Hasta 1829 continuó el abandono ó más bien el aprovechamiento injurioso

del edificio; pero desde esta época un gobernador especial más celoso de

los monumentos[77] desalojó de ellos á las gentes que los ocupaban, hizo

reformas, aunque de poco interés artístico, é inauguró los paseos de las

alamedas. En 1840, á consecuencia de una recomendación hecha á Doña

María Cristina de Borbón, entonces Regente del Reino, por algunos

viajeros ilustres, se emprendieron las primeras reparaciones en la parte

puramente de fortificación, hasta el año 1847 en que se hicieron las

restauraciones de los ornatos, que se hallaban cubiertos de cal y yeso,

mutilados y caídos de los muros por efecto de las humedades[78], los

cuales no se habían reparado antes por ignorarse el procedimiento de

ejecución con los moldes de arcilla y madera, cuyos trabajos han seguido

casi constantemente hasta el año 1869, en el cual volvieron á

emprenderse con mayores auxilios que el Gobierno remitió para tan

interesantes trabajos; siendo de notar que desde esta época se ha

logrado afirmar una gran parte ruinosa del edificio y se han quitado

infinidad de remiendos que la ignorancia había colocado sobre

inscripciones y arabescos, de los cuales aún quedan algunos. Por fin la

Alhambra, como monumento nacional, pasó del dominio de la Corona al del

Estado, que lo conserva como gloria de la patria y del arte.

[Illustration: Jarro árabe.]

[Illustration: PLANO DEL PALACIO ÁRABE DE LA ALHAMBRA,

con los descubrimientos hechos por DON RAFAEL CONTRERAS

_Es propiedad_ _Escala 1/666_]

EXPLICACIÓN DEL PLANO

Todo lo que está trazado en negro corresponde á las construcciones

hechas por los árabes, y lo que se ve rayado, pertenece á los edificios

que se han hecho desde la conquista de Granada hasta nuestros días.

Las líneas de puntos señaladas con el núm. 7, indican la parte del

palacio árabe que fué derribada para construir el de Carlos V.

1 Puerta moderna del palacio.

2 Patio de los Arrayanes.

3 Alhamíes y divanes del patio.

4 Aposentos, _alcobas_, donde habitaban los árabes.

5 Puerta que comunicaba con los cuartos que se destruyeron para

hacer el palacio de Carlos V.

6 Muro exterior de este palacio.

7 Línea que marca la porción destruída del palacio árabe.

8 Comunicación con el segundo palacio dedicado á harem.

9 Sala que se hundió y decoró de otro estilo, hoy en renovación.

10 Patio de los Leones.

11 Pasadizo á cuartos árabes ruinosos.

12 Un aljibe y un patio encima que comunicaba con lo derribado.

13 Puerta antigua de los Abencerrajes.

14 Sala de Abencerrajes.

15 Comunicación con la Ráuda.

16 Ráuda ó enterramento de algunos monarcas granadinos. (_Hoy

desmantelado_).

17 Patio de las Ceremonias.

18 Sala del Tribunal.

19 Sala de las Dos Hermanas.

20 Sala de los ajimeces.

21 Gabinete de Lindaraxa.

22 Patio moderno hecho con columnas antiguas. La taza superior de

la fuente es árabe.

23 Cuarto que habitó D. Felipe I y su esposa.

24 Pasadizos modernos.

25 Salas del tiempo del Emperador.

26 Puerta de la torre de Mihráb.

27 Corredor moderno.

28 Torre del Mihráb, modificada con pinturas italianas. (_Su

antigua planta está en el piso bajo_).

29 Corredores modernos.

30 Escaleras y cuarto ídem.

31 Patio de la Reja. (_Nunca fué prisión de Doña Juana_).

32 Sala del Tesoro. Son subterráneos de las salas altas.

33 Viaducto de entrada á los baños.

34 Sala de los divanes, destruída en 1610. (_Hoy restaurada_).

35 Retretes. (_Destruídos_).

36 Pila de desagüe.

37 Cuartos y sudederos.

38 Calorífero. (_Hoy destruído_).

39 Escalera antigua. (_En restauración_).

40 Sala de la Barca, con restauraciones del siglo XVI.

41 Escalera que conduce á las almenas.

42 Fábrica del siglo XVI rellenando los pasadizos.

43 Sala de Embajadores ó de Comareh.

44 Comunicaciones modernas.

45 Sala más antigua. Desde este número principia lo que

correspondía al palacio primitivo.

