Andaguailas, templado, donde se da maíz y trigo; es bien poblado de
indios, abundante de ganados nuestros y de la tierra. Tambien aquí se
van apocando los indios, por dos vias, la una por Guancavilca y la otra
porque de aquí sacan indios para labrar en los Andes del Cuzco las
chácaras de coca, y dales allí una enfermedad en las narices que se les
ponen como una trompa muy gruesa y colorada, de que algunos mueren,
fuera de las enfermedades que allá les dan mortales, como diremos en su
lugar. Más adelante se sigue el valle nombrado Amancay por unas flores
olorosas blancas que en él nacen en abundancia, así llamadas. Este rio
nunca se vadea; tiene puente de cal y canto, mandada hacer por el buen
marqués de Cañete, de felice recordacion el primero.
Aquí hay, por ser templado, uno ó dos trapiches donde se hacen buenas
cosas de azúcar. Más adelante llegamos al rio de Aporimac; éste tambien
no se vadea; pásase por una puente de creznejas asaz larga y angosta,
donde hay cantidad de mosquitos zancudos cantores, amicísimos de beber
sangre humana, y no menos cantidad de los rodadores, tan sedientos como
esotros; hay agua gruesa y muy cálida; todos estos tres rios se juntan
con el de Jauja y otro que pasa cuatro leguas del Cuzco, por el valle de
Yucay, no menor que cualquiera destos, y hacen aquel grande y famoso rio
del Marañon, que desemboca en la mar del Norte con 80 leguas de boca. Es
el mayor rio del orbe.
Prosiguiendo nuestro camino adelante, cuatro leguas antes de la ciudad
del Cuzco entramos en el valle de Xaquixaguana, donde fué desbaratado el
tirano Gonzalo Pizarro y sus valedores, sin rompimiento de batalla, por
el gobernador licenciado Pedro de la Gasca y demás servidores de Su
Majestad. Valle ancho y largo, donde hay dos ó tres pueblos de indios,
apartados un poco del camino real; es más frio que templado, aunque se
da maíz en él y trigo; empero, si acierta á helar un poco temprano,
arrebátase el hielo al maíz; el trigo sufre más, y por eso no le hace
tanto daño.
Es abundante de ganado del nuestro, de todo género. Las aguas son malas,
gruesas y salobres.
CAPITULO LXXX
DE LA CIUDAD LLAMADA EL CUZCO
De aquí á la ciudad de El Cuzco ponen cuatro leguas buenas.
Era el asiento principal de los reyes destos larguísimos reinos, á quien
llamaban Ingas. El sitio es malo y las aguas malas; fundaron aquí su
ciudad los españoles en el mismo lugar donde la tenian fundada los
indios, que es al principio del valle, el cual, en esta parte, es
angosto, aunque más abajo, como va corriendo casi al Oriente, se
ensancha un poco más. Siémbrase en él trigo é maíz de riego y dase bien
si los hielos no acuden temprano. Parte desta ciudad está fundada en una
ladera, y aun la mayor parte; no la dividieron los fundadores por
cuadras, como las demás deste reino, ni tiene calle derecha ni
proporcionada, porque no quisieron los españoles romper los edificios de
piedra que en ella hallaron, no siendo muy aventajados; hállanse en
ellas muchas calles muy angostas, que apenas pueden ir dos hombres de á
caballo á las parejas, á cuya causa en ivierno es muy sucia y lodosa.
Pasa por medio della un arroyo de poca agua al verano y aun al ivierno,
si no es por alguna gran avenida que luego cesa, por tener su nacimiento
muy cercano; este rio es muy sucio y de mal olor; hanle hecho sus
alcantarillas para pasar de unas calles á otras. El Inga le tenia tan
bien acanalado y recogido con una muralla de piedra, por una parte y por
otra, y por donde corria el agua, enlosado, que ni se divertia á otra
parte, ni paraba cosa en él. Agora con el buen gobierno de los nuestros
se derrama por muchas partes y anega no poca parte del valle, y la
huerta de nuestra casa corre riesgo, porque rompiendo el rio el reparo y
no reparándolo, se le ha llegado mucho. Gobernando los Ingas, en
cayéndose una piedra, se ponia luego otra ó la misma en su lugar, porque
el daño no pasase adelante.
