maíz les traen de la provincia de Larecaja, y de otro valle más abajo
dicho Cochapampa; los vecinos de aquí, á lo menos los viejos, eran muy
ricos asi de plata como de ganados nuestros, particularmente ovejuno,
por los muchos y buenos pastos que hay en la comarca y cerca del pueblo;
á cuya causa en el mismo pueblo conocí un obraje de paños, donde se
hacian blancos y pardos, mejores que los que nos traen de Castilla,
frezadas y otras cosas. Sustenta cuatro monasterios: San Francisco; San
Augustin, la Merced y Teatinos, que en breve se han hacendado y muy
bien; tienen su sitio en una cuadra de la plaza, y en él tiendas no
pocas para mercaderes y pulperos. Es pueblo de mucha contractacion, á lo
menos solíalo ser, y donde se remediaban soldados pobres hasta que se
proveyeron corregidores de naturales.
CAPITULO XCI
DEL PUEBLO CALAMARCA Y DEMÁS PROVINCIAS DEL COLLAO
De aquí al pueblo Calamarca, que quiere decir pueblo fundado en
pedregal, y así es, ponen ocho leguas tiradas y largas y llanas, á
donde, no una legua dél, se junta con el camino Real que viene de
Chucuito el que viene de Omasuyo á la mano derecha, del cual dejamos la
mano derecha la provincia llamada de los Pacajes, donde los más de los
vecinos de La Paz tienen sus repartimientos. Es provincia riquísima de
ganado de la tierra, y es el mejor, los carneros más bien hechos y que
llevan más carga, y valen más que los de otras partes. Es tierra llana,
muy fria en todo tiempo, de grandes tempestades con truenos, rayos é
nieves, como las demás de la Sierra.
Luego se sigue la provincia de Paria, de la misma calidad, fértil
juntamente de ganado porcuno, porque se cria mucho en la ribera de la
laguna que dijimos se hacia del Desaguadero; de aquí se siguen los
Quillacas; ya éstos son del repartimiento de la ciudad de La Plata, y
tambien Paria, provincia más seca, pero de la misma calidad en lo demás,
y desde el Desaguadero hasta los Quillacas, todo comunmente se nombra
Pacajes; en todas estas naciones hay pueblos de indios grandes y ricos
de ganados, faltos de leña para cubrir las casas y aun para el fuego,
aunque les proveyó Nuestro Señor de una que llaman tola, que casi la
hoja tira á nuestro romero, y quemada huele bien, no mucho. Hay en estas
provincias grandes salinas, por lo cual agora pocos años se descubrieron
unas minas de plata que por este respecto se llamaron de las Salinas; ya
creo han cesado por su pobreza.
CAPITULO XCII
DEL TAMBO DE CARACOLLO Y CAMINO POR LOS VALLES HASTA LA PLATA
De Calamarca al tambo de Caracollo, asaz frio y destemplado, se ponen
cuatro jornadas, en medio de las cuales se fundó el pueblo llamado
Sicasica; tiene este pueblo nombre por una fuente de agua que se le
trujo bonísima, y por un espinillo que no crece un palmo, salubérrimo,
tomando un sahumerio, para catarros, toses y apretamiento de pecho, y
para otras enfermedades bebida el agua de su cocimiento, tanto que de
España se pide como cosa preciada. De aquí á Caracollo son doce leguas:
las siete á una ventilla, entorno de la cual solia andar un mestizo,
famoso ladron de caballos y mulas; esta venta no tiene recado para poner
las cabalgaduras en caballeriza; andan al campo al pasto; salia este
mestizo de unas quebradas, recogia todos los caballos con dos ó tres
indios que traía al tracto, y daba con ellos en Arica; allí las vendia
por poco precio; cogióle la justicia, y preguntándole por qué siquiera
no dejaba algunas, respondió: porque no fuesen tras mí; finalmente, pagó
en la horca sus delitos.
