en el campo, que no se comia ni se dava de racion sino un poco de millo
sin otra cosa, determinó embiar el Governador al Maestre de Campo y
al Capitan Martin de Goyti con cien hombres á buscar bastimentos y
comprarlos con rescates que para ello llevasen, é informado de los
naturales de Zebu donde se hallarian mejor, les dieron noticia que en
una Isla que está enfrente de esta de Zebu á la parte del Poniente,
donde dicen que hay Negros ácia un pueblo de Indios que se dice Tanay,
donde havia mucho arroz y se podia rescatar, é ansi partieron para
allá, llevando por guia ciertos Principales de Zebu, que les enseñasen
el pueblo, que estará treinta leguas, poco más ó menos, de este fuerte;
yendo para allá costeando esta costa las guias dixeron al Maestre de
Campo, que allí junto donde estaban havia un pueblo de enemigos suyos
que les hacian mucho daño á los de Zebu y le rogaron que saltase en
tierra que tambien hallarian comida, y á su ruego desembarcaron y
las guias los llevaron la tierra adentro casi dos leguas á dar en un
pueblo donde la gente dél estaba alzada, y hallaron en el pueblo alguna
borona, y puercos, y gallinas, y por ser larga la distancia del camino
de alli á la mar, para acarrearlo á cuestas, aunque se detuvieron dos
dias no se pudo traer sino poca comida. En este pueblo mataron los
Indios un Lombardero Español llamado Villafuerte, que se desmandó de
la compañia tras un puerco y dió en una emboscada de Indios de donde
le alanzearon: desde allí el Maestre de Campo despachó á Don Pedro de
Herrera su Alferez al Governador con el Batel y le embió la borona que
allí se havia tomado, y él prosiguió su camino á Tanay, y llegado allí,
tambien halló el pueblo despoblado é sin gente ninguna, que se havian
huido e metido la tierra adentro como lo hacian en todas las partes
que llegavan Españoles, y con algun arroz que pudo recoger por las
casas, aunque era poco despachó al Real al Alferez general Andrés de
Ibarra á dar noticia de lo que pasava al Governador, y él con la demás
gente se quedó procurando de hablar á los naturales para los traer de
paz á nuestra amistad, é ansi tomó algunos Indios en emboscadas que
les puso y dandoles á entender que no les venia á hacer mal ni daño
los tornó á soltar embiando á rogar á los Principales que viniesen á
verse con él, y que les daria rehenes á toda seguridad para ello, é
les pagaria todo el arroz que se les havia tomado, y todo lo mas que
de su voluntad quisiesen vender, é no aprovechó, ni quisieron venir,
ni los mensajeros tornaron con respuesta; y estuvo mas de quince dias
en el pueblo esperandolos sin provecho ni efecto alguno. El Alferez
general llegó al campo con un temporal recio de vendavales que duraron
mas de ocho dias, y se tuvo en el campo pena, de que el Don Pedro de
Herrera corriese riesgo con aquella tormenta, y ansi corrió harto
travajo y peligro con aquella tormenta, aunque plugo á Dios llegó á
salvamento á donde estava el Maestre de Campo. El Governador tornó á
embiar el Alferez general con polvora, mecha y municion al Maestre de
Campo, é tornó á arrivar con tormenta, é otra vez le tornó á proveer de
comida y le embio. El Maestre de Campo visto lo poco que aprovechava
su estada en aquel pueblo intentó á entrar la tierra adentro á buscar
algun pueblo, y llegado á otro pueblo le halló despoblado y sin gente
ninguna, é ansi bolvió á la mar é porque un Indio que prendieron les
dió noticia, que tres leguas de allí en la misma costa en otro rio
estava un pueblo que tenia mucha comida, fué allá y entró por el
rio arriba de noche, y dió en un poblezuelo antes que amaneciese, y
en la primera casa que toparon donde estavan dos Principales se les
pusieron en resistencia, que nunca se quisieron dar ni rendirse, y se
defendieron algun tanto por causa que llovia mucho y los arcabuzeros
