verdadero palacio de los gobernadores ó walíes estuvo, como era
corriente entonces, sobre las murallas y cubos que hay por encima de la
_Puerta Bonaita_ en el actual convento de Santa Isabel, en el cual
existe una torre ó mirador ornado de arabescos, con altura suficiente
para dominar toda aquella barriada, y sobre la que se puede suponer la
existencia de la mencionada veleta. Algunas de las inscripciones de este
edificio de Santa Isabel la Real, demuestran que era habitado por
magnates de los que en tantas ocasiones tomaban el título de reyes, y se
rebelaban contra los emperadores de Córdoba. En él se ve un precioso
patio con columnas de mármol blanco, bellos capiteles, arcos labrados, y
habitaciones que conservan perfectamente las pinturas y dorados de sus
finos arabescos. Los techos son de ensambladuras de madera, perfilados
con delicadeza en rojo y azul. Lástima que no sea fácil obtener el
permiso para penetrar en este patio y estudiar los bellos fragmentos de
aquella época. Restos notables para el arte, pues que el haber sido
destinado el edificio á convento, ha sido causa de que pueda trazarse
hoy la distribución de sus cuartos árabes hasta el tercer piso con todos
los pequeños accesorios de construcción que exijen las costumbres
mahometanas.
De cualquier modo, la citada tradición de la _Casa del Gallo_ y de que
Aben-Habuz era lugarteniente del capitán Tarif, es inverosímil también,
por habernos revelado las crónicas de los árabes, que los primeros
gobernadores de este territorio habitaron en la ciudad de Illiberis, que
se sitúa á dos parasangas de Garnata, y que en esa antigua población
permanecieron á lo menos tres siglos antes de trasladar á Granada su
residencia.
Recomendamos al viajero las casas y ruínas que se ven en todo este
recinto de San Miguel bajo, donde hallarán restos no menos importantes
que los de la Casa del Gallo: pero volviendo al palacio árabe de Santa
Isabel, citaremos la tradición de que esta casa fué habitada por la
madre de Boabdil, y que los moros la titulaban _Darlahorra_ ó casa de la
honesta, que en ella se refugió aquél cuando le perseguía su padre; y
que estos barrios, con el edificio llamado la Lona, el cual confunden
también con la Casa del Gallo, fueron habitados en los años inmediatos á
la conquista por los más ricos granadinos[182].
En la casa que fué Convento del Angel en 1812, vivió el conocido pintor
Juan de Sevilla, y en la casa Lona, Atanasio Bocanegra.
CASA DE HAMET.--Situada cerca de San Nicolás: fué de las más importantes
de la dominación mahometana. Todavía podemos hallar algunas leyendas que
la suponen embellecida con capiteles de mármol de Elvira, alfreizares y
linteles labrados, artesones alicatados, y otras preciosidades que en
vano se buscan hoy.
CASA BLANCA Ó DARALBAIDA.--Siguiendo estos escombrados recintos, no
olvidemos la casa que tenía este nombre cerca del Aljibe Dulce (por la
frescura y virtudes de sus aguas) y donde una inscripción en mármol
decía:
«_Dios, soberano y bienhechor, crió todas las cosas y les dió
perfección. Él con su aliento dió vida á Salem Alhamar, que buscando las
delicias de esta tierra de paraíso, vino del África. Le trajo el
espíritu de Dios y por eso quiere llamarle su padre y ser llamado su
hijo_».
Nótase en estos edificios, de los que hay á lo menos cuatro en la calle
de María la Miel, que tienen arabescos tan delicados como los de la
Alhambra. El viajero puede entretenerse algún rato en buscar entre
oscuros y mezquinos aposentos, vestigios hermosos de aquella
civilización olvidada.
En la calle del Agua había una inscripción procedente de un baño
morisco, que entre otras cosas decía:
«_Dios extendió las aguas sobre la tierra para que se purificasen los
hombres. El baño es saludable y delicioso. El que quiere tener el alma
limpia, ha de tener limpio el cuerpo. Las manchas exteriores son signos
de las interiores. Dios quiere la purificación y la limpieza, etc.,
etc._».
