Pasando adelante por el camino Real, á pocas jornadas de aquí, no son

ocho, damos en la laguna de Chucuito. Es la más famosa del mundo y

mayor, muy poblada por una parte é por otra. Tiene en torno, y si

hablamos como marineros, de boj, ochenta leguas y cuarenta de travesia;

casi á la playa della son las poblaciones; los vientos causan en ella

tormentas como en la mar, y aun más ásperas, por no tener puerto

fondable. Lo que sirve de puerto son totorales, que son una juncia

gruesa como el dedo pulgar, y más; aunque allá dentro (digamos en alta

mar) se hunda con vientos y tempestades, en llegando á la totora la ola,

cesa toda la tormenta; el agua es muy gruesa, nadie la bebe, con no ser

tan salada como la de la mar; es abundante de peces por la una y otra

costa. Algunas veces se mete la tierra adentro, pero porque el camino

Real del Inga iba muy derecho no lo torcia, antes por medio de la

ensenada, más ó menos conforme á la derecera del camino, se proseguia,

hechas á mano unas calzadas derechas como una vira, y á trecho sus ojos

llanos, por los cuales corria el agua. Hay calzada de dos leguas y más,

á lo menos, por el otro camino, llamado de Omasuyo; tambien las hay

menores, conforme á como es la ensenada; pero ya muchas dellas por esta

parte se han perdido por descuido de nuestras justicias, y se rodean en

partes de más de dos leguas, en otras menos, y ver aquellas calzadas y

caminos derechos perdidos, es compasion.

El remedio al principio era fácil, agora es irremediable. Casi á la

orilla, ó costa, y un poco más adentro, á legua y más, tiene sus islas

pequeñas en donde vivian indios pescadores llamados en ambas provincias

Uros.

Estos no comian jamás maíz, lo cual de fuera parte se traía, ni otra

cosa sino pescado, y la raíz desta totora, que es muy blanca, fria y

desabrida; gente barbarísima, con lengua diferente de los demás de la

tierra firme y la del Inga; muy raros la entendian, ni sabian, por lo

cual dificultosamente recibian la fe; decian eran como puercos, pues

comian totora como ellos; ya son un poco más políticos, despues que los

redujeron á pueblos sacándolos de las isletas de la laguna; van á Potosí

á trabajar á sus tiempos, y hacen sus mitas en los tambos, que es decir

sirven en ellos y dan recado, que es regularmente por noviembre, pero

malo, porque son faltos de carneros para las cargas é para lo demás

necesario, aunque se les paga conforme al arancel. Diré lo que me

sucedió con uno destos: yo bajaba de la ciudad de La Plata por órden de

mi perlado á la de Los Reyes por este mismo mes, y venia á la ciudad de

Arequipa; llegué á un tambo donde servian estos Uros, y habiéndome de

partir pedí uno ó dos carneros de carga; diéronseme, y un indio que los

llevase y volviese; llegando al otro tambo, pagando su trabajo y de los

carneros al Uro, díjome: Padre, cómprame un real de pan; yo le respondí:

ve tú á comprarlo; respondió: no me lo dará el indio tambero, porque me

conoce, soy Uro; repliquéle: Pues tú, Uro, ¿ya sabes comer pan?

respondió: si padre, despues que servimos en los tambos. Hales

aprovechado la reduccion para que coman pan y beban vino, y para la

doctrina ha sido lo principal. Pero verlos antes que amanesca en sus

balsas de totora, casi desnudos y navegar y pescar y meterse tres y

cuatro leguas y más, por una parte es para dar gracias á Dios, por otra

se les tiene mucha lástima, porque caminamos por tierra muy arropados,

no nos podemos valer de frio y éstos, desnudos en el agua no lo sienten,

ó si lo sienten lo sufren no con tanta pesadumbre como nosotros. Lo que

no vi en la mar del Norte, ni en esta del Sur, vi en esta laguna: fué

una manga de agua, la cual vista me admiré mucho: no habia visto otra;

