El culto mozárabe era: desde la mañana los maitines cantados por una

capilla bien pagada; los presbíteros y diáconos, á media mañana, medio

día y media tarde cantaban en coro las horas canónicas. La misa se

dividía en dos partes; en la primera se leía una profecía del Antiguo

Testamento, la epístola de San Pablo y una parte de los _Evangelios_; al

_Alleluya_ seguía el _Ofertorio_; para la segunda parte se mandaba salir

á los catecúmenos, y el celebrante vuelto al Occidente, mandaba al

pueblo que hiciese la conmemoración de los muertos; seguían los abrazos

de paz, y después de la consagración y de la comunión se daba la

bendición al pueblo. Se usaban las campanas, de las cuales se conserva

hoy una en el Museo Provincial, en la que se ve una inscripción que

claramente indica su época; se alumbraban con cera y vestían casullas

capas y frontales de lana ó seda bordadas de oro ó plata.

Existían además muchos monasterios durante el período de la dominación

árabe. Rara vez eran inquietados, tanto los frailes como las monjas, en

esta reclusión voluntaria. En un lugar cercano á Córdoba existía cuando

la conquista un convento de monjas, según los historiadores Morales y

Gómez Brabo. En el río Guadamelato había también un monasterio donde se

alimentaban de caza y pesca. San Eulogio eligió en la Sierra un

monasterio que se hizo célebre por sus innumerables mártires, hasta que

el Kalifa Mohammed mandó cerrarlo, por ser un centro de perturbación. A

la orilla del Guadalquivir existía el de San Cristóbal, mencionado por

los árabes;

[Illustration: Puerta gótica, Córdoba.]

había otros muchos que están citados y que ocupan los lugares más

solitarios. Generalmente los conventos de ambos sexos se situaban unos

cerca de otros, y los de monjas eran regidos por los abades; en unos y

otros se conservó el culto de la última iglesia goda, y la forma de los

edificios era sumamente sencilla; puertas cuadrangulares con sencillos

tímpanos, algunas veces arcos de herradura, cúpulas de emiciclo sobre

pechinas, algunas ventanas de doble arco gótico y árabe, y los

exteriores con planos y franjas de azulejos y ligeras molduras. Ya hemos

dicho que en los interiores empleaban algunas pinturas sagradas, un

poco menos imperfectas que las de las catacumbas.

No se puede visitar la Sierra de Córdoba sin hallar á cada paso una

tradición, un vestigio de aquellas famosas fundaciones, donde se enlazan

los más heróicos recuerdos de la Edad Media, grandes desgracias y

martirios padecidos ante la poderosa raza invasora. Recomendamos á obras

especiales el conocimiento de aquella lucha gigantesca entre los

sectarios de las dos creencias que se disputaban entonces el dominio del

mundo.

Antes de terminar en Córdoba debemos fijar una idea constante que

preside á los monumentos de los diversos pueblos de la tierra. En el

lugar mismo donde se halló el arte románico, toma después el árabe algo

de sus formas y decoración, lo mismo el gótico, que viene después del

árabe, se atavia con éste y atilda sus líneas con rombos y alixeres de

cintas y palmas; más tarde el renacimiento sufre la misma suerte,

cubriéndose de caprichosa imaginería y rebajando sus esqueletos. Esto se

nota en la Puerta de Páez, que arriba anotamos, y en la portada gótica

de gusto elegante y florido que apuntamos á continuación, como el mejor

ejemplar de Córdoba, en este estilo.

Enumeración de las Puertas, Palacios, Arrabales y Almunias que había en

Córdoba.

PUERTAS: de Sevilla, de la Alcazaba, de Badajoz, de Algeciras, de

Hierro, de Romanos, de Asada, de Zaragoza, del Artífice, del Alcázar, de

Talavera, de Amer, de Alkarchid, de la Alacaba, del Puente, de Coria,

del León, del Río, de los Judíos y de Ben Alder Chabar. Todas abiertas

en su cintura de murallas con multitud de Torres.

PALACIOS: el del Ejército, de la Rauda, del Almedina, Anahora, Jardines,

de Alhair, del Kalifa, de Azorur, Sid Abillahlla, Alfarasi y Anahora.

