El Capitan Juan de la Isla que fué en busca del Maestre de Campo, topó

al Galeon San Gerónimo que venia con el aviso de la Nueva España,

mal aviado, y peor tratado, entre unas Islas con unas corrientes que

no savian á donde estavan, ni á que parte navegar, y como le vieron

la gente que venia en el Galeon le pidieron que entrase en él, é los

truxese á donde estava el Governador, y él lo hizo ansi, y con el Batel

que llevaba avisó al Governador como quedava en el Navio, avisandole

de los motines y mala orden que havia traido en el viaje, y cierto se

tiene entendido que á no toparlos Juan de la Isla estavan en duda si

acertaria á venir tan presto á este Puerto, y á doblar por la otra

parte la punta de una Isla donde los topó, corrieran riesgo y travajos

artos antes de poder volber al Real: y luego que el Gobernador supo

su venida del Navio, despachó al Maestre de Campo con una Fragata

esquifada, para que si faltando el viento, remolcado pudiese traer el

Navio, el qual los topó que ya venian cerca, y ansi entró y llegaron

á este Puerto Martes quinze de Octubre de mil y quinientos y sesenta

y seis años, que dió gran contento su llegada; fué lastima grande de

oir la mala órden, los motines, desconciertos y muertes, travajos y

miserias que huvo, y padecieron en el viaje. Como en el Galeon no venia

Capitan, ni parecia despacho de la Real Audiencia, el Governador mandó

hacer informacion de todo lo susodicho, por la qual se podrá mas

enteramente ver el suceso del viaje y la ruin órden que en todo huvo, y

en suma lo que se puede colegir es, que el Capitan Pericon comenzó su

viaje, y salió del Puerto de Acapulco, con mayor aceleracion y menos

cordura de lo que convenia, y ansi acabó presto y desastradamente: lo

que pasó antes que saliese del Puerto allá se tenia entendido, como

fué: En haciendose á la vela, dicen, que tuvo menos cuydado de lo que

convenia al cargo que traia, y que dexó de proveer y remediar algunas

cosas que sucedian y pasavan en las Naos, é primeramente algunas

pendencias, y unas palabras que el Sargento mayor tuvo con su hijo el

Alferez, y como el Sargento mayor venia por Maestre del Galeon, hizo

parcialidad con la gente de la mar, y él, y Lope Martin, Piloto, y un

Felipe del Campo y otros de su camarada, y algunos Marineros que eran

de la parcialidad del Piloto se conjuraron, y con ellos el Sargento

menor que se decia Pero Nuñez y conspiraron contra el Capitan, y se

desacatavan y desvergonzavan contra él en palabras y obras, y le tenian

muy poco respecto, y le mataron un caballo que traia, sin que se

supiese quien lo huviese hecho; y aunque amigos suyos, pareciendoles

mal lo que pasava, le dixeron y le avisaron lo que entendian del

negocio, y le rogaron que pusiese recaudo en su persona, diciendole,

que quien mató el caballo se desvergonzaria á hacer otra cosa peor, y

él se reia dello, y lo tenia todo en poco, y ansi se determinaron de

matarle, por falta de no poner el remedio que convenia, y una noche

estando durmiendo en su camara entraron á él y lo mataron á puñaladas

á él y á su hijo, y los que fueron en la muerte, aunque el Sargento

mayor se hizo dueño de todo, diciendo que los havia él muerto, dicen

que entraron con él juntamente otros dos Marineros que se decian Lara y

Morales, y los que favorecieron y hicieron espaldas hallandose armados

defendiendo que ninguno de los soldados se bullesen ni meneasen de