en la compañia caminábamos cuatro ó cinco de conformidad; venia un

piloto que huyendo de la mar quiso ver á Potosí, pero volviéndose á su

inclinacion natural, no le habia parecido bien la tierra, y volvióse;

preguntéle qué era aquello; entonces me dijo: aquella se llama manga de

agua, y si cae en navio sin puente, sin remedio le anega, y de noche son

muy peligrosas, porque no las vemos; de dia huimos della como de la

muerte; cae de lo alto de las nubes hasta el agua; al viso parecia tan

gruesa como un mastil muy grueso de una carraca, y como va descargándose

va adelgazando, á la cual, delgada, el viento la pone como un arco hasta

que totalmente la nube se queda sin agua; todo esto vi entonces. He

dicho esto para probar las tormentas que aquí se padecen; por lo cual, y

porque no hay puertos, no se puede navegar con bergantines; uno se hizo

é se comenzó á navegar en él, pero con una tormenta se perdió y nunca

más se ha hecho otro, ni intentado hacerle. Los indios en sus balsas

tambien usan y se aprovechan de velas conforme á como la balsa la

sufre.

CAPITULO LXXXV

DE LOS PUEBLOS QUE HAY EN ESTA PROVINCIA DE CHUCUITO

Tomó la denominacion esta[31] laguna acerca de los españoles, llamándola

la laguna de Chucuito, por razon de una provincia así llamada Chucuito,

la más rica del Collao, cuya cabeza es un pueblo así llamado, fundado

casi á la playa desta laguna por la una parte, y por la otra sobre un

cerro no agrio de subir. Aquí reside, á lo menos tiene su casa, el

curaca principal y la justicia, con título de gobernador. Los pueblos

subjectos son: á dos leguas, Acora; á tres, Hilavi; á Juli, cuatro;

otras tantas á Pomata, y cinco á Cepita, que todas son 18 leguas. Son

grandes y ricos de ganados de la tierra, y de los nuestros no hay falta.

Nuestra sagrada religion la tuvo á su cargo desde el principio que se

redujeron á la Corona Real de Castilla, para la doctrinar, en cuya

doctrina se ocupó muchos años augmentando siempre el número de los

religiosos, conforme á como nos augmentábamos.

Hobo en ella, ocupados en este oficio evangélico, muchos y muy buenos, y

entre ellos el padre fray Melchior de los Reyes, de quien en breve

dejamos hecha mencion; el padre fray Augustin de Formicedo, que hoy muy

viejo vive; el padre fray Domingo de Narvaez[32], cuyo cuerpo dijimos,

enterrado en el Convento de nuestro padre Santo Domingo de los Reyes, en

el capítulo pasados siete años se halló entero y los hábitos sin lision;

el padre fray Miguel Cerezuela, y el padre fray Domingo de la Cruz, á

quien un demonio perseguia de dia y de noche, con otros muchos grandes

religiosos y grandes lenguas de la que llamamos Aimará, que es diferente

de la general de los Ingas, más abundante y más galana; con cuyos

trabajos, artes, vocabularios, cartapacios y sermones otros el dia de

hoy triunfan, como si ellos lo hobieran trabajado; quitóla á la Orden

don Francisco de Toledo, residiendo en ella treinta religiosos; si con

justicia ó con pasion, ya ha dado cuenta á nuestro Señor dello; dióla

primeramente á clérigos; despues el pueblo mayor, qu' es Juli, dió á los

padres de la Compañia. Pero cuánta diferencia haya (no tracto de los

padres de la Compañia, que hacen su oficio religiosamente) del un tiempo

al otro, del concierto y ornato de los templos y servicio del altar, los

ciegos que pasan por el camino lo ven. Hallábanse en estos pueblos

20.000 indios tributarios; agora no sé si hay tantos, porque se han

huido muchos (fama es más de 6.000) á una provincia de infieles y de

guerra de los Chunchos, dejando sus mujeres, hijos, casas y haciendas.

