con motes árabes, los cuales, según Argote, fueron cubiertas de las
sepulturas halladas en la Ráuda, donde había hasta cinco[147].
Su forma y antecedentes nos obligan á creer que fueron efectivamente
parte de los sepulcros citados, supuesto que otras piedras halladas
después completan una de las mencionadas tumbas.
El letrero de una de ellas es la sura 24, v. 35, la sura 7, v. 26, y la
33, v. 56.
Con el número 4 hay una pila de mármol blanco de forma paralelográmica,
que se trajo á este sitio arrancada del foso de la torre de la Vela, á
donde había sido conducida anteriormente, procedente al parecer de la
casa de Mondéjar, donde existían fuentes, pilas y columnas en el año
1627, sin uso alguno según consta. (_Véase la viñeta._)
En sus dos frentes más largos tiene esculpidos leones en actitud de
devorar ciervos, y en los cortos, águilas rapantes guardando bajo sus
alas liebres y conejos. Una inscripción africana difícil de leer,
guarnece uno de sus lados, y en tanto no podamos señalar el sentido de
algunas frases entrecortadas por ciertas palabras que se han desgastado,
nos será imposible determinar con exactitud su primitivo destino.
Se distingue bien el arte escultórico de los asirios en este mármol
apenas modificado por los árabes al tomarse el trabajo de copiar las
figuras en la misma actitud que las antiguas; y nos afirmamos en la
opinión que hemos emitido, sobre el modo que tenían de representar las
formas naturales los pueblos que levantaron con Mahoma el pendón contra
toda clase de idolatría, probando que hicieron en muchos casos traición
á su causa, tallando ó esculpiendo en piedra y bronce, á imitación quizá
del arte cristiano.
La inscripción de esta pila, en lo poco que conserva, nos da la fecha
704 de la Egira en el mes de Chaowal (1286), reinando el primer sultán
Mohamad Algalib Bil-lah.
Con el número 5 hay señalado un tablero que se halló sirviendo de dintel
en una estrecha puerta del vestíbulo de los Leones. Por un lado se halla
decorado de una pintura hecha sobre superficie dorada á usanza
bizantina, ejemplar muy raro que no se encuentra más que en una capilla
de la Catedral de Toledo, referente al siglo XIV, muy diferente por
cierto de la de la sala de Justicia. Tiene alrededor una inscripción
gótica tan mutilada, que no puede leerse, y la mitad próximamente de la
dimensión que tuviera en su origen, por lo cual faltan la mayor parte de
los cuerpos de las tres figuras que hay en ella, las cuales parecen dos
guerreros á caballo en campal desafío. En el fondo se ha copiado de un
lado la fortaleza de la Alhambra con la torre de los Siete Suelos, y de
otro la Casa Real de Generalife, indicándose una puerta en las murallas,
que debía hallarse cerca de la actual huerta de Fuentepeña; los muros
están almenados, teñidos de blanco y de rojo, como se hallaba sin duda
la Alhambra en aquel tiempo.
[Illustration: Jarro de la Alhambra.]
Con el núm. 6, se conservan 14 manillones de bronce y sus argollas, con
cabezas de león y de águilas, los cuales se hicieron de fundición para
las pilastras del primer cuerpo del Palacio del Emperador, donde están
las señales de haberse hallado colocados. Son del año 1594.
Los números 7 y 8 son pedazos de los techos y frisos árabes que se
hundieron en 1846, en la sala de las Camas.
El 9 señala una hoja de puerta de las que había colocadas en las dos
entradas del patio de la Capilla, la cual se hallaba en su propio sitio
el año 1852.
El núm. 10 señala un friso tallado árabe procedente de la galería alta
del patio del Estanque, y de la obra que se hizo en el año 1840. Los 11,
12, 13 y 14, las ventanas de alicatados que se quitaron el año 1838 de
la sala de las Camas, con lo cual quedó ésta más baja, según lo
demuestra un dibujo de Owen Jones, y por último, el 15, es una ventana
de celosía casi destruída, del patio del Estanque, cuyo sistema de
construcción en pequeñísimas piezas, debe notarse particularmente.
