de corte como los de la ciudad, oyen cada dia misa, es una de las buenas
cosas que en provecho de los pobres presos se ha fundado en el mundo, y
tuvo su principio desta suerte: Habrá 47 años que los mercaderes se
juntaron y determinaron entre pocos, no creo fueron diez, de pedir
limosna cada semana, ó cada mes (los presos pobres no eran tantos como
agora), dos dellos, y de las limosnas tener cuidado de proveerlos de
comer, y cuando las limosnas no alcanzasen, ellos de sus haciendas
suplirlo; consultáronlo con el Sr. Arzobispo don Jerónimo de Loaysa, de
felice recordacion; aprobó su intento, dióles licencia para que pidiesen
limosna, y señalóles un tanto que su mayordomo les daria sin ninguna
falta; los segundos que pidieron para esta obra sanctisima fueron dos
mercaderes que yo conocí mucho y traté: el uno se llamaba Juan Vázquez y
el otro Juan Baz; andando pidiendo, determinaron de entrar á pedir
limosna al marqués de Cañete, de buena memoria, y para hablarle no fué
necesario aguardar mucho, luego les mandó entrar; bésanle las manos,
suplícanle les mande dar limosna para los pobres de la cárcel, dícenle
lo que entre sí habian determinado; alabóles la obra, y de primera
instancia mandóles dar cien pesos, y que para cada mes, dende en
adelante, tuviesen cuidado de pedir á su mayordomo cincuenta pesos, que
luego se les darian, como así fué. Desta suerte comenzaron á pedir y á
tener cuidado de los pobres. Nuestro Señor ha favorecido tanto esta obra
de caridad, que la capilla tiene capellan señalado con muy buena
prebenda, y el capellan ha de ser graduado, docto, para confesar á los
presos, y predicarles, y para que los que han de justiciar, animarlos y
salir con ellos.
Agora hay señalados mayordomos y oficiales y tiénese por mucha honra ser
de los principales desta cofradia. La advocacion de la capilla es de San
Pedro; celébrase la fiesta el dia de su Cátedra con mucha solemnidad, y
porque en la capilla no cabe el pueblo, cúbrese la plaza buena parte con
velas de navios y el púlpito pónese á la puerta de la capilla, de suerte
que en la capilla y plaza cubierta entra toda la gente que concurre.
CAPITULO XLV
DE LA UNIVERSIDAD
Su Majestad del Rey Felipo 2.º, de inmortal memoria, celoso del bien
deste reino como lo es de todos los que gobierna con tanta justicia y
cristiandad cuanta ningun Rey ha gobernado hasta agora, mandó se fundase
una Universidad donde se leyesen las sciencias, y á los que en ella se
graduasen les concedia las exemptiones que gozan los graduados en
Salamanca. Por órden de Su Majestad la instituyó y fundó el Visorrey don
Francisco de Toledo, donde se lee, por muy doctos maestros y doctores,
Latinidad, Artes, Lógica, Filosofía, Cánones, Leyes, con suficientes
salarios, y Escritura divina. Medicina hasta hoy no se ha leído, ni
Retórica, ni Astrologia; corren á estudiar de Quito á Chile, nacidos en
estas tierras, buenas habilidades. Con esta Universidad ha hecho gran
bien y merced Su Majestad á estos reinos, halos ennoblecido y ha
descargado mucho su conciencia real, gratificando y haciendo hombres á
los hijos, nietos y tataranietos de los conquistadores y pobladores, á
cuyos antecesores no se les habia hecho merced, y si hecho, no tanta
cuanta sus servicios merecian. De los nacidos acá se han graduado, y con
rigurosísimo exámen, algunos doctores y maestros en las facultades
dichas, y se graduarán muchos más, é van graduando, por lo cual, cuando
hay doctoramiento, es de ver en tan breve tiempo muchos doctores y
maestros; ni los graduados en otras Universidades se desdeñan de
incorporarse en ésta.