Por qué causa no es de mio decirla en este lugar; en otro, si me viese

sin ningun temor de mal subceso humano, creo lo diria.

En el pueblo de Juli, digo en su término, no lejos, descubrió un indio

una veta de plata rica; quiérensela quitar diciendo que el indio no

puede tener mina de plata; el procurador del indio apeló para la Real

Audiencia de la ciudad de La Plata (yo estaba á la sazon en ella);

quítansela; perdióse la veta hasta hoy; no sé en qué se pueda fundar que

yo, en mi tierra, como el extraño, no pueda tener mina, principalmente

descubriéndola yo.

[31] Tachado: _provincia_.

[32] Tachado: el padre fray Miguel Cerezuela.

CAPITULO LXXXVI

DEL PUEBLO [DE] COPACAVANA

Desde Pomata, tomando el camino sobre mano izquierda, dejando el Real á

la mano derecha, ocho leguas dista el pueblo Copacavana, á donde se

redujeron muchos indios que de diversas provincias deste Perú vivian en

una isla de la laguna, dos leguas deste asiento y tierra firme, una por

mar, otra por tierra; llámase esta isla Tiquicaca, donde era el más

famoso adoratorio que el demonio en todos estos reinos tenia, y para su

servicio mandaba que de las más provincias dél que señalaba le sirviesen

allí indios; solos unos exceptaba, llamados Puquinas, que viven la mayor

parte en el camino de Omasuyo, que es de la otra parte de la laguna, por

ser gente como de suyo es muy sucia, más que otra destos reinos, como si

el demonio fuera muy limpio; antes que estos indios se redujesen y se

deshiciese aquel famoso y falso adoratorio, todavia el demonio por los

pecados destos, aunque ocultamente, era reverenciado y obedecido, para

comprobacion de lo cual diré lo que un religioso nuestro me refirió le

habia pasado no ha 25 años, viviendo en un pueblo y doctrinándolo,

llamado Tarama, distrito de la ciudad de Guánuco, siete leguas del

primer pueblo del valle de Jauja, llamado Butun Jauja, que es decir el

gran pueblo de Jauja.

Sucedióle, pues, que estando en esta doctrina llegó á él un fiscal

della, indio, y díjole: Padre, aquí está un Cacha, que es un mensajero,

de Tiquicaca; el religioso, aunque no habia vivido por allá arriba,

tenia noticia deste adoratorio, y luego advirtió á lo que podria ser;

dijo al fiscal: tráemelo aquí. Trújoselo. Era un indio bien dispuesto;

llegó á guisa de caminante, la manta ceñida; preguntóle: ¿De dónde eres,

hijo? Responde: de la isla Tiquicaca. Replicóle: ¿Dónde vas? Respondió:

A Quito. (Hay desde Tiquicaca á Quito más de quinientas leguas.) ¿Quién

te envia? Responde: El Apo, que es el señor de Tiquicaca. Bien entendió

el religioso que el que le inviaba era el demonio. ¿Así Tiquicaca te

envia? pues yo os doy mi palabra que no habéis de ir allá y que os tengo

de castigar por el mensaje. Del demonio sois mensajero. Respondióle el

indio: Padre, yo tengo de ir. El padre: No iréis; yo os azotaré y

tresquilaré primero y echaré en la cárcel. Responde el indio: Padre, los

azotes y tresquilarme, no lo quitará Tiquicaca; mas dejar de ir no lo

impidirás. Viendo esto el religioso, ¿qué habia de hacer? Mándale azotar

y tresquilar, á la justicia, por mensajero del demonio, y que lo echen

en la cárcel, en el cepo, y toma la llave de la cárcel y cepo; á la

mañana va á ver su indio allá _en_ la cárcel; él va á buscar el indio;

el cepo hallólo cerrado, pero el indio nunca más le vió. ¿Este fué indio

ó demonio, que no pareció más?

