«Este es el palacio de cristal: el que le mire le tendrá por un oceano

pavoroso y le espantará.

«Todo es obra del imán Ebn Nasr. Guarde Dios para otros reyes su

grandeza».

«Sus antepasados alcanzaron la más alta nobleza, pues dieron

hospitalidad al Profeta y su familia».

Luego se halla alrededor ó recuadro de las ventanas, en metro tawil,

este poema:

«El fresco ambiente esparce aquí con profusión su hálito; el viento es

saludable y lánguida el aura».

«He reunido toda clase de bellezas en tan alto grado, que de mí

quisieran tomarla las estrellas en su alta esfera».

«Yo soy en este jardín un ojo lleno de júbilo, y la pupila de este ojo

es en verdad nuestro Señor».

«Mohamad el glorificado por su valor y generosidad, el de la fama más

preclara, el de la rectitud más distinguida».

«La luna de la buena suerte resplandece en el horizonte del imperio: sus

signos son duraderos y su esplendor luciente».

«Él no es sino un sol que se ha fijado en esta mansión y cuya sombra es

provechosa y benéfica».

«Desde aquí contempla la capital del imperio cuantas veces espléndida se

manifiesta y brilla en el trono del Kalifato[134]».

«Y arroja su mirada hacia el lugar en que los céfiros juguetean, y

vuelve contento de los honores que le rinden».

«En estas mansiones se presentan tantas amenidades á la vista, que

cautivan la mirada y suspenden la inteligencia».

«Un orbe de cristal manifiesta aquí sus maravillas. La belleza se halla

grabada en toda la superficie que rebosa de opulencia».

«Están dispuestos los colores y la luz cada cual de tal manera, que si

quieres podrás considerarlos como cosas distintas ó bien análogas».

Hay otras muchas inscripciones que se refieren á Mahomad V, pero sin

aparente interés arqueológico ni literario[135].

Jardín y fuente de Lindaraxa.

El patio que unos llaman de Lindaraxa y otros de los Naranjos, tiene en

el centro una fuente mitad árabe mitad renacimiento, que termina por una

concha circular agallonada y en su borde una inscripcion medio

desgastada por el agua, cuyo texto, interrumpido, dice así:

«Yo soy en verdad un orbe de agua que se manifiesta á los hombres claro

y sin velo alguno».

«Un mar extenso cuyas riberas son obra artística de mármol selecto».

«Su agua, como líquidas perlas, corre por el hielo... más grande...

admiración».

«Se separa de mí el agua de tal suerte, que yo no soy... con el que se

oculta».

«Como si yo y lo que... de la fuente... que corre».

«Un trozo de hielo, parte del cual se liquida y parte no se liquida».

«Cuando sobrenada... un orbe más elevado que todos los órdenes de

estrellas».

«Como si lo que en mí se manifiesta fuera una concha y la reunión de

perlas fueran estas gotas....... las felicidades....... tarde. El

valeroso, el de la extirpe de Galib».

«De los hijos de la prosperidad, de los venturosos, estrellas

resplandecientes de bondad, mansión deliciosa de nobleza».

«De los hijos del _Kiblah_, de la estirpe de Jazrech, ellos proclamaron

la verdad y ampararon al Profeta».

«Saad... hizo resplandecer todas las tinieblas».

«Las comarcas en la seguridad perpetua y... en defensa del reinado; de

dignidad elevada».

«Tengo en belleza el más ilustre grado. Mi forma causó admiración á los

eruditos».

«Jamás se ha visto una cosa mejor que yo en Oriente ni Occidente».

«Y si no... reinado... antes entre los extranjeros y no entre los

árabes».

No hay noticia positiva de la procedencia de esta fuente. El patio de

dos saletas que cita Mármol, es hoy el de la Mezquita, y tenía una

fuente en el centro que ya no existe; aunque podía ser de este paraje,

la inscripción se refiere al tiempo de Mohamad V, y la construcción del

patio de la Mezquita es anterior á este monarca. ¿Pudiera ser esta la

fuente árabe que se puso á la venta el año 1667, con algunas columnas

procedentes de la casa del marqués de Mondéjar y que no se vendieron por

falta de comprador? Pero atendiendo á que la inscripción se refiere á un

oceano de agua, de gran extensión, que pudiera aludir al estanque

morisco que tenía aquel palacio delante del pórtico, no lo consideramos

probable, porque cuando se verificaron estas traslaciones debía ya estar

colocada la fuente en este sitio. Nosotros nos resolvemos á suponer que

la referida taza de fuente no es del alcázar, sino de alguno de los

innumerables palacios que había en la Alhambra no lejos de éste.

