D. Pedro interrumpió a su hijo con una carcajada y continuó la frase:

--Y que ella está enamorada de ti, y que la noche de la velada de San

Juan estuviste con ella en dulces coloquios hasta las dos de la mañana,

y que por ella buscaste un lance con el conde de Genazahar a quien has

roto la cabeza. Pues, hijo, bravo secreto me confías. No hay perro ni

gato en el lugar que no esté ya al corriente de todo. Lo único que

parecía posible ocultar era la duración del coloquio hasta las dos de la

mañana, pero unas gitanas buñoleras te vieron salir de la casa y no

pararon hasta contárselo a todo bicho viviente. Pepita, además, no

disimula cosa mayor; y hace bien, porque sería el disimulo de

Antequera... Desde que estás enfermo viene aquí Pepita dos veces al día,

y otras dos o tres veces envía a Antoñona a saber de tu salud, y si no

han entrado a verte, es porque yo me he opuesto para que no te

alborotes.

La turbación y el apuro de D. Luis subieron de punto cuando oyó contar a

su padre toda la historia en lacónico compendio.

--¡Qué sorpresa!--dijo--, ¡qué asombro habrá sido el de Vd.!

--Nada de sorpresa, ni de asombro, muchacho. En el lugar sólo se saben

las cosas hace cuatro días, y la verdad sea dicha, ha pasmado tu

transformación. ¡Miren el cógelas a tientas y mátalas callando, miren el

santurrón y el gatito muerto, exclaman las gentes, con lo que ha venido

a descolgarse! El padre vicario, sobre todo, se ha quedado turulato.

Todavía está haciéndose cruces, al considerar cuánto trabajaste en la

viña del Señor en la noche del 23 al 24, y cuán variados y diversos

fueron tus trabajos. Pero a mí no me cogieron las noticias de susto,

salvo tu herida. Los viejos sentimos crecer la yerba. No es fácil que

los pollos engañen a los recoveros.

--Es verdad: he querido engañar a Vd. ¡He sido un hipócrita!

--No seas tonto: no lo digo por motejarte. Lo digo para darme tono de

perspicaz. Pero hablemos con franqueza: mi jactancia es inmotivada. Yo

sé punto por punto el progreso de tus amores con Pepita, desde hace más

de dos meses; pero lo sé porque tu tío el deán, a quien escribías tus

impresiones, me lo ha participado todo. Oye la carta acusadora de tu

tío, y oye la contestación que le di, documento importantísimo de que he

guardado minuta.

Pepita Jiménez · 第 13 / 15 题