Este viento levanta (lo que no hacen los demás) cuantas plumas, lana,

cabellos, pajas y otras cosas livianas que hay por las plazas y calles,

y cubre el pueblo de una niebla que parece se puede palpar, y aquellos

dias está frío, que no se puede vivir sino tras los tizones. Oí decir

allí á una señora discreta, que cuando corrian estos tomahavis, y salia

de su casa á oir misa en los dias forzosos, á la vuelta traía un fieltro

dentro en el pecho, por el polvo, lana y cabellos que le hacia tragar

Tomahavi, mal que le pesase; con todo esto, la cobdicia de la plata y

diligencia para adquirirla y sacarle hace en estos dias trabajar y

pasear las calles á los hombres.

CAPITULO CVII

DE LA PROVINCIA DE LOS CHICHAS Y LIPES

Desde este pueblo de Potosí, declinando un poco al Oriente, se entra en

la provincia de los Chichas, á dos jornadas andadas, los cuales son

indios bien dispuestos, belicosos; su tierra, rica de oro y plata, sino

que no la quieren descubrir. Llega esta provincia hasta el último pueblo

dellos, y de la juridicion del reino del Perú, llamado Talina, cincuenta

leguas buenas de Potosí, el camino no malo, y los valles donde están los

indios poblados, de moderado temple, con abundancia de mantenimientos y

ganados, así de la tierra como de los nuestros; á cuya mano derecha

queda la provincia de los Lipes, no de muchos indios, muy fria y

destemplada, donde no se da maíz; en lo demás de poca fama, si no es por

las piedras medicinales que della se traen, que yo he visto y en todo el

reino se usan: la una de color azul, con la cual se curan cualesquier

llagas viejas con no poca mordacidad, con la cual las castra y en breve

sanan; las otras son para la ijada aprobadas, unas de color de aceite y

otras (estas son las mejores) de color de carne de membrillo; digo ser

aprobadas, porque yo comenzaba á ser enfermo della, y de cuatro años á

esta parte, gracias á Nuestro Señor, que traigo dos conmigo cosidas en

un jubon, una un lado y otra á otro de la ijada, la una de la una color

y la otra de la otra, no he sentido cosa de pesadumbre; la de color de

carne de membrillo dicen los lapidarios ser contra ijada, riñones y para

estancar flujo de sangre. No dejan fraguar piedra; deshácenla, y

deshecha se lanza por la orina; experiencia cierta.

CAPITULO CVIII

DEL VALLE TARIJA

Quince leguas á la mano izquierda de Talina, declinando más al Oriente,

entramos en el gran valle de Tarija (no le he visto, pero lo que dél

dijere sélo de hombres fidedignos que han vivido en él), ancho y

espacioso, abundante de todas comidas nuestras y de la tierra, y de

ganados de los nuestros, donde se dan viñas y buen vino con las demás

fructas españolas; los años pasados, deben ser más de 45, fué poblado de

estancias de ganados nuestros; la más principal era del capitan Juan

Ortiz de Zárate, que despues fué Adelantado del Rio de la Plata, de

quien habemos de tractar en breve, donde tenia copia de ganado vacuno.

Los indios Chiriguanas, creo en las guerras civiles contra el tirano

Francisco Hernandez, viendo la poca gente de los nuestros, y sin armas,

dieron en ellos, mataron algunos, otros huyeron y se salvaron, de los

cuales conocí dos ó tres; los Chiriguanas se apoderaron del valle, á lo

menos quedaron libres de los nuestros que en aquella frontera vivian;

dejóse allí el ganado vacuno, que en grande abundancia se multiplicó,

vuelto silvestre y bravo, y como acá llamamos cimarron. Visitando este

reino el Visorrey don Francisco de Toledo, y llegando á la ciudad de La

Plata, sabida la calidad del valle, y la importancia de ser poblado,

para el freno por aquella parte de los Chiriguanas, que por allí hacian

no poco daño á los Chichas, y aun les pagaban tributo, nombró por

corregidor é para edificar allí un pueblo de españoles al capitan Luis

de Fuentes, con el cual fué alguna gente con sus armas y caballos, y un

religioso nuestro, llamado fray Francisco Sedeño, predicador y fraile

esencial, por cura y vicario de los españoles, con licencia del padre

fray García de Toledo, que á la sazon era provincial, y comision de la

sede vacante, porque clérigo ninguno quiso ir; llevaba tambien órden de

nuestro provincial para edificar convento, lo cual hizo; llegaron sin

dificultad, aunque entonces era un poco peligroso el camino, pero

tuviéronla en la poblacion, por tener á los Chiriguanas muy cerca que

los molestaban, mas fueron poca parte; hicieron sus casas fuertes en el

lugar más cómodo que hallaron, y en menos de treinta años ha crecido

tanto, que hay en él hombres cuyas haciendas valen más de 30.000 pesos,

y si tuviera indios de servicio, hobiera crecido más.

