XII

Un distinguido escritor, al patrocinar también el debido homenaje al

maestro Chapí, lleva su escepticismo hasta dudar de la sinceridad de

mi admiración por el insigne músico; todo porque olvidé que en esta

temporada se había representado, por fin, _Margarita la Tornera_ en el

Teatro Real. Cuatro representaciones, después de tantos aplazamientos

y suspensiones, no son muchas, y nada tiene de particular que puedan

pasar inadvertidas para cualquiera, á poco preocupado ó distraído que

ande uno con sus particulares asuntos.

No soy yo tampoco muy amigo de asistir á representaciones de las

obras que admiro. Las representaciones son siempre peligrosas para la

admiración, y si esas representaciones son de óperas españolas y en

nuestro teatro Real, doblemente. Claro es que una obra musical no puede

ser admirada en su integridad, como una obra literaria, sin pasar

por la interpretación, más ó menos edificante. Pero, en este caso, es

preferible admirar y creer... por fe, ó, si la fe nos falta, aceptando

como buena la autoridad de los competentes. Después de todo, por fe ó

por autoridad, creemos en muchas cosas de más importancia: en materias

de Religión, de Ciencia, etc., etc.

Yo no me permitiría jamás dudar de la ciencia de un Ramón y Cajal,

aunque nunca haya asistido á sus experimentos. Me basta con que

personas de gran autoridad científica los den por buenos. ¿Estimaríamos

muchas cosas en el mundo si á cada una hubiéramos de aplicar la propia,

casi siempre ignorante, y muchas veces impertinente, investigación? El

propio juicio ¡es tan falible! y ¡tan variable! Cualquier alteración en

los humores, en la temperatura, en el bolsillo, basta á trastornarle.

¿De qué viven las grandes instituciones sociales más que de este

abandono del criterio individual al criterio social, única suma que

nunca es resultado de los sumandos?

Si la admiración nacional fuera la suma de admiraciones individuales,

¿habría español que fuera admirado? Si el catolicismo dependiera del

número de verdaderos católicos, ¿sería España el país católico por

excelencia? Aunque sea el país en que haya más _excelencias_ por

católicos.

* * * * *

Del criterio y de los gustos artísticos de nuestros empresarios puede

dar idea el que, obras como _Aguila de blasón_ y _Romance de lobos_,

las admirables tragedias bárbaras de Valle-Inclán, no hayan encontrado

todavía escenario en que puedan ser, no más admiradas, pero sí

admiradas por más, como debieran serlo.

Ahora, á fines de temporada--de lo bueno poco,--se nos ofrece _Cuento

de Abril_. Gentil ofrecimiento de la gentil actriz Matilde Moreno, que

nunca empleó mejor su estudio y su talento como en esta buena obra de

purificar el ambiente teatral con aires de poesía.

Es _Cuento de Abril_ todo poesía y arte verdaderos, no de esas

sobredoradas imitaciones que andan por ahí desacreditando el género.

Me aseguran que _Cuento de Abril_ pasó por otros teatros, en donde sólo

halló indiferencia ó extrañeza. Extrañeza lo comprendo, por lo raro

del caso. La indiferencia, ya es menos explicable. No hay razón para

lamentarse de la falta de obras y de autores, cuando se deja marchar

una obra como _Cuento de Abril_ y _Aguila de blasón_ y _Romance de

lobos_, ésta sin representarse.

* * * * *

¡Eterno vaivén de las cosas del mundo! El rompecabezas, el arrinconado

juguete de los tiempos de nuestra infancia, es ahora el juguete á la

moda, y no para niños, sino para mayores, y muy mayores, y en tertulias

de gran señorío y respetabilidad. Verdad es que el juguete viene ahora

de Inglaterra con el nombre de _Puzzles_.

Yo no sé si será muy divertido, ni de qué otra diversión podrá ser

pretexto; porque yo no me fío de estos juegos de sociedad, casi

siempre de carambola y por tabla. Parece que se divierten con una cosa

y es con otra.

Lo que sí sabré decir es que, este juego del rompecabezas, es de un

gran simbolismo. ¿Es otra la tarea de nuestra vida, que ésta de ir

juntando, para componer algo, los pedazos de nuestro corazón, de

nuestra inteligencia?

Los antiguos rompecabezas llevaban el modelo para facilitar la

composición; estos de ahora son imprevistos. Y hasta en eso se ve

cómo procuran simbolizar la vida moderna. Va uno juntando pedazos y

pedazos, sin saber si será una marina ó un paisaje, un apacible cuadro

de familia ó una terrible batalla, lo que al fin resulte. La sorpresa

es el mayor encanto. Así vivimos: juntando pedacitos de nuestra vida,

sin saber lo que será el cuadro de nuestra vida; sin modelo que pueda

orientarnos. Rompecabezas es el juguete: si ponemos en él toda nuestra

ilusión, bien pudiera llamarse ¡rompecorazones!

De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5) · 第 18 / 52 题