El religioso que esto me dijo, y á otros muchos, en la ciudad de Los

Reyes, se llama fray Juan de Torrealba, que agora vive en España, hombre

de mucha verdad, y no tenia para qué fingirlo.

Para deshacer este adoratorio, que llamamos guacas, fué acertadísimo

sacar los indios de aquella isla y poblarlos en la tierra firme, á la

lengua casi del agua, en un cerro no alto, llamado así Copacavana. Este

pueblo tenia á su cargo un clérigo gran lengua de la Aymará y de la

Quichua; así se llama la de los Ingas, llamado el bachiller Montoro; la

iglesia es buena; hiciéronla religiosos nuestros, porque este pueblo y

otro que dista deste una breve legua, llamado Yunguyo, se encorporaron,

cuanto á la doctrina, con la provincia de Chucuito. El buen clérigo

mandó hacer á un indio una imágen de bulto, que colocó en la iglesia, al

lado de la Epístola, en un altar, por sí; intitulóla de la Purificacion;

yo la he visto tres ó cuatro veces; tiene de largo, sin la peana, una

vara y cuatro dedos; salió hermosa de rostro, con su Niño Jesús entre

los brazos, y aunque es así (como luego diremos) que los indios tienen

poca fée ó ninguna, algunos hay en quien Nuestro Señor la ha infundido.

Estos son pocos.

En aquel pueblo habia un indio casado que á su mujer daba mala vida y

aborrecia grandemente; ella era buena cristiana y devota de aquella

imágen de Nuestra Señora; el marido, persuadido del demonio, sacóla al

campo para ahorcarla; echóle la soga á la garganta y quísola ahorcar; la

india, muy de veras se encomendó á Nuestra Señora, y teniéndola ya su

marido para lanzarla de un árbol abajo, apareciósele Nuestra Señora en

figura de aquella imágen; el indio deja la mujer é pone pies en

polvorosa, mirando para atrás, lleno de temor; la india quedó libre

hallándose en el suelo, la cual tambien vió á Nuestra Señora en su

favor; vínose á la iglesia, hincóse de rodillas delante del altar de

Nuestra Señora, dándola gracias; da noticia deste milagro al clérigo,

hácese la averiguacion, traen al marido, confiesa la verdad, que todavia

estaba temerosísimo; llámase al corregidor de aquel partido, que á la

sazon era don Jerónimo Marañon, convocáronse los clérigos comarcanos,

hízose una solemne procesion con los indios del pueblo y otros que

acudieron y algunos españoles que por allí se hallaron; luego se

comenzaron á multiplicar milagros, que pintaron en las paredes de la

iglesia; hízose libro dellos, pero algun luterano oculto que por allí

pasó lo hurtó, mas no pudo hurtar la memoria dellos, que como eran

frescos no se habian olvidado y tornáronse á escribir.

Los milagros han sido muchos y notables, de los cuales escrebiré dos

aquí, que oí al mismo bachiller Montoro: el uno fué que habiendo falta

de aguas para las comidas, los indios determinaron hacer una procesion á

instancia deste sacerdote, sacando la imágen de Nuestra Señora, y para

esto la parcialidad que llaman _Hañan saya_[33], que es la más

principal, tractólo con la menos principal, llamada _Urin saya_[34],

ésta no quiso venir en ellos; los Hañan sayas hacen su procesion; fué

Nuestro Señor servido, para confundir á estos indios de poca fe, que,

con tener las chácaras juntos, parten linderos, lloviese en la de los

Hañan sayas y no en las de los Urin sayas. El otro fué: dos indios,

marido y mujer, trujeron de más de cuarenta leguas un hijo solo que

tenian contrecho, á Nuestra Señora que se lo cúrase; en abriendo la

puerta de la iglesia por la mañana, tomaban su hijo, que ya sabia

hablar, tenia de siete á ocho años, y ponian delante del altar de

Nuestra Señora; desta suerte le ponian por espacio de diez ó doce dias;

