Para venir á este hermoso aposento[102], hemos atravesado un pasadizo

angosto que desde pocos años existe abierto, y el cual no ofrece

grandeza de ninguna clase. Esta comunicación no era directa en la

antigüedad como es hoy; se hallaba interrumpida por todos lados, porque

desde ella todo este tercer edificio con su correspondiente alcaidía,

como ya hemos anunciado, constituía el harem, al cual se pasaba

únicamente por la puerta que hay á una de las extremidades de la sala

larga que sirve de vestíbulo al patio, y donde se hallan sus tres

grandes arcos de entrada.

Este patio se principió á construir en 1377 bajo la dirección de un

artífice árabe que trabajaba por primera vez en las reales obras de la

Alhambra: Aben Cencid[103] era su nombre y nosotros creemos que el

género de ornato que aplicó, diferente al del patio ya descrito, fué

hecho también por el artífice para las casas del Chapí y la llamada de

los Oidores, por ser aquél reproducido en los mismos modelos de este

patio. Hasta el año 1552[104] no se hizo aquí la primera obra importante

de conservación, y entonces se quitaron á los templetes ó anditos las

bóvedas exteriores de azulejos, con el objeto, según el informe de un

maestro de obras, de evitar las filtraciones que había y prevenir la

destrucción de las bóvedas interiores[105]. Entonces se compuso la

_yesería_; se repusieron techos podridos y se levantó toda la parte

antigua del alero.

En 1595 se formó expediente para hacer obras y cubrir muchas cúpulas que

estaban abandonadas; se repararon las tejas blancas y verdes que

existían todavía; se restauró un pavimento antiguo que estaba compuesto

de ladrillos cortados y azulejos, por dentro y fuera de las galerías,

(mostagueras), y se compusieron los _mocarbes_ de yesería que se habían

hundido[106]. En 1591 ocurrió el incendio de un polvorín en el inmediato

barrio de San Pedro, cuya detonación ocasionó muchos hundimientos en la

Alhambra[107], especialmente en la sala de entrada á este patio y en la

inmediata de Abencerrajes. Es de dicha época la construcción de un alero

de madera pobre y mezquino, el cual hemos principiado á restaurar en los

cuatro lados, copiando los restos hallados en el mismo paraje del

antiguo y rico que se destruyó.

En 1640 se reconoció por D. Antonio Guerrero el estado ruinoso del patio

y se hallaron desplomadas ya las columnas de los enclaustrados y de los

templetes. Por entonces estaban arrancados los mosáicos de todo el

basamento del patio, que dicen eran muy semejantes á los de la alberca.

Siguiendo este género de investigaciones sobre tan hermoso departamento,

retrocederemos al año 1553, en el cual se hicieron ladrillos vidriados

para las galerías por un tal Peñafiel, bajo la dirección de Francisco de

las Madezas, y datan de esta fecha la mayor parte de las armaduras que

han dado el aspecto de pobreza á los tejados que estamos restaurando.

En los dos miradores sobre las puertas de las dos salas de Abencerrajes

y Dos Hermanas, había menudas celosías cubriendo los tres arcos del

_mikkah_ ó balcón, donde se asomaban las mujeres del harem, que

habitaban pequeños cuartos distribuídos detrás de esa galería alta de

ventanitas redondas y enfiladas que hemos hecho abrir recientemente.

Desde el centro se ven las diferentes _kubbas_ ó cúpulas de las dos

citadas salas de la Ráuda, de la Justicia y las de los templetes, de las

cuales sólo una se ostenta hoy como pudieran estar en los tiempos

antiguos, porque el otro templete la perdió con motivo de las

filtraciones, y para salvar la bóveda interior considerada siempre de

mayor importancia.

Con efecto, en ninguna parte de este palacio hay techos más bellos ni

más difíciles de hacer que los que se contemplan dentro de estos

pabellones. Son unos _acicafes_ trazados sobre una superficie curva que

no es completamente esférica, y que por lo mismo ofrece inmensas

dificultades de distribución geométrica, que todas están salvadas de una

manera admirable. En esta clase de trabajos no ha habido quien mejore á

aquellos artífices. Dichas bóvedas así talladas y combinadas de miles de

pedazos, descansan sobre las pechinas que llenan los espacios

triangulares, hasta coger las cuatro _azuares_ ó paredes caladas, cuyos

arcos forman los elegantes kioskos.

