Chiriguanas y con los llanos de los Chaneses; el sitio, llamado por un
nombre Condorillo y por el otro el río de los Sauces. Los que lo han
visto, que son muchos, dicen no hay en lo descubierto de las Indias
temple más saludable; el suelo fértil y alegre. Viviendo aquí con toda
paz, y no distando de la ciudad de La Plata ochenta leguas á lo más
largo, estos Chiriguanas le engañaron con una ficcion, de las cuales,
como habemos dicho, son grandes hombres para fingirlas; fingen, pues, y
engañan al pobre capitan, que á pocas leguas de allí habia un valle
donde vivian unos indios de extraña figura, muy ricos de oro (entre los
Chiriguanas, ni en toda aquella montaña, ni oro ni plata se ha
descubierto); que si quiere, ellos le llevarán allá y se los
conquistarán, y de los españoles no es necesario más que la mitad, y la
otra mitad se queden en el pueblo. Creyóse (que no debiera) dellos, y
salió con treinta soldados; los otros treinta con las pocas mujeres dejó
en el pueblo; llevó consigo parte de los Chiriguanas, los cuales dejaron
concertado con los demás que para el servicio del pueblo se habian
quedado, que para tal dia tomasen las armas, y á tal hora de noche; que
ellos en el propio dia y hora darian en Andrés Manso, y sus soldados, y
desta suerte los matarian á todos. Al dia, pues, ó por mejor decir, á la
hora de la noche señalada, los unos dan en el pueblo, los otros en
Andrés Manso; matáronlos á todos sin dejar uno ni ninguno, y desde
entonces se han quedado señores como agora lo son, y tan enemigos
nuestros como antes, y del nombre cristiano; sólo se escapó un mestizo
llamado fulano de Almendras, á quien prendieron en el pueblo, y un
cacique destos Chiriguanas le quitó que no le matasen, y puso en salvo,
porque tenia con él amistad: cosa nunca entre Chiriguanas guardada.
Vínose á la ciudad de La Plata, donde á pocos años murió, estando yo
presente, á quien entonces confesé y ayudé lo mejor que supe en aquel
trance; escapóse otra mestiza que debia estar amancebada con algun
Chiriguana, porque se quedó con ellos hasta hoy, como otra vez della
diremos; y esto en suma de los Chiriguanas y sus costumbres; prosigamos
agora nuestro viaje.
CAPITULO C
DEL CERRO DE POTOSÍ
Volviendo á nuestra provincia de Los Charcas, cansado de tractar de la
gente más que bárbara Chiriguana, es esta provincia ancha y larga,
empero poco poblada y muy áspera, de malos caminos; los indios son más
bien dispuestos que los del Collao, más fornidos, los rostros más llenos
y en sus vestidos más bien tractados, hablando en comun; son
conocidísimos por el vestido, y muy ricos de plata y de ganados, aunque
en ganados les hacen ventaja los del Collao, y oro no les falta, sino
que no quieren descubrirlo; es fama en el distrito de Chayanta haberlo,
no de río, sino veta, pero guárdanla para sí, y no hacen mal.
El Visorrey don Francisco de Toledo, desde Potosí envió con un yanacona
que le prometió descubrir esta mina á un religioso nuestro; fué y halló
una veta pobre, aunque trujo una piedra pasada toda con clavos de oro;
túvose por cosa que no se podía seguir, y así se quedó. Tambien es fama
y comun que entre Potosí y Porco, que son ocho leguas, hay minas de
azogue, y no es difícil de creer; empero el que la sabe no la quiere
descubrir, diciendo que si luego se la han de quitar, se esté por todos;
la cual si se descubriese, Su Majestad aumentaria grandemente sus
tributos, porque como el azogue necesariamente bajase, no seria
necesario seguir veta, sino á tajo abierto labrar en el cerro, y como
fuesen las costas menos y más los mineros, los quintos habian de subir;
pero esto es ya salir de nuestro intento; dejémoslo á los Contadores.
