Otro dia Martes 5 de Junio, volbieron al campo los mismos Principales,

y dixeron que venian á holgarse con el Governador, el qual los recivió

bien, y les dió de almorzar y beber que es su holganza, y la cosa

que de mejor gana hacen: traxeron consigo otros Principales de los

que andavan alzados por el monte, y que se vinieron á someter y dar

la obediencia á S. M. los quales besando las manos al Governador

prometieron lo mismo que los pasados, y el Governador mandó se les

diesen algunas cuentas y bonetes de grana, con lo qual quedavan

contentos; y despues otros dias siguientes vinieron al mismo efecto

otros Principales, que los traian el Tupas y siete, para el mismo

dominio y vasallage de Castilla, ofreciendose por vasallos de la Real

Corona como los demas, y decian que comunicarian con otros amigos

suyos para que viniesen al mismo efecto; á todos los quales recivió

el Governador con buena gracia y benignidad, mostrandoles el favor

que ternian del Rey de Castilla, y el provecho y quietud que se les

seguiria, y así los despedia muy contentos, dándoles algunas cuentas

y rescates; con lo qual y con la ordinaria conversacion, humanidad y

buen tratamiento que se hacian á todos los que venian, venian otros de

nuevo, entre los quales venian dos Principales de Mandavia que estavan

alzados, que es un Puerto que está á vista del Campo una legua, en la

rivera de la mar, á la misma entrada que está á la parte de Levante

questa que se llama Ludugun, Siandu, Sipatu, y otro Susucum: ansimismo

vinieron otros llamados Sicarasi, Sira, Sicao, Sidala, Nique; asimismo

dieron la misma obediencia y como vasallos de S. M. besaron las manos

al Governador y prometieron de guardar lo mismo que los de este Puerto

de Zubu. Entre los mojones que señalaron entre el alojamiento del

campo de los Españoles y la tierra de los Indios, quedó descombrado

un pedazo de tierra, que fué lo que se descombró de las casas que

quemaron los Indios como arriba queda dicho, y del otro lado ácia el

estero un gran pedazo de tierra baldia mas de un tiro de arcabuz, y en

los mojones ácia fuera, en lo que quedó á los Indios quedaron muchas

casas por la playa adelante ácia el Poniente, y entre ellas la casa de

Tupas, y en ellas se comenzaron á recoger y venir los Indios naturales

y traian sus mugeres y hijos, que poco á poco se juntó cantidad de

gente, y dende en pocos dias, como iban perdiendo el temor traian al

real á vender algunas cabras y puercos, y alguna cantidad de gallinas

de Castilla, lo qual todo davan por cuentas y otros rescates: ansimismo

traian gran cantidad de vino de palmas, á que los Españoles se dieron

de buena gana y decian, que no echavan menos el vino de Castilla; y por

el riesgo y inconveniente que dello podia suceder mandó el Governador,

que no se truxese ni vendiese vino en el real ni lo comprasen, y dixo

á Tupas y los Principales que como los Españoles no estavan hechos

á esta tierra y eran recien venidos les hacia mal beberlo, y habian

enfermado algunos dellos; que el rogava que no consintiese ni truxese

vino á los Españoles, ni se lo diesen, y aunque prometieron lo harian

no dexavan de traer mucha cantidad dello y á escondidas, y de noche,

y el Governador mandó que se les derramase todo lo que truxesen, y

puso guardas en las entradas y centinelas, y algo se remedió, aunque no

huvo medio del todo para quitarlo, y algunos se davan tan buena maña

que tenian sus inteligencias para haverlo, y dende á poco tiempo se

dieron todos á ello, diciendo, que era mejor que el de Castilla, y de

mas sustentamiento, y ansi todos en general lo bebieron publicamente:

todo lo mas que traian al real á vender lo traian mugeres que cada dia

venian cantidad dellas, y andavan de casa en casa con tanta libertad

ó por mejor decir desonestidad, que convidavan con sus cuerpos á los

soldados, y otras les ofrecian de les traer otras mas mozas como

hoviese de por medio algun interés. El Governador mandó que nadie no

consintiese ni las dexase entrar en sus casas, ni tuviesen acceso con

ellas, só graves penas, ni las consintiesen quedar de noche en el real;

y aunque se puso deligencia en la guarda dello, tampoco aprovechava,

que fuera de sus casas y entre los palmares se aprovechavan dellas;

y visto esto mandó el Governador llamar á Tupas y á los demas

Principales, y les dixo, que no parecia bien que las Indias anduviesen

entre los soldados en el real de casa en casa, que les rogava que

proveyesen y mandasen, que no viniesen al real, y que los Indios

viniesen á vender y contratar y no ellas; y si las mugeres lo huviesen

de hacer él les queria señalar un mercado y lugar publico donde fuesen

todas y estuviesen publicamente vendiendo lo que quisiesen sin andar

de casa en casa, los quales respondieron, que las que venian á vender

y contratar eran esclavas y no mugeres casadas, y que no se le diese

dello, ni reciviese pena por que aquello era su costumbre, y que

las mugeres casadas y honradas no venian al real, aunque despues se

ha visto y entendido lo contrario, que yendose los Indios fuera del

pueblo, que continuamente lo hacen, á contratar por la mar, muchas de

las casadas y hijas de los Principales venian al Campo á vueltas de

las otras, y ansi andavan por el campo visitando con tanta soltura

y libertad como si todos fueran sus propios hermanos, y ansi se ha

visto y entendido despues, que lo tienen de costumbre y lo hacen con

todos los estrangeros que vienen de fuera, que lo primero que hacen

es proveerles de mugeres, y se las venden por qualquier interes por

pequeño que sea, y esto hacen generalmente con todos los forasteros. El

Governador y capitanes y otras personas principales pusieron siempre

la deligencia posible para que no hoviese acceso, y se guardase lo

mandado, de que no entrasen en casa ninguna del real, y se castigaron

algunos que lo quebrantaron; y con todo no dexó de haver harta rotura,

por aparejo grande que en ellas havia; é asi que verdaderamente

ellos son aficionados al vino y al beber, y ellas al vino y á la

carne, y todos ellos á pedir, y recivir, y tomar todo lo que pudieren

que en otra cosa no entienden, ni tienen otra cosa mas principal,

demasiadamente son codiciosos, y como haya interes venden unos á otros,

y hacen todo el mal que pueden: son de poca pulicia en sus cosas y

servicios, y de menos limpieza, y de ninguna verguenza ni verdad que

no la tratan ni la guardan, que ninguno dellos tiene intento mas de

á su propio interes, y si un deudo ó hermano, ú otro ha de prestar

algo es con que se lo vuelba doblado y no de otra manera. No se les ha

visto que tengan Idolos: á sus antepasados tienen por Dioses, y quando

están enfermos ó tienen otra necesidad acuden á sus sepulturas con

grandes llantos y alabanzas á pedirles sanidad, favor y socorro, donde

hacen ciertas limosnas y imbocaciones, y ansi mismo imbocan y llaman

al Demonio, y dicen que le hacen venir en una caña hueca, y que alli

habla á las sacerdotisas, que por la mayor parte son mugeres las que

hacen esta imbocacion, y hablan con el Demonio, y él la respuesta da

al publico y les dice lo que han de ofrecer, aves y otras cosas, segun

que pide y quiere el Demonio; y en estas imbocaciones ordinariamente

para que el Demonio venga á hablarles en la caña, sacrifican un puerco

y se lo ofrecen, y tienen otras muchas superticiones de esta calidad.