sucedió que el niño un dia comenzó á hablar con la imágen de Nuestra

Señora y decirla: Señora, ya ha muchos dias que mis padres me ponen aquí

delante Vos, para que me saneis, y no me sanais; la comida ya se les ha

acabado, y están lejos de nuestra tierra; sáname ya, Señora, y si no,

volverémonos á nuestra tierra; dicho esto se levantó el niño sano y

salvo, como si no hobiera padecido lesion alguna, y salió á buscar á sus

padres que fuera de la iglesia en el patio ó cementerio della estaban.

Volviéronse con su hijo á sus tierras. Las palabras del niño, los demás

que allí se hallaron las refirieron. A la fama desta imágen y milagros

concurrian en romerias desde el Cuzco, que son más de cien leguas, y

desde Potosí, que hay otras tantas, muchas personas, y las que no,

enviaban sus limosnas aventajadas; de suerte que si se hobiera tenido un

poco más de cuidado fuera riquísima la capilla. Arden delante del altar

tres lámparas muy grandes y muy bien labradas, que personas particulares

han enviado para el culto de Nuestra Señora; coronas tiene muchas;

anillos con piedras riquísimas; quitóse la doctrina al clérigo poco

antes que muriese, y dióse por órden de Su Majestad é buena diligencia

que se dieron, á los padres de San Augustin, donde tienen un priorato.

Ya los milagros no son tan frecuentes, por nuestros pecados, y aun no

han cesado _los que_ con las medidas de la imágen se han hecho: el

contador Garnica, quebrado, ciñéndose la medida sanó. Los hechos no es

de mio escrebirlos, porque piden un libro entero. Los Padres Augustinos

ternán cuidado dello.

Fué Nuestro Señor servido, para confusion del demonio y para alumbrar á

estos miserables, que cerca de aquel lugar donde con tanta reverencia el

demonio era adorado, allí se hiciesen muchos milagros por Nuestra Señora

á gloria de Su Majestad y de su Madre sacrosanta.

No creo hay cibdad, en lo que he visto de la de Los Reyes y Potosí,

donde no haya capilla de Nuestra Señora de Copacavana, y en pueblos de

indios hay no pocas desta advocacion, y en algunos se dice se han hecho

milagros, como es en Pucarani, ocho leguas de la ciudad de la Paz; el

indio que hizo esta imágen, aunque ha hecho otras, ninguna ha sacado

como ella; ha sido llamado á muchas partes y las ha hecho[35], y estando

en la ciudad de La Plata le llamó el presidente de la Audiencia para

conocerle, el licenciado Cepeda, y dióle silla, diciendo: Quien hace

imágen de Nuestra Señora que obra milagros, merece se le dé silla

delante de un Presidente.

[33] Al margen: barrio de arriba.

[34] Al margen: barrio de abajo.

[35] En el ms., _yo las he hecho_.

CAPITULO LXXXVII

DEL PUEBLO [DE] CEPITA Y [DE]S[A]GUADERO

De Copacavana volvemos al camino Real, sobre mano derecha, en demanda

del último pueblo de la laguna de Chucuito, ocho leguas tiradas.

Es pueblo frio y destemplado como los demás, y ninguno tanto como éste

en toda esta provincia, del cual dista el Desaguadero desta laguna dos

leguas y media. El Desaguadero es tan ancho como un tiro de piedra; el

agua tiene muy poca corriente, parece como embalsada. Comunmente se

trata en este reino que no se le halla fondo, y que el agua por abajo

corre con tanta velocidad que, por mucho que pese una piedra, si con

ella la quieren sondar, se la lleva el agua.