Todo el patio es moderno, y sus claustros y salas del tiempo del

emperador Carlos V, como lo demuestran los techos casetonados

greco-romanos de sus salas altas, en las que se ven dos elegantes

chimeneas con labrados atributos del imperio. Estas habitaciones estaban

dispuestas para hermosos tapices flamencos y después fueron pintadas á

semejanza del Mirador. La nombrada de las Frutas, última de esta

galería, fué habitada por varios monarcas, y últimamente se hospedó en

ella el célebre poeta Washington Irving, en cuyo retiro compuso sus

mejores obras. En los cenadores del patio hay una colección de columnas

árabes que, según un manuscrito sobre aguas del Convento de San

Francisco, pertenecieron á aquél cuando era mezquita y rauda antes de la

reconquista, así como otras muchas piedras que han desaparecido.

Por este patio se entra á varias salas embovedadas que resultan debajo

de la de las Dos Hermanas. En la del centro se observa el efecto

acústico del sonido que se trasmite por el embocinado de las curvas y se

repite en los cruceros de las bóvedas, lo cual hizo que esta sala se

llamara _de los Secretos_, único interés que ofrece para ser visitada.

En suma, los cenadores no existían en tiempos árabes, y en su lugar

había un dilatado jardín, en donde tal vez se hallaba el estanque y

fuente, con arreglo á las inscripciones de la taza citada.

Patio de la Reja.

Si hemos de hacer mención de este patio, es tan sólo por declarar

destituída de verosimilitud la tradición, que supone ser esta reja que

hay en dos de los lados la prisión de la reina Doña Juana. Nunca se

halló esta reina en tal estado de enagenación mental que fuese preciso

encerrarla de un modo tan cruel y poco humanitario. En 1561 se nombraba

al cuarto alto inmediato, el Guardajoyas de la reina, y esto está

conforme con lo que dice Argote: que se colocó la reja para resguardo de

la vajilla del real servicio en el año 1639.

En las galerías se encuentran capiteles de antigua forma y pura

degeneración bizantina, que vuelve á acercarse á la arquitectura

hispano-mahometana del siglo XII. Son notables estas columnas, que

debieron traerse aquí de otros edificios más antiguos, y que marcan bien

una transición en el gusto árabe, tendiendo á regularizar la forma

cúbica que se determinó francamente en los capiteles del Patio de los

Leones. Las inscripciones de los del corredor alto, donde hay dos muy

bellos de colgantes, son las leyendas sura 11, vers. 90 y la 65, vers.

3.º.

En la bóveda, bajo la torre de Comareh, hay dos estatuas[136] y un

medallón que representa la fábula de Júpiter y Leda. Las tres

esculturas son menos que medianas, y de un interesante trabajo

presentado el año último á la Comisión de Monumentos, resulta: que estas

tres esculturas y las del altar de la capilla que luego describiremos,

debieron ser parte de las piezas de una chimenea que se adquirió para el

palacio á mediados del siglo XVI[137].

El pueblo, dado siempre á lo maravilloso, ha creído hallar tesoros en

las ruínas de los monumentos árabes. La rebelión de los moriscos, las

persecuciones crueles que sufrieron, la expulsión horrible que luego los

exterminó, han proporcionado el hallazgo de muchas alhajas, libros,

amuletos y monedas que han hecho la suerte de algunas familias; pero

esto, que se encontraba fácilmente en los pueblos, aldeas y caseríos, no

se halló jamás en los palacios reales, porque los reyes salieron de

ellos llevando consigo cuanto poseían. Los vasos llenos de oro, las

arcas de hierro y cuanto se ha querido suponer hallado en este sitio, es

una torpe invención, porque las estatuas no pueden ser del tiempo de los

árabes, y por consiguiente la escritura mahometana que reveló el secreto

del tesoro no podía referirse á ellas.

