angosta que se recogen los marineros los remos de una parte y otra por
que no se hagan pedazos con las peñas, hasta que se abre un poco más, y
así llegan á tierra ó salen á lo ancho; pero en cualquier tiempo es
peligroso entrar ó salir della si los marineros no bogan con mucha
fuerza. Tiénese este cuidado en comenzando á entrar en lo peligroso: que
viendo venir la ola de tumbo, antes que quiebre se dan mucha priesa á
bogar, porque la ola no quiebre en el batel, porque si en él quiebra, lo
aniega y se pierde sin remedio. Conocí en este puerto un hombre
extranjero, residente en él, el cual tenia ya tanta experiencia y
conocimiento cuándo se podia desembarcar y venir á tierra, que en
surgiendo el navio levantaba una banderilla blanca, y si no, los
marineros no venian hasta verla. Empero en cualquier tiempo, como sean
aguas vivas, por tres dias antes y tres despues es muy peligroso
desembarcar. Tiene este asiento poca agua; una fuentecilla hay en él,
que para deshacer la piedra de los riñones es muy aprobada. Es combatido
de muchos temblores de tierra, y lo que más admira, que la mar tambien
tiembla.
CAPITULO LXVI
DE LA CIUDAD DE AREQUIPA
Volviendo á la ciudad de Arequipa, es del mejor temple deste reino, por
estar fundada á la falda de la sierra, de buen cielo, aunque un poco
seco; dentro del pueblo se dan muchas uvas, y todas las frutas nuestras,
en particular peras no mayores que cermeñas; son malsanas; en conserva
son buenas: El agua del rio es malsana por ser crudia; deciende de la
tierra, y pasa por lugares salitrosos. Fundóse al pie de un volcan
llamado de Arequipa, á cuya causa, y por ser la tierra cavernosa, es
combatida por frecuentes terremotos, y tantos, que acaesce tres ó cuatro
veces temblar al dia, otras tantas á la noche, unas veces con más
violencia que otras. Los años pasados, gobernando don Francisco de
Toledo, sucedió uno, y tal que arruinó toda la ciudad; á nuestro
convento echó todo por el suelo, sin quedar celda donde se pudiese
vivir, ni donde poder decir misa; las casas que no cayeron quedaron
peores que si totalmente dieran consigo en el suelo. Hase tornado á
edificar, aunque mal; es faltísimo de madera para edificios.
Cuotidianamente la puesta del Sol es muy apacible por la diversidad de
arreboles en los celajes á la parte del Poniente. Comiénzanse á plantar
olivares, y son bonísimas las aceitunas; es abundante de pan, vino y
carnes y demás mantenimientos, y todo de riego; llueve poco y no con
mucha tempestad.
Los indios deste asiento, que son en cantidad, usan del trébol en lugar
de estiércol, con lo cual los maices crecen y multiplican mucho;
siémbranlo de propósito, y maduro lo cogen y entierran en la tierra que
han de sembrar; fertilízala mucho, en lo cual nosotros no habemos
advertido, y la razon lo dice: porque el trébol es calidísimo; y antes,
aunque sus chácaras estercolaban con otras cosas, no eran tan fértiles;
críanse gran cantidad de pájaros dañosísimos al trigo ya granado; el
enemigo es muchos muchachos con voces y hondas ojearlos, y no aprovecha
tanto como quisiéramos. Porque no haya cosa sin alguacil, si no fuera
tan combatida de temblores hobiera crecido mucho. Sustenta cinco
conventos: Santo Domingo, San Francisco, San Augustin, la Merced; los
Teatinos, que aunque llegaron tarde, tienen el mejor puesto. Los vecinos
viejos eran ricos; sus hijos son pobres, porque no siguen la prudencia
de sus padres, y los nietos de los conquistadores y vecinos serán
paupérrimos. El año de 604 otro temblor lo destruyó; el mismo que á
Camaná.