BAÑOS Y CASAS DE LA CALLE DE ELVIRA.--Existen cerca de la iglesia de San
Felipe los restos de unos baños árabes, que no debemos olvidar, porque
son de planta cuadrada y un poco diversos, en su distribución, de los
otros. Se hallan situados en uno de los barrios más moriscos de Granada,
donde se encuentran siempre patios con estanques y pórticos con esbeltas
columnas, salas en los bajos con artesonados, y restos de colorido. Muy
cerca se halla la Puerta de Elvira, construcción almenada, con
barbacanas y pasadizos cubiertos al estilo de aquellas fortificaciones
que vemos en otros parajes, pero que aquí han desaparecido.
Volviendo á los baños, son de notar los capiteles, que bien pudiéramos
llamar mozárabes, porque se resienten de la influencia gótica y romana,
como otros muchos de época no dudosa.
La calle de Elvira es de las más antiguas de la población y la principal
en los primeros años de la dominación cristiana. En ella y bajando la
calle que hay cerca de San Andrés, había una casa morisca que se destinó
á Inquisición, cuyo solar se puede ver hoy todavía.
* * * * *
Terminamos aquí el estudio descriptivo de los monumentos árabes de las
tres más importantes poblaciones antiguas de Andalucía, y de su
influencia bajo el interés artístico é histórico. Nos propusimos
particularmente ordenar la multitud de ideas que asaltan visitando tan
preciados restos, sobre la época, influjo y desarrollo de un arte
peculiar, que no puede distinguirse en España con la exacta limitación
que se determinan otros estilos clásicos, lo cual hemos hecho sin
olvidar el influjo que el arte cristiano tuvo sobre el árabe, y el que
éste ejerció sobre aquél por espacio de tantos siglos, desvaneciendo el
error de muchos modernos historiadores que suponen una civilización no
oriental sino puramente africana, en lucha victoriosa con el pueblo
visigodo.
Tribus oriundas de los más civilizados países del Oriente cayeron
armadas sobre nuestro suelo, pasando ligeramente por las costas
africanas hasta llegar á la Península, y ajenas casi siempre al flujo
invasor y salvaje que agitó á los pueblos del Maghreb; razas más
civilizadas que las que se quedaron en Africa, las cuales pudieron
después enseñar muchos de los conocimientos antiguos, que en los siglos
medios eran ignorados por los francos, castellanos y gallegos.
Las artes y la poesía de estos árabes españoles, tienen un carácter
propio y distinto de la literatura y las artes cristianas. ¿Qué punto de
contacto existe entre la Alhambra y las obras góticas, románicas y del
renacimiento? Hemos visto que ninguno. Pues esto basta para demostrar lo
que ya hemos iniciado en este libro: que el pueblo árabe invasor era más
ilustrado y científico que el pueblo visigodo y el que le sucedió en los
siglos medios.
GRANADA
DESPUÉS DE LA CONQUISTA
Como hemos hecho al tratar de Sevilla y Córdoba, damos una ligerísima
reseña de los monumentos cristianos más interesantes, con el doble
objeto de ayudar al viajero en su estudio y de que se comparen tan
diversas y radicales civilizaciones como la árabe y la cristiana.
La catedral.
La catedral de Granada es un majestuoso templo, espacioso y bien
proyectado, sin que sea ni pueda ser de los más magníficos de Europa,
como opinan los entusiastas. Su planta es hermosa y su elevación
interior tan sublime y bien delineada, que se coloca á buena altura
entre los monumentos cristianos del Renacimiento. No es difícil entrever
que la disposición de sus robustos pilares repartidos en hileras y
formando cinco naves es más una concepción de arquitectura gótica que
greco-romana, y que no fué planteada en el estilo que representa, sino
que pudo haberse dispuesto como la capilla Real gótica que hay orilla,
cuya variación de pensamiento originara el conflicto que hubo con los
capellanes reales cuando consiguieron una orden del Rey mandando
suspender la obra por no ser gótica y parecida á la de la Real capilla;
lo cual obligó al Cabildo á encargar al director que defendiese su
trazado y proyecto, y consiguiera el que continuara la obra. No se
necesita más que contemplar este edificio para creer en la historia de
sus primeros años: el Renacimiento no es el carácter de su distribución;
pero aun así, está ejecutado con tal maestría y conocimiento de las
proporciones, que hay verdadera grandeza y suntuosidad en el conjunto.