ARRABALES: el de los Judíos, del Palacio de Moqueit, del Baño de Elvira,

de las Tiendas, de Aljud, Ruzafa, Raccaquín, Rauda, de la Flor del

Presidio, de Xabalar, del Hornobaril, de la Ciudad Vieja, de Onsalema,

de Axafa, de la Mezquita de Masrul y de Alcahfa.

ALMUNIAS: de Asarux, Alhamería, Abdallah, Achib, Mogaira y Anahora.

Dos iglesias cristianas, la del Cautivo y la del Quemado entre la

población árabe.

CONSIDERACIONES

SOBRE LAS ARTES É INDUSTRIAS

Al considerar el aspecto de las habitaciones modernas en la generalidad

de los casos, y las comodidades que contienen, aun con el lujo y belleza

de los muebles y objetos de que nos servimos, se nota bien pronto que la

España del siglo XIX tiene mucho que envidiar á la España de la Edad

Media y del Renacimiento. Millares de edificios hay esparcidos en esas

antiguas capitales, conservando tan ricos detalles de su construcción y

tan bellas obras de ornato ámpliamente prodigadas, que su número excede

á las que en nuestro siglo se fabrican con descomunales proporciones.

Veamos los ejemplos en los techos de maderas embutidos y ensamblados que

contamos en Córdoba, Toledo, Granada, Sevilla y pueblos de menos

importancia, que no podrían hacerse hoy sin grandes dispendios.

Estudiemos lo que costarían los enclaustrados de labores de talla, los

mármoles de las ricas portadas y los guarnecidos de complicados

arabescos, greco-romanos, etc., y aunque todos estos detalles no servían

en verdad más que para decorar un patio, un andito y una sala con dos

alhamíes, que bastaban á la vida de aquellas gentes, la profusión con

que se hacían prueba un pasmoso adelanto en las artes. Una demostración

de lo culta é ilustrada de aquella sociedad, es que jamás se halla un

ornato, un detalle de madera, piedra y barro cocido, hecho por manos

torpes en el que se faltase á las reglas clásicas de la exactitud, de la

conveniencia, ni de la belleza, del modo cruel que se falta hoy con

menosprecio del buen sentido y de las leyes generales del buen gusto.

Verdad es que aquellos antepasados participaban del espíritu de la

civilización clásica, y es digno del más detenido estudio cuanto hacían

y fabricaban, siendo muy raras entre sus obras las señales de la

ignorancia, de la decadencia y de la miseria; mientras el arte florecía

y con él la sociedad elevaba el sentimiento de su fuerza y de su

prestigio. Veamos desapasionadamente si en la época en que vivimos hay

en el arte que nos es propio y característico este sentimiento práctico

de la belleza, que hace una necesidad imperiosa del lujo, y del

ejercicio de las obras ingeniosas del entendimiento humano. El arte hoy

no tiene conciencia de su misión y entonces la tenía; y entiéndase que

hablamos de nuestro país, porque bien admiramos el genio de otros

grandes pueblos civilizadores, que tienen su carácter y su vida

consecuente con un estado social que se explica y se razona. Entre ellos

hay lo que referimos de aquellas dominaciones que pasaron; la obra, el

libro, la industria, el monumento, la religión, la ciencia, todo obedece

á un principio levantado y progresivo, al buen sentido que adornó con

genio propio, pero nunca haciendo barbarismos, chocarrerías, formas ó

ideas insensatas, como se ven entre los pueblos que decaen ó viven sin

la conciencia de su valer.

La industria cerámica, por el estrecho contacto que tiene con las bellas

artes, merece una especial mención. Sin que olvidemos el gran desarrollo

que adquirió luego, ofrece en la época del Kalifato una patente

demostración de su existencia. Los pedazos de jarro de un metro de

altura, hallados en Córdoba, son de arcilla de color y con labores de

bajo relieve, en las que se nota el gusto de la primera época. En uno

hemos visto el bizantino con acantos y cabezas de bichos fabulosos, que

demuestra una época más rica en ideas y en tradiciones orientales.