46 Santuario ó Mosala del palacio. Hoy cambiado completamente.

47 Galería antigua.

48 Torre de los Puñales.

49 Arcos de un patio destruído, (Machuca).

50 Sala-oratorio para los Reyes Católicos.

51 Patio de la mezquita.

52 Escalera moderna.

53 Sala de recepción, (Saha).

54 Pasadizos de la entrada principal.

55 Puerta de ingreso al patio.

56 Zaguan.

57 Portal antiguo con la entrada principal del palacio,

recientemente descubierta.

58 Edificios modernos.

59 Idem, ídem.

60 Foso que separaba el palacio del resto de la Alhambra.

61 Continuación de las murallas de la misma.

Patio de la Alberca.

Se nombró así en la mayor parte de los documentos oficiales, hasta fin

del siglo pasado, en el que ha vuelto á llamarse _de los Arrayanes_,

debido á las dos prolongadas mesas de esta planta que hay desde el

tiempo de los árabes á uno y otro lado del estanque, entre los cuales

descollaban algunos naranjos que fueron arrancados en 1548 y que se han

vuelto á plantar en nuestros días.

Como el viajero hoy no encuentra hábil la antigua entrada, se introduce

repentinamente en este hermoso patio ó _Saha_ cuyo aspecto lo supone de

pronto trasladado á los alcázares orientales.

[Illustration: Patio de la Alberca.]

Con efecto, en ningun otro género de arquitectura se idearon patios

semejantes, porque ni el de la gran Mezquita de Córdoba, ni los de

Sevilla y Sicilia tan modificados y hoy casi perdidos, ofrecen la

disposición de esta gran alberca coronada por decoraciones diferentes en

extensión y ornatos. Es necesario trasladarse á los países donde existe

la raza viva y dominante, para hallar algo que se le parezca; en cuyo

caso los detalles variarán forzosamente, y de aquí el especial, raro y

extraño golpe de vista que el espectador recibe al pisar sus espaciosas

galerías.

Este patio se denominaba antiguamente el _Mesuar_, y según el texto de

sus inscripciones, fué Mohamad V el que lo mandó construir, aquel Sultán

Abu-Abdil-lah, que reconquistó á Algeciras y favoreció la vuelta de los

Beni-Merines para que le ayudaran en las guerras contra los cristianos.

En el año de 1520 se hallaba guarnecido en toda su base con vistoso

mosáico, igual al que se conserva hoy en uno de sus costados. De los

arrayanes salía el agua que se derramaba sobre el estanque por numerosos

saltadores, según hemos podido ver en los restos de cañerías que en el

año 1840 se descubrieron. Algunos naranjos tapizaban los planos sin

adorno que hay en los largos costados. El pavimento era de _mostagueras_

vidriadas azules y blancas, formando una labor semejante á la que se ve

en los alhamíes de Abencerrajes, excepto bajo las galerías, donde se

hallaron siempre grandes losas de mármol blanco de tamaños diferentes á

manera de mantas extendidas, cuyas piedras se habían hecho traer, como

todas las del palacio, de las canteras de la Sierra de Filabres[79].

La forma clásica de este patio debe llamar la atención del arqueólogo,

porque en él halla detalles de la vida íntima del pueblo que lo

construyó. ¡Cuánta variedad de puertas hay en él abiertas; ¡cuántas

diversas decoraciones, unas más ostentosas, otras más sencillas,

guarnecen los paramentos de sus fachadas! Todo habla muy elocuentemente

de sus costumbres, del misterio y del lujo en que vivían. En el cuerpo

de la construcción se abren numerosas puertas de diversos tamaños, que

conducen á diferentes estancias, cuyo uso puede adivinarse sin entrar en

ellas. Preciosos divanes, estrechas garitas, pórticos suntuosos, y esos

dos elegantes claustros cuyos arcos realzados sobre prolongados

arranques, muy próximos en la curvatura al arco romano, descansan en

impostas de colgantes, que ciñen la escocia del capitel y se apoyan en

esas singulares columnas, las más robustas y hermosas del alcázar.