á donde estavan, fueron el Piloto Lope Martin, Felipe del Campo, el

Sargento Pero Nuñez, Sanfate Molina, Juan de Zaldivar, Escrivano de

la Nao, y Alonso Boza, y otros de su liga, y muchos de los Marineros

que sin tener ellos armas se armaron con cotas de los soldados y otras

armas, y ansi fueron señores de todo, y el Sargento mayor quedó por

caudillo como lo tenia tratado con los del Motin, el qual apaciguó la

gente, diciendo, que él daria descargo por que havia muerto al Capitan,

no tuviesen pena, y que él los traeria á su General, y se pornia debaxo

de su mano, y se descargaria de la muerte del Capitan y su hijo; y ansi

comenzó á hacer algunas informaciones; y dende á poco, entre él y el

Piloto Lope Martin huvo cosquillas y diferencias en que el Sargento

mayor trató de prender al Piloto, y queriendolo poner en obra algunos

de su liga á quien dió parte dello se lo estorvaron, diciendo, que

aun no era tiempo, que lo dexase para otra mejor conyuntura, y él

por condescender con ellos lo dexó de hacer, de lo qual fué avisado

el Piloto por algunos de los que fueron en lo estorvar al Sargento

mayor, y aquella noche prendió el Piloto con favor de los Marineros

al Sargento mayor, diciendo, que se consintiese echar unos grillos,

que ansi convenia al sosiego de la gente y luego el Sargento menor con

algunos Marineros tomaron y quitaron las armas á la mayor parte de los

Soldados, y las metieron debaxo de cubierta, y otro dia siguiente por

la mañana almorzaron todos juntos, el Piloto, y el Sargento mayor, y

menor, y otros de su liga, y despues de bien bebido, el Piloto Lope

Martin mandó ahorcar al Sargento mayor, el qual pensó que burlavan con

él, y decia, ¿qué niñerias eran aquellas? que le dexasen; y ansi le

guindaron sin confesion y le echaron á la mar medio vivo, y quedó el

Piloto Lope Martin solo por caudillo, y por su consejero el Felipe del

Campo, y decia y publicava, que á esta Isla no vernia el Piloto, pero

que echaria la gente en una Isla de esta comarca, y que él se iria con

los que le quisiesen seguir, á los quales prometia de hacerlos muy

presto hombres ricos y bienaventurados, y que se volveria á España por

el Estrecho de Magallanes; y en llegando á la Isla de los Barbudos, y

en su paraje surgió en una Isla pequeña, que si el quisiera guardar la

instruccion de la Real Audiencia no tenia para que llegar alli, ni

baxar tanto en altura; y estando surtos en aquella Isleta, trató de

dexar alli toda la gente que no fuese de su opinion, y asi lo comunicó

con los de su liga, é para mejor lo poder hacer mandó sacar todas las

caxas y ropa de los soldados, y él se desembarcó, y mandó á toda la

gente se desembarcase, diciendo, que havian de invernar alli, y que

queria aderezar la Nao, y ansi salió en tierra la mayor parte de la

gente, á lo menos de los soldados, y no era tan secreto el dexar allí

la gente, que muchos no lo viniesen á entender. Un clérigo que venia

en el Galeon llamado Juan de Viveros dice que entendió el negocio y

la crueldad que querian hacer, como Sacerdote se atrevió á hablar

al Felipe del Campo, como persona por quien se governara el Piloto,

rogandole que mirase bien este negocio y no permitiese dejar alli la

gente, que era inumanidad, que los truxesen á las Filipinas, y los

dexasen donde hoviese bastimentos y comida donde se pudiesen remediar;