Esta Metropolitana es apostólica por haberla fundado San Cecilio, que
según piadosa tradición se estableció en Illiberis. Se perpetuó durante
la época mahometana en la iglesia mozárabe, y después de la conquista,
Inocencio VIII expidió la Bula concediendo catedral con el título de la
Encarnación, y dándole por sufragáneas las Sillas de Guadix y Almería.
Consta que estuvo establecida esta Metropolita iglesia primero en la
Sala de Justicia del patio de los Leones, y luego en la Mezquita mayor
de la Alhambra, hoy iglesia de Santa María (y no en la del Sagrario,
como se ha supuesto), de donde se trasladó á este gran templo, siendo
Arzobispo D. Pedro Guerrero. Se había puesto la primera piedra de los
cimientos el 15 de Marzo de 1523, y llevaba cuarenta años de obra cuando
murió[183] Diego de Siloe, dejando el cuidado de concluirla á su
discípulo Juan de Maeda. Queda, pues, averiguado que sólo hasta la
altura de cornisas dirigió Siloe; y con efecto, ya en las bóvedas y
embocinados se vuelve á sentir el gusto gótico, viciado por la
ornamentación plateresca y de Renacimiento decadente.
A Maeda le sucedió en 1571 Juan de Orea, el cual adelantó poco la
fábrica por estar ocupado en el palacio de Carlos V de la Alhambra.
En 1590 aparece Ambrosio de Vico, pero ya estaba hecha la notable
portada del Perdón, y la mayor parte de la torre y bóvedas del Crucero,
sin que hallemos noticia de este arquitecto en ningún acta; pero en 1590
se celebró una reunión de facultativos, con Vico, para resolver la
necesidad de calzar de sillería la torre por no creerla muy segura.
Gaspar de la Peña, arquitecto de la catedral de Córdoba, se encargó en
1664 de acabar la obra, para lo cual informó Alonso Cano y el padre
Alonso Díaz favorablemente; pero fué nombrado por el Rey director de las
obras del Retiro y se fué sin concluirla.
Le sucedió Rojas, que se fué á poco tiempo á la obra de la catedral de
Jaén, y con este motivo se encargó Granados interinamente de su
dirección; aunque en realidad ésta estaba á cargo del insigne racionero
Cano, el cual había ya trazado la fachada principal, obra de mal gusto
que no corresponde á la fama del autor.
Hasta 1689[184] no fué elegido Ardemans en certamen con otros doce
arquitectos, para echar las aguas á la calle y cerrar la crucería de
piedra que cubre el coro. La iglesia, pues, á ser justos, no es una obra
clásica del arte, pero es un magnífico conjunto de bellezas artísticas.
La altura de la decoración de la puerta es de 139 pies, distribuída en
cuerpos, que aunque simétricos, presentan un exterior más grande que
proporcionado y bello. Casi todas las esculturas que contiene son de
Verdiguier, menos la medalla que representa el Misterio de la
Encarnación, que es de Risueño: las dos de los lados, de Uceda, y las de
los Evangelistas, de Rojas.
La planta total de la Iglesia tiene 433 pies por 249 en el Crucero sin
el espesor de los muros; la altura varía de 90 á 124 pies. El casi
círculo de la Capilla mayor tiene 73 pies de diámetro. La cúpula sube á
cerca de 170 pies. Tiene ocho entradas, y el pavimiento data de 1775.
Veinte pilares ó grupos de columnas corintias distribuyen las cinco
naves, y la Capilla mayor apoyándose en más de un semicírculo sobre ocho
gruesísimos pilares, es la construcción más suntuosa y más artística en
sus proporciones que tiene el templo. Se elogia mucho el rompimiento ó
arco toral entre esta capilla y la nave central de la iglesia, que
recogido por su clave, es una consecuencia muy natural de la
intersección de la circunferencia de la cúpula, con el plano que ofrece
el embocinado. Pero aparte del felicísimo y simétrico decorado de esta
capilla, se ven las mejores y más notables pinturas de Alonso Cano en
siete grandes lienzos que representan la vida de la Virgen; obras sobre
las que llamamos especialmente la atención. No son malos los cuadros de
los Doctores de la Iglesia, pintados por Atanasio; y son también dignas
de mención las dos estatuas de los Reyes Católicos arrodillados, de
Pedro Mena y Medrano, las cuales se evaluaron en aquel tiempo en
cuarenta mil reales.