Puertas alicatadas semejantes á las que hemos restaurado en el centro de

la primera galería, cerraban los claros de las cuatro más elevadas

decoraciones que hay simétricas, mientras otras más pequeñas cubrían los

humildes arcos que dan paso á los estrechos pasadizos; y se observa en

los siete claros de ambas extremidades que el del centro está más

aperaltado que los otros para dejar menos espacio á los tímpanos que tan

primorosamente decoraban con arabescos traslúcidos en forma de rombos,

enlazados con relieves de cintas, hojas rayadas, conchas y piñas

informes, pero delicadas. De estas dos elegantes galerías, la del Sur

está superpuesta de dos cuerpos de diversa altura, el primero con siete

ventanas cerradas de celosías preciosamente combinadas, construídas cada

una de más de 1.500 piececitas torneadas y cubitos rectángulos, que

demuestran la ingeniosa paciencia de los obreros que á ellas se

dedicaban; en la del centro hay un ajimez. El más elevado cuerpo aparece

como un gran balcón ó galería descubierta (_menacir_) distribuída en los

mismos claros de fachada, desde la cual se goza la más hermosa

perspectiva de este patio. El arco que se ve en el centro del claustro

comunicaba con las habitaciones altas que fueron destruídas, y en los

años 1840 al 43 se colocó el antepecho de hierro que tan inoportunamente

vino á cambiar su antiguo carácter, cuya obra se ha reemplazado por un

tendido de celosías de madera, semejantes á los que se conservaban en

las casas del Chapiz y otros barrios moriscos de Granada. El claro del

centro, formado de cartelas, es una reminiscencia de la arquitectura

indiana despojada de los animales alegóricos; se ha dudado si sería

alguna restauración caprichosa, pero sus tallados de madera y letras

karmáticas están hechos por mano musulmana; y además, por más extrañas

que parezcan estas cartelas, tenemos ejemplares en Cairo, en Persia y en

todo el Oriente. Son preciosas las dos hornacinas de las extremidades de

esta galería, bastante desfiguradas hoy por falta de restauración.

El lado opuesto del patio no tiene más que el primer cuerpo, con un

grande arco de entrada á la sala de la Barca y salón de Embajadores. Sus

archivoltas son de proporciones tan armónicas, y sus columnas tan

admirablemente torneadas, que no tienen la más ligera imperfección. Los

capiteles de las dos del centro son los más bellos y mejor labrados que

hemos visto y de la más moderna traza de almocarves; sus delicados

adornos, pintados de azul y oro, la robustez del collarino, sin quitar

nada á la esbeltez de la forma, y las suaves curvas de las basas,

recuerdo de la línea gótica que se enrosca por el plinto cuadrado, hacen

de estos pilares los más preciosos objetos de arqueología mahometana.

Los cuatro alhamíes que hay á las cabeceras de estos dos hermosos

claustros, constituyen esos tranquilos lugares de reposo donde los

árabes pasaban la mayor parte del tiempo sobre almadraques de camocán,

forrados de aliceres de colores superpuestos y cosidos con hilo de oro,

formando cada color un dibujo diferente. Á falta hoy de ellos, recreamos

la vista en sus techos estalactíticos manchados todavía del brillante

azul lápiz-lázuli, que se halla tan prodigado en este alcázar; en los

restos de mosáicos muchas veces removidos; en la cornisa alminada donde

falta el bazar en que colocaban los vasos de barro encarnado, las armas

con empuñaduras esmaltadas y los candiles de bronce, y en los hermosos

arcos de sus fachadas con dobles curvaturas escéntricas y estrías de

media concha á manera de los agallones chinescos. Sobre ellos hay

recuadros guarnecidos de repetidos blasones que ostentan la fatídica

leyenda de «No hay más vencedor que Dios» y más alto todavía, entre los

planos apilastrados, unas pequeñas ventanas, mexuares, de los aposentos

encima construídos.

Hay dentro de estas mismas galerías, sobre una inscripción que citaremos

luego, planos poco armónicos en la actualidad y que han dado ocasión á

que supongan en ellos la existencia de pinturas semejantes á las que

Makrisi cita de los monumentos antiguos de Bagdad y Cairo, como

originarias de la Persia. Ibn Batuta refiere que en Granada habitaban

muchas familias persas, y de aquí deduce que estos paramentos estarían

pintados con escenas de sus guerras, fantasías de cuentos heróicos ó

amorosas aventuras, á la manera que el kalifa Bi-Ahkam Yllah hizo pintar

retratos de hombres célebres en su renombrado alcázar; y aunque según

Ibn Jaldum los árabes de Andalucía habían tomado la costumbre de pintar

figuras en las paredes, imitando á los cristianos, nosotros no hemos

hallado en dichos paramentos ningún vestigio de ellas. Creemos, por el

contrario, que aquí era sólo un medio de hacer más sencilla la

ornamentación para que descansara la vista del espectador, fatigada del

examen de tan finos detalles. El uso de las pinturas murales, atribuído

á los fatimitas, ha podido usarse en otros parajes que citaremos luego;

pero en este sitio sólo había una superficie estucada y brillante, de

color marfil, sobre la cual ponían tapices con telas recortadas.