CAPITULO XLVI
DE LOS COLEGIOS
Tambien por órden de Su Majestad se fundó un colegio, llamado El Real,
donde sustenta cierto número de colegiales á costas de Su Majestad, para
descargo de su real conciencia, bien y merced de sus vasallos; llámase
San Felipe; dáseles lo que se suele dar en otros colegios.
El arzobispo D. Toribio Mogrobejo fundó otro, que es el seminario que
manda el concilio Tridentino; hay pocos colegiales.
Los padres de la Compañía tienen otro colegillo á las espaldas de su
casa, donde enseñan solamente latin, nombrado San Martín á devocion del
Virrey D. Martín Enriquez. Por cada muchacho que allí entra paga 120
pesos cada año.
CAPITULO XLVII
DE LA CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE COPACAVANA
En la provincia del Collao (como en su lugar diremos) hay un pueblo de
indios llamado Copacavana. Aquí hay una imágen de Nuestra Señora que ha
hecho no pocos milagros agora en nuestros dias. A devocion desta imágen,
en todos los pueblos casi de españoles y en muchos de indios, se han
puesto imágenes de Nuestra Señora con la misma advocacion; en esta
ciudad se hizo una capilla junto á la puerta del Perdon de la iglesia
mayor, con una imágen nombrada así: Nuestra Señora de Copacavana, la
cual debe haber veinte años poco más que se puso, donde con gran
devocion concurre el pueblo, la cual tiene muy adornada, y un capellan
que sirve en esta capilla y sustenta muy abundantemente con las
limosnas.
CAPITULO XLVIII
DE LOS HOSPITALES
Sustenta esta ciudad cuatro hospitales; uno de españoles, llamado San
Andrés por respeto del marqués de Cañete, D. Andrés Hurtado de Mendoza,
de buena memoria, á quien de su hacienda dió muchas limosnas y crecidas,
pasadas de 30.000 pesos, como diremos cuando tractaremos de su gobierno
y virtudes.
Aqui se curan solamente españoles y negros, de todas las enfermedades,
con mucho cuidado y regalo; la enfermeria de las enfermedades cotidianas
es á modo de cruz; el un brazo más cercano á la puerta sirve de cuerpo
de iglesia; los otros tres para enfermos, en las paredes hechos sus
encajes, donde está la cama del enfermo con su cortina delante y de
donde puede ver misa. El altar se colocó en medio destos brazos. Despues
acá no sé que Virrey la haya hecho tantas limosnas, ni con mucho que
llegue á ellas. Fueras destas enfermerias hay otros apartamientos para
curar otras enfermedades contagiosas.
Quien con más cuidado comenzó á tenerlo de los pobres hasta que la edad
no lo permitió, fué el padre Molina, sacerdote, gran celador del bien de
los enfermos, y augmentador de las haciendas del hospital, con notable
ejemplo de vida y cristiandad, con la cual acabó el Señor.
Su hermano el secretario Molina se metió á servir á los pobres, donde
acabó tambien.
El segundo se llama Santa Ana, donde solamente se curan indios; fundólo
á su costa, asi la iglesia como la capilla mayor de bóveda, y lo demás
de buenos edificios, el ilustrísimo y reverendísimo fray Jerónimo de
Loaysa, primer arzobispo desta ciudad y reino, de felice recordacion,
dejándole bastantísima renta, donde murió y está enterrado. El día de su
advocacion se gana una y muchas más veces indulgencia plenísima, mejor
diré jubileo plenísimo; cúranse aquí los indios de todo el reino que
caen enfermos, con todo el regalo y cuidado posible, donde ha habido
grandes siervos de Dios, seglares, que se han venido por esclavos ellos
mismos, y dedicado al servicio de los indios, y entre ellos floreció en
nuestros tiempos el padre Machín, sacerdote vizcaíno, y otro gran siervo
de Dios, que todo el dia se ocupaba en pedir limosna á pie por la
ciudad, y de noche velaba su cuarto á los enfermos, como si no hobiera
trabajado nada entre dia, sin que nadie fuese parte á que descansase.