El núm. 16 muestra cuatro fustes árabes de mármol.
El 17 es una de las cuatro lápidas sepulcrales que según Argote se
descubrieron (1574), en el panteón citado, en cuyo tiempo, según Mármol,
las letras que tiene grabadas se hallaban doradas sobre fondo azul. Dos
han desaparecido, las de Ismail I y Yusuf I. La que tenemos á la vista
es del sepulcro de Abul Hachach Yusuf III, y se hallaba á la cabecera
del sarcófago colocada verticalmente, de modo que podían leerse las dos
inscripciones que tenía, una por cada lado. La que estaba en prosa ha
sido borrada y queda la de metro _tawil_, coleccionada por Castillo y
muy recientemente corregida.
La otra inscripción, núm. 18, es del sepulcro de Mohamad II, según
explica el texto, habiendo sido borrado la mitad ó el reverso, que
contenía la biografía, en prosa, de dicho monarca, según la publicó
Mármol[148]. Es poco interesante, y por eso no la damos traducida á
continuación. Otra inscripción que existía, alusiva á un guerrero
muerto en la batalla de la Higueruela, no la hemos visto nunca.
El 19 es una pila ó taza de fuente, de hermosas proporciones, procedente
del jardín de los Adarves, y que se sacó de la casa que estaba cerca de
la iglesia actual, según un título posesorio del legajo 127, por el que
se mandaba entregar la fuente rota de la orilla de la alberca para que
no se acabara de romper, etc...
El 20 es un pedazo de piedra antiguo con inscripciones karmáticas usadas
en los primeros tiempos del kalifato de Córdoba. Hemos visto ejemplares
de escritura nesky en otros pedazos, sobre piedras de esta misma clase.
Pueden verse en el Museo de la Comisión de Monumentos.
Desde el 25 al 30 se halla una pequeña colección de capiteles, de
diferentes sitios y construcciones. Entre ellos, hay uno exactamente
igual á los que hemos visto dibujados del sepulcro de un sultán de
Ghazna, anterior al siglo XII. Este hallazgo es un testimonio claro de
que las modificaciones del arte árabe en España tenían un origen más
oriental que latino, y que más bien prefirieron las tradiciones
primitivas, que la imitación del arte cristiano. Otro capitel, núm. 25,
es más genuínamente bizantino y bordado por el cincel mahometano, de
cuyo género eran los de la mezquita grande que había donde hoy se halla
el Sagrario, según hemos visto uno que tenía 85 centímetros de alto.
Vénse también dos capiteles que pertenecían á la decoración de la puerta
de los Siete Suelos, los cuales, en unión de varios pedazos de mármol
blanco correspondientes á las enjutas del arco, los hemos visto
desprenderse de su sitio.
Desde el núm. 31 al 37 hay diferentes fragmentos de madera, árabes y del
renacimiento; como los kanes que se hundieron en el alero del patio del
Estanque, las pilastras del tiempo del Emperador que se hallaban en el
patio de la Reja, y los pedazos que se desprenden de las ensambladuras y
almokarbes.
Con el núm. 38 existe un arca de hierro hecha por los arabes con toda
la inteligencia que puede exigirse en una obra de este género. Había
otra igual que desapareció, según se dice, cuando entregaron el Archivo
á la Administración de Hacienda pública, en 1870.
Núm. 39: un vaso de arcilla vidriada y de más de un metro de altura, que
debía colocarse en las habitaciones donde no había fuentes, y formar con
otros una elegante decoración. Su forma es parecida á la egipcia de la
dominación griega, y se aleja de la de los japoneses en la esbeltez del
cuello, no así en la disposición de las asas ó brazos, que se acerca á
la de los persas antiguos. Su magnitud lo hace de difícil fabricación, y
aunque éste está defectuoso, nos da una completa idea del adelanto de la
industria más difícil que siempre se ha conocido. Los hacían de relieves
ó arabescos realzados que rara vez pintaban, pero los de barniz y lisos
los endurecían de una sola cochura, originando dificultades de
fabricación que les dan más mérito que á los de porcelana. En 1804
existía otro en este palacio que fué copiado para la Real Academia de
San Fernando.