De Caracollo, tomando el camino por la mano siniestra, quince leguas
andadas, llegamos al valle de Tapacari y pueblo; en las ocho de las
cuales, en medio de una cordillera muy fria, se hizo una ventilla con
solas dos casas, que lo más del año no habita nadie en él por
destemplanza del frio, y á dos leguas andadas comenzamos á bajar una
cuesta no menos que de tres leguas, hasta que damos en el valle y pueblo
sobredicho; ya esta tierra es más templada, aunque Tapacari, por estar
al pie de la sierra, es más frío que los demás valles y pueblos; dase
maíz y trigo, duraznos y membrillos en lugares abrigados; hay aquí un
convento de los padres de San Augustin con título de priorato. Los
padres que en él residen son dos ó tres. Los demás en otros pueblos.
De Tapacari hay dos jornadas al gran valle y ancho llamado Cochabamba,
que quiere decir tanto como valle cenagoso, porque todo está lleno de
ciénagas, si no son á las faldas de los cerros, que por la una parte son
muy altos y nevados; en estas faldas se da mucho maíz y trigo y aun
algunas parras, frutas de las nuestras todas, y árboles, y en medio dél
hay algunos altozanillos donde se da lo mismo. Es este valle el sustento
de Potosí, de trigo, maíz, tocinos, manteca; habrá 34 años se pobló un
pueblo de españoles en él que va en mucho augmento, cuyos vecinos,
algunos son ricos de plata, pero de ganados nuestros, casi todos. Hay en
este valle dos repartimientos de indios y muy buenos. Aqui tenia su
repartimiento el licenciado Polo, con una cría de famosos caballos
caminadores y aun corredores; ya se ha perdido despues que murió; su
hijo no tiene tanto cuidado como su padre. Es templado el valle, pero
tiene una plaga irremediable, ya la hay desde Tapacari en toda esta
provincia de Los Charcas, que desde Taquiri comienza y no cesa en todo
Tucumán, y llega hasta los primeros pueblos de Chile, y es unas
cucarachas llamadas acá hitas, tan grandes como las medianas de los
navios de la mar del Norte, de aquella color, con alas; mas
diferéncianse, que éstas tienen un agujon casi invisible con que pican,
y tan delicadamente que no se siente, de noche despues de apagada la
lumbre; empero dende á dos dias se levanta una roncha como una haba, con
tanta comezon, que no se puede sufrir, hasta que una poquita de agua
que allí se cria la echamos fuera, y luego se descansa; mas al que no
tiene buena encarnadura se le hace una llaga que da pesadumbre; tienen
miedo á la lumbre, mas apagada ó bajan por las paredes ó del techo se
dejan caer á peso sobre el rostro ó cabeza del que duerme. Las que
bajan, pican en las piernas; las que se dejan caer, en la cabeza y
rostro. No pican á ninguna persona que de suyo sea melancólica, ó que
tenga mal olor de cuerpo, ó pies, con ser ellas de muy mal olor; helo
visto por experiencia; son torpes de pies por los tener largos y
delgados, y llena la barriga con la sangre que han chupado, no pueden
andar. Tambien se crian chinches pequeñas como las de España. Críanse en
todos estos valles muchas víboras de las de cascabel, de que habemos
tratado, y en los altos, con otras pequeñas como las de España, y otras
que se abalanzan tanto como una lanza á picar; en las montañas y árboles
se suben otras, y de allí se arrojan á picar á los caminantes; estas
dicen ser áspides. Todas las picaduras destas víboras son irremediables
si luego no se les acude con el remedio que ya dijimos y enseñamos; otro
se me olvidó poner allí: cúrase con una raizilla de que hay abundancia
en esta provincia, junto á la ciudad de La Plata; ésta es delgada como
el dedo, negrilla, huele como higuera; dase en polvos poca cantidad,
súdase con ella, y hase de tener dieta; llamámosla en estas partes
contrayerba.