La fuente del centro no se levantaba como hoy sobre apoyos descansando

en el lomo de los leones, sino que sentaba inmediatamente sobre ellos;

pues consta que en 1708 un tal Diego del Arco hizo la segunda taza y los

referidos apoyos, y que más tarde, en 1838, se hizo la pequeña pirámide

en que termina; siendo de todo punto evidente que esa taza de mármol

grande, llena de agua, y ceñida de una hermosa inscripción, servía para

las abluciones que tienen obligación de hacerse los mahometanos cuatro

veces al día.

Al contemplar esos doce leones que la inscripción ensalza como obras de

una expresión admirable, se notan las inspiraciones que el pueblo árabe

había recibido en las ruínas de Tesifon, Persépolis, Bostan y en la

antigua Persia. Así es que ni un paso adelantó en sus esculturas, antes

bien, son más amaneradas todavía que las de los bajo-relieves de Murgal,

donde se ven mónstruos y figuras humanas en actitud expresiva, con pelos

erizados, que á manera de escamas cubren sus cuerpos. Estos, como

aquellos mónstruos, tienen cierta rigidez en sus miembros, para darles

más forma arquitectural, según el uso á que se destinaban. Los pliegues

de la piel de sus vetustas cabezas semejan líneas simétricas que caen á

uno y otro lado de las fauces, cuyos dientes son como los de los toros

de Rustam, y sus melenas tan duras y tiesas como la de las cabezas de

los monolitos de Táuris.

Cuando empezamos la restauración de este edificio hallamos el

complemento de muchos de sus detalles, que pasaron desconocidos á los

que antes se habían ocupado del arte musulmán. No era fácil, sin duda,

fijar la forma de las cúpulas de los templetes, y el tamaño y adornos de

todo el alero, si no hubiéramos hallado bajo las mezquinas

restauraciones del siglo XVII los restos antiguos, sus dimensiones, su

asiento, y cuanto puede necesitarse para devolverles la primitiva forma.

No tuvo jardines ó alizares este patio como se supone, excepto desde los

años 1808 hasta 1846, en el que se hicieron arrancar por haber

perjudicado á los cimientos; y en tiempo de los árabes estaba todo él

embaldosado de mármol á grandes chapas[108] y mostagueras azules y

blancas en las galerías.

Debemos llamar la atención hacia la sala que hay antes de entrar en este

sitio, donde hemos levantado una corteza de yeso, bajo la cual habían

ocultado nuestros antepasados los arabescos de su decoración. Un techo

de la época de Felipe V, ha coronado la estancia en vez del de

colgantes que tenía, de los cuales conservamos algunos trozos para

reponer los antiguos[109].

Dijo el historiador Lafuente, que Alhamar el de Arjona fué el que mandó

construir este patio; pero las inscripciones que por todas partes tiene

labradas, comprueban que fué Abu Abdil-lah Alganí bil-lah, el conocido

por Mahomad V, que nació el 4 de Enero de 1338, y á cuyo sultán se

atribuyen las más importantes obras llevadas á cabo en el reino de

Granada. Ese mismo continuó las emprendidas por su padre, pero en época

de tal florecimiento, que se nota bien la diferencia del gusto entre el

_Mexuar_ y este Patio.

Dícese que en este sitio, uno de los más predilectos de la corte mora,

fué donde se hizo la jura del hijo de Mohamad, Abu Abdallah Jusef, en su

casamiento con la hermosa y celebrada Zahira, y se dieron comidas á la

usanza castellana, con presencia de embajadores cristianos de Castilla y

Francia.

No hay en las inscripciones de este departamento bastante interés para

anotarlas aquí, pues excepto las relativas al monarca citado, todas son

salutaciones conocidas, elogios al sultán y suras del libro sagrado.