No dudamos que éste fué construído en Granada, porque sus materiales son
conocidos en el país y de una fábrica que había en el Campo del
Príncipe, donde todavía al abrir cimientos se hallan pedazos ó tiestos
vidriados con iguales adornos, de los que tenemos ejemplares. No era
Granadino el otro vaso que adquirió Don Mariano Fortuny, procedente de
la iglesia del Salar, con inscripciones cúficas, el cual debió ser
fabricado á juzgar por su arcilla, en la antigua ciudad de Málaga, donde
se hacían como en Valencia y otros puntos, hermosos reflejos metálicos.
Y volviendo al que tenemos á la vista, se ven en él diseñados animales ó
especie de jirafas semejantes á las que nos describió Makrizi y
recientemente Mr. Bonan en su viaje á Persia, cuya tradición conservaron
en Andalucía, según Ebn Jaldum. Su manufactura no tiene semejanza á la
de la loza mallorquina, ni á la de Córdoba y Sevilla, ocupando un género
especial que lo distingue de aquéllas, y que da á sus reflejos un
aspecto diferente del conocido como tal en todas partes.
Con los números 40 y siguientes se señalan restos antiguos de ornato y
una multitud de pedazos de azulejos mutilados, al parecer de poca
importancia; pero que por ellos se deduce fácilmente la historia en
descenso hasta nuestros días de esta industria, la cual no se abandonó
en Granada hasta fin del siglo pasado; notándose, que después de la
conquista se hicieron alicatados tan finos como los de la Capilla, y se
continuaron las trazas hasta mezclarse en ellos el renacimiento con sus
caprichos abigarrados de extrañas formas.
El archivo.
Se compone hoy de 279 legajos, según la numeración última, que data del
año 1872, echa en poder de la Administración económica de la provincia.
Conviene relatar aquí brevemente que en el año 1625 se perdió por
primera vez el inventario de los papeles, y desde entonces estuvo el
archivo en un cuarto debajo de la portería, que sirve hoy de paso al
patio de la Capilla, donde hay una inscripción alusiva á los Reyes
Católicos.
En 1787 se formó otro inventario en pergamino que existía con los núms.
37 y 38, notándose una falta extraordinaria en los papeles cuya
numeración no concuerda con aquél.
Tiene, pues, tres numeraciones visibles, lo que hace hoy imposible de
todo punto la comprobación de documentos.
Hay legajos de ventas de bienes de moriscos, de nombramientos de
alcaides de las torres, de obras en las mismas, alojamientos de soldados
y bastimentos de guerra desde 1496, de cabalgatas de soldados y pase de
cristianos nuevos á Africa, sobre Monfies, etc.; otros muchos de causas
criminales y rescate de cautivos, de todo el siglo XVI al XVII;
reconocimientos de castillos y alcázares desde 1509, cabalgatas de moros
y confiscación de bienes de sospechosos por herejías, testamentos de
moriscos, y por último, gran colección de cuentas del palacio de Carlos
V y de las Torres, de aprovisionamientos de guerra, de nombramientos y
multitud de otros papeles relativos á presupuestos y títulos de
propiedades. Se encuentran en ellos algunas rúbricas de reyes, muchas de
nuestros más notables hombres de Estado y otras de artistas que se
ocuparon en las mismas obras.
Donde está el archivo hay también unas copias en seis pedazos, ó
fac-símiles estarcidos de las tres bóvedas pintadas de la sala de
Justicia, que se mandaron hacer por la Comisión de Monumentos en 1871.
Parte más antigua del palacio árabe.
LA ENTRADA DEL ALCÁZAR, PATIO DE LA CAPILLA, MEZQUITA, TORRE DE LOS
PUÑALES, LA DE MOHAMAD, Y CONSTRUCCIONES QUE HAN DESAPARECIDO.
