Salvo el género de tropelías, mudanza que los siglos van trayendo, pudo
compararse al difunto rey Eduardo VII con aquel otro rey de Inglaterra,
Enrique V, héroe de la batalla de Argincourt, protagonista en varios
dramas historiales de Shakespeare. Como el alegre y despreocupado amigo
de Falstaf y Pistol, supo ser, como rey en su día, muy otro que como
príncipe de Gales.
No podría decirse de él que fué el príncipe que todo lo aprendió en
los libros. Mucho aprendió en la vida, y no fué desaprovechada la
enseñanza. Una buena Prensa le prodiga elogios, que no le regateará
la Historia. Estímanse las virtudes de los grandes, y es justo que
así sea, por comparación con sus iguales; así no es de extrañar que,
con las cualidades que apenas librarían á un señor particular, en la
hora de su muerte, del piadoso comentario de alguna buena amiga: ¡Qué
descansada se habrá quedado la familia!, la Historia se dé por contenta
para proclamar: ¡Era un gran rey!
* * * * *
Si en la satisfacción del triunfo cabe siempre una gota de amargura,
¿habrá dejado de saborear su provechosa medicina el gran D. Benito
Pérez Galdós? ¿Cómo puede escapar á su observación lo fácil de una
carrera política y lo difícil de una carrera literaria? La primera
serie de sus _Episodios Nacionales_ y muchas de sus admirables novelas
llevaba publicadas don Benito y no podía contar con el número de
lectores con que, sólo en dos años de republicano, ha podido contar de
electores.
De lectores á electores hay una sola letra de diferencia; pero ¡qué
gran diferencia en números!
Y ¿cómo comparar el mérito de la labor literaria de toda una vida con
los merecimientos de dos años de republicano, aunque contemos como
literatura y como republicanismo el sinnúmero de cartas de adhesión á
todas las paellas tricolores, en torno á las cuales se haya reunido
siquiera media docena de republicanos?
¡Cuarenta mil votos! Una duda: de la primera novela que publique,
¿venderá tan fácilmente D. Benito 40.000 ejemplares?
* * * * *
Siempre que un Gobierno sale malparado de unas elecciones, le queda
el consuelo que á las mujeres feas y pobres: atribuir á su honradez
toda su desgracia. ¡Si yo hubiera sido como otras! ¡Esto me pasa á mí
por ser honrada! Ninguna dice: ¡Esto me pasa á mí por ser fea! Que
era el caso de la candidatura monárquica en Madrid. Claro es que ser
diputado por Madrid significa poco; aquí no hay mangoneo ni caciqueo.
Las grandes figuras de la política prefieren sus feudos provincianos.
Para Madrid quedan unos cuantos señores de buena voluntad y mejor fe,
dispuestos á gastarse muy buenos cuartos. Pero ¡ay! Madrid tiene otras
teclas que tocar que los distritos rurales. Aquí se fuma y se bebe todo
el año y no se le asusta á nadie con un apremio, ni con un recibo...
¿Será verdad que los electores monárquicos hayan andado despegadillos?
Como entre ellos hay gente de dinero y muchos tienen automóvil y el día
estaba bueno... Por eso, no será malo, para otra vez, confiar menos en
los electores y algo más en los elegibles.
* * * * *
Muchas personas de viso, de esas que se abstendrían, por comodidad ó
por abandono, de votar la candidatura monárquica, han andado en estos
días poco menos que á media asta con motivo del fallecimiento del rey
de Inglaterra. Bueno está vestir á la inglesa y vivir á la inglesa y
pagar á la inglesa, pero ¡entristecerse á la inglesa también! Mucho se
había divertido el noble difunto, pero no hasta el extremo de que tanta
y tan buena gente le llore como á un padre.
Los actores franceses son los que han tenido una ocasión más de
exhibirse. No hay uno que no haya sido gran amigo del rey Eduardo y no
tenga que contarnos alguna chispeante anécdota. A Febvre, ex socio de
la Comedia Francesa, le regaló un bastón; á Réjane, una sortija; Sarah
¡oh, Sarah! le reprendió una vez severamente porque se acercó á ella
sin quitarse el sombrero. Siempre fué el teatro la mejor escuela de
buena crianza. Pero todos están inconsolables. Le querían mucho.
Menos mal. Ya dijo Hamlet, príncipe muy aficionado al teatro, que más
nos valiera tener un mal epitafio que una mala reputación entre los
comediantes.