastián, un cuadro de este Santo por Juan de Sevilla.

La de San Cecilio, rica en mármoles y pobre de notabilidades. Las de San

Blas y del Cristo de las Penas, capillas sin curiosidades artísticas, y

la de Santa Teresa, que tiene una Concepción y un Angel de la Guarda, de

Juan de Sevilla, con la de Jesús de la Columna donde hay una Santa

Catalina y una Coronación, de Risueño.

La Capilla de la Virgen de la Antigua es obra del disparatado

ornamentista Cornejo. Los retratos de los Reyes Católicos parecen de

Juan de Sevilla.

Llegamos á la Puerta del Perdón cuyo exterior es la obra más perfecta

del renacimiento, y en nuestro concepto tiene los detalles más

admirablemente trazados y ejecutados que pueden hallarse de este género,

tanto en España como en la misma Italia. Si hay algo censurable en esta

preciosa portada, es la forma de su estructura, ó sea la repartición de

sus proporciones, y el segundo cuerpo que no corresponde con el primero;

pero nada puede desear el más escrupuloso adornista, y aún el más severo

escultor, delante de esta obra, la más bella de la Catedral.

Luego se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Guía, sin interés

alguno. Después la del Carmen, costeada por el Arzobispo Barroeta, y que

tiene una cabeza de San Pablo, de Cano.

La Puerta de San Jerónimo, de 1639, y por último: la Capilla del Pilar

de Zaragoza, costeada por el Arzobispo Galván, de mediano gusto.

Continuando, hay sobre la puerta de la Sala Capitular una Caridad, del

célebre Torrigiano, florentino y rival de Miguel Angel. Este magnífico

relieve lo presentó en Granada como muestra de pericia, al saber que se

convocaba á los escultores para hacer los sepulcros de los Reyes

Católicos. Nótese con la detención de que es digna, tan notabilísima

obra de arte.

Un Cristo en la cruz que hay á la izquierda, junto á la puerta, parece

de Atanasio.

La torre era magnífica si se hubiera terminado, le falta un cuerpo, y

tiene hoy 202 pies de altura. En ella está la Sala Capitular, con un

apostolado, italiano; un cuadro de Atanasio y otro de Risueño. Encima

habitan los campaneros, y están los cuartos que sirvieron de taller y

morada al insigne Alonso Cano.

Pasemos á la sacristía. En la puerta hay un cuadro, representación de la

vida de San Juan de Dios, con el retrato del mismo santo. Al frente hay

un Crucifijo, de Becerra, bastante bueno. Una Concepción de Cano, una

Virgen del Rosario del mismo, obras todas de encantadora expresión, muy

bellas y dignas de estudio. Otras de menos valer hay en el Oratorio de

los canónigos, con los ternos y alhajas destinadas al culto, objetos

ricos que son especialidades en su género.

El Sagrario.

Ya hemos hablado en el lugar correspondiente de la mezquita que había en

el sitio donde se construyó este templo, y que fué bendecida por los

Cristianos, para que sirviera de iglesia donde se enterraban arzobispos

y grandes señores. El proyecto y dirección fué de Hurtado Izquierdo, y

se hizo desde 1705 á 1759, no sin dificultades en la construcción. La

portada es elegante, greco-romana, sin gran severidad, y la planta de

toda la obra es cuadrada con cuatro grandes pilares en el centro, sobre

los que se apoya la media naranja y la bóveda que la circunda. Su

aspecto es agradable por la uniformidad del conjunto y excelente

composición de líneas simétricas. En el testero del Mediodía se

encuentran dos cuadros de Atanasio, algunos altares apreciables,

especialmente en el centro, y otras esculturas de su portada y

tabernáculo, solo pasaderas.

El Palacio del Arzobispo.

Nada de notable en el edificio, á no ser que se quiera parar la atención

en la puerta y ventanas del lado frente de la Catedral, que son

excelentes ejemplares de renacimiento. Posee cuadros regulares y alguno

digno de mención entre otros muchos de ningún precio.

El 2 de Abril de 1767, cuando la expulsión de los jesuítas, se le agregó

el Colegio Real que estaba adjunto, cuyo edificio fué en parte destruído

en 1868, y reedificada su fachada en 1872.

La Capilla Real.

