En este valle y pueblo (creo gobernando don Francisco de Toledo) andaba

un hereje luterano, extranjero, en hábito de pobre y sustentábase de

limosnas que como á pobre le hacian, y en este estado vivió tres ú

cuatro años, que sin duda debia esperar algunos otros de su secta, y

como se tardaron, un dia de fiesta, estando la iglesia llena de gente

oyendo misa, el impio luterano arriba, junto á la peana del altar mayor

donde el cura decia misa, así como el sacerdote consagró la hostia y la

levantó para que el pueblo, consagrada, la adorase, se levantó, y con un

ánimo endemoniado la quitó con sus manos sacrílegas de las manos del

sacerdote y la hizo pedazos; echando mano á un cuchillo carnicero que

tenia escondido, creo hirió livianamente al sacerdote; el pueblo, viendo

esta maldad sacrílega, admirado, los que se hallaron más cerca se

levantaron, las espadas desnudas, y llegando al luterano le dieron de

estocadas y mataron, sin advertir que fuera muy mejor cogerle vivo á

manos y echalle en una cárcel á muy buen recaudo y dar aviso á los

inquisidores que residen en la ciudad de Los Reyes, para que supieran

dél qué fué la causa de su hecho endemoniado y si por ventura habia

otros como él en el reino; empero en semejante caso ¿qué católico puede

tener reportacion?

Otras 25 leguas adelante entramos en el valle, muy espacioso y

abundante, llamado Tumipampa, donde ningunos naturales dejó el Inga,

porque cuando iba conquistando estos reinos, llegando aquí le hicieron

mucha resistencia; pero, vencidos, á los que dejó con la vida, que

fueron pocos, los trasportó por acá arriba. En el valle de Jauja, que

dista deste mas de 300 leguas, puso algunos pocos, descendientes[28]

destos; llámanse Cañares, y este valle está casi en medio de la

provincia. Corren por él dos ríos en tiempo de aguas, grandes, y no

distando mucho el uno del otro; en el uno se crian peces, en el otro

ninguno.

Antes de llegar á este valle, una jornada ó dos, vivia, con un apacible

asiento, el señor desta provincia de los Cañares, en su pueblo formado,

el cual, cuando Guainacapac, que fué el más poderoso señor destos reinos

y penúltimo dél, conquistaba la tierra, llegando aquí los Cañares le

vencieron en batalla campal y prendieron, é preso lo pusieron en un pozo

poco hondo; yo he visto el lugar; de donde, sacándole una mujer suya con

una faja que las indias se ceñian, llamada chumbi, de noche, los

Cañares, borrachos, le puso en libertad; volvió á rehacerse y vino con

tan poderoso ejército sobre esta provincia, que, no se hallando los

Cañares poderosos para resistirle, le inviaron 15.000 niños con ramos en

las manos, pidiendo paz; el cual á todos los mandó matar, y haciendo

grandes crueldades y muertes á los Cañares despobló este valle

Tumipampa, y al pueblo del gran señor de los Cañares, que era el

principal, donde le tuvieron preso, le dejó con tan pocos indios, que,

agora 43 años, no eran ochocientos los vecinos, y al presente tienen

muchos menos.

Son estos Cañares hombres muy belicosos y muy gentiles hombres, bien

proporcionados, y lo mismo las mujeres; los rostros aguileños y blancos;

son muy temidos de todos los indios del Perú, y grandes enemigos de los

Ingas; sucedió así: que cuando se alzó toda la tierra contra los

españoles, á pocos años despues de conquistada, y muerto el señor della,

Atabalipa, tuvieron los indios serranos y Ingas cercada la ciudad de Los

Reyes, y en no poco estrecho, y en el valle de Jauja mataron más de

treinta españoles, y en otras partes los que podian haber, y al Cuzco

tambien cercaron: un vecino, de Quito (conocílo), llamado el capitan

Sandoval, encomendero, si no de toda esta provincia, de la mayor parte

della, sabiendo el aprieto en que estaban los nuestros, juntó cuatro ó

cinco mil indios Cañares y vino en favor de los españoles. Púsose en

camino con ellos, y prosiguiéndolo, sabido por los indios cercadores que

venian los Cañares contra ellos, alzaron el cerco, y los cercados,

saliendo contra ellos, les hicieron volver á sus tierras, y desde

entonces hasta hoy no se han atrevido á se rebelar, aunque lo han

procurado.

