por no tener Batel, y ansi nos llegamos tanto á tierra que podia saltar
un hombre en ella, y llegandonos dimos sobre unas piedras, que á no
ser el Navio tan recio se hiciera pedazos, y estando en este travajo
plugo á la Madre de Dios que crecia el agua, y sacamos nuestro Navio
dexando en tierra á Pedro de Rivero con otros dos hombres, para que
fuesen por la playa á ver si parecia el Batel; corrieron buen pedazo
de tierra por la costa, no lo vieron, y ansi dieron la buelta al Navio
con arto travajo y temor de los Indios no los hiciesen algun daño; y
luego dende tercero dia que se fueron en el Batel volvieron, y vimoslos
desde el Navio estar surtos tomando agua, y esperando para ver si ivan
los demas que eran en el motin; y viendo esto embié á el Piloto con dos
hombres con arto temor de los Indios, y ansi como llegó donde ellos
estaban les rogó que por amor de Nuestro Señor se bolviesen á bordo, y
diesen el Batel que era del Rey, y que á mi y á los demas nos hacian
mala obra, y que no podiamos ir en busca del Armada, ni salir del
Puerto por la falta que el Batel nos hacia, y ellos por la poca gente
que traiamos: ellos le respondieron tan asperamente, que aunque fueran
Luteranos no respondieran lo que estos respondieron, que fué decir: que
no havian salido con su intencion, que mas querian morir entre Indios,
que no volber al Navio, y visto esta respuesta les preguntó ¿que havia
sido su intencion, de haverse ido sin les hacer agravio ninguno?
respondieronle, que no tenian para que darle cuenta, que aquella era
su voluntad, y que pues ellos havian venido engañados del Puerto de
la Navidad, tambien ellos querian hacer todo el mal que pudiesen; y
el Piloto les bolvió á rogar que le diesen el Batel; y ellos dixeron,
que si harian, que bolviesen otro dia por él, y que alli lo allarian,
por que ellos tenian determinado de quedarse. El Piloto les dixo, que
mirasen sus conciencias y sus animas, pues eran christianos y que
no negasen la Fee de Christo, y á su Rey, y el juramento que havian
hecho de le servir, y que él les dava su palabra que yo no les haria
ningun daño; y con decirles todo esto vió que no aprovechava, y ansi
se despidió dellos con la mayor moina del mundo, de ver quan perdidos
estabamos, por la falta que nos hacian para nuestra navegacion, y
ansi se bolvió al Navio, y al tiempo que bolvió alando por un cabo
que teniamos dado en tierra para alar por él para poder entrar, y
ansi alando acostose sobre una baxa de tal manera que vi el Navio
perdido, y todo esto por causa de tan buenos hombres como aquestos
que me dieron, é ansi travajamos todos de dia para sacar el Navio de
tanto travajo, de suerte que fué necesario alijar algunas cosas, y
ansi fué forzado el Piloto, y á los que con él ivan echarse á nado
para favorecer á los que estavamos en el Navio, por que estaba dando
tan grandes golpes en las peñas, que hacian temblar todos los arboles,
de manera, que los echava fuera de si, y al fin fué Nuestra Señora de
Consolacion servida de sacarnos de aquel travajo; y despues de vistonos
fuera con nuestro Navio estanco y sin daño ninguno, me contó el Piloto
todo lo que tengo dicho, y ansi esperamos todo el otro dia, como el
dia antes havian dicho, y vimos que estaban todavia dentro del Batel,
y ansi determiné juntamente con el Piloto de que fuesemos los dos
solos allá, sin otra gente ninguna, y ansi fuimos dejando en guarda
del Navio á Pedro del Rivero, como persona que se le podia fiar esto,
y mucho mas, é ansi como llegamos el Piloto é yo cerca donde estaban
hizieronse fuera, y como esto vi dixe al Piloto que les hablase, y ansi
les llamó y les dixo, que yo iva alli, y ansi aguardaron á un tiro de
piedra metidos en la mar: yo llegué y les hablé, y les dixe mi parecer,
lo uno que mirasen el deservicio que á Dios hacian en quedarse alli,
y lo otro que mirasen el pleito omenaje que tenian hecho á S. M. y
