del reinado de Doña Juana, en cuyo tiempo se consideraba este sitio como
uno de los más frescos y saludables de Andalucía en la estación de los
grandes calores; y extrañando que la corte española se hubiera hospedado
en los aposentos de los moros, sin dejarlos de admirar y recomendando su
conservación, mandó construir este palacio, encargándolo á artistas
especiales y dotándolo de rentas suficientes. Los moriscos pagaban
80.000 ducados entonces, porque les permitieran sus usos y costumbres y
por conservar trajes y ceremonias que les era difícil abandonar; de
ellos destinó 10.000 para su obra, que se pagaban anualmente,
añadiéndole 6.000 de las rentas del alcázar de Sevilla, y el importe de
las penas de Cámara de los corregimientos de Granada, Loja y Alhama.
Desde algún tiempo eran innumerables los artistas que, procedentes de
Italia, hacían en España, la mayor parte de las obras, los cuales
consideraban el arte ojival como bárbaro, y se inclinaban decididamente
al greco-romano, copiando sus majestuosos edificios, dotándolos de mayor
riqueza de ornamentación y dándoles ese sentimiento pagano que
irremisiblemente habían de ostentar. Debía pues, ser este palacio uno de
los más ricos y suntuosos que se construyeran en España, rivalizando con
el decantado arte traído por los vencidos musulmanes, y era preciso
coronar la Alhambra de las glorias del Emperador para que se olvidaran
las grandezas del pueblo árabe. Así se hizo con toda la posible
arrogancia, derribando cuanto se oponía, hasta que aparentemente
desapareció el carácter distintivo del baluarte musulmán[154]. Se buscó
la inspiración en el palacio florentino, en la iglesia de Pisa, en Santa
María la Mayor de Roma y en el patio del palacio viejo de Arnoldo di
Lapo. Su estilo tiene toda la rigidez del panteón, toda la regularidad
académica de San Juan de Letrán, toda la exactitud y proporciones de los
entablamentos romanos; pero carece de la uniformidad que aquéllos
guardan en la colocación de sus órdenes, y se resiente de la influencia
del ornato á expensas de las proporciones de sus apilastrados y
cornisamentos. Sin embargo, este edificio había de ser en España una
preciosa joya sin rival, por la delicadeza de sus dibujos y refinamiento
de sus esculturas.
La falta de unidad se nota en la contraposición de estilos que ofrece el
primero y segundo cuerpo, pues mientras aquél tiene los modillones
robustos de una construcción toscana poco delicada, el segundo es del
orden jónico con todas las galas del renacimiento en los tímpanos y
molduras, coronado por un cornisamento dórico de hermosa ejecución; y
esta diversidad de contrastes está limitada en las portadas de los
centros, donde hay uniformidad y clasicismo en el primero y segundo
cuerpo, indicando que artífices de muy diverso gusto construyeron el
edificio, y que su elaboración se prolongó más de sesenta años. Según
los datos existentes en el archivo, si bien fué el año 1526 aquel en que
se empezó á construirlo, no aparece la obra en ejecución hasta mucho
después, habiéndose empleado largo tiempo en la cimentación que dirigió
Pedro Machuca y su hijo Luis (1529), en cuyo año murió; continuando los
trabajos bajo la dirección de Juan Orea y Juan de Mijares, hasta Pedro
Velasco que se encargó de las obras en 1583. Y no se puede fijar la
sucesión exacta de sus directores, porque se encuentran documentos
firmados por Nicolás de Corte y Mijares, quienes en 1545 el primero y
1588 el segundo, lo mismo dirigían las obras, que se ocupaban de hacer
esculturas, pues los arquitectos de aquella época eran decoradores de
origen, al par que grandes prácticos que se encargaban indistintamente
de la edificación y del ornato.
La planta cuadrada tiene 220 pies de lado y la altura es de 60, en dos
cuerpos. En ambos hay un sistema de apilastrados, entre los cuales
quedan los huecos de balcones, claraboyas y tímpanos adornados de
esculturas como vasos griegos, guirnaldas de granado, esfinges y
tarjetones, obras hechas todas por Morell y Juan de Vera.
