agüelas; finalmente, les dan de palos y bofetones; yo he castigado á
alguno por esto, delante de todo el pueblo, y les he hecho les besen los
pies. Pues ayudarlos en sus necesidades, ni por imaginación; si son dos
hermanos, y el uno es casado y el otro no, muriendo el casado, el otro
se revuelve con la mujer de su hermano luego; he visto muchos destos
castigados por la justicia, pero no sé si con el rigor debido. Este
vicio más se halla en los curacas y indios principales que en el comun.
Ojalá y el dia de hoy no tengan sus idolatrias, como antes, y porque no
han justiciado las justicias á los curacas, ojalá no se estén con ellas.
Luego entra una piedad dañosa (¡oh! son nuevos en la fe) y desto tenemos
los religiosos mucha culpa, y cuando aquesto no tengan, ojalá no tengan
sus hechiceros ocultos, á quien consultan como en el tiempo de la
infidelidad de sus padres. No tienen vergüenza de hacer á sus mujeres
alcahuetas, las cuales, como son pusilánimes, temiendo el castigo, se
las traen; todos duermen casi juntos, porque las casas de los indios no
tienen algun apartamiento; hácenlas de obra de veinte pies en largo, y
de ancho diez ó poco más; otras son redondas, donde viven con la mayor
porqueria del mundo; jamás las barren; todos viven juntos, padres,
madres, gallinas, cuchinillos, perros y gatos y ratos; por maravilla hay
quien duerma si no en el suelo, sobre un poco de paja de juncia. Su
asiento es perpétuamente en el suelo, y luego escarban la tierra con las
uñas; solos los curacas principales usan de una como banquilla de
zapatero, de una pieza, que llaman duo, no tan alta ni con mucho. A los
hijos, sin policia alguna los crian; no es gente que los castiga, es
gran pecado entre ellos castigarlos ó reñirlos[40]; con cuanto quieren
se salen; jamás les lavan los rostros, manos ni pies, y así traen las
manos y brazos con dos dedos de suciedad; las uñas nunca se las cortan,
sírvenles como de cuchillos; amicísimos de perros, acaece caminando
llevar el perrillo á cuestas, y el hijo de cuatro á cinco años por su
pie. No guardan los padres ni madres á las hijas, ni les buscan maridos;
ellas se los busquen y se concierten con ellos. Entre los indios la
virginidad no es virtud, ni la estiman en lo que es justo: que en su
infidelidad no la tuviesen por tal, no hay por qué nos admiremos, pero
ya predicados y avisados[41] es gran ceguera; no nos creen. La hija del
más estirado se va y se viene como quiere, por lo cual por maravilla se
casa alguna mujer doncella; dicen los varones no debe ser para servir,
pues así persevera. Si se han de casar, primero se amanceban seis y más
meses que se casen; dicen que esto hacen para conocer la condicion el
uno al otro, y deste error no los podemos sacar; una cosa tienen buena
las mujeres: aunque antes de casarse hayan corrido ceca y meca, despues
de casadas pocas son las que adulteran; las que han tractado antes con
españoles faltan mucho en esto. Algunos varones hay que no se quieren
casar con mujeres mozas, diciendo no saben servir; cásanse con viejas,
porque les hacen la chicha y los vestidos. Son ladrones para con
nosotros; para con los indios no tanto, y los más ladinos, mayores y
atrevidos. Pues si les mandamos restituir, ni por sueños; si alguna cosa
se hallan, dicen que Dios se la da; no hay buscar al dueño, sino cual ó
cual; los indios de los Llanos, que llamamos Yungas, sobre todas estas
desventuras tienen otra mayor: son dados mucho al vicio sodomítico, y
las mujeres estando preñadas fácilmente lo usan. Entre los serranos,
raros se dan á este vicio, por lo cual á los indios Yungas los ha
castigado Nuestro Señor, que ya no hay casi en los valles sino muy
pocos, como habemos dicho. Son levísimos de corazón, inconstantísimos;
cualquiera cosita los admira; los mayores pleitistas del mundo, por lo
cual la Sierra deciende á Los Reyes, á los Virreyes, donde ó mueren ó
enferman, por ser la tierra contra su salud y embutirse en vino. En lo
que toca á la doctrina, cómo aprovecharon en ella no quiero tractar,
porque no se puede decir sino con palabras muy sentidas, y éstas me
faltan.
[39] En el ms., _no deben_.