CAPITULO XCIII
DE LOS VALLES Y PUEBLOS DESDE CLIZA Á MISQUE
De Cochabamba á Pocona ponen quince leguas, en medio del cual cae el
valle de Cliza, muy ancho, de más de cuatro leguas, y de largo más de
ocho; vice aquí Eolo con todos los vientos (si nos es lícito hablar como
los poetas), porque al verano son incomportables, por cuya razon el
trigo deste valle es bonísimo y de lo mejor del mundo, y el maíz es lo
mismo; no tiene agua, que si tuviera abundancia della era suficiente él
sólo á dar trigo é maíz á Potosí, de donde dista más de cuatro leguas, y
aun á todo el Collao.
El rio que sale de Cochabamba, y divide estos dos valles, no es
provechoso para sacar acequias, porque corre casi al fin dél. Diré lo
que hay por muy cierto, que sucedió en este rio á un soldado (así
llamamos á los solteros que no tienen casa conocida): el pobre habia
jugado y perdido lo poco que tenia en una chácara deste valle, é ya que
anochecia, medio desesperado, tomó su camino para Cochabamba; llegando á
este rio ya á media noche, hallóle de avenida; no tiene puente; no se
atrevió á vadearle, y apeándose del caballo buscaba por donde pasar; no
hallando, dijo: ¿No hobiera algun diablo que me pasara? No lo dijo á
sordas, y Nuestro Señor, que le quiso castigar, arrebátanle y pásanle de
la otra parte por medio del agua y tórnanle á pasar; desta manera lo
llevaban y traian de una parte á otra, hasta que finalmente lo dejaron
bien mojado de la otra parte del rio, donde halló su caballo. El
miserable, medio muerto y no poco temeroso, tomó su caballo y siguió su
camino hasta Cochabamba, una legua poco más, donde contó en una posada
lo sucedido; otro dia confesó, y despues vivió pocos dias. Esto oí á
personas que conocieron á este soldado, y lo nombraban; cuando lo oí no
tenia intencion de escrebir esto y así no encomendé á la memoria el
nombre. A la ribera de un arroyo que tiene este espacioso valle viven
algunos españoles en sus chácaras, donde fuera de las sementeras tienen
algunas viñuelas, más para uvas que para vino, con algunos árboles de
los nuestros, membrillos, manzanas y duraznos. Cuando descubrimos el
valle parece estar lleno de indios que lo labran, y son unos hormigueros
tan altos casi como un estado. Críase en él mucho ganado ovejuno, muy
sabroso por la yerba que nace en tierra salitral, y el agua es salobre.
No faltan aquí víboras de toda suerte, y en las casas muchas hitas. El
temple del pueblo Pocona, siete leguas más adelante, es muy frio, por
estar más alto. Hay en él 3.000 indios tributarios; doctrínanlos padres
de San Francisco y es guardianato; son indios trasplantados deste valle
de Jauja; trasplantólos el Inga; á los cuales llamamos mitimas; son
indios muy ricos, así por los ganados como por la coca que sacan de
tierra caliente, llamada los Andes de Pocona, y aunque es enferma, no
tanto como los Andes del Cuzco. Es fértil de las sabandijas que dijimos
haber en los demás Andes. Críanse allí osos muy grandes, que trastornan
las mujeres, y ellas viéndoles, ninguna resistencia hacen; hay terribles
tigres, y ha sucedido llegar un tigre á la casa donde dormian muchos
indios, y de en medio dellos, si habia alguno no baptizado, llevárselo
en las uñas sin hacer daño á los baptizados; esto no es fábula.
A ocho leguas de aquí entramos en el valle de Mizque, y antes de llegar
á él pasamos por dos vallecillos pequeños, pero de muchos cedros
finísimos, donde hay algunas chácaras de españoles; hay viñas en las
cuales se coge bonísimo vino, y el agua donde se dan los cedros es tal;
parece que no sufre el cedro regarse con agua gruesa.
Mizque es valle ancho, con dos rios, uno mayor que otro; el mayor lleva
sábalos grandes y buenos; en él hay un pueblo de indios; es abundante
este valle de viñas y vino muy bueno, y frutas de las nuestras y
hortaliza; pero lo que mejor se da son cardos, que por no espantar los
oídos de los que leyeren estos borrones, no quiero decir cuán grandes
los he visto; es abundante de víboras como los demás, y de hormigas á
los pies de las cepas, que les roen las raíces y luego se secan; el
remedio es en el hormiguero echar agua hirviente; mátalas y salen arriba
huyendo, donde á escobazos las matan.