Quando muere algun Principal, matan algunos esclavos de los suyos,

mas ó menos, segun la calidad de la persona y hacienda que tiene:

todos ellos se entierran en ataudes hechos de dos tablas, y entierran

juntamente consigo de las mas ricas mantas y borcelanas, y joyas de

oro de las que tienen, y algunos se entierran devaxo de tierra, y otros

mas principales los ponen en unas casas altas. El Governador les ha

persuadido y mandado á los de Zebu, que no maten hombre ninguno, aunque

sean esclavos, en los enterramientos, ni en otras fiestas, dandoles

á entender que es malo y gran pecado, y le han prometido que ansi lo

guardaran, y despues acá no se ha visto ni entendido que á ninguno

maten, á lo menos publicamente ó de manera que se pueda saber.

Despues que los naturales se hartaron de cuentas, cascabeles y otros

rescates y menudencias comenzaron á pedir oro y hierro por lo que

traian á vender: no lo querian dar de otra manera; y ansi rescataron

por hierro, y otras cosas menores, que no parava clavo, ni hierro, ni

aro de pipas que pudiesen haver, hasta que el Governador mandó que

ninguno fuese osado á rescatar con hierro cosa alguna, ni darlo á los

naturales, y castigó algunos sobre ello, y comenzó la gente á darles

por vino, gallinas, y pescados en los paños de manos, camisas y otras

cosas de su vestir como gente muy inconsiderada y mandandoles que no lo

hiciesen se daban á perros.

En este tiempo tuvo el Governador noticia de un poblezuelo que estava

dentro de un estero de un Alcabucal y mal pais, fuerte, casi una legua

del Real y que alli tenian los naturales muchas armas y municiones de

guerras, é que los de aquel pueblo fueron los que mataron á traycion

á Pedro de Arana, y enbió alli una noche al Maestre de Campo, y al

Capitan Martin de Goyti; y aunque entraron con travajo por ser pedregal

y mal pais baxo no podia llegar el Batel y Bateles, entraron en el

pueblo y huyosele la gente toda, sino fuera quatro ú cinco Indios que

tomaron: quemaron algunas casas é mucha cantidad de lanzas y arcos y

flechas que tenian, y ansi se bolvieron; y los Principales de Zebú

certificaron al Governador no ser aquéllos los que mataron á Pedro de

Arana, sino de otro poblezuelo mas adelante, cerca de alli que se dice

Ganiabu, que era verdad que el Parao en que vinieron á Matan pasó por

alli, y despues se entendió que todos fueron en ello, y que los Indios

de Zebú lo supieron y consintieron en ello, y con todo el Governador

disimuló con ellos sin les dar á entender ellos fuesen culpados en el

caso. El Tupas trató diversas veces con el Governador, se holgaria y

querria que los de Matan fuesen nuestros amigos: el Governador siempre

dixo que si, que se viniesen de paz, y reciviria, y los ternia por

amigos, que los hiciese llamar y venir, y el decia, que si, y nunca

vinieron, hasta que un dia el mismo Tupas dixo, que él queria ir allá

en persona y traerlos y ansi fué en un Parao, y al cavo de tres dias

volbió y dixo, que se habian huydo y despoblado su pueblo y casas los

de Matan, y los de Gain, que se havian ido á otras Islas y pueblos

comarcanos, que eran enemigos de los de Zebú, aunque á lo que despues

pareció fué ficcion ó trato doble: el Governador desimuló luego con él,

y le despidió con buenas palabras, diciendo, que no se le dava nada

de ellos pues no querian su amistad: y el Tupas tornó á decir que él

procuraria de saver donde havian ido y de los llamar y traer de paz:

el Governador le rogó que lo hiciese ansi. Estos de Matan estuvieron

siempre muy contumazes y rebeldes de no querer paz, antes se entendió

les aconsejaban á los de Zebú como á los demas no la tuviesen con

nosotros, diciendo, que ellos nos matarian, u á lo menos por hambre

nos echarian de aqui, y ansi hacian todo el mas daño que podian donde

quiera que llegaban, y una tarde casi á la noche se entraron por el

Puerto de la parte de Levante quatro u cinco Paraos, los quales no

queriendo llegar al Real pasavan desviados de las Naos como gentes

estrañas y recatadas, y visto que eran estrangeras mandó el Governador

al Maestre de Campo fuese en una Fragata á reconocer qué gente era,

el qual fue, y como los de los Paraos vieron la Fragata dieron á huir

haciendose á lo largo á la mar, y el les fué dando caza hasta que los

alcanzó, y tomó un Parao dellos, y los dos se huyeron á Zebú á casa

del Tupas, y no los quiso seguir el Maestre de Campo, y por haverse

acogido alli, y los demás se huyeron por anochecer presto y hacer muy

escuro: la Canoa que se tomó fué casi con veinte personas, y aunque

lo negaron se sospechó eran de Matan: el Maestro de Campo en viniendo

al Real traia la canoa que tomó por popa de la Fragata, y llegando

junto al pueblo de Zebú dió lugar que se echasen á nado los presos y se

fuesen á tierra, y no truxo mas de solo dos Indios dellos, y la canoa:

y estos dixeron ser de un pueblo desta misma Isla. Otro dia por la

mañana vinieron Sicatepan y Simaquio, Principales de Zebú, y dixeron

al Governador que aquellos Paraos y los Indios que havian prendido

eran de Diluan, un pueblo con quien ya estava hecha paz y amistad: el

Governador les dixo, si eran amigos porque havian huydo del Maestre de

Campo, que no les iva á hacer daño, sino á saver de a donde eran: ellos

dieron dello sus escusas, aunque el Governador entendió que no trataban

verdad, porque discreparon de lo que los dos Indios que estavan

presos dixeron: disimuló con ellos diciendo, que mirasen bien si eran

naturales de Diluan, y que no le engañasen, porque los Paraos no havian

pasado por las Naos como amigos, sino desviandose dellas como gente

recatada, y que Tupas y ellos mismos los de Zebú lo tenian avisado, y

que si topasen algunas canoas que no fuesen cantando, ó se desviasen

de las Naos, que les tirasen porque serian enemigos; y que ellos todos

vendrian cantando y derechos á las Naos, y á hablar, y no pasarian de

otra arte; pero pues que ellos decian que eran amigos, creia que seria

ansi, y dos Indios que traxo el Maestre de Campo, tenia presos, y

que los queria soltar y dexar libremente ir á su tierra, y los hizo

traer ante ellos y les dixo, como les dava su libertad y que se fuesen

mucho de norabuena, y les mandó dar su canoa, y ansi los llevaron

el Sicatepan y Simaquio consigo, y á la sazon paresció que Tupas

estava ausente de Zebú, y despues que vino dende á ciertos dias Tupas

descuvrió al Governador como el Parao é Indios que tomó el Maestre de

Campo, é los demás Paraos eran de Matan, é que Sicatepan é Simaquio

havian llevado á los dos Indios que el Governador libertó sendos taydes

de oro de rescate diciendo que ellos havian sido causa de su libertad,

y que á él no le querian dar parte de aquel rescate porque se halló

ausente: el Governador, lo echó en risa, y lo disimuló con él, y se

entendió claramente que ellos con los de Matan con ellos se travan

cada dia, y eran todos unos, aunque no dexan de aprovechar los unos á

los otros ofreciendose ocasion para haver interese, como fué lo que

arriva esta dicho, porque no tienen ley padre con hijo, ni hermano con

hermano, ni se tratan verdad.

Luego que el Governador llegó á esta Isla propuso y procuró de hacer

un fuerte, y ansi lo puso por la obra, y toda la gente cada dia por

la mañana y tarde entendia en ellos, sin respetar ni reservar alguna

persona por que el mismo Governador, Capitanes y Oficiales travajaban

quanto podian, el qual fuerte se hacia de palizada de palmas para

despues hinchir de fagina é terrapleno entre-medias, y por falta de

no haver piedra ni tierra, sino arenal en la punta donde se hacia; y

asimismo mandó hacer tres Fragatas sobre tres Paraos que se huvieron

de los Indios, y en esto entendian los Carpinteros, y toda la gente

repartida en estas obras, y en ello padecieron artos travajos, ansi

por ser la tierra caliente y haver mal de comer, como porque todos

los materiales se traian de lexos y á cuestas de hombros, y sin ayuda

ninguna de los naturales, porque era por demás pedirselo, aunque se lo

pagaran, de cuya causa sucedieron algunas enfermedades generalmente en

todo el campo que fué pachugera[16] y romadizo, y despues camaras, y lo

postrero lombrices y calenturas, que fué general en casi todo el campo;

