dicho mes: mandó governar el Piloto al U-este, y guiñar para la quarta
del Norueste, y corrimos por este rumbo hasta el Lunes siguiente que
se contaron 22, y el mismo dia en la tarde descubrió el que iva al
timon una Isla, y luego fué el Piloto á la Gavia por verla, y vió que
era pequeña, y ternia como media legua de tierra y junto á ella dos
ó tres cayos chiquitos, todos llenos de cocales: amuramos para ir á
surgir en ella, pensando que por estar sola estaria despoblada, y ansi
yendo á dar fondo vimos un humo en ella, y salir Indios á la Playa:
pasamos de largo á dar fondo en uno de los cayos por estar apartados de
la Isla, para que si los Indios quisiesen hacer alguna vellaquería,
estuviesemos en parte que nos pudiesemos aprovechar, y ansí dimos fondo
sobre un arrecife: quando el Navio vino á hacer por el amarra cayó
el Reson del arracife abaxo, de manera que no pudimos tomar fondo,
aunque tuviera el cable mil brazas, y ansi metimos nuestro cable y
ancla dentro, y vinieron á la vela dos canaluchos, y llegaron cerca de
nuestro Navio, y comenzaron á andar al rededor aperciviendo sus varas y
armas que traian, y nosotros por señas los apaciguamos diciendoles, que
queriamos tomar agua, y ellos no curaron de nada de eso, sino ponerse
en armas; y al fin visto esto tomó el Piloto una chamarra colorada
y comenzó á hacerles señas que la tomasen, y luego que la vieron
arremetieron con los canaluchos por tomarla el que primero llegase,
y por que no se fuesen riyendo como los demas, estaba ya la gente
presta con los arcabuzes, y un berso lleno de piedras para tirarles,
como llegaron colgose un hombre del bordo, y echó mano á un muchacho
por los cabellos y metiolo dentro, y luego (dió) fuego al berso é á
los arcabuzes, y el berso dió en el un canalucho que hizo gran daño
en ellos, aunque no tanto como merecian, segun el mal proposito que
ellos traian, y al otro canalucho descargaron todos los arcabuzes que
hicieron arto daño, y fué parte para que los Indios se echasen á nado
heridos y no heridos y se fuesen á tierra: nosotros echamos mano de
los canaluchos y tomamos las armas que traian dentro que eran varas
y macanas, y de los dichos canaluchos hicimos leña, que teniamos gran
necesidad porque havia algunos dias que por falta della no guisabamos
de comer. Al muchacho le quitamos el cabello que lo tenia largo como
muger, y bestimosle por que andaba desnudo en carnes, pusimosle por
nombre Vicente por ser el dia del Señor San Vicente: está esta Isla en
ocho grados, es vaja, con la mar; está arrumada de Norte Sur; hay de
esta Isla á las otras cien leguas.