Todos estos valles, con toda la provincia de los Charcas, tienen al
cielo por contrario, por los grandes pedriscos que sobre ellos vienen y
descargan; la causa natural es ser esta provincia llena de minerales, y
como los vapores que dellos saca el Sol sean gruesos, fácilmente se
convierten en pedriscos, y si alguno dellos es combatido, es este valle
de Mizque, y á la viña que da, ó árbol frutal, en tres años no vuelve en
sí. Tiene otra plaga, y es que se crian, así en los indios como en los
españoles, papos, que acá llamamos cotos, en las gargantas; yo he visto
hijos de españoles nacer con ellos; el remedio experimentado es atarse á
la garganta una ó dos cabezas de víboras, y con esto se resuelven.
Conocí á un hombre llamado Simon Albertos, con uno muy grande; y
sabiendo este remedio, se echó dos cabezas de víboras al cuello, y le vi
sano, como si no hobiera tenido tal en toda su vida. Pues ¿no hay
remedio para apocar las víboras? Sí hay, y son los puercos; éstos las
apocan; pero en el tiempo de las aguas se crian muchas por la
costelacion del cielo y por la humedad y fertilidad de la tierra. Es
cosa de admiracion ver pelear un puerco con una víbora. En viéndola,
eriza todas las cerdas del cerro; la víbora, en viéndole, levanta la
cabeza cuanto naturalmente puede y estáse queda. El puerco rodéala
hozando y guardando con la tierra el hocico, no le pique en él; si le
pica, como un gamo vase al agua y pone el hocico en ella, hasta que se
siente sano; vuelve con la misma velocidad á la batalla; la víbora no se
aparta de su lugar; el puerco vásele llegando hozando, y cuando ve la
suya, es prestísimo, con la una mano pónela encima de la cabeza de la
víbora, y dando con ella en el suelo la aprieta tan fuertemente con la
tierra que no la deja volver á picar, y con la boca hácela dos pedazos y
luego se la come. He dicho esto para alivio del prudente lector.
CAPITULO XCIV
DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Desde este valle Misque se toma el camino, sobre mano izquierda, para la
provincia de Sancta Cruz de la Sierra; esta provincia es abundante de
maíz y en algunas partes de trigo; el temple de la ciudad es bueno;
dista deste valle más de 120 leguas, en partes, de mal camino, falto de
agua.
Para ir á esta ciudad se pasa por unas montañas donde viven indios
Chiriguanas que comen carne humana, y algunas veces suelen salir hasta
bien cerca del valle de Mizque, donde hacen el daño que pueden, y á los
caminantes lo hacen saliéndoles de través, y si los cogen descuidados lo
pasan mal los nuestros, como lo pasaron ha muchos años, que saliendo de
la ciudad de Sancta Cruz la mujer del general Nuflo de Chaves, de quien
luego tractaremos, salieron al camino y la quitaron á los soldados que
con ellos venian, peleando. Mas viendo los soldados lo subcedido, se
concertaron, como hombres nobles y valientes, de morir ó recobrarla, y
siguiendo los enemigos los alcanzaron, y sin riesgo de las mujeres
quitaron la presa y se volvieron su camino, sin que los indios se
atreviesen más á pelear con ellos. Fué capitan Francisco de Montenegro,
bien experto entre los Chiriguanas y dellos conocido; y algunos _años
despues_, un buen hombre llamado Romaguera, viviendo en una chácara, no
dos leguas apartado de Mizque, de noche dieron en su casa los
Chiriguanas y le mataron y se llevaron mujer y dos ó tres hijas y mucho
servicio, y hasta hoy, si no las han muerto, se las tienen allá.