y con todas estas enfermedades fué Dios Nuestro Señor servido que no

peligrasen dello; y aunque havia falta de comida la gente travajava

en las obras dichas y hacian buen rostro á los travajos y fatigas que

padecian por servir á Dios y á S. M.

Tupas y los Principales rogavan y persuadian al Governador, que fuesen

á hacer guerra y entrada en los pueblos de enemigos suyos, y el los

dilatava y detenia con esperanza de un dia para otro hasta acabar el

fuerte y algunas fragatas, porque en los Bateles no se podia hacer nada

de lo que se pretendia por ser tan pesados, y como los Principales

veian el buen tratamiento que el Governador les hacia, que les dava

tan largo todo lo que ellos le pedian, Tupas le dixo un dia que su

muger é hijas querian venir á verle, porque tenian grande deseo de

conocerle, y el dixo, que se holgaria de ello, y que quando y como el

quisiese lo hiciese, y ansi dende á pocos dias las traxo, y el modo

de venir fué que las mugeres venian por si aparte en procesion de dos

en dos, y á la postre la más principal, y ansi vino la muger de Tupas

puestos los brazos á los hombros de dos mugeres principales, y delante

su procesion de mas de sesenta mujeres cantando en alta voz todas

ellas, y las mas traian sombreros de palma en las cabezas, y algunas

guirnaldas de diversas flores, y otras de oro, y otras, manillas en

las piernas y orejas y brazos, y anillos de oro en las manos, en los

dedos, y todas vestidas de naguas ú faldinetes y mantas de colores, y

algunas de tafetan: Tupas y los Indios vinieron por si aparte, y el

Governador les recivió muy bien, y les dió de comer y beber a todos,

y despues dió á la muger de Tupas, y á dos nueras, y dos sobrinas

suyas, lienzo de ruan á cada una ocho varas, y cuentas de Margaritas

y sendos espejos, y peynes, y á todas las otras mugeres cuentas de

christalinas, y abalorio, y cascabeles y otras cosas, y las despidió

y embió muy contento, y se fueron por la misma orden que vinieron con

su procesion y canto, y dende á pocos dias hicieron lo mismo las

mugeres é hijos de Sicatepan, é de Simaquio Principales, y que vinieron

por la misma orden, con quien se hizo como con las primeras, y se

volvian todas tan contentas que decian el Governador era su padre, y

cierto les hacia obras de padre, porque demás de lo que les dió de los

rescates de S. M. de su propia hacienda les dió mas de cien varas de

ruan de cofre, y mucha cantidad de margaritas y cuentas, y espejos, y

otros rescates; y siempre despues que llegó á estas Islas procuró de

dar todo contento á los naturales, y que no se les hiciese agravio ni

daño, ni se les tomase cosa ninguna de su hacienda sin paga en todas

las partes que llegó é tomó tierra, y principalmente en esta Isla de

Zubu, donde pensava vivir y permanecer y hacer vida con ellos, y con