quanto deservicio se le hacia en permitir que nos perdiesemos allí, no
pudiendo ir por falta dellos y del Batel en busca del Armada ni salir
de aquel Puerto, y que no mirasen el yerro que havian hecho, que bien
entendian no havia salido dellos, y que si se huvieran de castigar
los que eran en este negocio entendia que me havia de quedar solo; y
que yo les daria mi fee y palabra como christiano que ningun castigo
se les daria, y que si esto no querian, que nos diesen el Batel, por
que el dia atras haviamos tenido el Navio perdido por falta dellos:
respondieron que bolver no bolverian, pero que el Batel, que ellos lo
darian: yo les dixe, que nos le diesen luego si nos lo havian de dar,
por no vernos en el peligro que nos haviamos visto para entrar en el
Navio: tambien les pedi un eslabon por que havia ciertos dias que no
haciamos fuego, y visto que tanto les importunava dixeronme que embiase
por el Batel y por el eslabon, señalandome los que havian de ir por él,
y ansi di vuelta al Navio, despues de haberme quebrado la cabeza en
pedricalles; y llegado embié dos hombres con Pedro de Rivero para que
fuese con ellos y les dixese su parescer, por ser tan amigo suyo y de
los demas que venian en el Navio, diciendole pidiese los arcabuzes pues
tampoco les servian, y á nosotros nos hacian tanta falta; y ansi fué,
y llegado les dixo su parescer como christiano y servidor de S. M. y
no aprovechó nada, y ansi le dieron el Batel. Despues de estar dentro
les pidió los arcabuzes: ellos le respondieron, pues que le davan el
Batel que no pidiesen otra cosa, y ansi vino con el Batel abordo, é yo
le pregunté, que ¿como no traian los arcabuzes? Dixeron que no se los
quisieron dar, y dixome lo que con ellos havia pasado, y pareciendonos
tan mal esto, el Piloto me dixo, que no se sufria dexarlos ir con los
Indios, pues ivan tan mal indinados, y que seria causa que nos viniese
á nosotros gran daño, y que pues ellos dormian aquella noche en tierra
que era cerca de los Pueblos de los Indios, los quales esperavan á la
mañana para irse con ellos, y que les llevasen su ropa por que ansi
lo tenian concertado; y ansi me dixo que él se atrevia á llevarme
por parte donde ellos no nos sintiesen por mucha vela que hiciesen:
entendiendo esto, y viendo la ironia dellos, determiné juntamente
con el Piloto y otros tres hombres de meterme en el Batel con el
Contramaestre del Navio y otro Marinero, para que se quedasen en una
ensenada para que si los tomasemos traellos en él, y no por tierra, por
el temor de los Indios, dexando avisado, que en oyendo tirar un arcabuz
acudiesen á la parte donde lo oyesen; y ansi nos fuimos quedando en
guarda del Navio, Pedro de Rivero, con tanto peligro como en el que
nosotros ivamos, y ansi saltamos en tierra dexando el Batel como digo,
y el Piloto comenzó á guiar tomando el tino de un fuego que desde el
Navio haviamos visto que tenian hecho, y ansi yendo por entre muchos
arboles y barrancos, y muchos arroyos y quebrados grandes, cayendo y
levantando venimos á salir en una zabaneta los quatro y yo: allí me
dixo el Piloto que estabamos cerca dellos, segun del Navio haviamos
visto por la lumbre, y ansi fuimos por un arroyo abaxo que iva por de
dentro del monte, el qual iva á dar en la mar, mas adelante de donde
ellos estavan por que por esta parte ivan acia los Pueblos de Indios y
lugar donde ellos havian de estar mas desviados, y ansi como llegamos
á la playa miramos si parescia la lumbre de luengo de la mar, y vimos
que no parescia ninguna, y allamos el rastro dellos que havian venido
á beber al arroyo, y ansi fuimos á orillas del monte hasta dar cerca
de donde estavan, los quales hallamos á los dos dellos velando con los
arcabuzes y mechas encendidas, y ansi nos abajamos por no ser sentidos,
y estuvimos como dos horas aguardando que estos diesen el quarto á