Acabó loablemente; llamábase fulano Ruiz.
El tercero es nombrado el Spíritu Santo; aquí se curan solamente los
marineros, porque ellos á su costa le han fundado, y han hecho una buena
iglesia; los edificios van labrándose; cada navio le acude con una
soldada, fuera de las limosnas que piden en los viajes y otras que
marineros é pilotos les dejan al tiempo de su muerte.
Hase fundado otro, que es el cuarto, llamado San Diego, de
convalescientes; éste es muy moderno; aquí se da bastante recaudo á los
tales, hasta que enteramente han recuperado la salud y puedan trabajar.
Hay otro, llamado San Lázaro, pasado el rio; es el más pobre; comenzóle
á fundar y á su costa, muy poco á poco, un buen hombre muy conocido en
esta ciudad, é yo le conocí mucho, Anton Sanchez, espadero de oficio y
muy enfermo de grandes dolores. Murió este buen hombre, despues del cual
se entró á servir allí el padre Cristóbal López Bote, sacerdote muy
conocido en este reino, y de mí muy en particular y tractado, á quien
Nuestro Señor hizo admirables mercedes, porque habiendo por cierta
ocasion muchos años tenido una enemistad que le inquietó mucho y
desasosegó, y en lo demás de su sacerdocio hombre muy concertado y muy
buen eclesiástico, le tocó la mano del Señor y se consagró allí á servir
á los pobres, no sólo españoles, sino negros esclavos é pobres indios,
de tales enfermedades que en los demás hospitales no los querian
recibir, é los curaba (yo lo vi, y otros muchos) de aquellas
enfermedades contagiosas y asquerosas, tan sin asco y con tanto amor y
caridad como si fueran sus hijos ó hermanos. Despues le dió Nuestro
Señor una enfermedad muy larga y trabajosa, la cual sufria con tanta
paciencia cuanta el Señor que se la dió sabia era necesaria para
llevarla; su cama, una tabla, murió loablemente en el Señor.
CAPITULO XLIX
DE LA IGLESIA MAYOR
Hasta agora la iglesia Mayor desta ciudad era muy pobre de edificios;
solamente la capilla mayor era de bóveda, del marqués don Francisco
Pizarro, dotada por él con una rica capellania, y al lado del Evangelio,
en la pared, tiene su sepultura. Agora se ha hecho una muy buena, de cal
y ladrillo, de tres naves, donde se celebran los divinos oficios con
mucha puntualidad y canto de órgano; en esta santa iglesia está fundada
la cofradia de las ánimas del Purgatorio, en su capilla, con altar
previlegiado, donde cada misa que en él se dice se saca un ánima de
Purgatorio, y son tantas las que cada dia se dicen, que al cabo del año
pasan de cuatro mil, y al sacerdote que la dice se le da luego su
limosna acostumbrada; de suerte que se sustentan sacerdotes pobres,
porque allí tienen la limosna cierta. Otras capillas de vecinos
particulares hay en ella, como es, al lado del Evangelio, la de Nicolás
de Rivera, el Viejo, de quien dijimos arriba, con la advocacion de Santa
Ana, con buena renta, y al de la Epístola, la de Francisco de Talavera,
de quien tambien hicimos breve mencion, con invocacion del Crucifijo.
Los carpinteros tienen aquí su cofradia con la invocacion de San José, y
celebran su fiesta con mucha solemnidad. Los zapateros tienen tambien su
cofradia, con invocacion de San Crispino y Crispiniano, que los
celebraban como mejor pueden. Los negros tienen tambien su cofradia,
como ya dijimos.