Aquellos vasos no tienen esmaltes de los ricos colores que se vieron más

tarde; están cubiertos de verde y blanco, y muchos hay de barro solo,

aunque de forma elegante, muy parecida al vaso etrusco de la

decadencia. No se hallaba en ninguna parte de Europa tan adelantado el

trabajo de alfarería como en España. Si se coleccionan los tiestos de

jarros cordobeses y toledanos, de cuyos fragmentos se pueden hoy deducir

los pedazos que les faltan, se halla un adelanto marcadísimo que

continúa en los esmaltes dorados de Valencia y Málaga, y termina en la

combinación de colores y reflejo metálico espléndidamente aplicados en

los vasos fabricados hacia el siglo XIV: no podemos abrigar ninguna duda

sobre esto, cuando hemos visto escombros de alfarerías antiguas donde se

hallan fragmentos de este género de industria.

Bien puede deducirse que el desarrollo de tan interesante índustria fué

obra española; que los auxilios recibidos del conocimiento de las

propiedades colorantes de las tierras y sus fundentes, para producir sus

barnices opacos, la armonía, hasta de las medias tintas, no fué

descubrimiento posterior al siglo XV, sino que con suma habilidad un

tanto mecánica, se produjo en los jarros de la Alhambra con ese efecto

artístico que tanta sorpresa causó cuando Bernardo Pallissy hizo sus

primeros combinados esmaltes. Y aunque esta industria radicaba de los

Asirios y Egipcios, y era noble entre los Judíos como símbolo de la

potestad que hace del barro una forma ó cuerpo, sabido es que se perdió

en la ruína del imperio de Occidente, y su reaparición se debió á los

Árabes de España y de Mallorca.

Hacían con loza ordinaria candiles de diversas figuras, semejantes á los

que usaban los romanos; pero en ocasiones tenían lámparas de metal

labradas á buril ó á realce con preciosos arabescos finamente acabados,

de uno y de muchos mecheros, que colocaban unas veces en nichitos hechos

en la pared, y otras en lámparas de un platillo calado y tres cadenas de

donde pendía aquél[22], ó sobre un pie como nuestros candelabros, más ó

menos decorados y de bronce, ó dentro de un farol de metal ó maderas

con calados, y cristales ó telas trasparentes.

Tenemos á la vista fragmentos de jarros cuya composición artística no

desmerecen nada de la de los griegos, de los ricos y engalanados del

Renacimiento, de los de Beauvais del siglo XII, y en esbeltez ganan á

los antiguos de china japonesa que se conocieron en el continente á

mediados del siglo XV.

El trabajo de los mosáicos hechos de pequeñas piezas unidas formando una

superficie perfectamente plana que no ha llegado á imitarse en nuestros

días, constituyó una industria sin ejemplo, que al continuarse después

de la expulsión de los moriscos, se convirtió en hacer azulejos de labor

grosera sin ensambles ni finura. Las labores de tierra cocida, para

resistir la influencia atmosférica, se hacían por los árabes matizadas

de barnices de colores hermosos, que todavía se ven en las puertas de

las ciudades y palacios; y los ladrillos cortados para labrar las

fachadas buscando arcillas de diversos tonos, fueron siempre la obra más

ingeniosa y delicada con que ornaron todas sus construcciones.

En cuanto á la orfebrería de aquel primer período, es completamente

bizantina y superior al trabajo que se ve en las coronas de los monarcas

visigodos. En este arte, tan antiguo como el descubrimiento de los

preciosos metales que se encuentran puros en la naturaleza, se halla un

fiel reflejo de las obras más bellas del Imperio de Oriente. Con tal

base esta industria no podía menos de desarrollarse extraordinariamente,

y en Córdoba los tiradores de oro consiguieron antes de 1350, cuando la

Italia dió los experimentos provechosos sobre su tenacidad, hacer

planchas de un grano para cubrir 56 pulgadas cuadradas, é hilar delgados

alambres, con los que hacían preciosas filigranas, tan bellas como las

que hoy nos traen de Alemania, donde esta industria prospera más que en

parte alguna. Hemos visto ejemplares hallados en un sepulcro cerca de

Almería, semejantes á los que existen en el Museo Arqueológico Nacional:

son unas arracadas admirablemente hechas de hilo de oro, y collares del

mismo género; los brazaletes de realce con labores bizantinas é

inscripciones africanas, notándose en las planchas de cobre que se

hallaron en unas ruínas cerca de Granada el cincelado de letras y

adornos, y en un pebetero de plata y latón, incrustaciones rebatidas de

ambos metales, no inferiores á las que se hicieron en Italia cuatro

siglos después. La aplicación de los esmaltes sobre oro y plata aparece

especialmente en los tiempos de la dinastía Naserita; pues aunque en

Sevilla y Córdoba ya se conocían medios para combinar materias

cristalinas con los metales, existen después ejemplos de haber

incrustado pedacitos cuadrados y triangulares, á manera de ladrillos

finísimos de cristal ó piedras artificiales, en el fondo de los relieves

de plata ú oro, cuyo delicado trabajo no nos cansamos de admirar

todavía.

La espada que se conserva en Generalife tiene una preciosa empuñadura

con este trabajo, superior en nuestro juicio á otros que se pueden ver

en la Real Armería y en los museos extranjeros. El acero de sus armas,

de temple proverbial, no sólo trabajado en Toledo, sino en muchas

ciudades andaluzas, no se ha trabajado nunca mejor; y los cincelados

sobre esta dura materia de los cascos, almofares y capacetes, hebillas,

estribos, etc., que de vez en cuando se descubren, prueban bien los

adelantos de este difícil arte, ejecutado con menos elementos mecánicos

que los que hoy poseemos. La cerrajería nos ha dejado dos rarísimas

arcas de hierro para conservar caudales, que se encuentran en Granada,

las cuales ostentan un complicado sistema de cerradura tan difícil como

ingenioso. Sin los cilindros ni otros aparatos de la mecánica moderna,

estiraban chapas delgadas y tan uniformes de grueso como las hechas con

aquellos artefactos.

El bronce se fundía en piezas de bastante magnitud, haciendo esculturas

de grandes dimensiones, formas humanas y animales perfectamente

modelados. Hemos visto una sin repasar con las limas ni buriles, y con

la tersura de las mejores estatuas modernas, cuyo arte es sabido que

ofrece muchísimas dificultades de elaboración que no han llegado á

evitarse, para reproducir absolutamente la finura del modelo. Los

utensilios de este metal que se dedicaban á los usos ordinarios, están

por regla general bien vaciados, y en más de uno hemos visto

inscripciones con caracteres limpios y hermosos, alternando con labores

de hojas y espirales perfectamente fundidas.

Al mismo tiempo que en Sicilia se hiló en España la seda por los árabes;

pero con la diferencia de que los vestidos de las mujeres eran después

bordados de esta hebra, por el mismo precio que si los hubieran hecho de

hilo de plata. Aparece además, que el año 780 cambiaban los árabes de

España con los francos tejidos y bordados de seda que Carlomagno envió á

Offa como una demostración del progreso de aquella época; y que ya en el

Kalifato se cubrían los divanes con sedas listadas de diversos colores,

las mezclaban á la lana que se criaba finísima, y vendían las telas á

los cristianos, con las cuales se vestían éstos y las ostentaban como

objetos de lujo. Los corpiños y jubones de fustán con cinturones de

cuero labrado, bordados de colores y fileteados de oro, los caftanes de

seda, verdes, blancos ó encarnados, los caireles y el acamuz del mismo

tejido, eran parte de los hermosos trajes que desde el siglo XI se

usaron por todas las clases de la sociedad. Lo mísmo diremos de los

chamelotes que llevaban las mujeres, cubiertos de rica pasamanería de

seda, trenzas y bordados, y las tocas y mantos de lana y seda, cuyas

costumbres han llegado hasta nuestros días después de mil años.

