El rio tiene otro nombre, que es rio de Tumbez; solia ser mucho más

poblado que agora, y los más de los indios tenian su pueblo casi cuatro

leguas el rio arriba, donde agora están poblados. Los pescadores vivian

en la costa; eran belicosos y fornidos. Llueve raras veces en este

paraje, é ya desde esta costa, si no es por maravilla, no hay lluvias, y

(como adelante diremos) hasta Coquimbo, el primer pueblo de Chile. Los

que no vivian de pescar tenian por oficio ser plateros de oro, labraban

la chaquira, que acabamos de decir en el capítulo precedente, tan

delicada como los indios de la Puna, y aun más; lábranla desta suerte,

como lo vi estando en aquel puerto: el indio que labra tiéndese de largo

á largo sobre un banquillo tan largo como él, obra de un jeme alto del

suelo; la cabeza tiene fuera del banquillo y los brazos, tendiendo una

manta, y encima ponen sus instrumentos. Fueron no pocos, agora cuasi no

hay algunos; hanse consumido y se van consumiendo; la causa, las

borracheras.

CAPITULO VIII

DEL RIO DE MOTAPE

Pasando la costa adelante y metiéndonos un poco la tierra adentro, por

ser la costa muy brava, llegamos veinte leguas andadas, poco más ó

menos, al gran rio de Motape, donde hay un pueblo deste nombre. Quien

antiguamente gobernaba en esta provincia, que por pocas leguas se

extiende, eran las mujeres, á quien los nuestros llaman capullanas, por

el vestido que traen y traian á manera de capuces, con que se cubren

desde la garganta á los pies, y el dia de hoy, casi en todos los llanos

usan las indias este vestido; unas le ciñen por la cintura, otras le

traen en vanda. Estas capullanas, que eran las señoras, en su

infidelidad se casaban las veces que querian, porque en no

contentándolas el marido, le desechaban y casábanse con otro. El dia de

la boda, el marido escogido se asentaba junto á la señora y se hacia

gran fiesta de borrachera; el desechado se hallaba allí, pero

arrinconado, sentado en el suelo, llorando su desventura, sin que nadie

le diese una sed de agua. Los novios, con gran alegria, haciendo burla

del pobre.

CAPITULO IX

DEL PUERTO DE PAITA

De aquí al puerto de Paita debe haber diez leguas, poco más ó menos. Es

muy bueno y seguro; no le he visto; es escala de todos los navios que

bajan del puerto de la ciudad de Los Reyes á Panamá y á México y de los

que suben de allá para estos reinos; si tuviera agua y alguna tierra

frutífera se hobiera allí poblado un pueblo grande; empero, por esta

falta, y de leña, hay en él pocas cosas; el suelo es arena; traen en

balsas grandes el agua de más de diez leguas, los indios pocos que allí

viven.

Las balsas son mayores que las de Tumbez y la Puna; atrévense con ellas

á bajar hasta la Puna y hasta Guayaquil, y volver doblando el cabo

Blanco, que es uno de los trabajosos de doblar, y ninguno más de los

desta costa del Pirú; aprovéchanse de velas en estas balsas, y de remos

en calmas.

CAPITULO X

DE LA CIUDAD DE PIURA

De aquí nos metemos un poco la tierra adentro, deben ser otras doce

leguas, á la ciudad llamada San Miguel de Piura; ésta fué la primera

que edificaron los españoles en este reino. Era ciudad de razonables

edificios, casas altas y los vecinos ricos; participaban de los indios

de los llanos y de la sierra. Llueve en esta ciudad, aunque poco; es

abundante de mantenimientos, así de los de la tierra como de los

nuestros, y de ganados; es muy cálida, por estar lejos de la mar, y la

tierra produce muchas sabandijas sucias, y entre ellas víboras, culebras

y arañas; de las frutas nuestras, cuales son membrillos, granadas,

manzanas y otras de muy buen sabor y grandes, son las mejores del mundo.