Fuéles de mucha ayuda el ganado, porque como desamparado y sin dueño lo

mataban y se sustentaban dél, y agora no hay poco, pero más arredrado,

huyendo de las mechas de los arcabuces, que de muy lejos las huelen.

Primero se mandó por pregones que los señores de aquel ganado lo

sacasen dentro de tanto tiempo, so pena darlo por desamparado; mas como

no hobiese, ó no pareciese dueño, y aunque pareciera y trujera el

ejército del Turco no lo pudiera sacar, declaróse ó dióse por cimarron

desamparado; agora no hay vecino que no tenga, cual más, cual menos,

manso y corralero, no de aquello, sino de otro manso que han llevado, y

no les falta ovejuno y porcuno; de Potosí vienen á comprarles lo que

tienen, y si no, ellos lo llevan; en el _valle_ menor fundaron _otro

pueblo_, de buenas aguas y sábalos con otros géneros de peces; es

abundante de víboras y sabandijas ponzoñosas, como los demás valles de

los Charcas, empero ellas huirán de los españoles ó se acabarán. Cae en

tierras de la provincia de los Chichas. El Inga, cuando era señor desta

tierra, tenia aquí guarnicion de gente de guerra contra estos

Chiriguanas, los cuales, entrando los nuestros en este reino, la dejaron

y se volvieron á sus tierras.

Hállanse en este valle á la ribera y barrancas del rio sepulturas de

gigantes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se ve, no se puede

creer cuán grandes eran; cómo se acabasen ignórase, porque como estos

indios no tengan escripturas, la memoria de cosas raras y notables

fácilmente se pierde.

Certificóme este religioso nuestro haber visto una cabeza en el cóncavo

de la cual cabia una espada mayor de la marca, desde la guarnicion á la

punta, que por lo menos era mayor que una adarga; y no es dificultoso de

creer, porque siendo yo estudiante de Teología en nuestro convento de

Los Reyes, el gobernador Castro envió al padre prior fray Antonio de

Ervias, que nos la leía, y despues fué obispo de Cartagena, en el reino

de Tierra Firme, que actualmente estaba leyendo, una muela de un gigante

que le habian enviado desde la ciudad de Córdoba del reino de Tucumán,

de la cual diremos en su lugar, y un artejo de un dedo, el de en medio

de los tres que en cada dedo tenemos, y acabada la lection nos pusimos á

ver qué tan grande seria la cabeza donde habia de haber tantas muelas,

tantos colmillos y dientes, y la quijada cuán grande, y la figuramos

como una grande adarga, y á proporcion con el artejo figuramos la mano,

y parecia cosa increible, con ser demostracion; oí decir más á este

nuestro religioso, que las muelas y dientes estaban de tal manera duros,

que se sacaba dellas lumbre como de pedernal.

