En fin del mes de Septiembre de 1565 años por la falta grande que havia

en el campo, que no se comia ni se dava de racion sino un poco de millo

sin otra cosa, determinó embiar el Governador al Maestre de Campo y

al Capitan Martin de Goyti con cien hombres á buscar bastimentos y

comprarlos con rescates que para ello llevasen, é informado de los

naturales de Zebu donde se hallarian mejor, les dieron noticia que en

una Isla que está enfrente de esta de Zebu á la parte del Poniente,

donde dicen que hay Negros ácia un pueblo de Indios que se dice Tanay,

donde havia mucho arroz y se podia rescatar, é ansi partieron para

allá, llevando por guia ciertos Principales de Zebu, que les enseñasen

el pueblo, que estará treinta leguas, poco más ó menos, de este fuerte;

yendo para allá costeando esta costa las guias dixeron al Maestre de

Campo, que allí junto donde estaban havia un pueblo de enemigos suyos

que les hacian mucho daño á los de Zebu y le rogaron que saltase en

tierra que tambien hallarian comida, y á su ruego desembarcaron y

las guias los llevaron la tierra adentro casi dos leguas á dar en un

pueblo donde la gente dél estaba alzada, y hallaron en el pueblo alguna

borona, y puercos, y gallinas, y por ser larga la distancia del camino

de alli á la mar, para acarrearlo á cuestas, aunque se detuvieron dos

dias no se pudo traer sino poca comida. En este pueblo mataron los

Indios un Lombardero Español llamado Villafuerte, que se desmandó de

la compañia tras un puerco y dió en una emboscada de Indios de donde

le alanzearon: desde allí el Maestre de Campo despachó á Don Pedro de

Herrera su Alferez al Governador con el Batel y le embió la borona que

allí se havia tomado, y él prosiguió su camino á Tanay, y llegado allí,

tambien halló el pueblo despoblado é sin gente ninguna, que se havian

huido e metido la tierra adentro como lo hacian en todas las partes

que llegavan Españoles, y con algun arroz que pudo recoger por las

casas, aunque era poco despachó al Real al Alferez general Andrés de

Ibarra á dar noticia de lo que pasava al Governador, y él con la demás

gente se quedó procurando de hablar á los naturales para los traer de

paz á nuestra amistad, é ansi tomó algunos Indios en emboscadas que

les puso y dandoles á entender que no les venia á hacer mal ni daño

los tornó á soltar embiando á rogar á los Principales que viniesen á

verse con él, y que les daria rehenes á toda seguridad para ello, é

les pagaria todo el arroz que se les havia tomado, y todo lo mas que

de su voluntad quisiesen vender, é no aprovechó, ni quisieron venir,

ni los mensajeros tornaron con respuesta; y estuvo mas de quince dias

en el pueblo esperandolos sin provecho ni efecto alguno. El Alferez

general llegó al campo con un temporal recio de vendavales que duraron

mas de ocho dias, y se tuvo en el campo pena, de que el Don Pedro de

Herrera corriese riesgo con aquella tormenta, y ansi corrió harto

travajo y peligro con aquella tormenta, aunque plugo á Dios llegó á

salvamento á donde estava el Maestre de Campo. El Governador tornó á

embiar el Alferez general con polvora, mecha y municion al Maestre de

Campo, é tornó á arrivar con tormenta, é otra vez le tornó á proveer de

comida y le embio. El Maestre de Campo visto lo poco que aprovechava

su estada en aquel pueblo intentó á entrar la tierra adentro á buscar

algun pueblo, y llegado á otro pueblo le halló despoblado y sin gente

ninguna, é ansi bolvió á la mar é porque un Indio que prendieron les

dió noticia, que tres leguas de allí en la misma costa en otro rio

estava un pueblo que tenia mucha comida, fué allá y entró por el

rio arriba de noche, y dió en un poblezuelo antes que amaneciese, y

en la primera casa que toparon donde estavan dos Principales se les

pusieron en resistencia, que nunca se quisieron dar ni rendirse, y se