El dia de hoy, donde hay fuera de sus tierras Cañares, las justicias se

sirven dellos así para prender indios fugitivos como españoles

facinorosos; sácanlos de rastro, aunque se metan en el vientre (como

dicen) de la ballena.

En este valle Tumipampa comenzaron á hacer sus estancias algunos

españoles de todo género de ganado, el cual ha crecido y multiplicádose

tanto, que él solo es poderoso á dar carnes á todo el Perú, lo cual he

visto; se fundó en él un pueblo de españoles, y bueno, rico destos

ganados, donde muchos millares de novillos se sacan y vienen á Los Reyes

para el sustento desta ciudad; pues la abundancia de ganado ovejuno,

porcuno y caballuno parece no tener número, y los caballos é yeguas

valen tan poco, que se compran á cuatro ó cinco pesos, escogidos, que

son á 32 ó 40 reales; llámase la ciudad Cuenca; el temple es bueno,

donde se dan las fructas nuestras, si no son uvas. Sustenta tres

conventos, no de muchos frailes: Santo Domingo, San Francisco y San

Augustín, habrá que se fundó treinta años.

[28] En el ms., _desendientes_.

CAPITULO LXXII

DE LA CIUDAD LLAMADA LOJA

Prosiguiendo el camino adelante, del Inga, á 35 ó 40 leguas entramos en

el valle donde la ciudad de Loja se fundó, llamado en la lengua del Inga

Cusipampa, que es tanto como decir: valle de placer, y así lo es

realmente; es alegrísimo, de grata arboleda, por medio del cual corre un

rio de saludable agua; casi en todo el año se siembra y cógese el trigo

y maíz: uno en un mismo tiempo está en berza, otro se riega; en otras

partes aran para sembrar; no es muy ancho el valle, pero bastante para

sustentar la ciudad, que no es muy pequeña; tiene muchos indios de

encomienda, la comarca fértil é más templada que la de Quito, y más

lluviosa; en su distrito caen las minas de oro que llaman de Caruma;

sustenta tres monasterios de las Ordenes mendicantes, aunque no de

muchos religiosos; el nuestro es el más antiguo.

Desta ciudad, declinando al Oriente la tierra adentro, se camina á la

ciudad de Zamora, y gobernacion que llamamos de Salinas, donde hay tres

ó cuatro pueblos de españoles, algunos dellos ricos de oro;

particularmente lo fué, y agora no le falta á Zamora, en cuyas minas se

hallaron dos granos, uno que pesaba 1.600 pesos, y otro la mitad, 800.

Para ir á esta gobernacion se pasan uno ó dos páramos despoblados y muy

frios; los cuales pasados, lo demás es tierra muy cálida, montuosa y de

muchas aguas del cielo, llena de sabandijas ponzoñosas.

A esta provincia no he visto, por eso trato brevemente della.

CAPITULO LXXIII

DE LA PROVINCIA DE CAJAMARCA

Saliendo desta ciudad y valle por el camino real del Inga, de la Sierra,

hasta llegar á la provincia de Cajamarca, no sé las leguas que hay, ni

las particularidades del camino; no lo he visto; la ciudad de Loja si

vi, porque viniendo de Quito para la ciudad de Los Reyes, desde la de

Loja bajamos á Tumbez, por un camino, mejor diré sin camino, íbamoslo

abriendo; haria dieciseis años no se caminaba por él, y desde entonces

no se ha caminado, ni bajado á Tumbez otra vez, y porque á nuestro

intento hace poco, no tractaré dél. Lo que he oido desta ciudad á

Cajamarca, que quiere decir tierra ó provincia de espinas ó cardones

espinosos, es que por la mayor parte el camino es áspero, de muchas

piedras, cuestas y de algunos despoblados, hasta llegar á esta

provincia, donde fué preso Atabalipa, señor de todos estos larguísimos

reinos, desde Pasto, 40 leguas más abajo de Quito, hasta la ciudad de

Santiago de Chile y _aún_ 18 leguas más adelante y todo el reino de

Tucumán; en esta provincia se enseña (no lo he visto) el lienzo ancho y

largo de pared con quien dieron los indios del ejército de Atabalipa en

el suelo, huyendo de un caballo y caballero, empujándose los unos á los

otros.