Pero es de extraordinario mérito literario la que hay esculpida en el

borde de la pila de la fuente, la cual debemos reproducir para conocer

el lujo de hiperbólicas bellezas que ostentaba el monumento, y cita que

se hace en ellas de un jardín que existiría en los espacios que rodeaban

al edificio.

Hela aquí:

«Bendito sea el que concedió al iman Mohamad mansiones deleitosas, que

son por su belleza la gala de las mansiones».

«Sino, este es el jardín; en él hay obras tan peregrinas, que no ha

permitido Dios haya otra hermosura que pueda comparársele».

«Y estas figuradas perlas de trasparente claridad que engalanan los

bordes con una orla de aljófar».

«Líquida plata que corre entre las joyas y que no tiene semejante en

belleza por su blancura y trasparencia».

«Confúndense á la vista el agua y el mármol, y no sabemos cuál de los

dos es el que se desliza».

«¿No veis cómo el agua corre por los lados y sin embargo se oculta

después en la tierra?».

«A semejanza de un amante cuyos párpados están henchidos de lágrimas, y

que las oculta por miedo de un delator».

«¿Y que es en verdad sino una nube que derrama sobre los leones sus

corrientes?»

«Asemeja la mano del kalifa cuando aparece por la mañana derramando sus

dones sobre los leones de la guerra».

«¡Oh, tú que miras estos leones que acechan! El respeto (al kalifa) les

impide manifestar su enemistad».

«¡Oh, heredero de los Ansares, y no por línea trasversal, herencia de

grandeza con la cual despreciarás á los más encumbrados!»

«La paz de Dios sea contigo eternamente; multiplíquense tus placeres y

aflijas á tus enemigos».

* * * * *

Seguiremos por los cuartos más principales del palacio en el orden que

traemos, remitiendo al lector al plano de todo él, para que allí vea los

nombres é importancia de los pequeños y ruinosos pasadizos, que no

describimos minuciosamente.

Sala de los Abencerrajes[110].

Se entra á ella por una hermosa puerta de lacería primorosamente

labrada[111] y el nombre que se da á esta algórfia desde el siglo XV, se

funda en varias tradiciones más ó menos probables. Dícese que los

Abencerrajes constituían una tribu influyente por su valor, que poseía

palacios en la Alhambra y al pie de Sierra Nevada[112], la cual

favorecería la causa del último rey, perseguido por su padre Abul Hacen.

Este monarca se había enamorado de la Zoraya[113], y ocasionado la

separación de su legítima mujer la sultana Aixa. La favorita instigaba

al rey para que dejase degollar á los hijos de aquélla, hasta el punto,

que la sultana temió por la vida de éstos y los salvó descolgándolos con

las tocas de sus esclavas por la torre de Comareh, y huyendo con ellos á

Guadix, se puso al amparo de los Abencerrajes. El pueblo maldijo á

Hacen, y trajo de Guadix al hijo para colocarlo en el trono.

La versión de Pérez de Hita expone, que en la corte de Abu Abdil-lah

existían enemistades entre Zegríes y Abencerrajes. Un torneo habido en

la plaza de Bibarrambla dió á los primeros la victoria. Estas dos

familias se aborrecían, y un Zegrí acusó públicamente á los Abencerrajes

de estar en tratos con los cristianos enemigos, y á Hamet de tener

amores secretos con la reina. Enterado el rey, citó con engaños en una

sala de la Alhambra á los Abencerrajes, y los hizo degollar á todos. La

reina iba á ser quemada en una hoguera, y el día de la ejecución,

dícese, que aparecieron cuatro caballeros campeones de la calumniada,

que demostraron su inocencia en singular combate.

[Illustration: Sala de los Abencerrajes.]

Desde que se conoce la historia escrita por D. Hernando de Baeza

perdieron aquellas versiones su misterio. Según ésta, la Zoraya fué

traída muy joven á la Alhambra desde las cercanías de Cabra, donde había

sido cautiva. Creció en el Alcázar, y siendo hermosa, Muley Hacen la

distinguió hasta provocar los celos de la sultana Aixa; ésta temió por

la vida de sus hijos, y sacándolos del palacio por un ajimez de la torre

de Comareh, descolgándolos con las tocas blancas de las odaliscas, huyó

á Albaicín, donde estuvo ocho días hasta que partió para Guadix, dícese,

ayudada por los Abencerrajes. Hay detalles preciosos de aquella

tradición que el lector hallará en tan notable libro. Únicamente

recordaremos que la Zoraya vivió con el monarca, dominando el harem y

engalanada con las ricas joyas de la madre de Boabdil.