En los centros de las fachadas de Poniente y Sur se levantan dos
pórticos hermosamente labrados en mármoles de diversos colores, entre
los que se notan la piedra serpentina de Sierra Nevada, sin rival por su
hermoso color, los blancos de Macael manchados de rojo que hay en los
medallones, y los pardos finos de la inmediata Sierra de Elvira. En la
puerta cuadrada del centro, sobre el frontón, se ven hermosas figuras
recostadas, encima, medallones con cuádrigas y caballeros armados á la
flamenca, y sobre los tres balcones del segundo piso, tres medallones
labrados por Pedro de Ocampo, escultor sevillano, los cuales
representan, uno el escudo real de España, y los otros escenas
mitológicas de los trabajos de Hércules. Son admirables en este lado las
batallas de bajo-relieve hechas sobre los netos de los pedestales, cuyo
croquis publicamos, y las famas ó glorias alusivas al dominio de ambos
mundos que hay en otros, las cuales hizo Antonio de Leval en la cantidad
de 145 escudos cada uno, suma insignificante que en nuestros tiempos
equivaldría á 700 escudos á lo menos. Al mismo se atribuyen los
estilobatos, según documento que existe en el archivo, reclamando su
valor. Los citados espejos de Hércules costaron 430 escudos; y los
escultores Salazar y Pablo de Rojas hicieron las estatuas por la suma de
185 escudos[155]. Entonces se pagaba por la talla de cada una de las
cartelas de la cornisa con el florón y cubierta de cada entrecán, la
cantidad de 28 rs., según ajuste que firma Juan de Mijares, encargado de
estas obras el año 1588.
En la otra portada del Mediodía hay menos clasicismo greco-romano, y su
composición es una obra de renacimiento con esculturas más fantásticas y
menos perfectas. Cuatro columnas jónicas sostienen el cornisamento, en
cuyo friso se lee: _Imperator Cæsar Car. V_, y en los costados de los
pedestales, sobre los que descansan leones sin concluir, se ven trofeos
de las guerras contra los árabes, muy interesantes para los estudios
arqueológicos.
En su segundo cuerpo hay un pórtico de tres ventanas arqueadas, y en
las enjutas se hallan labradas ninfas alegóricas á la historia,
escribiendo sobre anchas tablas de mármol. En los netos se ven figuras
triunfantes de la mitología, centáuros y escenas paganas, como el robo
de Anfitrite por Neptuno, las columnas de Hércules, etc., obras todas de
los citados Morell y Juan de Vera.
[Illustration: Bajo-relieve del Palacio del Emperador.]
Hay alguna irregularidad en la distribución de ventanas de la fachada de
Poniente, lo cual está demostrando que el que hizo el proyecto primero
de esta decoración no pudo terminarlo y que los artistas posteriores al
año 1564, en cuya época no estaba hecho más que el primer cuerpo,
proyectaron después la fachada del centro, y no pudieron arreglarse á
los ejes de la construcción primitiva. Lo mismo puede decirse de los
muros trasversales interiores, que en lugar de resultar adosados á los
mazizos resultan algunos en los claros de los balcones, para cubrirlos
sin duda con ventanas fijas de madera que no llegaron á colocarse.
También llamamos la atención hacia los agujeros que hay en el primer
tercio de las pilastras almohadilladas, donde estaban clavados los
manillones de bronce que se guardan hoy en el pequeño museo del Palacio
árabe.
En el ángulo de estas dos fachadas descritas se ve el arranque de un
arco que debió construirse para separar la plaza de los Aljibes de la de
los Álamos, y constituir en la primera la plaza de Armas haciendo un
gran arco de triunfo que quedó en proyecto.
