mencionadas puertas, muchos barrios y _cudiat_ (alcudias) (oteros): El
del Albaicín, por fuera de la más antigua alcazaba, el cual no era de
origen árabe pues se remontaba á tiempos más antiguos; había fabricantes
de paños entre sus moradores y muchos cristianos desde el tiempo de la
conquista; el arrabal Blanco, hoy poblado de nopales y cuevas, ó barrio
de Albaida, siempre habitado por gente pobre, y muchos judíos en tiempo
de la dinastía granadina; el barrio de la Cauracha cubierto de preciosas
casas de recreo, hasta San Juan de los Reyes, su antigua aljama ó
mezquita de _Teibin_ (Mármol), más abajo el de _Hajariz_ encomiado por
los poetas árabes, alrededor de la calle de San Juan y de la Victoria,
con suntuosos edificios cuyos restos aún pueden descubrirse; los barrios
de la Churra, Gomeres, Mauror, los Gelices en la Alcaicería, de los
Judíos, de Cuchilleros, de Hatabín, en la plaza Nueva, del Zenete, tribu
africana venida antes de los Nazaritas, los de Badis y de los Morabitos
hacia San José y la Lona, y por último[163], los de _Haxbin Laxarea_ y
otros no conocidos todavía. Para estos barrios había tres cementerios,
dos ya citados y uno muy extenso nombrado de _Salh ben Malic_, en el
Triunfo y Plaza de Toros[164].
Muchos eran los oteros y lugares predilectos de la población é imposible
el referirlos. Contamos los más afamados, que son: el de Ainadamar, el
de Aben Mordanix con cármenes y almunias suntuosas, donde el guerrero de
este nombre aposentó sus tropas para socorrer á su suegro Aben Humush;
el de los Anxares, el Jardín de la Reina, pasado el Puente de Genil, el
Alcázar Said, de Abaul, Alixares, etc., etc.[165].
La última cerca que alcanza hasta la ermita de San Miguel la costeó Don
Gonzalo Stúñiga, obispo de Jaén, por el año 1425, cuando fué hecho
prisionero por los habitantes de esta comarca y pidieron por su rescate,
que costease esta línea amurallada, para de este modo no volver á ser
molestados por las correrías que los cristianos hacían en los
alrededores de Granada.
Al lado de la puerta Bibataubín se hallaba un Fuerte árabe cuyos restos
se ven todavía detrás del cuartel de la Carrera, el cual formaba parte
de aquella alcazaba. Se atribuye su construcción á Mohamad Aben Alhamar,
y á mediados del siglo pasado se cedió por el Real Patrimonio al
Ayuntamiento para cuartel de caballería, en cuyo tiempo se hizo la obra
que hoy se nota en la fachada, de tan mal gusto y caprichoso estilo, con
columnas salomónicas.
El Torreón ó cubo que hay en el ángulo es una construcción como la de
los _Siete Suelos_ con robustas almenas, y en todo él se cree hizo el
primer Capitán general de Granada algunas restauraciones y fosos con
baterías para cañones. Esta Puerta de Ataubín se llamaba también de los
_Ermitaños_, y la explanada se denominaba _La Rondilla_, lugar
frecuentado por gente picaresca, juglares y aventureros, hasta que por
último se hizo odioso, porque en él se quemaron y empalaron á algunos,
víctimas de las discordias religiosas y guerras civiles.
[Illustration]
MONUMENTOS
DE
SEGUNDO ORDEN
GENERALIFE: Antiguamente existía la comunicación directa entre la
Alhambra y este palacio, por la Puerta de Hierro y una senda angostosa
que hay enfrente, abierta entre líneas de rojos murallones que se
hicieron para sostener el terreno inclinado. Una puerta árabe
primorosamente labrada de jáiras y alicatados, hoy en desuso, que se
halla en el jardín bajo de este sitio de recreo, da paso, subiendo una
estrecha escalera, al vestíbulo del dilatado patio que precede á las
escasas habitaciones que conserva de los tiempos agarenos.