En tiempo del mismo Hernando de Baeza[114] se llamaba á este cuarto Sala

de la Sangre, y pocos años después de la reconquista contaban los

moriscos que los Abencerrajes, en número de 17, cuando iban por un

pasadizo oscuro que hay hoy tapiado, una esclava que estaba asomada á la

ventanita sobre la puerta del otro lado, les avisó que se volvieran y no

penetrasen adelante en el sitio donde iban á ser degollados. Todavía se

cree que están manchados los mármoles con la sangre de las

víctimas[115].

Es esta _Saha_ una de las más elegantes del palacio, alzándose en tres

cuerpos perfectamente proporcionados é iluminándose por diez y seis

ventanas caladas en los arranques de la hermosa bóveda de figura de

estrella, las cuales derraman una luz dulce y tranquila. Las alcobas que

espaciosas se abren á sus dos costados por medio de cuatro hermosos

arcos llenos de adornos azules y escarlatas, parece como que esperan los

dos lujosos divanes que han desaparecido, donde las mujeres pasaban

horas eternas de amorosa contemplación. Una fuente, que incansable

bullía hasta perder sus aguas en el patio inmediato; el rico brocado en

brillante relieve de su comarraxia; los caprichosos pebeteros[116] y

sus bazares en elegantes _hánias_, todo lo que falta en ella y lo que

con tanto encanto se mira hoy, daría á esta estancia un especial

colorido de seductora tristeza.

Las restauraciones del siglo XVI la dotaron de pintados del Renacimiento

en los techos de las alcobas y de algunos relieves en el primer cuerpo,

que se atribuyen al célebre Alonso Berruguete, sin dato alguno. Los

azulejos árabes desaparecieron á fin del siglo pasado, y á principios

del presente se volvió á restablecer este ornato con los que se

compraron del convento de la Cartuja, los cuales pertenecen al tiempo

del emperador Carlos V.

Se ha dicho que, á consecuencia de hundimientos causados por el incendio

del polvorín, esta sala fué reconstruída casi totalmente en el siglo

XVII, y esto no parece cierto porque sus muros son antiguos, sus labores

moriscas en las nueve décimas partes, y los arcos, que siempre son los

primeros detalles que padecen, se hallan perfectamente libres de

restauración[117].

Debemos citar con particular encomio el ornato de las enjutas de la

puerta de entrada como el más hermoso del estilo árabe, las archivoltas

de los grandes y pareados que hay en el interior para entrar en sus

alhamíes y los delicados _axarques_ hechos con azul en los abacos y

collarinos de los capiteles.

La forma de la cúpula es una estrella de ocho puntas, en cuyos ángulos

externos hay hornacinas que llenan los ocho triángulos encajados por

medio de otras cuatro más grandes en el cuadrado de la planta de la

sala. Por este medio se nota mirando hacia arriba que disposición tan

puramente geométrica ha servido para labrarla, y cómo hasta el más

menudo triángulo prismático de sus bóvedas está en perfecta consonancia

con las dimensiones totales, cuyo misterio de composición, hallado al

repetir tan complicadas trazerías, no se reveló á ninguno de los

artistas que publicaron antes los dibujos de la Alhambra.

El pasadizo que se cruza al penetrar en esta sala conduce por la derecha

á un corredor oscuro que terminaba en el vestíbulo del patio, por donde

pudieron entrar los Abencerrajes; aquí hay una escalera y un aljibe

bastante grande, que debió servir para el surtido de las aguas del

Alcázar, y encima un patio ruinoso con claustro y salitas, semejante en

su planta á otros muchos que se ven en Granada. No ha penetrado ninguna

restauración en este sitio, y por consiguiente, fuertes capas de cal y

yeso cubren la mayor parte de sus labores y letreros; tres arcos dan

entrada á otra salita, también horriblemente embadurnada, desde la cual

se pasaba por una puerta convertida hoy en ventana á otras habitaciones

que fueron destruídas para hacer el Palacio del emperador, todo lo cual

se ve bien claro por la continuidad que en este lado ofrecen los muros.