CAPITULO L
DE LOS EDIFICIOS
Los edificios desta ciudad son de adobe, pero buenos, y como no llueve,
los techos de las casas son chatos. Las casas principales tienen sus
azoteas; desde fuera no parece ciudad, sino un bosque, por las muchas
huertas que la cercan, y no ha muchos años que casi todas las casas
tenian sus huertas con naranjos, parras grandes y otros árboles frutales
de la tierra, por las acequias que por las cuadras pasan; pero agora,
como se ha poblado tanto, por maravilla hay casa que tenga dentro de sí
árbol ni parra.
La plaza es muy buena y cuadrada, porque toda la ciudad es de cuadras;
tiene la plaza las dos frentes cercadas de arcos de ladrillo y sus
corredores encima, ó por mejor decir doblados en los portales; arriba
mucho ventanaje y muy bueno, de donde se ven los regocijos que en ella
se hacen. Estos portales y arqueria adornan mucho la plaza y defienden
el sol á los tractantes, el cual á su tiempo es muy caluroso; debajo
destos portales hay muchos oficiales de todo género que en la plaza se
sufre haya.
CAPITULO LI
DE LOS VESTIDOS DE LAS MUJERES
Lo que en esta ciudad admira mucho y aun lo que se habia de refrenar, es
los vestidos é trajes de las mujeres; son en esto tan costosas, que casi
no se sabe cómo lo pueden sufrir sus maridos. La soberbia dellas es
demasiada, y no sabemos en lo que ha de venir á parar; plegue á Dios y
no sea en lo que pararon aquellas de quien dice Nuestro Señor: Porque
las hijas de Sion se ensoberbecieron (esto es, las ciudadanas); cuando
salian de su casa llevaban las gargantas extendidas, los ojos altos á
una y á otra parte, guiñándolos, los pasos muy compuestos; el Señor las
volverá calvas y les raerá los cabellos de sus cabezas, les quitará sus
chapines y jerbillas bordadas, las medias lunas, rodetes, las cadenas y
collares de oro, las ajorcas, los tocados costosos, los punzones de oro
para partir las crenchas, los zarcillos y los olores, los anillos é
piedras preciosas, etc., y por los olores se les dará muy pestilencial
olor, y por las cintas de oro, sogas de esparto, etc.
No creo yo hay en lo descubierto del mundo ciudad en su tanto, ni cuatro
veces mayor, que á tanta soberbia, en este particular, como esta nuestra
ciudad, llegue; acuérdome que los años pasados, más ha de 38, que
llegando un religioso nuestro de España, nacido y criado en Toledo, á
nuestro convento desta ciudad, cerca de la fiesta del Corpus Christi,
tratando della y de la sumptuosidad, majestad y riqueza que aquel dia en
Toledo, en calles y ventanas, se mostraba, le decíamos que no nos
espantase, porque en nuestra ciudad veria como no le hacia mucha ventaja
Toledo. Llegó la fiesta, vió la riqueza que se mostró en los vestidos de
las mujeres, adornos de ventanas, altares y calles; dijo que la riqueza
de Toledo, en este dia mostrada, no hacia muchas ventajas á la de esta
ciudad. Pues es cierto que hay tanta diferencia de entonces agora, en lo
que vamos tratando, como de vestidos de aldea á vestidos de corte, con
justo título se podria moderar por los virreyes esta soberbia, pero no
sé por qué no se modera; y si sé, porque ni los maridos no tienen ánimo
para moderarlo, ni los gobernadores tampoco.
CAPITULO LII
DEL ACOMPAÑAMIENTO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Habia en esta ciudad una costumbre muy loable, mas ya se va cayendo por
la mucha cobdicia, y era que, en tocando la campana del Sanctísimo
Sacramento para se dar á los enfermos, por maravilla quedaba hombre en
su casa que no acudiese á la iglesia Mayor; las tiendas de los
mercaderes se cerraban, y ellos y sus criados, con gran fervor, iban á
acompañar al Señor del cielo y de la tierra, y realmente era cosa de ver
tanta gente como se llegaba, sin que se viese una capa parda ni de
color, sino todos vestidos de negro, y para todos habia cera de media
libra, que es gran excelencia, sin reparar si eran cofrades ó no.