los otros, y de los dos que venian no quiso el uno velar, y el que
velava se andubo siempre paseando con muy gran vela, mirando á un cabo
y á otro, y como la noche era escura no nos pudieron ver; y andandose
paseando, unas veces para acia nosotros, y otras veces diferentemente,
el Piloto se puso tras de un arbol donde tenian el fuego, y los otros
estavan durmiendo debaxo de un toldo que tenian hecho, aunque del lugar
donde estaba no le veiamos; y ansi estando en esto, llegó el que velava
á hacer fuego por que no se le apagase, y hallose el Piloto tan cerca
dél, que no havia sino el arbol enmedio, y vistolo tan cerca llegó el
arcabuz al rostro y diole fuego, y diole enmedio de los pechos con
veinte y siete perdigones, y usó Nuestra Señora de Consolacion allí
un milagro, que fué, que á este que dieron traia una Imagen suya en
los pechos, y con dalle como le dieron tan cerca, le quedaron todos
los perdigones señalados y parte dellos metidos por los pechos que
se parescian, y la Imagen sin ningun daño sino fué la señal de dos o
tres perdigones: y ansi como este se sintió herido hecho á huir dando
voces, y el Piloto tras de él con el Espada en la mano para acaballes
de matar; y yo y la demas gente por la otra parte, y ansi se entró
este herido dentro del toldo que tenian hecho, y nosotros juntamente
diciendoles, que se diesen, sino que moririan, y ellos no curaron
de nada de esto, sino de defenderse, y con todo esto les prendimos
saliendo todos heridos, y los amarramos, y en esto llegó el Batel y los
metimos dentro, y quando llegamos al Navio yo les hize tomar sus dichos
para saber quienes eran los demas que havian sido en el motin, y luego
mandé poner quatro poleas en las vergas para ahorcallos, y estando ya
con las sogas en la garganta sentados al bordo del Navio para echarlos,
llegó el Piloto á mí, y Pedro de Rivero, y me hablaron, diciendome el
Piloto, que era imposible salir del Puerto si aquellos quatro hombres
morian por la poca gente que en el Navio havia, y por que la mayor
parte estavan enfermos, y estos que digo entenderseles tan bien, lo
que se les entendia de la mar; y ansi viendo esto, y la nescesidad que
nos contriñia á todos, los dexé para en topando el Armada entregallos
al Governador para que él los castigara conforme al delito, y con esto
quedó así, y curamoslos, viendo en aquel hombre el milagro que tengo
dicho: y de allí adelante comenzaron á hacer como hombres de bien, y á
enmendar el yerro pasado.
Despues de todo esto pasado, acabamos de hacer á nuestro Navio sus
falzas para poder navegar. No podré dexar de decir un milagro que
Nuestra Señora hubo con nosotros, que demas de los pasados, por ser tan
particular es digno de memoria, y fué, que estando una noche surtos
en este Puerto con un Rezon á la mar, y un cavo dado en tierra á una
peña, nos reventó el cable de la mar con el mucho viento que hacia,
el qual nos era contrario, y ansi viniendo el Navio sin amarra á dar
á la costa, el seno del cabo de tierra tomó en una piedra en la mar,
de manera que nos tuvo el Navio que no fué á la costa; y esta noche
me cayó á mi de velar la prima y pareciome que estavamos muy junto á
tierra, dixe á un Marinero, que mirase si havia reventado el cable, y
el respondió que no, sino que estaba muy bueno, y todavia, no fiandome
en esto, llamé al Piloto y le dixe, que me parecia que estavamos
muy cerca de tierra, y ansi como se levantó conoció que estavamos
desamarrados, y saltó á proa, y vió el cable de la mar rebentado, el
qual metimos dentro y vimos el milagro que Nuestra Señora havia hecho
en tenernos, el que estava en tierra, el que nos detuvo que no fuesemos
á la costa, y luego saltamos en el Batel, y portamos un ancla fuera, y
sacamos nuestro Navio de las piedras, lo qual si fuera otro dia antes
lo pasaramos mal por causa del mucho viento que hubo, y ansi lo remedió
Nuestra Señora.