Se dijo que el Generalife fué mandado construir por el príncipe Omar,
cuya vida, sabido es, fué un puro deleite. Así lo hemos creído hasta muy
recientemente que se ha presentado un berberisco con documentos árabes
bastante comprobados, en los que aparece que esta casa había sido
construída por un cautivo, al cual se la arrebató el Sultán
traidoramente para su recreo y esparcimiento. La fundación será, pues,
del tiempo de los Zeiritas, á juzgar por estos antecedentes.
La palabra Generalife ha sido interpretada como _Casa de placer ó de
recreo_, _Jardín de la Alegría_ y _Huerta del Zambrero_, por los
festines que en este sitio se celebraron[166]. La naturaleza domina en
él y el arte en la Alhambra, ha dicho Washington Irving, y esto es tan
verdad, que aunque se hallan á cada paso vestigios del arte mahometano,
el que lo visita se inclina con preferencia á mirar desde sus corredores
ó pasillos el hermosísimo panorama que ofrece la Alhambra en su
conjunto, contemplada casi á vista de pájaro. La puesta del sol en los
días de invierno, cuando el horizonte se cubre de trasparentes púrpuras,
hace encantador este sitio, desde el cual se divisan tres términos
panorámicos, igualmente sublimes: la Alhambra y su recinto en primer
término, la población con sus huertos y torres en segundo, y en el fondo
la vega almenada de remotas montañas bañadas de tornasoles.
Aparte de su deliciosa situación y de los jardines cuidadosamente
asistidos, es deplorable que continúen cubiertos de cal los preciosos
arabescos de la galería y pórticos, y que no se haya hecho más que una
ligera restauración en la espaciosa antesala cuya estructura es tan
hermosa y elegante. El antiguo mihráb, hoy capilla, el pórtico de cinco
arcos de gusto decadente, la galería citada, la _tarbea_ del centro y
algunos esparcidos detalles de las torres y pasadizos, dan completa idea
de un monumento donde la minuciosidad destruyó la grandeza, y en el que
prolijos y delicados adornos entretienen la monotonía de un claustro
rebajado y poco esbelto, semejante á los de las construcciones
subterráneas de los panteones siriacos.
Frente al eje central de todo el edificio por donde corren aguas
abundantes, y pasados el pórtico, el vestíbulo y nave trasversal, hay
una preciosa torrecita algo modificada en su carácter, desde la cual á
derecha é izquierda se entra en dos salas sencillas, adornadas con
numerosos retratos más ó menos interesantes y en su mayor parte copias.
En una se hallan los de Aben Hud Almotuakel, rival de Alhamar I, y
tronco de una estirpe de donde descienden todos los demás personajes que
aquí se representan. El de Aben Celim, infante de Almería; el de Cid
Hiaya, nieto de Jusef, bautizado en Santa Fé por los Reyes Católicos con
el nombre de Don Pedro de Granada; el de su hijo Don Alonso I y su
esposa Doña Juana Mendoza; el del hijo de éstos, Don Pedro II; el
primogénito de éste Don Alonso II, el descendiente Don Pedro III, y el
de Doña Catalina de Granada que casó con Don Esteban de Lomelín.
[Illustration: Claustro de Generalife.]
En la otra sala están los retratos de los Reyes Católicos, los de Doña
Juana y Don Felipe el Hermoso; los de Felipe II é Isabel de Portugal,
esposa de Carlos V; los de Felipe III, Felipe IV, mujer de éste, y el de
una dama; el del Gran Capitán, aunque en nada parecido á los que
conocemos de este personaje; y cuadros de armas, de carabelas y cartas
genealógicas. Repasando por las habitaciones moriscas, debemos ocuparnos
de algunas de sus inscripciones, no haciéndolo de todas, porque muchas
son motes y salutaciones piadosas que hemos hallado en la Alhambra.