[40] _Ninguna crianza enseñan á los hijos._ (Nota marginal.)
[41] _La virginidad no tienen por virtud._ (Nota marginal.)
CAPITULO CXIII
CÓMO LOS GOBERNABA EL INGA
Conoscida, pues, la calidad de los indios por el Inga, y su ánimo peor
que servil, los gobernaba con leyes rigurosísimas, porque las penas eran
muerte, y no sólo al delincuente, más á toda su parentela llevaba por
el mismo rigor. El que hurtaba, por muy leve que fuese el hurto, pena de
muerte; la misma se ejecutaba en el que levantaba del suelo alguna cosa
que á otro se le hobiese caído: allí la habia de dejar, fuese de mucho
precio ó de ninguno, por lo cual, el dueño que la perdió, allí la habia
de hallar; por esto no se hallaba ladron entonces, y casi era necesario
este rigor, porque las casas de los indios no tienen puertas, ni
cerraduras, ni el dia de hoy, si no es cual ó cual usa de puerta, más de
un haz de leña delgada, ó unas cañas ó palos atados unos con otros; ya
tienen necesidad de puertas y cerraduras. Ningun indio habia de entrar
en chácara de otro, ni le habia de coger una hoja de maíz, so la misma
pena. A los soldados tenia con tanta disciplina, que el mayor ó el menor
no habian de hacer agravio, ni tocar en un grano de maíz ajeno, so la
misma pena, y por eso les tenia depósitos de todo género de sus comidas,
de vestidos y armas, no como los nuestros soldados, que en escribiéndose
en la matrícula, en poniéndose debajo de bandera, le parece que todos
los vicios le son lícitos y como naturales.
Mentir no se usaba ni por imaginación; verdad se habia de decir,
burlando ó de veras; agravio no se hacia á nadie, so pena de la vida, y
si un indio á otro agraviaba, el que recibia el agravio íbase al
gobernador ó capitan del Inga, contábale el caso; luego inviaba á llamar
al que habia agraviado, y lo primero que le decia era tractase verdad,
porque una oreja le tenia guardada para oirle; no era necesario más;
luego confesaba de plano, y era castigado; lo mismo guardaba el Inga en
las residencias que tomaba á sus gobernadores ó capitanes; enviaba un
chasqui, que es un correo, á esta ó aquella provincia; juntaba los
indios, decíales cómo el gran señor le enviaba para saber si su señor ó
capitan habia hecho algun agravio, que el agraviado viniese y se lo
dijese. Con los agravios oídos, partia para el Inga, y referíaselos; el
Inga despachaba otro á llamar á su gobernador ó capitan; venido y
pareciendo en su presencia, decíale: este agravio he oido con esta oreja
derecha, que has hecho; la izquierda te he guardado para oir tu
disculpa, di la verdad. Si agravió, era castigado con quitarle la vida;
si no, al que mintió daba la pena del talion; finalmente, no habia pena
sino de muerte. Con este temor y leyes rigurosísimas no habia quien se
atreviese á mentir, ni se á emborrachar, sin licencia del gobernador, ni
llegar á mujer ajena, ni cometer otros vicios que agora son muy usados.
Conocíales ser amigos de ociosidad, y por esto de dia y de noche habian
de trabajar; no habia palmo de tierra en todo este Perú, que pudiese ser
labrado, que no se labrase para las comidas; por esto andaban sus
ejércitos muy hartos y abundantes, y sus reinos bien gobernados; digo á
su modo, porque tanta crueldad en cosas livianas, y que los parientes
inocentes pagasen por los delincuentes, ni se puede alabar ni excusar.
Acuérdome de haber oído decir á algunos antiguos, que cuando Atabalipa,
el último señor destos reinos, se vió preso en poder del marqués don
Francisco Pizarro, le dijo. El mejor reino tienes del mundo, pero cada
tercer año, si te han de servir bien estos indios, has de matar la
tercera parte dellos; el consejo no lo alabamos, porque es cruelísimo,
el cual ni se aceptó ni se ha de aceptar, sino comprobamos el ánimo
servil destos, que si no es por miedo, no se aplican á cosa de virtud;
para malicias, vivísimos son.
Fuera de lo que en otras partes habemos tractado de caminos y puentes,
el Inga y sus gobernadores tenian tanto cuidado acerca de los caminos,
que siempre habian de estar limpios y aderezados; y tan anchos que casi
dos carretas á la par sin estorbarse la una á la otra podrian caminar.