Las casas de los españoles, por la mayor parte son sombrias y tristes,
si no es la del capitan Diego de Silva, que la labró alegre. Es pueblo
muy rico, por la gran cantidad que tiene de indios de encomienda.
Los vecinos antiguos todos lo fueron; sus hijos, agora, tienen
abundancia de deudas y no les alcanza la sal al agua; gastan sin órden y
sin discrecion. Sustenta cinco monasterios religiosos y uno de monjas de
Sancta Clara.
Nuestra casa es la que antiguamente se llamaba gobernando los Ingas, la
Casa ó Templo del Sol, á quien adoraban por principal de todos sus
dioses falsos. Conforme á lo que los indios edificaban, es bueno el
edificio; la piedra es parda y labrada, y tan juntas unas con otras, que
parece no tener mescla alguna, y tiénela, y es de plata delgadísima, la
cual no sale fuera de las junturas de las piedras.
La piedra es durísima y el edificio fijísimo, que para romperlo se pasa
mucho trabajo. Permanece en nuestro convento una pila grande desta
piedra, ochavada por de fuera, que de hueco debe tener, por cualquiera
parte que la midan, más de vara y media, y de fondo más de vara y
cuarta. A esta pila hinchian con cantidad de chicha, escogida de la que
el Inga bebia, para que bebiese el Sol, y lo que en ella se embebia
creia esta gente bárbara que el Sol lo bebia; cubria la boca desta pila
una lámina de oro, en la cual estaba el Sol esculpido. Cuando los
españoles entraron en esta ciudad le cupo en suerte á uno de los
conquistadores, que yo conocí, llamado Mansio Sierra, de nacion vizcaíno
y creo provinciano, gran jugador; jugó la lámina y perdióla: verificóse
en él que jugó el Sol.
Sustenta nuestro convento 25 religiosos, y dende arriba; vase poco á
poco edificando como los demás; está casi fuera de la ciudad; los demás,
dentro. La huerta de nuestra casa era la Huerta del Sol, y la tierra
della dicen fué traída en hombros de indios del valle de Chincha, por
muy buena; venian á su tiempo todo los indios á labrarla, vestidos de
riquísimos vestidos, y aún permaneció por algunos años, é yo vi una vez
que se juntaron los más de los ingas y por sus cuarteles la labraron y
desmontaron con gran alegria, y ésta fué la última vez, porque se tenia
por inconveniente y con mucha justicia se les vedó.
Lo que en esta huerta se sembraba eran unas cañas de maíz, todas de
plata, las mazorcas de oro; éstas no han parecido, ni se sabe donde
están; será la huerta poco menos de media cuadra; tiene un pilar donde
caen dos caños de agua, el uno un poco salobre, el otro algo mejor. No
se sabia de dónde ó por dónde venia el uno, hasta que el rio, con una
avenida grande se llevó dos ó tres losas, á lo menos las sacó de su
lugar, por debajo de las cuales venia encañada el agua á la Huerta del
Sol.
Es fama haber en nuestra casa gran mina de oro enterrado, pero no se
sabe dónde; unos dicen, y aun se tiene por lo más cierto, que en la
capilla mayor; otros, que en la huerta; han cavado en muchos lugares,
pero hasta hoy no se ha hallado cosa alguna. Don Carlos Inga salia á
este partido: que le dejasen cavar debajo del altar mayor, y de lo que
sacase daria tanta parte, y si no hallase cosa alguna, tornaria á
reedificar lo derribado, á su costa, de la misma manera que antes
estaba. No se le admitió el partido, y así quedó.