Todos estos subterráneos son los viaductos de circunvalación que

comunicaban todas las torres de la Alhambra.

Peinador de la Reina y Mihráb de los musulmanes.

Desde él se descubre un hermoso panorama: el Albaicín, ciudad antigua;

las murallas árabes construídas á expensas del obispo D. Gonzalo; las

casas bajas del barrio del Hajariz; el Seminario de San Cecilio, lugar

de recuerdos piadosos; los amenísimos cármenes[138]; la ermita de San

Miguel sobre el fuerte del Aceituno, sitio en el cual los mozárabes

veneraron esta imagen desde el tiempo de la invasión; la Alcazaba vieja,

últimos edificios más elevados sobre la montaña, primera residencia de

los zeiritas y también de los primeros walíes trasladados de Illiberis;

el Generalife sobre el collado de la derecha, parte velado por la

inmediata torre de las Damas, descrita por Argote[139], y en el fondo de

esta bellísima comarca corre el Salom (hoy Darro) que, como decia

Mármol, viene de la montaña de los mirtos y dan oro sus arenas, hasta

mezclarse con el caudaloso Singilo ó Genil, antes de recorrer juntos la

deliciosa llanura de Granada.

Esta torre ó alminar no estaba dispuesta en su origen como hoy la vemos.

El corredor que la circunda era entonces de aguzadas almenas; las nuevas

ventanitas, de alicatados tragaluces, y bajo el suelo que hoy tiene se

halla el pequeño templete que se elevó al sultán Abul Hachach en memoria

de su bienvenida[140]. Descubiertos sus lados por Oriente, en él

esperaban los emires la venida del sol, y en su aislado recinto

murmuraban el santo rezo de la mañana. La inscripción de la techumbre y

la puerta, por bajo de la que hoy tiene la torre; las salutaciones y

versos koránicos sobre las columnas y cartelas de la sala baja; las

trazerías de acicafes en los zócalos (únicos ejemplares de todo el

edificio), demuestran harto bien el sublime objeto de la obra. Los

ajimeces, cerrados hoy con mezquinas ventanillas; las pinturas de estilo

pompeyano; el perfumador para las ropas de las damas cristianas; en fin,

todo ese conjunto de árabe y renacimiento arrojado aquí en desorden

extraño é incomprensible, han privado á este alminar de su primitivo

carácter y encanto.

He aquí sus inscripciones:

En la fachada:

«Al feliz arribo de Abu Abdallah, hijo de nuestro señor el príncipe de

los muslines Abul Hachach».

En la techumbre alta:

«La ayuda de Dios y una victoria grande para nuestro señor Abul Hachach,

príncipe de los muslines. Que sean magníficos sus triunfos».

Sobre la obra mahometana se hallan estampadas las huellas de los

pinceles italianos del renacimiento y, aunque maltratadas las paredes,

puede muy bien descubrirse la preciosa decoración de los rafaelescos

atribuídos á Julio Aquíles y Alejandro, pintores desconocidos en Italia,

pero que aquí aparecen como autores de un trabajo admirable en color,

delicadeza y dibujo, muy poco común. No hay duda sobre la autenticidad

de los citados autores, toda vez que hallamos un legajo del archivo de

la Alhambra, donde se ve que Pedro Machuca, director de las obras de las

casas reales, vieja y nueva, hace una tasación en favor del mencionado

Julio Aquíles, pintor de imaginería y grutesco, el año 1546, entre cuyas

partidas hay algunas referentes á las de la estufa, como se nombraba

entonces[141]; y otro legajo de aquel tiempo nos da á conocer que un tal

Alejandro, cuyo apellido no hemos podido descifrar, presentó cuenta al

conde de Tendilla reclamando el pago de pinturas hechas, año 1538; y es

muy rara la diferencia de fechas, á no ser que se refiriera á las de la

sala de las Frutas y sus paredes, que también estuvieron pintadas como

las demás, en tiempo de Carlos V.

