Las mujeres son, por lo general, conservadoras, muy respetuosas
con lo tradicional y establecido; pero cuando una mujer da en
revolucionaria... Nada menos que todo el sistema planetario nos ha
trastornado una distinguida dama, miss Craig, en interesantísima
conferencia dada en el Ateneo.
No era la flor que más se había presentado hasta ahora, en el ramo
de la sabiduría femenina, ésta de la astronomía. Bueno es que la
mujer se vaya poniendo en comunicación con el cielo de mejor modo que
con importunas plegarias petitorias. La aparición, mejor dicho, la
desaparición, y para nosotros ¡ay! despedida, sin beneficio, del cometa
de Halley, á más de su cola natural, se ha traído otra muy larga de
discusiones entre los astrónomos. A consecuencia de todas ellas, se
inicia el descrédito de algunas verdades, que ya habían durado lo
bastante, para obtener, sin que nadie pueda molestarse, su jubilación y
pase á la escala de reserva. Todo nuestro respeto para estas mentiras
de hoy, que fueron las verdades de ayer, y aprendamos por ellas á
respetar las mentiras de hoy, que tal vez sean las verdades de mañana.
Los estudios de miss Craig son muy serios y no deben tomarse á broma.
Sin llegar á las atrevidas afirmaciones de la conferenciante, otros
astrónomos de gran renombre han coincidido recientemente en negar
las teorías de Newton sobre las leyes de gravitación y de atracción
universales.
Por mi parte, celebraría mucho que se salieran con la suya; porque, con
todo el respeto á Newton, eso de que cuando uno cae, cae por atracción,
me pareció siempre una tontería. Es para escamarse el que á Newton se
le ocurriera viendo caer una manzana; desde los primeros días del mundo
la manzana fué siempre fruta ocasionada á funestas equivocaciones.
En este caso nada se ha perdido; todo es que los pobres muchachos
estudiantes del bachillerato tengan que aprenderse una nueva teoría...
hasta otra. Los licenciados y doctores pueden seguir sirviéndose de la
que estudiaron en sus libros. Más se ha adelantado en otras materias,
de aplicación más inmediata, y hay quien se anda en el Fuero Juzgo y
sus equivalentes.
Entre las afirmaciones de miss Craig, la más alarmante es la de que el
sol nos ha estado engañando miserablemente. La luz que nos alumbra no
es cosa suya. Yo no se cómo no habíamos caído antes en ello, cuando
en el Génesis se habla de la creación del sol y de las estrellas,
por una parte, y por otra se dice que la luz fué hecha. Con la nueva
explicación no hay, pues, que temer un nuevo conflicto entre la
Religión y la Ciencia. Más vale así; que bastantes hemos tenido, sin
contar con los que esperan al Gobierno con la Nunciatura. Quedan, en
cambio, inservibles todos los embustes y ponderaciones:--¡Tan verdad
como el sol que nos alumbra!--Inservibles también una porción de odas y
de comparaciones. Pero ya verán ustedes cómo el sol continúa viviendo
del crédito durante mucho tiempo. Hasta en eso va á parecernos más
español: en vivir de las apariencias.
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Ríanse ustedes de imperiales cortejos en Roma, triunfos carnavalescos
de los Médicis en Florencia, tramoyas del Buen Retiro y pastorales de
Versalles. Todo es pobretería en parangón con la admirable _carrozada_
que nos han presentado. Menos mal que sólo estábamos la familia y los
amigos, como en función casera, y apenas había entre los espectadores
quien no tuviera en la cabalgata un pedazo de su corazón ó una prenda
de su guardatrapos.
¿Qué mal aficionado á representar comedias no habrá saludado con
emoción aquellas trusas y aquellas pelucas? La intención era buena;
pero ya sabemos que de buenas intenciones está pavimentado el infierno
y de peores debe estarlo Madrid, según el aspecto de sus calles.
Organizar una cabalgata, presentable á plena luz del día, es cosa
que requiere mucho dinero y mucho arte. Otro hubiera sido el efecto
amparándose de las sombras protectoras de la noche y al favorable
engaño de antorchas y bengalas. Sin contar con que las fiestas
nocturnas son más agradecidas; como que en ellas sí que puede
decirse que el espectáculo está en el espectador, mejor dicho, en la
espectadora, y lo que se ve es lo de menos. Hay función de fuegos
artificiales que no se olvida nunca, y bien sabe Dios que no es por
los cohetes. En todo festejo popular hay que atender á estas emociones
reconcentradas, por si fallan las exteriorizables.
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Con excepciones muy contadas, es tan general como deplorable la afición
de los buenos actores á representar malas comedias. ¡Lo que ellos gozan
entregándose en cuerpo y alma á la ingrata tarea de levantar muertos!
¡La de esperpentos dramáticos que gozan honores de obras inmortales
gracias á la interpretación de algún gran comediante!
Buena prueba es el repertorio que se ha traído Novelli, como para
examinar de paciencia á sus muchos admiradores. No hay idea de lo
satisfechos que se quedan algunos actores cuando el público sale del
teatro diciendo:--Todo muy malo, todo; pero ¡él! ¡El solo! ¡Sólo él!
El peligro de este inmoderado afán solitario está en que el público
se canse de decir:--¡El solo! ¡El solo!, y se decida á ponerlo en
práctica, dejándole solo en efecto. No merece otra cosa la vanidad de
algunos comediantes que llegan á creerse que ellos solos son una obra y
un teatro.
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Para tranquilizar á los cortadores de cupones, los más alarmados al
menor síntoma republicano--¡si habrá confianza en la cuadrilla!,--se
apresta D. Jaime á estrenar un caprichoso uniforme, regalo de sus
esperanzados creyentes. Es de suponer que al regalito acompañe su buen
paquete de alcanfor ó su naftalina. De airearse el uniforme habría
que convenir en que se habían apolillado otras muchas cosas. Que
hay polvareda es indudable. Confiemos en que el Sr. Canalejas sabrá
servirse del plumero propio y en ningún modo de los zorros que alguien
pueda ofrecerle; considere que la opinión está con la escoba levantada
y en alguna parte tal vez la tengan pajas arriba y detrás de la puerta,
como se usa entre supersticiosos para despedir visitas molestas.