El monasterio más rico es el de Nuestra Señora de las Mercedes, y el que
tiene mejor sitio, por ser en medio del pueblo y en una de tres plazas,
aunque los padres Teatinos se pusieron en la plaza que está delante de
la iglesia Mayor y bien junto á la Merced.
El de San Francisco tiene plaza y bien grande; sustenta más de treinta
religiosos; ya _está_ acabado. El de San Augustin se va edificando.
Sustenta veinte religiosos.
El temple es frio y desabrido, y luego que los españoles poblaron, no se
criaba ningun niño mero español; ya se crian, y en cantidad. Al verano,
que es cuando no llueve, desde mediado Abril hasta Noviembre, es más
frio que lo restante del año al tiempo de las aguas, aunque en este
tiempo hay bastante frio y en un dia se hallan tres temples: unas veces,
antes que venga el agua mucho calor, arde mucho el sol; en comenzando á
llover, frio; en acabando, mucho más, porque como viene el aire de
tierra mojada y fria, por cualquier parte que venga viene más frio, lo
cual causa mucha destemplanza en los cuerpos. En el tiempo de las aguas
es muy lodoso y sucio, y de mal olor, porque como las más de las calles
sean angostas y el concurso de pasearlas mucho, así de indios como de
españoles, no se puede evitar este inconveniente. Despues de la ciudad
de Los Reyes y Potosí es el mejor pueblo destos reinos á la redonda; hay
seis ó siete perroquias de indios que bastecen á la ciudad; el valle es
muy poblado de muchas chácaras, fuera de que la comarca es muy fértil.
Esta ciudad es cabeza de obispado, y lo era de todo el reino, y aunque
así se nombra en los contractos y escripturas que se hacen _en_ ella, va
perdiendo este título, porque la ciudad de Los Reyes se lo lleva con la
asistencia del virrey, Audiencia y Santa Inquisicion, y otras calidades.
La iglesia Catedral es paupérrima en edificios, aunque en renta es la
más aventajada de todas las Indias; hay muchos templos en pueblos de
indios, muy mejores; la causa por que no se haya edificado no la sé;
algunos echan la culpa á personas ya muertas, otros á vivos; no me
quiero entremeter en esto.
Ha muchos años, cuando no tenia tanta renta, que se comenzaron á traer
materiales, juntáronse muchos, y en la plaza hay no poca cantidad de cal
y arena mezclada, ya perdida con el tiempo; así se ha quedado. En
ornamentos es rica, pero en lo que más florecia era en la celebracion de
los divinos oficios, viviendo el chantre primero que en ella hubo,
porque todas las Horas se cantaban cada dia, y el Oficio menor de
Nuestra Señora; á media noche no se sigue el coro por la destemplanza
del frio en todo tiempo, y aunque es así que en España los frios son
mayores y se sigue el coro á media noche, es de otra calidad el uno quel
otro: el de España es frio y húmido; el nuestro, en todo el reino donde
lo hay, es frio y seco, muy contrario á la salud corporal.
Carece esta ciudad de leña, por lo cual no ha crecido más; yo la he
visto repartir como carne en la carneceria; ni tiene de donde le venga,
ni carbon. De cuando en cuando le alcanzan temblores de tierra, y
recios, y á las veces son tan vehementes los truenos, que parece temblar
los cielos.
Junto á la ciudad, saliendo della caminando para el Collao, hay una
fuente de agua salada, clarísima y abundante, la cual recogida en un
estanque grande que desde el tiempo de los Ingas está hecho, se reparte
por la tierra, en contorno del estanque, la cual dentro de pocos dias se
vuelve sal blanquísima.
La tierra en que cae se dividió por chácaras (que así se llaman) por los
vecinos de indios y conventos. Tenemos allí nosotros nuestra chacarilla.