Por otro lado hemos tenido ocasión de consultar con el Sr. Morelli[142]

sobre el mérito de estas obras y sobre la existencia del referido pintor

Julio Aquíles, y nos aseguró que no existió en Italia pintor notable de

este nombre en el siglo XVI á quien se pudieran atribuir tan bellísimos

ejemplares de ornamentación. Esta respetable opinión y lo poco explícito

de los datos que tenemos á la vista en las referidas cuentas, puesto que

no se tasan por el citado Machuca más de algunas de las pinturas que

aqui vemos y quedan sin tasar la mayor parte de las más delicadas y

hermosas, nos hace sospechar que algunos otros documentos debieron

extraviarse del archivo, donde tal vez se hallarían los nombres de otros

pintores.

Por desgracia, el afán que han tenido siempre los viajeros de dejar sus

nombres estampados en las paredes de los edificios que visitan, acabará

por destruir estos preciosos ornatos[143]. Las logias ó _lochas_ están

mejor conservadas, porque se hallan pintadas al óleo (á pesar de lo que

en contra se ha dicho); los cuadros de figuras se hallan más confusos,

porque han sido retocados al temple; y las hojas de acanto, los animales

fantásticos, las frutas y flores, la gracia, en fin, con que todo está

compuesto y extendido por la pared y alfréizares, distinguen esta obra

de todas las que se hicieron en España por aquellos tiempos.

Los cuadros que representan batallas y combates navales, que hay en el

primer aposento, no nos sorprenden por esa perspectiva _caballera_ de

los tiempos de Giotto y Cimabúe; pero su mal efecto está compensado por

la precisión de los detalles, que se distinguen perfectamente y que son

verdaderas miniaturas; así, en los galeones pueden verse los trajes de

marinos y soldados, y en el paisaje, la condición y género de los

edificios y baluartes.

Hasta recientemente[144] se ha ignorado el asunto de estos cuadros, y

hoy podemos asegurar que representan la empresa contra Túnez, que

acometió el emperador Carlos V, y que fué para él tan victoriosa en

aquellos momentos, como luego desgraciada. Efectivamente, aquella

notable expedición contra Barbaroja para salvar al Bey de Túnez, espantó

á toda Europa, creyéndose que con 400 buques y 40.000 combatientes, se

podría conquistar el África; y dice Ortiz de la Vega: «Carlos se hizo á

la vela y entró en el golfo de Túnez á 16 de Junio de 1535. Desde el

tiempo de los romanos, no había surcado aquellas aguas una tan fuerte y

numerosa escuadra».

Uno de los cuadros representa la salida de la escuadra, viento en popa,

del puerto de Barcelona, y otro la llegada al golfo que forman el Cabo

de Ras-Adar y el Cabo Farina, á mano izquierda el Zafrán y á la derecha

el de Cartago, notándose las ruínas de esta ínclita ciudad en casi todos

estos cuadros, que principalmente representan el fuerte de la Goleta y

la ensenada de Túnez.

En otro, se ve la lengua de tierra que cierra la entrada del golfo, en

la cual se dió el primer ataque para tomar la atalaya y torre del Agua,

y se percibe el orden de combate formado por las carabelas y galeones, y

el desembarco que se verificó muchas veces para tomar la posición. En

otro lado se ve el asalto á la Gaeta, que tan caro costó, notándose bien

las baterías, las formaciones de lanceros desembarcados, el incendio de

los baluartes y la entrega que hicieron los cautivos del principal de

ellos, que dió el triunfo al emperador, el cual fué tan caro y

sangriento, que sus soldados degollaron á la mayor parte de los

habitantes de Túnez, saquearon la ciudad, y por temor á Barbaroja

tuvieron que volverse á Italia, dejando expuestas á la venganza de éste

gran pirata las Baleares, para que fueran arrasadas por él.

Pacheco, en su _Arte de la Pintura_, y Palomino en sus biografías,

aseguran que fueron Julio y Alejandro los autores de estas pinturas y de

otras del palacio. En los tiempos de Juan de Udino no se citan tales

nombres, pero es lo cierto, que antes de 1533, se encontraba Aquíles en

Valladolid, nombrado por Alonso Berruguete para tasar un retablo, y que

luego vino á Granada con su mujer, y bautizó un hijo en Santa María de

la Alhambra[145] en 1545; por último, en 1624, con motivo de la venida

de Felipe IV á Granada, se restauraron muros y pinturas de estos

lugares, que se dice habían sufrido desperfectos por el incendio de la

casa del polvorista (1590), cuyas restauraciones se atribuyen á Raxis,

Pérez y Fuentes.