CAPITULO CIX

DE OTROS PUEBLOS EN FRONTERA Y LA TIERRA ADENTRO DE LOS CHIRIGUANAS

Dos jornadas no largas deste valle de Tarija, sobre mano izquierda, hay

un valle que llaman San Lucas, donde un hombre poderoso, llamado

Jerónimo Alanis, manco de la mano derecha, tenia una gran hacienda de

vacas y cria de mulas, con gente bastante, yanaconas y un mestizo y

mulato, y casa fuerte para el beneficio della; pero como era muy cerca

de las montañas Chiriguanas, porque no le hiciesen daño pagábanles

tributos, cuchillos, tijeras, algunas hachas para cortar árboles y

alguna chaquira. El señor de la hacienda de cuando en cuando iba á

verla; sucedió (y no habia tres años que Tarija se habia poblado) que

yendo á verla, de allí despachó un indio á nuestro religioso, con quien

tenia amistad, haciéndole saber estaba allí, rogándole viniese á

confesarle la gente; era despues de Pascua de Resurrection: recibida la

carta, concertóse con el capitan Luis de Fuentes y otros tres soldados

ir con sus armas, arcabuces y recado; quiso nuestro Señor que el dia que

habian de llegar vinieron más de cien Chiriguanas á pedir su tributo á

nuestro Alanis, y con tanta soberbia entraron, que sin duda venian

determinados de hacerle mucho mal, matarle y á toda su gente; el

capitan, religioso y los demás, ni vieron á los Chiriguanas ni dellos

fueron vistos, por causa de una niebla muy obscura que aquel dia cubria

la tierra; entran en casa de Alanis, hallan allí parte desta bárbara

nacion (los demás no habian llegado), que ya comenzaban á querer

disparar sus flechas en el Alanis, que sólo tenia una cota puesta y una

espada en la mano izquierda, porque la derecha la tenía cortada. Los

nuestros que llegan, si no fué el religioso, comienzan á desenvolverse

contra los Chiriguanas; en su ayuda acuden el mestizo y mulato con sus

arcabuces; despacharon á los que hallaron dentro, y luego en sus

caballos salen á los que venian; mataron más de sesenta gandulazos, los

demás se escaparon y algunos heridos é mal. Entre estos indios venian

algunos Chaneses, de los cuales dijimos que se aprovechan estos como

gente en la guerra, é ya los nuestros descansando, y habida esta

victoria, entra por las puertas un indio muy mal herido de un

arcabuzazo, y aun lanzada, diciendo era Chanés, y pidiendo, ó diciendo:

¡cristiano, cristiano! que era decir lo queria ser y le baptizasen;

baptizóle nuestro religioso, y luego se murió. Esto me escribió nuestro

religioso á la ciudad de La Plata, donde yo vivia á la sazon. Pues para

refrenar á estos enemigos comunes del género humano, aquí se ha poblado

otro pueblo de españoles, al cual agora cuatro años, llegando yo á la

ciudad de La Plata, volvian mas de cincuenta hombres que con un capitan

habian salido á descercar el pueblo, porque Los Chiriguanas, le tenian

cercado, y el capitan habia enviado á pedir favor; sabido por los

Chiriguanas, alzaron el cerco y no los osaron á esperar. Otros dos

pueblos, á lo menos uno, he oido decir se ha poblado por los nuestros en

el gran rio de Pilaya, ya en la tierra Chiriguana, á donde llegó y pasó

el Visorrey don Francisco de Toledo, y entonces (como diremos) le

llamaron el rio Incógnito. Estos indios andan agora más soberbios que

antes, porque los vandea un perro mestizo nacido en el Rio de la Plata;

yo le conocí, gran oficial herrero, llamado fulano Capillas, ladino como

el demonio, y blanco, que no parece mestizo, casado y con hijos en la

ciudad de La Plata; no sé por qué ocasion se fué ó le envió el

Audiencia, y esto fué lo más cierto, á tractar con ellos no sé qué

medios de paz, y él decia no le enviasen, porque no le habian de dejar

salir los indios; fué y quedóse con ellos; este maldicto les hace unos

cascquillos de acero para las flechas, tan bien templados que no tienen

resistencia; antes usaban de cañas como las nuestras, el ñudo tostado

por puncta; lo demás servia de cuchilla; con las cuales tan bien pasaban

una cota como un nabo. Contra estas armas Chiriguanas usan los nuestros

cotas y encima escaupiles sueltos en vanda, porque en el algodon se

entrape la flecha. Vive este mestizo entre los Chiriguanas con ellos,

con las mujeres que quiere; anda casi desnudo, y por no ser conocido

cuando sale á hacer daño en los nuestros, se embija como indio; dicen ha

inviado á decir á la Audiencia que de buena gana dejaria aquella vida,

porque es cristiano, si le perdonasen; pero que teme, si se reduce, le

han de castigar por los daños que ha hecho; pero como desta gente alguna

sabe á la pega, en ella se queda.

CAPITULO CX

DEL CERRO LLAMADO PORCO

Volviendo á nuestro Potosí, porque siendo el centro de las Indias

habemos de tractar ó traerle á la memoria muchas veces, como del centro

salen muchas líneas á la circunferencia, así de Potosí hay y salen

muchos caminos y entran en él de diferentes partes; digo, pues, que

volviendo al de aquí, salimos para el puerto de Arica, cien leguas

tiradas; á las siete ó ocho llegamos al cerro de Porco, de quien habemos

tractado un poco, al pie del cual tienen su asiento los pocos españoles

que allí viven, y pobres respecto de los de Potosí; no he llegado á este

asiento, pero he pasado media legua dél, y quien vive en Potosí puede

decir vive en Porco, así por la poca distancia de camino, como porque

todo lo que pasa en Porco se sabe luego en Potosí, y al contrario. Es

cerro más alto quel de Potosí, metido entre otros cerros y no tan bien

hecho. Es más destemplado, y más rico si no diera en agua, y el metal

más fino; he visto alguno que certificaron á don Francisco de Toledo.

Visorrey destos reinos, acudia á ochenta marcos por quintal; este metal

es poco, y luego se descubre agua, y tanta que es imposible desaguarla.