no prendian fuego ni hacian efecto, y ansi venian á brazos con los
Indios y prendieron al uno y mataron al otro, y ellos hirieron á tres
Españoles: prendieron siete ó ocho niños y niñas que havia en la casa,
en este medio tiempo toda la mas gente del pueblo se huyó y pasó á la
otra parte de un rio donde estava otro poblezuelo á vista dellos; y el
Maestre de Campo habló al Indio Principal que tenia preso, que hiciese
á los Indios que viniesen á paz que no les haria mal, ni queria mas de
contratar con ellos é comprarles comida, é que les soltaria libremente,
que viniesen de paz: el Indio les habló á los que estavan de la otra
parte del rio, é le dixeron, que se vernian de paz, é luego pasaron
cinco Indios dellos á donde estava el Maestre de Campo y hablaron
con él y trataron y concertaron que darian quatrocientos sextos de
arroz, é para recogerlo é traerlo les esperase tres dias, sin que los
Españoles pasasen de la otra parte del rio donde ellos estaban; y el
Maestre de Campo se lo prometió y ellos quedaron de cumplillo ansi, é
se fueron, é fué cautela con que le engañaron, porque en estos tres
dias alzaron é llevaron todo lo que havia en el pueblo sin dexar cosa
ninguna, y al cavo de los tres dias no pareció ni quedó Indio, ni los
pudieron ver, y aunque el Maestre de Campo y el Capitan Martin de
Goyti entendieron la cautela y engaño que les hacian, mas quisieron
dexarse engañar que no hacerles mal robandolos é matandolos, que lo
pudieron muy bien hacer, porque se viese claramente que no les querian
hacer mal ni daño, y por asegurarlos mas, y que el Principal preso
entendiese que por culpa de los suyos no le soltavan, é ansi lo conoció
él y dixo, que un Indio natural de Bohol que vivia entre ellos los
havia engañado, diciéndoles, que no se confiasen de los Españoles ni
tuviesen paz ni amistad con ellos, porque despues que los tuviesen de
paz á todos juntos los tomarian, é matarian, é robarian sus haciendas,
que ansi les havian fecho á ellos en la Isla de Bohol, los Españoles
de Maluco, que vinieron allí tres años havia, y que por temor desto no
osavan hacer paz, y se havian huydo. Visto esto, el Maestre de Campo
determinó volberse con toda su gente y llegó al Real vispera de Todos
Santos, é traxo preso al Indio Principal, al qual el Governador mandó
soltar luego é le puso en su libertad, dandole á entender como no les
queria hacer mal ni daño á los de su tierra, sino tenerlos por amigos
y contratar con ellos, y pagarles los bastimentos que les quisiesen
vender, y que si queria volber á su tierra le daria una canoa y comida
con que se fuese, el qual mostró gran contento de su libertad, que
entre ellos no se usa darla sino es dando por rescate toda su hacienda;
y dixo, que por consejo de aquel Indio de Bohol no havian osado venir
de paz, é que solo él no osaria volber á su tierra, porque en el camino
le matarian enemigos suyos que tiene: el Governador dixo, pues que
ansi era no tuviese pena que algun dia que los Españoles fuesen ácia
allá, le llevarian y le dexarian en su tierra libre, y que entre tanto,
que estuviese con él, é se holgase, é que le mandaria dar todo lo que
menester hoviese; y el dixo que ansi lo haria, y se holgó dello; y para
hacerle mejor tratamiento el Maestre de Campo le llevó á su casa y le
hacia todo el regalo posible, y se andava por todo el Real entre los
Españoles, y en Zebu entre los naturales, y se holgava mucho, y ansi
estuvo muchos dias, hasta que trató con los Principales de Zebu, le
llevasen casi hasta la mitad del camino de su tierra donde tenia un
pueblo de amigos, y que desde allí le darian recaudo hasta su tierra,
y ellos prometieron de llevarle hasta allí, y él pidió licencia al
Governador y se la dió y se fué libremente muy contento con dadivas que
el Governador le dió.