Sala de las Camas y baños.

En el patio del Estanque, y en el costado largo de la derecha, hay una

puertecita que se hallaba tapiada y nosotros hemos abierto, con una

escalera soterrada, del tiempo de los árabes que conduce directamente á

la sala de las Camas. Antes de bajar por ella se hallaba á la izquierda

un _megle_ ó pequeño aposento, con un pórtico de dos arcos apoyados

sobre una columna, cuyo notable capitel se encuentra hoy en el museo del

Alcázar, donde también existen algunos restos de azulejos cuadrados del

mismo sitio. La que describimos era la verdadera entrada de los baños,

cuya obra es también del tiempo de Abul Hachach, á la mitad del siglo

XIV. Se entra también á ellos por un embovedado que pasa debajo del

patio del estanque y comunica con el de la mezquita; y así lo hallamos

ya en las descripciones del año 1526, donde se dice que estaba en

comunicación con la sala de las Dos Hermanas y el harem; lo cual es

cierto, porque hemos hallado restos de escaleras inmediatas al último

cuarto de los baños.

La sala de las Camas tiene dos divanes y cuatro puertas; una especie de

tribuna ó corredor con antepechos; un cuarto _alhamí_, especie de morada

oculta de alguna favorita, y las tribunas donde se juntaban las

odaliscas á recitar las kasidas, y á cantar y tañer instrumentos de

cuerda, mientras pasaba el sultán las horas de reposo.

Sufrió modificaciones importantes desde muy antiguo, hasta la última del

año 1827, que le hizo perder un cuerpo más alto que tenía, guarnecido de

ventanas caladas. Nosotros la hallamos así el año de 1848. Importaba

mucho á nuestro juicio que este misterioso cuarto, quizá el de más

carácter oriental, no se acabase de perder, y en él puede decirse que

hicimos los primeros ensayos de restauración.

No era nuestro propósito llevar las restauraciones hasta el caso de

pintar y dorar con la exuberancia que lo hicieron los árabes; porque

sostenemos con respecto á la restauración de las obras de arte la

opinión, de conservarlas hasta donde sea humanamente posible, y después

que la obra se cae rota ó pulverizada, reponerla, cubriendo el hueco con

otra semejante, para que la nueva sujete á la antigua que se halla

expuesta á desaparecer también.

Esta teoría es aplicable en absoluto á los edificios, y puede admitir

modificaciones en la pintura y escultura; pero si se conduce bien,

prolongará la vida al monumento indefinidamente, sin que deje de notarse

lo que corresponde á cada época de restauración.

Parece á primera vista que hay cierta exageración de color que contrasta

mal con la suave entonación que da el tiempo á los edificios. Cuando se

visita la Alhambra se hallan decoraciones de color tan agradables y

dulces como la de la sala de las Dos Hermanas, los planos de las de

Comareh, y otras donde se ven tintas suaves y nacaradas que no hieren la

vista, porque han sido obra del tiempo. Los adornos mutilados, los

colores medio desprendidos, el oro empañado por los siglos, amasadas

las tintas por el polvo constante y la influencia atmosférica, han

cambiado el efecto primitivo del alcázar; pero los lienzos de pared que

han estado privados de luz y de aire muchos siglos, se han descubierto

hoy con toda su frescura é intensidad, y en ellos es donde se ve ese

colorido fuerte que resalta en esta sala, sin faltar á la verdad ni á su

carácter.

[Illustration: Salas de las Camas y Baños.]

La estructura de este cuarto está indicando que servía para desnudarse y

prepararse á la temperatura de las demás habitaciones donde ninguna

corriente de aire podía penetrar; la luz era recibida en él desde una

altura de doce metros á lo menos. Dos alcobas donde colocaban bordados

almadraques para reposar, nos seducen todavía; y por una puertecita que

hay en uno de los ángulos se ve la entrada á más estrechos y retirados

lugares, cuyo destino se adivina fácilmente.

El sistema de sostener los apoyos de los colgadizos con grandes cartelas

sobre los capiteles de las columnas, está aquí desarrollado más que en

ninguna parte y recuerda los patios de las casas marroquíes. El

pavimento es de _sofaisefa_ ó sea mosáicos vidriados, de los cuales

había muchos, y es un ejemplar hermoso con exacta distribución de

piececitas de colores. En la fuente hay algo que no es mahometano, y sí

moderno.