El interior de este edificio ofrece una singular composición reprobada
como regla general en el arte de construir. El círculo inscripto en el
cuadrado deja cuatro irregulares estancias triangulares que no pueden
servir de nada, y aunque aquí se ha aprovechado una de ellas con la
escalera principal del palacio, las otras quedan como huecos ó rincones
que afean la distribución. Aparte de estos defectos, tiene el patio tan
imponente decoración, á causa del cenador circular apoyado sobre treinta
y dos elegantes columnas dóricas que sostienen la bóveda en dirección
anular, que nos recuerda los magníficos pórticos de la vía Flavia en
Roma. Sobre el primer enclaustrado se alza la galería de orden jónico,
ceñida por un anillo tallado á dovelas de lintel plano, en las cuales se
halla incluído el arquitrabe, friso y cornisa, tan admirablemente
unidos, que sin ser entibado este círculo de piedras por ninguna fuerza
exterior contra su centro, se ha sostenido durante cuatro siglos sin
descomponerse ni que se rompa ninguno de los bloques de la curva.
Todas las demás decoraciones se reducen á los conocidos apilastrados y
entablamentos, nichos para colocar estatuas, frontispicios, basamentos y
cuantos detalles desarrolla el estilo modulado de esta conocida
arquitectura.
La escalera citada ocupa el ángulo Sudoeste, y no tiene más mérito que
la magnitud de los peldaños y las bóvedas hornacinadas que trazó
Francisco de Pontes, otro de los artistas que se ocuparon en estas
obras.
En el ángulo de la planta que mira á Oriente, hay un departamento de
forma octogonal y muros de mayores dimensiones, que se destinaba á
Capilla del Palacio, y debía cubrirse, según el proyecto, con una bóveda
semi-esférica. El suelo de este pabellón se halla sobre una bóveda
subterránea, á la cual se entra por el patio del Estanque, y ocupa el
terreno que ya hemos estudiado, por donde se extendían las habitaciones
que llamaron de invierno en el Palacio árabe, las cuales no pueden
indicarse en el plano, porque han desaparecido hasta los cimientos.
En el grueso de los muros y en la forma octogonal ya descrita, hay dos
escaleras de las llamadas de caracol, que desde la bóveda subterránea
suben hasta el cornisamento del edificio.
Aparte de las imperfecciones de distribución que tiene una obra hecha
por diferentes arquitectos, siempre es admirable en el mecanismo de la
construcción, el desarrollo de entibaciones y el ajustado corte de
piedras. Sus esculturas carecen por regla general de buen dibujo; pero
abundan en delicadeza de trabajo, fantasía y riqueza de detalle. Las
superficies de los muros están generalmente revestidas de la fina piedra
calcárea de Escúzar, y por dentro de la de Alfácar, más dura y grosera.
Las columnas y galerías del patio, son de piedra conglomerada,
vulgarmente almendrilla, que es muy bella y se trabaja difícilmente.
Hacia el año 1590 se hallaban todavía sin labrar la mayor parte de sus
esculturas, y nosotros dudamos si este edificio llegó á cubrirse
definitivamente, pues aunque á principios del siglo XVII se hallaba
reunida en los almacenes de la Alhambra toda la madera que se había
traído con este objeto de los pinares de Segura, en tal caso, creemos
que sólo el anillo del corredor circular llegaría á cubrirse.
Por último, los mejores artistas de la época, como Juan de Cubillana,
entallador, en 1560, Juan del Campo, en 1565, Landeras, en 1584, Núñez
de Armijo y los Machucas ya citados, Ocampo, Leval, Baltasar, Godíos y
otros que hemos tenido ocasión de mencionar, tomaron parte en la
ejecución de las obras, con sueldos que variaban de 130 á 200 maravedís
diarios, según consta de los legajos del archivo.
Pilar del Marqués de Mondéjar.
Fué construído de orden de este segundo Alcaide, según consta del
archivo y lo indican los escudos esculpidos en la caliza de Sierra de
Elvira, sobre el paraje donde se hallaba el repartimiento de aguas de
los barrios de Gomeres y Churra.
