De vna carta que Lope de Aguirre enuio al gouernador Pablo Collado,
y de un esclauo que se huyo del canpo del Rrey al del traydor.
El propio dia que Aguirre entro en Baraquysimeto llego el capitan Pedro
Brauo de Molina con la jente que de Merida saco a la ciudad del Tocuyo,
donde hallo al gouernador Pablo Collado, sin ningun pensamiento de
hallarse presente en el canpo del Rrey; y an[502] algunos echaron fama
que tenia puestos sus desinios en rretirarse hacia el Nueuo Rreyno de
Granada, si Aguirre saliera con uitoria de Barquysimeto.
El capitan Pedro Brauo de Molina, viendo quan frio estaua el Gouernador
en yr aquella jornada, comenzole a persuadir y dezir lo mucho que
ynportaba hallarse el presente en el canpo de su Magestad, porque
rrepresentando como rrepresentaua la persona del Rrey, los soldados y
otros vecinos se animarian hazer lo que heran obligados, esperando quel,
como Gouernador, viendo lo que cada vno tajaua[503], se lo
gratifycaria; de mas de que no conuenia a su onor ni al cargo que tenia,
hazer lo contrario.
El Gouernador puso por escusa su enfermedad, diziendo que a causa della
no auia podido hazer mas, pero que, pues el capitan Pedro Brauo hera de
aquel parezer, que el se esforcaria a caminar e yria al canpo, y
juntamente con esto le rrindio las gracias del socorro que le daua; y
pareciendole que hera honvre de sufyciente juicio y autoridad para
rregir y governar vien la jente de su canpo, le nonbro luego por su
theniente general, asi en las cossas de la guerra como en las del
gouierno, y por capitan de a cauallo, y desto le dio muy vastante poder
y conduta. Los soldados del capitan Pedro Brauo no quysieran que su
capitan hazetara estos cargos ni que se metiera devajo de la uandera del
Gouernador, sino que, como capitan que uenia de otro distrito, se
estuviera por si, y con su uandera y jente hiciera lo que deuia; mas al
capitan le parecio que hera mas honrra y prouecho suyo y de sus soldados
azetar los cargos que el Gouernador le daba, y al fyn lo hizo asi, y con
ellos entendio durante el tienpo questuvo en el canpo, en seruir al Rrey
muy bien.
Demas desto ofrecio el Gouernador a los soldados que auian ydo en su
socorro con el capitan Brauo, que si tenia nezesidad de algunas cosas de
auio para sus soldados y criados que se lo dijese y lo proueheria,
algunos de los quales, mas por entender asta donde se entendia la
liueralidad del Gouernador que por aprouecharse de lo que les podia dar,
dijeron que les proueyesen de lo que auian menester y que hellos se
obligarian a pagarsselo, porque gratis no querian nada, sino en todo
seruir al Rrey y a ssu costa. El Gouernador les dijo que hera contento,
y luego mando a vn mercader que a cada soldado le diese para su auio vna
dozena de herraje, que son beinte y quatro herraduras con sus clauos, y
no mas, y con esto le parecio que hirian los soldados bien pertrechados
y a poca costa, los quales le rrindieron las gracias por el auio y no
quysieron rreceuir cosa alguna del, y quedaron con alguna ocassion de
pasatiempo o murmuracion de la largueza del Gouernador; y luego, el
propio dia, se partieron el Gouernador y el capitan Brauo y los demas
que de Merida avian salido, y otros que de otro pueblo llamado Trujillo,
de la propia Gouernacion, se auian juntado, que hirian por todos mas de
sesenta honbres, y caminando parte de la noche, el siguiente dia[504],
en amaneciendo, yendo caminando hazia donde estaua el general Gutierre
de la Peña, llego vn mensajero con vna carta que Lope de Aguirre screuia
al Gouernador, y deteniendose a uer lo que hen ella dezia, fue leida de
suerte que todos la entendieron, y lo que hen ella se contenia hera
esto:
«Muy magnifico señor: Entre otros papeles que de vuestra merced en este
pueblo se hallaron, estaua vna carta suya a mi dirigida, con mas
ofrecimientos y preanbulos que estrellas ay en el cielo; y para conmigo
y mis conpañeros no auia necesidad de que se tomase ese trauajo, pues se
yo asta donde llega su ciencia, y en lo que toca hazerme mercedes y
fauorezerme con el Rrey[505] fue superfluo lo que vuestra merced me
ofreze, porque bien se yo que su priuanza ni pujanza no llega al primer
nublado, y si el Rrey despaña ouiera de pasar por la lid que entre
vuestra merced y yo se hiciera, yo lo hazetara y aun diera a vuestra
merced las armas abentajadas; mas todos los tengo por ardides de los que
vsa con ellos[506] caualleros que ganaron y poblaron esta tierra para
que vuestra merced, con sus dos nominativos, les uiniese a rrouar su
sudor, con titulo de dezir que viene hazer justicia; y la justicia que
se le haze es ynquyrir como conquistaron la tierra, para por esta uia
hazelles guerra.