defendieron algun tanto por causa que llovia mucho y los arcabuzeros

no prendian fuego ni hacian efecto, y ansi venian á brazos con los

Indios y prendieron al uno y mataron al otro, y ellos hirieron á tres

Españoles: prendieron siete ó ocho niños y niñas que havia en la casa,

en este medio tiempo toda la mas gente del pueblo se huyó y pasó á la

otra parte de un rio donde estava otro poblezuelo á vista dellos; y el

Maestre de Campo habló al Indio Principal que tenia preso, que hiciese

á los Indios que viniesen á paz que no les haria mal, ni queria mas de

contratar con ellos é comprarles comida, é que les soltaria libremente,

que viniesen de paz: el Indio les habló á los que estavan de la otra

parte del rio, é le dixeron, que se vernian de paz, é luego pasaron

cinco Indios dellos á donde estava el Maestre de Campo y hablaron

con él y trataron y concertaron que darian quatrocientos sextos de

arroz, é para recogerlo é traerlo les esperase tres dias, sin que los

Españoles pasasen de la otra parte del rio donde ellos estaban; y el

Maestre de Campo se lo prometió y ellos quedaron de cumplillo ansi, é

se fueron, é fué cautela con que le engañaron, porque en estos tres

dias alzaron é llevaron todo lo que havia en el pueblo sin dexar cosa

ninguna, y al cavo de los tres dias no pareció ni quedó Indio, ni los

pudieron ver, y aunque el Maestre de Campo y el Capitan Martin de

Goyti entendieron la cautela y engaño que les hacian, mas quisieron

dexarse engañar que no hacerles mal robandolos é matandolos, que lo

pudieron muy bien hacer, porque se viese claramente que no les querian

hacer mal ni daño, y por asegurarlos mas, y que el Principal preso

entendiese que por culpa de los suyos no le soltavan, é ansi lo conoció

él y dixo, que un Indio natural de Bohol que vivia entre ellos los

havia engañado, diciéndoles, que no se confiasen de los Españoles ni

tuviesen paz ni amistad con ellos, porque despues que los tuviesen de

paz á todos juntos los tomarian, é matarian, é robarian sus haciendas,

que ansi les havian fecho á ellos en la Isla de Bohol, los Españoles

de Maluco, que vinieron allí tres años havia, y que por temor desto no

osavan hacer paz, y se havian huydo. Visto esto, el Maestre de Campo

determinó volberse con toda su gente y llegó al Real vispera de Todos

Santos, é traxo preso al Indio Principal, al qual el Governador mandó

soltar luego é le puso en su libertad, dandole á entender como no les

queria hacer mal ni daño á los de su tierra, sino tenerlos por amigos

y contratar con ellos, y pagarles los bastimentos que les quisiesen

vender, y que si queria volber á su tierra le daria una canoa y comida

con que se fuese, el qual mostró gran contento de su libertad, que

entre ellos no se usa darla sino es dando por rescate toda su hacienda;

y dixo, que por consejo de aquel Indio de Bohol no havian osado venir

de paz, é que solo él no osaria volber á su tierra, porque en el camino

le matarian enemigos suyos que tiene: el Governador dixo, pues que

ansi era no tuviese pena que algun dia que los Españoles fuesen ácia

allá, le llevarian y le dexarian en su tierra libre, y que entre tanto,

que estuviese con él, é se holgase, é que le mandaria dar todo lo que

menester hoviese; y el dixo que ansi lo haria, y se holgó dello; y para

hacerle mejor tratamiento el Maestre de Campo le llevó á su casa y le

hacia todo el regalo posible, y se andava por todo el Real entre los

Españoles, y en Zebu entre los naturales, y se holgava mucho, y ansi

estuvo muchos dias, hasta que trató con los Principales de Zebu, le

llevasen casi hasta la mitad del camino de su tierra donde tenia un

pueblo de amigos, y que desde allí le darian recaudo hasta su tierra,

y ellos prometieron de llevarle hasta allí, y él pidió licencia al

Governador y se la dió y se fué libremente muy contento con dadivas que

el Governador le dió.