esto los apaciguó, é aseguró mucho, y dende algunos dias que estavan

mas seguros, Tupas embió al Governador una India, diciendo ser su

sobrina para que le sirviese, y con ella vinieron otras tres criadas

suyas della, á la qual recivió bien el Governador, y la vistió y hizo

dotrinar las oraciones de la doctrina christiana, y ella las tomaba

bien, y despues de sabida la doctrina dixo, que queria ser christiana,

y ansi pidió que le Bautizasen; y aunque el Padre Prior lo dilató

algunos dias dandole á entender que cosa era ser christiana y lo que

havia de creer y guardar despues de Bautizada, viendo su perseverancia

la Bautizó á ella, é á su ruego á un hijo suyo de tres años, y á un

muchacho y á una muchacha que tenia de su servicio de edad de siete

ó ocho años, y esta fué la primera que se Bautizó y tomó la fee

Christiana en esta Isla, y llamose Isabel, á la qual dende á poco el

Governador la casó con Maestre Andrea Calafate Griego, Cavo de obra,

ayudandole para su casamiento le hizo gran fiesta en sus bodas, y se

hallaron en ellas todos los Principales de Zebú, y mostraron gran

contento dello; y despues acá á imitacion suya han venido algunas

Indias diciendo quieren ser christianas y Bautizarse, á las quales se

les muestra la doctrina y las oraciones para el efecto, y ansi mismo

se han Bautizado siete ó ocho niños, que se han muerto, de Indias que

en el real sirven á soldados, y estas son las almas que hasta ahora se

han ganado para el cielo, y cierto se tiene entendido, que si hoviese

lengua ó Interprete que les predicasen nuestra fée, facilmente se

convertirian mucho numero dellos: Dios por quien es lo encamine como él

se sirva.

A cavo de mas de dos meses que la gente se ocupava en la obra, y fuerte

y Fragatas como está dicho, Tupas y los Principales de Zebú vinieron al

Governador y le pidieron favor é ayuda contra un pueblo enemigo suyo,

diciendo, que ahora nuevamente los havian corrido ciertas canoas suyas,

y les havian muerto tres hombres, é les decian que los de Zebú eran

mugeres, pues havian consentido poblar en su pueblo á los Españoles, y

que querian ir á vengarse dello, é saber si los Españoles les havian

de ayudar, ó no. El Governador, por que no pareciese que faltava de

su parte la condicion de la paz, les ofreció su ayuda, y ansi embió

con ellos al Maese de Campo con cincuenta Españoles, y dieron en el

pueblo de los enemigos y los destruyeron y mataron alguna gente, y los

Indios amigos robaron todo el fardage del pueblo, y muchas canoas,

que quedaron admirados y espantados de ver pelear á los Españoles, y

de como subieron y entraron en el pueblo de los enemigos que estava

en un risco y peñasco áspero y fuerte, y decian, que pensavan ellos

que no osaran ni pudieran subir allá, y ansi dicen subieron con tanto

travajo, peligro y riesgo de muchas guijas que se despeñavan de arriba:

y verdaderamente la toma y entrada de este pueblo puso gran terror y

espanto á los naturales de esta tierra. Venidos á repartir de la presa

los Indios pedian que se partiese de por medio, el Governador, por ser

la primera cosa que en su favor é ayuda se havia hecho, mandó dar todo

á los Indios de Zebú, y no quiso tomar cosa ninguna dello, sino fué una

canoa grande, para hacer una Fragata, con lo qual los Indios quedaron

muy contentos, é con gran regocijo, é bien proveydos de canoas y otras

muchas alajas, y dende en adelante cada dia importunavan al Governador,

que fuese á otras entradas de otros pueblos enemigos suyos, y él

disimulava con ellos por no tener acabado el fuerte, y les dixo, que

antes que fuese á otra entrada ninguna, havia de proveer y bastecer

el campo de comida, que le dixesen de donde y como lo podria haver, y

ellos dixeron, que de la Isla de Panay que está quatro ó cinco jornadas

se podian proveer, porque alli havia mucho arroz; y él los rogó que

le fuesen por ello, que les daria con que lo comprar, é que traydo el

arroz y bastecido el campo, entenderian en hacer guerra y entrada á sus

enemigos; é un Principal que se dice Simaquio, á quien el Governador

libertó é dió la muger é hijas se ofreció de ir por ello, y ansi se

despachó y fué con dos Paraos, al qual le dió el Governador el oro para

comprar el arroz, y un berso de hierro con dos camaras que pidió para

su defensa del camino, y por otra parte despachó á otro Moro llamado

Vapasilao que se ofreció de ir por arroz con otro berso, y recaudo para

comprarlo; y despues que el fuerte estava cerrado de palizada aunque

no lleno de tierra-pleno, mas de solos los caballeros en que ya estava

puesta é asentada la artilleria, y se podia defender, y estavan ya

acavadas dos Fragatas, constreñido por la falta de comida que havia en

el campo, vino á conceder en el ruego de los Indios, de que fuesen á

alguna entrada, y les dixo, que fuesen á donde huviese mucha comida,

y ellos dixeron, que en esta misma Isla veinte leguas de Zebú, ó poco

mas, estavan unos pueblos de enemigos suyos con quien tenian guerra,

y que de allí se podrian proveer de mucha comida, y ansi embió al

Maestre de Campo y al Capitan Martin de Goyti con cien hombres, con las

dos Fragatas y Bateles, y con ellos mas de quinientos Indios de Zebú,

y el mismo Tupas con otros Principales, y fueron á la parte que los

Indios les llevaron, y los naturales se huyeron todos, que no osaron

esperarles, ni pudieron haver á ninguno, pero en los pueblos hallaron

gran cantidad de comida de millo y borona, puercos y gallinas, y algun

arroz, de que se hincheron las Fragatas, y canoas de los Indios, y

otra canoa que allí tomaron, y bolviendo con esta empresa que era de

mucha cantidad de comida, lo que mas en el Campo se deseava y era

necesario, les dió un temporal y tormenta que sozobraron muchas canoas

y otras dieron al traves, y se ahogaron un soldado llamado Angulo y

algunos Indios, y otros se escaparon á nado, alijando y echando á la

mar la mayor parte de la comida que traian, y perdieronse seis ó siete

cotas de malla y otros tantos arcabuzes, é de los que salieron á nado

á la costa, mataron los naturales catorce ó quinze Indios de Zebú, é

si el capitan Martin de Goyti que venia en la abanguardia no saltara

en tierra é socorriera á los que salieron á la costa peresciera mucha

gente que los mataran los naturales, y como el Maestre de Campo llegó

con la retaguardia donde el Capitan Martin de Goyti, recogió la gente,

por contentar á los Indios amigos, quisieron alguna satisfaccion del

daño que los naturales les hicieron en la costa, y ansi entraron dos

leguas por la tierra adentro y no hallaron nada, por que toda la gente

les huyó, y á la vuelta en un alcabucal dexaron una emboscada donde

cogieron un Indio, el qual les dixo que les llevaria á una ranchería

de gente que estavan huydos, y fueron con él de noche á la ranchería

donde hallaron y mataron mucha gente y prendieron quinze ó diez y seis

Indias, é los de Zebú tomaron é robaron el pilaje de ropas, campanas

que se hallaron en la ranchería, con que olvidaron el daño y perdida

pasada, y volbieron contentos aunque con poca comida; y esta fué la

segunda entrada que los Españoles hicieron en favor de los Indios de

Zebú, y sonaron tanto que pusieron gran terror y espanto en todas estas

Islas; y de los travajos que pasaron en esta jornada arriba dicha,

luego que llegaron al campo adolecieron la mayor parte dellos que allá

fueron, y estuvieron muchos dias enfermos de calenturas y modorra de

que murió un Marinero dellos é otro perdió el juycio y estuvo loco

muchos dias.