CAPITULO LXVII
DEL PUERTO ARICA
Desde esta ciudad al puerto, ó por mejor decir playa de Arica, hay más
de cuarenta leguas, en el camino de las cuales hay algunos valles
angostos, donde se dan las cosas que en los demás, pero no en tanta
abundancia, por ser estrechos; viven en ellos algunos españoles que allí
tienen sus haciendas, donde como mejor pueden pasan su trabajo. La Playa
de Arica es muy grande y muy conocida por un morro (así lo llaman los
marineros) blanco, que desde muchas leguas en la mar se parece. Es
blanco por respeto de los muchos pájaros que en él vienen á dormir, cuyo
estiércol le ha vuelto tal. Es valle muy angosto, y de poca agua, y no
muy buena. En la misma playa, junto al cerro, cuando es baja mar, y baja
poco, se muestran dos ó tres manantiales de agua dulce y buena, y en
creciendo la mar los cubre; han sido para poco los corregidores en no
haber hecho cavar y limpiar un poco más arriba á donde la marea no
llega: hobieran descubierto aquellas fuentes y tuviera el pueblo buen
agua. Desta playa hizo don Francisco de Toledo, siendo Virrey, puerto
(como arriba dijimos) para las mercaderias y azogue que va á Potosí; la
ocasion que tuvo para quitar la contratación de Arequipa y pasarla á
Arica fué acrecentar los derechos á Su Majestad de las ganancias de los
mercaderes, diciendo que, aunque ya los hobiesen pagado en Lima, porque
las mercaderias las sacaban de un puerto á otro, habian de pagar los de
las ganancias; hacia este reino tres: el de Los Reyes por todo el
distrito de las apellaciones para el Audiencia: el de las Charcas por el
suyo, y el de Quito por el suyo; y porque si en Arequipa, que es
distrito de la Audiencia de Los Reyes, se desembarcaran las mercaderias
de las ganancias, por ser dentro de un mismo reino, no se debian
derechos (creo son dos y medio por ciento), pasó la contratación á Arica
y puso allí Casa Real y oficiales. Los mercaderes fuéronse á la
Audiencia de Los Reyes por via de agravio, trujeron pleito con el Rey;
condenáronle por dos sentencias, declarando la Audiencia no deber
derechos, teniendo por todo un reino y sólo de Quito á todo el distrito
de los Charcas; sacaron los mercaderes su ejecutoria, notificáronla á
los oficiales reales (y en ella como presidente firmó el Virrey don
Francisco de Toledo), los cuales escriben al Virrey la notificacion, y
que allí viene su firma si han de cobrar ó no; respondióles que cobre de
las ganancias los derechos señalados, y que si allí firmó fué como
presidente, que lo demás mandaba como gobernador, y así se ha quedado
hasta hoy se cobran los derechos como se impusieron. Por esta razon se
ha poblado aquesta playa y es frecuentada de navios que llevan allí las
mercaderias y los azogues de Su Majestad para Potosí.
Reside allí el corregidor cuotidianamente y es necesario, porque en
este pueblo (helo visto tres veces) viven de todas las naciones que
sabemos; aquí hay griegos, frisones[25], flamencos, y ojalá no hobiese
entre ellos algunos ingleses y alemanes, luteranos encubiertos, y siendo
como es escala donde los navios que vienen de Chile paran, y los
luteranos, que desde el año de 78 acá han entrado, que han sido tres
piratas ingleses, han venido á reconocer y han surgido en él, ¿cómo
dejan vivir allí tanto extranjero? hay más de 150 hombres, y no creo son
los cuarenta meros españoles; esto ya es tratar de gobierno; cesemos,
porque acá se recibe mal.
No se puede desembarcar en él sino es en una caletilla donde no pueden
entrar ni salir dos bateles juntos, sino uno á uno, y es necesario saber
la entrada por unos peñascos que á una y otra mano tiene, en los cuales
asentándose los bateles fácilmente se trastornan. Los navios surgen más
de tres cuartos de legua desta caletilla. Vemos en él una cosa
admirable: que ningun navio puede llegar al surgidero, sino es de medio
dia para abajo, hasta las cinco de la tarde, porque en todo tiempo la
marea del aire comienza á las nueve de la mañana, y cuando son las cinco
ya ha cesado. Puesta una atalaya sobre este morro, como ya la hay,
descubre más de diez leguas de mar, por una parte y por otra, y antes
que llegue cualquier vela al puerto, de más de seis leguas ya le ha
descubierto, por lo cual de noche pueden dormir segurísimos que enemigo
no entrará en él; hay en él cuatro ó cinco piezas gruesas de artillería
muy buena, que alcanzan una legua y más, bastante para defender la
entrada al enemigo. Tres leguas el valle arriba se dan muchas uvas y
buen vino y frutas de las nuestras muy buenas. El trigo, maíz y harina
se trae de fuera parte, y por esto sale caro. Al tiempo del verano es
abundante de pescado, y bueno. Es muy enfermo; siempre hobo en él pocos
indios; agora no creo hay seis.
