Otra noche siguiente el Pablo Hernandez acosado de la hambre se

descubrió á un Indio de Zebu, y le dió algo de comer, el qual le

llevó á su casa, y para meterlo encubiertamente le pidió la espada

y la daga que llevaba, y lo metió en un aposento, y le dió á comer,

y dexandole comiendo fué á llamar á otros Indios para prenderle, y

se juntaron otros Indios y como el Pablo Hernandez sintió la gente,

barruntando lo que podia ser, saltó del aposento en que estava y echó

á huir al arcabuco, y los Indios le corrieron un rato, sino que como

el Governador les havia mandado no le hiciesen daño, sino prenderle,

no le osaron herir ni asirle, y ansi se les escapó y le perdieron de

vista con la escuridad de la noche, y otro dia por la mañana vinieron

los Indios al Real á dar cuenta dello, y le truxieron la daga y espada

que le havian quitado, y mandó el Governador que otra vez que le viesen

le prendiesen, y sino pudiesen prender que le matasen y se lo truxesen

muerto ó vivo. El Pablo Hernandez viendo que en los Indios no tenia

favor, y que lo prenderian ó lo matarian si á ellos volbiese, determinó

de volber á los religiosos rogandoles que le procurasen la vida de

qualquier arte que fuese y se lo alcanzasen del Governador, y ellos

lo hicieron ansi, y se lo procuraron y le importunaron al Governador

sobre ello, ansi ellos, como otras personas no lo pudieron alcanzar,

y visto que no tenia remedio le aconsejaron, é determinó de morir

como christiano por no perder el anima, y se descubrió a su Capitan

rogandole de que se le alcanzase termino hasta otro dia á medio dia

para encomendar su anima á Dios, el qual lo hizo ansi, que luego le

prendió y le aprisionó, y le tuvo en su posada con gente de guarda:

aquella noche se confesó, y el Maestre de Campo le tomó su confesion,

al qual ansimismo le rogó le procurase la vida si posible fuese, y

confesó el trato concertado haber sido como arriba es dicho, é que él

havia sido cabeza é caudillo de todo. Otro dia á medio dia le sacaron

con pregon público y le ahorcaron, y despues le quitaron la cabeza y

la pusieron enclavada en un palo de la horca, en memoria y escarmiento

de otros. Hecha esta execucion, los Religiosos y otras personas

principales del campo cargaron del Governador cesase y no pasase mas

adelante el rigor, y por conceder con ellos, y por muchas causas que

á ello movieron, hizo perdon general en nombre de S. M. y les perdonó

lo pasado con que en lo venidero sirviesen á S. M. fielmente, y en

la Iglesia hizo traer ante sí á todos presos, y delante de muchas

gentes que se hallaron presentes les hizo una platica y razonamiento

reprendiendoles su mal tan grave, y culpa, ansi á los presos, como á

todos los demas que havian participado en el delito, y las penas que

merecian por ello, y el castigo que pensava hacer sino le fueran á la

mano, pero para que viesen y conociesen la grandeza, bondad y clemencia

de S. M. que él en su Real nombre les perdonava por esta vez, y que

los tenia en la misma voluntad y amor que los havia tenido antes que

este delito cometiesen y que este perdon era general á los presentes y

ausentes, con que los que no havian sido presos por el negocio fuesen á

él á decirle en secreto la parte que del negocio y delito pasado havian

tenido, participado, sabido, ó entendido, y que esto él guardaria

para sí secreto, y no se acordaria dello en ningun tiempo para con

ellos, ni por ello no merecerian menos en lo que á S. M. sirviesen

en lo por venir. Dió tan grande contento en el campo este perdon y

platica, que todos quedaron satisfechos, y dieron muchas gracias al

Governador, y despues acudieron muchos á decir y confesar cada uno su

culpa, asi soldados como marineros, prometiendo ser otros que hasta

aqui, y de servir á S. M. con toda fidelidad todos los dias de su vida,

y de esta manera se apaciguó y allanó tan gran maldad como quisieron

hacer y tenian concertado: parecieron ser mas de quarenta personas

los que estavan conjurados: sola una cosa mandó el Governador á los

estrangeros, que ninguno dellos hablase otra lengua sino la Española,

pues la savian todos, só ciertas penas; entendiose que algunos dellos

que fueron en este tratado, estuvieron en el Puerto de la Navidad

conjurados de huirse con el Patax San Lucas, y que despues viniendo

por el golfo quisieron desrotarse y apartarse de la Capitana, y que

una noche de gran escuridad amaynaron las velas en la Nao Almiranta

para el efecto, dando á entender que les parescia que la Capitana havia

amaynado, y que estava mar en traves siendo cautela lo que decian, é

que el Maestre de Campo se enojó dello mucho y mandó hizar las velas,

y amenazó y juró á los Pilotos diciendo que si perdian de vista á la

Capitana y su farol, los colgaria de la entena por el mismo caso, y que

por esta causa y temor del Maestre de Campo no osaron poner por obra

lo que quisieran, y tambien porque el Maese de Campo no se descuydava

ya con ellos, y tenia particular cuydado de seguir la Capitana é no

perderla de la vista, ansi de noche como de dia; y aunque los Pilotos

de la Almiranta le decian que la Capitana no governava bien, ni llevaba

buena derrota, les decia y mandava, que como quiera que fuese la

siguiesen y no curasen de otra cosa, ni la perdiesen de vista, sino

que tuviesen por cierto que los havia de ahorcar; y lo que no pudieron

efectuar por allá lo quisieron hacer acá.

Despues de haver aciguado este Motin el Governador mandó y rogó á los

Indios Principales de Zebú, que fuesen á buscar comida comprada; todos

tenian necesidad della, asi los soldados como ellos, y que les daria

con que la comprasen por que el no queria embiar su gente Española,

por que no hiciesen daño, y robasen á los Indios donde llegasen,

ni tampoco sabian donde podrian hallar comida; y pues los que havia

embiado primero á Panae no venian, ellos que savian la tierra era

justo la buscasen para ellos y para los Españoles, é algunos dellos

se ofrecieron que lo harian, á los quales les dió plata y tostones,

oro y rescates para mas de quinientas hanegas de arroz, y Patax en que

fuesen, y ansi se partieron cinco Paraos dellos diciendo que ivan á la

Provincia de Baybay á diversos pueblos della, que es en la contra costa

de Abuyo donde se detuvieron mucho tiempo, mas de lo que se pensaba, y

ellos havian prometido, y se tuvo entendido que se detenian y dilatavan

la venida cautelosamente, ansi ellos, como los que fueron á Panay, y

creyendo que la necesidad y la hambre nos echarian y desalojarian de

esta Isla, y era ansi, que cada dia era mayor la necesidad de comida

y la hambre mas: ya no se dava mas de medio quartillo de borona por

limpiar cada dia, que despues de limpia no quedaba la mitad, y con

esto y con algunas yervas que se cogian del campo se pasavan: algunos

soldados dieron en comer gatos y ratones de que en esta Isla hay

abundancia. El Governador en este tiempo despachó al Capitan Martin de

Goyti en las Fragatas é Bateles con cien hombres á los pueblos enemigos

de los de Zebu, á buscar alguna comida, que á los demas pueblos no

queria se les hiciese daño; y ansi mandó al Capitan Martin de Goyti

que en todos los pueblos que llegase procurase de traerlos de paz á

nuestra amistad, y que á los que viniesen de paz no se les tomase nada

sin que se les pagase; y andando por ella el Capitan recogió alguna

borona y embió un Batel cargado dello al Governador que llegó al Real

la vispera de Navidad, que no poco contento y regocijo dió su llegada;

para vispera de año nuevo siguiente llegó otra Fragata que el mismo

Capitan embió con mas borona, y embió á decir al Governador que de

quatro ó cinco pueblos de aquella costa se havian ofrecido de venir

de paz, y querian ser vasallos de S. M. y que los havia recivido por

tales, y ofrecidoles todo el favor, y que le embiase algunos rescates

para darles por que lo hiciesen de mejor gana; los quales le embió

luego rogandole que procurase mucho dejarlos de paz y seguros, y que

si alguna comida se les havia tomado se les pagase como quedasen

contentos, y que concluydo esto se volbiese al campo. La vispera de

los Reyes llegó otra Fragata que envió el dicho Capitan Martin de

Goyti con mas borona, y su llegada quitó parte de la hambre, por que

se acrecentaron algo mas las raciones, y la gente tuvo algun tanto mas

contento que hasta alli, é dende á pocos dias llegó el mismo Capitan

con toda la gente, y dió noticia como havia recivido cinco pueblos de

aquella costa que vinieron á él, diciendo, que querian ser nuestros

amigos y vasallos de S. M. y que por estar al presente destruydos, no

tenian que dar, que adelante holgarian de dar su tributo de lo que

hoviese en la tierra y que por esta causa no les havia tomado comida ni

otra cosa, antes les havia dado cedulas de seguro para que no se les

hiciese daño alguno, y los havia dejado quietos y pacíficos, lo qual le

agradeció el Governador.