Luego otro dia siguiente vino este Principal que llamaban Viban, y
otros con él y muchas mas mugeres que la primera vez, y todas encima
del tocado y en la frente llena de albaaca, y en las narices, la
qual albaaca olia mucho mas que no la de Castilla: tambien vinieron
muchos Principales llenos de la misma albaaca, y algunos de ellos
traian orejeras de oro muy fino; tambien ví que traian todos los
dientes taladrados, y esmaltados con granos de oro, encajados de tal
manera, que no habrá Platero que tan sotilmente lo labre; parecianse
todos estos de estas Islas de Mindanao andar bien adreszados de sus
personas y armas, las quales armas son, alfanjes tan buenos que de una
cuchillada cortaran un ternero por medio, é dagas tan buenas como las
nuestras. Ansi estuvimos este dia con ellos preguntandoles por señas
algunas cosas las quales eran, si havia oro en la tierra: dixeron
que sí havia, y señalaron la tierra adentro, y ansi llegó un Indio
con un canuto lleno de granos de oro para que se los rescataramos,
y nosotros no se los quisimos rescatar, por dalles á entender que no
se nos dava mucho por ello, y ansi estuvimos todo el dia hablando con
ellos, y á la tarde llevamos á este Principal, que ellos llamaban
Viban, á nuestro Navio, y yo le vestí á uso de nuestra España, y ansi
se fué muy contento él y los demás, y de esta vez que fué no bolvió en
una semana, y cada dia venian Indios á rescatar gallinas y arroz, y
preguntavamosles por el Viban, y decian, que era ido á caza de benados,
los quales por aquella Isla hay gran cantidad y ellos en su lengua los
llaman _Usa_; y ansi vino este Viban al cabo desta semana con otros
quatro Principales, y traian Indios cargados con benados asados en unos
checubites y unas cañas de vino, y nos lo dieron como en presente, y
le preguntamos ¿que qué habia fecho tantos dias? y el respondió por
señas, que havia andado á caza; y ello no fué ansi, sino con cudicia
de yerro que en el Navio vió, de Resones y anclas, pensando que nos
iriamos en breve, acordó de irse á concertar con otros Principales para
matarnos en tierra á todos, y por la mar tenian prestos canaluchos
armados y llenos de mucha gente, para barluar en el Navio y tomarlo,
y este fué su intento. Y ansi Viernes á la noche que se contaron dos
de Marzo, venia por tierra mucha gente y por la mar con los canaluchos
con proposito de cortarnos el amarra de fuera, y los de tierra alar
por el prois, para que el Navio diese á la costa y fuesen señores
de nosotros, y ansi nosotros Rezelandonos de que de tierra no nos
viniese algun daño por estar muy cerca, acordamos echar unos perros que
teniamos, en tierra, para que en ella hiciesen vela, y nosotros en el
Navio, y haciase tan buena que los que velavan en el Navio á la grita
de los perros en tierra que arremetian bravamente con los Indios, me
llamaron diciendome les parescia haver gente en tierra, por la braveza
que los perros tenian, y ansi me lebanté y miré ácia tierra, y conocí
que havia gente, y luego miré á la mar y ví tres canaluchos grandes, y
ansí nos apercevimos todos con nuestras armas; y como ellos sintieron
que nosotros estavamos despiertos bolvieronse con los canaluchos detrás
de una punta; y allí echaron toda la gente y armas en tierra, por ser
en parte que entendian que desde el Navio no los podiamos ver, y ansi
se estuvieron hasta la mañana; y ansi en amanesciendo vinieron los dos
á bordo muy toldados y empabesados con muchachos al remo, y dos ó tres
Indios amarrados como que venian á benderlos y á rescatar, como que
nosotros no les entendiamos su bellaqueria, y dentro de la una dellas
venia el Viban con un Principal á quien él tenia respeto, y como nos
vió armados y con los arcabuzes en las manos temió, y alzó las manos
como otras veces solia hacer, y luego nosotros fuimos fronteros del
Navio con nuestro Batel, y el Viban no nos habló, antes se fué luego á
llamar los Indios segun entendimos, y no paresciendonos bien fuimonos á
nuestro bordo, y acordamos de nos hacer á la vela; por que no era cosa
de esperar mas, viendo la gente de la Isla tan alborotada, y que se nos