Mírense con detención los dos grandes bustos de Adán y Eva, obras de
Alonso Cano, que legó á su criada para que los vendiese al Cabildo.
Los cuatro cuadros grandes que hay en los dos altares á derecha é
izquierda, cerca de los púlpitos, son dos de Juan de Sevilla y otros dos
de Atanasio Bocanegra.
El coro no tiene nada de especial mérito; los dos grandes órganos son de
Leonardo Dávila. El altar del Trascoro se hizo en 1733, obra de gusto
plateresco y extravagante. Pasemos ahora á recorrer las capillas en el
mismo orden que hemos establecido en otras.
Desde la puerta derecha de la fachada hallamos primero, un cuadro que se
dice ser de Juan de Sevilla, y representa la Sacra Familia.
La capilla de San Miguel, que costeó el Arzobispo de Granada Moscoso y
Peralta, Obispo del Cusco, que trajo á este país inmensas riquezas, y la
fabricó para su eterno descanso. La inscripción que se halla en uno de
sus costados lo explica todo. Se concluyó en 1807, y se proyectó por
Romero Aragón, arquitecto. La medalla de San Miguel la hizo el escultor
Adán de un gran pedazo de mármol traído con grandes dispendios desde las
canteras de Macael. González hizo las demás esculturas del altar. El
notabilísimo y hermoso cuadro de la Soledad es una pintura del célebre
Alonso Cano. Las demás de poco mérito, y el conjunto de la capilla es
rico en mármoles y bronces, y ostentoso como el Arzobispo que tales
muestras dejó en Granada de su amor á las artes. Este mismo fué el que
se hizo construir el palacio de recreo en Viznar.
Sigue la puerta del Sagrario, donde hay un cuadro venerado, porque ante
él oraba San Juan de Dios.
La Capilla de la Trinidad, por un cuadro de este asunto, probablemente
obra de Cano y bosquejo del celebrado de la Chanfaina. Un San José en el
retablo, de Maroto, y otros de poco interés. Hay en los altares de los
costados una Virgen y un Obispo que se atribuyen á Pedro de Moya, y la
Virgencita con el niño en los brazos de origen italiano.
Siguiendo, se halla un gran retablo dorado, dedicado á Jesús Nazareno, y
aquí hallará el lector las más notables pinturas de la Catedral: son de
José Rivera el San Antonio, la Magdalena, el San Lorenzo y un San Pablo
que fué robado de este sitio. La calle de la Amargura, San Agustín, el
Salvador y la Virgen son de Cano, el primero interesantísimo. Los de San
Pedro, San Pablo y San Francisco, son: los dos primeros del Españoleto,
y el último del Greco. Cuadros todos donados en 1722 por el Tesorero
Medinilla.
La puerta gótica de la Capilla Real, que daba en su origen á una ancha
plaza, es una muestra de este género, que tomó en Andalucía un carácter
propio, perdiendo la sencillez germánica y complicándose en sus
cresterías y festones, de una manera más ingeniosa que monumental. Es,
sin embargo, esta puerta uno de los mejores ejemplares del arte gótico,
y del tiempo en que se dejaba sentir la influencia del renacimiento en
todas las construcciones de España.
El Retablo de Santiago, de mal gusto, con imágenes de Mena y de Mora.
Una Virgencita, que parece del siglo XV, fué un regalo de Inocencio VIII
á Isabel I, que le hizo con la Rosa bendita del domingo de este nombre.
Dícese que este cuadro sirvió en el Real de Santa Fe y en la Alhambra
para formar el altar portátil de los Reyes Católicos.
En la puerta de la Sacristía hay una medalla circular con una Virgen y
un niño, que se dice es de Siloe.
Lo mismo un Ecce Homo que hay sobre la puerta inmediata, por el
exterior, que conduce al Colegio Eclesiástico, y es, según se cree, del
mismo maestro.
[Illustration: Planta de la Catedral.]
La Capilla de Santa Ana: parecen de Raxis varias tablas que contiene; y
los dos grandes lienzos de San Juan de Mata y San Félix de Valois, de
Bocanegra. Debajo de esta Capilla hay un aljibe.
En la de San Sebastián, un cuadro de este Santo por Juan de Sevilla.