_De_ la ciudad de La Plata se ponen á Potosí 18 leguas, divididas en
tres jornadas, en las cuales hay cinco ventas, y en la primera dos rios;
el primero llamado Cachimayo, que es decir rio de la sal, por la sal que
en algunas partes por donde corre se hace, porque no es necesario otra
cosa quel agua echar en los lugares señalados, y dentro de pocos dias se
congela, y buena sal, con ser el agua no muy gruesa, pero no es salobre
ni salada. El otro es rio Grande, y solamente al verano se vadea y
conviene saber tomar el vado, porque si no, no parará el que lo quisiere
vadear hasta los Chiriguanas. Tiene sus puentes de piedra que mandó
hacer el famoso marqués de Cañete, de felice memoria, el viejo; la
primera del Achimayo; por descuido de las justicias, con una avenida se
la llevó el rio; hase hecho legua y media más abajo otra, que se ha
tardado en hacella más que se tardó en las dos, porque las dos en dos
veranos se hicieron; esta han pasado más de seis.
Es Potosí de forma de un pan de azúcar; sólo á la parte del Poniente se
le desgaja una cordillera de un cerro que no creo tiene una legua de
largo, y baja. Por la parte del pueblo tiene un cerrillo pegado á sí, á
quien llaman Guaina Potosí, como si dijésemos el grande, el viejo
Potosí, y á este otro el mozo. Este cerro es conocidísimo entre mil que
hobiera; parece que la naturaleza se esmeró en criarle como cosa de
donde tanta riqueza habia de salir; es como el centro de todas las
Indias, fin é paradero de los que á ellas venimos. Quien no ha visto á
Potosí no ha visto las Indias. Es la riqueza del mundo, terror del
Turco, freno de los enemigos de la fe y del nombre de los españoles,
asombro de los herejes, silencio de las bárbaras naciones. Todos estos
epítetos le convienen. Con la riqueza que ha salido de Potosí Italia,
Francia, Flandes y Alemaña son ricas, y hasta el Turco tiene en su
Tesoro barras de Potosí, y teme al señor deste cerro, en cuyos reinos
corre aquella moneda; los enemigos del magno Filippo y de los brazos
españoles y de su cristiandad, en trayendo á la memoria que es señor de
Potosí, no se atreven á moverse de sus casas; los herejes quedan como
despulsados, y cuando los potentados del mundo se quieren conjurar
contra la Majestad católica, no aciertan á hablar. Es el más bien hecho
cerro que se ha visto en todas las Indias, y si dijésemos en el mundo,
no creo seria exageracion; del pie hasta la cumbre y corona dél hay una
legua larga. Vese de más de veinte leguas, porque desde un pueblo
llamado Aravati, tres leguas de la ciudad de La Plata, más adelante, se
ve, y á la parte del Sur, por el camino de los Chichas, de muchas leguas
le conocemos. Por todas partes, Oriente y Poniente y Norte y Sur, es
abundante de vetas de plata; las ricas que se labran y siguen son las
que miran al Oriente; luego diremos sus nombres. Jamás por los indios,
antes que los españoles entrasen en este reino y lo poseyesen, fué
conocido tener plata, ni jamás indio lo labró, ni _vivió_ en él; era
despoblada la tierra á la redonda dél, y el mismo cerro, por ser
frigidísimo con estar en veinte grados; ocho leguas dél se labraba el
cerco llamado Porco, como diremos concluido con Potosí. Todo él de
arriba abajo era una montaña espesa de unos árboles que llamamos
quinuas, torcidos, sólo buenos para leña y carbon, en lo cual puede
competir con la encina; para enmaderar nadie se aprovecha dél. Su
descubrimiento fué desta suerte, y si no me engaño lo descubrieron unos
yanaconas de fulano Zúñiga, hombre antiguo en este reino, y si no fué
tesorero de la hacienda Real, á lo menos fué uno de los oficiales, á