y que si esto no llevase remedio á lo menos les diesen sus armas, y no

los dexasen ansi perdidos; y que le respondió, que no se podia hacer

por ninguna via, y que no curase de cansar ni tratar mas dello; y ansi

no osó mas hablar en el negocio, porque todos esperavan cada hora la

muerte de los amotinadores, y ansi andaban todos atonitos y turbados,

ni se osavan fiar unos de otros, aunque fuesen amigos; y estando en

estos travajos y miserias, parece que por permisión de Dios, Rodrigo

del Angle que venia por Contramaestre, y Santiago de Garnica, Alguacil

del agua, y Juan Anrique Flamenco Lombardero, trataron de se alzar con

el Navio en nombre de S. M. y dexar al Piloto y sus secuases en la Isla

en tierra, y con los demás venirse á este Real, y para lo poder hacer

mejor dieron parte dello á Lara, Marinero, que fué en la muerte del

Capitán, y era de la parcialidad del Piloto, y estavan en el Navio él

y Morales que eran de la misma liga; y tratado el negocio con el Lara

le prometieron que le harian á él Capitan y lo mandaria todo; y con

esto, y tambien porque ya no estava en la gracia del Piloto como solia,

concedió con ellos, y dixo que les favorecia en todo lo que pudiese,

y teniendole ya de su parte se alzaron en nombre de S. M., y dieron

voces á los de tierra que se embarcasen, y ansi se echaron quatro ú

cinco soldados á nado y se metieron en la Nao, y el Lara dió voces al

Felipe del Campo, que era su íntimo amigo que viniese á la Nao, el qual

le respondió desde la playa, que él iria allá y le castigaria á él y

á los demás vellacos que estavan en la Nao. Entonces el Contramaestre

Rodrigo del Angle y sus compañeros, picaron los cables de las ancoras

sobre que estavan surtos y se hicieron á la vela como que querian salir

del Puerto, y obra de un quarto de legua de tierra tornaron á surgir y

embiaron el Batel á tierra á requerir la gente, que se embarcasen los

que quisiesen venir á Zebu, y parece que aquel dia no pudieron, ni osó

ninguno embarcarse, porque los amotinadores los detuvieron sin armas

acorralados; y otro dia en dos caminos que hizo el Batel de la Nao á

tierra requiriendoles que se embarcasen luego alguna gente, y lo mismo

hizo el dia siguiente, é otros se aventuraron á ir á la Nao á nado,

y Lope Martin quedó con veinte y seis personas, á los quales se les

quedó muy gran parte de ropa, y todas las caxas de los soldados, y el

Piloto siempre tuvo confianza, y ansi lo decia y publicava, que havia

de tornar la Nao á su poder teniendo confianza de algunos Marineros

que tenia amigos en la Nao, y el Rodrigo del Angle se hizo á la vela

y dixo, que él los traeria á Zebú, y ansi vinieron; y el Rodrigo del

Angle mandó prender á Lara y á Morales, porque se temia dellos y

diciendo haver sido culpados en la muerte del Capitan los ahorcó; y

desde los Ladrones á estas Filipinas tuvieron contrarios tiempos de

vendavales, y ansi arrivaron dos ó tres veces, que quando vieron la

primera Isla de las Filipinas no traian ya agua, y vinieron necesitados

de comida, y en una Isla dellas tomaron agua y alguna comida, aunque

con daño y muerte de algunos naturales, y lo mismo hicieron en la Isla

de los Ladrones; y andando entre estas Islas dos dias antes que topasen

al Capitan Juan de la Isla, el Santiago de Garnica y el Juan Anriquez

en el Batel con diez y seis personas se apartaron á buscar comida, y

ansi no vinieron en la Nao; el Governador despachó luego en su busca

una Fragata y á cavo de quinze dias llegaron á este Real; y porque

de la informacion que se hizo resultó culpa contra Juan de Zaldivar,

Escrivano del Galeon, haber sido culpado entre los conjurados de la

muerte del Capitan, demás, y allende, que algunas personas dieron

noticia al Governador de algunos chismes que trató entre el Piloto, y

Capitan y Sargento mayor, descubriendo lo que el Capitan con él tratava

en secreto como Escrivano; y ansi hecha informacion y proceso contra

él, fué preso y confesó como fué savedor de la muerte del Capitan

muchos dias antes que lo matasen, y que la noche que le mataron él dió

y repartió armas con los parciales y favorecedores del Motin; y ansi

se mandó hacer justicia dél, y muerto, el Governador juntó todos los

demás que venian en la Nao y les hizo una plática, diciéndoles la mala

orden que en todo havian traido y tenido y que de todo ello no echava

mano, ni parava, sino solamente en la traycion y muerte del Capitan y

su hijo, que era digno de grave punicion y castigo y que por esta causa

havia hecho justicia de Juan de Zaldivar, como lo havian visto, y que

tenia entendido que todos los demas que havian venido en el Galeon no

tenian culpa en ello, sino que deseavan servir á S. M. y que con esta

voluntad havian venido acá, y que todos los culpantes y participantes

de aquel delito tan enorme y feo, que quedavan con el Piloto, y otros

ternian su pago, que eran ya muertos; pero que para que á nadie no

quedase resabio ni escrupulo deste negocio, que él, en nombre de S. M.