De esta Isla partimos el mesmo dia; luego el dia siguiente que fue
Martes, que se contaron 23 del dicho mes, vió el Piloto una Isla baxa,
y por ver que era como las demas, y ser ya de noche pasamos de largo:
está en el altura de la otra: mandó gobernar al U-este, y á la quarta
del Norueste hasta meternos en altura de nueve grados, y por los nueve
grados fuimos corriendo hasta 29 del dicho mes que fue Lunes á medio
dia. Yendo el Piloto y yo asentados en la popa, descubrió tierra y
me la mostró, y dixo, que era Mindanao, porque iba en su altura, y
se hacia con élla, y por ser tierra diferente de la que hasta allí
haviamos visto, y ser alta mucho, es Isla principal de las Islas
Filipinas: llegados que fuimos á ella era ya tarde, y abonanzó la brisa
tan de golpe, y la mar andaba hecha de la brisa que andava fuera, que
dentro de una hora nos echó tan en tierra que nos fue forzado botar
el Batel, aunque con arto trabajo por que dava grandes valanzes el
Navio que quando el Batel fue al agua iva hecho pedazos: dimosle un
cabo para ver si podiamos salir de la costa, por que estabamos ya
metidos en ella, y acabado de hacer esto se puso el Sol y abonanzó
algun tanto la mar, aunque no tanto como quisieramos, segun el travajo
en que nos veiamos, y asi con remos desde el Navio y el Batel por la
proa no aprovechava, y con todo esto nos echava la mar tan en tierra,
que quando bino dos horas de la noche se podia echar una piedra dende
el Navio á tierra; y visto que no aprovechava nada, se abaxó el Piloto
de la Gabia con proposito que hiciesemos al Maestre del Navio que
era oficial de carpintero, que aparejase unas tablas para con ellas
saltar al Batel y tener presto algun bastimento, para con ello en el
Batel procurar de salvar las vidas, y estando con este travajo saltó
el viento á la tierra embiado por nuestra Señora de Consolacion y
de Guadalupe, y ansi vino el viento con el mas suave olor, por que
quedamos todos con él como si no huvieramos pasado travajo ninguno,
y ansi luego cazamos á popa la vuelta de la mar: hasta el dia fuí
prolongando la costa que era de Norte Sur: corren las aguas de Nordeste
Sudueste, que no da lugar á hacer camino sino es tomando primero mas
altura de la Isla, que era el remate de la tierra donde fenece la costa
de Norte Sur: demostrava la carta estar el Puerto principal de aquella
Isla de Mindanao, que está en principio de la costa de Nordeste
Sudueste, el qual Puerto hallamos y entramos dentro, y dimos fondo á
un ancla que fue á 30 del dicho mes: tiramos tres bersos en señal de
paz, por que asi lo havia oido á algunos de los que havian entrado en
estas Islas de las Armadas pasadas, y decian que ansi se usaba en estas
Islas. Luego como surgimos entró en el Batel Pedro de Rivero, Gentil
hombre del Governador, el qual me havia dado por me hacer merced para
que fuese en mi compañia, para que si Dios dispusiese de mi, quedase
en mi lugar, y entraron con él seis ó siete soldados y Marineros, y
fueron á ver una quebrada que estaba enfrente del Navio, por que vimos
venir agua por ella abajo hasta la mar, y fueron á tierra con el Batel
y vieron el agua ser dulze y buena, de que dimos muchas gracias á Dios
por las muchas mercedes que siempre nos hacia por havernos aportado en
la tierra que tanto deseamos, que luego en el semblante della vimos
ser buena y la gente tambien, por ver no venir canaluchos abordo como
en las Islas de atrás, que aun no eramos llegados, quando ya estabamos
cercados dellos; y ansi comenzamos este dia á enchir pipas de agua,
por si nos sucediese alguna cosa tuviesemos alguna agua para podernos
sustentár hasta dar con el Armada, que era la cosa que mas el Piloto é
yo deseabamos, por desviarnos de tanto travajo como de nosotros pendia,
y ansi enchimos este dia siete ó ocho pipas de agua, y ansi estuvimos
aquel dia y aquella noche con gran vela, y venida la mañana que fue
á postrero del dicho mes de Enero, vinieron tres Indios á un zerro
alto frontero del Navio y comenzaron á dar vozes, y nosotros haciamos
lo mismo, aunque no los veiamos bien, por estar dentro del monte, y
visto que no querian llegarse á la playa, entró el Piloto en el Batel
con tres ó quatro hombres, y ellos se baxaron á la marina des que los
vieron cerca de tierra, y dixeronles por señas, que saltasen en tierra,
él les dixo, que viniesen al Batel, uno dellos se arremango para
entrar en él, y los otros no se lo consintieron: entonces les hechó
un bonete colorado en tierra, y tomaronlo, y alzaron las manos hacia
el cielo como señal de paz: venian vestid os de algodon con sus dagas
en la cinta y tablachinas, y lanzas, y en esto vimos que estabamos en
las Filipinas, y en el buen tratamiento dellos: dixeronle por señas
que esperase alli, que luego bolverian, y ansi se despidieron del, y
se fueron corriendo, y el Piloto se volvió al Navio luego á la tarde.