Pero tiene esta ciudad un contrapeso muy notable, que es ser enfermísima

de accidentes de ojos, y son incurables, porque al que no le salta el

ojo queda ciego, con unos dolores incomportables; apenas vi en aquella

ciudad hombre que no fuese tuerto. Esta enfermedad es comun en todos los

valles que desta ciudad hay á la de Trujillo, aunque no son tan

continuos ni ásperos, y á quien más frecuente les da es á los españoles:

á los indios raras veces. En estos valles vi á hombres con semejantes

accidentes, encerrados en aposentos oscurísimos, y con el dolor

renegaban de quien les habia traido á estas partes; los vecinos desta

ciudad, dos ó tres veces, por esta enfermedad la han despoblado y

pasándose á vivir los más dellos á un valle llamado Catacaos (no le he

visto); es muy fértil y libre de toda enfermedad, pero todavia han

quedado algunos en la ciudad por no dejar sus casas y heredades, aunque

de pocos años á esta parte se han mudado seis ú ocho leguas más cerca

del puerto de Paita, á la barranca del rio de Motape.

CAPITULO XI

[DEL VALLE DE XAYANCA]

De aquí se camina la tierra adentro á doce, diez y menos leguas de la

costa de la mar hasta la ciudad de Trujillo, que son ochenta leguas

tiradas, en cuyo camino hay un despoblado de doce leguas y más sin agua

hasta el valle de Xayanca; éste es muy fértil y de muchos indios, y el

señor dél, indio muy aespañolado; vístese como nosotros, sírvese de

españoles, con su vajilla de plata; es rico y de buenas costumbres.

El valle es tan abundante de mosquitos zancudos, cantores, y de los

rodadores, que es como milagro poderlos sufrir los indios, ni los

españoles; yo he caminado veces por los Llanos, y aunque en todos los

valles hay mosquitos, no tantos como en éste.

CAPITULO XII

DE LOS LLANOS

Y para que se entienda qué llamamos Llanos y Sierra, adviértase que

desde este valle Xayanca, y aun más abajo, desde Tumbez, aunque allí

alcanzan (como dijimos) algunos aguaceros hasta Copiapo, que es el

primer valle del distrito del reino de Chille, á lo menos desde el

valle de Santa hasta Copiapo no llueve jamás, ni se acuerdan los

habitadores dellos haber llovido. Todo el camino, diez leguas en algunas

partes, en otras ocho, en otras seis y cuatro leguas en otras, hasta la

costa de la mar, es arena muerta, aunque hay pedazos de arena ó tierra

fija en algunas partes y á trechos. Entre estos arenales proveyó Dios

hobiese valles anchos, unos más que otros, por los cuales corren rios,

mayores ó menores, conforme á como tienen más cercana, ó vienen de más

adentro de la sierra su nascimiento; la tierra de todos estos valles es

de buen migajon, la cual regada con las acequias que los naturales

tienen sacadas para regarlos, es abundantísima de todo género de

comidas, así suya como nuestra; cógese mucho maíz, trigo, cebada,

fríjoles, pepinos, etc.; tienen muchas huertas, con mucho membrillo,

manzana, camuesa, naranjas, limas, olivos que llevan mucha y muy buena

aceituna, la grande mejor que la de Córdoba, porque tiene más que comer;

en muchos dellos se da vino muy bueno, y la caña dulce se cria mucha y

gruesa, por lo cual son cómodas para ingenios de azúcar, en muchos de

los cuales los hay, como en su lugar diremos. Extiéndense estos Llanos

que llamamos (aunque hay grandes médanos de arena) desde el puerto de

Paita hasta el valle que dijimos de Copiapo por más de 700 leguas ó poco

menos, siguiendo la costa, sin que en ellas llueva; pero desde Mayo

comienzan unas garúas, llamadas así de los marineros, que duran hasta

Octubre; son unas nieblas espesas, que mojan un poco la tierra, mas no

son poderosas á hacerla fructificar; son con todo eso necesarias para

las sementeras, porque las defiende de cuando está en berza de los

grandes calores del sol; con estas garúas en los cerros y médanos de

arena se cria mucha yerba y flores olorosas, las cuales son admirable

pasto para el ganado vacuno y yeguas; pero tiene un contrapeso grande,

porque no falte á cada cosa su alguacil. Cuando éstas garúas son muchas

críanse grande cantidad de ratones entre estas yerbas, y venido el

verano, como se sequen y no tengan que comer, descienden ejércitos

dellos á buscar comida á los valles, viñas y heredades, y cómense hasta

las cáscaras de árboles; esta plaga es irremediable.