Los pueblos comarcanos á los caminos tenian cuidado de aderezarlos si se
derrumbaban, y lo mismo era de las puentes, entre las cuales, fuera de
las creznejas, hay en rios grandes, donde no se pueden hacer puentes,
una manera de pasarlos jamás inventada si no es en este reino del Perú,
y facilísima de pasar y segura, y es que de la una hilera á la otra del
rio, de barranca á barranca, tienen echada una maroma tan gruesa como el
brazo, muy estirada, de paja que acá llamamos hicho, que es mucho más
blanda que esparto, y en ella ponen una como taravilla con una soga
recia de lana, pendiente para abajo, con la cual atan al que ha de pasar
y va sentado en ella; en la misma taravilla tienen dos sogas delgadas y
recias como las que se ponen en las cortinas ó en los velos de los
retablos, que tiramos de una y recogemos la cortina, y tirando de la
otra la extendemos; así de la otra parte del rio tiene una de las sogas
que está en la taravilla, tiran della y en dos palabras ponen de la otra
parte al pasajero, y cuando los indios conocen que el que pasa es
chapeton, ó nuevo en la tierra, y le ven con temor antes que le aten,
cuando le tienen en medio del rio cesan de halar ó tirar la soga, y el
pobre chapeton piensa que allí se ha de quedar ó ha de caer en el rio, y
con palabras halagüeñas y humildes les ruega le acaben de pasar; puesto
de la otra banda se rie de su poco ánimo; confieso de mí que la primera
vez que pasé el rio de Jauja por esta oroya, que así se llama, que
temia, aunque por no dar muestras de flaqueza mostraba ánimo y mandé á
un ordenante que venia conmigo, entre otros, que pasase, y como vi que
tan presto y seguramente estaba de la otra parte, luego me puse y en
menos espacio de cuatro ó cinco credos pasé mi rio. Por aquí y desta
manera se pasan las cajas, almofrejes y mercaderias; págaseles á los
indios su trabajo, y cada uno se va con Dios; yo creo que para los que
no han visto esta oroya, ni manera de pasar, le parecerá son ficciones
peruleras; hacérseles ha increible que un rio caudaloso se pase de la
suerte dicha, y menos creible les será decir que un indio solo pasa por
esta maroma, él mismo tirando la soga; lo uno y lo otro he visto y
experimentado. Demás desto los tambos, que son como ventas en los
caminos, eran muy bien proveidos de lo necesario para los caminantes,
gobernando el Inga, sin interés ninguno, y desto tenian cuidado los
indios comarcanos. Despues que los españoles entraron en el reino, mandó
el gobernador Vaca de Castro, que vino á pacificar la rebelion de don
Diego de Almagro y á gobernarlo, que los caminos, tambos, puentes y
recaudo para ello estuviesen á cargo de los mismos indios, como antes
estaba, y esto yo lo conocí y alcancé por muchos años, sin que á los
indios se les pagase nada por su trabajo ni por la comida que nos daban.
Despues el marqués de Cañete, de buena memoria, mandó quel trabajo y
comida que diesen los indios se les pagase por arancel que los
corregidores de las ciudades pusiesen, y así se hacia infaliblemente, y
los indios vendían sus gallinas, pollos, carneros, perdices, leña y
yerba, y todo se les pagaba; agora los corregidores de los partidos
venden todas estas cosas, y el vino y lo demás, pan, y maíz, y tocinos,
y ponen los aranceles subidos de punto, como cosa propia, y se
aprovechan para sus granjerias de buena parte de los indios que están
repartidos para el servicio de los tambos ó ventas, y cuando los indios
tenian á su cargo los tambos, les era no poco provecho y ayuda para
pagar sus tributos. Yo vi apuñearse algunos indios, y puse en paz, sobre
cuál habia de llevar las cargas de un pasajero, no á sus cuestas, sino
en sus carneros de la tierra, que los cargan como los asnillos en
España; despues que los corregidores de los partidos se ocupan en sus
granjerias, con no poco daño, de que tambien soy testigo de vista y he
predicado contra ello delante de Virreyes y Audiencias, y en particular
les he avisado de sus costumbres; no por eso se remedia mucho, y los
indios del servicio del tambo, más trabajados.