quien conocí en Potosí, y me dijo lo que referiré. Cuando los españoles
entraron en este reino, conquistado el Collao y esta provincia de los
Charcas, no la tenian por rica más que de miel, por lo cual muchos
rehusaron los repartimientos y encomiendas en esta provincia, diciendo
que no querian tributos de miel. Verdad es que se labraba el cerro de
Porco, de donde se sacaba plata para el Inga antes de la venida de los
nuestros. Acobardábales el temple, en partes desabrido, y el cielo como
le tenemos pintado, áspero, con tantas tormentas de truenos y rayos, y
que Porco á pocas brazas daba en agua. Con todo eso quedaron algunos de
los conquistadores antiguos, pero los más fueron de los que llamaban
pobladores, venidos despues de llana la tierra. Porco se labraba, y los
vecinos de la ciudad de La Plata, que deste cerro dista 25 leguas, iban
y venian á sus minas; tambien sus criados, así españoles como indios,
que llamamos yanaconas. El camino era tan cursado como agora, en el cual
encontraban ganado silvestre, llamado guanacos y vicuñas; son de la
misma figura que el ganado doméstico, sino que la color es bermeja de
los guanacos y el hocico que tira á negro. La vicuña es más cenceña, de
la misma color; el hocico tira un poco á blanco, y el pecho y pescuezo
por la parte de abajo blanco. Pues como todo el camino desde la ciudad
de La Plata fuese despoblado hasta Porco, algunos indios y españoles
llevaban galgos para si saliese algun guanaco, ó vicuña, cazarlo.
Sucedió así que yendo ó viniendo algunos indios yanaconas deste fulano
de Zúñiga y de otro compañero suyo, y pasando por las faldas de Potosí
(va por aquí el camino), salió un guanaco; échanle los perros; el
guanaco tira el cerro arriba, y los perros; siguen los indios á los
perros y guanaco, el cual subiendo al cerro arriba hizo fuerza con los
pies en una veta en la superficie de la tierra, y derrumbó un poco de
metal. Los yanaconas que le seguian, como quien conocia el metal,
viéndolo dejan de seguir el guanaco; tomándolo é conociéndolo, en su
lengua comienzan á decir: caimí mamacolqui, caimí mamacolqui; que quiere
decir: esta piedra es de plata, ó madre de plata. Recogen más piedras,
llévanlas á su amo, hacen el ensayo: acudió á muchos marcos por quintal,
á más de cincuenta; á la voz vino Zúñiga, y vinieron los demás y
registraron minas en el cerro.
Este fué el principio y orígen del descubrimiento de Potosí, y es así
verdad; desde entonces dejaron de seguir las minas de Porco con aquella
frecuencia que antes. La principal veta que se descubrió se llamó y
llama la veta Rica; luego la del Estaño, porque la plata es sobre
estaño, y la de Mendieta, y éstas son las que agora principalmente se
labran, de las cuales ha salido tanta cantidad de plata que asombra al
mundo. Si estas vetas desde fuera las miran, parecen como sangraderas, ó
quebradas muy angostas, que vienen de arriba abajo. Agora no hay más
memoria de leña en él que en la palma de la mano. Al principio los
metales eran muy ricos, porque las vetas lo eran, y acudian cuarenta
marcos y más por quintal; agora, como están muy bajas, son mucho más
pobres. El quintal que acude á tres pesos ensayados, que es á tres
cuartos de marco, es muy rico, que son seis onzas; son todas las minas
de plata que en este reino se descubren de cabeza, que es decir la
riqueza tiénenla en la superficie; como las tierras que se labran la
fertilidad es la superficie, y á esta causa los árboles no echan las
raíces sino á la haz de la tierra, y por esto, conformándose las minas
con los árboles, mientras más fondas se labran, más pobres.
