XIX

Las mujeres son, por lo general, conservadoras, muy respetuosas

con lo tradicional y establecido; pero cuando una mujer da en

revolucionaria... Nada menos que todo el sistema planetario nos ha

trastornado una distinguida dama, miss Craig, en interesantísima

conferencia dada en el Ateneo.

No era la flor que más se había presentado hasta ahora, en el ramo

de la sabiduría femenina, ésta de la astronomía. Bueno es que la

mujer se vaya poniendo en comunicación con el cielo de mejor modo que

con importunas plegarias petitorias. La aparición, mejor dicho, la

desaparición, y para nosotros ¡ay! despedida, sin beneficio, del cometa

de Halley, á más de su cola natural, se ha traído otra muy larga de

discusiones entre los astrónomos. A consecuencia de todas ellas, se

inicia el descrédito de algunas verdades, que ya habían durado lo

bastante, para obtener, sin que nadie pueda molestarse, su jubilación y

pase á la escala de reserva. Todo nuestro respeto para estas mentiras

de hoy, que fueron las verdades de ayer, y aprendamos por ellas á

respetar las mentiras de hoy, que tal vez sean las verdades de mañana.

Los estudios de miss Craig son muy serios y no deben tomarse á broma.

Sin llegar á las atrevidas afirmaciones de la conferenciante, otros

astrónomos de gran renombre han coincidido recientemente en negar

las teorías de Newton sobre las leyes de gravitación y de atracción

universales.

Por mi parte, celebraría mucho que se salieran con la suya; porque, con

todo el respeto á Newton, eso de que cuando uno cae, cae por atracción,

me pareció siempre una tontería. Es para escamarse el que á Newton se

le ocurriera viendo caer una manzana; desde los primeros días del mundo

la manzana fué siempre fruta ocasionada á funestas equivocaciones.

En este caso nada se ha perdido; todo es que los pobres muchachos

estudiantes del bachillerato tengan que aprenderse una nueva teoría...

hasta otra. Los licenciados y doctores pueden seguir sirviéndose de la

que estudiaron en sus libros. Más se ha adelantado en otras materias,

de aplicación más inmediata, y hay quien se anda en el Fuero Juzgo y

sus equivalentes.

Entre las afirmaciones de miss Craig, la más alarmante es la de que el

sol nos ha estado engañando miserablemente. La luz que nos alumbra no

es cosa suya. Yo no se cómo no habíamos caído antes en ello, cuando

en el Génesis se habla de la creación del sol y de las estrellas,

por una parte, y por otra se dice que la luz fué hecha. Con la nueva

explicación no hay, pues, que temer un nuevo conflicto entre la

Religión y la Ciencia. Más vale así; que bastantes hemos tenido, sin

contar con los que esperan al Gobierno con la Nunciatura. Quedan, en

cambio, inservibles todos los embustes y ponderaciones:--¡Tan verdad

como el sol que nos alumbra!--Inservibles también una porción de odas y

de comparaciones. Pero ya verán ustedes cómo el sol continúa viviendo

del crédito durante mucho tiempo. Hasta en eso va á parecernos más

español: en vivir de las apariencias.

* * * * *

Ríanse ustedes de imperiales cortejos en Roma, triunfos carnavalescos

de los Médicis en Florencia, tramoyas del Buen Retiro y pastorales de

Versalles. Todo es pobretería en parangón con la admirable _carrozada_

que nos han presentado. Menos mal que sólo estábamos la familia y los

amigos, como en función casera, y apenas había entre los espectadores

quien no tuviera en la cabalgata un pedazo de su corazón ó una prenda

de su guardatrapos.

¿Qué mal aficionado á representar comedias no habrá saludado con

emoción aquellas trusas y aquellas pelucas? La intención era buena;

pero ya sabemos que de buenas intenciones está pavimentado el infierno

y de peores debe estarlo Madrid, según el aspecto de sus calles.

Organizar una cabalgata, presentable á plena luz del día, es cosa

que requiere mucho dinero y mucho arte. Otro hubiera sido el efecto

amparándose de las sombras protectoras de la noche y al favorable

engaño de antorchas y bengalas. Sin contar con que las fiestas

nocturnas son más agradecidas; como que en ellas sí que puede

decirse que el espectáculo está en el espectador, mejor dicho, en la

espectadora, y lo que se ve es lo de menos. Hay función de fuegos

artificiales que no se olvida nunca, y bien sabe Dios que no es por

los cohetes. En todo festejo popular hay que atender á estas emociones

reconcentradas, por si fallan las exteriorizables.

* * * * *

Con excepciones muy contadas, es tan general como deplorable la afición

de los buenos actores á representar malas comedias. ¡Lo que ellos gozan

entregándose en cuerpo y alma á la ingrata tarea de levantar muertos!

¡La de esperpentos dramáticos que gozan honores de obras inmortales

gracias á la interpretación de algún gran comediante!

Buena prueba es el repertorio que se ha traído Novelli, como para

examinar de paciencia á sus muchos admiradores. No hay idea de lo

satisfechos que se quedan algunos actores cuando el público sale del

teatro diciendo:--Todo muy malo, todo; pero ¡él! ¡El solo! ¡Sólo él!

El peligro de este inmoderado afán solitario está en que el público

se canse de decir:--¡El solo! ¡El solo!, y se decida á ponerlo en

práctica, dejándole solo en efecto. No merece otra cosa la vanidad de

algunos comediantes que llegan á creerse que ellos solos son una obra y

un teatro.

* * * * *

Para tranquilizar á los cortadores de cupones, los más alarmados al

menor síntoma republicano--¡si habrá confianza en la cuadrilla!,--se

apresta D. Jaime á estrenar un caprichoso uniforme, regalo de sus

esperanzados creyentes. Es de suponer que al regalito acompañe su buen

paquete de alcanfor ó su naftalina. De airearse el uniforme habría

que convenir en que se habían apolillado otras muchas cosas. Que

hay polvareda es indudable. Confiemos en que el Sr. Canalejas sabrá

servirse del plumero propio y en ningún modo de los zorros que alguien

pueda ofrecerle; considere que la opinión está con la escoba levantada

y en alguna parte tal vez la tengan pajas arriba y detrás de la puerta,

como se usa entre supersticiosos para despedir visitas molestas.

De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5) · 第 25 / 52 题