El dia de los Reyes en la noche llegó á Zebu Simaquio Principal que por

mandado del Governador havia ido á Panay á comprar arroz, é luego que

supo su venida embió el Gobernador allá á saber como venia, y embió

á decir que venia bueno de salud, y quese havia adelantado en una

canoa pequeña de la compañia, y que otro dia por la mañana vernia á

dar cuenta de lo sucedido, y lo que traia: otro dia vino Simaquio con

Tupas á ver al Governador y le dixo como no havia podido venir antes

con tiempos contrarios, y que des que salió de Panay havia tardado en

el viage tres meses, é se havia perdido un Parao de arroz que traia

para el Governador, y no escapó mas que el casco é la gente, y que los

havia mandado volber á Panay para que tornasen á cargar de arroz, é por

esta causa era poco el arroz que traia: preguntado qué tanta cantidad

traia para darle? dixo, que doce cestos que prometió de traer, no le

traia ni podia dar al presente mas de quatro, que venido el otro Parao

que havia vuelto atrás le daria la resta: el Governador disimuló con

él, é le mandó que viniesen todos los Paraos que traia en su compañia

para que le diese lo que pidiese, y que visto lo que traian los

Paraos el holgava de que les quedase arroz para los Indios de Zebu,

por la necesidad de hambre que savia que padecian, y que seto[17] á su

contento dellos, aunque se entendió que era cautela é mentira lo que de

la perdida del Parao del arroz, y que lo hacian por quedarse con él.

Simaquio quando paresció con el Governador se concertó de que traeria é

daria al Governador doze cestos de arroz, que cada cesto hacia veinte

hanegas largas, y tantas le pagó conforme á lo que entre ellos se

concertaron, é dexó el cesto hecho y medido y señalado para que quedase

por medida, y dixo, que en quatro ó cinco Paraos traeria todo aquel

arroz. Otro dia siguiente llegaron al Puerto siete Paraos los quatro

dellos decian ser de Simaquio, y tres de los Indios de Panay, y que

venian en su compañia, é surgieron junto á las Naos, y los de Panay

salieron á ver al Governador, el qual le rescivió bien con palabras y

muestras de todo contento: venidos los Principales de Zebu, Tupas rogó

al Governador, diciendo, que un Parao de los quatro que traia Simaquio

era suyo, y venia para él, que le rogava se le dexase sin tomar nada

de él; el Governador le dixo, que bien savia y le era notorio, que

Simaquio por su mandado y ruego havia ido por aquel arroz á Panae, y

él le habia dado oro con que lo comprase, y concertadose con él de le

traer doze cestos, y que se lo pagó á su contento, y que siendo esto

asi como era verdad, justo era que se cumpliese con él primero, y lo

que sobrara para los Indios havia de ser, y que no obstante esto, que

viesen ellos lo que era justo y querian que se hiciese, por que el los

tenia como hijos, y por la necesidad que savia que tenian holgaria de

partir con ellos, de manera que los unos y los otros se remediasen: El

Simaquio dixo, que daria al Governador cinco cestos, é que traia uno de

aquellos Paraos suyo, y rogó que lo demas le dexasen para repartir á

los Indios de Zebu que morian de hambre, y que él iria otra vez por más

arroz y pagaria la resta al Governador; el qual visto la necesidad de

los naturales, concedió en ello, é les dixo que se hiciese como ellos

quisiesen que tambien havia de procurar su bien de ellos como el de los

Españoles; é comenzando á entregar el arroz é hinchendo la mitad del

primer cesto, Simaquio, que era muy grande, y que él se havia engañado

por que le havia costado mas en Panay y que si lo quisiese que perderia

dineros de su casa, y ansi quitó de la medida mas de dos hanegas, y dió

cinco medidas no llenas que ternian noventa hanegas poco mas ó menos, y

los otros tres Paraos se llevaron cargados sin que se tocase en ellos,

con que los Principales y todos fueron muy contentos, y se remedió la

hambre de los de Zebú, y aun algunos dellos lo vendian muy caro á los

soldados.