Estando la gente en esta entrada vinieron al Real siete ó ocho moros en

una canoa, que el Principal dellos se decia Magomat, que dixeron ser

naturales de la Isla de Luzon, é que venia á pedir seguro al Governador

para venir á este pueblo é tratar con un Parao que tenia cerca de esta

Isla, é que si les tratasen bien harian que viniesen Juncos de Luzon

con muchas mercadurias á tratar con los Españoles: El Governador les

rescivió muy bien, y les dió seguro para que pudiesen venir á tratar

é contratar con ellos, é asi les embió contentos dandoles bonetes de

grana y otros rescates, y dende á tres dias volbieron con su Parao,

en que traian hierro, cera, porcelanas baxas, mantas de la tierra y

algun oro, y arroz, todo lo qual querian trocar á tostones, ó á plata,

y dixeron que habian venido por estas Islas á tratar, y que la mayor

parte de todo lo que traian havian ya vendido, y que en la Isla de

Panay supieron de un Moro que fué á comprar arroz para los Españoles,

como estavan en esta Isla de Zebu de paz, y que no hacian mal ni daño

á nadie, y que tenian mucha plata y tostones, y que por esto havian

venido á ver nuestra manera de contratacion, por que si sintiesen

ganancia vendrian muchos Juncos de Luzon é traerian muchas cosas é

mercaderias. El Governador les dixo é hizo mucho buen tratamiento

y les mandó mostrar todos los rescates de Castilla, sedas, paños,

lienzos, hierro, estaño, cobre é cuentas por todo lo demás, y ellos

dixeron, que ninguna cosa dellas valia para su tierra, sino era plata,

tostones y margaritas, é que por esto darian todo lo que truxesen, y

tratando de les comprar oro á trueque de plata y margaritas, dixeron,

que darian por seis pesos de plata uno de oro, y al respecto por las

margaritas ni mas ni menos, y vinoseles á dar cinco por uno y no

quisieron, diciendo que en Butuan otros de su tierra havian comprado á

los Españoles seis de plata por uno de oro, y que si los diesen ellos

mas varato los reñiria el Capitan de Luzon, y ansi no huvo efecto la

compra del oro, y comenzaron á vender su arroz, gallinas, mantas y

otras cosas de menudencias á trueque de tostones, é como en el campo

havia falta de comida lo compravan tan caro que el Governador mandó,

que nadie les comprase sin su licencia; é visto esto los Moros dixeron,

que querian bolver á Panay donde estavan dos Juncos de su tierra é

que traerian arroz é algunos bastimentos, y el Mahomat Principal

dellos con otros dos compañeros, y las mercaderias se quedarian en

el Real hasta que bolviesen, y el Governador les dió una casa dende

descargaron el hierro y sus mercaderias, y con ellas quedó el Mahomat

é otros tres compañeros. El Parao se fué con la demas gente, y quando

se quisieron partir vinieron á decir, que darian el oro por la plata

uno por cinco, y no quiso el Governador por que el oro era baxo, y

les dixo que le diesen por las margaritas uno por cinco, y venido á

pesarlas no quisieron tomarlas sino escogidas las mas menudas, y no de

las gruesas, por que parece ellos las venden despues por cuenta y no

por peso, y como de las menudas havia pocas, se les dixo que tomasen

de las unas y de las otras, y estando ya concertados, y que querian

pesar ya las Margaritas vino á esternudar uno de los mismos Moros y

en el instante que acabó de esternudar dixo que no podian comprar, que

así era costumbre entre ellos, y que si lo hiciesen pecarian en ello,

y ansi se fueron sin tomar las margaritas. Un daño vino en el campo de

la venida de estos Moros que contratavan con los naturales de Zebu, y

les persuadieron que por lo que vendiesen á los Españoles les pidiesen

todo tostones, é que los tomarian ellos, de suerte que los de Zebu

ganasen en ello, y ansi lo hacian, que pescado ni gallinas, ni otra

cosa, no querian dar sino les davan tostones, é todos venian á parar en

su poder de los Moros, é por todo se disimulava por la falta grande que

en el campo havia de comida y bastimentos y por otra parte aprovecharon

mucho, por que por via de estos Moros y de otros amigos suyos se

proveyó el campo de arroz y comida muchas veces como en adelante se

dirá, y este Moro llamado Mahomat nos fué muy buen amigo, y persuadia á

otros muchos de los naturales que lo fuesen.

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II · 第 8 / 29 段