atrevian; y ansi comenzó á acudir alguna gente, aunque los Principales
devian de ser idos á llamar y juntar los mas que pudiesen; y ansi vino
la noche, y otro dia Domingo de mañana que se contaron quatro de Marzo
salimos deste Puerto y de Mindanao, aunque no dexaramos de estar allí
otros quinze ó veinte dias esperando el Armada, sino fuera por temor de
ver la gente tan escandalizada, aunque haviamos estado en ella treinta
y tres dias, y ansi dexamos en ella muchas cruzes, y una botija con
cartas al pié de una cruz, por que si el Armada alli viniese, supiese
lo que nos havia sucedido, y la derrota que llevabamos en su busca; y
hecho esto partimos de este Puerto, Domingo por la mañana, y ansi como
fuimos á fuera cazamos á popa la vuelta del Sudueste, y fuimos otro
dia á ver la Isla de Saragan, y vimos que no estaba allí el Armada, y
no pudiendo surgir en ella atravesamos á la Isla de Mindanao por ser
Isla grande, que terná de tierra como ciento y cinquenta leguas, y por
que en ella hay muchos puertos; y ansi llegamos este dia á dar fondo
en un Puerto, y estando para querer dar fondo vino un canalucho á
nuestro bordo, y los Indios que venian dentro hablavan muchos vocablos
españoles, y nos preguntaron si veniamos de Malaca ó ivamos á los
Malucos: nosotros les respondimos que no, que eramos venidos de hacia
Levante: espantabanse mucho de como no los entendiamos, y en esto
conocieron que eramos venidos de lexas tierras y ansí no osaron llegar
á bordo, y en todo lo que hablavan nombravan Capitan y Señores, y
zaraguelles, y otras cosas, y ansi nos paresció que havian llegado por
allí Portugueses muchas veces, y ansi nos señalaron haver visto allí
tres Navios, los quales en su lengua llaman _Mito_, y entiendo debian
de ser de las Armadas pasadas, que han venido en estas Islas, y ansi no
surgimos, antes nos hizimos á la vela, y fuimos vaxando toda la Isla,
viendo muchos Puertos y muy buenos, y siendo tan abante como media Isla
vimos una Bahia grande que estaba diez leguas por la tierra adentro,
y ansi fuimos al cabo desta Bahia á dar fondo, y allí estuvimos dos
dias sin ver poblacion ninguna ni señal de haber portado por alli Navio
ninguno; y ansi fuimos en tierra, por ver si veiamos algunas cruzes
del tiempo pasado, por parescernos ser Puerto principal de aquesta
Isla, y por hacer nuestra aguada; y como no vimos muestra ninguna ni
señal, hizimos nuestra agua, por no haver defensa de Indios, y estando
haciendo el agua me aparté por el monte, donde vi tanto rastro de
benados, que era, maravilla; é ansi tomamos el Piloto y yo dos perros
que traiamos, y salimos con ellos á un raso donde descubrieron un
benado y le mataron; vimos cantidad de gallinas montesas por toda la
Isla, donde anduvimos, y muchos puercos, y ansi nos bolvimos á nuestro
Navio, con proposito de nos hacer á la vela y seguir nuestro camino
en busca de la Armada, y venida la noche saltó el viento á la tierra
y echamos mano á nuestro cable para levarle, y no pudimos por estar
empachada el ancla en una piedra que por mucha fuerza que hizimos al
cabestrante no pudimos levarla, y ansi nos detuvimos dos dias que por
mucho que hizimos no la pudimos levar, y visto que perdida estava el
ancla eramos nosotros perdidos, por que un Rezon que traiamos se nos
havia quedado en Mindanao quando se nos quebró el cable: visto esto,
estando en esta confusion rogamos á Nuestra Señora todos los que en el
Navio ivamos, que ella lo guiase como fuese mas servida, y ansi fué
servida de darnos nuestra ancla sin daño en ella, ni en cable: largamos
esta noche una vela y fuimos saliendo del Puerto: calmonos el viento
esta noche, y metionos el aguage, en una ensenada enfrente de unos
fuegos que tenian unos pescadores, y por el propio fuego vimos que
estavamos cerca de tierra: entonces el Piloto mandó á los Marineros que
entrasen en el Batel, y que tomasen un remolque para sacar el Navio
fuera, é yendo ansi remolcandole, vió el Piloto blanquear por proa, y
preguntó á los del Batel si era baxo, y uno dellos con el remo fué á
sondar y halló que habia medio remo de agua; y visto esto hicieron