Pareciendo en la playa como treinta ó quarenta Indios con sus lanzas
y tablachinas, delante de los quales venia uno que era el Principal
á quien todos respetavan, hicieronnos señas que fuesemos en tierra,
y ansi fuimos el Piloto é yo con algunos del Navio, y llegamos á la
orilla del agua, y el Principal dixo, que saltasemos en tierra, y al
tiempo que saltabamos este Principal se metió en el agua, y tomó en la
mano una poca della, y comenzó á persignarse como uno de nosotros,
y dixo por señas, que lo hiciesemos ansi, por que ansi se deve de
hacer la paz ó salua entre ellos, y luego yo hize lo que el hacia, y
él como vió esto olgóse mucho: saltamos en tierra y abrazamosle, y
él á nosotros con mucho amor, y para mas confirmar la paz sacó este
Principal su daga, que en la cinta traía, e hizonos señas que se
queria cortár en la barriga, ó en el brazo para sacarse sangre para
confirmar mas la amistad con nosotros, por que asi es costumbre entre
estos Isleños: yo le quité la daga por que no se cortase, y le dixe
por señas, que sin eso teniamos mucha amistad, y ansi quedó contento,
y se asentó y dixo, que nos asentasemos, y ansi lo hicimos, y éllos
sacaron de unas cañas muy grandes y gordas llenas de vino, y comenzaron
á darnos de beber, y antes que nosotros lo bebiesemos, bebio el una
vez delante de todos nosotros, por darnos á entender que era cosa
buena y sin ponzoña, é ansi bebimos cada sendas veces: era el vino
dulze, requemaba un poco como gengibre, tenia la color como agua de
canela, la qual creo yo que le echan por el color que tiene, de lo
qual se holgaron todos éllos en ver que bebiamos su vino sin asco, y
dieronnos cantidad de cañas dulzes, y ñames cosidos, y nosotros les
dimos de lo que teniamos, y al Principal se le dió con otras cosas
un pedazo de hierro que lo tuvo en mucho, al qual éllos llaman en su
lengua _puntas_: preguntamosle por señas, si havia en la tierra bacas
ó cabras, dixeron que si, y señalavan con las manos grandes cuernos,
y que por la mañana traerian algunas cosas de comida; y ansi por ser
tarde nos despedimos dellos y venimos para el Navio, y éllos se fueron
para su pueblo muy contentos por dexar hecha la paz con nosotros, y
nosotros mucho mas con las mercedes que Nuestra Señora nos havia fecho
en haber topado gente de tanta razon, é haber hallado aparejo para
hacer agua y leña, y Puerto para poder esperar el Armada. Y luego otro
dia por la mañana bino este Principal, que fue 1.º de Hebrero, con obra
de doscientos Indios cargados de puercos y gallinas de castilla, y
unos perrillos como raposos, y arroz, y millo, y ñames, y miel, y cera
muy fina, y encienso, y muchas cañas de vino adobadas con gengibre y
canela, de lo que traxeron cantidad, y muchas cañas dulzes tan gordas
como el brazo, y de dos brazas, cosa para mirar bellas tan largas y
tan gruesas; y tambien truxeron naranjas y limones, y verengenas, y
plantanos de tres maneras, las mejores que yo he visto, y á dicho de
todos los que ivamos alli ninguno las havia visto tan buenas[9], por
que son como camuezas, y de las muy buenas de España, y hay muchas
porcelanas muy buenas y muy finas, con muchas pinturas de diferentes
maneras, el qual barro de estas porcelanas es tan fuerte, que tomando
un pedazo dello corta qualquier clavo como una lima, la qual
esperiencia la hize con un pedazo: de ella hay superabundancia en la
tierra, por que los naturales se sirven con éllas. Despues que llegamos
á este Principal, que ellos en su lengua le llamaban Buian, dixonos,
que nos asentasemos por ver las cosas que traian, y ansi comenzamos á
rescatar algunas cosas de comida, por que teniamos mucha necesidad, la
qual fué grande alivio para toda la gente; las quales cosas no querian