El Governador hizo paz é amistad con los de Panay que vinieron en

los otros tres Paraos, y trató de comprarles el arroz que traian y

concertado en el precio con ellos á su voluntad, les dixo, que se

lo queria tomar todo é pagárselo junto, porque no se detuviesen ni

tardasen en venderlo poco á poco: ellos dixeron, que ansi lo querian,

pero la paga havia de ser en oro, y no en otra cosa, y el Governador

les prometió que ansi seria, y comenzaron á entregar y medir y dieron

casi otras noventa hanegas, y dixeron, que no podian dar mas, porque lo

havian menester para su comida, y porque algunos dellos eran casados en

Zebú y tenian deudos con quien repartir y á quien dar, y tambien para

comprar algunas menudencias para llevar á su tierra, aunque entendió

el Governador que lo dexaban de dar por inducimiento de los de Zebu:

les dixo, que fuese como ellos quisiesen, é ansi no dieron mas, é se

pasaron al pueblo de los Indios á Zebu, donde vendieron lo que les

quedava á precios mas subidos: el Governador les pagó lo que le dieron

muy á su contento, y los despidió, y fueron muy contentos, y quedaron

vernian otra vez con mas arroz y comida.

En este medio tiempo unos Indios de la Provincia de Baibay, que es en

la contracosta de Buyo y Cabalian, dos jornadas poco mas ó menos de

esta Isla, donde decian que se havian acogido los de Matan y Gavi,

con su favor y consejo dieron ciertos saltos y entradas en esta Isla,

y llegó á tanto su desverguenza que vinieron á robar hasta junto al

Real al Pueblo de Mandam que está una legua del Real y son amigos

de los Españoles, cautivaron y llevaron mas de treinta personas, é

los de Mandam avisaron dello al Governador, y le dixeron, que los de

Baybay decian y publicavan que havian de venir á quemar el Real de los

Españoles, y les persuadieron que les hiciese guerra. El Governador

embió á dos Principales de Zebu á Baybay á rrogarles y rrequerirles

que soltasen á los que havian prendido de Mandam, que haciendolo los

ternia por amigos, donde no que supiesen que havia de volber por

ellos que eran sus amigos, y procurar su libertad y satisfaccion, y

hacerles guerra sobre ello, y de este mensaje dicen mofaron mucho

los Baybayanes, y no solo no quisieron hacer lo que se les pedia y

requeria, pero que tornaron con mayor poder á Mandam é robaron lo que

pudieron é mataron ocho ó diez personas, y prendieron á un Principal

que se dice Tabduc, y lo llevaron preso y los demás naturales de

Mandam se huyeron la tierra adentro á la sierra, y despoblaron del

todo su pueblo; é vista esta desverguenza, el Governador con parescer

de los Religiosos, y de los Capitanes, e otras personas del campo,

determinaron de procurar la livertad de los de Mandam que eran vasallos

de S. M. amigos nuestros, y que sino lo diesen por bien de paz, se

les hiciese guerra á los de Baybay é fuesen castigados conforme á sus

delitos, y descodimientos, y lo cometió al Maese de Campo que fuese

á ello con la gente que menester fuese y le pareciese, aunque esta

ida allá se difirió y dilató algunos dias á ruego de los de Zebu que

rogaron al Governador, que no fuese tan presto, diciendo, que havia

muchos Paraos é mucha gente suya en la costa de Baybay, ansi de los

que fueron por mandado del Governador á buscar arroz y comida, como de

otros que havian venido á contratar por allá, y que si los Españoles

fuesen, los matarian á todos, que le rogava se sobreseyese la ida hasta

que su gente volbiese, y por esta causa se dexó la ida por algunos dias.