El aire que corre por estos arenales es Sur, algunas temporadas muy

recio, y es cosa de ver que remolina en estos cerros de arena y

levantando la arena la trasporta á otro lugar, y ha subcedido estar

durmiendo en estos arenales, porque por ellos va el camino, el pasajero,

y viniendo un remolino destos caer sobre el pobre viandante y quedarse

alli enterrado en la arena. Fuera de la abundancia que los valles tienen

de mieses, son abundantes de árboles frutales, como son guayabas,

paltas, plátanos, melones, ciruelas de la tierra y otras fructas, mucho

algarrobal; con la fructa de los árboles engordan los ganados

abundantísimamente, haciendo la carne muy sabrosa; pero hay en algunas

partes unos algarrobos parrados por el suelo, que llevan una

algarrobilla, la cual comida de los caballos ó yeguas, luego dan con la

crin y cerdas de la cola en el suelo, y porque en el valle de Santa hay

más que en otros valles, se llama la algarrobilla de Santa, de donde,

cuando algun hombre por enfermedad se pela, le dicen haber comido la

algarrobilla de Santa. El rey desta tierra, á quien comunmente llamamos

el Inga, para que en estos arenales no se perdiesen los caminantes y se

atinase con el camino, tenia puestas de trecho á trecho unas vigas

grandes hincadas muy adentro en el arena, por las cuales se gobernaban

los pasajeros. Ya esto se ha perdido por el descuido de los corregidores

de los distritos, por lo cual es necesaria guia.

Entrando en el valle, por una parte y por otra iba el camino Real entre

dos paredes á manera de tapias hechas de barro de mampuesto, de un

estado en alto, derecho como una vira, porque los caminantes no entrasen

á hacer daño á las sementeras, ni cogiesen una mazorca de maíz ni una

guayaba, so pena de la vida, que luego se ejecutaba.

Estas paredes están por muchas partes ya derribadas, y los caminos no en

pocas partes van por detrás de las paredes; en tiempo del Inga no se

consintiera. Por los arenales ya dijimos no se puede caminar sin guia, y

lo más del año se ha de caminar de noche, por los grandes calores del

sol; los guias indios son tan diestros en no perder el camino, de dia ni

de noche, que parece cosa no creedera.

Lo que llamamos y es sierra son unos cerros muy altos, muchos de los

cuales, por su altura, aunque están en la misma linea equinoctial, como

es Quito y mucha parte de aquel distrito, y desde allí á Potosí, que son

600 leguas incluidas entre el trópico de Capricornio, porque Potosí está

en veinte grados, es muy frio siempre y no pocas las sierras llenas de

nieve todo el año, y otros lugares por el frio inhabitables; lo cual los

antiguos filósofos tuvieron por inhabitable respecto del mucho calor por

andar el sol entre estos dos trópicos, de Cancro á la parte del Norte y

de Capricornio á la parte del Sur, veinte é dos grados y medio apartado

cada uno de la línea.

En esta sierra hay muchas y muy grandes poblaciones en valles que hay, y

en llanos muy espaciosos, como son los del Collao; corre esta cordillera

comunmente de 17 á 20 leguas de la mar, y lo bueno deste Perú es esta

tierra que dista de la cordillera á la mar, y aun de Chile, como en su

lugar diremos.

CAPITULO XIII

DEL CAMINO DE LA COSTA

Volviendo á nuestro propósito, desde Xayanca á Trujillo, agora 43 años,

poco más ó menos, se caminaba á la tierra adentro ocho leguas y diez de

la costa de la mar, ó se declinaba á la costa; yo vine por la costa,

donde las bocas de los ríos eran pobladas de muchos pueblos de indios,

muy abundantes de comida y pescado; aquí hallábamos gallinas, cabritos y

puercos, de valde, porque los mayordomos de los encomenderos que en

estos pueblos vivian no nos pedian más precio que tomar las aves y

pelallas, y los cabritos desollarlos, y el maíz desgranarlo. Todos estos

indios se han acabado, por lo cual ya no se camina por la costa, que

era camino más fresco y no menos abundante que el otro. Los indios que

quedaban, porque totalmente no faltasen, los han reducido el valle

arriba, donde los demás vivian. Era realmente para dar gracias á Nuestro

Señor ver unos pueblos llenos de indios y de todo mantenimiento, el cual

se daba á todos de gracia. La causa de la destruicion de tanto indio

diré cuando tratare de sus costumbres, y para aquí sea suficiente decir,

las borracheras. Bajando, pues, de Xayanca á la costa y caminando por

ella se venia á salir á siete leguas de Trujillo, á un valle llamado

Licapa.