rescatar si no era por hierro, que es la cosa que éllos en mas tienen,
y ansi estuvieron este dia rescatando con nosotros, y aunque era tan
poco lo que podiamos rescatar segun la miseria que teniamos, que todo
era nada. Nos preguntavan ¿que de acia donde veniamos? respondimosles
por señas, que de acia Lebante, que eramos vasallos de S. M., y ellos
alzaban las manos al cielo, y se holgavan mucho de estar alli con
nosotros, aunque se recelavan, por que decian haberles hecho mal otra
gente del parecer de nosotros; y ansi les abrazabamos y deciamos por
señas, que nosotros no les hariamos mal ninguno, ni daño, sino que
antes les dariamos de lo que teniamos; y siempre que este Principal
venia le daba de lo que tenia por contentalle, como era hierro, y
cosas de vestidos, con lo qual iva contento, y á los demas Principales
juntamente con él: ansi se apartaron de nosotros este dia, y se fueron
á su pueblo, al qual en su lengua llaman Atocco, diciendonos que
otro dia vernian y traerian muchas cosas de comida; y ansi otro dia
vinieron el Viban y un hermano suyo con otros dos Principales, los
quales respetavan á este con ser mozo de hasta veinte años, y consigo
traian sus mugeres, y otras mozas que venian como criadas; todas muy
bien vestidas con sus naguas largas, y unos cuerpezuelos baxos, y unas
camisas de pecho muy galanas, con unas tocas muy delgadas en la cabeza
á uso de Labradoras de España, y bino mucha gente con ellos con sus
armas, como que venian en guarda dellas, y llegados enfrente del Navio
pararonse á mirar: llamaronnos por señas: yo fui en tierra con la demas
gente, y ansi en llegando los abraze al Viban y á los demás Principales
con sus mugeres, y las otras mugeres criadas estavan aparte, y luego
les mandaron que se fuesen á su pueblo, y holgaronse mucho éllas con
vernos; y nosotros viendo la buena voluntad que mostravan se les dió
algunas cosillas que convenian para mugeres, y sendos pedazos de
hierro, que como digo, es la cosa que mas quieren: ellas me dieron á
mi una toca de palma muy galana y otra al Piloto, y á Pedro de Rivero,
las quales eran de muchas colores; tambien nos dieron un puerco muy
bueno que llevasemos á nuestro Navio, y otro mataron alli, y asaron
parte dél, y convidaronnos á comer, y ansi comimos nosotros y estos
Principales y sus mugeres, y á la demas gente les mandó el Viban que se
apartasen á un cavo y quitoles las lanzas y alfanjes que traian; y ansi
yo mandé á la gente que conmigo ivan, que dexasen los arcabuzes á un
cavo, de suerte que si los huviesen menester fuesen señores dellos, y
ansi se pusieron de suerte, que no solamente de las suyas mismas, pero
aun las de los Indios si se ofreciera lo eramos; y con ver esto, estos
Principales y sus mugeres fueron muy contentos, por que tenian gran
temor á los arcabuzes, y ansi comenzamos á beber y á comer del vino que
traian, aunque no tanto como ellos nos davan, por que en estos negocios
convenia ansi; despues de haver comido nos dixo este Principal, que
los Indios traian cosas que rescatar, y llegaron cargados de gengibre
berde y canela berde; el gengibre acabado de sacar de la tierra, que es
una raiz grande, como raiz de caña; la canela traian berde con que se
limpiavan los dientes, y desto grandísima cantidad ansi le rescatamos
de lo que traian, que era esto y otras cosas, mas por que no volviesen
cargados, que no por el interese dello; ansi se fueron á su pueblo
aquella tarde, y no vinieron en quatro ó cinco dias sino eran á diez ó
doze Indios, y siempre venia con ellos un Principal como guarda, para
que no se desmandasen ninguno dellos, y ansi todas las demas cosas
rescataban por mano de este.