Es bien poblada esta provincia de indios y abundante de todo

mantenimiento, porque aunque es por la mayor parte fria, tiene algunos

valles templados donde se coge mucho maíz y trigo, y en los altos,

abundante de papas, que son como turmas de tierra, empero, de mejor

nutrimiento. Los padres de San Francisco la han doctrinado desde el

principio y la doctrinan con mucho ejemplo de cristiandad y religion.

CAPITULO LXXIV

DE LA CIUDAD DE CHACHAPOYAS

A las espaldas de Cajamarca, la tierra adentro, caminando hácia el

Oriente, se fundó la ciudad llamada comunmente Chachapoyas, á los

principios rica de oro y poblada de gente más bien dispuesta que la del

Perú, más gallarda y de mejor dispusicion, pero grandes ladrones. Es

region más cálida que fria, los valles son cálidos, lluviosos y con

abundancia de víboras y otros animales sucios y ponzoñosos; oí decir á

un portugués que habia residido en el Brasil y sabia un poco de la

lengua de aquella tierra, que viviendo en un valle destos salieron allí

unos indios, y conociéndoles por el traje, y pareciéndole eran del

Brasil, les habló en la lengua de aquella tierra, y le respondiendo en

ella, preguntándoles de dónde eran y venian, le dijeron ser del Brasil y

que acaso se habian entrado la tierra adentro huyendo de sus enemigos, y

habian aportado allí no siguiendo camino, sino do la ventura les guiaba,

que yo seguro anduvieron más de 900 leguas y pasaron rios muy

caudalosos, á los cuales no temen por ser grandes nadadores. En la

provincia de Bracamoros, que está más hacia el Norte, se fundó otra

ciudad llamada Jaen; no tiene mucho nombre, porque no es más que

abundante de comida: es el paraíso de Mahoma; tiene las calidades la

tierra que la de los Chachapoyas.

CAPITULO LXXV

DE LA CIUDAD [DE] GUÁNUCO

Volviendo, pues, á nuestro camino por la sierra adelante desde

Cajamarca, dejándolo á mano derecha llegamos á la ciudad de Guánuco,

nombrada de los Caballeros porque se pobló de hombres muy nobles.

Esta ciudad tiene buena comarca, y muchos indios de repartimiento; no la

he visto, pero sé lo que voy diciendo por relacion y tracto de los que

en ella han vivido; es fértil y abundante. En el mismo pueblo se da todo

el año higos, naranjas, limas, unos están recién nacidos, otros un poco

más gruesos, otros maduros; danse muy bien membrillos y manzanas con las

frutas de la tierra. Es el temple ni caluroso ni frio, y más declina al

calor. Es abundante de muchas carnes, á causa de tener en su distrito

muy buenos pastos. Los edificios buenos; de medio dia para abajo, en el

verano, son tan recios los vientos, que no se puede andar por las

calles.