Estos indios, aunque comen carne humana, no comen la de ningun español,
porque los años pasados, comiendo uno, á todos los que lo comieron les
dieron cámaras de sangre y murieron; los restantes, avisados del suceso,
no la comen; pero al que toman vivo, para matarle usan de exquisitos
tormentos.
Pasadas las montañas destos Chiriguanas, se siguen unos llanos muy
grandes, donde hay gran cantidad de miel y mucho ganado nuestro vacuno,
cimarron, muy gordo, que se multiplica allí de un poco que se quedó de
un pueblo de españoles que hubo á la vera de un rio grande que llamaron
de la Barranca. No se pudo sustentar; despobláronle, ó por la guerra
continua con los indios comarcanos, llamados los Chiquitos, belicosos y
de yerva, aunque no caribes, ó por la pobreza de la tierra; despoblando,
no pudieron sacar todo el ganado sin que alguno se quedase, de lo cual
se ha multiplicado mucho para proveimiento de los pasajeros, porque de
gordo no puede correr, particularmente las terneras, que al primer
apreton se quedan estacadas. Agora me dicen se ha tornado á poblar este
sitio, que será freno para los Chiriguanas.
De aquí á Santa Cruz de la Sierra, todo ó lo más es despoblado y sin
agua, si no son unos jagüeyes, á quien lo más del tiempo falta agua; es
tierra llana, y ésta es la causa. Este pueblo pobló el general Nuflo de
Chaves, hermano del padre nuestro fray Diego de Chaves, doctísimo,
verdadero hijo de Sancto Domingo, varon integérrimo en todo género de
virtud, primer confesor del Príncipe nuestro señor don Carlos y despues
del Rey nuestro señor Filipe segundo, sin que jamás se le conociese amor
á cosa terrena.
El general Nuflo de Chaves, subiendo por el Rio de la Plata arriba,
muchas leguas de la Asumpcion, pueblo principal de aquella gobernacion,
dió en este asiento, pobló y púsole el nombre susodicho, en medio de
muchos indios chiriguanas, porque á la una parte y otra del pueblo los
hay. Cercó la ciudad de tres tapias, fortaleció las puertas; en todos
estos reinos no hay ciudad cercada; vélase por los enemigos tan
comarcanos y malos. De aquí salió en demanda de unos cerros donde se
entendia hacer minas de plata, en tierra de guerra; llevaba consigo
españoles y mestizos, buenos soldados, y tambien chiriguanas, por
amigos, que le ayudaban, por ser gente belicosa.
En un recuentro que tuvo con los indios de guerra, alcanzada la
victoria, los chiriguanas pidiéronle parte de los indios captivos y
presos para comérselos, diciendo le habian ayudado. El general no se los
quiso dar; guardáronsela, y dejando á don Diego de Mendoza, creo cuñado
suyo, con todo el ejército, apartóse con doce ó catorce soldados y los
chiriguanas 15 leguas, pocas menos, á cierto paraje, en el cual los
chiriguanas determinaron de matarle, y no lo trataban tan secreto que no
se entendiese su mala intencion; avisaron los soldados á su General;
hizo burla de los que lo avisaban, y un dia, que fué el de su muerte,
viniendo los chiriguanas determinados de poner en ejecucion lo
concertado, estaban con el General tres ó cuatro soldados, Juan de
Paredes y Diego de Ocampo Leyton, ambos extremeños y hombres de
vergüenza, ánimo y hidalgos, con sus arcabuces y cuerdas en las
serpentines; dijéronle: Señor, estos indios vienen con mal pecho. Si
vuestra merced manda, aquí los despacharemos. Enojóse el General y
díjoles: Quitaos de ahí. ¿Para qué me ponéis esos miedos? Apagad las
cuerdas y dejadme con la lengua, un mestizo que servia della.