CAPITULO CI
DEL CERRO DE POTOSÍ[38]
A la fama de tanta plata, luego se comenzó á despoblar, aunque no del
todo, el asiento de Porco y se pasó á Potosí, y poblaron los españoles
desta otra parte de un arroyo que pasa al pie del Guayna Potosí; los
indios, de la otra parte del arroyo, al pie del cerro; mas como se fué
multiplicando la gente, tambien á la parte de los españoles se poblaron
no pocos indios, y entre ellos los Carangas á las espaldas de los
nuestros. El asiento, así del pueblo de los españoles como de los
indios, no es llano, sino en una media ladera, como se requiere en
tierra que llueve; el un asiento y el otro lleno de manantiales de agua
que Dios nuestro Señor proveyó allí para el beneficio que agora se hace
de los metales; si no, ya se hobiera despoblado la mayor parte por falta
della, y los manantiales y fuentes, unos están sobre la faz de la
tierra, otros á un estado y á menos; el que á dos es muy fondo. El agua
en unas partes es mejor que otra, poca para que se pueda beber; guísase
con ella de comer y lávase la ropa; no se halla casi cuadra que no tenga
muchos manantiales, ni casas sin pozos, y en las calles en muchas dellas
revienta el agua. Cuando los metales acudian á mucho más que agora, no
los fundian los españoles, sino los indios se los compraban y
beneficiaban, y acudian con el precio al criado del señor de la mina.
Desta manera el señor de la mina tenia su mayordomo que della tenia
cuidado, de hacer los indios ó yanaconas barreteros labrasen, y sacasen
el metal á la boca de la mina, adonde cada sábado llegaba el indio
fundidor, mirábalo, concertábase por tantos marcos y á otro sábado
infaliblemente la traía la plata concertada; estos indios llevaban el
metal á sus casas, y lo beneficiaban, y fundian, no con fuelles, porque
el metal deste cerro no las sufre; la causa no se sabe; el metal cernido
y lavado echábanlo á boca de noche en unas hornazas que llaman guairas,
agujereadas, del tamaño de una vara, redondas, y con el aire, que
entonces es más vehemente, fundian su metal; de cuando en cuando lo
limpiaban y añadian carbon, como vian era necesario, y el indio fundidor
para guarecerse del aire estábase al reparo de una paredilla sobre que
asentaba su guaira, sufriendo el frío harto recio; derretido el metal y
limpio de la escoria, sacaba su tejo de plata y veníase á su casa muy
contento. Habia á la sazon en el cerro que dijimos se desmiembra de
Potosí, y á la redonda del pueblo, más de 4.000 guairas, que por la
mayor parte cada noche ardian, y verlas de fuera y aun dentro del pueblo
no parecia sino que el pueblo se abrasaba. La que menos destas fundia
salia con un marco de plata, que es riqueza nunca oída. Los indios
fundidores ganaban plata, y los señores de las minas no perdian.
El viento con que más cotidianamente fundian era con el Sur, que
dijimos llamarse Tomahavi. Proveyó Dios en aquel tiempo deste viento,
que casi no faltaba en todo el año, y cuando descansaba algunos dias,
luego se hacian procesiones por viento, como por falta de aguas cuando
se detienen. Cesaron totalmente las guairas desde que se comenzó el
beneficio del azogue, que fué en el segundo año del gobierno de don
Francisco de Toledo.
[38] En la parte superior de las páginas lleva este otro título:
_Cómo se pobló Potosí_.
CAPITULO CII
LAS VUELTAS QUE HA DADO POTOSÍ
Agora treinta años ya casi Potosí estaba para totalmente perder todo su
crédito, si nuestro Señor no proveyera de que se acertase á sacar plata
con azogue. Es así, que si en esta sazon llegara un hombre con 200.000
pesos, comprara todas las minas del cerro; las costas muchas, los
metales pobres, las minas muy hondas, no parecia se podia sustentar.