La de San Cecilio, rica en mármoles y pobre de notabilidades. Las de San
Blas y del Cristo de las Penas, capillas sin curiosidades artísticas, y
la de Santa Teresa, que tiene una Concepción y un Angel de la Guarda, de
Juan de Sevilla, con la de Jesús de la Columna donde hay una Santa
Catalina y una Coronación, de Risueño.
La Capilla de la Virgen de la Antigua es obra del disparatado
ornamentista Cornejo. Los retratos de los Reyes Católicos parecen de
Juan de Sevilla.
Llegamos á la Puerta del Perdón cuyo exterior es la obra más perfecta
del renacimiento, y en nuestro concepto tiene los detalles más
admirablemente trazados y ejecutados que pueden hallarse de este género,
tanto en España como en la misma Italia. Si hay algo censurable en esta
preciosa portada, es la forma de su estructura, ó sea la repartición de
sus proporciones, y el segundo cuerpo que no corresponde con el primero;
pero nada puede desear el más escrupuloso adornista, y aún el más severo
escultor, delante de esta obra, la más bella de la Catedral.
Luego se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Guía, sin interés
alguno. Después la del Carmen, costeada por el Arzobispo Barroeta, y que
tiene una cabeza de San Pablo, de Cano.
La Puerta de San Jerónimo, de 1639, y por último: la Capilla del Pilar
de Zaragoza, costeada por el Arzobispo Galván, de mediano gusto.
Continuando, hay sobre la puerta de la Sala Capitular una Caridad, del
célebre Torrigiano, florentino y rival de Miguel Angel. Este magnífico
relieve lo presentó en Granada como muestra de pericia, al saber que se
convocaba á los escultores para hacer los sepulcros de los Reyes
Católicos. Nótese con la detención de que es digna, tan notabilísima
obra de arte.
Un Cristo en la cruz que hay á la izquierda, junto á la puerta, parece
de Atanasio.
La torre era magnífica si se hubiera terminado, le falta un cuerpo, y
tiene hoy 202 pies de altura. En ella está la Sala Capitular, con un
apostolado, italiano; un cuadro de Atanasio y otro de Risueño. Encima
habitan los campaneros, y están los cuartos que sirvieron de taller y
morada al insigne Alonso Cano.
Pasemos á la sacristía. En la puerta hay un cuadro, representación de la
vida de San Juan de Dios, con el retrato del mismo santo. Al frente hay
un Crucifijo, de Becerra, bastante bueno. Una Concepción de Cano, una
Virgen del Rosario del mismo, obras todas de encantadora expresión, muy
bellas y dignas de estudio. Otras de menos valer hay en el Oratorio de
los canónigos, con los ternos y alhajas destinadas al culto, objetos
ricos que son especialidades en su género.
El Sagrario.
Ya hemos hablado en el lugar correspondiente de la mezquita que había en
el sitio donde se construyó este templo, y que fué bendecida por los
Cristianos, para que sirviera de iglesia donde se enterraban arzobispos
y grandes señores. El proyecto y dirección fué de Hurtado Izquierdo, y
se hizo desde 1705 á 1759, no sin dificultades en la construcción. La
portada es elegante, greco-romana, sin gran severidad, y la planta de
toda la obra es cuadrada con cuatro grandes pilares en el centro, sobre
los que se apoya la media naranja y la bóveda que la circunda. Su
aspecto es agradable por la uniformidad del conjunto y excelente
composición de líneas simétricas. En el testero del Mediodía se
encuentran dos cuadros de Atanasio, algunos altares apreciables,
especialmente en el centro, y otras esculturas de su portada y
tabernáculo, solo pasaderas.
El Palacio del Arzobispo.
Nada de notable en el edificio, á no ser que se quiera parar la atención
en la puerta y ventanas del lado frente de la Catedral, que son
excelentes ejemplares de renacimiento. Posee cuadros regulares y alguno
digno de mención entre otros muchos de ningún precio.
El 2 de Abril de 1767, cuando la expulsión de los jesuítas, se le agregó
el Colegio Real que estaba adjunto, cuyo edificio fué en parte destruído
en 1868, y reedificada su fachada en 1872.
La Capilla Real.
Templo dedicado á sepultura de los Reyes Católicos y construído desde el
año 1502. Es de arquitectura gótica y de la más sencilla que se hacía en
aquella época, con la marcada degeneración que estaba experimentando,
como lo demuestra este edificio, cuyas cresterías exteriores y pináculos
son los detalles más bellos que contiene. Hasta ahora no se ha sabido el
nombre de su arquitecto. Un Jerónimo Palacios fué veedor de la obra, y
el conocido Felipe de Borgoña se cita, pero sin certidumbre.