Sustenta monasterios de todas Ordenes bastantemente, no de muchos

frayles. El que más tiene hasta doce. De aquí salieron el capitan Serna

y Juan Tello, los cuales teniendo rendido á Francisco Hernandez Giron,

que fué tirano, llegó el capitan Juan de la Serna, echóle mano y

prendióle y llevóse la honra de la prision; con lo cual se acabó aquella

rebelion, y desde entonces acá, que han pasado más de 42 años, no ha

sucedido otra ni se espera sucederá, si Nuestro Señor por nuestros

pecados no nos quiere castigar, porque las cosas ya están tan bien

asentadas, y tanta justicia en el reino, que los españoles no quieren

sino ganar de comer. Saliendo desta ciudad y volviendo al camino real, á

30 leguas andadas entramos en el valle de Jauja, donde al presente

escribimos este breve compendio, uno de los mejores y más poblados deste

Reino; es abundantísimo de trigo, maíz y otros mantenimientos de la

tierra, y carnes. Pasa por medio dél un rio grande y caudaloso al tiempo

de las aguas, pero el más desaprovechado del mundo, porque no se puede

sacar dél una sola acequia para regar los sembrados; lleva pescado y

bueno; susténtanse en él trece pueblos de indios, los siete por la una

banda y los seis por la otra, poblados con sus cuadras, las iglesias de

adobes y tejas, adornadas de razonables ornamentos. Vanse diminuyendo

estos indios, á lo menos los varones, por estar tan cerca de

Guancavilca; la causa diré en el capítulo siguiente. Cásanse en algunos

pueblos pocas indias solteras, en particular en el que agora resido

doctrinándolos, llamado Chongos, porque dicen que si, casados, los

maridos las han de tractar mal, como lo hacen estando borrachos, que más

quieren su libertad y buen tractamiento, y es así, que como para los

indios varones no hay castigo por las borracheras, ni por estos malos

tractamientos, que á veces llegan á matar las mujeres, como soy testigo,

no hay de qué maravillarnos. Tiene de largo este valle nueve leguas

tiradas, y por lo más ancho dos; es falto de leña, que si la tuviera ya

se hobiera poblado en él un pueblo de españoles; es templado, aunque no

sufre naranjos ni limones; danse algunos membrillos y duraznos, y de las

legumbres nuestras algunas.

CAPITULO LXXVI

DE LA VILLA DE OROPESA, LLAMADA POR OTRO NOMBRE GUANCAVILCA

Cuatro jornadas deste valle, no muy grandes, se descubrieron, creo en

tiempo que gobernaba el Marqués de Cañete, de buena memoria, ó al fin de

su gobierno y principio del Conde de Nieva, las minas que llaman del

azogue, en un valle llamado Guancavilca, asaz fria, porque está en medio

de la cordillera de las Sierras Nevadas que atraviesan todo este reino

de Perú y Chile, hasta el estrecho de Magallanes, á donde se pobló un

pueblo de españoles gobernando don Francisco de Toledo, por cuyo

respecto se nombró Oropesa, con título de villa. Descubrieron estas

minas unos indios de la encomienda de Amador de Cabrera, vecino de

Guamanga, en cuyo distrito[29] se hallaron, de donde sacó y se vió

prosperísimo en riqueza; no murió con tanta, y su mujer y hijos agora

padecen necesidad. Al principio repartióse el cerro en minas á hombres

particulares, como si fueran minas de plata; ellos las labraban pagando

su quinto al Rey; despues acá, Su Majestad, y justísimamente, las quitó

y aplicó para sí; sólo dejó con propiedad de su mina al descubridor,

Amador de Cabrera, y á sus herederos.

Arrienda estas minas Su Majestad á cierto número de españoles, con

condicion que todo el azogue que sacaren lo metan en el almacen, y Su

Majestad les paga el quintal á quarenta pesos ensayados; Su Majestad les

reparte indios de los comarcanos, pagándoles su trabajo los arrendadores

conforme á lo que el Virrey señala. Este cerro de azogue ha sido la vida

deste Perú, porque si no se hobiera descubierto, fuera el más pobre y

más costoso del mundo. Con los azogues ha revivido, porque toda la plata

que en Potosí y en Porco se saca, como tractando dellos diremos, es por

azogue y con azogue. Los que comenzaron á labrar el azogue fueran

poderosísimos de plata si tuvieran juicio para guardar y gastar;

faltóles, y el dia de hoy están alcanzadísimos, porque como el azogue

se va en humo, así sus riquezas se han resuelto en él. Que haya uno solo

que se entienda está rico, aunque lo disimula, no es contra lo que

decimos, porque una golondrina no hace verano. Solíase labrar el cerro,

como dicen, á tajo abierto, y labrándolo así no era dañoso á la salud de

los que entraban á labrar y quebrar el metal; de pocos años á esta

parte, no creo son ocho, labran por socavon, lo cual es la total

destruicion de los miserables indios; que á labrar en tierra, al socavon

no le hicieron respiraderos para que por ellos el humo ó polvillo del

metal exhalase; todo aquel humo entrase por la boca, ojos, narices y

orejas de los indios, el polvo del azogue es azogue y el humo del azogue

es azogue; salen los pobres azogados, no los curan; luego viénense á sus

tierras así enfermos; ninguno escapa que venga enfermo de Guancavilca;

viven seis y ocho meses y un año y año y medio, con gran apretamiento de

pecho, y así enferman y acaban la vida.