Empero luego el año adelante se descubre el beneficio del azogue, y
torna á revivir de tal manera, que en estos treinta años es casi
innumerable la plata que dél ha salido, y pasó así: que muchos años
antes, más de diez, llegaron allí unos extranjeros con azogue, y
quisieron fundir por él; hicieron las diligencias posibles, y no
atinaron á fundir, ó á incorporar, por lo cual las bolas del metal
incorporado dejaron con el azogue, desesperados de salir con su intento,
y en este tiempo el que las tenia, como por cosa desechada, las tornó á
moler y fundir, y sacó plata de donde los otros no atinaron á sacar un
grano, que parece prodigio. Despues de hallado este beneficio, y usado
muchos años, como los metales fuesen bajando en ley, ya los señores de
las minas no se podian sustentar; el ingenio del hombre, dando y
tomando, vino un beneficiador á mezclar escoria de los herreros molida
con el metal; fundiólo, salióle bien, donde infirió: si la escoria es
provechosa, mejor lo será el hierro; da en deshacer el hierro, y con el
agua del hierro deshecho incorporó el metal: salióle con más ley y sacó
más plata. Pues para deshacer este hierro ¿qué remedio? Eran necesarias
muelas de piedra como de barbero, más anchas que altas y de grano más
grueso; provee Dios junto á los mismos ingenios tanta piedra desta, que
algunos ingenios no á media legua, otros á una, y el que más lejos no la
tiene á dos leguas; estas piedras andan con el movimiento del ingenio
grande, en el cual debajo de la piedra ponen una artesa bien estanque,
con agua, de donde la muela coja agua dando vuelta, y encima de la
piedra se pone la plancha del hierro, la cual se va gastando como se
gasta el cuchillo en la muela del barbero; de cuando en cuando se
requiere verla para que siempre esté encima de la muela; _con_ cada
cajon de cincuenta quintales de metal molido y encorporado con azogue se
mesclan diez libras de agua, y si á estos cincuenta quintales echan
menos, no sacan nada; si más, pierden el agua más que echan, porque no
se saca más plata que si echasen las diez libras. Lo necesario á
cincuenta quintales es diez libras de agua. En todos los ingenios tienen
sus vasos de madera, en que al justo caben diez libras de agua; con
éstos las sacan de la artesa donde cae la agua en que se deshace el
hierro. Este beneficio es el frecuentado y cierto; algunos han procurado
descubrir otros, más sáleles al revés, y si no al revés, no hay quien
los siga. En todo este tiempo me hallé en la ciudad de La Plata, que es
casi como vivir en Potosí, porque lo malo ó bueno que sucede en aquella
villa, luego se publica en La Plata, por la frecuencia de los que van y
vienen.
CAPITULO CIII
DE LA ABUNDANCIA DE QUE GOZA POTOSÍ
Goza Potosí (á lo menos gozaba) de las mejores mercaderias, paños,
sedas, lienzos, vinos y de las demás, de todo lo descubierto de las
Indias, porque como en España se cargase lo mejor para la ciudad de Los
Reyes, de allí la flor se llevaba á Potosí.
Agora no es así, porque como sea tierra de acarreto, y las mercaderias,
que sean buenas que sean malas, se hayan de gastar, no se tiene tanta
cuenta como los años pasados. Es pueblo muy abundante de mantenimientos,
porque de Cochabamba, que dista dél cincuenta leguas, le llevan el
trigo, harinas, tocinos, manteca, y de la ciudad de La Plata, todas las
fructas nuestras y mucho trigo é maíz, y de la costa de más de cien
leguas el pescado casi salpreso, porque agora cuatro años se obligaron
tres ó cuatro de dar pescado salpreso en Potosí, con condicion que otro
que ellos no lo pudiese meter, señalándoles la villa el precio, y
salieron con ello; tenian en paradas caballos con que lo llevaban; si
agora lo hacen, no lo sé. Finalmente, todos los pueblos que se han
poblado y se pueblan de españoles en aquella provincia de los Charcas,
podemos decir que Potosí los puebla, porque con la confianza de llevarle
lo que tienen de labranza y crianza, anima á los españoles á meterse en
las montañas de los Chiriguanas, y fundar pueblos en valles
calorosísimos, llenos de las plagas referidas, y todo lo allana Potosí.