La puerta de arco de herradura, sin semejante en todo el palacio, indica

por sí sola que fué siempre la antigua y única entrada á este patio de

la _Albehira_, visto detenidamente su dentellado y sus enjutas, recuerdo

positivo de los arabescos de Toledo; nada los asemeja en la Alhambra;

hay que buscar el adorno en los mismos motivos de la mezquita de

Córdoba. ¿Por qué, pues, este arco nos hace retroceder tres siglos, á lo

menos, en la historia del arte? Tiene, sin embargo, una relación de

continuidad, si entramos por él hasta llegar al patio de las dos puertas

cuadradas y del gran testero que describiremos. ¿No parece que todos

estos detalles pertenecieron á un período más remoto? Si no halláramos

en el arco central de la inmediata galería que da paso al _octuvan_,

llamado Sala de la Barca, otro arco de _almocarves_ con enjutas rellenas

de ese primitivo adorno de vástagos y piñas arrolladas en espirales,

ornatos que pueden llamarse primitivos, diríamos que la puerta antes

citada estaba ya hecha cuando se construyó este patio.

Se hallan diseminadas otras puertecillas simétricas que servían para

comunicar con escaleras que fueron destruídas, ó con pasadizos

interiores. Las que hay bajo las galerías tenían usos especiales para

las guardias y servidumbre, cuyas gentes jamás se servían de las

principales. Más de un escritor se ha metido á censurar estas

irregularidades aparentes, desconociendo el objeto social del arte; pero

el que se halle iniciado en la vida íntima del pueblo árabe, en sus

costumbres y en su religión, deducirá de la forma y atavío de estas

diversas decoraciones el destino de cada uno de los aposentos que

guarda.

Cuatro importantes restauraciones ha sufrido este patio: una en 1535 y

siguientes; otra en 1590; otra en 1691, y la última en 1860.

En la de 1535 se hizo la reforma de casi todo el alero de madera, la

composición de las cubiertas, con cuyo dato y otros que citaremos, no

titubeamos en admitir la existencia de las cubiertas vidriadas en todo

el palacio. También se compusieron hacia la misma fecha los festoneados

de tejas de colores que lo embellecían y las _jairas_ del patio por un

llamado Peñafiel, que tenía la fábrica en la Alhambra[80].

En los años siguientes[81] se levantó casi todo el alero de madera,

_albexares_, porque dice el aparejador Vega que estaban podridas sus

fardas y era preciso desmontar las armaduras de los almines, lo cual

prueba que esas dos grandes líneas de los costados de este patio podían

hallarse interrumpidas por _kubbas_ ó cúpulas de diversas formas.

Nosotros hemos hallado las _tabias_[82] antiguas interrumpidas, donde

asientan los kanes del alero con obra moderna.

[Illustration: Testero del Patio del Estanque.]

La restauración de 1590, por Miguel de Luna, se fijó principalmente en

la galería de los tres cuerpos y en toda su yesería; se repuso toda la

parte de azulejos por el maestro azulejero Antonio Tenorio[83],

fabricante en la misma Alhambra, según el sello hallado en algunos

tiestos del Secano, y se colocaron rejas de hierro rompiendo las

inscripciones.

En la del año 1691 se taparon muchas puertas del patio; se hizo una

armadura colosal y pesadísima sobre el claustro que arrima á la torre de

Comareh, la cual estuvo colocada hasta el año 1857, cubriendo toda la

sala de la Barca y cobijando las dos torres almenadas; también fué

embaldosado con una multitud de piedras blancas, procedentes de

inscripciones raspadas que habían servido á otros monumentos, las cuales

eran en número de 147, y formaban grandes pedazos, cuyos letreros fué

imposible descifrar[84].

En todo el siglo XVIII y principios del actual, ha perdido este patio la

mayor parte de sus azulejos, la puerta de la sala de la Barca y sus

_comarraxias_ ó yeserías moriscas y fué, por último, convertido su

estanque en lavadero público, y sus enclaustrados servían de taberna á

las gentes que todavía el año 1833 subían desde la población, para jugar

á los náipes, bajo sus bellísimos artesonados.