Estando el Maestre de Campo en esta jornada de Tanay arriba declarada,

vino al campo el Parao de Mahomat, Moro, que fué á Panay por arroz como

arriba esta dicho, é traeria obra de doscientos quintales de arroz por

limpiar, que se partió la mitad á los soldados, y la otra mitad á los

Indios de Zebu, que tambien padescian necesidad, en precios moderados,

que los Moros ganaron bien é fueron contentos é partieron despues de

vendido el arroz para su tierra, prometiendo volber otra vez y traer

otras muchas cosas. Con estos Indios Moros embió el Governador a

decir al Rey de Luzon, como estava é residia en estas partes é Islas

en nombre de S. M. y el deseo que tenia de verle y darle la embaxada

que de parte de S. M. traia, é que para esto le rogava le embiase una

persona de confianza, ó tuviese por bien él embiase allá Españoles á

tractar dello con el mismo Rey, y ellos se ofrecieron que lo harian

ansi. Quando este Parao de los Moros vino con el arroz, truxo dos

Junquillos pequeños de Venduro que es una Isla que está junto á Luzon,

y los toparon por la mar, y diciendo el buen tratamiento que el

Governador hacia á los Extrangeros se vinieron con ellos: estos traian

hierro, estaño, porcelanas, mantas y algunas telillas y tafetanes de

la China, y cosas de olores, y otras buxerias y no traian comida,

antes llegaron faltos della, á los quales recivió el Governador con

toda benignidad y los regaló y acarició, y procuró de darles todo

contento; y aunque los naturales de Zebu le rogaron les tomasen las

velas y los timones, por que no se fuesen sin que vendiesen todo lo que

traian que es usanza entre ellos, nunca lo quiso hacer antes les dió

á entender que cada y quando que quisiesen ir podian libremente para

donde quisiesen, de que rescivieron gran contentamiento, y ansi al cavo

de ocho dias el uno pidió licencia para ir á la Isla de Bohol y á otras

comarcanas á vender sus mercadurias, y pidió al Governador le diese una

poliza de seguro para que los Españoles no les hiciesen daño si por

allí le topasen, y se le dió en forma, é se fué, é parte del hierro é

mercadurias dexó en Zebu, con siete ó ocho Moros encomendandolos al

Governador, y que á la vuelta volberia por aqui: el otro se quedó en

Zebu vendiendo sus mercadurias, y los Moros de él cada dia venian al

Real y contratavan con los Españoles con toda seguridad é familiaridad

y compraron de los Indios de Zebu, gallinas, cabras y otras cosas

de comida, y lo traian á vender á los Españoles, por la ganancia é

interese que sentian, y por la nescesidad que de comida y bastimentos

havia en el campo, se sufria aunque fueran más caros en el precio.

Otro dia de Todos los Santos, dia de los difuntos, casi á hora de Misa

se encendió fuego en el Real en casa de un soldado, y por mucha y buena

diligencia que se puso, se quemaron más de veinte casas, y entre ellas

la casa donde dormian los religiosos y la ramada donde se decia Misa,

y aunque se salvó la mayor parte de la hacienda, se quemó mucha, y

se hurtó alguna ropa, y comida, y ansi esto como la apretura que se

ofreció en los aposentos dió harto travajo: no se pudo averiguar si

fué echadizo ó descuydo este fuego; los Indios de Zubu acudieron al

fuego mucha gente á lo que dellos se vido y pareció era para ayudar,

porque venian todos sin armas, pero no se les dió lugar ni consintió

que entrasen en el Real, antes se pusieron centinelas, y guardias para

que no les dexasen entrar en el Real: el Governador les agradeció la

voluntad y ansi se volbieron á su pueblo. Remediados lo mejor que fué

posible del daño del fuego, á los religiosos les dió una casa, la

mejor y la más comoda á su proposito, y para decir Misa se aderezó de

prestado una ramada en que el Governador solia comer, hasta que despues

se hizo junto á la casa de los religiosos una Iglesia pajiza en que al

presente se dice Misa; los soldados que se les quemaron las casas se

repartieron en las de otros camaradas.

El Governador, visto que los de Matan y Gavi no querian ser nuestros

amigos, ni venir de paz, estavan rebeldes, y que de estos dos pueblos

fueron los que mataron á Pedro de Arana, y que les havia embiado á

decir con los Principales de Zebu que viniesen de paz, jamás lo havian

hecho, y lo que peor era, que como no los conociamos nosotros, y ellos

y los de Zebu eran amigos, y todos una cosa se andavan entre nos

cada dia y contratavan sin que los conociesemos, y entravan y salian

en el Real á vueltas de los de Zebu, y se tuvo alguna sospecha de que

huviesen dado causa del incendio y quema de las casas arriba dichas,

y ansi determinó de embiar al Maestre de Campo á Matan, é al Capitan

Martin de Goyti, á requerirles con la paz, y sino la quisiesen aceptar

hechas las diligencias necesarias, les hiciesen guerra, é ansi fueron:

quando llegaron allá no hallaron persona viviente ni otra cosa sino las

casas despobladas sin ropa ni otra alguna alaja, que como ellos eran

amigos de los de Zebu, y á vueltas dellos se andavan entre nosotros,

fueron avisados y se huyeron é despoblaron sus pueblos: visto esto los

dichos Capitanes pusieron fuego á las casas y les quemaron todas por no

tener tan ruin vecindad, que cierto nos dañavan mucho con los de Zebu,

y en todo lo que ellos podian. Preguntando á los de Zebu que se havian

hecho la gente de Matan y Gavi? respondieron, que se havian pasado á

otras Islas comarcanas, y que nos avisavan que nos guardasemos dellos

y velasemos bien, por que los de Matan decian que se havian de vengar

y que nos havian de quemar las casas del Real como á ellos les havian

quemado las suyas. Tuvose sospecha que muchos dellos estavan entre los

mismos de Zebu, que eran deudos é amigos pero disimulavase todo por no

quebrar ni venir á rompimiento con ellos. El Governador dixo á Tupas

y á los Principales de Zubu, que dixesen y amonestasen á los vecinos

de Matan y Gavi, pues eran sus vecinos y deudos, que viniesen de paz,

y que los resceviria, é ternia, é les perdonaria todo lo pasado, y

les ayudaria á hacer sus casas para que viniesen seguros y quietos,

sino, que supiesen que algun dia quando pensasen estar mas seguros

los cogeria y castigaria, que no se le havian de escapar en parte

ninguna que fuesen, porque los buscaria é ternia cuenta dellos; y ellos

prometieron que procurarian de traerlos de paz, y todo era cumplir de

palabra, por que nunca vinieron ni huvo efecto cosa ninguna, antes se

entendió que todos los mas dellos se havian pasado á la Isla de Baibay,

que es una provincia dos jornadas de esta Isla en la contracosta de

Abuyo y Cabalian.

Ya por este tiempo havia falta de comida en el Campo, que no se comia

sino un pedazo de borona, y por ser poca se acortavan las raciones.