Esta es la causa de la diminucion destos naturales y de los que se

habian de multiplicar dellos; yo confieso verdad, que en dos años que

vivo en este pueblo _de_ Chongos, los más que _llevo_ enterrados son

deste azogue. Avisamos dello, no creo se nos da crédito, y lo que es

deste valle es de los demás que de más cerca y lejos van á trabajar á

las minas, y desto son testigos tambien los repartimientos de Guamanga,

y en particular el del primer descubridor, era uno de los buenos del

reino, del Cuzco para abajo; agora está menoscabadísimo. Que si al

socavon hobieran hecho sus respiraderos, ó se labraran las minas como

antes, no padecian este detrimento la vida de los naturales, lo cual

viendo los miserables huyen por no ir á Guancavilca, como es justo se

huya de la muerte.

No se puede dejar de creer, sino que si Su Majestad deste menoscabo de

sus vasallos fuese informado, que mandaria, ó cesar la labor, ó que se

labrase como antes, porque el rey sin vasallos es como cabeza sin

miembros, sin pies, sin manos, sin ojos, etc., y quien tanto cela el

bien destos pobres, con tanto amor y cristiandad, no es posible no lo

mandase remediar, y aun castigaria á quien no lo pusiese luego en

ejecucion.

[29] Tachado: _salieron_.

CAPITULO LXXVII

DEL ASIENTO DE MINAS CHOCLOCOC[H]A, POR OTRO NOMBRE CASTROVIRREINA

Quince leguas, declinando á los Llanos, deste cerro Guancavilca dista un

cerro de minas llamado Choclococha, al pie del cual, porque se descubrió

y pobló gobernando el marqués de Cañete, don García de Mendoza, por ser

casado con la ilustrísima Sra. Doña Teresa de Castro, que á estos reinos

trujo consigo, le pusieron por nombre Castrovirreina, asiento

frigidísimo más que Potosí; no es tan rico con mucho.

Este cerro tambien ha consumido parte de los indios que se repartieron

para la labor de las minas; porque aunque la labor de las minas de

plata no consuma la vida como la del azogue, porque los indios

repartidos vienen por tierras frigidísimas, y aquel asiento lo es, y

primero que hicieron casas donde guarecerse de las nieves y aguas del

cielo, el temple desabridísimo y malo los hacia enfermar y morir como

han muerto muchos; ya esto ha cesado con el reparo de las casas.

CAPITULO LXXVIII

DE LA CIUDAD [DE] GUAMANGA

Volviendo al camino real (es necesario hacer estas digresiones por no

volver á ellas) desde Jauja á la ciudad de Guamanga ponen 36 leguas, no

de muy buen camino, en el cual no hay pueblo ninguno de indios, sino

cinco tambos con servicio de naturales para los pasajeros, donde se

halla recado de pan, vino, maíz y carnero, y caballos de alquiler de

jornada en jornada, como ya casi en todos los tambos, que son ventas,

desde Quito á Potosí, y aun más adelante. Cinco leguas antes de llegar á

esta ciudad entramos en el valle llamado Assangaro, donde casi todo el

año hay uvas para vender, respecto de tener allí cerca una viña de un

vecino de Guamanga, de donde se proveen, y á una legua, poco más, hay un

ingenio de azúcar deste mismo vecino, y muy bueno. Dos leguas más

adelante de Assangaro es el valle llamado Viñaca, en el cual hay algunas

viñas muy buenas que dan buen vino, y parece adivinaron los indios

llamándolo así Viñaca, por lo que en él se ha plantado de viñas; es

caliente mucho, aunque á su tiempo hiela, no mucho, y el rio arriba á

mano izquierda, por una parte y otra del rio, se han plantado y plantan

viñas.

La ciudad de Guamanga es de buenos edificios y son los mejores del

reino; particularmente las portadas de las casas son muy buenas, de

piedra, que la tienen junto al pueblo y la sacan cuan grande quieren, y

la cal no está lejos; los monasterios, que son tres, Santo Domingo, San

Francisco, La Merced; las tienen buenas, donde en cada convento se

sustentan de ocho á diez religiosos; es falta de agua, porque es falta

de rio; empero tiene una muy buena fuente en medio de la plaza y de muy

buena agua.

Cuando los conquistadores vivian era pueblo muy rico; agora no lo es

tanto por haber quedado en poder de nacidos en ella. La comarca es muy

buena y abundante de mucho ganado de toda suerte, y no menos de pan y

demás mantenimientos, así nuestros como de los que habia en la tierra.

El temple es el mejor de los que yo he visto de Quito á Chile; llueve

poco; tiene su alguacil, que son pedriscos á la entrada de las aguas, y

aun algunos rayos.