les perdonava á todos los que havian venido á esta Isla de Zebú, é se

havian puesto devaxo del Estandarte Real, para que en ningun tiempo no

se les pediria sobre ello cosa alguna, ni se procederia contra ellos,

haciendo en lo venidero lo que eran obligados en el servicio de S. M.;

á lo qual les persuadió y animó todo lo que pudo, poniéndoles delante

la grandeza y gran christiandad de S. M. é quan largo era en hacer

mercedes y gratificar á los que le servian, y las calidades y aparejos

de la tierra, y lo mucho que podrian merecer, y tener, y alcanzar

siguiendo bien y con fidelidad, asi para con Dios como para con S. M.

y para acrecentamientos de inmortalidades de sus famas y honras: y

con este razonamiento dió á todos gran contento, y á lo que mostraron

quedaron muy alegres, y porque las capitanias de acá estavan faltas

de soldados por los muertos y enfermos, los repartió á los soldados

en ellas por sus esquadras, escepto quatro ó cinco soldados gentiles

hombres que tomó para su compañia, y ansi los unos y los otros dieron

muestra de muy gran contento, é hicieron homenaje de nuevo y juraron de

obedecer á S. M, y al Governador en su Real nombre, y el Piloto Rodrigo

del Angle entregó al Governador una vandera en que dixo haverse alzado

en nombre de S. M. para venir con la gente y Nao á esta Isla como esta

dicho.

En este tiempo despachó el Governador á la Isla de Panay al Sargento

mayor Luis de la Haya, por el arroz que prometieron de tributo, con dos

Fragatas, y al Maestre de Campo embió en la Nao San Juan á la Provincia

de Quabite y Taguna y costa de Butuan, á rescatar toda la mas canela

que pudiese, con instruccion de lo que havia de hacer, y fué con él

el Contador de S. M. con rescates para el efecto destas dos jornadas,

fueron algunos de los soldados recien venidos á vueltas de otros que

acá estavan. Partió de este Real el Sargento mayor á veinte y seis de

Octubre, y el Maestre de Campo salió en principio de Noviembre, y llevó

la Nao San Juan, é una Fragata pequeña, y mas de cien hombres entre

Soldados y Marineros.