CAPITULO CXIV
CÓMO SE HAN DE GOBERNAR EN ALGUNAS COSAS
Teniendo, pues, consideracion á la calidad desta gente, parece en ley de
buena razon que no deben ser gobernados en muchas cosas como los
españoles, y en particular en los pleitos, en los cuales, por ser tan
amigos dellos, gastan sus pobres haciendas y pierden las vidas, si no
fuesen de tal calidad (como en cacicazgos, en sucesion de grandes
haciendas y otros semejantes) que requieren sus plazos y traslados y lo
demás que el Derecho permite y justísimamente tiene establecido; porque
los más de los pleitos son de una chacarilla que no es de media hanega
de sembradura, y de otras cosas de poco momento; por lo cual, si el
corregidor, aunque las aplique al que tiene justicia, el otro fácilmente
apela para el Audiencia, principalmente los subjectos á la de Los Reyes,
donde van con sus apellaciones, y lo primero que hacen es atestarse de
vino, y lo más es nuevo; andan por el sol, son derreglados, mueren como
chinches; y si no, vayan á las matrículas de los hospitales de los
indios, y veran tractamos verdad, y cuando vuelven con salud á sus
tierras, en el camino enferman, y en llegando mueren. Un vecino de la
ciudad de La Plata, en tiempos antiguos, llamado Diego de Pantoja,
conquistador del descubrimiento de Chile (oíselo al mismo), siendo
alcalde en aquella ciudad, tenia este modo para averiguar los pleitos
destos miserables, y era: en viniendo los indios contrarios, poníalos en
un aposento, cerrábalos con llave y decíales: no habeis de salir de aqui
hasta que me llameis; aquí estaré y vosotros convenios en quién tiene
justicia; ellos se concertaban, y llamando á la puerta y abriéndoles el
alcalde, le decian: señor, éste tracta verdad y pide justicia; yo no la
tengo; esto oido, tornábalos nuestro alcalde á encerrar y decíales: otra
ved os conformad y veamos con que salís; ellos llamaban á la puerta
conformes totalmente, y diciéndole lo mismo, adjudicaba la hacienda
sobre que se traía pleito, y ponia perpétuo silencio al mentiroso,
reprehendido ó levemente castigado; desta suerte se averiguaban los
pleitos en breve. Esto era antes de fundada la Audiencia en aquella
ciudad, lo cual me decia condoliéndose de ver á los pobres indios gastar
sus haciendas, con no correr allí riesgo de la salud, por ser el temple
como el de sus tierras. Conocí allí un Oidor que se malquistó
grandemente con los secretarios y procuradores (y á fée que le costó no
poca inquietud) porque pretendió con los demás sus compañeros que los
pleitos de los indios se averiguasen á su modo, y como esto era quitar
los derechos á los secretarios, levantáronse contra él y no salió con su
intencion. Lo que vamos tractando las mismas Audiencias lo han hecho,
porque ya ha sucedido un curaca hallar en adulterio á su mujer, y matar
al adúltero y á ella, y le condenaron á muerte y justiciaron, porque
aunque era curaca no tiene tanta honra como el español, al cual en
semejante caso no le justician, sino le dan por libre, como vemos
muchas veces; pues si en esto, ¿por qué no será lo mismo en otras cosas?
El otro vicio en que es necesario poner remedio, así en los Llanos como
en la Sierra y en los Llanos (y que verná tarde), es en las borracheras.
Estas han consumido los indios de los valles, de los Llanos, y
consumirán los pocos que han quedado, y los de la Sierra no menos se
acabarán. Hacen los unos y los otros una chicha ó bebida, llamada sora,
de maíz talludo; echan al maíz en unas ollas grandes en remojo, y cuando
comienza á entallecer sácanlo, pónenlo al sol, y despues hacen su
bebida. Es calidísima la bebida que deste maíz hacen en extremo, y muy
fuerte; abrásales las entrañas, é para que más presto les emborrache, si
tienen vino, mézclanlo con ella, añaden fuego á fuego, y mueren muchos.