Aunque simple en su composición, por hallarse adosado á una muralla que
en lo antiguo cerraba delante de la puerta Bib-Xarca, y continuaba luego
á enlazarse con el camino de circunvalación de la torre de las Cabezas,
es muy bello en sus detalles escultóricos. Está situado en el final de
la cuesta ó camino único que desde el barrio de Cuchilleros y cuesta de
Gomeres conducía entonces á la Alhambra, paso frecuentado durante cuatro
siglos, hasta que se abrió el del centro de la Alameda en 1831. Por las
inscripciones, se ve que fué dedicado al Emperador; tiene hermosos
adornos del renacimiento sobre sus cornisas, y tres rosetones con
cabezas cargadas de frutos, alusivos á los tres ríos que pasan por esta
ciudad. Se empezó á hacer en 1557, y aun quedaba algo por concluir en
1624. Sus cincelados son del escultor Alonso de Mena, y algunos van
desapareciendo, particularmente donde están esculpidas escenas
mitológicas de notable primor. La traza general es el greco-romano del
renacimiento, poco esbelto y gallardo, pero propio para el lugar y
objeto á que se destinó. En nuestro tiempo han restaurado algunas
esculturas decorativas de uno y otro lado del segundo cuerpo, que se
confunden con las antiguas.
Los dos últimos monumentos que hemos mencionado de estilo tan diverso
del árabe, forman ya en el número de los nobilísimos que se alzaron en
este mágico recinto, y por eso no nos podíamos dispensar de citarlos
ligeramente, antes de abandonar los tan preciados de la dominación
agarena.
Cercas antiguas de Granada, puertas y alcazabas.
Era la primera condición de todas las antiguas poblaciones que se
levantaron ó engrandecieron durante los siglos medios, que debían estar
situadas en grandes alturas, y rodeadas de muros en dos, tres y cuatro
falanges, según su importancia; y aunque esto fuera peculiar también de
más antiguos tiempos, nunca se observó con más rigor este sistema de
defensa, como en la citada época y particularmente en España, donde si
se contaran las fortificaciones destruídas, sería mayor su número que el
que cuenta la mitad de Europa. En Granada hubo diversos circuítos
amurallados, principiando por el de Hiznarromán, atribuído á los tiempos
romanos y fenicios, sin fundamento incontrovertible; y se supone que los
árabes encontraron el castillo citado con otros vestigios que
destruyeron después, en el sitio llamado hoy placeta de las Minas y
carmen de Lopera, con ruínas de un templo pagano. Multitud de
inscripciones se descubrieron más tarde, sobre cuyo asunto se formó un
célebre proceso que no escandalizó muy poco en aquella época. Parte,
pues, desde este sitio el baluarte de estructura árabe que hay á la
vista en diversos parajes, construído próximamente cuando las primitivas
torres Bermejas que ya hemos citado, el cual dominó en aquella colina,
como en su día dominaron los castillos romanos que allí hubiera sobre
alguna pequeña población, anterior quizá á los tiempos visigodos, no tal
como se encuentran hoy, sino destruídos y vueltos á edificar en forma de
alcazaba, que se llamó después _Cadima_ ó vieja; precisamente como
sucedió con la de Al-hamrra, donde se construyó una fortificación más
antigua y más pequeña que la que hoy existe. Dicha alcazaba apenas
podría contener una población de 500 vecinos antes que se hiciera la
_gidida_ ó nueva, en cuyo tiempo se trataba ya de abandonar á Illiberis;
lo cual nos induce á sospechar si el primer castillo que se construyó en
lo más alto de lo que hoy se llama barrio del Albaicín se hiciera para
dominar un pueblo que había del lado de Poniente, el cual fué origen de
la ciudad árabe que fundó Bidis-ben-Habus, ocupando el Zenete por un
lado, y por otro la alcazaba citada. Desde la conquista y
particularmente en el siglo XVI se han hecho descubrimientos en
Hiznarromán, que con los del Sr. Mendoza (1871), dan á entender que
hacia el aljibe grande había un muro que terminaba en la Puerta Nueva,
donde Mármol fija el asiento primitivo de la Castela de Ben-Aljatib ó
del Castillo de Gazela, como él lo llama, y su construcción es como la
de Hiznarromán, fácil de confundir con la romana y cartaginesa.