El pueblo tiene sus plazas donde se venden las cosas necesarias, en cada
plaza la suya; la plaza del maíz en grano, la de la harina, la de la
leña, la del carbon, la del alcacer y la del metal, y plaza donde se
vende el estiércol de los carneros de la tierra, el cual me certificaron
se compraba y se vendia cada año en cantidad de 10.000 pesos y más. Pues
¿qué diremos de la de la coca? La plaza principal es muy bien proveida,
donde casi todo el año se hallan uvas, las demás fructas, camuesas,
manzanas, membrillos, duraznos, melones, naranjas y limas, granadas á su
tiempo en cantidad, y hase introducido que no pierde el más estirado
nada de su opinion en entrar donde estas cosas se venden, que es una
calle larga en la misma plaza junto á la iglesia mayor, hecha por los
indios que traen estas cosas, y escoger el propio lo que más gusto le da
y enviarlo á su casa; no se repara en la plata. Pues en el mismo cerro
hay sus plazas con todas estas cosas, y vino y pan, hasta en la misma
coronilla del cerro, que llevan los indios, donde lo venden así á indios
como á españoles.
CAPITULO CIV
DE LAS PERROQUIAS DE POTOSÍ
Si no me engaño, deben ser las perroquias de Potosí de ocho á diez, las
cuales dividió don Francisco de Toledo, siendo Virrey, cada una con 500
indios tributarios para servicio del pueblo, mejor diré del cerro, que
todos con hijos é mujeres llegan á 30.000 indios, y ninguno hay, si
quiere trabajar, que no gane plata; hasta los niños de seis á siete
años, á mascar maíz para hacer levadura para chicha, la ganan;
multiplícanse aquí los niños de los indios que es admiracion; de los
españoles, cual ó cual nace, y esos contrechos y luego se mueren. Vanse
las españolas á un valle caliente, doce leguas de Potosí, á donde se
quedan con sus hijos tres y cuatro meses, hasta que ya el niño tiene un
poco de fuerza, aunque como el temple se ha moderado un poco, ya
comienzan á nacer y á criar, mas son raros.
La iglesia mayor es buena, de adobe y teja, y de una nave, rica de
ornamentos y de servicio de plata para el altar, y de aquella suerte son
las demás iglesias de los monasterios de todas Ordenes, ricos de
ornamento y plata para el culto divino; susténtanse en cada convento
dominicos é franciscos, augustinos, teatinos, de ocho á diez religiosos,
unas veces más, otras menos, porque es temple desesperado, á lo menos,
desde mayo _hasta_ agosto, y no todos pueden vivir en él, sino los que
son recios de complexion ó temperamento; en el de la Merced es donde
siempre hay menos.
Tiene buenas carnes y buen agua si la traen de una fuente que llaman de
Castilla.
Es pueblo de mucha contractacion, y una de las mayores es la coca, que
del Cuzco le viene cada año al pie de 60.000 cestos, y si hay logreros
en el mundo, creo son los coqueros, porque segun el tiempo á que fian,
así acrecientan el precio, y puesto que se les predique, es cantar á los
sordos.
Las Ordenes habian de tener aquí uno ó dos de los más doctos dellas, por
las muchas é malas contractaciones que se hacen. En esto han ganado
mucha tierra con todas ellas los padres de la Compañía, que han tenido y
tienen varones doctos que alumbren á los contractantes. Aquí se hacia
una contractacion que llamaban de los aseguros de los metales, aprobada
por el Audiencia y por dos teólogos, uno augustino, otro teatino de la
Compañía, tres coronistas y juristas, que era usura clara, sino que no
se habia entendido bien; fué Nuestro Señor servido que yendo yo á Chile,
con su favor, contra todo el torrente del pueblo y letrados, se declaró
la verdad della; costóme mucho trabajo; animóme mucho á tomarlo el Rmo.