Los muebles se construían con suma habilidad como obras de paciencia,

donde se prodigaba el embutido de nácar y concha con taraceas de metales

preciosos, hasta tal punto, que en algunos de ellos se empleaba uno ó

más años de manufactura prolija y delicada, si se quiere poco artística,

pero por demás ingeniosa, pues se han hallado algunos de ellos

compuestos de millones de piececitas combinadas, según los colores de su

materia, y si bien son demasiado lujosos por el tiempo que en ellos se

empleaba, los más modestos y económicos que hemos visto, superaban en la

forma á los que usan hoy las clases humildes de la sociedad. Laboreados

paños en los techos, albanecares de bien distribuídas ajaracas para los

nichos y reclinatorios no pueden mejorarse por la exactitud de sus

nudos y ataires amedinados, cuya clase de obra se usó hasta el siglo

XVII con notable perfección en los artesonados que se denominaban

_maomares_, y en una multitud de escritorios y cofres que pertenecen á

la época del Renacimiento, empleados en las oficinas de los cenobios

cristianos.

La aplicación de los cueros llamados tafiletes y cordobanes, por el

lugar de su procedencia, era muy común, tanto para el vestido como para

los arneses y asientos de los divanes, y España puede gloriarse de haber

heredado esta industria en tal perfección, que sus productos no se

vieron mejores ni á mayor altura en la exposición de Londres del año

1851, donde fueron premiados y atrajeron la admiración de las gentes.

Los finos punteados de admirable igualdad sobre labores superpuestas,

hechos á la mano y de un modo rudimentario, dan á estas obras un hermoso

aspecto, que se halla también en las monturas usadas en el siglo XVI, y

cuya labor pasó á otros pueblos que después la abandonaron. Se aplicaban

también á revestir las paredes, dándoles realce ó medio relieve y

dorando las superficies bajas, no de otro modo que se hacen hoy los

adornos en las pastas de los libros. Hemos hallado pedazos de estos

cueros, que revelaban una industria muy generalizada y sobresaliente.

Fabricaban papel de algodón y teñían los tejidos de brillantes colores,

tan permanentes, que los trapos y banderas de lana y seda hallados

recientemente en la Alpujarra conservan sus colores como si acabaran de

ser aplicados: hemos visto un _cambuj_ ó velo que debía ponerse sobre

los almadraques, el cual no pudo tejerse más que por los medios puestos

después en práctica en los Gobelinos. Por fin, la palma, la pita y el

esparto hilado, cubrían los suelos y zócalos de las casas más pobres, y

se hacían de estas plantas mil objetos útiles, mejor labrados que los

que hoy se ejecutan.

Los sastres, _alfayates_, abundaban en España como profesión lujosa,

enlazada íntimamente con los tejedores y mercaderes de telas; y como hoy

en Fez, se fabricaban los trajes hermosos que ponían á la venta en los

escaparates. Solamente pierde importancia este oficio por el criterio

del legislador que predicaba continuamente la modestia, hasta el punto

que, como dice Ben-Jaldum, existía la prescripción de purificarse

arrojando los vestidos cosidos y punteados, en cuyo trabajo tan notables

eran, y se les mandaba cubrirse el cuerpo de una tela que no tuviera

costuras, para evitar adornos, cuya recomendación obligó á los más

piadosos á envolver el cuerpo en una larga tela blanca ó rayada de diez

y veinte metros de largo.

Dicen autores musulmanes, cuyos escritos se han traducido en los últimos

veinte años á muchos idiomas, que fué tal el desarrollo que tomaron las

artes del librero, encuadernador y escribano, por ser las tres el medio

de difundir la civilización, que se dedicaban á ellas todas las clases

más ilustradas de la sociedad, llegando á ser noble el ejercicio de las

profesiones citadas; y tal estado de desarrollo alcanzaron, que llegó á

no bastar el pergamino que se preparaba, obligando su escasez á que

decretara Alfadi Yahya el uso obligatorio del papel, que entonces se

aplicaba muy poco. Y como parte técnica dió á la forma de los caracteres

de letra tal importancia, que los libros hallados en los desvanes de los

edificios ruinosos tienen una escritura tan perfecta, que es sólo

comparable á los tipos limados de la imprenta. Cítase á Bagdad como el

centro civilizador donde la escritura y tipos tomaron más sencillez,

alejándose de las formas primitivas que tuvieron en Cufa; pero

modificados en Egipto, donde perdieron algo de la claridad y belleza que

se les dió en Yrac, hasta que los árabes españoles ya independientes y

adoptando costumbres dulces y tranquilas, llenaron los aposentos de

libros, y con ingenio y buenas costumbres, como dice el docto

Cateb-El-Bagadi, se hicieron escritores y libreros, cuyo número en

Córdoba llegó á exceder de veinte mil.