Sabado diez y seis dias de Noviembre en la noche, volbió el Maestre

de Campo á este Puerto, sin efectuar á lo que havia ido, y llegó con

un temporal desecho y tormenta muy recia, medio desbaratado de la

tormenta, que la mar le havia llevado el baupres, y la cebadera, y la

gavia desecha, y con todo no quiso parar ni surgir hasta llegar acá,

por lo mucho que importava su llegada; y dexó la Fragata que llevaba

en la costa de Dapitan con quinze hombres, por no la poder tomar la

gente della, ni traerla, y llegado que fué dió noticia al Governador

de como havia topado una Armada de Portugueses, que le havian dicho

que venian á la Isla en busca nuestra, de cuya causa havia determinado

volberse; y cierto fué muy acertada su vuelta á este Real, como volbió,

aunque pasó travajo y riesgo en ella. El topó en la costa de Quabite,

que es en la Isla de Vindanao una Fusta de Portugueses, y queriendo

ir sobre ella para reconocer y saber que gente era, la Fusta no le

quiso aguardar; como era mas ligera y andaba mas que la Nao no la pudo

alcanzar, y visto que no aprovechava ir tras ella, hizo amaynar las

velas, y en amaynando la Nao amainó ansimismo la Fusta, y como le vió

amaynado embió allá el Batel de la Nao con su Sargento á reconocer que

gente era, y llegados á la Fusta les dixeron, que eran Portugueses que

venian de la India; y preguntándole ellos ¿qué gente eran los de la

Nao? el Sargento disimuló con ellos diciéndoles, que eran Españoles que

andavan perdidos, y no savian en que tierra estavan, y les rogó que

les dixesen, qué Isla era aquella, y los Portugueses dixeron, que era

Vindanao, y con esto se volbió, y dende á poco el Capitan de la Fusta

en un esquife suyo embió dos soldados con una carta á la Nao, en que le

escrivió, como él era Antonio Sequeira, Capitan de aquella Fusta por

el Rey de Portugal, y que venia de la India en una Flota, de que venia

por General Gonzalo de Pereyra, que el Virey de la India embiava en

busca de Miguel Lopez de Legaspi, que havia salido de la Nueva España

con quatro Navios alzado, y que el dicho su General por no llegar

á tierra con las Naos gruesas que traia, le havia mandado descubrir

aquella costa; por tanto que les pedia y requeria se fuesen luego á su

Fusta para ir con él á su General y que sino lo quisiesen hacer, que

los llevaria por fuerza, porque entendia que devian ser de la compañia

de Miguel Lopez de Legaspi, é otras palabras y amenazas escusadas,

fuera de todo buen termino é comedimiento. El Maestre de Campo, vista

su carta le respondió mas comedida y cuerdamente, diciendole, que muy

poco crédito tenia de la fidelidad que la Nacion Española suele tener

en servir á su Rey, pues le embiava á decir semejantes palabras, é que

Miguel Lopez de Legaspi, á quien decian que buscaban, era Governador y

Capitan General de la Majestad Real del Rey Don Felipe nuestro señor,

y por su Real mandado estava poblado en la Isla de Zebú y que alli lo

hallarian, el qual los reciviria del arte que ellos mas quisiesen; y

en lo que decia que fuese á su Galeota, que los que en su compañia

traia no lo consintirian, ni el menos lo queria hacer, porque era de

edad que no le espantavan palabras, ni aun obras, y que bien parecia

en la manera de su hablar y escribir, que traia caballo muy ligero.

Y vista la respuesta el Portugués hizo tocar el atambor é desplegar

banderas é otras señales é insinias de guerra y de pelear: el Maestre

de Campo mandó izar las velas, para arrivar sobre la Fusta para ver

lo que queria, pensando que él aguardara, porque llevaba muy buena

gente de arcabuzeria, y artilleria, y aderezos, que aunque fueran

dos ó tres semejantes se le diera poco dellos; pero la Fusta lo hizo

mejor, que no aguardó, sino que dando velas hizo lo que primero havia

hecho, é jamas quiso esperar á tiro de cañon, é visto que no llevaba

medio de alcanzarla determinó dejarle y volberse al Real, porque las

otras Naos de Armada no viniesen estando él fuera, y estando como

en el Real estavan descuydados, y por ser el viento contrario para

venir anduvo dos dias bolteando de una vuelta y otra sin poder ganar

casi nada, y en todo este tiempo la Fusta no lo perdió de vista, sino

que dava los mismos bordos que la Nao, aunque bien desviado della;