Estando el Maestre de Campo en esta jornada de Tanay arriba declarada,
vino al campo el Parao de Mahomat, Moro, que fué á Panay por arroz como
arriba esta dicho, é traeria obra de doscientos quintales de arroz por
limpiar, que se partió la mitad á los soldados, y la otra mitad á los
Indios de Zebu, que tambien padescian necesidad, en precios moderados,
que los Moros ganaron bien é fueron contentos é partieron despues de
vendido el arroz para su tierra, prometiendo volber otra vez y traer
otras muchas cosas. Con estos Indios Moros embió el Governador a
decir al Rey de Luzon, como estava é residia en estas partes é Islas
en nombre de S. M. y el deseo que tenia de verle y darle la embaxada
que de parte de S. M. traia, é que para esto le rogava le embiase una
persona de confianza, ó tuviese por bien él embiase allá Españoles á
tractar dello con el mismo Rey, y ellos se ofrecieron que lo harian
ansi. Quando este Parao de los Moros vino con el arroz, truxo dos
Junquillos pequeños de Venduro que es una Isla que está junto á Luzon,
y los toparon por la mar, y diciendo el buen tratamiento que el
Governador hacia á los Extrangeros se vinieron con ellos: estos traian
hierro, estaño, porcelanas, mantas y algunas telillas y tafetanes de
la China, y cosas de olores, y otras buxerias y no traian comida,
antes llegaron faltos della, á los quales recivió el Governador con
toda benignidad y los regaló y acarició, y procuró de darles todo
contento; y aunque los naturales de Zebu le rogaron les tomasen las
velas y los timones, por que no se fuesen sin que vendiesen todo lo que
traian que es usanza entre ellos, nunca lo quiso hacer antes les dió
á entender que cada y quando que quisiesen ir podian libremente para
donde quisiesen, de que rescivieron gran contentamiento, y ansi al cavo
de ocho dias el uno pidió licencia para ir á la Isla de Bohol y á otras
comarcanas á vender sus mercadurias, y pidió al Governador le diese una
poliza de seguro para que los Españoles no les hiciesen daño si por
allí le topasen, y se le dió en forma, é se fué, é parte del hierro é
mercadurias dexó en Zebu, con siete ó ocho Moros encomendandolos al
Governador, y que á la vuelta volberia por aqui: el otro se quedó en
Zebu vendiendo sus mercadurias, y los Moros de él cada dia venian al
Real y contratavan con los Españoles con toda seguridad é familiaridad
y compraron de los Indios de Zebu, gallinas, cabras y otras cosas
de comida, y lo traian á vender á los Españoles, por la ganancia é
interese que sentian, y por la nescesidad que de comida y bastimentos
havia en el campo, se sufria aunque fueran más caros en el precio.
Otro dia de Todos los Santos, dia de los difuntos, casi á hora de Misa
se encendió fuego en el Real en casa de un soldado, y por mucha y buena
diligencia que se puso, se quemaron más de veinte casas, y entre ellas
la casa donde dormian los religiosos y la ramada donde se decia Misa,
y aunque se salvó la mayor parte de la hacienda, se quemó mucha, y
se hurtó alguna ropa, y comida, y ansi esto como la apretura que se
ofreció en los aposentos dió harto travajo: no se pudo averiguar si
fué echadizo ó descuydo este fuego; los Indios de Zubu acudieron al
fuego mucha gente á lo que dellos se vido y pareció era para ayudar,
porque venian todos sin armas, pero no se les dió lugar ni consintió
que entrasen en el Real, antes se pusieron centinelas, y guardias para
que no les dexasen entrar en el Real: el Governador les agradeció la
voluntad y ansi se volbieron á su pueblo. Remediados lo mejor que fué
posible del daño del fuego, á los religiosos les dió una casa, la
mejor y la más comoda á su proposito, y para decir Misa se aderezó de
prestado una ramada en que el Governador solia comer, hasta que despues
se hizo junto á la casa de los religiosos una Iglesia pajiza en que al
presente se dice Misa; los soldados que se les quemaron las casas se
repartieron en las de otros camaradas.