Entre tanto que venian cantidad de Indios hicimos agua y leña para
esperar el Armada un mes ó dos, y pasados quinze ó veinte dias que el
Armada no venia, entendí de los Indios que andavan desabridos, por
que no tratavan verdad en cosas que con nosotros tratasen, y visto
esto, y que el Armada no venia, acordamos de alzar el Navio, que era
muy raso, y no estava para poder salir de Puerto ninguno, ni para
poder barloventar con él, y tambien si acaso nos quisiesen hacer algun
daño los Indios tuviesemos alguna defensa con el bordo para nos poder
defender, y ansi con parecer del Piloto lo hize luego poner por obra,
y lo primero que hizimos calafatear el Batel, por que se nos iva al
fondo por estar todo abierto, ansi lo adrezamos lo mejor que pudimos:
luego otro dia siguiente mandé comenzar á cortar madera para aderezar
el Navio, aunque contra la voluntad del Maestre, y de algunos de los
del Navio, por que decian, que ellos no havian venido á la China para
cortar palos, sino que en llegando havian de cargar de oro, y ansi
decian que aquel no era el Puerto, que mas abaxo estava, que alli
hallarian muchos juncos que traian muchas riquezas, que de esto venian
ellos informados, y que por esto fué su intencion de venir la jornada,
y ansi andavan algunos amotinados; y esto vino á sentir el Piloto, por
que le dixeron, que estando en tierra conmigo haciendo lo que convenia,
le abrian la caxa alguno de los que quedavan en el Navio, que eran de
los amotinados, y le miravan la carta para ver donde les demorava los
Malucos, y ansi pretendian irse allá; y él viendo esto vino á mi y me
dió parte dello para que nos guardasemos dellos, por que estavamos en
mas peligro que no con los Indios, y ansi para que estos no saliesen
con su mal proposito, yo mandava á aquellos que entendia que no se
hallavan culpados, aunque eran pocos, que tubiesen gran vela por que no
nos matasen, y se alzasen con el Navio, y junto con esto el Piloto é
yo haciamos nuestros quartos velandolos como siempre lo haciamos, por
temor de los Indios no nos cortasen el amarra; y ansi en este tiempo
el Maestre que era el principal y el que se havia puesto á los demas
en este negocio, hizo las amistades con el Piloto que era la causa
principal por que él havia intentado esto, que segun supe havian reñido
en tierra sobre el alzar del Navio, y adrezallo, y como yo los hize
amigos mandandoles que entre ellos no huviese cosa ninguna, por lo qual
como digo se quedó, y ansi los demas viendo esto concertaronse con los
que hacian el quarto la noche que los cupo, y ansi se entraron quatro
dellos en el Batel, llevando los arcabuzes con otras muchas cosas que
sin ellas no podiamos navegar, que fué dos eslabones y pedernal que
en el Navio havia, que era lo principal que haviamos menester, por
que faltandonos el fuego, los Indios y ellos podrian ser señores de
nosotros todas las veces que quisieran; y ansi estandose embarcando
fueron sentidos por uno que estava velando, y me llamó á mí y á el
Piloto, diciendo, que se ivan con el Batel, y por presto que acudimos
estaban ya desabrazados, y sino acudieramos fueran pocos los que
quedaban, y ansi se fueron llevando armas de otros que con ellos havian
de irse; yo les dixe ¿que adonde llevaban el Batel? dél respondieron;
que ivan á tierra; y ansi se fueron fuera del Puerto, y creo por lo que
el Piloto me havia dicho, su intencion era ir á los Malucos por que
eran poblados de Portugueses.