La primera vez que pasé por este Desaguadero llevaba intencion de

sondarlo y averiguar esta verdad; llegando con más de cincuenta brazas

de sogas que saqué de Cepita, me puse en medio de la puente con una

piedra como medio adobe; echéla al agua y luego se fué la piedra derecha

al fondo como si no hobiera corriente alguna; sompeséla y sacándola

hallé cuatro brazas y media de agua, de suerte que lo que se dice es

fábula; tambien decian que cayendo alguna cosa en el agua era imposible

salir; tambien lancé un perro y fácilmente salió nadando; y que por

abajo no haya corriente es fácil de persuadir, aunque no lo hobiera

experimentado con la sonda, porque como toda aquel agua sea un solo

cuerpo, si por abajo fuera tan raudo y corriente, por el medio y por

arriba habia de correr de la misma suerte.

Tiene este Desaguadero una puente, la mejor, más fácil y segura del

mundo; es llana y de totora asentada sobre tres ó cuatro maromas de

icho, muy estiradas; hacen los indios unas balsas fuertemente atadas

desta totora, á manera de media luna cuando se muestra despues de la

conjuncion; el convexo, que es el lomo, asientan sobre las maromas muy

bien atado, y luego junto á esta otra, y así las multiplican desde el

principio al fin y las unas con las otra las atan. El vacio que hay

entre una y otra, porque estas balsas son redondas, hínchenlo con enea ó

totora suelta, que es lo mismo, de suerte que la puncta queda llana y

rema de ancho tres varas largas; es segurísima y puédese pasar á

caballo, aunque yo muchas veces que la he pasado me apeo, llevando la

cabalgadura de diestro. Hay aquí indios con pescado, los cuales tienen

cuidado á su tiempo de renovarla, y son tan diestros en ello, y en

saber, por la experiencia que tienen, cuándo conviene hacerlo, que no

pierden puncto, porque ya saben cuándo han de renovar las maromas y las

balsas.

Deste Desaguadero se hace otra laguna que llaman de Paria, ó de

Challacollo por otro nombre, no tan grande, ni con mucho, como ésta;

desagua contra la mar del Sur, sumiéndose sin que responda á alguna

parte; por ventura por las entrañas de la tierra va á dar á la mar.

CAPITULO LXXXVIII

DEL PUEBLO TIAGUANACO

Seis ó siete leguas delante del Desaguadero llegamos al pueblo _de_

Tiaguanaco, donde hay, apartado un poco del camino Real, sobre mano

derecha, unos edificios antiguos de piedra recia de labrar, que parecen

labradas con escuadra, y entre ellas piedras grandísimas; casi no pasa

por aquel pueblo hombre curioso que no las vaya á ver.

La primera vez que por allí pasé con otros dos compañeros las fuimos á

ver, donde vimos unas figuras de hombres de sola una piedra, tan grandes

como gigantes, y junto á ellas de muchachos, la cintura ceñida con un

talabarte labrado en la misma piedra, sin tiros, como usan los que traen

tahelies. Paredes no habia altas, ni casa cubierta; ocuparia este

edificio más que cuatro cuadras en torno. No saben los indios quien lo

edificó, ni de dónde se trujeron aquellas piedras, porque en muchas

leguas á la redonda no se halla tal cantera. Es fama haber allí gran

suma de tesoro enterrado; hase buscado con diligencia, mas como andan á

ciegas los buscadores, no han dado con ello, sólo dan con la plata que

sacan de la bolsa para el gasto.

Agora se aprovechan de aquellas piedras para el edificio de la iglesia

deste pueblo. De aquí á Calamarca, otro pueblo de indios, hay dos

jornadas largas, donde se junta el otro camino de Omasuyo, que corre por

la otra parte de la laguna; por lo cual es necesario volver á tractar

dél.