Los diversos períodos de las obras los hemos reconocido en el año 1850,

desde cuya fecha y sin descanso, hemos restaurado toda la galería del

lado Norte por la entrada á la torre de Comareh, en sus arabescos

desprendidos, que eran muchos; hemos construído cubiertas, restablecido

el sotabanco medio ruinoso, reparado las torres cuyos pavimentos quedan

aun como testimonio de los antiguos, y arrancado la enorme y pesada

techumbre ya citada, en cuyo paraje se restablecieron las almenas,

según los fragmentos que se han hallado en los rellenos de las obras

modernas. Su asiento indicado sobre la muralla de la pared vieja nos ha

dado la evidencia de este ornato, por otra parte visto en los patios de

la Mezquita de Córdoba. Hemos restaurado también los arcos de las

puertas pequeñas, que se hallaban destruídos, las impostas, frisos,

arranques, y sobre todo, la inscripción en doce versos sobre las

_almadrexas_[85] de las dos galerías, habiendo repuesto los ocho que se

perdieron y que hemos tomado del texto de Castillo[86], haciéndolos

reproducir en ambos lados con los mismos caracteres africanos y signos

diacríticos, con cuya restauración puede leerse hoy esta hermosa poesía,

metro tawil, la más interesante del sitio; las otras que hay esparcidas

entre los arabescos son salutaciones alkoránicas y alabanzas.

He aquí la traducción de aquélla:

«Bendito sea el que te concedió el mando de sus servidores y ensalzó por

tí el Islam cumplida y benéficamente».

«¡Cuántas veces te acercaste por la mañana á las ciudades de los

infieles y fuiste por la tarde árbitro de la vida de sus habitantes!»

«Les impusiste el yugo de los cautivos y amanecieron en tu puerta

construyendo los alcázares, como servidores tuyos».

«Conquistaste á Algeciras por fuerza de armas, y abriste al socorro[87]

una puerta que estaba cerrada».

«Y antes conquistaste veinte lugares é hiciste todas sus riquezas bienes

de tus ejércitos».

«Si á escoger se diese al Islam lo que más desea, ciertamente no

escojería, sino que vivieses y fueses salvo».

«Y verdaderamente resplandecen las flores de la grandeza en éste tu

asiento donde la mano de la liberalidad se contenta».

«Y sus retratos aparecen cada vez más claros como perlas compuestas ó

esmaltadas».

«Oh hijo de la excelsitud, de la fortaleza, de la generosidad, que

aventajas en altura á las estrellas, en su apogeo».

«Te has elevado en el horizonte del imperio con la clemencia, para

iluminar lo que estaba envuelto en las tinieblas de la tiranía».

«Has asegurado las débiles ramas del soplo de la brisa, y has impuesto

pavor á las estrellas en el centro del cielo».

«Pues si la luz de las estrellas es trémula, solo es por miedo, y si las

ramas del _ban_ se inclinan, es para dirigirte acciones de gracias».

En la reparación de las almatrayas de sus paredes, hacia 1829,

trastornaron algunas inscripciones de los cuadros de las puertas

grandes, cortándolas por medio para colocarlas de nuevo, lo cual tenemos

proyectado corregir con otros accesorios de la misma época.

La tradición, que cuando no se remonta á épocas muy lejanas, suele

revelar mejor que ciertos documentos la realidad de los hechos que se

buscan, en ninguna parte como en la Alhambra nos ha ayudado muchas veces

á descubrir testimonios de acontecimientos, que despreciaron como

patrañas los historiadores más notables.

Cuenta ésta, que la mayor parte de las escenas que desde Muley-Hacen

aceleraron la destrucción del reino de Granada, ocurrieron en este patio

y muy cerca de la puerta hoy restaurada que da paso á los subterráneos

del palacio de Carlos V. Que el titulado monarca el _Zagal_ se

lamentaba, á la vista del estanque, sentado bajo la citada galería y

rodeado de sus mujeres, de las desdichas que habían de sobrevenir á los

muslimes y se refería en sus quejas, á poesías atribuídas á los últimos

reyes, las cuales se recitaban en este mismo paraje[88] por una esclava

nombrada Marian.