Habia en este pueblo la mejor casta de caballos del reino; ya se ha

perdido por la negligencia de los que con ellos quedaron. No sé yo si en

lo descubierto se hallará mejor temple ni más sano para fundar una

Universidad, porque ni el calor ni el frio impide en todo el año que no

se pueda estudiar á todas horas. Yo tuve casi concertado con un hijo de

un vecino, hombre principal, fundase con su hacienda en nuestra casa un

colegio con que ennobleciese su ciudad; sacóme la obediencia para este

asiento y quedóse. Fuera obra heróica y de gran provecho para todo el

reino, la ciudad se augmentara y de todo el reino acudieran á oir

Teología, porque los nacidos en la sierra corren mucho riesgo de su

salud en Los Reyes. Por maravilla alcanza aquí temblor de tierra, y

cuando llega viene tan cansado, que casi no se siente; la comarca es

rica de todo género de minerales, por una parte y por otra.

Edificó aquí un vecino desta ciudad, llamado Sancho de Ure, gran

cristiano y no menos su mujer y casa, cuyo nombre corresponde con los

hechos, porque Sancho es ó quiere decir Santo; edificó, digo, un

convento de monjas de Santa Clara á su costa, con una iglesia, la

capilla mayor de bóveda, el cuerpo de la iglesia bueno, y es el mejor

del pueblo; déjoles renta bastante, la cual con las que han entrado se

ha augmentado y crecido. Puso en él cuatro hijas, que todas profesaron;

las tres viven hoy, religiosas muy principales y de mucha cristiandad y

gobierno. El fundador no tenia mucha renta de indios, aunque tenia

haciendas; oí decir en aquella ciudad que mientras edificaba el convento

le proveyó Nuestro Señor en una mina que labraba bastante plata para el

edificio, el cual acabado cesó la veta, y aun las demás del cerro,

porque el dia de hoy nadie labra en él.

Fué dichoso este fundador en hijos, porque tuvo muchos, once: los seis

varones, las cinco mujeres; de los varones los cuatro son religiosos de

la Orden del Seráfico San Francisco; los tres muy buenos predicadores,

así para españoles como para indios, que todos cuatro viven hoy con gran

ejemplo de cristiandad y virtud, á quien la Orden les ha encomendado

oficios honrosos y han dado muy buena cuenta dellos.

Al fundador deste convento le dió Nuestro Señor una muerte cual fué su

vida, porque demás de la obra famosa deste monasterio, era hombre de

mucha oracion y diciplina, y en esto su mujer le era bonísima compañera,

la cual, aunque le vió espirar, no hizo los extremos ni tragedias que

otras suelen hacer, sino con el semblante alegre ella propia le

amortajó, puso en el ataud, y en su casa aquel dia no se vieron lágrimas

ni voces, sino un silencio, una tristeza subjecta á la razon y muchas

gracias á Nuestro Señor y conformidad con su voluntad, y si lágrimas

hobo, fueron piadosas y cristianas; murió esta señora como vivió, con

gran satisfacion de su vida.

CAPITULO LXXIX

DEL RIO Y CAMINOS DE GUAMANGA AL CUZCO

De la ciudad de Guamanga dista la del Cuzco sesenta leguas, si no son

70, divididas en doce jornadas; el camino es malo y destemplado, porque

en algunas jornadas hay dos temples diferentes; salimos de uno templado

y llegamos á dormir á donde hace un frio incomportable, como saliendo

de Guamanga y parando en los Tambillos de Illaguaci; otras veces

salíamos de lugares frios y á tres leguas bajábamos á hornos encendidos,

valles calidísimos, y luego subíamos á temple frio, cual es la jornada

de Villcas á Uramarca, y desta suerte es casi todo el camino. En esta

distancia encontramos con tres rios muy grandes en valles calidísimos:

el primero es el de Villcas, á 16 leguas de Guamanga; en tiempo de

aguas, poderoso, pásase por puente de creznejas; en tiempo de seca se

vadea, y esto como deja el vado, unas veces lo deja pedregoso, otras no

con tantas piedras, y cada año muda el vado, no se puede hacer en él

puente de cal y canto por no haber cómodo para ello. El agua es gruesa y

cálida como las demás de Guamanga al Cuzco, que lo quel (_sic_) arroyo

es de buena agua.

Descripción colonial, libro primero (1/2) · 第 10 / 19 段