Vi esto, siendo seglar, dia del Santísimo Sacramento en la iglesia
Mayor. Los mayordomos de las cofradias sacaron su cera; llegóse á ellos
uno de los mayordomos del Santísimo Sacramento y díjoles: Volved,
señores, vuestra cera á vuestras casas, porque la cofradia no tiene
necesidad de cera de otra, y no les consintió dar ni una vela. ¿A dónde,
en todo el mundo en la cristiandad, hay ciudad cristiana que haya
sucedido tanta grandeza? en aquel tiempo, los oficiales sacaban sus
pendones; agora saca cada género de oficio imágenes de bulto en sus
andas, en hombros, muy bien labradas y guarnecidas, acompañadas de
muchas hachas y cera de media libra, que es no menos grandeza, porque se
trae la cera de España.
No conocemos ciudad en ningun reino cristiano que tal tenga.
Hasta las cofradias de los indios y de los negros llevan sus imágenes de
bulto, en andas y con sus hachas de cera.
Esta cofradia es muy rica, tiene muy buenas posesiones de casas y
tiendas en la Plaza; hizo una custodia, toda de plata de muy buena
labor, y muchos pilares macizos de plata, poco menos que un estado de
un hombre, y para llevarla en hombros el dia del Santísimo Sacramento
son necesarios doce sacerdotes de remuda; ya se lleva en un carreton.
Esta cofradia dimana de la que está fundada en Roma, en la Minerva, que
es convento nuestro; tiene suma de gracias, indulgencias y jubileos más
que otra alguna, y justísimamente, por concesion apostólica, tenémosla
en nuestro convento; subcedió, pues, así, viviendo yo en él, recien
sacerdote: El domingo siguiente despues del jueves que se celebra la
fiesta en la iglesia Mayor, se celebra en nuestra casa; el sábado antes
tráese la custodia de la iglesia Mayor á nuestra casa, para sacar en
ella en nuestra procesion el domingo el Santísimo Sacramento, la cual se
celebra con mucha pompa y alegria, saliendo del convento y andando una
cuadra en torno, y una frente de la cuadra es la plaza. En la peana
desta custodia, sobre que se arma toda ella, se fija otra custodia de
oro toda, muy bien labrada, con que el ilustrísimo fray Hierónimo de
Loaisa, arzobispo de esta ciudad, sirvió á la Majestad del Señor, que
vale tres mil pesos, encima de la cual, en su veril, se pone el
Santísimo Sacramento. El padre sacristan era un sacerdote muy esencial
que yo conocí é traté mucho; fuimos novicios juntos; en un bufete puso
las andas en la iglesia, en la capilla del capitan Diego de Agüero, de
quien habemos arriba sumariamente tratado. Cubriólas con unos manteles,
de los que hay sobrados para los altares; sucedió, pues, así: que
aquella noche, quienquiera que fué, notó bien donde se ponia la
custodia, y despues ó antes de maitines de media noche, fuese para la
custodia, desclavó la de oro y fué nuestro Señor servido que con ser la
peana sexavada y por cualquiera de las puertas de los sexavos podia
entrar y salir la custodia de oro (no se fija en este lugar ni está en
él, sino cuando ha de salir en ella el Santísimo Sacramento) que no
acertase aquel infame ladron á sacarla; acertó á desclavarla y no acertó
á sacarla. El sacristan era gran siervo de Dios y de nuestra Señora muy
devoto; llamábala nuestra Ama; cuando vió por la mañana la custodia de
oro desclavada y que no la pudo sacar aquel más que pérfido ladron,
arrimada á una de las puertas del sexavo, dió muchas gracias á Nuestro
Señor y á su Madre santísima, y si no fuí el primero, fuí el segundo á
quien lo dijo. Este sacrílego ladron debia ser algun impio luterano.