é andando ansi fatigado por no poder volber con la brevedad que él

quisiera fué Dios servido de darle un tiempo de vendaval desecho, y

tan recio, que en toda esta comarca é Islas fué como un vracan, y con

todo este temporal prosiguió su camino para el Real, é no con pequeño

peligro é riesgo, y corriendo su derrota la noche siguiente obra de

treinta leguas deste Puerto topó quatro Navios gruesos que estavan

mar al través reparandose del temporal que hacia, y pasó por junto á

ellos, y al postrer Navio preguntó ¿qué gente eran? y le respondieron

que de Castilla, pero en la habla les conocieron ser Portugueses, y

ansi los dexó y se vino su camino procurando llegar al Real primero

que ellos; é otro dia siguiente que fué el dia que llegó aqui, obra

de diez leguas del Puerto, vió otras dos Fustas que venian costeando

á esta Isla de Zebu, ácia acá, y aunque de la una dellas le quisieron

hablar no curó ni aguardó por lo que arriva es dicho; y ansi llegó

despues de anochecido al Real, y dió toda esta noticia al Governador, é

luego se proveyó y entendió de poner buena guardia é centinelas, y en

otras cosas necesarias y convenientes, á la buena guardia y seguridad

del campo, por que se tuvo por muy cierto que venian en busca nuestra

como lo havian dicho. Otro dia Domingo asomaron las dos Fustas por la

entrada de este Puerto, y venian á la vela, y teniendo entendido que

devian venir á hacer algunas deligencias ó requerimientos, no se curó

dellos, y viniendo ansi á la vela se encubrieron con una punta que

haze un manglar que está enfrente de nuestro fuerte, las quales como

reconocieron nuestro asiento é vieron las Naos del Puerto, no osaron

entrar en él, é hicieron vuelta, é se metieron entre unos baxios é

Isletas que están hacia Matan, detrás del manglar arriba dicho, y como

tardavan y no entravan, el Gobernador embió una Fragata á saver que se

havia hecho, y á descubrirlas, la qual, aunque corrió gran rato por la

via que ellos tomaron no las pudo hallar ni descubrir, é se volbió,

diciendo, que no parecian, é se tuvo entendido que reconocido nuestro

asiento se havian vuelto á su Armada para venir todos juntos, de cuya

causa, con gran priesa en el Real se entendia en fortificar el fuerte,

é fuera dél se hicieron dos bestiones de pipas llenas de arena, y de

faxina, y mas arena, en que se plantaron seis piezas de artilleria

que jugavan á raiz del agua, y la demás artilleria se repartió por

los caballeros del fuerte, y por otras partes convenientes, é se

hicieron otros aparejos, é la Nao Almiranta se puso junto al fuerte,

con su artilleria, municion, y gente para su guarda, demás que con el

artilleria del fuerte estava guardada; é las otras dos Naos San Juan,

é San Geronimo, se apartaron á la parte de Levante del fuerte, por

desocupar y desembarazar la parte por donde los enemigos havian de

entrar, y por no repartir la gente que era poca, en tantas partes, y el

Maestre de Campo fué por tierra por la costa de Zebú á ver y reconocer

donde se les podia poner algunas emboscadas é impedirles el saltar en

tierra, si lo intentasen de hacer, desviado del fuerte; y visto todo

volbió; é con su parescer y de los demás Capitanes y otras personas del

campo se vió y puso en todo la mejor orden que pareció que convenia

para nuestra seguridad é defensa, é á la gente toda se dió orden de

lo que havian de hacer, y adonde havia de acudir cada uno; en lo qual

toda la gente travajó tres dias de dia y de noche con grande regocijo

y alegria de todos, que mostravan la gran voluntad y deseo que tenian