Esta chicha y el vino ha consumido los indios de los Llanos, en
particular los de la ciudad de Los Reyes para arriba, y aun para abajo;
testigo ocular es el valle de Chincha, donde tractando dél dijimos
sustentaba 30.000 indios tributarios; el dia de hoy no tiene
seiscientos. El de Ica va siguiendo los pasos de su vecino, y el de la
Nasca los de ambos, y viendo las justicias el menoscabo de los indios no
lo han querido remediar con castigarlo; este castigo es del gobierno de
los Visorreyes, por lo cual Su Majestad ha perdido sus vasallos y
tributos, y la tierra sus habitadores, sólo por gobernarlos como á
nosotros; no digo se gobiernen con la crueldad del Inga, ¿qué cristiano,
y menos qué religioso ha de decir tal? sino con castigo que temieran
emborracharse, y se enmendaran; bien sé que don Francisco de Toledo, en
sus Ordenanzas, pone castigo para los borrachos; faltan los ejecutores.
El daño es evidente, porque si donde habia 30.000 indios tributarios no
hay seiscientos, en tan breve tiempo, ¿por qué no se habia de poner ley
rigurosa contra este vicio? Bien sé que en Flandes y Alemaña, y en otros
reinos, se emborrachan, y en nuestra España dicen se multiplican; pero
no se mueren por las borracheras á manadas como éstos, ni la tierra se
despuebla. Si Flandes y Alemaña, por las borracheras, se despoblara,
porque los borrachos se morian, el señor de aquellos reinos ¿no estaba
obligado, so graves penas, prohibir y castigar las borracheras? ¿Quién
dubda? Pues ¿por qué acá no se habia de hacer lo mismo? Acuérdome que en
la ciudad de La Plata, tractando esto con un Oidor de Su Majestad, me
dijo: Mire, padre, no hay ley que al borracho castigue por solo
borracho, si no es darle por infame. Es verdad, pero cuando un reino ó
provincia se despuebla por las borracheras, ¿por qué no se añidirán
penas, para que se enmiende tan mal vicio de donde tantos proceden? Pues
la tierra sin habitadores y el reino sin vasallos, ¿qué vale? Aquel rey
y reino es más tenido que más poderoso es en vasallos, y la riqueza
destos reinos, en que los naturales se conserven y augmenten consiste.
De los demás vicios no quiero tractar, porque no es de mi intento; baste
decir las calidades desta servil gente, para que conforme á ellas se les
den las leyes que les convienen.
CAPITULO CXV
EL AZOGUE CONSUME MUCHOS INDIOS
El asiento de las minas de azogue do Guancavilca ha consumido y consume
muchos indios tributarios; si no se me cree, véanse los repartimientos
más cercanos de los Angareyes, y pregúntenselo á este valle de Jauja; la
cansa es labrar las minas por socavon, porque como no tenga respiradero
el humo del metal, al que los quiebra lo azoga, asentándoseles en el
pecho, y como no curan al pobre indio azogado, viene, cumplida su mita,
á su tierra, donde ni tienen quien le cure ni remedio; el azogue hásele
asentado y arraigado en el pecho; con grandes dolores del cuerpo muere,
y ninguno viene así enfermo que dentro de pocos meses no muera; unos
viven más que otros, pero cual ó cual llega á un año. Cuando se labraban
(que fué al principio) sin socavon, ningun indio enfermaba, iban y
venian los indios contentos; agora, como mueren tantos, dificultosamente
quieren ir allá. Escrebimos y avisamos á los que lo pueden remediar;
empero no se nos responde, y desto no más, porque, tractando de
Guancavilca, no sé si dijimos más de lo que se querria oir.
Lo que he tractado de las calidades y condiciones de los indios es
verdad, y es lo comun; si alguno se hallare sin ellas, será cisne negro;
por lo cual lo que dejamos escripto no puede padecer calumnia.