Hacen los indios desta sal mil pajaritos, leones, tigres y otros
animales, y así la venden.
Un poco más adelante entramos en el llano donde se dió la batalla
nombrada de las Salinas, por ser cerca destas, entre Hernando Pizarro, ó
por mejor decir, por parte del Marqués Pizarro, y don Diego de Almagro;
fué la primera que hobo entre españoles, y don Diego de Almagro y los
suyos fueron vencidos; fué bien reñida, pero tratar della no hace á
nuestro propósito. Y esto cuanto á la ciudad del Cuzco.
CAPITULO LXXXI
DE LOS ANDES DEL CUZCO Y COCA
Muchas cosas hacen á esta ciudad muy rica: los muchos indios de
repartimientos; los que tiene en contorno del pueblo; la contractacion
de los mercaderes; pero lo que más le enriquece es la contractacion de
la coca, que comen los indios; esta coca es un arbolillo pequeño que no
se levanta del suelo cuando mucho una vara, las ramas delgadas, la hoja
casi como de zumaque, aunque es más ancha; otra hay más pequeña, pero
desta no tractamos. Esta coca no se da sino en tierra muy cálida y
lluviosa; siémbrase á mano; tres ó cuatro jornadas del Cuzco, hay una
tierra llamada los Andes, donde hay estas chácaras de coca, con las
cuales los vecinos y muchos otros han enriquecido, porque se sacan
destos Andes, para Potosí particularmente, cada año más de 60.000 cestos
de coca, que cada uno debe pesar de 20 á 25 libras; sácanlos en carneros
de la tierra y lleva un carnero cuatro y cinco, y por la mayor parte
cinco. Desde Potosí vienen al Cuzco con las barras de plata á comprar
esta coca. Vale el cesto, cuando menos, tres pesos, que es imaginación,
ó tiene esta hoja en sí alguna virtud de sustentar, lo cual parece
falso; pero los indios, si han de trabajar, y no traen un poco della en
la boca, ó han de caminar, luego se desmayan, y como la lleven, trabajan
y caminan todo el dia, si no es cuando se sientan á comer, que
brevemente cuncluyen.
Estos Andes donde se da es tierra calidísima, muy lluviosa, llena de mil
género de sabandijas ponzoñosas, que en las mismas chácaras se crian y
hacen no poco daño, y la picadura es irremediable, hasta agora, que de
pocos años se ha hallado el remedio, y es el más fácil del mundo y más
manual. Uno de los primeros que lo supo fuí yo, y lo enseñó un perro.
Pasó así: que andando á caza de perdices un soldado gentilhombre,
arcabuz, llamado Pedro Ruiz de Ahumada, á un perro suyo picóle una
víbora en el hocico; hinchósele la cabeza como una bota; viniéndose ya
tarde para su casa, que era en el campo, el perro veníase así tras de su
amo, pero en viendo un arroyo de agua que cerca de la casa corria, fuese
á toda furia para el agua; el amo, pensando que la rabia de la muerte lo
llevaba, paróse; vióle poner la cabeza en el agua; dejóle el amo por
muerto, pero ya que queria cenar, entra el perro sano y bueno y
halagando á su amo. Venido al pueblo, luego me lo dijo: esto era en la
ciudad de La Plata; sabido, escrebí á un religioso nuestro que residia
en una doctrina en un pueblo de indios cinco leguas de la ciudad, donde
se crian cantidad dellas, que hiciese la experiencia en dos perros;
hízola, y á uno echó en un estanque de agua, al otro dejóle fuera; el
que fué lanzado en el agua, al cabo de media hora que en ella estuvo
saltó el pretil, sacudióse y comenzó á retozar con otros perros; el que
no fué lanzado, dentro de pocas horas murió. De suerte que en picando la
víbora habemos de buscar el agua: si es corriente es mejor, si es
embalsada no es inconveniente, y poner el pie ó la mano en el agua, de
suerte que sobrepuje un jeme el agua á la picadura, y dejarlo estar allí
espacio de una hora, y no es necesario más cura.