La iglesia, pues, se construyó con menos grandeza que la que hoy se ve,
y fué aumentada luego que el emperador Carlos V, al visitarla, dijo:
«que era estrecho sepulcro para la grandeza de sus abuelos».
La puerta humilde que tiene á la calle de la Lonja, de mal gusto
plateresco, fué hecha después que por haberse construído la Catedral,
quedó su portada principal, que ya hemos indicado, dentro de aquel
edificio.
Tiene el templo 179 pies de largo, 78 de ancho y 75 de altura.
Está interceptado por un coro donde había dos órganos muy celebrados.
Hoy apenas queda uno.
Leemos la inscripción del friso:
«_Esta capilla mandaron edificar los muy católicos D. Fernando y
Doña Isabel, rey y reina de las Españas, de Nápoles, Sicilia,
Jerusalén; éstos conquistaron este reino de Granada, é lo redujeron
á nuestra fé, é edificaron é dotaron las iglesias, é monasterios, é
hospitales de el, é ganaron las islas de Canarias, é las Indias, é
las ciudades de Oran, Tripol é Bugia, é destruyeron la heregía, é
hecharon los moros e judíos de estos reinos é reformaron las
religiones. Finó la reina martes veinte y seis de Noviembre año de
mil quinientos y cuatro; Finó el rey miércoles veinte y tres de
Enero, año de mil é quinientos y diez y seis. Acabóse esta obra año
de mil é quinientos é diez y siete años_».
Nótase lo bien trabajada que fué la verja que cierra el Crucero, por
«MASTRE BARTOLOMÉ _me fec_» como dice un letrero sobre ella misma; y
los excelentes ornatos platerescos en que abunda esta notable obra de
cerrajería, que hoy sería dificilísimo ejecutar.
En ninguna descripción de los monumentos granadinos, hemos visto citada
la capilla por donde se entra á la sacristía de este templo y las tres
tablas de su altar, que consideramos de un mérito notable; parecen de
origen alemán, y tienen un carácter especialísimo, particularmente la
del centro, que representa un Descendimiento admirablemente pintado,
aunque con trajes tudescos, cosa muy usada por los artistas de aquel
tiempo.
En la otra capilla, debajo del coro, hay un cuadro de Juan de Sevilla, y
otros menos importantes.
Dos magníficos sepulcros de mármol blanco: el uno de los Reyes Católicos
Don Fernando y Doña Isabel, y el otro de sus sucesores Doña Juana y Don
Felipe I, se levantan majestuosos bajo la cúpula central de la iglesia:
el de Doña Isabel y su esposo es de mármol de Carrara, lo cual hace
suponer que se encargaran á aquella tierra clásica del arte. El otro
parece de mármol de Macael, el cual se haría por alguno de los
escultores que labraron los medallones del palacio de Carlos V, que
parecen de la misma mano. En el primero hay más delicadeza en el adorno
y más corrección en las esculturas; en el segundo, menos seguridad de
ejecución, más rudeza en el ornato, pero ambas son obras de arte muy
notables.
Dice una inscripción latina que hay en un tarjetón:
«_Los postradores de la secta mahometana y los que acabaron con la
herética gravedad D. Fernando, rey de Aragón, y Doña Isabel, reina
de Castilla, llamados los Católicos, en este marmóreo túmulo se
encierran_».
Después de lo mucho que se han ocupado los cronistas sobre la
procedencia de estos sepulcros, se ha sabido que el escultor Bartolomé
Ordóñez fué el autor del de los reyes.
Debajo del pavimento hay una bóveda ó cripta muy pequeña, donde se ven
las cajas de plomo barreadas de hierro, donde se guardan los cuerpos. El
ataúd más pequeño es el de la princesa María. Se distinguen todos por
las iniciales.
El retablo del altar mayor es de gusto plateresco, con tres cuerpos y
una buena coronación. Posee esculturas de mucho mérito, pero lo que más
llama la atención en él, es el basamento con dos relieves de talla uno á
cada lado, que representan la entrada de los reyes cristianos en la
Alhambra, y el bautismo de moriscos convertidos.