CAPITULO CXVI
CÓMO SE CRIAN LOS HIJOS DE LOS ESPAÑOLES QUE NACEN EN ESTE REINO
Habiendo dicho la razon por qué los naturales se consumen, estamos
obligados á decir si los hijos de los nuestros se multiplican, y cómo se
crian; multiplicarse los hijos de los españoles no es necesario
probarlo, porque las escuelas de los muchachos en todos los pueblos son
bastantes testigos. Pero críanse ó críanlos sus padres muy mal, con
demasiado regalo, y no ha nacido el muchacho, cuando ya le tienen hechos
los griguiescos, monteras, etc., y lo llevan á la iglesia, cuando lo van
á baptizar, en fuentes de plata grandes; un abuso jamás oido, digno de
ser prohibido. Nacido el pobre muchacho, lo entregan á una india ó
negra, borracha, que le crie, sucia, mentirosa, con las demás buenas
inclinaciones que habemos dicho, y críase, ya grandecillo, con
indiezuelos, ¿cuál ha de salir este muchacho? sacará las inclinaciones
que mamó en la leche, y hará lo que hace aquel con quien pace, como cada
dia lo experimentamos[42]. El que mama leche mentirosa, mentiroso; el
que borracha, borracho; el que ladrona, ladron, etc., y si de Cayo
Calígula vemos haber salido cruelísimo, porque que su ama, cuando le
criaba, untaba los pezones de la teta con sangre humana, ¿qué diremos en
estas partes? Tito, hijo de Vespaciano, se crió enfermo porque su ama
era enfermiza. Pues ya que así los crian las amas negras, é indias,
despues de cinco años para adelante, ¿críanlos con el rigor que es justo
para que lo malo que mamaron en la leche pierdan? No por cierto; con
todas sus ruines inclinaciones los dejan salir, por lo cual, viendo el
descuido de los padres en criar sus hijos he dicho á alguno: Señor, ¿por
qué no crias á vuestros hijos con el rigor y disciplina que os criaron
vuestros padres? ¿es mejor que vos? Pero en esto pueden tanto las
madres, que no consienten castiguen á los hijos. Acuérdome que en los
sermones que el Illmo. de Los Reyes, fray Jerónimo de Loaisa, predicaba,
cuotidianamente reprehendia á los vecinos de Lima la mala crianza de sus
hijos, el regalo con que los criaban, y amas que les daban, los vestidos
é compañias, ¿para qué buscan á los hijos de los príncipes y reyes, los
médicos, amas de buenas costumbres y buena leche? Luego algo va en esto,
y porque no quiero cansar al prudente lector, le ruego lea el segundo
libro del _Teatro del mundo_, donde verá los inconvenientes
irremediables que de las malas costumbres de las amas han subcedido, y
ganado los niños, y cuánta ventaja en este particular hacen los animales
á los hombres, porque no consienten otros que ellos crien sus hijos.
Pues aunque me den con una higa en los ojos de las que dicen hay en
Roma, si los que gobiernan este nuevo mundo mandasen, y con mucho rigor
y pena, y la ejecutasen en los maridos, que á ningun mero español
críase negra ni india, otras costumbres esperaríamos; y desto no mas, no
se conjure todo el reino contra nos. De las costumbres de los nacidos de
españoles é indias (que llamamos mestizos) ó por otro nombre montañeses,
no hay para qué gastar tiempo en ello.
[42] Tachado: Y si de Cayo Calígula leemos haber salido cruelísimo su
ama cuando lo criaba untaba los pezones de la teta con sangre humana,
¿qué diremos en estas partes?
FIN DEL LIBRO PRIMERO
Librería LA FACULTAD
DE
JUAN ROLDAN
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novela, traducción de Anselmo González, Madrid, 1903
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=Binet.=--Introducción á la psicología experimental,
traducción de Angel do Rego, con prólogo de Julián
Besteiro, 2.ª edición, Madrid, 1906 (tamaño, 19×12). 1,75
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Occidente, traducido por Pedro González Blanco, Madrid,
1908, 2 tomos (tamaño, 19×12) 4,50
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imaginarias y la ciencia positiva, traducción de Benito
Menacho Ulibarri, Madrid, 1902 (tamaño, 23
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=Bourdeau.=--El problema de la vida, traducción de
Ricardo Rubio, Madrid, 1902 (tamaño, 23×15), pasta 3,50
=Bray.=--Lo bello.--Ensayo acerca del origen y la
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Colorado, Madrid, 1904 (tamaño, 19×12) 2,25
=Bunge.=--Principios de psicología individual y
social.--Prólogo por el doctor don Luis Simarro, Madrid,
1903 (tamaño, 19×12) 1,75
=Bunge.=--La Educación, 3.ª edición dividida en tres
partes (tamaño, 19×12)
Parte primera: Evolución de la Educación 1,75
Parte segunda: La Educación contemporánea 2,50
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de la educación 1,75
=Bureau.=--El contrato colectivo del trabajo (Le contrat
de travail. Le role des sindicats professionels),
traducción y prólogo de José Jorro y Miranda, Madrid,
1904 (tamaño, 19×12) 2,50
=Carle.=--La vida del Derecho en sus relaciones con la
vida social.--Estudio comparado de Filosofía del
Derecho, versión española de don Hermenegildo Giner de
los Ríos, Madrid, 1912 (tamaño, 23×15), en prensa.