del Paraguay, que á la sazon allí estaba, fray Alonso Guerra, de nuestra
Orden, que la tenia por mala; finalmente, de ocho años á esta parte no
se ha tractado más della, como si no se hobiere hecho; á Nuestro Señor
las gracias, de quien todo bien procede. Los religiosos de mi Orden no
la aprobaron, ni los de San Francisco; uno de los juristas que la
aprobó, convencido, dijo que ¡ojalá y cuando la firmé tuviera manca ó
quemada la mano!
Perdíanse los hombres á remate; conocí quien en ella habia perdido más
de 100.000 pesos; otros á 80.000, otros á menos, conforme á las veces
que la hacian, lo cual por ser largo de referir, y ser más de escuelas
que de relaciones breves, no se tractará más dello. Solamente esto se ha
dicho para comprobar que es necesario tener los provinciales en este
pueblo hombres doctos, por las muchas contractaciones usurarias que en
él se tractan y se inventan, con muy poco temor de Nuestro Señor y menos
de sus conciencias, por las cuales debemos, conforme á nuestro estado,
mirar y alumbrarlas.
CAPITULO CV
DE LAS COFRADIAS
Las cofradias de Potosí son muchas y muy bien servidas, con mucha cera,
y casi todas tienen sus veinticuatros, los cuales en las fiestas
señaladas que cada una tiene se han de hallar, en vísperas y misa mayor,
con un cirio que les da la cofradia, y aquel dia confiesan y comulgan.
La del Sanctísimo Sacramento es una de las bien servidas de cera del
mundo, y la del Rosario y Juramentos, en nuestra casa, y así lo son las
demás, porque son ricas, y aunque la cera cuotidianamente vale á 150
pesos el quintal, y dende arriba, no se disminuye el servicio della.
Es pueblo donde se hacen muchas y grandes limosnas; yo me hallé una
Cuaresma en él y me certificaron algunos mayordomos que, tractando entre
sí lo que se habria juntado de limosna para ellas, pasaban de cinco mil
pesos en la Semana Sancta. La procesion de la Soledad, fundada en
nuestra Señora de la Merced, se celebra con tanta solemnidad que no
llega la celebracion de Los Reyes á ella, con ser solemnísima, pues la
cera que sale en la procesion el dia del Sanctísimo Sacramento parece
increible; los indios en sus cofradias van imitando á los españoles:
tienen sus veinticuatros y gastan mucha cera.
Cuando algun veinticuatro muere, los demás le han de acompañar de todas
cuantas cofradias fuere veinticuatro; acaesce ser de tres ó cuatro, y
todos le acompañan con sus hachas ó cirios; suelen ser más de ciento,
que es cosa de ver, porque aunque se llaman veinticuatros, el número no
es sólo de veinticuatro, sino de cincuenta y más; finalmente, Potosí,
podremos decir es España, Italia, Francia, Flandes, Venecia, México,
China, porque de todas estas partes le viene lo mejor de sus
mercaderias. De las naciones extranjeras hay muchos hombres, que si no
los hobiera no perdiera nada el reino, y quien no ha visto á Potosí no
ha visto las Indias, por más que haya visto, como habemos dicho.
CAPITULO CVI
DE LA DESTEMPLANZA DE POTOSÍ
Con tener todo esto bueno, no deja de tener un alguacil y contrario,
como las demás ciudades y provincias, porque al tiempo de las aguas, y
en particular á la entrada y salida del ivierno, son muchas las
tempestades de truenos, rayos, pedriscos y nieves, desde Diciembre hasta
Abril, y en el verano el viento que decimos llamarse tomahavi, por venir
de un cerro alto así llamado, suele venir con tanta furia, que en
aquellos dias que corre no hay sino cerrar puertas y ventanas y no salir
á la plaza.