Como los que el Governador embió á Panay por el arroz se tardavan y no

venian, se padecia travajo, y los naturales tambien padecian hambre y

travajos grandes, comian yervas y marisco, y comenzaron á degollar y

cortar las palmas para comer, que es la hacienda en que mas tienen, y

de que mas se aprovechan, y despues de dos cogolladas son de ningun

provecho: por todas partes se padecia hambre, fatigas y travajos

hartos, y como el Governador no consentia ni queria dar licencia

de que se les hiciese daño á los naturales, ni se les tomasen sus

haciendas sin paga, la gente estava desabrida y descontenta; y aunque

el Governador y Capitanes, religiosos y otras personas principales,

cada uno por su parte procurava de los animar con buenas palabras y

oferta, y razones claras y evidentes como podian ser ricos con las

mercedes que S. M. les haria, y los aprovechamientos de la tierra que

eran muchos, como á todos era notorio, y que todo el travajo seria

sustentarse y conservarse hasta ver mandato de S. M. y la orden que

seria servido dar para la poblacion desta tierra, y que hasta que esto

viniese se sufriesen y no tuviesen pena, que de comer no faltaria, é

Dios los remediaria, é el Governador tenia proveydo por muchas vias,

para que viniesen bastimentos, é todo aprovechava poco, especialmente

para los que tenian entrañas dañadas, é ruynes intenciones, é ansi se

descubrió é vino á entenderse en esta estrechura un motin y maldad,

é trato diabólico, que muchos dias havia se tratava entre algunos

dellos, y lo querian ahora poner por obra é efecto, que si Dios por

su infinita misericordia no lo descubriera pudiera causar grandes

daños é inconvenientes, é fué, que un cabo de Esquadra llamado Pablos

Hernandez, natural de Veneciano, y Juan Maria Carpintero cabo de obra,

Maestre de la Nao Almiranta, que eran de una tierra y casi se tratavan

como parientes, y otros estrangeros, y algunos soldados, y otras

personas amigos y criados de estos, tenian tratado y concertado de

tomar el Patax San Juan y que irian á Butuan y á otras Islas de este

Archipielago, y ansi mismo tomarian los Juncos de Burney y de Luzon

y Venduro que tratan por estas Islas, y que robarian todo lo mas que

pudiesen, y se podian ir por el Estrecho de Magallanes y si tomasen

la costa de la Nueva España irian á Guatemala y Peru y se podian

pasar desde alli á España, sin ser sentidos ni conocidos, y de alli

á Francia, y á sus tierras donde quisiesen, y que si no quisiesen,

ó no hallasen los tiempos favorables, por esta derrota se podian ir

la vuelta de Malaca donde los Portugueses les recivirian bien, y les

harian cortesia y agradecerian haberse huydo de este campo y Real, y

les darian pasaje á Portugal de donde podian conseguir su efecto, y

parecioles poderlo hacer y salir con ello con facilidad, porque el

Juan Maria como era Maestre de la Nao Almiranta, tenia en su Nao y

poder toda la artilleria, polvora y municiones que estava en la Nao

Almiranta, ansimismo tenia de su mano los Marineros, especialmente

los estrangeros, y Pablos Hernandez tenia muchos amigos y soldados;

y ansi lo trataron con muchos, harto aparejo hallaron: el Pablo

Hernandez havia de ser Capitan y caudillo del negocio, y lo havia de

regir todo, y el Juan Maria seria el General, y despues de estos los

mas principales fueron el Piloto Francés y otros estrangeros de mas

valor, y tambien huvo algunos Españoles que metieron la mano en el

negocio, é persuadieron á otros que fuesen en ello; y pareciendoles que

no les faltava nada é que era buena coyuntura propusieron de ponerlo

en efecto, é concertaron que el Martes que se contaron 27 de Noviembre

de 1565 saldrian de este campo, y para que los que quedavan en él

no pudiesen ir tras ellos ni enojarles tenian concertado antes que

partiesen de dar barreno á la Nao Almiranta y á las Fragatas, y que se

irian seguros y salvos, sin que nadie les pudiese enojar. Y aquella

noche, poco antes de la media noche, teniendo embarcados en el Batel

ciertos tiros y velas y otras cosas de la Nao Almiranta para llevar

el Patax San Juan para el efecto, permitió Dios que lo dexasen y lo

dilatasen para la noche siguiente: la causa ni razon dello no se sabe,

mas de que el Juan Maria dixo, que lo dexasen por entonces, y mandó

tornar á meter en la Nao todo lo que havian embarcado en el Batel, y

ansi parece que fué permision divina. Aquella noche algunos Marineros

que estavan en la Nao, que no sabiendo el trato decian y preguntavan,

que para que efecto se embarcava aquello en el Batel, pues las Fragatas

estavan varadas en tierra, y no havia donde ir; y el Piloto Fortun

Ximenez que era uña y carne del Juan Maria y muy su amigo les dixo, que

el Maese de Campo lo havia mandado é que no curasen de saver para que

era, sino hacer lo que les mandasen, y ansi les taparon las bocas; y

despues se sospechó ser el dicho Piloto uno de los de la liga.

