XVIII

Todo Gobierno, al emitir su respectivo discurso de la Corona, bien

puede disculparse, como el aldeano de Molière:--Si digo siempre lo

mismo, es porque siempre es lo mismo; que si no fuera siempre lo mismo,

no diría siempre lo mismo.

Si los anteriores Gobiernos hubieran realizado todas las bellas y

grandes cosas prometidas en sus sendos discursos, nada quedaría por

realizar, ni siquiera por prometer, y holgaría un nuevo discurso de

discursos (revista de revistas).

Si de la vida dijo Shakespeare que era fastidiosa como un cuento oído

dos veces, ¿qué serán estos discursos tantas veces oídos? Así nos hemos

acostumbrado á oírlos con el más consecuente escepticismo, reflejo tal

vez del escepticismo que suele dictarlos.

En fin, como el escepticismo es puerta entornada, ¿por qué no hemos

de conceder á estos discursos siquiera la confianza que ponemos en la

lotería? Alguna vez puede tocar. No aspiremos al premio gordo.--El

programa ideal. ¿No es eso?--¡Si tocara una aproximación!

En lo que no cabe por esta vez escepticismo es en lo del «vigoroso

llamamiento al crédito». Esa es la eterna subida del vino: que nunca

mejora de calidad, aunque suba de precio.

Por si no bastaba con un discurso, hemos tenido dos: el de la Corona

y el de la coronilla, á cargo del jefe del partido conservador, muy

empeñado en llevar vela en este entierro, que bien puede serlo si no

hay á tiempo un capirotazo enérgico que apague esas velas y cirios que

ya han «deslucido» bastante.

Entre los dos discursos nos quedamos... con el Mensaje de la Asamblea

agrícola; de menor resonancia, pero de más sólida y aplicable doctrina.

* * * * *

Próximas á terminar las representaciones de Novelli en Lara, cerrados

muchos teatros de invierno--algunos más propios de verano por la

frescura de obras y artistas,--no queda en Madrid más espectáculo

atractivo que las sesiones del Congreso y alguna cómica, especial,

del Senado, que cuenta para el género con eminentes y acreditados

característicos.

Las distinguidas aficionadas al Parlamento, en todas sus

manifestaciones, particulares y públicas, ya tienen dónde pasar la

tarde y en dónde distraerse hasta el veraneo, retrasado, como siempre

por los deberes políticos de los maridos, padres, etc.

El elemento femenino ha de interesarse mucho en la actual legislatura.

Hay que evitar la condenación de más de cuatro amigos arriesgados en

alguna votación peligrosa. ¡Sería una lástima no poder encontrarse con

ellos en celestiales moradas, como ahora en las más elegantes casas,

por culpa de un proyecto de ley! Hay liberales muy simpáticos, y hasta

con dinero; el partido conservador no tiene monopolizadas estas dos

bellas cualidades para brillar en sociedad.

Yo sé que á estas horas hay quien eleva plegarias y hace ofrecimientos

por la salvación de algunos ministeriales. No teman las distinguidas

intercesoras; llegado el caso, todos han de salvarse, más que por

vuestra intercesión, por propia iniciativa, al grito dispersador de:

«¡Sálvese el que pueda!» No roguéis por ellos; rogad por vosotras y

por vuestros hijos, diremos parafraseando palabras de Jesús. Porque

si pudierais ver, como El, en lo venidero, veríais lo que mejor os

estaba y les estaba á todos para evitar mayores males. Verdad es que si

vosotras tuvierais inteligencia y cultura para comprender estas cosas,

hace mucho tiempo que estarían resueltos muchos problemas por sí solos.

* * * * *

El orgullo nacional de los franceses, irreductible, sobre todo

tratándose de su arte, se halla muy resignado con ver su París invadido

por toda clase de espectáculos extranjeros. Opera italiana, comedia

belga, baile ruso; sin contar innumerables artistas, autores y músicos

de diferentes nacionalidades repartidos por diferentes teatros.

A mal tiempo amable sonrisa, y ellos venden por generosa hospitalidad

lo que á regañadientes soportan. Claro es que los comediantes belgas

son una pobre gente sin pizca de _chic_, aunque sean más espontáneos

y naturales que los amaneradísimos actores franceses, apestantes á

Conservatorio y á Comedie Française; que Caruso no puede compararse

con los admirables tenores de la Gran Opera, con sus voces de gato

pisado... Sólo ante los bailarines rusos humillan su superioridad,

y eso porque, según ellos, todo su arte es de la más pura tradición

francesa.

Como espectáculo propio no han ofrecido, autores y actores franceses,

en estos últimos tiempos, nada más interesante que la pelotera entre

Bataille--el nombre obliga, y él se encarga de justificarlo--y la gran

Sarah, sólo comparable á la guardia napoleónica en lo de dar que hablar

hasta sucumbir.

En París, como en todas partes, se perecen por estos chismes teatrales.

Hasta que los Tribunales dieron la razón á Bataille, todo el mundo

estaba de su parte; en cuanto tuvo á la justicia por suya, consideraron

que ya tenía bastante, y todo el mundo se puso de parte de Sarah.

Cuando se atrevió á embargarla sus muebles y los ingresos de su

teatro... ¡no se diga! Los mayores enemigos de la actriz se aprestaron

á defenderla contra el autor. Se llegó á decir que Bataille había

insultado á Francia en la persona de Sarah.

Aquí, por fortuna, no se llevan á punta de embargo estas cosas de

teatro, que no valen la pena. Sólo sabemos de un empresario capaz de

embargar á sus autores; pero con el mayor cariño y sin dejar por eso

de representarles sus obras, para mejor garantía del embargo... Los

demás, todos buenas personas. Nos peleamos, hacemos las paces, nos

odiamos, volvemos á querernos; pero todo con la mayor modestia, sin

indemnizaciones y sin reclamos.

De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5) · 第 24 / 52 题