ciaboga con el Batel al Navio, y ansi salimos aunque con arto travajo;
á pique de este arracife havia veinte brazas y por toda la Bahia habia
veinte y á treinta; y ansi fuimos por la costa abaxo viendo muchos
Puertos y Pueblos, y en muchos llegamos á surgir por ver si podiamos
ver algunas señales de la Armada, ó de Navio que por allí huviese ido,
y como no hallamos señales pasamos de largo, é yendo de luengo de costa
vino una alva de mañana una vela á tierra de nos muy grande, y que
ninguno que en aquellas Islas huviesemos visto, y ansi amuramos para
ir en demanda dél, y como estuvimos cerca vimos que era un Canalucho
grande ó Junco: llegamos á él para ablalles, y ellos pusieronse en
arma, y entonces por señas les diximos, que no les queriamos ninguna
cosa: ellos no curaron desto, antes como nos vieron cerca se pusieron
apercevidos, y nos comenzaron á tirar con las armas que traian, que
son baras tostadas, y lanzas con muy buenos yerros, y flechas, y ellos
con sus escupiles de algodon como los de la Nueva España, con sus
tablachinas y alfanjes en las manos: visto esto se les tiró con un
berso, el qual dió dentro é hizo daño en él que lo medio desaparejó,
y ansi el del timon se descuidó y el Navio dió una guiñada, de manera
que nos barluamos, y visto esto y que tan mal desde él nos tratavan, se
les tiró con otro berso, y ansi entraron dentro seis hombres, y ellos
se echaron al agua: todos serian como unos cinquenta Indios: todo lo
que hallaron estos hombres que entraron en él, fué gran cantidad de
arroz, y mantas de palma y de algodon, y de frisoles y cocos, y pesos
y medidas de oro, y otras cosas de su comida: mandoseles tomar un poco
de arroz, por la necesidad de bastimentos que traiamos, y tomaronsele
algunos pesos de palma y algodon, que todo ello valia arto poco:
largamosles su Junco llamandoles viniesen por él, entendiendo segun la
derrota que estos llevaban ivan á rescatar á otra Isla.
Ansi pasamos de largo por la derrota que llevabamos, y otro dia en la
noche yendo amurados la vuelta de tierra, por meternos al abrigo della
por el mucho viento que hacia, pareciendole al Piloto ser aquel cavo de
la Isla, se fué á proa del Navio por que havia visto blanquear la mar,
parenciendole ser un baxo, pidió la sonda, y antes que se la traxesen
varó el Navio en un arrecife de tal manera que pensamos perder allí
todos las vidas, y quiso Nuestra Señora, que dando el Navio viró la
proa á la mar, dando golpes de manera que nos echó el timon fuera, é
ansi salimos sin rescivir daño ninguno el Navio, y luego en saliendo
fuera del baxo cayó el timon en su lugar, y fuimos corriendo con
nuestra derrota, viendo todos los Puertos y Ensenadas, como no víamos
á que parar, pasamos de largo hasta que llegamos al cabo desta Isla
de Mindanao, y en el cabo de la tierra tiene muchas Islas apartadas
á tres y á quatro leguas y mas; ansi nos entramos por entre el cavo
desta Isla, y las Islas de fuera, y allí surgimos por que es todo
aplacelado y buen fondo, que hay diez, y doze brazas, y hay muy grandes
corrientes, de tal manera, que si el cable no es nuevo rebentara con la
fuerza del agua; ansi de creciente, como de menguante, crece y mengua
mucho: todo el pescado que hay entre estas Islas, viene á desobar
á estas corrientes, y que estando nosotros un dia surtos esperando
la marea para desembocar de entre estas Islas, vimos venir muchos
canaluchos atravesados con la corriente, los quales venian cargados
de Indios Pescadores, y llegando á nuestro bordo vimos que traian los
canaluchos llenos de pescado y preguntamosles por señas ¿si lo querian
vender? respondieron, que sí, y ansi les rescatamos mucha cantidad
dello: lebamonos de aquí y desembocamos de fuera destas Islas, y fuimos
á dar fondo en tierra de la Isla de Mindanao, y salieron á nosotros
muchos canaluchos cargados de cera y canela, rescatasmosles parte dello
para comer, y alguna cera, para que si algo se ofreciera de calafateria
breasemos con ella. Hay por aqui tanta cantidad de canela, que si un
Navio llevase rescate en dos dias puede cargar.