[25] En el ms., _figones_.
CAPITULO LXVIII
DE LOS DEMÁS VALLES HASTA COPIAPÓ
Desde aquí se va prolongando la costa derecha al Sur, con algunos valles
angostos, en ella, y despoblados, de quince y más leguas; el camino,
arenales, y pasadas creo sesenta leguas, luego se entra en el valle de
Atarapacá; éste solia ser muy buen repartimiento y rico de minas de
plata, de donde se camina por un despoblado de ochenta leguas hasta
Atacama, por el cual sin guia no se puede caminar. Los indios de Atacama
han estado hasta agora medio de paz y medio de guerra; son muy
belicosos, y no sufren los malos tratamientos que algunos hombres hacen
á los de acá del Perú; no dan más tributo de lo que quieren y cuando
quieren. Al tiempo que esto escribo dicen se ha domado un poco más. Es
fama ver en su tierra minas de oro riquísimas, y á su encomendero, que
es vecino de Los Charcas, Juan Velazquez Altamirano, á quien han tenido
mucho amor, dos ó tres veces le han inviado á llamar para descubrirse;
las más en llegando allá se arrepienten, y no se les puede apremiar;
esto el mismo encomendero me lo dijo.
Desde aquí se entra luego en el gran despoblado de 120 leguas que hay de
aquí á Copiapó, que es el primer repartimiento del reino de Chile; el
camino es de arena no muy muerta, y en partes tierra tiesa; en este
trecho de tierra hay algunas caletillas con poca agua salobre, donde se
han recogido y huido algunos indios pescadores, pobres y casi desnudos;
los vestidos son de pieles de lobos marinos, y en muchas partes desta
costa beben sangre destos lobos á falta de agua; no alcanzan un grano de
maíz, no lo tienen; su comida sola es pescado y marisco. Llaman á estos
indios Camanchacas, porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les
han vuelto como una costra colorada, durísimos; dícen les previene de la
sangre que beben de los lobos marinos, y por esta color son
conocidísimos.
Volviendo al camino, unas veces es por la playa, otras á tres, cuatro y
seis leguas y más la tierra adentro, á causa de los muchos peñascos que
hay en la costa, á donde proveyó. Nuestro Señor, sus jornadas de seis y
siete leguas y la que más de ocho, de vallecillos muy angostos, con agua
no muy buena y leña delgada y alguna yerba; no es camino que sufre mucha
compañia ni de hombres ni de caballos; camínanse estas 120 leguas de
Atacama á Copiapó en veinte dias, dos más ó menos, si las nieves no lo
impiden, porque en algunas partes se mete el camino hacia la cordillera,
donde por Junio, Julio y Agosto suele nevar; el matalotaje de los
caminantes es biscocho, queso y tocino; los indios de guia, que son dos,
se pagan primero que se pongan en camino, doce pesos á cada uno; llevan
galgos y porque no se les despeen, con sus zapatillas, con las cuales
cazan venados y guanacos, y son tan diestros en esto, que como lo
columbren es cierto le han de cazar; desta carne, que es buena, se
sustentan.
Este camino pocas veces se anda, porque si no es algun desesperado ó
fugitivo homiciano no se pone á tanto trabajo.
Caminando por aquí se llega á un rio que en la lengua de los indios se
llama Anchallullac, que quiere decir rio gran mentiroso, porque
verémosle correr particularmente á la tarde y parte de la noche, y si
luego no se toma el agua necesaria y da de beber á los caballos, dende á
poco rato no hay gota de agua, y no es rio pequeño.
La causa es que con el calor del sol se derriten las nieves de la
cordillera Nevada, y corre el agua á la tarde y parte de la noche, y
cuando resfria á la noche cesa la corriente; por lo cual los que piensan
á la mañana hallar agua, hállense burlados y la madre del rio seca. Hay
otro rio, que como viene corriendo el agua se va cuajando en sal. Por
esta parte se mete mucho la mar hacia la cordillera, y en los tres meses
dichos hace mucho frio y suelen caer nieves.