En un friso de la entrada junto al techo de la galería, hay en
caracteres africanos una sura del Korán, la 48 desde el vers. 1.º hasta
el 10.
En la faja ó recuadro de los arcos, una poesía en metro kamil que dice
así:
«_Este es un alcázar de incomparable hermosura en que resplandece la
grandeza del Sultán_».
«_Gratas aparecen sus excelencias, brillan sus flores y derraman las
nubes de la liberalidad su lluvia_».
«_En sus costados bordaron los dedos de los artífices dibujos semejantes
á las flores del jardín_».
«_Su estrado se parece á la esposa que se presenta ante la nupcial
comitiva con su belleza tentadora_».
«_Suficiente nobleza de alto precio tiene, si le prodiga sus cuidados el
clemente kalifa_».
«_El mejor de los reyes, Abul Walid, el temeroso de Dios, de lo más
selecto de los reyes de Cahtan_[167]».
«_El que siguió las huellas de sus puros abuelos, los Ansares_[168], _lo
mejor de la estirpe de Aduan_».
«_Correspóndele (á este alcázar) de parte del kalifa una preferente
atención, por cuyo influjo se renovaron las bellezas de sus artificios y
construcciones_[169]».
«_En el año de la victoria de la religión, y del triunfo que ha sido en
verdad una maravilla de la fé_[170].»
«_Jamás deje de permanecer en perpetua ventura entre la luz de la recta
senda y la sombra de la fe_».
La planta del patio largo es puramente de la época primera que se
descubre en Córdoba, Sevilla y Toledo. Así, pues, la suposición de que
Omar Al-lahmi construyera á Generalife, debe estar fundada en que hizo
alguna reconstrucción como la que se cita.
Luego hay otras inscripciones alkoránicas (sura 2.ª, vers. 256) y
algunos vestigios de un poema que cita Echevarría; pero hoy están tan
mutiladas, que no se han podido traducir con verdad.
Subamos al patio de los Cipreses, donde nada hay artístico, pero se
halla en él aquel famoso ciprés de la sultana calumniada por los
caballeros rivales de los Abencerrajes, trágicos amores de Aben-Amet, el
cual, dícese, fué sorprendido por el rey cuando se hallaba en libianos
amoríos, según hemos referido en otro lugar.
Más arriba se vuelven á ver jardines y una preciosa bóveda de laurel,
hasta llegar á las glorietas llamadas el camino de las Cascadas, todo lo
cual hallamos casi en la misma forma que nos describió Mármol en el
siglo XVI.
Después hay un mirador moderno, de mal gusto, pero de vistas
excelentes[171].
SILLA DEL MORO, DARLAROSA, LOS ALIXARES Y CONTORNOS.--Saliendo por el
sitio más alto de Generalife se ve primero el acueducto que surte la
Alhambra con las saludables aguas del río Darro. La altura que alcanzan
éstas, tomadas del río á poco más de legua y media de distancia,
demuestra la inclinación que tiene el lecho de aquél en tan poco trecho.
Más altos, en la misma montaña, hay indicios de haber existido otro
acueducto que surtía por medio de norias los palacios de los Alixares,
Darlarosa y otros.
Del lado de las tapias de Generalife se hallan restos de murallas,
cimientos, albercas y aljibes, donde aún se conservan los nombres de
Peinador de las Damas, Palacio de la Novia, Albercón del Negro, etc.
Subiendo al cerro á cuyo pie están construídos estos notables vestigios,
se ven los cimientos de un fuerte llamado hoy _La Silla del Moro_. Á
alguna distancia, siguiendo la cumbre, se encuentran muros de baluartes
y torres con un profundo pozo construído de arcos de ladrillo, por cuyo
fondo se hacía pasar el agua de la acequía ya citada, y más alla está el
_Aljibe de la Lluvia_, que es una buena construcción hecha para recoger
las aguas de las vertientes, donde se hallan restos de estanques y
edificios, con azulejos y mármoles esparcidos en la tierra.