Despues que nos vinimos al cavo desta Isla que haviamos corrido toda la
parte del Sur, y no haviamos hallado señas del Armada, y pareciendome
que no era bien correr al Sur en demanda de otras muchas Islas que
hay, lo uno por no llevar mas de un ancla, y lo otro con temor no
diesemos con Portugueses, de que nos vendria mas daño, y tambien por
no saber lugar cierto donde esperar el Armada, ó Isla cierta donde el
Armada havia de venir, ni por instrucción me lo dieron no sabiendo
que nos hacer, me dixo el Piloto ¿si traia alguna instruccion ó savia
del General, ó de otra alguna persona, en demanda de que Isla venia
el Armada? y el Piloto me mostró en la carta las Islas Filipinas:
yo le dixe: que no savia ninguna ni tal me havian dicho, ni quando
del Puerto partimos no savia adonde ivamos; y ansi acordamos que era
mejor dar fin á toda la Isla, y boxandola, de allí atravesar á las
Islas de Magallanes, que son las primeras que se pueden tomar viniendo
de la Nueva España, y por haber ya allí estado el Armada de nuestro
Emperador, y tener entendido venir allí el Armada, acordamos de ir
en demanda desta Isla, y ansi fuimos costeando la Isla de Mindanao,
y por la parte del Norte barloventeando, y con arto travajo fuimos á
dar fondo, el cual tenía un Pueblo grande, y luego como dimos fondo
vinieron á nuestro bordo ciertos canaluchos cargados de cera y gallinas
y puercos, y cantidad de canela: no le rescatamos nada desto por que no
teniamos con que: pusimosle por nombre el Cavo de la Canela, por que
havia mucha cantidad: está este cavo en siete grados y medio, y ansi
fuimos por la derrota que llevabamos, y habiendo caminado por esta
vanda como treinta y cinco leguas, fuimos á dar fondo en un Puerto,
en el qual vimos un Pueblo en un alto, grande, y por encima unas
palmas de cocos, y ansi como nos vieron que dimos fondo, tocaron una
bozina ó corneta, que fué llamar á recoger los canaluchos, y gente que
estava fuera del pueblo, y en viendola tocar venian muchos canaluchos
derechos al Pueblo, y ansi se recogieron todos que no quedó ninguno por
la mar. Este dia vinieron á nuestro bordo dos canaluchos, y de fuera
nos hablaron, y como vieron que no los entendiamos, dieron vuelta á
su Pueblo, y aquella noche nos hizimos á la vela pareciendonos ver la
gente ruin, y ansi como fuimos fuera en la mar, cargó tanto la brisa
que de fuerza nos hizo arribar á este mismo Puerto, aunque una legua
abaxo por estar más apartado del Pueblo; y ansi llegamos á dar fondo
a una punta que parescia Isla respecto de un rio que la atravesava,
y echamos el Batel fuera para tomar agua y leña, de que teniamos
necesidad, y ansi se principiaron á tomar el dia siguiente, y estando
tomando el agua, dixo el Maestre que queria quedarse en tierra labando
su ropa, y con el un Mozo y un muchacho para labar la ropa de todos, é
yo acordé de me quedar en tierra, por no ir ni venir tantas veces en
el Batel, é por dar orden en tierra que se hinchasen las vasijas; y
haviendo echado dos ó tres caminos en el Batel, y al camino postrero
estaban ya todos en la orilla de la mar, salieron del monte un golpe
de Indios con sus lanzas y tablachinas con tanta furia arremetiendo
á los nuestros hiriendolos, y ellos como no tenian armas acogieronse
al Batel, y del Batel con los remos botando fuera, y defendiendose,
bolvieron á bordo: huvo hombre dellos que truxo nueve heridas, algunas
de á palmo, el qual herido fué el Maestre, que por escapar la ropa que
havia labado llevó las heridas y quedose sin ropa, y á todos los demas
nos dexaron con la ropa que teniamos en el cuerpo.