CAPITULO LXXXIX

DEL CAMINO DE OMASUYO

Desde el pueblo de Ayaviri, que dijimos ser el primero del Collao,

tomando sobre mano izquierda, comienza el camino y se sigue la provincia

llamada Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna de Chucuito;

esta provincia es muy poblada, y por la mayor parte son Poquinas; son

recios de ganados de la tierra, y participan de más maíz é trigo que los

de la otra parte, por tener sobre mano izquierda la provincia de

Larecaja, abundante de lo uno y de lo otro.

Esta provincia es montuosa, llena de sabandijas ponzoñosas, de tigres y

osos y leoncillos; de aquí se proveen de madera para las iglesias, así

los de la una parte de la laguna como los de la otra, y de otra más

menuda para sus casas. Por esta parte la laguna (digamos) se mete más la

tierra adentro con esteros, por medio de los cuales llevaba su camino el

Inga, derecho, como habemos dicho; agora, por descuido de los

corregidores, que con tiempo no lo han querido remediar, está perdido

en muchas partes, y rodeamos por algunas ensenadas más de dos leguas, y

en otras menos, conforme es la calzada perdida. Tiene tambien esta

provincia, á la propia mano izquierda, primero, ó un poco más abajo que

á Larecaja, la provincia de Caravaya, ó por mejor decir las montañas,

porque no son pobladas, cálida, lluviosa y montuosa, donde antiguamente

se sacaba oro en abundancia, subido de la ley; agora tambien se saca,

pero mucho menos; la razon es porque siendo tan cálida para los indios

que lo han de sacar, que los llevan desta provincia de Omasuyo, es muy

enferma, y justísimamente se prohibe vayan los indios á ella contra su

voluntad, ni con ella, á sacar oro; con todo eso, hay españoles y

corregidor, y no pienso va mal aprovechado el que lo es. Junto á esta

laguna hay un pueblo llamado Arapa, de donde dos leguas, ó poco más,

segun me dijo un sacerdote clérigo que en él residia, que tiene otro

desaguadero esta laguna, no de tanta agua como el que habemos dicho, de

suerte que desagua á una y otra mar.

En toda esta provincia no he visto, dos veces que por ella he caminado,

cosa digna de memoria, si no es el pueblo de Guarina, dos leguas

adelante del cual fué la batalla desgraciada entre el general Diego

Centeno, que defendia la parte del Rey, y el tirano Gonzalo Pizarro,

éste con cuatrocientos hombres y Centeno con 1.200; aquí fué

desbaratado, y la flor de los vecinos y capitanes muertos y presos, y

enterrados más de cuatrocientos hombres en un hoyo donde agora está una

ermita harto mal parada, sin que los hijos de los que allí tienen sus

padres la reparen ni aun hayan gastado un real, y son algunos destos

vivos y muy ricos; mas de sus padres creo se acuerdan poco.

CAPITULO XC

DE LA CIUDAD DE LA PAZ

De aquí de Guarina á la ciudad de La Paz son dos jornadas, la cual se

llamó así por ser poblada en medio de Potosí y el Cuzco, donde habia,

los años pasados, ó de donde se temian algunos alborotos, y porque de

aquí se habia de salir á apaciguarlos se llama la ciudad de La Paz, en

la cual, por la mayor parte, hay poca entre los vecinos della. Poblóse

en valle hondo por _ser_ lugar más abrigado, junto á un rio pequeño de

buena agua; no lleva peces por la frialdad del temple, pero proveese y

bastantemente de la laguna, que la tiene á ocho leguas, poco más; aquí

no se da sino muy poco maíz en unas quebradillas junto al pueblo, donde

hay un poblezuelo pequeño de indios para su servicio. El rio abajo, á

seis leguas y más, se dan viñas y fructas de las nuestras muy buenas, y

á diez, y dende arriba, hay valles callentes, principalmente uno llamado

Caracato, en el cual se han plantado viñas y se coge mucho y buen vino,

y alguno tinto, á quien no hace ventaja el de España.

Descripción colonial, libro primero (1/2) · 第 12 / 19 段