II

Parece ser que ahora va de veras: Madrid será agrandado y...

¿embellecido? Como en las casas cursis, tendremos sala y gabinete

decentemente amueblados, y lo demás ¿qué importa? Lo demás es para

vivir. Gran tocado y chico recado. Si la nueva Gran Vía y cuanto se

mejore y ensanche ha de verse tan mal barrido, tan mal pavimentado, tan

puerco como lo que ahora tenemos, más valiera dejarlo todo como está.

¿Pasan ustedes alguna vez por la calle del Barquillo? ¿Y por la de...?

¿Para qué enumerar? ¿Andan ustedes por esas calles? En las aceras no

hay losa en su sitio; el arroyo lo es de polvo y papeles y todo género

de suciedades; ir en coche es ir botando como pelota; ir á pie es ir

votando como ciudadano. El sistema de barrer las calles es para optar á

un premio en cualquier Exposición de higiene. ¡Y qué admirable orden

en la circulación! Carromatos con siete mulas de reata interceptan el

tránsito á cada paso. ¡Pobres traficantes, no es cosa de molestarles

con ordenanzas que fijen horas á propósito para sus acarreos! La

molestia libre en el Estado libre.

Bien está que aplaudamos todas las grandes iniciativas del alcalde y

del Municipio, pero entretanto tuvieran algunas pequeñas iniciativas...

Verdad es que la mayor parte de la gente vive tan á gusto. Las malas

casas les han acostumbrado á las malas calles. ¡Digo! Si las calles

fueran agradables... Como son, hay quien se pasa la vida trotando por

ellas, sólo por no estar en su casa.

* * * * *

No puede creerse en la indignación de Rostand al ver destripado su

gallo por las indiscreciones del _Secolo_, cuando, por indiscreciones

parciales, muchos sabíamos ya el argumento y aun los chistes y

cantables que tiene la obra. Aparte de esto, poco tiene que perder una

obra que todo lo ha perdido con la publicación de su asunto. ¡Pobre de

nuestro _Don Juan Tenorio_ entonces! ¿Quién iría á verlo, si la novedad

de su trama fuera su único atractivo? En el mismo París, tan novelero

en apariencia, sostienen mejor su cartel muchas obras clásicas de

Corneille, Racine y Molière, que algunas flamantes comedias, más viejas

al nacer que las otras antiguas. _Chantecler_ ha logrado ya categoría

de obra clásica, en que el asunto es lo de menos. Muchos que ahora

asistirán al estreno, tal vez como críticos, no habían nacido cuando

empezó á hablarse de _Chantecler_.

De las actrices y actores que estrenaron anteriores obras de Rostand,

sólo por Sarah inmortal, no han pasado los años. ¡Hagan las Musas que

tan esperada obra interese por tanto tiempo á la posteridad, como á

la anterioridad ha interesado! Después de todo, la gloria anticipada

es la más segura, y la cera que va delante es la que alumbra. Y en

este particular de la luz, parece ser que para el gallo de Rostand

amaneció hace mucho tiempo. Tal vez ya no quedaba más resquicio por

donde percibirla que esas indemnizaciones exigidas á los periódicos

indiscretos. De este modo sí que el gallo no puede ser nunca un albur.

Todo va copado. ¡Que al estrenarse no le cambien una letra! ¡Pobre

gallo entonces!

* * * * *

No hay nada más peligroso que un incensario en manos indiscretas.

Representación de algo divino ó humano, los golpes más peligrosos para

los ídolos son los de sus fervorosos adoradores. Cuando todo el mundo

dice: «Está bien», ¿para qué empeñarse en que todos digan: «Está mejor

que bien». El deber cumplido tiene en sí mismo la mejor recompensa, y

cuando el deber es tan propio del cargo y por lo elevado de la posición

trae consigo el conocimiento y la admiración de todos, ¿qué se le añade

con una recompensa que, por estar tan al alcance de la mano de quien

ha de obtenerla, pierde todo su valor en este caso? El reconocimiento

oficial nada añade al reconocimiento nacional. Sería, como dijo

Shakespeare: «Pintar al lirio, dorar el oro, endulzar lo dulce.»

De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5) · 第 10 / 52 题