Los indios han enseñado otra manera de curar, y es ésta: toman la víbora
que picó, y aunque sea otra no creo es inconveniente; córtanle tres ó
cuatro dedos de la cola y échanla á mal; luego de allí junto cortan
cantidad de tres dedos en ancho, quitan la piel, y tres veces en tres
dias continuos dan de comer aquella carne al herido; acuéstanlo y
abríganlo; suda, guarda dieta, y no es necesario más cura; desta suerte
curaron en una chácara dos leguas de la ciudad de La Plata á una ama
suya unos indios del Rio de Plata que con ella vinieron, y su marido é
yo propio se lo pregunté y me dijo que desta suerte la curaron no haria
dos meses.
Matar la víbora que picó (principalmente si es de las que llamamos y son
de cascabel, porque cuantos años tienen tantos cascabeles les nacen en
las colas, y cuando van deslizándose por el suelo van haciendo ruido
como si llevasen cascabeles), no es dificultoso, porque son torpes en
andar, en picar velocísimas; no la han pisado cuando vuelve á picar,
cuyos colmillos son más agudos que alesnas; helas visto grandes y
gruesas como un grueso brazo.
En el Brasil hay cantidad destas sabandijas, y como ya se comunican
aquellos dos reinos, es fácil saber lo que en ellos sucede; sucedió pues
así: que una víbora picó á un portugués en un pie y le pasó unas botas
de baqueta que llevaba calzadas; murió de la ponzoña de la víbora;
hízose almoneda de sus bienes; las botas comprólas otro portugués, y
calzándoselas murió; torna otro á comprarlas y cálzaselas; murió
tambien; viendo esto los médicos advierten que la causa de la muerte de
los dos fueron las botas rotas con la picadura ó diente de la víbora;
quemáronlas y no las compró más portugués alguno, y así cesó la muerte
dellos; la fe desto y crédito dése á los que lo refirieron; no lo vi,
oílo por cierto. Estos Andes del Cuzco son fértiles destas víboras, y de
culebras que llaman bobas; éstas son muy grandes y muy gruesas; no hacen
daño, sino es cuando, como dicen, andan en celos. Porque en aquellos
Andes sucedió lo que diré: tres soldados volvíanse á sus casas de las
chácaras de la Coca, á pie; no es tierra para caballos. El uno quedóse
un poco atrás á cierta necesidad corporal; acabada siguió su camino
solo, pues los compañeros iban un poco adelante; prosiguiéndolo, ve
atravesar una culebra destas que tienen de largo más de 16 pies y
gruesas más que la pantorrilla de un hombre, silbando, y otra culebra en
pos della, de la misma calidad; la postrera, viendo á nuestro soldado,
cíñele todo el cuerpo, y la boca encaminaba á la garganta; el pobre que
se vió ceñido y la boca de la culebra cerca de su garganta, con ambas
manos afierra de la garganta de la culebra con cuanta fuerza pudo, no
dejándola llegar á su garganta; la culebra, sintiéndose apretada de las
manos del soldado, apretábale con lo restante de su cuerpo
fortísimamente, de suerte que le hizo reventar sangre por la boca, ojos,
narices y orejas; el pobre, viéndose de aquella suerte, gemia; no podía
gritar, sino bramar.
Los compañeros, pareciéndoles tardaba, pararon un poco, oyendo los
bramidos; vuelven corriendo en busca de su compañero, halláronle de la
suerte que le habemos pintado. Uno sacó una daga que traía en la cinta y
metiéndola entre el sayo y la culebra la cortó; luego aflojó la culebra
hechas dos partes, y acabáronla de matar. El soldado quedó como muerto;
lleváronle y albergáronle; volviósele la color del rostro y cuerpo
amarilla como cera; vínose al Cuzco, y dentro de tres meses murió. Oí
esto á hombres que le conocieron.