Replicáronle; no aprovechó nada. Apagaron las cuerdas y no fueron
cuerdos, y fuéronse á un bohio donde estaban los demás. El General
estaba en una hamaca, entre las piernas la celada, encima de una
rodilla, y sin espada, vestida una cota; como quedó solo con el mestizo
lengua entran los chiriguanas, comienzan á quejarse que no les daba
parte de la presa; descuídanle, llega uno por detrás, que el pobre
General, ni la lengua lo advirtió, alza la mano y con una macana de
palma dale un golpe en la cabeza que le aturdió y dió con él de la
hamaca abajo. El lengua salió dando voces ¡Al General han muerto! ¡Al
General han muerto! Los pocos soldados túrbanse, y como no tenian mecha
encendida, uno de los dos arriba referidos arrebató un tizon y puso
fuego al arcabuz; dispara sin saber á donde tiraba y acertó á dar en un
caballo y matóle. Los indios pensaron que los soldados venian sobre
ellos; retiráronse á una montañuela que cerca estaba, para guarecerse de
los arcabuces, que si vinieran sobre los nuestros allí los mataran á
todos. Retirados, tuvieron lugar los pocos españoles, pero bravos, de
encender sus mechas y hacerse fuertes en la casa y recoger los caballos.
El pobre General murió dende á pocas horas, sin poder hablar palabra.
Entre los soldados habia un mestizo, del Rio de la Plata, llamado Juan
de Paredes, y por diferenciarle del que habemos tractado le llamo
Paizunu; á los dos conocí y tracté mucho, y á éste no tanto, que me
dijeron lo que voy refiriendo. Este Paizunu dijo: Aquí estamos perdidos;
si me dan un caballo, el que yo pidiere, yo romperé por los enemigos,
iré á dar aviso á don Diego, y si esto no hacemos, aquí nos han de
matar; y muertos, como don Diego no sepa lo sucedido, luego darán sobre
él y los demás, y todos pereceremos y la ciudad asolarán. Y fuera así si
Nuestro Señor otra cosa no ordenara por su misericordia: los chiriguanas
habianse puesto en medio del camino para que no se fuese á dar mandado á
don Diego. Don Diego fué uno de los buenos capitanes para contra indios
que habia en estas partes, mestizo del Rio de la Plata; no le conocí,
mas por su fama, y despues tractaremos dél, cuando tractaremos de lo
sucedido en el tiempo que gobernó don Francisco de Toledo. A los
soldados pareció bien el consejo; dan el caballo que pidió, armóse y
armaron al caballo; toma una lanza y un arcabuz pequeño, sale, dispara
su arcabuz y luego echa mano de la lanza y rompe por medio de los
Chiriguanas, y sin parar, aunque con algunos flechazos peligrosos, en él
y en el caballo, da aviso á don Diego de Mendoza, que habia quedado
donde dijimos. En el real hízose el sentimiento debido. Parte con su
ejército luego, da en los Chiriguanas por una parte, los pocos por otra;
mató muchos, y á los que hubieron á las manos metiéronlos en un buhio y
pusiéronlos fuego; castigo merecido por la maldad cometida, porque el
General era noblísimo y valentísimo. Sucedió esta maldad y desgracia
gobernando este reino el licenciado Lope García de Castro; Su Majestad
le habia hecho merced de aquella gobernacion, para sí, hijo y nieto;
dejó dos hijos pequeños y tres hijas. El gobierno encomendóse á don
Diego de Mendoza hasta que su sobrino el mayor tuviese edad. Despues
quitóselo don Francisco de Toledo, siendo Visorrey destos reinos;
proveyó en él á Juan Pérez de Zurita, más para pelear que para gobernar;
despues tornóse á proveer en el mismo don Diego, el cual muerto, como
diremos, quedó un poco de tiempo el gobierno en los alcaldes; despues de
lo cual, no sé si por Su Majestad ó por qué Virrey, se proveyó á don
Lorenzo de Figueroa, un caballero muy noble y de muy buenas partes, y no
menos cristiano, el cual descubrió una provincia de gente política como
ésta del Perú, muy poblada y que fácilmente se le dieron y aun le
convidaron con la paz, porque los librase de los Chiriguanas, que los
comian. Murió este caballero; agora no sé quién la gobierna.
CAPITULO XCV
PROSIGUE EL CAMINO DE MIZQUE Á LA CIUDAD DE LA PLATA