El Governador, visto que los de Matan y Gavi no querian ser nuestros
amigos, ni venir de paz, estavan rebeldes, y que de estos dos pueblos
fueron los que mataron á Pedro de Arana, y que les havia embiado á
decir con los Principales de Zebu que viniesen de paz, jamás lo havian
hecho, y lo que peor era, que como no los conociamos nosotros, y ellos
y los de Zebu eran amigos, y todos una cosa se andavan entre nos
cada dia y contratavan sin que los conociesemos, y entravan y salian
en el Real á vueltas de los de Zebu, y se tuvo alguna sospecha de que
huviesen dado causa del incendio y quema de las casas arriba dichas,
y ansi determinó de embiar al Maestre de Campo á Matan, é al Capitan
Martin de Goyti, á requerirles con la paz, y sino la quisiesen aceptar
hechas las diligencias necesarias, les hiciesen guerra, é ansi fueron:
quando llegaron allá no hallaron persona viviente ni otra cosa sino las
casas despobladas sin ropa ni otra alguna alaja, que como ellos eran
amigos de los de Zebu, y á vueltas dellos se andavan entre nosotros,
fueron avisados y se huyeron é despoblaron sus pueblos: visto esto los
dichos Capitanes pusieron fuego á las casas y les quemaron todas por no
tener tan ruin vecindad, que cierto nos dañavan mucho con los de Zebu,
y en todo lo que ellos podian. Preguntando á los de Zebu que se havian
hecho la gente de Matan y Gavi? respondieron, que se havian pasado á
otras Islas comarcanas, y que nos avisavan que nos guardasemos dellos
y velasemos bien, por que los de Matan decian que se havian de vengar
y que nos havian de quemar las casas del Real como á ellos les havian
quemado las suyas. Tuvose sospecha que muchos dellos estavan entre los
mismos de Zebu, que eran deudos é amigos pero disimulavase todo por no
quebrar ni venir á rompimiento con ellos. El Governador dixo á Tupas
y á los Principales de Zubu, que dixesen y amonestasen á los vecinos
de Matan y Gavi, pues eran sus vecinos y deudos, que viniesen de paz,
y que los resceviria, é ternia, é les perdonaria todo lo pasado, y
les ayudaria á hacer sus casas para que viniesen seguros y quietos,
sino, que supiesen que algun dia quando pensasen estar mas seguros
los cogeria y castigaria, que no se le havian de escapar en parte
ninguna que fuesen, porque los buscaria é ternia cuenta dellos; y ellos
prometieron que procurarian de traerlos de paz, y todo era cumplir de
palabra, por que nunca vinieron ni huvo efecto cosa ninguna, antes se
entendió que todos los mas dellos se havian pasado á la Isla de Baibay,
que es una provincia dos jornadas de esta Isla en la contracosta de
Abuyo y Cabalian.
Ya por este tiempo havia falta de comida en el Campo, que no se comia
sino un pedazo de borona, y por ser poca se acortavan las raciones.
Como los que el Governador embió á Panay por el arroz se tardavan y no
venian, se padecia travajo, y los naturales tambien padecian hambre y
travajos grandes, comian yervas y marisco, y comenzaron á degollar y
cortar las palmas para comer, que es la hacienda en que mas tienen, y
de que mas se aprovechan, y despues de dos cogolladas son de ningun
provecho: por todas partes se padecia hambre, fatigas y travajos
hartos, y como el Governador no consentia ni queria dar licencia
de que se les hiciese daño á los naturales, ni se les tomasen sus
haciendas sin paga, la gente estava desabrida y descontenta; y aunque
el Governador y Capitanes, religiosos y otras personas principales,
cada uno por su parte procurava de los animar con buenas palabras y
oferta, y razones claras y evidentes como podian ser ricos con las
mercedes que S. M. les haria, y los aprovechamientos de la tierra que
eran muchos, como á todos era notorio, y que todo el travajo seria
sustentarse y conservarse hasta ver mandato de S. M. y la orden que
seria servido dar para la poblacion desta tierra, y que hasta que esto
viniese se sufriesen y no tuviesen pena, que de comer no faltaria, é
Dios los remediaria, é el Governador tenia proveydo por muchas vias,
para que viniesen bastimentos, é todo aprovechava poco, especialmente
para los que tenian entrañas dañadas, é ruynes intenciones, é ansi se
descubrió é vino á entenderse en esta estrechura un motin y maldad,
é trato diabólico, que muchos dias havia se tratava entre algunos
dellos, y lo querian ahora poner por obra é efecto, que si Dios por
su infinita misericordia no lo descubriera pudiera causar grandes
daños é inconvenientes, é fué, que un cabo de Esquadra llamado Pablos