Los indios pocos que habitan en las caletillas desta costa desde Arica á
Copiapó, que es el primer pueblo del reino de Chile, salen á pescar en
balsas de cueros de lobos marinos llenos de viento; cósenlos tan
fuertemente que no les puede entrar gota de agua; la costura está para
arriba y el ombligo en medio de la balsilla, en el cual cosen una
tripilla de dos palmos de largo, por donde la hinchan, y luego la
revuelven ó tuercen y enroscan. Cuando sienten que la balsilla está
floja, desenroscan la tripilla y tornan á hinchar su balsa, usando de
canaletes por remos, y no sufre cada balsilla sino una persona; la que
sufre dos es muy grande; entran la mar adentro, en ellas, seis leguas y
más.
En medio deste gran despoblado de Atacama á Copiapó hay un cerro muy
conocido, llamado morro Moreno de los marineros, al cual llegando por
tierra parece ser el que divide los términos del Pirú de los de Chile, y
comenzar los de Chile, otra nueva region.
Aquí casi fenecen los arenales y la tierra es ya dura, pero inhabitable
por ser muy seca, sin aguas ni leña más de la que habemos dicho; desde
este morro comienzan á ventar á su tiempo los Nortes, que es de mediado
Abril hasta Noviembre, unas veces un poco más temprano, otras más tarde,
y en este tiempo, no cada dia, sino á veces, porque el Sur es el que más
reina, y desde Payta hasta este morro en la mar, á lo menos en la costa,
muchas, y la mar adentro no alcanzan Nortes.
En la sierra del Perú corren y muy recios; pero desde este morro ya
vientan, y mientras más nos vamos llegando al polo Antártico, más
vehementes. Como diremos tractando del reino de Chile, sucede una cosa,
cuya causa no se alcanza, y la he visto dos veces que de Chile por mar
he bajado á la ciudad de Los Reyes, y es: que en llegando al paraje del
morro Moreno, el vino que de Chile se saca, aunque sea añejo, y lo hay
muy bueno, da vuelta y se pone turbio y de tal sabor que no se puede
beber, y desta manera persevera más de seis meses; despues vuelve á su
natural.
Esto, á los que no lo han experimentado les parecerá fábula; no lo es,
sino que es mera verdad. Por lo cual, aunque los navios se hallen con
alta mar, viendo vuelto el vino, conocen llegar al paraje de morro
Moreno, y luego poco á poco van declinando á tierra, si han de hacer
escala en Arica.
Este viaje por mar del puerto del Callao á Chile, agora veinte años,
solia ser muy tardio, porque no hacian cada dia más que dar un bordo á
la mar, otro á la tierra y surgir en la costa, y así están toda la
noche, á cuya causa tardaban un año y más en llegar á Chile; conocí en
aquel reino un español, que embarcándose sus padres para aquel reino, se
engendró y nació en la mar y tornó su madre á se hacer otra vez preñada,
y no habian llegado al puerto de Coquimbo; agora se navega en
veinticinco dias y á lo más largo treinta, porque en saliendo el navio
del puerto del Callao se arrimarán el bordo á la mar quince dias y más,
y luego vuelven sobre la tierra otros tantos, y se hallan en el puerto,
algunas veces adelante del puerto en cuya demanda navegan. La primera
vez que fuí á Chile, agora 27 años, no tardamos en llegar al puerto de
Coquimbo más que veintidós dias en solo dos bordos, que fué el mejor y
más breve que se ha hecho; y esto cuanto á la descripción[26] de la
costa del Pirú desde Puerto Viejo á Copiapó, en toda la cual costa hay
muy pocos puertos, y esos no muy seguros, que es la fuerza destos
reinos. Agora volvamos á las ciudades deste nuestro Perú por el camino
de la Sierra, y luego trataremos de la calidad de los indios della y sus
costumbres.
[26] En el ms., _discrepcion_.
CAPITULO LXIX
DE LA CIUDAD DE QUITO
La ciudad de Quito es pueblo grande, cabeza de Obispado, y donde reside
una Audiencia real; su comarca es fértil, así de trigo como de maíz y
demás mantenimientos de la tierra y nuestros, abundantísima de todo
género de ganados mayores ó menores; dista de la línea Equinocial un
tercio de grado, y con distar tan poco es muy fria y destemplada,
lluviosa, que casi todos los meses poco ó mucho llueve, y á su tiempo,
que es desde diciembre á abril, es de muchas aguas, muchos truenos y
rayos; oí decir á los conquistadores, que cuando venian conquistando la
tierra desde Riobamba á Quito, que son veinticinco leguas, mataban los
caballos y se metian dentro para guarecerse del frio, porque desde
Guayaquil se subieron á la sierra, á donde hay páramos bastantemente
frios y destemplados; agora parece se han moderado los tiempos.