Hoy entramos al Alcázar por una puerta construída en tiempo de Felipe V,
que choca por su sencillez. No hallamos esos atrios dilatados ni esas
plazas ó campos de maniobras que preceden por lo regular á los palacios
mahometanos, y en cuyo espacio se recibe á los embajadores, se revistan
las tropas y se celebran las solemnes festividades; pero en cambio se
halla el terreno preciso que servía para los guardias, juzgados públicos
y oficinas de la servidumbre. En la residencia de los sultanes de
Ispahan, después de pasar la irregular planicie que precede á los
alcázares, se entra por un sinuoso camino abierto entre casernas de
guardias negras, departamentos de caballerizas, cocinas y albunes que
habitan los alcaides de los diversos recintos encastillados.
En Argel y Tlemecen se ve lo mismo, y en la Alhambra hemos tenido que ir
á investigar con grandes dificultades lo que nos ha dejado el tiempo y
el Palacio del Emperador. Se encuentra á mano izquierda de la entrada un
jardín, ocupado en parte por el palacio de Machuca, nombre del que
planteó los cimientos del edificio cristiano, por haberlo habitado,
según consta de un reconocimiento facultativo hecho por Ojeda, que vió y
obró este patio árabe, por ruínas causadas en sus muros. En él, según
Mijares, estaban los talleres, delineaciones y aparejos de los trabajos
escultóricos para las dos fachadas del alcázar de Carlos V, y era
abierto por el costado de Poniente, porque lo indican así los cimientos
que hallamos, demostrando que abría paso al zaguán y puerta que hemos
descubierto en 1867, como entrada principal de la más antigua parte del
alcázar sarraceno.
Levantando parte de la solería de la capilla contigua á esta entrada,
hemos visto cimientos de obra árabe, que debían constituir en esta
estancia uno ó más cuartos de recepción, donde estaban las dos salitas
pintadas de azul y oro que cita Mármol, y por las cuales se pasaba á las
dos _chemas_ ó mezquitas, cuyos restos se ven hoy todavía[149]. Todo lo
cual se confirma por el _octuwan_ que hay entrando por la puerta antigua
al patio nombrado hoy de la Mezquita, por las formas de sus fachadas, el
alero, el corte de los muros y el movimiento de los tejados para
derramar las aguas; datos interesantes que justifican la existencia del
Mexuar, del cual formaba parte el referido patio abierto de Machuca.
En 1526, Navajero describe el patio del Estanque como el primero que
encuentra, y Mármol nos explica un patio más pequeño con dos salitas muy
decoradas y una fuente que debía abastecer las demás del palacio. En una
de estas salas, dice, daba el monarca, según costumbre mahometana,
audiencia á sus súbditos. De modo que se entraba, según dicho autor, por
muy cerca de la sala de Embajadores, que cita como la primera que
visitó, la principal. Este patio pequeño no puede ser otro que el
llamado hoy de la Mezquita, por no haber local donde suponerlo, pues la
inclinación del terreno adquiere aquí de repente un desnivel de cuatro
metros y no deja lugar para poderlo trazar en ningún otro lado.
Entraron, pues, aquellos viajeros, por nuestra antigua puerta á ese
pequeño patio, en el que había una fuente y dos salas pequeñas á uno y
otro lado, en las cuales se administraba justicia.
Sobre el lintel de esta antigua entrada hay una inscripción tallada en
madera, que dice así:
«_Oh tú, auxiliador del trono excelso y guardián de su figura ó
maravillosa construcción, abre la puerta esplendente y hermosa por
la obra y por el artífice para la alegría del imán Mohamad.
Cúbralos á todos Dios con sus favores_».
Cuya leyenda revela harto bien el importante objeto de esta entrada del
antiguo palacio.
Desde fines del siglo XV hasta principios del pasado se entró á la
Alhambra por este paraje, con la sola diferencia de que después de
colocado el altar de la Capilla, á principios del XVI, se siguió
ingresando por una puerta inmediata que existe más pequeña en el
vestíbulo mismo donde sitúa la grande, resultando así una porción de
estrechos é irregulares callejones que era necesario atravesar para
introducirse en la casa de los sultanes, como refiere Hugo de Cesárea
que vió cuando fué al Cáiro á visitar al emir, donde halló muy estrechos
y sinuosos pasadizos, poblados de guardias y esclavos, antes de llegar á
los anchos patios y pórticos, y como se cuenta también de los palacios
de Javarnak y de Sedir en el Hiram.