En la misma cumbre del cerro certifican haber fuentes de agua, lo cual

en Potosí no se ha hallado. Tiene otra cosa, que no son vetas seguidas

de donde se saca la plata, sino pozos, y como se dé en uno, hace á su

amo presto rico. Síguese algunas veces la labor con esperanzas al

parecer certísimas, mas al mejor tiempo atraviésase un peñisco, ó una

fuente de agua, y veis aquí las esperanzas perdidas. Si estos dos

contrarios no tuviera, ó la del agua, que es la mayor, mucho más rica

era que Potosí, y el metal más suave de quebrar, y una de las

excelencias que puso Dios nuestro señor en Potosí es no haber dado en

agua. Toda la puso al pie del cerro de una parte y otra del arroyo que

divide á los indios de los españoles.

CAPITULO CXI

DEL CAMINO DE PORCO Á ARICA

Media legua de Porco, sobre mano derecha, pasa el camino Real de Potosí

á Arica, que son cien leguas tiradas (como dijimos) llanas, muy frias y

de algunos arenales no muy pesados para caballos, empero para carneros

de la tierra, cuando van cargados, sonlo mucho, y para las recuas de

mulas, por lo cual las recuas de carneros que llevan el azogue á Potosí

desde Arica, y las mercaderias, los que llamamos balumen, vino, hierro,

jabon, etc., á las nueve del dia han de tener su jornada hecha, que es

de tres leguas, comenzando á caminar á las tres, antes que amanesca, y

aun antes, porque en toda la Sierra, con ser en partes inhabitable por

el mucho frio, y lo más deste camino lo es, desde las nueve del dia

hasta las cuatro de la tarde son los calores del sol muy crecidos, tanto

y más abrasan que en los Llanos y valles calientes; es muy trabajoso

este camino por la destemplanza del frio, y no haber en tres ó cuatro

jornadas tambos donde albergarse, sino unos paredones mal puestos; é ya

que comenzamos á abajar para Arica lo es mucho, porque veinte leguas que

hay desde donde se comienza á bajar por una quebrada abajo, llamada de

Contreras, en quince leguas no hay gota de agua; aquí es donde los

carneros de la tierra, de carga, corren riesgo y se quedan muchos

muertos, y en echándose el carnero en esta quebrada, no hay sino

descargarle y dejarle; allí se muere de hambre y sed; si comieran arena,

y no bebieran en ocho dias, muy gordos salieran; ver en toda esta

quebrada tanta osamenta de carneros es lástima, por lo que pierden los

señores de los carneros (y este es el mejor camino) por lo cual llevan

para las cargas la mitad más de los necesarios; subidos á la sierra, no

tienen ese riesgo, porque ni pastos ni agua les falta, y en llegando el

carnero á la jornada suya, no le harán pasar adelante cuantos aran y

cavan. Las recuas de mulas en medio dia y una noche concluyen con estas

quince leguas. El subir á la Sierra á los unos y á los otros es más

dificultoso, y Potosí lo allana. A tres ó cuatro jornadas de Potosí se

toma el camino para las minas que llaman de las Salinas, que ha pocos

años se descubrieron; mas como no hacen ruido, no hay que tractar

dellas.

CAPITULO CXII

DE LA CALIDAD Y COSTUMBRES DE LOS INDIOS DESTOS REINOS

Habiendo tractado con la brevedad que prometimos de las ciudades,

caminos y otras cosas particulares tocantes á los españoles, ya es

tiempo tractemos de las condiciones destos indios. Lo primero que

tienen, y es el fundamento de las malas ó buenas costumbres morales, es

un ánimo el más vil y bajo que se ha visto ni hallado en nacion alguna;

parece realmente son de su naturaleza para servir; á los negros esclavos

reconocen superioridad; llámanlos señores, con saber son comprados y

vendidos, y lo que les mandan obedecen muy mejor que lo mandado por

nosotros. Es gente cobarde, si la hay en el mundo, de donde les viene lo

que á todos los cobardes, son cruelísimos cuando ven la suya ó son

vencedores. No quieren ser tractados sino con rigor y aspereza, porque

en tractando bien á un indio, aunque se haya criado en casa desde niño

como hijo, dicen que de puro miedo lo hacemos, y por eso no nos

atrevemos á castigarlos.