de servir á S. M. é puesto todo en concierto en la mejor orden que

se pudo dar, conforme el asiento é aparejo que havia, el Governador

mandó ajuntar la gente, é les hizo una platica animandolos para la

guerra, é ocasion que se ofrecia, y esperavan de los Portugueses, que

decian, que venian en su busca, diciendoles, que se acordasen que eran

Españoles, é la reputacion é valor que la gente Española tenia en todas

las partes del mundo, é principalmente en todo Oriente, y la fidelidad

que suelen y acostumbran tener á su Rey, y que siendo ellos de la misma

Nacion, era justo que lo mismo se entendiese é publicase en estas

partes del Poniente, é que donde tan buenos principios, prodigios y

sucesos por la bondad de Dios hasta ahora havian tenido, los procurasen

de llevar adelante, dandoles á entender la inmortal fama, loor y

renombre que dello se les seguiria alcanzando victoria, y justificó

la causa de parte de S. M. y de la suya en su Real nombre, diciendo,

que él no pretendia ni queria tener guerra con los Portugueses, antes

procuraria de su parte toda paz y amistad con ellos, pero que si

ellos no la quisiesen é le hiciesen guerra, é les quisiesen tomar y

quitar lo que con su sudor y travajo en nombre de S. M. havian ganado,

obligados estavan á lo defender y morir sobre ello, y que en causa

tan justificada Dios seria con ellos, y les ayudaria, y con su favor,

haciendo ellos lo que devian, la victoria estava cierta, y alabó y

loó mucho á los soldados la fidelidad y zelo que mostravan de servir

á S. M. é la voluntad con que havian travajado, y travajavan en la

fortificacion de su campo, y el regocijo que mostravan de la guerra,

é venida de los Portugueses, diciendoles, que con tales compañeros y

soldados él estava bien confiado, no solamente de defenderse, pero aun

de ofenderles y quitarles lo que tuviesen si fuese necesario, y otras

palabras semejantes, de que los soldados mostraron gran contentamiento,

é respondieron, que moririan todos en servicio de S. M. donde quiera

que el Governador se lo mandase, é que deseavan fuesen ya llegados los

Portugueses para andar á las manos con ellos.

Los Indios de Zebú nuestros amigos entendida la venida de los

Portugueses, y en la prisa que nos davamos en los aparejos de guerra

hovieron muy gran temor, é vinieron al Governador á hablarle, é

aunque él los aseguró y dixo que no tuviesen temor ninguno, é que

estuvieran seguros en sus casas que él los defenderia, no bastó, y ansi

despoblaron su pueblo llevando á sus mujeres é hijos al monte, y otros

en canoas los llevavan á otros pueblos, y otros truxeron sus hijos y

mugeres y haciendas á nuestro Real y los ponian en casas de soldados

amigos suyos, diciendo que moririan con nosotros. El Gobernador se

lo agradecia, y les decia, que no queria que peleasen ellos, que

bastavan los Españoles para defender á sí y á ellos, si los Portugueses

quisiesen guerra, y que hasta ahora no se savia si venian de paz ó de

guerra é que de cualquier arte que viniesen no tuviesen temor; y estos

dos ó tres dias los Indios dieron muchos rebatos, diciendo, que ya

venian los Portugueses, que los Indios pescadores havian visto en alta

mar ciertas velas, que unos decian que siete, otros que quatro, otros

que dos: el Governador les decia, que no se les diese nada, que los

dexasen venir, y no fué sino que algunos Indios que andavan pescando

descubrieron las dos Fustas que estavan ácia Matan, é luego venian

huyendo y davan estas nuevas, é como en el campo se tenia por tan

cierta su venida, se les dava algun credito, y ansi los esperavamos por

puntos y horas.