Todavía en nuestros tiempos, y según relatos de los viajeros de Persia,
los palacios de origen sasanida aparecen completamente velados en su
exterior por una multitud de pequeños y mal ataviados edificios, entre
los que nadie puede sospechar que se guarde la entrada de los lujosos
aposentos que habitan los monarcas.
Patio de la Capilla.
Entrando en más detalles sobre este departamento que ocupa la parte más
antigua del palacio, existe el patio casi cuadrado que tiene en un lado
el testero de las dos puertas, guarnecidas de azulejos después de hecha
la obra antigua, y coronadas de un frontispicio alintelado de dovelas
estriadas. Sobre un ancho friso de _agemías_ hermosamente distribuídas
había dos _mikkah_ ó tragaluces con una ventanita central entre ellas,
tapadas hoy y ornadas con la inscripción africana, que es una sura del
Korán. El arco de este nicho es único en su clase; sobre él descansa una
cornisa de colgantes y encima avanzan gradualmente moldurones de una
gran escocia, también única en los monumentos árabes de todos los
tiempos, la cual termina en un alero de madera admirablemente labrado
del más exquisito trabajo; el todo conserva colores primitivos bajo el
rojizo tono de su ancianidad.
Es una decoración completa que tenía sus puertas chapeadas con clavos
dorados y cintas de bronce, de las cuales se conserva una en el Museo;
celosías en las ventanas, ajimeces y basamento de jáiras de colores con
alfreizares de mármol, de los que hay uno doblado por la presión de sus
extremidades, con la misma elasticidad de un pedazo de madera.
Obsérvase en esta decoración algo de la arquitectura de la puerta del
alcázar de Sevilla, reedificada por Don Pedro, y semejanza con las de
las épocas de los primeros kalifas de Córdoba y Toledo; lo que nos
obliga á asignarle mayor antigüedad, suponiendo que cuando se construyó
daba frente y se descubría desde sus ventanas el río Darro, hasta que
pocos años después se hizo el otro edificio de enfrente, cuyo ornato es
distinto.
En el friso de madera, bajo el alero, hay una inscripción en cuatro
tarjetones, que hemos copiado y que traducida dice así:
«Mi posición es cual una diadema. Mi puerta es para un lugar culminante.
Imaginan las comarcas occidentales que en mí se halla el lugar donde el
sol nace».
«Yo contemplo su aspecto semejante á la luz de la aurora en el
horizonte».
«Algani bil-lah me dió el encargo de abrir la puerta».
«Haga Dios de esta obra un beneficio para el sultán como lo hizo bueno
en figura y carácter[150]».
Enfrente hay tres arcos de aspecto tan igual al de la obra del patio de
la Alberca, que podemos asegurar fueron levantados cuando aquél; lo cual
indica que entre la construcción de la entrada que hemos descubierto y
del citado patio de la Alberca, pasó un período á lo menos de cincuenta
años, y que el referido testero de las dos puertas fué hecho frente á la
muralla del Bosque, delante de una pequeña explanada. Después se labró
la puerta antigua para dar entrada al patio de Machuca y la Mezquita,
con cuyos edificios quedó encerrada la más antigua fachada del palacio.
Nótase un arco sencillo, forma de herradura, que hay delante de la
fachada de los tres arcos; éste fué hecho en el año de 1522, con el
intento de apoyar un suelo de cuadrado cuyo peso no fiaron á las dos
delgadas columnas sobre que descansan aquéllos.
Las dos columnas tienen de notable que sus capiteles son tan raros como
los del templo Jain de la India, ó los de los baños árabes de Cefalú en
la Arabia; su forma extraña y caprichosa obedece á dos inspiraciones:
una siriaca y otra greco-romana[151].
En el centro de este patio había una fuente más elevada, y pasando el
intercolumnio se encuentra una pequeña sala que fué reedificada después
de la conquista, como lo indica su techo, y en su centro se abre una
ventana con trazas góticas, que debía servir antiguamente de puerta de
la torre que pudo ser destruída con motivo de la construcción de la de
Comareh.
La Capilla.