En dicha Alcazaba Cadima, labrada en tiempo de la primera invasión,
sobre otra más antigua, se hallaba una Ráuda, lugar no muy espacioso
donde enterraron á Badis y posteriormente al caudillo Aben-Ganía,
enterramento que no podía existir sino fuera de este estrecho recinto,
en el lado construído por los Ziritas, más espacioso y no menos sembrado
de ruínas semejantes á las citadas. Del mismo modo se establecieron los
castillos sobre el Mauror y Antequeruela, como se ha visto testimoniado
por la existencia de un dilatado cementerio romano, encontrado no hace
muchos años por bajo de la muralla y puerta de Niched ó de la
altura[156], en la huerta de Zafania[157], cuyo caso se ofrece
igualmente en la Alhambra antes del establecimiento de los moriscos,
cuando había una población quizá también romana ó fenicia con el nombre
de Natívola[158], si hemos de creer la tradición que se pierde en la
noche de los tiempos, y que no desecharemos en absoluto.
Siendo simultánea la existencia de Garnata é Illiberis, está averiguado
que la ciudad de aquel nombre se hallaba más bien en el lado de la villa
de los judíos que en el que se llamó Albaicín ó de los Alconeros, donde
parece que se hospedaron unos cuantos yemeníes, guerreros de las
invasiones árabes del siglo VIII. Estos estudios ó investigaciones, por
más que no ofrezcan novedad, atendiendo lo mucho que se ha discutido y
lo poco nuevo que se ha hallado para fortalecer una opinión justa sobre
los primitivos castillos de Granada, se reducen á fijar los sitios
designados en los planos con más ó menos aproximación, y á situar el
primitivo castillo de Romanos entre las puertas de la Señoría y la de
los Estandartes, demostrando que la segunda fortaleza de aquel lugar fué
completamente de construcción sarracena, y que más tarde todavía, en
tiempo de los Ziritas, se reconstruyó y continuó por la placeta del
Cristo de las Azucenas, Aljibe grande, convento de San Agustín y cerca
de San José ó Antigua mezquita, cuyos cimientos y argamasa es de la
clase con que se fabricó lo que hasta aquí era conocido por Alcazaba
Gidida ó nueva.
Otra muralla de esta parte de la población acaba de indicarnos el
aislamiento desde su origen de aquellas fortalezas, demostrando la
existencia de dos grandes suburbios que vinieron á reunirse desde el
siglo XII en adelante. Esta está trazada á fragmentos muy visibles
todavía sobre la calle de San Juan de los Reyes hasta el Zenete,
abrazando el barrio de Badis y de los Morabitos; y quedan por
consiguiente murallas de flanqueo y enlace en dirección de la Puerta de
Elvira y hacia la casa de la Moneda y convento de Zafra, donde hubo una
puerta y muros que señalan un cambio de dirección en la margen derecha
del río de Darro, pasado el puente árabe que debió llamarse el del
Cadí[159], y alineándose por un lado con la subida y entrada á la
Alhambra y su Alcazaba, y por otro siguiendo la orilla hasta un puente
que había por bajo de la puerta de Guadix.
[Illustration: Puerta Bonaita.]
Desde este punto los baluartes antiguos toman dirección hacia
Generalife, cuyos _azuores_ no se terminaron, y otra al Nordeste,
recinto de Don Gonzalo, que fué la más moderna muralla extendida hasta
la torre del Aceituno, punto avanzado sobre el valle Mardanix que
descendía por las Alcudias de Ainadamar y Aben Saad hasta la Puerta de
Elvira. Por el Mediodía y Poniente sólo había un recinto murado que
pasaba por medio de los barrios más poblados hoy de Granada, como se
indica en el plano moderno de esta ciudad[160] y dividido en tres
grandes departamentos: el de la Antequeruela, villa de los Judíos, y el
del Centro y parte llana. Hubo proyecto y hasta se hicieron puertas en
el último recinto que partía desde las Vistillas por la Loma de Abahul
hasta Generalife, cuya cerca debía estar próxima á una mina que hay en
dirección del Campo de los Mártires por el callejón del Caedero. Los
muros todos medían por lo menos una extensión de 2.200 metros,
flanqueados de robustas torres en número de 1.030, y 28 puertas
principales de las que sólo quedan muy pocas; sus alturas variaban desde
5 á 9 metros, con el espesor desde 1,20 á 1,85. Las puertas, comenzando
por la de Elvira, se nombraban en tiempos árabes y cristianos de esta
manera[161]:
La de Elvira, (_Elveira Illiberis_) al final de la calle de este nombre
porque por ella se tomaba el camino de esta antigua población, que debía
hallarse á dos leguas de Granada entre Atarfe y Pinos.