Desde este pequeñito palacio, que bien puede así llamarse, pasamos á uno

de los miradores del Patio de los Leones y á las galerías que eran

habitaciones de mujeres; y todos estos cuartos con el patio adjunto

inducen á creer que aquí existía otra puerta de los alcázares para

comunicarse quizá con la Gran Mezquita.

La Ráuda.

Nombre que significa verjel y cementerio de magnates, cuyo edificio

ocupaba antes un vasto jardín, extendiéndose por el Patio de los

Naranjos hasta la torre del Mihráb. En este espacio había algunos

edificios aislados, cuyos cimientos hemos visto con motivo de la obra

que se hizo en el patio, y que eran de época anterior al tiempo de

Mohamad V.

Al contemplar los ruinosos edificios que llevan el nombre de Ráuda,

choca el género de su arquitectura y la disposición de compartimentos

apenas relacionados con la Sala de los Abencerrajes; y causa más

sorpresa encontrar sus techumbres cambiando las formas exteriores y

produciendo tal confusión, que no se distingue la obra antigua, ni la

que puede atribuirse al siglo XVI, ni cuál es el destino de esta torre

que, á manera de las tumbas de los kalifas en Cairo, se alza aquí á

respetable altura. Su planta cuadrada, en cuyos lados hay cuatro

hermosos arcos de herradura de bellísimas proporciones; sus dilatados

paramentos con pintadas labores de ladrillos ó _almadrabas_; su cúpula

en forma de concha agallonada á semejanza de la Kiblah de Córdoba y

pintada de las mismas _sofeisifas_, con algunos adornitos rojos en las

enjutas; la alta _mikkah_ por donde recibía la luz, y el aislamiento de

este alminar sin muros adyacentes que lo subordinen á otras obras, nos

obliga á suponerle edificio tan antiguo al menos como las _Isnas_ de la

alcazaba Alhamrra.

Contábase por los moriscos de principios del siglo XVII que en el

_Beitalmenan_ ó sala se hallaron varias sepulturas de reyes moros, cuyos

nombres estaban en las inscripciones de unas lápidas que existían en la

Casa Real Vieja[118]; y que en una pila larga y angosta que hay en un

cuarto inmediato se lavaban los cuerpos muertos de dichos reyes antes de

envolverlos en los _cambux_ con que los ceñían para meterlos en las

sepulturas.

La Ráuda fué, pues, el panteón de los primeros sultanes de Granada antes

que se construyera el Patio de los Leones, y los sepulcros estarían

colocados encima del piso, de modo que fueron desbaratados por los

conquistadores á poco tiempo de su llegada.

Sala de Justicia.

Para describirla vamos á reproducir parte de lo que ya hemos dicho y

publicado con motivo de las pinturas, en la _Revista de España_.

Dice Hurtado de Mendoza que Bulhaxix halló la alquimia, y que gracias al

oro que hicieron por su medio pudieron embellecer los palacios, cercar

la ciudad con triple muralla y edificar la _Alhambra_ con sus muros de

oro y pedrerías. No es menester fabricar el oro ni hallar las perlas y

las amatistas en estos muros para creer que el efecto que debían

producir cuando se construyeron daba lugar á todo género de fantasías.