En 19 de Noviembre se vieron otra vez las dos Fustas por la entrada

del Puerto, que saliendo de los baxos de ácia Matan donde estuvieron,

atravesavan hacia esta Isla para volberse por donde havian venido, é

como se vieron, luego embió el Governador al Capitan Martin de Goyti á

reconocer que gente era, y á saber lo que querian, y á decirles que si

tenian falta ó nescesidad de alguna cosa, que entrasen en el Puerto,

y que serian proveydos é socorridos, el qual fué á ellos y les habló,

y le dixeron que eran Portugueses, que andavan desrotados, que con un

temporal se havian apartado de su Armada, que eran quatro Naos gruesas

é quatro Galeotas que venian de la India; el Capitan Martin de Goyti

les dixo, que entrasen en el Puerto, é que el Governador les proveeria

de lo que huviesen menester para su viaje; ellos se lo agradecieron

mucho y dixeron que no, sino que querian ir en busca de su Armada: é

preguntado, á donde iban, dixeron, que ivan al Maluco, y desde allí á

Ambon, porque allí los naturales, é los Janos havian desvaratado al

Capitan que estava en Ambon é muerto ciertos Portugueses, é que ivan

á vengar aquello; y el mas principal que venia en las dos Fustas,

que dixo llamarse el Capitan Melo, pidió licencia al Capitan Martin

de Goyti, diciendo que le queria salvar con su artilleria é irse, y

ansi lo hizo, que le salvó con la artilleria é arcabuzeria é lo mismo

el Capitan Martin de Goyti á ellos, y se despidieron con palabras

comedidas é de buena crianza de una parte á otra, é se volvió nuestra

Fragata, y dixeron que traia cada Fusta de treinta y cinco á quarenta

soldados Portugueses, y todos los Marineros y gente de chusma era de

Indios Malavares de que traian mucha cantidad. Visto el Governador

que las Fustas andavan desrotadas y perdidas, tornó á embiar allá al

Capitan Martin de Goyti para que los alcanzase, y escrivió una carta

al Capitan Melo diciéndole, que le havia agraviado en no haver entrado

en el Puerto, haviendo llegado tan cerca, por que en él fueran muy

bien recividos y socorridos de todo lo que huvieran menester para

su viaje, por que él traia mandato de S. M. que donde quiera que

topase Portugueses les diese todo favor é ayuda, é que ansi lo haria

é cumpliria avisandole, ó sabiendo que tuviesen necesidad dello, y

embiole cierto refresco, un barril de conserva, otro barril de vizcocho

blanco, otro de aceytunas, y quatro botijas de vino, y dos de vinagre,

diciéndole, aquella fruta era de la que havia traydo una Nao que agora

poco ha vino de la Nueva España, y se lo llevaron y lo recivió con

buen semblante y lo agradeció muy mucho de palabra, y no respondió

por escrito, escusandose que no tenia papel ni tinta en las Fustas é

se escusaron dello embiando á decir al Governador les perdonase por

que no le escrivian por no tener con qué, y ansi se despidieron y se

fueron su camino: el Capitan Martin de Goyti les dixo y rogó que en los

pueblos de la costa desta Isla por donde ivan no hiciesen daño á los

naturales, por que eran vasallos de S. M. é amigos nuestros, y ellos le

prometieron que ansi lo harian, y con todo lo que estos de las Fustas

dixeron, siempre tuvo por cierto vernian acá los Portugueses, y ansi

estuvo á punto el campo, ansi la gente, como todo lo demás, como si

luego á la hora huvieran de pelear.

Miercoles 20 del dicho mes de Noviembre, que fué Vispera de la

Presentacion, se vió una cometa casi sobre el pueblo de Zebú, é la

vieron muchos soldados, sobre que cada uno decia lo que sentia é

parecia, é los mas, que haviamos de tener guerra, é que significava

muerte de muchas gentes, é otros decian otras cosas, como á cada uno se

le antojava glosar é fingir.

A 22 dias del mes de Noviembre embió el Governador al Capitan Martin

de Goyti con dos Fragatas á correr las costas de esta Isla, ácia donde

la Flota Portuguesa estava, á ver si parecian ó si venian, y á saber

si havian hecho daño al Governador en los Indios amigos; el qual fué y

corrió mas de veinte y cinco leguas, hasta llegar á vista de donde el

Maese de Campo halló las quatro Naos mar al través, y no descubrió ni

halló rastro dellos, y los Indios amigos le dixeron como pasaron por

alli las dos Fustas, y que no les havian fecho daño ninguno, é que no

havian visto otros Navios, é con esto se volbió al Real, y dende á dos

ó tres dias llegó la Fragata que el Maese de Campo dexó en la costa

de Dapitan, con toda la gente, y dió noticia como en la Isla de los

Fuegos, que es enfrente de la Isla de Bohol, salió á ellos una Fusta de

los Portugueses, y les corrió mas de dos leguas dandoles caza, é como

no les pudieron alcanzar, le havian dexado; é visto esto el Governador

despachó otra Fragata bien esquifada con el Sargento Juan de Morones,

que fuese á la Isla de los Fuegos y la boxase y viese si estavan por

alli los Portugueses, é lo que hacian, y que no les hallando alli

pasasen adelante y corriesen hasta Dapitan y costa de Vindanao, para

ver si los descubria; el qual fué, y no los hallando en la Isla de los

Fuegos corrió é fué á Dapitan, y no halló rastro dellos, y ansi volbió

al cabo de quinze dias, y se tuvo entendido que los Portugueses havian

ido su viage camino de Maluco, pues no parecian por toda la comarca

donde antes havian estado.

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II · 第 12 / 29 段