Otro dia Miércoles 28 del dicho mes por la mañana, inspirándolo Dios,

ó por lo que él sabe, el Juan Maria fué al Maestre de Campo y le dió

parte del negocio, sin declarar la persona ni otra cosa, mas de que le

dixo que el Pablo Hernandez cabo de Esquadra, era de su tierra y su

amigo, le persuadia que fuese con él, y que no estuviese perdido aquí,

y que el dicho Pablo Hernandez con otros amigos suyos que querian ir, y

que él por lo que devia al servicio de S. M. se lo decia y avisaba para

que pusiese el remedio en ello como mas conviniese: el Maese de Campo

se lo agradeció y prometió favorecerle, y le perdonó lo que contra él

se hallare en este caso por havello descubierto, y luego fué á dar

parte al Governador, el qual le mandó que le prendiesen luego al Pablo

Hernandez, y le hiciese decir por bien ó por mal los mas que fueron con

él en el trato, é los que hallase culpados los castigase sin dilacion

alguna como tan grande delito y maldad merescia, y que lo primero que

hiciese fuese poner guardas en el campo para que ninguno pudiese salir

ni huirse; y el Maestre de Campo dixo, que ansi lo haria, por que

queria disimular hasta que fuese mas tarde para hacerlo de noche con

menos escándalo: el Governador se lo encargó mucho como cosa que tanto

importava, é luego se pusieron personas de confianza al derredor del

Real, sin decirles mas de que no consintiesen salir á nadie fuera, y

en anocheciendo el Maese de Campo embió á llamar á Pablos Hernandez,

y el mismo fué tras del mensagero á la posada del Pablos Hernandez, y

no le halló en casa, mas de que le dixeron que en cuerpo havia salido

por allí, y él lo fué á buscar por el Real lo mas disimuladamente que

pudo, y antes que le topase parece que le topó algun soldado de los

que vieron que andavan á buscar, y le dixo como el Maestre de Campo le

andava á buscar, que fuese allá, y él como malhechor que sabia lo que

traia en el pecho no osó ir ante él, antes ansi como estava en cuerpo

con su espada en la cinta, sin ir á su posada ni á otra parte alguna

se metió en unas erbazales grandes que havia en el Real, é se agazapó

y escondió, donde estuvo aquella noche: el Maestre de Campo anduvo

por todo el Real y las centinelas á buscarle, y no le hallavan, y

despues dió parte dello al Capitan Martin de Goyti, y despues ambos le

anduvieron á buscar toda aquella noche, y como las centinelas afirmaron

no haver salido nadie fuera, y no parescia en todo el Real, el arcabuco

está cerca y la espesura de la yerva grande, tuvo entendido se le havia

huido, y arto despechado vino á dar parte dello al Governador, de que

no poca pena tuvieron todos: el Governador mandó al Maese de Campo

que inquiriese de Juan Maria los que podian ser en el trato, ó eran

mas amigos y familiares del Pablo Hernandez, é lo tornase á inquirir

é saber quien lo podia saber, para que se descubriese y se tuviese

claridad del negocio y que en ello se pusiese muy gran diligencia. El

Maestre de Campo anduvo rastreando hasta que topo algunos indicios

y prendió al Piloto Francés y á Jorje Griego, Maestre Andrea, á

Guillermo, é á Juan griego Florentin, Gerónimo la Fosa, Francés, y á

Estefan é otros estrangeros, y tomandoles las confesiones el Geronimo

de la Fosa, Francés, luego que le prendieron rogó al Maestre de Campo

que no le hiciesen mal, que el diria la verdad de todo lo que supiese,

y ansi espresamente confesó como Pierres Plin, Piloto Francés, le dió

parte y dixo como tenia concertado de irse con él en el Patax San Juan

y que llevarian por Capitan á Pablo Hernandez, é les señaló otros que

sabian del trato y que ivan muchos, y le rogó y persuadió que fuese con

ellos, y el se lo havia concedido y que estavan concertados que fuese

anoche, y como el Maestre de Campo anduvo á buscar á Pablo Hernandez

para prenderlo, se havia desvaratado la partida: otros de los presos,

aunque al principio lo negaron en sus confesiones, lo vinieron despues

á confesarlo, y se descubrió el motin y todo lo que tenian concertado,

aunque no savian de todas las personas que estavan unidos y havian

de ir más de que el Pablo Hernandez, y Juan María, eran cabezas y

caudillos del negocio: aquella noche amanecieron ahorcados el Piloto

Plin, Francés, y Jorje Griego. Estando confesado para lo mismo Maese

Andrea calafate ocurrieron al Governador el Padre Prior y religiosos, y

otras personas principales del campo, clamando misericordia y suplicar

cesase el castigo dandole muchas razones, de que Dios Nuestro Señor

y S. M. serian mas servidos usando della que del rigor, teniendo la

necesidad que havia de hombres en el campo, y que no havia donde les

rehacer, y que el castigo hecho sería escarmiento bastante para los

demas, y no pudieron alcanzar de él nada por que estava muy enojado

de una maldad tan grande sin ocasion ninguna; solo le pudieron sacar

de que por aquel dia se suspendiese la ejecucion de la justicia. El

Pablo Hernandez, visto que sus consortes estavan presos, ocurrió al

Monasterio á rogar le diesen el Abito para escapar la vida, por que de

otra manera no tenia remedio: el Padre Prior considerando la fealdad

del delito, y quan indignado estava el Governador, le dixo, que no

podia escapar la vida por aquella via, porque aunque le diesen el Abito

tenia entendido que el Governador le sacaria y haria justicia de él,

y ellos no serian para defender, que buscase su remedio por otra via,

y ansi determinó de irse y meterse en un arcabuco pensando guarecerse

entre los Indios: el Governador tenia ya prevenidos á los Indios que le

buscasen y se lo traxesen, y prometió premio al que lo descubriese, y

en el campo echó vando, que quien quiera que supiese dél le viniese á

decir só pena de muerte, y que no le diese nadie de comer, ni armas,

ni otra cosa alguna, só la dicha pena, demas que havia espias secretas

para los que salian y entraban en el Real.

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II · 第 9 / 29 段