En el patio anterior hay una puerta moderna, que da paso á la Capilla
que pudiéramos llamar mudéjar, porque se reconstruyó en 1537 y se
hicieron sus mosáicos por Antonio Rojas, obra primorosa con escuditos
alhamares y del primer alcaide cristiano. En aquella reconstrucción se
rebajó el pavimento y se aprovecharon tres techos de ensambladuras,
haciendo de nuevo los demás y todos los plafones y emplanchados. Su
estructura primitiva debía ser á semejanza de la sala de las Camas, más
alta del techo en su centro y con tribunas y menacires.
El altar es una composición de mal gusto, de piezas de mármoles que han
debido servir para otro objeto muy distinto. Parece que formaron parte
de una gran chimenea que se hizo para las habitaciones del Emperador,
con otras que ya hemos citado de la sala de las Ninfas.
Por debajo de la tribuna se entra en una pequeña estancia cuyo destino
no habría sido fácil explicar, si no se hubiera conservado un arco y un
nicho del género que siempre emplean los musulmanes como _Kihblah_ ó
santuario de sus aljamas, y del que hay muchos ejemplos en todas partes;
cosa bastante singular, porque parece que desde la construcción de la
Gran Mezquita de Córdoba todos los que se hicieron después en España y
Africa fueron imitados del arco de herradura adovelado por dos curvas
excéntricas, cuya forma aparece original y digna de estudio; y hasta la
época más moderna ha continuado la tradición en Marruecos, donde los
nichos sagrados en que se guarda el libro koránico tienen allí esta
forma. Tanto su disposición como el nombre dado á este cuarto por varios
historiadores, además del no menos importante dato de la dirección de
los muros ó paredes de Oeste á Este y la situación del nicho
perfectamente orientado, son testimonios más que suficientes para
suponer que fuese la pequeña Mosala al-aidi ú oratorio[152] del palacio,
levantada, como ya hemos dicho, en uno de los ángulos del patio llamado
luego de Machuca.
Hemos intentado hacer más indagaciones en este aposento y han dado por
resultado nuevos vestigios de arcos y relieves antiguos, los cuales
subsistían bajo una gruesa capa de yeso, con la cual los habían cubierto
en épocas cristianas. Su pavimento ha sido también rebajado como el de
la anterior capilla y nótase la puerta que lo tuvo en comunicación con
un estrecho pasadizo, que conduce á la Torre de los Puñales y á la parte
arruinada del referido patio de Machuca, en cuya torrecita, muy ruinosa,
se nota el techo antiguo, compuesto de pequeñas _alfargías_, y en un
costado las señales de tragaluces de arco redondo donde habría _agemías_
caladas.
Es éste un pequeño cuarto con ornamentos preciosos, diferentes de los
del alcázar y con una ancha ventana en su testero principal, donde había
una especie de mirador ó _menacir_ de madera, cubierto de celosías, como
las que se ven en el Cairo, y de las cuales quedaban todavía muchas en
Granada á principios de este siglo. Del otro lado de la torre continúan
los pequeños cuartos reservados que servían de viviendas, los cuales
terminan con la muralla, en la puerta del Bosque.
Como se observa, desde esta torre se bajaba á un enclaustrado de arcos,
hoy cubiertos, que hacían un frente del gran vestíbulo á que nos hemos
referido en los últimos párrafos.
Concluye aquí la descripción del más interesante alcázar mahometano que
se ha construído.
[Illustration: Armas árabes.]
Palacio del Emperador Carlos V[153].
En el centro de la Alhambra se pensó levantar hacia el año 1526 el
Palacio del Emperador Carlos V. Para establecer su ancha cimentación en
un paraje de los más estrechos que ofrecía el conjunto de baluartes, y
que estuviera en relación al mismo tiempo con el palacio viejo de los
moros, fué necesario destruir una porción de casas árabes que se
encontraban en esta pequeña y antigua población morisca, á la cual se
entraba por la puerta del Vino, las cuales se demolieron para hacer este
palacio, hermoso y bello en cualquier otra parte que se hubiera
edificado, pero no tanto entre estos vestigios oriundos de una
civilización completamente extraña á las luces y al movimiento
intelectual del siglo.