CAPITULO LIII
DE LA CRISTIANDAD DESTE PUEBLO
Pues porque digamos á gloria de Nuestro Señor lo que resplandece mucho
en este pueblo, aunque es así que en los trajes es demasiadamente
soberbio, con todo eso es muy cristiano; la cofradia de la Caridad casa
tantas doncellas como habemos dicho, y fuera desto, como en todos los
monasterios haya tantos jubileos, indulgencias y perdones, los más de
los cuales para ganarse requieren confesar y comulgar, es cosa de gran
alegria ver en los monasterios tanta frecuencia en confesiones y
comuniones. Son, pues, tantos los jubileos que en esta ciudad á los
monasterios, iglesias y capillas son concedidos, que no sé yo si, fuera
de Roma, hay otra en toda la cristiandad de tantos, ni donde con tanto
fervor se acuda á ganarlos, haciendo y tomando los medios que para
ganarlos los Sumos Pontífices que los concedieron mandan se tomen.
A toda esta ciudad por una parte la cerca el rio, por las otras tres
huertas y viñas llenas de árboles frutales, como dejamos escrito; de los
de la tierra, si no son plátanos, ya casi no hay otros, por ser de tan
buena fruta como los nuestros. El vino, pan y carne que se gasta es cosa
increible; buena población es la que consume en el rastro más de 50.000
carneros, sin los que se gastan en la carneceria, y más de 100 reses
vacunas cada semana; carne de puerco no hay quien se atreva á dar
abasto; dan tantos para cada dia; oficiales, tanto género dellos como en
Sevilla. El puerto, uno de los mejores y más capaz del mundo,
abundantísimo á su tiempo de mucho pescado, donde jamás faltan de
cuarenta navios grandes y pequeños, y dende arriba, de Panamá, México,
Chile y Guayaquil. Empero tiene un gran contrario temeroso y enfadoso, y
es los temblores de tierra que la suelen descomponer, como los años
pasados sucedió uno que derribó muchos edificios; mas en breve se han
tornado á redificar muy mejor que antes, y despues que se tomó en suerte
por abogada la fiesta de la Visitacion de Nuestra Señora, ha sido
Nuestro Señor servido, por intercesion de su santísima Madre, no haya
venido temblor dañoso; celebra la ciudad esta fiesta con procesion, que
sale de la iglesia mayor, anda en contorno de la plaza con la solemnidad
casi que se celebra la del Corpus Christi, y con tanto concurso del
pueblo.
No sale el Santísimo Sacramento, ni las cofradias ni oficiales con sus
andas; en lo demás, la misma solemnidad se guarda.
CAPITULO LIV
LAS COSAS CONTRARIAS Á ESTA CIUDAD
Es combatida esta ciudad de enfermedades que de cuando en cuando Nuestro
Señor por nuestros pecados envia, y en otros tiempos lo era de cámaras
de sangre, por causa del agua del rio, como dijimos; despues de traída
la fuente, esta enfermedad ha cesado. Las enfermedades cuotidianas son,
en alcanzando algun nortecillo, romadizo, catarros, juntamente con dolor
de costado. El viento Norte en todas estas partes, en Tucumán y Chile,
es pestilencial, porque como es de su natural muy frio, en corriendo son
estas enfermedades con nosotros, y en todo lo que habitamos desta tierra
y de los demás dos reinos no corren otros vientos sino Norte ó Sur, el
Sur sano, el Norte enfermo; demás desto, como las mercaderias se traigan
de otros reinos, si en ellos han pasado algunas enfermedades
contagiosas, nos vienen y cáusanos mucho daño y gran disminucion en los
naturales, como ahora lo causa una enfermedad de viruelas juntamente
con sarampion, llevándose mucha gente de todas naciones, españoles,
naturales, negros, mestizos y de los demás que en estas regiones
vivimos, y escribiendo este capítulo, agora actualmente corre otra no de
tanto riesgo acá en la Sierra, como lo fué en los Llanos, de sarampion
solo, el cual en secándose acude un catarro y tose que de los muy viejos
é niños deja pocos, y en la ciudad de Los Reyes hizo mucho daño,
particularmente en negros.