Boquete de Darro (puerta de _Batrabayon_, según Nebrija), estaba en el
sitio que hoy se llama Boquerón y que era su verdadero nombre.
De Oneider, de la Erilla, ó de Bibalunata, frente á la calle de San
Jerónimo, cerca del altar mayor de la Colegiata.
Bib Almazán, que estaba junto á la Pescadería, aunque su verdadero
nombre era de _Bibamazda_, puerta del Circo donde se hacen juegos, y de
la Conversación.
La de Bibarrambla, en la plaza del mismo nombre; después de las Orejas y
del Arenal, medio destruída el año 1873.
La Puerta Real, que existía en el siglo pasado, donde colgaron la cabeza
de Aben Abó metida en una jaula, último caudillo de la rebelión
morisca. Podía ser esta también la del Rastro.
La de Bibataubín ó de los Ladrilleros, cerca del teatro del Campillo, la
cual existía todavía en 1808.
Puerta del pescado, _Bib-Lacha_ y también _Bib-Mitre_ y _Bebeltee_.
Creemos que antes de ésta había otra, cerca de la torre del palacio de
los Anxares (Cuarto Real).
Puerta de _Néched_ (de la Altura), en las Vistillas.
_Bibalfajarin_ ó puerta de los Alfareros, en el Realejo ó placeta de los
Caños.
_Bib-Mauror_, según Aben Alhamar, y también puerta del Sol, para entrar
á la villa de los Judíos y barrio de la Antequeruela.
Puerta de las Granadas, antes _Bib-Lauxar_.
Puerta de los Panderos, en la Carrera de Darro, ó _Bib-Adi-faf_, cerca
del convento de Zafra, frente á la torre del Almací.
Puerta de Guadix baja, entrada á Albaida, al tomar la cuesta del Chapiz.
_Bib-Xomais_ ó del Solecito, de Guadix alta, llamada por Pedraza, Puerta
del Sol, en el camino del Monte Santo, según Alasar[162].
Puerta de Fajalauza ó del collado de los Almendros.
Puerta del Albaicín y de San Lorenzo, que daba paso hacia el otero de
Ainadamar, donde está la Cartuja y el mirador de Orlando.
Puerta de la Alacaba ó de la Cuesta; se halla en un dibujo grabado al
final del siglo XVI, en el libro «_De Bello Granatense_», de Lucio
Marineo Sículo, el cual representa la ciudad por el lado del Triunfo, y
dos puertas en su fortificación entre la Merced y San Ildefonso; se ve
en él también una fortificación antigua que ocupaba el actual convento
de Capuchinos.
Puerta del León, _Bib-Leit_, _Elezed_, cuyos muros se observan en el
Zenete.
_Bib-Alhazarin_ ó puerta de los Estereros, según Nebrija, cerca de San
José y San Gregorio.
_Bib-Adan_, puerta del Osario, salida á un cementerio árabe.
_Bib-Albonut_, de los Estandartes, cerca de las Tomasas.
_Bib-Beiz_, puerta del Trabajo, según Mármol detrás de la iglesia del
Salvador, hacia la calle del Moral y al final del callejón de San
Nicolás.
_Bib-Siyada_, puerta de la Señoría.
Resultan veinticinco puertas cuya memoria ó testimonio se conserva, y
además hay las de la Alhambra y Generalife que eran seis, cinco en la
primera y una en el último. Estas son: una que había en el Carril donde
hoy se halla la moderna que da entrada á los carruajes, y acaso se
llamaba de _Yacub_, citada por Aljatib, sobre cuyos muros estuvo por
largo tiempo expuesto el cadáver del príncipe Don Pedro; la del
Generalife, que según una pintura del siglo XV estaba cerca de Fuente
Peña, la de _Algodor_ ó de los Pozos, sobre el camino de la Sabica por
donde salió Boabdil y además las citadas de la Alhambra.