Hernandez, natural de Veneciano, y Juan Maria Carpintero cabo de obra,
Maestre de la Nao Almiranta, que eran de una tierra y casi se tratavan
como parientes, y otros estrangeros, y algunos soldados, y otras
personas amigos y criados de estos, tenian tratado y concertado de
tomar el Patax San Juan y que irian á Butuan y á otras Islas de este
Archipielago, y ansi mismo tomarian los Juncos de Burney y de Luzon
y Venduro que tratan por estas Islas, y que robarian todo lo mas que
pudiesen, y se podian ir por el Estrecho de Magallanes y si tomasen
la costa de la Nueva España irian á Guatemala y Peru y se podian
pasar desde alli á España, sin ser sentidos ni conocidos, y de alli
á Francia, y á sus tierras donde quisiesen, y que si no quisiesen,
ó no hallasen los tiempos favorables, por esta derrota se podian ir
la vuelta de Malaca donde los Portugueses les recivirian bien, y les
harian cortesia y agradecerian haberse huydo de este campo y Real, y
les darian pasaje á Portugal de donde podian conseguir su efecto, y
parecioles poderlo hacer y salir con ello con facilidad, porque el
Juan Maria como era Maestre de la Nao Almiranta, tenia en su Nao y
poder toda la artilleria, polvora y municiones que estava en la Nao
Almiranta, ansimismo tenia de su mano los Marineros, especialmente
los estrangeros, y Pablos Hernandez tenia muchos amigos y soldados;
y ansi lo trataron con muchos, harto aparejo hallaron: el Pablo
Hernandez havia de ser Capitan y caudillo del negocio, y lo havia de
regir todo, y el Juan Maria seria el General, y despues de estos los
mas principales fueron el Piloto Francés y otros estrangeros de mas
valor, y tambien huvo algunos Españoles que metieron la mano en el
negocio, é persuadieron á otros que fuesen en ello; y pareciendoles que
no les faltava nada é que era buena coyuntura propusieron de ponerlo
en efecto, é concertaron que el Martes que se contaron 27 de Noviembre
de 1565 saldrian de este campo, y para que los que quedavan en él
no pudiesen ir tras ellos ni enojarles tenian concertado antes que
partiesen de dar barreno á la Nao Almiranta y á las Fragatas, y que se
irian seguros y salvos, sin que nadie les pudiese enojar. Y aquella
noche, poco antes de la media noche, teniendo embarcados en el Batel
ciertos tiros y velas y otras cosas de la Nao Almiranta para llevar
el Patax San Juan para el efecto, permitió Dios que lo dexasen y lo
dilatasen para la noche siguiente: la causa ni razon dello no se sabe,
mas de que el Juan Maria dixo, que lo dexasen por entonces, y mandó
tornar á meter en la Nao todo lo que havian embarcado en el Batel, y
ansi parece que fué permision divina. Aquella noche algunos Marineros
que estavan en la Nao, que no sabiendo el trato decian y preguntavan,
que para que efecto se embarcava aquello en el Batel, pues las Fragatas
estavan varadas en tierra, y no havia donde ir; y el Piloto Fortun
Ximenez que era uña y carne del Juan Maria y muy su amigo les dixo, que
el Maese de Campo lo havia mandado é que no curasen de saver para que
era, sino hacer lo que les mandasen, y ansi les taparon las bocas; y
despues se sospechó ser el dicho Piloto uno de los de la liga.
Otro dia Miércoles 28 del dicho mes por la mañana, inspirándolo Dios,
ó por lo que él sabe, el Juan Maria fué al Maestre de Campo y le dió
parte del negocio, sin declarar la persona ni otra cosa, mas de que le
dixo que el Pablo Hernandez cabo de Esquadra, era de su tierra y su
amigo, le persuadia que fuese con él, y que no estuviese perdido aquí,
y que el dicho Pablo Hernandez con otros amigos suyos que querian ir, y
que él por lo que devia al servicio de S. M. se lo decia y avisaba para
que pusiese el remedio en ello como mas conviniese: el Maese de Campo
se lo agradeció y prometió favorecerle, y le perdonó lo que contra él
se hallare en este caso por havello descubierto, y luego fué á dar
parte al Governador, el qual le mandó que le prendiesen luego al Pablo
Hernandez, y le hiciese decir por bien ó por mal los mas que fueron con
él en el trato, é los que hallase culpados los castigase sin dilacion
alguna como tan grande delito y maldad merescia, y que lo primero que
hiciese fuese poner guardas en el campo para que ninguno pudiese salir
ni huirse; y el Maestre de Campo dixo, que ansi lo haria, por que
queria disimular hasta que fuese mas tarde para hacerlo de noche con
menos escándalo: el Governador se lo encargó mucho como cosa que tanto
importava, é luego se pusieron personas de confianza al derredor del