Vestigios de colores y oro hay por todas partes, y en la Sala de

Justicia lo conservan más ó menos todos los ornatos. Es una hermosa nave

de tres cúpulas principales más elevadas y cinco más pequeñas,

franqueada por tres elegantes puertas que comunican con el Patio de los

Leones. Otros tres arcos más esbeltos y clásicos se levantan en los

testeros principales de los tres departamentos cuadrados y dan luz á

tres _Kubbas_ ó alhamíes coronadas de techos embocinados donde, sobre

fondo de tafilete, se hallan pintadas las singulares obras de color y

dibujo que no han podido borrar cinco siglos de olvido y abandono. La

decoración _mocárabe_ de estos divanes nos recuerda algo de la catedral

de Córdoba en sus arcos apuntados y estrechos en los arranques. Fué sin

duda un tributo pagado por los alarifes de la Alhambra á los de aquella

gran mezquita. Los techos estalactíticos[119] fantasean las grutas de

filtraciones calcáreas en las estancias de estos pabellones, con sus

cúpulas sembradas de claraboyas, y sus anchos frisos ostentan los

escudos alhamares entre los cristianos motes de los reyes que

conquistaron tan afamadas obras.

[Illustration: Sala de Justicia.]

Desde 1496 estas notables _tarbeas_ que levantan airosas sus esbeltos

cupulinos, se denominaban ya _Sala del Tribunal_, _del Consejo_ y _de

los Retratos_, en las crónicas de Mendoza y de Pulgar, aceptadas por

Argote de Molina y Lozano. Pero autores modernos, fijándose en la

costumbre de los reyes mahometanos y de nuestros monarcas desde D. Pedro

hasta los Reyes Católicos, han establecido con suficientes datos el

hecho de que nunca la sala donde se administraba justicia se hallaba en

el fondo del harem, sino en las puertas de los castillos y casas de

reyes; y por consiguiente, el nombre dado á esta sala no podía tener por

fundamento ese destino, á no ser que bajo los nazaritas sirviera de

diván donde se reunían los magnates y _catibes_ á decretar los asuntos

de Estado. Tampoco debía llamarse _de los Retratos de los Reyes_, porque

ni se ven allí pintados todos los que se sucedieron en Granada antes del

año 1400, ni los colores de sus trajes, ni aleñas de sus barbas

coinciden con los distintivos que en sus blasones adoptaron, ni con los

trajes negros con franjas rojas, que usaron los primeros sultanes, ni

los bermejos con franjas negras que por regla general son usados por las

dinastías reinantes de los Abbasidas.

Difícil nos será alejar la creencia de que dichas pinturas no podían

haber sido hechas por artistas mahometanos, fundada en el texto de la

Sura, que prohibe á los descendientes de Agar imitar las formas

naturales y representarlas sobre mármoles y estucos; pero no lo es tanto

si se atiende á que los que labraron esculturas de hombres y animales, y

fundieron bronces como los que hemos visto[120], no podían haberse

impuesto el veto de no pintar lo que de mil maneras esculpían. De allí

la suposición de que algunos cautivos cristianos debieron ser los

autores de las tres obras, únicos que en aquella época ejercían la

profesión y pudieron interpretar el estilo gótico y romanesco de los

edificios que hay en ellas diseñados.

En el siglo XII se pintaban en Italia los torneos al estilo oriental

entre figuras grotescas de animales, para cubrir los muros de los

palacios; pero notándose en ellas cierta corrección de dibujo y deseo de

imitar lo natural de las actitudes y movimientos, que como arte son

obras superiores á las de la Alhambra, aun siendo aquéllas más antiguas.

En los libros de miniaturas del rey Módus, siglo XIII, hay unas cacerías

que también tienen este mismo carácter, con pájaros y jabalíes, en las

que los árboles, los caballos, los escuderos, están dispuestos como en

las pinturas de la bóveda de la derecha: difieren los arreos, pero los

jinetes van vestidos según éstos, de cota ceñida y capuchón á la usanza

de Gastón Febo en sus cacerías de jabalíes, donde se ven estos mismos

caballeros que parecen de madera, y que en verdad tienen más expresión;

lo mismo que los del manuscrito Lancelot en la escena de los caballeros

de la mesa redonda, del siglo XIV. Y las pinturas hechas por cristianos

con motivo del viaje de Carlos IV de Francia, que son de la misma época

¿no ofrecen una diferencia notable en el modo de plegar los paños, en

los cabellos y en las manos, de la tiesura y rigidez de miembros que se

nota en las figuras de estas bóvedas, donde no se ve más que la silueta

negra que forma el dibujo y los diversos colores que llenan los

espacios?

Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente · 第 15 / 25 段