»La merced que de vuestra merced quiero, es que no curemos de tentarnos
las corazas, pues saue vuestra merced lo poco que hen ello puede ganar,
porque mis compañeros se an dado tan poco por sus perdones quanto es
rrazon, y tienen prosupuesto de uender las vidas muy vien bendidas.
»Yo no pretendo nada en esta tierra mas de que por mis dineros me
provean de algunas caualgaduras y de otras cosas, que, demas de pagallas
muy bien, rreseruara vuestra merced su Gouernacion y pueblos della de
artos daños que yo y mis conpañeros le haremos si por otra uia nos
quysieren lleuar, porque en las muestras que en la tierra emos uisto,
nos an puesto alas y espuelas para no detenernos hen ella; que por vnas
caperuzas o sonbreros y lanzas que por huir vnos soldados de vuestra
merced dejaron en el camino, emos uisto quan medrados estan los demas.
»Y boluiendo a la carta, no ay para que vuestra merced diga que andamos
fuera del seruicio del Rrey, porque pretender yo y mis conpañeros por
las armas hazer lo que hizieron nuestros antepasados, no es yr contra el
Rrey, porque al que nos hiziere las hobras ternemos por señor, y al que
no, no le conozemos; y asi a muchos dias que nos desnaturamos de España
y negamos al Rrey della, si alguna obligazion de seruille teniamos, y
asi hizimos nueuo Rrey, al qual obedecimos, y como uasallos de otro
señor vien podemos hazer guerra contra quyen emos jurado de hazella sin
yncurrir en ninguna nota de las que por halla se nos ponen; y
concluyendo en todo digo que como vuestra merced y sus rrepublicanos nos
hizieren la uezindad, que asi les haremos las hobras; y que si nos
buscaren, que aquy nos hallaran las manos en la masa, y mientras mas
ayna nos dieren el auio que le suplico me den, con mas breuedad nos
yremos desta tierra.
»No me ofrezco al seruicio de vuestra merced, porque lo terna por
fynxido ofrescimiento. Nuestro Señor, la muy magnifica persona de
vuestra merced &. Su servidor, _Lope de Aguirre_.»
Leyda esta carta, el Gouernador rrespondio a los questauan presentes:
«Pluuiera[507] a Dios que el subceso desta guerra se dejara entre mi y
Aguirre, que aunque el desgarra tan largo por su carta, yo hiciera con
el lo quel dize que hiciera conmigo, y a buen sseguro que nos quedaramos
con la uitoria. Mas, pues que Dios lo quiere asi, demosle gracias, que
nuestros pecados deuen ser causa de tanto mal, que asta aquy viniesen
alcanzarnos las centellas del Piru, y darnos estos desasosiegos, y
ponernos en aprieto»; y todo esto tan aconpañado de lagrimas, que pusso
admiracion a los questauan presentes en uer que[508] con quanto
sentimiento hablaua el Gouernador; y asi se murmuro largo esta
rrespuesta, lo qual sintio el Pablo Collado y despues se la pagaron
todos acauada la guerra.
Y caminando aquel dia, a ora de mediodia llegaron a donde estaua el
general Gutierre de la Peña con la demas jente, los quales, con la
llegada del capitan Brauo y de los demas que con el yban, rreciuieron
tanto animo y contento y alegria, que la duda que asta halli tenian de
la uitoria se les convirtio en vna muy cierta esperanza de auella, y se
tenian ya por tan vencedores como si tuuieran muerto al traidor.
El capitan Brauo, a fin de animar[509] la jente del Rrey y admedrentar
los contrarios, entro diziendo y publicando que en su pueblo, que hera
Merida, quedaua vn Oydor del Nueuo Rreyno con quinientos honbres, y que
el benia con hobra de ducientos soldados a entender los desinios del
Aguirre; y sucedio que luego, en aquel ynstante o aquella noche, se
huyo vn sclauo del propio canpo del Rrey a donde estaua Lope de Aguirre,
y le dijo que entonzes auia llegado vn capitan del Rreyno con ducientos
honbres, y que el los auia visto y traian muchos aderezos de guerra. El
Aguirre mostro no hazer caso de lo quel negro le dezia, pero sus
soldados lo creyeron, y luego se les cayeron las alas, y no las tenian
todas consigo, pareciendoles quera mucha jente la quel sclauo dezia, y
que no podrian dejar de ser muertos o desuaratados, y asi propusieron
muchos dellos den hallando oportunidad, huirse y pasarse al canpo del
Rrey, para gozar de los perdones que el Gouernador les daua.