Toda esta montaña tenía el nombre de Cerro de Santa Elena hasta el
barranco de las Tinajas, donde en tiempo de los árabes se construían
alcatruces ó tubos de arcilla cocida, de los que se han conservado
muchos todavía en nuestro tiempo. Al lado de un albercón y cerca de la
noria de 160 pies de profundidad, situada en lo alto de la montaña, es
donde suponen los cronistas la existencia de un palacio árabe, con
jardines suntuosos y preciosas estancias. No hay datos positivos para
asegurar ni para negar este supuesto, que ha llegado hasta nosotros por
tradiciones más ó ménos verosímiles de los últimos momentos de la
dominación agarena; sin embargo, no dudamos que existía en este sitio,
entre la Silla del Moro y el Aljibe de la Lluvia, el Palacio de
Darlarosa. Hemos seguido, acompañados de nuestro ilustrado amigo el Sr.
Eguilaz y de otras personas dignas de crédito, un sendero que sirve de
división ó término de un trazado á la espalda de la Silla del Moro, en
la dirección de la Noria, y hemos visto copas ó macetas para flores,
tejas y ladrillos de fabricación morisca que no pudieron traerse á este
elevado paraje sino para adornar un sitio de recreo. Llegamos, subiendo
ligeramente, á un estanque de cuarenta y cuatro pasos de largo y nueve
de ancho, con unas cuatro varas de profundidad y muros de siete pies de
grueso. Uno de los cuatro lados está derruído y sus fragmentos han
servido para construir otros cimientos que se cruzan con los antiguos.
Algunas ligeras excavaciones nos han descubierto otros pedazos de muros
quebrantados, un conducto de agua y millares de ladrillos, algunos de
ellos esmaltados por sus aristas. No dudamos, pues, de la existencia del
Palacio de Darlarosa y del cultivo de todas estas montañas, pero al
mismo tiempo estamos persuadidos de que en la conquista debía hallarse
casi abandonado y tan ruinoso que no llamara la atención de los
conquistadores.
En tiempo de las rebeliones de los moriscos, los soldados de Don Juan de
Austria se albergaron en las ruínas citadas para aguardar á los
rebeldes, y más de una vez fueron éstas testigos de horribles algaradas.
LOS ALIXARES.--No queremos dejar de referir aquí lo que se ha escrito
sobre el _Palacio de los Alixares_. Mármol, Pedraza, Navajero, Marineo
Sículo, Martínez de la Rosa, Alcántara, etc., dan por seguro que había
un palacio de este nombre en la cumbre del cerro. Si así fué ó no, este
palacio lo han confundido con la fortaleza que hay hoy arruinada, y que
se demolió para quitar este albergue á nuevos y por entonces temidos
levantamientos de moriscos. Si nos viésemos obligados á situarlo, lo
haríamos á la falda del Sur, cerca del cementerio, donde hay estanques
que no se sabe si eran los de la fortaleza citada, ó los del alcázar muy
afamado en aquellos tiempos, de los Alixares, que daba vista al Genil y
al Darro, á la Alhambra y Generalife á un mismo tiempo.
De cualquier modo, aquellos historiadores se referían á lo que había
existido, no á lo que ellos vieron. Los romanceros posteriores escriben
que Don Juan de Castilla preguntaba en la Vega á un cautivo:
--¿Qué castillos son aquellos
Altos son y relucían?
--El Alhambra era, Señor,
y la otra la Mezquita;
los otros los _alixares_,
labrados á maravilla.
Navajero y Mármol dicen: que á la espalda de este cerro del Sol y á la
derecha de la Alhambra, se miraban sobre otra altura los Alixares[172],
dando vista á las frondosas riberas del Genil y á la amenísima vega.
