CAPITULO OCHENTA Y SSEIS

De vna carta que Lope de Aguirre enuio al gouernador Pablo Collado,

y de un esclauo que se huyo del canpo del Rrey al del traydor.

El propio dia que Aguirre entro en Baraquysimeto llego el capitan Pedro

Brauo de Molina con la jente que de Merida saco a la ciudad del Tocuyo,

donde hallo al gouernador Pablo Collado, sin ningun pensamiento de

hallarse presente en el canpo del Rrey; y an[502] algunos echaron fama

que tenia puestos sus desinios en rretirarse hacia el Nueuo Rreyno de

Granada, si Aguirre saliera con uitoria de Barquysimeto.

El capitan Pedro Brauo de Molina, viendo quan frio estaua el Gouernador

en yr aquella jornada, comenzole a persuadir y dezir lo mucho que

ynportaba hallarse el presente en el canpo de su Magestad, porque

rrepresentando como rrepresentaua la persona del Rrey, los soldados y

otros vecinos se animarian hazer lo que heran obligados, esperando quel,

como Gouernador, viendo lo que cada vno tajaua[503], se lo

gratifycaria; de mas de que no conuenia a su onor ni al cargo que tenia,

hazer lo contrario.

El Gouernador puso por escusa su enfermedad, diziendo que a causa della

no auia podido hazer mas, pero que, pues el capitan Pedro Brauo hera de

aquel parezer, que el se esforcaria a caminar e yria al canpo, y

juntamente con esto le rrindio las gracias del socorro que le daua; y

pareciendole que hera honvre de sufyciente juicio y autoridad para

rregir y governar vien la jente de su canpo, le nonbro luego por su

theniente general, asi en las cossas de la guerra como en las del

gouierno, y por capitan de a cauallo, y desto le dio muy vastante poder

y conduta. Los soldados del capitan Pedro Brauo no quysieran que su

capitan hazetara estos cargos ni que se metiera devajo de la uandera del

Gouernador, sino que, como capitan que uenia de otro distrito, se

estuviera por si, y con su uandera y jente hiciera lo que deuia; mas al

capitan le parecio que hera mas honrra y prouecho suyo y de sus soldados

azetar los cargos que el Gouernador le daba, y al fyn lo hizo asi, y con

ellos entendio durante el tienpo questuvo en el canpo, en seruir al Rrey

muy bien.

Demas desto ofrecio el Gouernador a los soldados que auian ydo en su

socorro con el capitan Brauo, que si tenia nezesidad de algunas cosas de

auio para sus soldados y criados que se lo dijese y lo proueheria,

algunos de los quales, mas por entender asta donde se entendia la

liueralidad del Gouernador que por aprouecharse de lo que les podia dar,

dijeron que les proueyesen de lo que auian menester y que hellos se

obligarian a pagarsselo, porque gratis no querian nada, sino en todo

seruir al Rrey y a ssu costa. El Gouernador les dijo que hera contento,

y luego mando a vn mercader que a cada soldado le diese para su auio vna

dozena de herraje, que son beinte y quatro herraduras con sus clauos, y

no mas, y con esto le parecio que hirian los soldados bien pertrechados

y a poca costa, los quales le rrindieron las gracias por el auio y no

quysieron rreceuir cosa alguna del, y quedaron con alguna ocassion de

pasatiempo o murmuracion de la largueza del Gouernador; y luego, el

propio dia, se partieron el Gouernador y el capitan Brauo y los demas

que de Merida avian salido, y otros que de otro pueblo llamado Trujillo,

de la propia Gouernacion, se auian juntado, que hirian por todos mas de

sesenta honbres, y caminando parte de la noche, el siguiente dia[504],

en amaneciendo, yendo caminando hazia donde estaua el general Gutierre

de la Peña, llego vn mensajero con vna carta que Lope de Aguirre screuia

al Gouernador, y deteniendose a uer lo que hen ella dezia, fue leida de

suerte que todos la entendieron, y lo que hen ella se contenia hera

esto:

«Muy magnifico señor: Entre otros papeles que de vuestra merced en este

pueblo se hallaron, estaua vna carta suya a mi dirigida, con mas

ofrecimientos y preanbulos que estrellas ay en el cielo; y para conmigo

y mis conpañeros no auia necesidad de que se tomase ese trauajo, pues se

yo asta donde llega su ciencia, y en lo que toca hazerme mercedes y

fauorezerme con el Rrey[505] fue superfluo lo que vuestra merced me

ofreze, porque bien se yo que su priuanza ni pujanza no llega al primer

nublado, y si el Rrey despaña ouiera de pasar por la lid que entre

vuestra merced y yo se hiciera, yo lo hazetara y aun diera a vuestra

merced las armas abentajadas; mas todos los tengo por ardides de los que

vsa con ellos[506] caualleros que ganaron y poblaron esta tierra para

que vuestra merced, con sus dos nominativos, les uiniese a rrouar su

sudor, con titulo de dezir que viene hazer justicia; y la justicia que

se le haze es ynquyrir como conquistaron la tierra, para por esta uia

hazelles guerra.