Como la ida de Baybay se dilatava, el Governador despachó al Maese de

Campo, y al Capitan Martin de Goyti á la costa de esta Isla ácia el

Poniente á los pueblos que el Capitan Martin de Goyti havia recivido

de paz en otro viaje, para que los asegurase é fuesen asido que siendo

nuestros amigos no se les haria daño, antes los favoreceriamos, y que

si pudiesen traer de paz otros pueblos de aquella costa y comarca lo

hiciesen y procurasen, é ydos allá salieron de paz los pueblos que

tenian cedulas del Capitan Martin de Goyti, mostrando las cedulas,

y mostrando ser vasallos de S. M. é ansi ellos como otros quinze ó

diez y seis pueblos de aquella costa vinieron de paz y se ofrecieron

por vasallos de S. M. y algunos dellos dieron millo é arroz, lo que

tenian de comida; dieron unas orejeras de poco peso que por todas

fueron veinte y una orejeras, y este fué el primer oro que dieron en

estas Islas para S. M. El Maese de Campo los rescivió de paz á todos

y los dexó quietos y sosegados, dandoles cedulas de amistad é seguro,

y sino se las dan á todos no se contentan, y con todo volbió al campo

y se tuvo por buen principio, que no saben que cosa es dar tributo,

porque nunca lo hicieron ni lo han visto hacer, ni tienen sujeccion á

nadie, sino que cada uno hace cabeza de su juego, y ansi los mas de

los pueblos son pequeños de á quince, y veinte, é treinta casas, y de

menos, y de mas; pero por la mayor parte cada Principal, sus hijos,

deudos, y esclavos están por si, sin tener cuenta ni respeto á otro

ninguno, antes unos á otros se hacen mala vecindad, y se roban y toman

todo lo que pueden, que es gente, que ofreciendoseles ocasion hacen

á toda ropa, aunque sea de sus padres propios, y ansi lo dixeron y

dieron á entender en este viaje al Maestre de Campo, diciéndole que mas

mal havian recivido y recivian de sus propios vecinos que no de los

Españoles aunque les hiciesen guerra, porque como se metian la tierra

adentro huyendo de los Españoles, dexavan sus haciendas enterradas,

que sus mismos vecinos se las sacavan y rovaban unos á otros, y se

veia por esperiencia esto en Mandam, que el dia que los naturales dél

desmanpararon el pueblo por miedo de los de Baybay, los de Zebu ivan

á rovar y ranchear todo lo que podian haver, con ser los de Mandam

sus amigos y deudos muy cercanos no les dexavan estar en pared, hasta

las redes y cañizos que tenian de pescar se los traian, aunque el

Governador se lo reñia y afeava no lo dexavan de hacer, que su propia

naturaleza y costumbre es hurtar y robarse unos á otros lo que pueden

y tienen por grangeria principal entre ellos de tomar y hurtar todo lo

que pueden y tienen todas las veces que se ofrece ocasion, sin tener

respeto de cuyo es, aunque sea de su propio hermano, que en esto no se

ahorran en cosa ninguna.