Esta descripción es defectuosa, porque la derecha de la Alhambra no es
lo mismo que la espalda del cerro del Sol, pero ambos historiadores
ofrecen la seguridad de aproximada exactitud en lo que refieren, y
nosotros, acompañados por una comisión de la de Monumentos de la
provincia, pasamos á buscar los restos de que tanto se ha hablado.
Seguimos la dirección de la cumbre de la montaña hacia el Aljibe de la
Lluvia, y por lo que descubrimos, sostendriamos que este era el sitio de
los palacios de Dar-Alarusa ó Darlarosa, y que los Alixares debían
hallarse en otro lugar. Con efecto, descendimos otra vez hacia donde hoy
se halla el cementerio, y á su derecha, vueltos hacia la Sierra Nevada,
subimos á una pequeña altura ó punto avanzado sobre el valle del Genil,
desde donde se descubren hermosas vistas del lado también de Sierra
Elvira, lo cual concuerda con el texto de la historia de las guerras
granadinas, y con el pasaje referente á la belleza de las cúpulas de los
Alixares, que se descubrían desde la citada Sierra.
Al construir el cementerio se deshizo un acueducto de atanores de
piedra, que hemos visto, y que á manera de sifón conducía el agua desde
una grande alberca que hay en el cerro opuesto, hasta el estanque de los
Alixares cuyos restos se ven todavía. Nosotros hemos hallado pedazos de
mosáicos y de mármoles.
Se ven muy bien montones irregulares de tierra de los hundimientos de
los muros, cimientos y piedras colosales para sostener el terreno por el
lado de la vertiente del río, cuyas piedras allí llevadas desde mucha
antigüedad, habrán dado origen al nombre de Alhichar que tenía el
palacio. Hemos visto también en un manuscrito, á propósito del reparto
de los capitanes que se alojaban en las torres y castillos de la
Alhambra, y con motivo de acuartelamientos, que un tal Don Álvaro López
vivía en los Alixares con diez guardias lanceros, de los doscientos que
en muchas ocasiones se asignaron á la defensa del real sitio.
Sabemos también que toda la falda del cerro donde se encuentran estas
ruínas, extendiéndose hasta la cerca de Casa Gallinas[173], se titula en
las escrituras de las fincas rurales la Dehesa de los Alixares, que es
un testimonio más de la existencia de monumento tan notable, que un
romance morisco describe así:
En los castillos dorados
de los ricos Alixares,
crecerán las yerbecillas,
y se anidarán las aves
en las pintadas labores
de sus paredes de encaje.
Una tradición nos cuenta que por todos estos cerros se ocupaban más de
cuatrocientos esclavos, la mayor parte cautivos, en lavar las arenas de
sus arroyos, para buscar el oro que se halla en diminutos granos
esparcido por la tierra. Estos esclavos del monarca producían cada uno
el valor de cinco reales diarios, y se dice que los adornos dorados de
los palacios, son todavía aquel purísimo oro que se extraía del río, y
el cual va al lecho arrastrado por los aluviones que vienen de las
montañas.
CAMPO DE LOS MÁRTIRES.--PUERTA DEL SOL.--ABULNEST.--El campo de los
Mártires es uno de los sitios mas pintorescos de esta ciudad. En tiempo
de los árabes esta cumbre se llamaba Campo de Abahul, en el que había
grandes subterráneos, especie de silos, donde según la usanza africana y
de muchos pueblos orientales, se encerraban los granos excedentes del
consumo, en los años de grandes cosechas. En nuestro tiempo hemos visto
llenar de escombros estos anchurosos silos.