Real, sin decirles mas de que no consintiesen salir á nadie fuera, y
en anocheciendo el Maese de Campo embió á llamar á Pablos Hernandez,
y el mismo fué tras del mensagero á la posada del Pablos Hernandez, y
no le halló en casa, mas de que le dixeron que en cuerpo havia salido
por allí, y él lo fué á buscar por el Real lo mas disimuladamente que
pudo, y antes que le topase parece que le topó algun soldado de los
que vieron que andavan á buscar, y le dixo como el Maestre de Campo le
andava á buscar, que fuese allá, y él como malhechor que sabia lo que
traia en el pecho no osó ir ante él, antes ansi como estava en cuerpo
con su espada en la cinta, sin ir á su posada ni á otra parte alguna
se metió en unas erbazales grandes que havia en el Real, é se agazapó
y escondió, donde estuvo aquella noche: el Maestre de Campo anduvo
por todo el Real y las centinelas á buscarle, y no le hallavan, y
despues dió parte dello al Capitan Martin de Goyti, y despues ambos le
anduvieron á buscar toda aquella noche, y como las centinelas afirmaron
no haver salido nadie fuera, y no parescia en todo el Real, el arcabuco
está cerca y la espesura de la yerva grande, tuvo entendido se le havia
huido, y arto despechado vino á dar parte dello al Governador, de que
no poca pena tuvieron todos: el Governador mandó al Maese de Campo
que inquiriese de Juan Maria los que podian ser en el trato, ó eran
mas amigos y familiares del Pablo Hernandez, é lo tornase á inquirir
é saber quien lo podia saber, para que se descubriese y se tuviese
claridad del negocio y que en ello se pusiese muy gran diligencia. El
Maestre de Campo anduvo rastreando hasta que topo algunos indicios
y prendió al Piloto Francés y á Jorje Griego, Maestre Andrea, á
Guillermo, é á Juan griego Florentin, Gerónimo la Fosa, Francés, y á
Estefan é otros estrangeros, y tomandoles las confesiones el Geronimo
de la Fosa, Francés, luego que le prendieron rogó al Maestre de Campo
que no le hiciesen mal, que el diria la verdad de todo lo que supiese,
y ansi espresamente confesó como Pierres Plin, Piloto Francés, le dió
parte y dixo como tenia concertado de irse con él en el Patax San Juan
y que llevarian por Capitan á Pablo Hernandez, é les señaló otros que
sabian del trato y que ivan muchos, y le rogó y persuadió que fuese con
ellos, y el se lo havia concedido y que estavan concertados que fuese
anoche, y como el Maestre de Campo anduvo á buscar á Pablo Hernandez
para prenderlo, se havia desvaratado la partida: otros de los presos,
aunque al principio lo negaron en sus confesiones, lo vinieron despues
á confesarlo, y se descubrió el motin y todo lo que tenian concertado,
aunque no savian de todas las personas que estavan unidos y havian
de ir más de que el Pablo Hernandez, y Juan María, eran cabezas y
caudillos del negocio: aquella noche amanecieron ahorcados el Piloto
Plin, Francés, y Jorje Griego. Estando confesado para lo mismo Maese
Andrea calafate ocurrieron al Governador el Padre Prior y religiosos, y
otras personas principales del campo, clamando misericordia y suplicar
cesase el castigo dandole muchas razones, de que Dios Nuestro Señor
y S. M. serian mas servidos usando della que del rigor, teniendo la
necesidad que havia de hombres en el campo, y que no havia donde les
rehacer, y que el castigo hecho sería escarmiento bastante para los
demas, y no pudieron alcanzar de él nada por que estava muy enojado
de una maldad tan grande sin ocasion ninguna; solo le pudieron sacar
de que por aquel dia se suspendiese la ejecucion de la justicia. El
Pablo Hernandez, visto que sus consortes estavan presos, ocurrió al
Monasterio á rogar le diesen el Abito para escapar la vida, por que de
otra manera no tenia remedio: el Padre Prior considerando la fealdad
del delito, y quan indignado estava el Governador, le dixo, que no
podia escapar la vida por aquella via, porque aunque le diesen el Abito
tenia entendido que el Governador le sacaria y haria justicia de él,
y ellos no serian para defender, que buscase su remedio por otra via,
y ansi determinó de irse y meterse en un arcabuco pensando guarecerse
entre los Indios: el Governador tenia ya prevenidos á los Indios que le
buscasen y se lo traxesen, y prometió premio al que lo descubriese, y
en el campo echó vando, que quien quiera que supiese dél le viniese á
decir só pena de muerte, y que no le diese nadie de comer, ni armas,
ni otra cosa alguna, só la dicha pena, demas que havia espias secretas
para los que salian y entraban en el Real.