CAPITULO XIV

DE LOS DEMÁS VALLES

Volviendo, pues, á Xayanca, y continuando el camino la tierra adentro, á

pocas leguas unos de otros, se va de valle en valle, lo cual, si bien se

considera, no parece sino que desde Xayanca á Trujillo es todo un valle

en diversos rios, empero todos de muy buena agua, que los fertiliza en

gran manera. Entre ellos hay uno llamado Zaña, abundantísimo, á donde de

pocos años á esta parte se ha poblado un pueblo de españoles de no poca

contratación, por los ingenios de azúcar y corambre de cordobanes y por

las muchas harinas que dél se sacan para el reino de Tierra Firme; el

puerto no es muy bueno; dista del pueblo algunas leguas; ni en toda

esta costa, desde Paita á Chile, que es lo último poblado de Chile, los

hay buenos; los más son playas. Con el que tienen embarcan sus

mercaderias para la ciudad de Los Reyes y para Tierra Firme. Esta

población de Zaña destruye á la ciudad de Trujillo, porque dejando sus

casas los vecinos de Trujillo se fueron á vivir á Zaña.

CAPITULO XV

DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE[21]

[21] Faltan las páginas 49 y 50 del ms., donde se hallaba este capítulo

y el comienzo del siguiente.

CAPITULO XVI

DEL VALLE DE CHICAMA

[Es el valle de Chicama] abundante, ancho y largo, donde habia muchos

indios dotrinados por religiosos de nuestra Orden, encomendados en el

capitan Diego de Mora, varon muy principal en este reino. Entre otros

religiosos nuestros de mucha virtud y cristiandad que en la doctrina de

aquel valle se han ocupado, fué uno el padre fray Benito de Jarandilla,

el cual, despues que entró en él nunca dél salió para vivir en otra

parte; aquí se consagró á Nuestro Señor, predicando el Evangelio á los

indios con admirable austeridad de vida en todo lo tocante á su

profesion, sin jamás se conocer en él cosa de mal ejemplo, sino gran

celo á la conversión de aquellos naturales, donde vivió más de 55 años,

y ha pocos años, no ha dos cuando escrebí esto, que Nuestro Señor le

llevó, como piadosamente creemos, á pagarle sus trabajos. Los indios

deste valle tienen dos lenguas, que hablan: los pescadores una, y

dificultosísima, y otra no tanto; pocos hablan la general del Inga; este

buen religioso las sabia ambas, y la más dificultosa, mejor. Su caridad

para con los indios era muy grande, porque curarlos en sus enfermedades,

repartir con ellos su racion y quedarse ó contentarse para su

mantenimiento con un poco de maíz tostado ó cocido, era como natural.

Varon de mucha oracion y penitencia, doquiera que estaba se habia de

levantar á media noche á rezar maitines, y á cualquiera hora que le

llamaban para confesar al enfermo, con toda el alegria del mundo se

levantaba, y aunque el rio viniese muy crecido, no le temia más que si

no llevara agua, y es muy grande al verano. Este es comun lenguaje entre

los indios, que decian pasaba el rio en un macho que la Orden le habia

concedido á uso, por cima del agua, á cualquier hora y cuando más agua

traía el rio. Esto no lo escribo por milagro, sino como cosa comunmente

dicha entre los indios.

En este valle tiene nuestra sagrada Religion un convento priorato que

este religioso venerable fundó, donde se sustentan de ocho á diez

religiosos, y favoreciéndolo Nuestro Señor se sustentarán más, porque

las haciendas van en crecimiento. El valle es abundantísimo de pan,

vino, maíz y demás mantenimientos; danse en él admirablemente los

olivos, que cargan de aceituna muy buena. Los demás mantenimientos á la

tierra naturales, bonísimos; es famoso por un ingenio de azúcar que allí

plantó el capitan Diego de Mora; una cosa que por ser peregrina la diré,

que hay en este ingenio, y es que con ser cálido el temple en todo

tiempo y todos los valles de los Llanos abunden en moscas y éste las

tenga dentro y fuera de las casas de los indios y de los españoles, en

la casa que llaman del azúcar y donde se hacen las conservas y están las

tinajas llenas de todo género dellas no se halle ni se vea una ni más.