Quisimonos hacer á la vela este dia, y no pudimos por el tiempo ser
ruin, y de ahi dos dias abonanzó el tiempo, y nos hizimos á la vela
por nuestro camino; y estando de este Puerto quatro ó cinco leguas,
cargonos mucho la brisa, y tambien por ser este el cabo de toda la
Isla, atravesamos á las Islas de Magallanes, que son tres Islas
principales, la una es costa de cabo de Matanzas, y la otra es donde
murió Magallanes, y la otra Bahia de Macadaos, y ansi fuimos en demanda
dellas, que estan todas tres del Este U-este, y á la vista de la Isla
de Mindanao, que estarán della como quinze leguas; boxamoslas por la
parte del Norte y entrando por la primera dellas que es costa del
cabo de Matanzas empezamos á hallar tierra de poco fondo, el qual
fondo hay destas Islas á los Malucos, y por encima de este placel hay
tantas Islas, que nos paresció entrar en el Archipielago, y bien lo
podemos decir por que hay muchas mas, por que andando entre ellas no
sabiamos por donde haviamos de salir, y todas estas Islas son pobladas
de mucha gente y son Islas pequeñas de á diez leguas, y de á seis,
y de á quatro, y todas las demas de á dos, y de una legua, viven en
alguna de estas Islas, principalmente en la de Mindanao, y algunas
de estas otras pequeñas sobre arboles, y ansi tienen las casas como
picazas en los mas altos arboles, que tendran á diez y á doze brazas
de alto: paresceme que todas estas Islas pequeñas estan sugetas á la
Isla donde mataron á Magallanes, por que haviendo quatro ó seis dias
que andavamos por entre estos baxos é Islas, fuimos á dar fondo á una
Isla pequeña que estaba pegada á la en que mataron á Magallanes, vimos
de noche hacer tres fuegos, y paresciendonos que era señal por que los
que traian los fuegos andavan por la playa, y pararonse enfrente de una
Isleta pequeña que estaba á la mar de nosotros, y en levandonos por la
mañana vimos venir atravesando once canaluchos cargados de gente, los
quales venian desta Isleta pequeña huyéndola, y desamparando la Isla
por la seña que la noche de antes les havian fecho: y ansi pasamos
por barlovento de estos canaluchos, que si los quisieramos embestir
bien pudieramos, antes no quisimos arribar sobre ellos por no metelles
temor: ansi se fueron á la Isla donde se les hizo la señal. La Isla
donde estos salieron, tenrá un tiro de ballesta, y sin arboleda,
cercala toda un arracife, de tal manera, que con pasar dos leguas della
fuimos por dos brazos y tres, quatro ó cinco horas, corriendo con buen
tiempo, dexando la Isla de Cabo de Matanzas, y entrando por la de
donde mataron á Magallanes. Entre esta Isla y muchas Islas que estan
de la parte del Norte, que son Islas muy pequeñas, vimos las Islas
pequeñas de fuera tan cerca de la Isla donde mataron á Magallanes, que
me paresció no haver parte por donde salir, por ver tantas Isletas por
la proa, y visto esto se fué el Piloto á la Gavia, y dende allí vió
que devian (sic) estas Islas á la de donde mataron á Magallanes, y
fuimos corriendo con la sonda en la mano por quatro y tres brazas, por
que aunque rodeamos treinta leguas ni quarenta no hallaramos mas agua
de aquestas tres brazas, por lo qual antes y despues vimos, que los
naturales que en estas Islas se crian, tengo entendido que si caminan
diez leguas por entre estas Islas se perderan, por que en cada diez
leguas hay cien Isletas, y todas pobladas de gente y especeria; y ansi
yendo por las tres brazas vi por la proa á una mancha prieta, y fué el
Piloto á la proa y conoció que era baxo y mandó que fuese á orza de
golpe, y con las velas encima dimos fondo á una ancla, y quando cayó
el ancla dexó el cepo encima del agua; y visto el Piloto que estavamos
encima del placel, mandó tomar las velas muy de presto, y acabadas
de tomar empezó el Navio á dar culadas en el baxo, y viendo esto el
Piloto mandó echar el trinquete arriba para que con él y la Mesana
saliese fuera el Navio, y ansi como levantamos el ancla tomava el Navio
ruin buelta, y todas las veces lo hacia ansi, por respecto de la mucha
corriente que aquí andava en este placel, y no sabiendo el Piloto que
hacer, acordó que con la verga de la cevadera botasen dos hombres el
Navio para que tomase la buena buelta, y ansi salió el Navio sin daño
ninguno, y fuimos corriendo de luengo destas Islas siempre por mucho
placel, aunque en algunas partes se podia dar fondo por ser limpio.