Era este soldado vizcaíno; otro por ventura no tuviera tanto ánimo á
echar mano á la culebra de la garganta con ambas manos.
En estos Andes no hay indios naturales; llevan, para el beneficio de la
coca, del distrito del Cuzco, indios bien contra su voluntad, porque es
llevarlos á la casa de la muerte, como dijimos tractando del valle de
Andaguaylas y su menoscabo.
Religiosos nuestros lo han contradicho y predicado contra ello, viendo
la diminucion de los naturales que allá entran; pero como es interés de
diezmos y de otros particulares, creo hallan aun entre otros religiosos
valedores. Vase disminuyendo esta contractacion, porque los indios ya
más quieren pan y vino que coca.
La tierra es muy contraria á la salud de los pobres indios y aun á la
de los españoles, sino que á nosotros no nos da la enfermedad de las
narices como á los indios; es tierra llena de montaña calurosísima, como
habemos dicho, y abundantísima de lluvias. Pero el interés la hace
habitable por más indios que en ella perezcan, lo cual debian considerar
y aun remediar los que nos gobiernan.
CAPITULO LXXXII
PROSÍGUESE EL CAMINO DEL CUZCO Á VILCANOTA
Volviendo, pues, al camino Real, y pasando del llano do fué la batalla
de las Salinas, va corriendo el valle del Cuzco, ensanchándose un poco
más; si le queremos prolongar hasta la rinconada llamada Mohina, terná
de largo poco menos de cinco leguas, por medio del cual, el rio los
Ingas llevaban acanalado, de suerte que no declinaba á una parte ni á
otra; agora, por el descuido de los nuestros, con mediana avenida aniega
la mayor parte del valle á mano derecha y siniestra, como lo he visto y
pasado con no poco riesgo, compelido por la obediencia, con la cual en
medio del ivierno caminaba. Fenecido este valle, diez leguas más
adelante llegamos al pueblo é valle de Quiquejana; la mitad del pueblo
fundado de la una parte del rio, la otra mitad de la otra; es rio grande
y pocas veces se vadea, de gruesa agua; pásase por puente de criznejas,
sin riesgo alguno. Luego proseguimos nuestro camino para el Collao el
rio arriba, pasando por muchos pueblos de indios que á la mano
izquierda dél hay poblados; á la derecha uno solo, ó cuando mucho dos,
hasta llegar á su nacimiento, que es una laguna llamada Vilcanota, que
se hace de nieves que corren de un cerro alto é nevado, antes de la cual
hay unos baños de agua caliente, que de lejos no parece sino que hay
allí cantidad de fuegos; tanto es el vapor como humo que de los
manantiales sale, y tan caliente el agua, que no se puede poner la mano
en ella; hierve á borbotones, y en muchas partes; confieso que la
primera vez que vi tanto humo imaginé habia allí muchos indios y fuego;
es lugar muy frio. Esta agua, si es de piedra azufre, es singularísimo
remedio para el mal de ijada é piedra; bebiéndola callente cuanto se
pudiere sufrir, deshace la piedra de los riñones y límpialos: es
experiencia hecha, y si se trae y se vuelve fria hase de callentar y
beberla caliente como está dicho, y tiene el mismo efecto: ya se puede
decir que de historiador me he vuelto médico; no es inconveniente
tractar en historia, ó descripción de tierras, las cosas provechosas que
en ella se hallan para la salud de los hombres.
Volviendo á nuestra laguna Vilcanota, que terná en torno, ó será tan
grande como seis cuadras, es digno de encomendar á la memoria lo que en
ella hay.