Helo visto, por eso lo digo, pues la miel y el azúcar, madre es de las

moscas.

CAPITULO XVII

DE LA CIUDAD DE TRUJILLO

Dista la ciudad de Trujillo del valle de Chicama cinco leguas tiradas.

La primera vez que la vi era muy abundante y muy rica; los vecinos,

conquistadores, unos hombrazos tan llenos de caridad para con los

pasajeros, que en viendo en la plaza un hombre no conocido ó nuevo en la

tierra (que llamamos chapeton), á mia sobre tuya lo llevaban á su casa,

lo hospedaban, regalaban y ayudaban para el camino, si allí no le daba

gusto hacer asiento; un vecino de aquellos, cuando salia de su casa

ocupaba toda la calle; no habia meson entonces, ni en muchos años

despues, ni carneceria; á todos sobraba lo necesario y aun más, y el que

no lo tenia no le faltaba, porque los encomenderos les enviaban el

carnero, vaca y lo demás cada dia. Liberalísimos para con los pobres;

sus casas muy hartas y sus cajas muy llenas de oro y plata. Ya todo ha

cesado y sus hijos han quedado pobres, porque no siguen la cordura, y

raras veces retienen las sillas de sus padres.

Dista esta ciudad del puerto, si así se ha de llamar siendo costa brava,

dos leguas; surgen los navios más de legua y media de la playa; en el

desembarcadero hay mares de tumbo, unas tras otras, con tanta violencia

cuanta experimentan los que allí se desembarcan. Aquí hay un poblezuelo

que del puerto toma el nombre, llamado Guanchaco. Los indios son grandes

nadadores y pescadores; no temen las olas, por más que sean; entran y

salen en unas balsillas de juncos gruesos, llamados eneas, que no sufren

dos personas, y las que las sufren han de ser muy grandes. En llegando á

tierra, cuando vienen de pescar, toman la balsa á cuestas y la llevan á

su casa, donde, ó en la playa, la deshacen y enjugan, y cuando se

quieren aprovechar della tórnanla á atar.

Conoscí en esta ciudad, entre otros vecinos y encomenderos, al capitan

don Juan de Sandoval, hombre muy amigo de los pobres, gran cristiano,

muy rico, casado con una señora muy principal de no menores partes que

su marido, nascida en el mismo pueblo, llamada doña Florencia de

Valverde, hija del capitan Diego de Mora y de doña Ana de Valverde.

Este caballero tenia antes que muriese capellanias instituidas en todos

los monasterios; su enterramiento escogió en el de San Agustin, cuya

capilla mayor edificó; aunque no quiso, el altar mayor fué suyo; al lado

del Evangelio hizo un altar advocacion de los Angeles, que adornó con

retablos famosos y muy ricos ornamentos labrados en España; dejó mucha

renta y poca carga de misas, con la cual se va edificando el convento, ó

por mejor decir se ha edificado. En el convento de nuestro padre Santo

Domingo se le dice perpétuamente la misa de Nuestra Señora todos los

sábados del año, y cada dia la Salve cantada, despues de Completas, como

es antiguo uso en la Orden desde su fundación; dejó bastante renta.

En el convento de San Francisco tambien tenia su memoria de misas, y

dejó renta para que se pague la limosna dellas.

Mucho tiempo del que vivió tenia en el puerto desta ciudad indios

pagados á su costa, para que en llegando el navio al surgidero, que ya

dije es de la playa más de legua y media, saliesen en sus balsillas,

fuesen al navio y avisasen saliesen ó no saliesen á tierra, porque como

el navio surge tan lejos, no venia quebrazon de las olas en tierra;

avisados no corren riesgo. Antes de que este caballero tuviese pagados

indios para esta bonísima obra perdianse muchos bateles, y los que en

ellos venian, porque viniendo á desembarcar, metianse en tierra, no

viendo el peligro, y cuando querian volver al navio no podian, por lo

cual era necesario zozobrar y perderse. Solia esta ciudad ser de buena

contractacion respecto del mucho azúcar y corambre que los vecinos

tenian, y por el ganado porcuno que della se llevaba á la de Los Reyes;

ya se va perdiendo.