Fundaron la ciudad entre cuatro cerros; los de la parte del Septentrion
son altos, los otros pequeños; dentro del mismo pueblo se da maíz y
legumbres, muchas y muy buenas, duraznos, membrillos y manzanas, que no
so pensó tal se dieran en ella.
Hase augmentado mucho esta ciudad; reside en ella la Audiencia real;
tiene muchos indios en su comarca, y las tierras muy abundantes, los
campos llenos de ganados mayores y menores, de donde hasta la ciudad de
Los Reyes, que son más de trescientas leguas, traen ganado vacuno, y aun
carneros.
Lo que han multiplicado yeguas y caballos parece no creedero. Hay
fundados en esta ciudad conventos de todas órdenes y un monasterio de
monjas.
Nuestros religiosos tienen provincial por sí, y los del glorioso San
Francisco, divididos desta provincia del Perú; los padres de San Agustin
y Teatinos, subjectos á los provinciales de Los Reyes.
El convento del seráfico San Francisco fué el primero, y la ciudad se
fundó el dia de San Francisco, por lo cual se llama San Francisco de
Quito.
Esta sagrada religion, como más antigua, comenzó á doctrinar los
naturales con mucha religion y cristiandad, donde yo conocí á algunos
religiosos tales, y entre ellos al padre fray Francisco de Morales, fray
Jodoco y fray Pedro Pintor. El sitio del convento es muy grande, en una
plaza de una cuadra delante dél, á donde encorporado con el convento
tenian agora cuarenta y cuatro años un collegio, así lo llamaban, do
enseñaban la doctrina á muchos indios de diferentes repartimientos,
porque á la sazon no habia tantos sacerdotes que en ellos pudiesen
residir como agora; demás de les enseñar la doctrina les enseñaban
tambien á leer, escribir, cantar y tañer flautas; en este tiempo las
voces de los muchachos indios, mestizos, y aun españoles, eran
bonísimas; particularmente eran tiples admirables.
Conocí en este collegio un muchacho indio llamado Juan, y por ser
bermejo de su nacimiento le llamaban Juan Bermejo, que podía ser tiple
en la capilla del Sumo Pontífice; este muchacho salió tan diestro en el
canto de órgano, flauta y tecla, que ya hombre lo sacaron para la
iglesia mayor, donde sirve de maeso de capilla y organista; deste he
oido decir (dése fe á los autores) que llegando á sus manos las obras de
Guerrero, de canto de órgano, maeso de capilla de Sevilla, famoso en
nuestros tiempos, le enmendó algunas consonancias, las cuales venidas á
manos de Guerrero conoció su falta. Esto no lo decimos sino por cosa
rara, y porque no ha habido otro indio semejante en estos reinos.
Combaten á esta ciudad, y toda su comarca, grandes y violentos temblores
de tierra, á causa de que la ciudad á la parte del Septentrion tiene uno
ó dos volcanes, y el uno dellos que casi siempre humea; toda aquella
provincia tiene muchos, tantos, que en lo restante del Perú no se ven
sino cual ó cual allí á cada paso. Los años pasados, debe hacer 23 ó 24,
salió tanta ceniza deste volcan cercano á la ciudad, que por algunos
dias no se via al sol, y el pueblo, campos y pastos llenos de ceniza,
por lo cual todos los ganados se venian á la ciudad á buscar comida
bramando. Hiciéronse procesiones y de sangre; fué Nuestro Señor servido
proveer de algunos aguaceros que limpiaron la ceniza, y se descubrió la
yerba para el ganado. En este tiempo la ciudad era combatida de
frecuentes temblores y muy recios, de tal manera que pensaban ser las
señales últimas del dia del Juicio; reventó este volcan, y declinó á la
mar del Sur; arruinó algunos pueblos de indios y se los llevó el agua
que salió dél, y porque por esta parte del Septentrion no dista muchas
leguas el volcan, de la mar del Sur, hacia el paraje de Puerto Viejo,
bahia de Caraques y de San Mateo, alcanzó parte desta ceniza, que el
viento la llevaba, y en alta mar en el mismo paraje los navios que en
aquella sazon navegaban viniendo de Panamá á estos reinos, veian la
claridad de la lumbre del volcan.