Vuelto que fué el Maese de Campo de la jornada arriva dicha se despachó

y partió para Baybay como estava acordado, é fué con él por guia

Simaquio Principal de Zebu, y no hizo provecho su ida, por que los

llevó y guió al Pueblo de Caramucua, é no á el de Labazan que era el

mayor y mas principal donde havian estado presos los de Mandam, y

no halló cosa ninguna en Caramucua mas de las casas despobladas sin

comida ni otra cosa alguna aunque entró por la tierra adentro, y no

pudo haver gente ni Indio alguno, é de allí dió la vuelta al pueblo

de Calabazan, donde asimismo estavan alzados é huydos, que paresció

fueron avisados: salieron á los Españoles tres ó quatro Indios diciendo

ser naturales de Zebu, y les dixeron que ellos irian á llamar á los

naturales Principales, y los traerian de paz, que les esperasen dos

dias sin que los Españoles saltasen en tierra ni hiciesen daño, y el

Maese de Campo se lo prometió y les aguardó dos dias y nunca vinieron,

y se entendió haver sido cautela, y ansi determinó de entrar la tierra

adentro, y Simaquio y los de Zebu que ivan con él no quisieron ir con

los Españoles, diciendo ser sus amigos, por donde se vió claramente

ser todos á una, y que no pretendian sino engañarnos. Entraron los

Españoles por la tierra adentro tres ó quatro leguas, donde halló

algunos pueblos sin gente ni comida, sino alzado, escepto algunos

puercos que mataron para comer; y en un pueblo de aquellos mataron un

Grumete estando en un rio desnudo para querer nadar, y le atravesaron

por el costado una lanza arrojadiza desde el alcabuco, sin ver quien

lo hiciese: el Maese de Campo hizo poner fuego á las casas y quemó

aquel pueblo y otros de la comarca, y á dos ó tres Indios que prendió

en unas emboscadas que les puso, los ahorcó, é con esto se partió

de allí, é por no haver hallado comida ninguna determinó costear la

costa, y ansi la fué corriendo hasta el pueblo de Sugud, sin hallar

comida sino fué un Parao que tomó en la mar cargado de camotes con

que se sustentó la gente que llevaba, y desde Sugud pasó á Cabalian

creyendo hallar comida, pues eran amigos, é tambien los halló alzados é

huydos: é ansi se volbió sin traer nada, sino fué un poco de arroz que

halló en Sugud de vuelta, con que tuvo que comer la gente que traia.

En esta costa de Baybay á la ida el Capitan Martin de Goyti topó un

Junco de Luzon que venia de Butuan é iva á su tierra, y á lo que se

entendió llevaba harto oro, y lo llevó donde estava el Maese de Campo

sin les tomar cosa alguna, y sin les hacer daño, é allí dixeron ser

naturales de Luzon, y que eran amigos de los Españoles que venian con

intento de pasar por Zebu á ver al Governador, y que ansi lo harian,

aunque no lo cumplieron. Aunque no lo hicieron despues, ni vinieron

á Zebú, el Maese de Campo por cumplir lo que el Governador le havia

mandado de que no hiciese daño á ningun extrangero los dexó ir libres

sin los tocar en cosa alguna: de esta ida de Baybay se siguió solo un

efecto, que fué, que muchos naturales de Zebu y de toda esta comarca

que havian dexado su tierra por no venir á nuestra amistad, y se

havian acogido á aquella Provincia, como vieron que tampoco estavan

seguros allí, muchos dellos procuraron volber á sus tierras, é algunos

dellos vinieron al Governador á pedirle perdon é licencia para volber

á sus casas é pueblos, la qual se les dió liberalmente, ecepto los de

Matam y Gavi, que nunca han querido paz, ni venir á nuestra amistad,

é se quedaron por allá, y malsinavan y persuadian todo lo posible

para que no hiciesen paz ni tuviesen amistad con nosotros, por que

nos persiguiesen, y casi todos generalmente amigos y enemigos eran

á una en procurar de echarnos de aqui por hambre á ello, lo qual

se vió claramente, por que los de Zebú y los otros pueblos de su

comarca que estavan de paz no sembraron ni hicieron sementeras en sus

tierras, é vinieron á tener ellos hambre por ponerla á los Españoles,

y todos los que fueron á comprar arroz y comida con sus dineros, que

les dieron para ello, como arriva queda dicho, faltaron, que ninguno

traxo recaudo, que no lo hallavan á comprar, é con otras mentiras

é cautelas, que sino fué los cinco cestos que dió Simaquio, y otra

alguna cantidad que se halló en los Paraos que volbieron dellos, no se

pudo otra cosa sacar, y se vino á entender, que los tres Paraos que

traxo Simaquio, diciendo ser de Panay, fué cautela y mentira, sino que

todos los siete Paraos que traxo eran del mismo Simaquio, y el arroz

era del oro é dineros que el Governador dió para ello, y por quedarse

con ello y venderselo como lo vendió, dixo, ser de Panay; y con todo

disimuló con él sin decirle que havia fecho, ni darle á entender que se

havia entendido su bellaqueria, porque el Governador siempre procuró

de no quebrar con los de Zebú por ninguna via, sino conservarlos en

su amistad, y ansi procuró de regalarlos y hacerles muchas buenas

obras, como se las hizo, sin parar en las cautelas y mentiras que con

él tratavan; y verdaderamente segun las astucias y maldades de los

naturales, si Dios misericordiosamente no los proveyera, se vieran en

mayores travajos y necesidades de las que se vieron, y ansi dos ó tres

veces estando en harta necesidad y travajo, sin saber por donde, ni

cómo, llegaron al campo ciertos Paraos de mercaderes Moros de Luzon

cargados de arroz, con que se remedió y tuvo que comer el campo, á los

quales el Governador hacia muy bien acogimiento, é se lo pagava á su

contento, y de esta manera se sustentó el campo, que si hovieran de

sustentarse haciendo guerra á los naturales, se tiene por cierto se

perdieran ó perecieran, á lo menos tuvieran muy mayores travajos de los

que tuvieron.

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II · 第 10 / 29 段