Aben Comixa, alcaide de la Alhambra, entregó en este campo la llave de
la puerta de los Siete Suelos, que era entonces la principal de este
real sitio, á los primeros caballeros que vinieron á tremolar el
estandarte cristiano en las torres de la Alcazaba. Aquí, pues, terminaba
el camino que los condujo desde la ermita de San Sebastián hasta la
Alhambra, donde penetraron sin que se apercibieran los habitantes de la
ciudad; pero falta saber si fué por la cuesta llamada de Peña Partida
por donde pasaba el camino, pues hemos visto en un legajo del archivo de
la Casa Real un acta formada con motivo de haberse mandado derribar la
Gran Mezquita de los Reyes, que dice vinieron los conquistadores hasta
la Puerta de los Siete Suelos por un camino que pasaba cerca del lugar
donde se construyó el convento de Carmelitas, y hoy se encuentra la casa
de Don Carlos Calderón.
La barriada que hay por bajo de este campo se hallaba en tiempo de los
árabes habitada por los judíos y los cristianos. La iglesia de San
Cecilio que hay en ella fué conservada durante la dominación mahometana
y se reedificó después. La plaza, delante de esta iglesia, se llama
Campo del Príncipe, por la muerte del infante Don Juan á consecuencia de
una caída de caballo que sufrió en este sitio. Lleva hoy una gran parte
de este barrio el nombre de Antequeruela, porque á él se vinieron á
morar los vencidos de Antequera en 1410.
LA PUERTA DEL SOL.--Se hallaba al extremo de la calle de los alamillos,
cerca de las Torres Bermejas, y abierta en la muralla ó recinto que
descendía hasta cerca de la Casa de los Tiros. Hoy no tiene este sitio
importancia alguna monumental ni histórica, más que como límite entre la
población árabe y judía. La Comisión de monumentos conserva un dibujo
de lo que fué.
En el Campo del Príncipe, y en el lugar que hoy ocupa el Hospital de
Santa Ana, había una casa árabe muy grande llamada de _Abulnest_, que se
derrumbó, y que era una de las fortalezas principales.
CASA DE LOS TIROS.--Esta era una de las fincas solariegas de
arquitectura mudéjar, con el aspecto propio de las casas feudales, con
abolengo del tiempo de los árabes y mero y mixto imperio, _horca y
cuchillo_. La construcción está basada en un alcázar árabe cuya torre
principal ha sido transformada completamente. En su interior hallamos
techos formados de alfaques y casetones, en los cuales hay pintados
retratos, y en otros, como sucede en el zaguán ancho y espacioso de la
entrada, animales y figuras de fantasia al estilo gótico, raro en
Granada. En el interior se encuentran capiteles mozárabes, cartelas ó
zapatas bajo aleros agramilados del buen género arábigo, y aun bajo los
enlucidos de yeso en las paredes no es raro encontrar estucadas
comarraxias y azulejos de suma delicadeza.
Otras casas inmediatas participan mucho del mismo carácter, y aunque
menos encastilladas, son dignas de estudiarse porque en ellas se ve la
modificación del gusto artístico bajo la influencia del renacimiento, y
con cuanta razón hemos dicho en otra parte que el arte mudéjar en
Granada tuvo un carácter más próximo del greco-romano, que del gótico
hallado en otros pueblos de España.
CUARTO REAL.--Dijimos en otro lugar que desde el Castillo de Bibataubín
partía un lienzo de muralla que llegaba hasta una torre cuadrada y alta,
llamada desde el siglo XVI _Cuarto Real_, y más antiguamente de
_Nonsará_. Esta debía ser parte de un palacio, porque hemos observado
que todos los edificios más ó menos importantes, estaban construídos
sobre las murallas ó fortificaciones, y pertenecían á las familias de
los monarcas. Así, pues, era un aposento no destinado, como han dicho
algunos respetables anticuarios, á la oración, sino habitado por
ilustres familias, toda vez que las inscripciones hasta aquí halladas
no contienen el nombre de ningún rey moro; de donde se deduce que el
_Cuarto Real_ era una casa-palacio de segundo orden, de la cual no se
conserva hoy más que un pórtico de ingreso, una sala cuadrada grande
como las mayores de la Alhambra, y dos alhamíes, por haberse destruído
antes de 1556 la casa que falta, según lo demuestran las inscripciones
que había en ella, publicadas por Iranzo. Las que se conservan en el
recinto de esta torre son todas leyendas del Korán, suras 112, 48, 11,
2, vers. 1.º, 2.º, 3.º, 90, 10, 257 á 259, alternando, según el capricho
del decorador, los caracteres cúficos y africanos.