Alcancé en esta ciudad algunos de los conquistadores viejos, á los
cuales oí decir que llegados á este valle les parecia era imposible
morirse, aunque tambien decian habian oido á los indios que no fueran
poderosos á conquistarlos si pocos años antes no hubiera venido una
enfermedad de romadizo y dolor de costado que consumió la mayor parte
dellos. Las frutas nuestras, como son melones, higos, pepinos, etc., y
otras de la tierra, en gente desreglada causa grandes calenturas, á los
cuales si les halla un poco faltos de virtud, fácilmente los despacha;
pero desto es la causa la incontinencia de los necios. Dejó otras
particularidades, por no ser prolijo, y no se diga de mí que como
aficionado las trato. Serla aficionado no lo niego, por tenerla por
patria; en lo demás no digo tanto de bien como en ella, por la bondad de
Dios, ha crecido en tan breves años.
CAPITULO LV
DE LAS CALIDADES DE LOS NACIDOS EN ELLA
Los que nascen en esta ciudad meros españoles son gentiles hombres por
la mayor parte y de buenos entendimientos, y animosos, y lo serían más
si los ejercitasen en cosas de guerra; son muy buenos hombres de á
caballo y galanos, y para otras cosas que adornan, la policia humana, no
les falta habilidad. Por la mayor parte son más prodigos que liberales,
y trasportados hacen muchas ventajas á los naturales. En una cosa tienen
gran falta, esta no es la culpa suya, sino de los que gobiernan; déseme
licencia para tratarlo, porque á ello no me mueve quererme entremeter en
cosas de gobierno, sino advertir del daño que podria suceder. La falta
que tienen es que esta ciudad es puerto de mar. Pues los nacidos en
puerto, que no sepan nadar, que no sepan qué cosa es mar, que no entren
en ella, y que si entran luego se marean como si vivieran muy apartados
della; esta es la falta. Hasta agora no se sintia, porque no se
imaginaba que enemigos de la Iglesia católica y del nombre español nos
habian de venir á robar; pero ya que por nuestros pecados lo
experimentamos, debian los gobernadores á todos los nacidos en esta
ciudad desde muchos años, mandar llevarlos al puerto, enseñarlos á
nadar, meterlos en barcos y hacerlos llevar por lo menos dos veces en la
semana cuatro leguas y más á la mar, porque se hiciesen á ella, y no
que como testigo de vista hablo.
Cuando don García de Mendoza, marqués de Cañete, envió contra el inglés
tres navios grandes y otros patajes, yo iba en la Almiranta, y cuantos
criollos, así los llamamos, iban en ella, y hombres bien nacidos, en
entrando en la mar cayeron como amodorridos, y el dia que vimos al
enemigo, de mareados que estaban no eran hombres, y en tierra riñeran
con el gran diablo de Palermo, los cuales si estuvieran hechos á entrar
en la mar no les subcediera.
Esto no es falta de ánimo, sino falta de ejercicio marítimo; lean los
gobernadores á Platon en los libros de sus Leyes, y en los de la
República, y deprendan de allí en qué han de ejercitar los muchachos
para que puedan y sepan defender su república. Que los nacidos en puerto
á la lengua del agua no sepan ni conozcan la mar, notable descuido es; y
desto no más. De las mujeres nacidas en esta ciudad, como en las demás
de todo el reino, Tucumán y Chile, no tengo que decir sino que hacen
mucha ventaja á los varones; perdónenme por escribirlo, y no lo
escribiera si no fuera notísimo.
CAPITULO LVI
DEL PUERTO Y PUEBLO DEL CALLAO