Sin duda la puerta citada daba paso á un edificio que ya no existe, pero

cuyos vestigios lo atestiguan. El dorso del muro demuestra que había una

construcción de tres cuerpos de alzada, sin semejante en ningún otro

sitio del Alcázar, y en extensión á lo menos de 30 metros de largo por

15 de ancho en su parte media, y que contenía aposentos propios para las

más escondidas habitaciones, en las cuales vivían los reyes con más

comodidad durante el invierno que la que podía ofrecerles el resto del

Alcázar. De aquí procede que aquellas tradiciones sostengan desde el fin

del siglo XVI la existencia de dicho palacio de invierno, y que á las

últimas escenas en la morada de Boabdil y de las referidas canciones se

les haya asignado este sitio poético.

Por otro lado sabemos que un tal Juan de la Vega, el año 1524, contrató

el derribo de la parte quemada del palacio, junto á la entrada, incendio

atribuído á los soldados[89], y por consiguiente antes de la fecha en

que se principió el palacio del emperador; lo cual prueba que existía

esa parte de palacio destinada á invierno, según los relatos de los

moriscos, quedando á salvo la responsabilidad grave que pesaba sobre los

primeros artistas encargados de levantar la obra moderna, los cuales

probaron en diversas ocasiones el aprecio que les merecía la Casa Real

vieja, como llamaban al palacio árabe, conservándole su carácter, según

consta de los contratos y condiciones de aquellas obras. Nosotros hemos

visto además, reconociendo los cimientos del palacio del emperador,

restos de un muro que hace línea con el foso de la Sala de Abencerrajes,

el cual continúa hasta cerca de un pequeño aljibe antiguo colocado en el

patio redondo. Desde dicho muro hacia la mencionada casa vieja, el

terreno está cortado y lleno de escombros hasta llegar al nivel del

Patio del Estanque.

[Illustration: Sala de Embajadores.]

Sala de Embajadores y vestíbulo de la Barca.

Es la más espaciosa de la Alhambra, y la que ha sido más celebrada por

sus tradiciones. Hay en ella cierta grandeza en la que parece como que

los árabes se excedieron á sí mismos, dándole la magnitud de los

edificios romanos y la elevación de los góticos. Quizá á todo rigor no

haya en su conjunto más belleza que la que notamos en las de las Dos

Hermanas y de Abencerrajes, no obstante poseer una esplendidez

decorativa, un atrevimiento de construcción en el artesonado y una

distribución de líneas tan bien ordenada, que difícilmente se encuentra

en aquellas, donde si se quiere, la ornamentación es más fantástica y

risueña.

Por un arco de colgantes formados de dos festones casi rectos que se

cruzan en la clave, entramos en una pieza trasversal de forma elegante,

cuyas dos extremidades terminan en _mexuares_ facheados con hermosísimos

arcos de atarjas y hornacinas, apeados sobre cartelas ó ménsulas que á

su vez lo están en graciosas columnas apilastradas con filetes de

jáiras. Este arco de ingreso parece más propio del género bizantino en

el ornato de sus enjutas, compuesto de ramas de encina, y piñas

dibujadas á la usanza griega como las de los adornos germánicos del

siglo XI. Observando estas enjutas con cuidado, se hallará que no tienen

semejanza con las del arco grande de los claustros del patio ni con

otras de la Alhambra, á no ser con las de las puertas más antiguas del

palacio, que son del mismo género. Las impostas, entre letreros cúficos

y columnitas, ostentan mejor el estilo primitivo, y es difícil darse

razón de la causa de este accidente. Bajo las citadas impostas ó

arranques hay dos _hanias_ ó pequeñas _takas_ que los árabes colocaban

siempre á la entrada de las habitaciones y también á uno y otro lado de

los claros de ventanas y _menazires_; son de piedra de Macael bastante

trasparente, y están guarnecidas de inscripciones que dicen haberse

hecho esta obra en tiempo del fundador de la dinastía Abu Abdil-lah

Mohamad, primer descendiente de los nazaritas; y como están talladas en

la piedra, no es fácil que hayan sido cambiadas como al parecer se ha

hecho con otras labradas en el estuco. He aquí la traducción:

«Soy como el asiento engalanado de una esposa dotada de belleza y de

perfecciones».

«Mira este vaso, y conocerás la exacta verdad de mis palabras».

«Contempla con atención mi diadema: la encontrarás semejante á la

aureola de la luna llena».

«Ebn Nasr es el sol de este orbe en esplendor y belleza».

«Perpétuo sea en su elevado puesto, seguro de la hora del ocaso».

En el nicho de la izquierda:

Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente · 第 13 / 25 段