Nada más bello en su género que los mosáicos de esta torre, y es lástima
que no se hayan conservado íntegras como el resto del ornato, las
repisas, cenefas y pavimentos. A juzgar por el carácter de la
construcción, creemos que pertenezca al final del siglo XIII, pues que
la forma del arco y de los almizates, al par que la confección de los
mismos azulejos, corresponde al primer siglo de la época floreciente del
arte musulmán, poco antes que alcanzara el esplendor y caprichosa
desenvoltura del último siglo.
Los mirtos, laureles y antiguos embovedados de los jardines parecen del
tiempo de los árabes, y dan una idea de su antigüedad contemplando los
robustos troncos y la forma arabesca que se ha trasmitido en Granada,
para la distribución de estos singulares sitios de recreo. En los
alrededores de este monumento había muchas construcciones moriscas, que
se destruyeron para hacer el Convento de Santo Domingo y su huerta.
ALCÁZAR DE SAID.--Navajero dice: «que de la parte por donde viene el
Genil, ya casi en la llanura... hay asimismo palacios y jardines medio
arruinados que eran de dichos reyes moros, y aunque es poco lo que de
ellos queda, el sitio es muy delicioso y también se ven allí todavía
mirtos y naranjos... Más abajo, en lo llano, pasado el Puente de Genil y
mucho más á la izquierda que los otros palacios, existe uno conservado
en parte, con muy bella huerta y estanque que se llamaba el Jardín de la
Reina, etc.»
Hemos estudiado con detención los restos de este alcázar de Said, como
lo han titulado los modernos arabistas, y hecho lo posible por conservar
los arabescos con el color y carácter que ha impreso un período de siete
siglos sobre sus delicados detalles[174]; el pavimento es una de esas
solerías que llaman los árabes _almorrefas_, y el espacio liso, hasta la
primera faja de inscripción, estaba destinado para tapizados de tela ó
cueros semejantes á los que ponían en la Alhambra, donde hemos hallado
muy recientemente hierros en forma de alcayatas para sujetarlos.
[Illustration: Sección de la Torre de Said.]
En tiempo de Mohamad I sirvió para alojar una larga temporada al infante
Don Felipe, cuando huyendo de los sinsabores de la corte de Alfonso X,
vino con otros caballeros á disfrutar las delicias de este pintoresco
país, y la galante oferta del rey moro. La arquitectura parece más
antigua que la de la Sala de Comareh, y pudiéramos asegurar que es del
tiempo de los Almohades, aunque hoy contemplamos una parte muy pequeña
de lo que existió.
A algunos pasos de distancia y frente á la puerta, se halla el muro de
un hermoso estanque, citado en los romances moriscos por ser este el que
podía remedarse á un mar artificial cubierto de embarcaciones donde en
más de una ocasión hubo juegos navales, figurando el incendio de los
galeones cristianos[175]. No hay vestigios en Granada de un lago
artificial más extenso.
[Illustration: Planta de la Torre de Said.]
En una casita de labranza que se ve á la cabecera de estos gruesos
muros, hay bóvedas subterráneas y fundamentos de construcciones árabes,
y según los títulos de posesión de toda la finca, pertenecía á la
sultana Aixa, madre de Boabdil, y fué vendida á un rico judío de Granada
pocos días antes de la rendición de la ciudad, cuyo judío la vendió á
los antecesores de los actuales dueños.