En tractándolos mal sirven con gran diligencia. Cuando tienen necesidad

de nosotros, en cualquiera que se vean, ó de enfermedad, ó de hambre, ó

de otras semejantes, con grandes humildades y subjectiones piden nuestro

favor; pero si estamos en ella y con palabras mansas y amorosas les

pedimos nos socorran, hacen burla de nosotros mofando y escarneciendo, y

aunque sea su amo, que le haya criado, si se ve en peligro de muerte, en

rio, caída de caballo, ó en otro peligro, se pone á mirarlo sin

socorrerlo, pudiendo, y se rie de buena gana; la gente más ingrata que

hay en lo descubierto, al bien que se le ha hecho ó hace; por lo cual

sólo por amor de Dios les hacemos bien, que dellos esperar gratitud es

en vano. La nacion más sin honra que se ha visto; no la conoce ni sabe

qué cosa es, pues es más mentirosa que se puede imaginar; de donde les

viene no temer levantar falsos testimonios, que los levantan gravísimos,

y como no se les castiga por ellos, quédanse en su mala costumbre; que

unos indios á otros los levanten, no es tanto el daño, ni pierden honra

(como dicen), ni casamiento; mas levántanlos á los religiosos, á

clérigos, á españoles, tan sin asco, como si en ellos no fuese nada, y

cuando se averigua la falsedad, los que los habian de castigar dicen son

indios, y mientras no se averigua padece el pobre fraile ó clérigo. Pero

lo que más me admira es que todos cuantos vivimos en estas partes,

conociendo la facilidad destos en mentir y levantar falsos testimonios,

dígannos mal deste ó de aquél, le creemos; esta falta es nuestra, y en

los gobernadores nuestros la hay, porque confesando que es así, cuando

vamos á volver delante dellos por la fama y honra del clérigo ó

religioso, dice el Virrey: conozco su facilidad en mentir; pero ya que

dicen tantas cosas, en algo deben[39] decir verdad; algo hay; háseme

respondido así á mí propio por un Virrey destos reinos, haciéndole

demostracion de muchos y graves testimonios falsos que á un religioso

nuestro habian levantado. Jurar falso no lo tienen en más de cuanto se

les da una taza de vino, ó un mate de chicha, y cuando los

reprehendemos, ¿cómo juraste en falso? la excusa es, y responden: díjome

un amigo, ó mi vecino, ó mi curaca (que es lo más comun) que lo hiciese,

sin más sentimiento; pues volver la fama, ni desdecirse, no se hable en

eso.

Para mentir y en un instante forjar la mentira, los más fáciles son que

hay hombres en el mundo, grandes y pequeños, mayores y menores; es cosa

admirable cuán en el pico de la lengua tienen las mentiras. No parece

sino que muchos dias han estudiado y imaginado: esto me han de preguntar

y esta mentira tengo de responder, y tan sin vergüenza, como si dijesen

mucha verdad; ellos no han de tractar verdad, y nosotros no les habemos

de mentir, y ojalá en algunos acá nacidos de los nuestros no se hallase

este vicio. No es afrenta entre ellos decirle mientes, ni ellos decir á

otro lo mismo. Alábanse mucho que mintieron al padre que los doctrina,

ó engañaron, y lo propio es que mintieron al español con quien tractan,

y hacen gran plato desto, y como no tienen color en el rostro, por lo

cual, demudándose, conoscamos si mienten ó engañan, mienten tan

disimuladamente, que parece es todo verdad lo que afirman, y con unos

ademanes ó afectos que nos hacen creerlo; tambien se alaban si dejaron

algun español (habiéndole pagado su trabajo) en medio de un despoblado ó

en medio de la nieve, sin camino; hay muchas partes donde no se puede

caminar sin guia, y en estos caminos dejan al pobre caminante á la luna

de Paita; borrachos, es nunca acabar tractar desto.

Si han de comenzar viaje, aunque sea de pocas leguas, primero se han de

emborrachar; si vuelven, lo primero es emborracharse; dicen que se

emborrachan porque si se muriesen en el camino, ó donde van, ya se

morirán habiéndose emborrachado, y cuando vuelven se emborrachan porque

no se murieron y volvieron con salud á sus tierras, ó casas; así me lo

han dicho; borrachos, tractan muy mal á sus mujeres, y son deshonestos

con sus hermanas y aun madres, y cuando están borrachos entonces hablan

nuestra lengua, y se preguntan, ¿cuándo los cristianos nos habemos de

volver á nuestra patria? y ¿por qué no nos echan de la tierra? pues son

más que nosotros, y ¿cuándo se ha de acabar el Ave María? que es decir

cuándo no les habemos de compeler á venir á la doctrina. Porque en la

semana dos dias juntamos al pueblo para enseñársela y predicarles, á lo

cual vienen por fuerza los más; finalmente, su Dios es su vientre y la

chicha, y no hay más mundo.

Descripción colonial, libro primero (1/2) · 第 16 / 19 段