»La merced que de vuestra merced quiero, es que no curemos de tentarnos

las corazas, pues saue vuestra merced lo poco que hen ello puede ganar,

porque mis compañeros se an dado tan poco por sus perdones quanto es

rrazon, y tienen prosupuesto de uender las vidas muy vien bendidas.

»Yo no pretendo nada en esta tierra mas de que por mis dineros me

provean de algunas caualgaduras y de otras cosas, que, demas de pagallas

muy bien, rreseruara vuestra merced su Gouernacion y pueblos della de

artos daños que yo y mis conpañeros le haremos si por otra uia nos

quysieren lleuar, porque en las muestras que en la tierra emos uisto,

nos an puesto alas y espuelas para no detenernos hen ella; que por vnas

caperuzas o sonbreros y lanzas que por huir vnos soldados de vuestra

merced dejaron en el camino, emos uisto quan medrados estan los demas.

»Y boluiendo a la carta, no ay para que vuestra merced diga que andamos

fuera del seruicio del Rrey, porque pretender yo y mis conpañeros por

las armas hazer lo que hizieron nuestros antepasados, no es yr contra el

Rrey, porque al que nos hiziere las hobras ternemos por señor, y al que

no, no le conozemos; y asi a muchos dias que nos desnaturamos de España

y negamos al Rrey della, si alguna obligazion de seruille teniamos, y

asi hizimos nueuo Rrey, al qual obedecimos, y como uasallos de otro

señor vien podemos hazer guerra contra quyen emos jurado de hazella sin

yncurrir en ninguna nota de las que por halla se nos ponen; y

concluyendo en todo digo que como vuestra merced y sus rrepublicanos nos

hizieren la uezindad, que asi les haremos las hobras; y que si nos

buscaren, que aquy nos hallaran las manos en la masa, y mientras mas

ayna nos dieren el auio que le suplico me den, con mas breuedad nos

yremos desta tierra.

»No me ofrezco al seruicio de vuestra merced, porque lo terna por

fynxido ofrescimiento. Nuestro Señor, la muy magnifica persona de

vuestra merced &. Su servidor, _Lope de Aguirre_.»

Leyda esta carta, el Gouernador rrespondio a los questauan presentes:

«Pluuiera[507] a Dios que el subceso desta guerra se dejara entre mi y

Aguirre, que aunque el desgarra tan largo por su carta, yo hiciera con

el lo quel dize que hiciera conmigo, y a buen sseguro que nos quedaramos

con la uitoria. Mas, pues que Dios lo quiere asi, demosle gracias, que

nuestros pecados deuen ser causa de tanto mal, que asta aquy viniesen

alcanzarnos las centellas del Piru, y darnos estos desasosiegos, y

ponernos en aprieto»; y todo esto tan aconpañado de lagrimas, que pusso

admiracion a los questauan presentes en uer que[508] con quanto

sentimiento hablaua el Gouernador; y asi se murmuro largo esta

rrespuesta, lo qual sintio el Pablo Collado y despues se la pagaron

todos acauada la guerra.

Y caminando aquel dia, a ora de mediodia llegaron a donde estaua el

general Gutierre de la Peña con la demas jente, los quales, con la

llegada del capitan Brauo y de los demas que con el yban, rreciuieron

tanto animo y contento y alegria, que la duda que asta halli tenian de

la uitoria se les convirtio en vna muy cierta esperanza de auella, y se

tenian ya por tan vencedores como si tuuieran muerto al traidor.

El capitan Brauo, a fin de animar[509] la jente del Rrey y admedrentar

los contrarios, entro diziendo y publicando que en su pueblo, que hera

Merida, quedaua vn Oydor del Nueuo Rreyno con quinientos honbres, y que

el benia con hobra de ducientos soldados a entender los desinios del

Aguirre; y sucedio que luego, en aquel ynstante o aquella noche, se

huyo vn sclauo del propio canpo del Rrey a donde estaua Lope de Aguirre,

y le dijo que entonzes auia llegado vn capitan del Rreyno con ducientos

honbres, y que el los auia visto y traian muchos aderezos de guerra. El

Aguirre mostro no hazer caso de lo quel negro le dezia, pero sus

soldados lo creyeron, y luego se les cayeron las alas, y no las tenian

todas consigo, pareciendoles quera mucha jente la quel sclauo dezia, y

que no podrian dejar de ser muertos o desuaratados, y asi propusieron

muchos dellos den hallando oportunidad, huirse y pasarse al canpo del

Rrey, para gozar de los perdones que el Gouernador les daua.

Historia de Venezuela, Tomo II · 第 144 / 273 题