Aunque dije arriba que desde Xayanca á Copiapo no llueve, añidí que á lo

menos desde el Puerto de Santa, lo cual es así, porque de cuando en

cuando suele llover en estos valles y arenales que hay desde Xayanca y

aun más abajo hasta Trujillo y un poco más arriba; y tan recio, y con

sus truenos, y en tanta abundancia, que saliendo los rios de madre

destruyen los valles, pastos y heredades, como subcedió agora 16 años,

poco más, que llovió tanto desde Trujillo para abajo, que se destruyeron

muchas haciendas y hobo mucha hambre; oí certificar en Trujillo, donde

llegué acabada de pasar esta inundacion, que se temió mucho no se

llevase el rio la ciudad; hicieron los reparos posibles, pero como eran

sobre arena, permanecian poco tiempo; llegó á tanto, que ya se habia

apregonado que, oida la campana, cada uno se pusiese en cobro como mejor

pudiese. Proveyó nuestro Señor con su misericordia que el rio divertió

por otra parte. Perdióse mucha cantidad de vestidos; arruináronse muchas

casas, porque como no se cubren con tejas, ni son á dos aguas, sino

terrados y éstos muy leves, llovianse todas y no habia donde guarecer la

ropa y comida. Los ornamentos de las iglesias, con dificultad se

guardaron. Oí decir á personas que se hallaron en Trujillo en aquella

sazon, y á los que en ella habia, que desde el valle de Chicama á

Trujillo, que dijimos poner cinco leguas, corrian tres rios que no se

podian vadear. Las madres dellos de muy antiguo se ven y se conocen

haber por allí corrido rios; los nuestros decian haber quedado desde el

diluvio. Los indios afirmaban haber oido á sus viejos que de muchos en

muchos años acontecian semejantes aguas é inundaciones, y ahora un año

subcedió tal azote, aunque no tan pesado.

Viviendo yo agora 15 años en Trujillo en nuestro convento (celebramos

allí la fiesta de Nuestra Señora de la Visitacion con toda la solemnidad

posible), cuando salíamos con la procesion ya se habia revuelto el

cielo; tronó, relampagueó, llovió, y si las cubiertas de las casas

fueran de tejas, corrieran las canales por un poco de tiempo.

Empero estos aguaceros no llegan al valle de Santa. Pasadas estas aguas,

son tantos los grillos que se crian en los campos y tierras de pan, y en

las casas, que es otro azote y plaga no menor; cómense lo sembrado y lo

no sembrado, y en las casas hacen no poco daño. Demás desto, con la

putrefaccion de la tierra con las aguas, críanse muchos ratones, que es

otra peor plaga. Llueve tambien en esta costa más continuamente que por

estos llanos de Trujillo para abajo, en un asiento llamado, mejor diré

en unas lomas llamadas de Ariquipa; pero esto es porque la mar, haciendo

un grande ensenada, se mete casi á las faldas de la tierra, donde

alcanzan muchos aguaceros, por lo cual los indios que aquí habitan más

son más serranos que yungas. Visten como serranos. Lo uno y lo otro he

visto muchas veces.

Es esta ciudad, como las demás de los Llanos, combatida de terremotos,

aunque no tan recios como desde ella para arriba.

CAPITULO XVIII

DE LA[S] GUACA[S] DE TRUJILLO

Hállanse en estos reinos, y particularmente en los Llanos, unos

enterramientos, comunmente llamados Guacas, que son unos como cerros de

tierra amontonada á manos, debajo de la cual los señores destos Llanos

se enterraban, y con ellos, segun es fama, y aun experiencia, ponian

gran suma de tesoros de oro é plata y la mayor cantidad de plata,

tinajas grandes y otras vasijas y tazas para beber, que llamamos cocos.

La guaca más famosa era una que estaba poco más de media legua de la

ciudad de Trujillo, de la otra banda del rio, de un edificio en partes

terrapleno, en partes de ladrillos grandes, ó por mejor decir de adobes

pequeños.

Este edificio era muy alto, y en circuito ó de box (si como marineros

nos es lícito hablar) debia tener poco menos de media legua.

Descripción colonial, libro primero (1/2) · 第 3 / 19 段