Oí decir á persona fidedigna que entonces se halló en Quito, que
salieron muchas personas, y entre ellas ésta, á ver una laguna junto al
volcan, que ardia como si fuera de tea.
El edificio de la iglesia mayor es de adobe, la cubierta de madera muy
bien labrada; labróla un religioso nuestro, fraile lego, de los buenos
oficiales que habia en España. En medio de la plaza hay labrada una
fuente muy buena y de muy buena agua, y en la plaza de San Francisco
otra; las casas para sus huertas no tienen necesidad de acequias; el
cielo les da abundantes pluvias, y á las veces no querrian tantas.
CAPITULO LXX
DE LA PROVINCIA DE LOS QUIJOS
A la parte del Sur desta ciudad demora la provincia llamada de los
Quijos, ó por otro nombre de la Canela, por se hallar en ella y de allí
se trae ya por estas partes tan buena y mejor que la que viene de la
India, porque, como más fresca, pica y quema más. Hay en esta provincia
tres ciudades de españoles; es tierra cálida y lluviosa, y en ella un
rio muy grande; los indios no son tan bien agestados como los de por
acá; es gente pobre; los años pasados, gobernando don Francisco de
Toledo, al fin de su gobierno se quisieron alzar y lo hicieron; mataron
algunos españoles, y creo dos religiosos nuestros; estaban concertados
con los de Quito, y si no se descubriera el alzamiento en Quito, fuera
el daño muy mucho mayor, y cómo en Quito se descubrió fué desta manera:
para el servicio de las ciudades hay señalados indios que se reparten
tantos en número como jornaleros, porque sin esto no se podrian
sustentar las ciudades; señálaseles por cada dia un tanto por su
trabajo, que se les paga infaliblemente; estos indios repártense por los
repartimientos, rata por cantidad, y vienen á sus tiempos algunos
curacas de los menos principales, á los cuales si algunos de los indios
jornaleros faltan, ó se huyen (no los pueden tener atados), les echan
los corregidores ó alcaldes en la cárcel, y veces azotan y trasquilan
(si es bien hecho ó mal esto, no me entremeto en ello); sucedió que á
uno destos curacas le faltaron ó se le huyeron parte de los que habia de
dar, la justicia envióle á llamar con un indio lengua; trújole; el pobre
curaca veníase afligiendo, temiendo los azotes y cárcel; el indio
lengua, que le llevaba preso y sabia del alzamiento, consolóle diciendo:
No tengas pena, que para tal dia nos habemos de alzar y matar todos
estos españoles y quedaremos libres, y los Quijos han de hacer lo mismo;
sucedió (Nuestro Señor lo ordenó así) que iban en pos de los indios
acaso dos españoles, á los cuales no vieron los indios; oyeron y
entendieron lo que el indio lengua dijo; callaron su boca y fueron
siguiendo los indios; llegados delante de la justicia, declararon lo que
oyeron; la justicia prende al indio, pónele á cuestion de tormento,
declaró la verdad, y los conjurados; hicieron[27] justicia de algunos; á
los Quijos no pudieron avisar por ser corto el tiempo. Los Quijos, no
sabiendo lo que pasaba en Quito, y entendiendo que no faltarian,
alzáronse al dia señalado, y hicieron el daño que habemos dicho. Pero
castigáronlos, y el dia de hoy sirven pacíficos como antes.
[27] En el ms., _hizren_.
CAPITULO LXXI
DE RIOBAMBA Y TUMIBAMBA
Saliendo de la ciudad de Quito, por el camino real del Inga, para venir
por acá arriba, á 25 leguas desta ciudad llegamos al valle llamado
Riopampa, antes del cual hay cinco pueblos de indios, buenos. Este valle
no tiene una legua de largo, poco más; de ancho no alcanza á media
legua; no era poblado de indios, pero muy fértil de pastos para ganados;
aquí comenzaron dos ó tres españoles que conocí en él á hacer sus
estancias de ganados; multiplicaban admirablemente, lo cual visto por
otros, se metieron en él, y agora es un razonable pueblo de españoles,
rico de todo género de ganados y de trigo; es falto de leña, y algun
tanto destemplado, porque hace frio; en el mismo asiento del pueblo
nacen unos caños de agua buena, que como sale debajo de tierra son
templados.