Templo dedicado á sepultura de los Reyes Católicos y construído desde el

año 1502. Es de arquitectura gótica y de la más sencilla que se hacía en

aquella época, con la marcada degeneración que estaba experimentando,

como lo demuestra este edificio, cuyas cresterías exteriores y pináculos

son los detalles más bellos que contiene. Hasta ahora no se ha sabido el

nombre de su arquitecto. Un Jerónimo Palacios fué veedor de la obra, y

el conocido Felipe de Borgoña se cita, pero sin certidumbre.

La iglesia, pues, se construyó con menos grandeza que la que hoy se ve,

y fué aumentada luego que el emperador Carlos V, al visitarla, dijo:

«que era estrecho sepulcro para la grandeza de sus abuelos».

La puerta humilde que tiene á la calle de la Lonja, de mal gusto

plateresco, fué hecha después que por haberse construído la Catedral,

quedó su portada principal, que ya hemos indicado, dentro de aquel

edificio.

Tiene el templo 179 pies de largo, 78 de ancho y 75 de altura.

Está interceptado por un coro donde había dos órganos muy celebrados.

Hoy apenas queda uno.

Leemos la inscripción del friso:

«_Esta capilla mandaron edificar los muy católicos D. Fernando y

Doña Isabel, rey y reina de las Españas, de Nápoles, Sicilia,

Jerusalén; éstos conquistaron este reino de Granada, é lo redujeron

á nuestra fé, é edificaron é dotaron las iglesias, é monasterios, é

hospitales de el, é ganaron las islas de Canarias, é las Indias, é

las ciudades de Oran, Tripol é Bugia, é destruyeron la heregía, é

hecharon los moros e judíos de estos reinos é reformaron las

religiones. Finó la reina martes veinte y seis de Noviembre año de

mil quinientos y cuatro; Finó el rey miércoles veinte y tres de

Enero, año de mil é quinientos y diez y seis. Acabóse esta obra año

de mil é quinientos é diez y siete años_».

Nótase lo bien trabajada que fué la verja que cierra el Crucero, por

«MASTRE BARTOLOMÉ _me fec_» como dice un letrero sobre ella misma; y

los excelentes ornatos platerescos en que abunda esta notable obra de

cerrajería, que hoy sería dificilísimo ejecutar.

En ninguna descripción de los monumentos granadinos, hemos visto citada

la capilla por donde se entra á la sacristía de este templo y las tres

tablas de su altar, que consideramos de un mérito notable; parecen de

origen alemán, y tienen un carácter especialísimo, particularmente la

del centro, que representa un Descendimiento admirablemente pintado,

aunque con trajes tudescos, cosa muy usada por los artistas de aquel

tiempo.

En la otra capilla, debajo del coro, hay un cuadro de Juan de Sevilla, y

otros menos importantes.

Dos magníficos sepulcros de mármol blanco: el uno de los Reyes Católicos

Don Fernando y Doña Isabel, y el otro de sus sucesores Doña Juana y Don

Felipe I, se levantan majestuosos bajo la cúpula central de la iglesia:

el de Doña Isabel y su esposo es de mármol de Carrara, lo cual hace

suponer que se encargaran á aquella tierra clásica del arte. El otro

parece de mármol de Macael, el cual se haría por alguno de los

escultores que labraron los medallones del palacio de Carlos V, que

parecen de la misma mano. En el primero hay más delicadeza en el adorno

y más corrección en las esculturas; en el segundo, menos seguridad de

ejecución, más rudeza en el ornato, pero ambas son obras de arte muy

notables.

Dice una inscripción latina que hay en un tarjetón:

«_Los postradores de la secta mahometana y los que acabaron con la

herética gravedad D. Fernando, rey de Aragón, y Doña Isabel, reina

de Castilla, llamados los Católicos, en este marmóreo túmulo se

encierran_».

Después de lo mucho que se han ocupado los cronistas sobre la

procedencia de estos sepulcros, se ha sabido que el escultor Bartolomé

Ordóñez fué el autor del de los reyes.

Debajo del pavimento hay una bóveda ó cripta muy pequeña, donde se ven

las cajas de plomo barreadas de hierro, donde se guardan los cuerpos. El

ataúd más pequeño es el de la princesa María. Se distinguen todos por

las iniciales.

El retablo del altar mayor es de gusto plateresco, con tres cuerpos y

una buena coronación. Posee esculturas de mucho mérito, pero lo que más

llama la atención en él, es el basamento con dos relieves de talla uno á

cada lado, que representan la entrada de los reyes cristianos en la

Alhambra, y el bautismo de moriscos convertidos.

Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente · 第 22 / 25 段