Formaban como en el resto de Europa por aquel tiempo los constructores

de edificios, sociedades que guardaban sus secretos científicos y sus

trazerías geométricas para el exclusivo dominio de los afiliados en

estas artes, las cuales se utilizaban por los hombres más toscos y

atrasados, al lado de los más ingeniosos despreocupados é instruídos. De

aquí procedía el uso de unas mismas combinaciones y ornatos para

determinadas formas y medidas, y la razón de hallarse siempre arabescos

exclusivamente aplicados á las construcciones religiosas, á las

militares y á las del harem. Los arcos de herradura con las dovelas

resaltadas, se emplearon únicamente en los lugares destinados á la

oración, así como los mocárabes de colgantes no se pusieron nunca en las

aljamas andaluzas[23]. Preceptos todos que á semejanza de los sacerdotes

caldeos, explotadores también de estas artes, venían de una especie de

gremio masónico que enviaba sus artífices á diversos Estados, y que no

permitían otros usos y otras alegorías que las convenidas en sus

conciliábulos. Ellos, como otros muchos, cuando la construcción de las

famosas catedrales cubiertas de figuras emblemáticas y burlonas, se

excedieron también en España de los preceptos religiosos, pintando

murallas y labrando figuras, cuyas obras se ejecutaban por los mismos

alarifes como trabajos constructivos en imitación del arte asirio.

Esas sociedades poseían un caudal de trazados de ensambladuras para

techos; otro de comarraxias para las bóvedas, y de alicatados para sus

estucos, los cuales constituían su fortuna; por esta razón se distinguen

las labores hechas en los diferentes reinos, y no cabe confundir las

obras de los alcázares sevillanos con las de Toledo ó Granada[24] como

frecuentemente se verifica por los modernos escritores.

Es curioso lo que dice el notabilísimo escritor árabe Ben-Jaldum sobre

la manera de construir de los árabes en la generalidad de los casos;

pues en otros imitaron las sillerías y corte de piedras de los romanos,

en bóvedas y fuertes muros exteriores. He aquí el párrafo:

«El arte de edificar se divide en varios ramos, uno consiste en hacer

muros de piedra tallada, ó ladrillos cimentados con cal y arcilla[25]...

y otro consiste en formar muros con arcilla solamente. Se sirven para

esto de dos planchas de madera, cuya longitud varía según los usos

locales; pero en general son sus dimensiones de cuatro codos, y se

colocan sobre fundamentos ya preparados, espaciándolas según la anchura

que el artífice cree necesaria. Se sujetan por medio de travesaños de

madera fijados con cuerdas ó lías, se cierran las extremidades con otros

dos tableros más pequeños y se vierte dentro tierra y cal que se aprieta

con pequeños pilones hechos á propósito. Cuando la masa está bien

apretada se sigue añadiendo hasta llenar el hueco y que las partículas

formen un solo cuerpo duro é impenetrable; así se continúa, desarmando

la caja y llevándola á la línea inmediata ó superponiéndola..... Este

género de construcción se llama _tabia_ y _tauvab_ el que los fabrica.

»Los muros se revisten de cal desleída en agua con una ó dos semanas de

anticipación............... la cual se extiende con una llana hasta

incorporarla con la obra[26]. Para los techos se colocan maderos

labrados ó sin labrar, sobre los cuales se extienden la cal y tierra que

se aprieta con pisones...

»El ornato y embellecimiento de las casas constituye un ramo del arte.

Consiste en aplicar sobre el muro figuras en relieve hechas de yeso

cuajado con agua, el cual se vacia sobre un modelo dado, dispuesto con

punzones de fierro, y se acaban dándoles un bello y agradable pulimento.

También se revisten los muros de mármoles en planchas, ladrillos

vidriados, conchas y porcelanas.................. lo cual les da el

aspecto de un parterre adornado de flores...»

Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente · 第 5 / 25 段