Pasamos por uno de los ángulos de la sala al departamento de baños,

cuyas paredes lisas y estucadas reemplazan con propiedad á un ornato

delicado; los pavimentos de mármoles y zócalos ataraceados de azulejos;

las atarjeas anchas para que por ellas se pierda el agua sobrante de las

purificaciones; las bóvedas sembradas de claraboyas que derraman la luz

y dan paso á los vapores de las termas artificiales; las pilas anchas y

rebajadas para los baños, dan idea del singular placer de la molicie

musulmana. En todos lados, pequeñas _alcancías_ para los surtidores de

agua caliente, donde colocaban las _amrunas_ y joyas arrancadas en ese

instante de delicioso abatimiento que proporciona el baño. Sobre la pila

que se conserva más adornada de labores marmóreas en el último aposento,

hay una inscripción, no traducida antes, que dice:

«Lo que sorprende ¿es antiguo ó moderno?»

«Cuando el león descansa en un lugar de bendición ¿quién puede decir que

está como él?»

«Y se aprestan á servir á su señor leales servidores».

«Y anuncian las cualidades de su nobleza y arrojo la más perfecta

indulgencia y generosidad».

«Preguntad á los hombres conocidos por su bravura si hay alguna que se

le asemeje. Suya es la abundancia y la generosidad».

«¿Quién puede igualarse á Abul Hachach, que existe siempre como

triunfante y glorioso conquistador»?

Hay otros cuartos ocultos y ruinosos que servían para preparar las

aguas, y templar los conductos por donde circulaba el aire caliente. En

uno de ellos se encontró en el año de 1623 una gran caldera de cobre

para aquel objeto, que desgraciadamente se apresuraron á vender.

Estos baños están construídos de pequeñas proporciones, y como se ve en

la planta, forman un paralelógramo en el cual se incluye el _Meslouk_,

que es lo que aquí se llama sala de las Camas, para desnudarse y reposar

antes y después del baño; los _liwan_, que son los nichos donde están

los reclinatorios para dormir, en los que los bañistas pasan la mayor

parte del tiempo conversando con las mujeres de su harem; en el centro

donde se halla la fuente, al parecer moderna, habría un pequeñito pilón

para lavados parciales, llamado el _Feskich_[146]; el estrecho paso

desde este aposento que atraviesa el _Biyt awwal_ ó retrete, conduce

pasando un pequeñito pilar á la sala llamada _Hararah_, en cuyos dos

lados y sobre el suelo inclinado, se tienden los bañistas á recibir las

frotaciones de las _tellak_ ó esclavas del baño; el _Hanefych_ ó cuarto

donde están las pilas para el agua templada, y por último, el cuarto de

los hornos, que como hemos dicho, calentaba el agua y el pavimento.

[Illustration: Pila árabe.]

El sultán siempre estaba servido por mujeres en estos sitios y hasta se

hacía traer la comida que tomaba en el primer aposento, donde le

desnudaban, le envolvían la cabeza y las caderas con paños muy blancos,

y le ponían chinelas de madera. En este estado y seguido de _tellak_ que

cada una le llevaba sus jarros y _almofares_ de latón con tohallas y

esponjas, le dirigían á la segunda estancia, en la que había una

temperatura que no bajaba de 45° Reaumur. El vapor se producía arrojando

agua sobre las losas de mármol, que calentaban suficientemente, en cuyo

estado atmosférico le frotaban con unos saquitos de crin las coyunturas,

haciendo rechinar sin dolor las diferentes articulaciones; después

enjabonaban todo el cuerpo, produciendo una grande espuma, que

desaparecía metiéndose en las pilas llenas de agua, ó arrojándose ésta

con platos en forma de conchas. Últimamente, lo envolvían en un

_tcherchef_ de algodón muy grueso, le cubrían la cabeza con una especie

de toca de seda, y lo conducían á la primera sala, donde, como hemos

referido, saboreaba largo tiempo los manjares en interminable

conversación.

Las antigüedades y el Archivo.

Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente · 第 17 / 25 段