Este asiento es muy alto y muy frio; la laguna y camino Real entre dos
cordilleras nevadas. Vierte á dos partes; el un desaguadero á la mar del
Norte, que es el principio deste rio grande de Quiquejana, el cual
juntándose con el de Apurimac, Amancay, Vilcas, Jauja y otros, hace el
famoso rio del Marañon, que dijimos desembocar en la mar del Norte con
ochenta leguas de boca. La otra vertiente ó desaguadero hace el rio que
llamamos de Chungara y Ayaviri, que entra en la laguna de Chucuito, y
ésta desagua por una parte, como diremos, á la mar del Sur.
Un poco más adelante, como media legua, vemos una pared de piedra de
mampuesto que corre desde la nieve del un cerro al otro atravesando el
camino Real. Esta pared dicen los viejos se hizo por órden y concierto
de paz entre los Ingas y los indios del Callao, los cuales trayendo
guerras muy reñidas entre sí, vinieron en este medio: que se hiciese
esta pared en el lugar dicho, de un estado de un hombre, no muy ancha,
la cual sirviese como de muralla para que ni los Ingas pasasen á
conquistar el Collao ni los Collas al Cuzco; rompieron por su mal los
Collas las paces y quisieron conquistar á los Ingas, mas los Ingas
revolviendo sobre ellos los conquistaron y no pararon hasta Chile. Esta
pared se ve el dia de hoy descender desde la nieve del un cerro, y
atravesando el valle y camino Real sube hasta la nieve del otro.
CAPITULO LXXXIII
PROSIGUE EL CAMINO AL COLLAO
Puestos en este paraje[30] de Vilcanota luego comenzamos á bajar (aunque
la bajada no es agra, que casi no se siente) hasta el tambo de Chungara,
donde en todo el valle se apacienta copia de ganado vacuno, y á la mano
derecha no poco ovejuno y ganado de la tierra. Este tambo es muy frio, y
desde aquí á la provincia de los Charcas ya no se da maíz, sino papas y
quinua, y ha de ser muy buen año, porque si los yelos se anticipan las
papas corren riesgo; la quinoa mejor lo sufre. De aquí vamos al primer
pueblo del Collao, llamado Ayavire, asaz ventoso y frio, pueblo grande y
rico de ganado de la tierra, como lo son los demás desta provincia de
Ayaviri. Siete leguas adelante llegamos al pueblo llamado Pucará,
tambien pueblo grande, famoso porque aquí se desbarató el tirano
Francisco Hernandes Giron; cególe Nuestro Señor, como andaba en
deservicio suyo y de su Rey, porque si se tuviera diez dias más, que no
saliera del sitio y fuerte donde estaba, siendo señor de las comidas y
teniendo agua y leña, no se les podía quitar, y el sitio suyo
inexpugnable, y servicio de los indios, que le obedecian por ser de su
encomienda; era imposible el real del Rey sustentarse, habiase de
deshacer por falta de mantenimientos. Salió una noche á dar en el campo
de Su Majestad, pero avisado por un soldado que aquella noche se vino al
servicio de su Rey, levantóse el campo de donde estaba, dejando las
tiendas armadas, y púsose en escuadron en una hoya donde el tirano no le
pudo ver; llegó á las tiendas, desbaratóse en ellas, y viéndose
desbaratado, recogióse con hasta 160 soldados descontentos, y á pie y
por tierra fragosa y frigidísima tomó la vuelta de Quito; pero llegando
al valle de Jauja, ó poco más adelante, salieron á él dos capitanes de
la ciudad de Guánuco y lo prendieron, y á los pocos que con él iban,
como dejamos dicho tractando del valle de Jauja; los demás ya se le
habian quedado cansados y sin armas; trujéronle á la ciudad de Los
Reyes, donde como á tirano y traidor á la Corona Real, le cortaron la
cabeza y la pusieron en el rollo en medio de la plaza en una jaula de
hierro á vista de todo el pueblo, con su letrero que decia: esta es la
cabeza del tirano Francisco Hernandez.
[30] En el ms., _pareje_.
CAPITULO LXXXIV
DE LA LAGUNA DE CHUCUITO