procedan los indios que habitan estos larguísimos y anchísimos reinos,
porque como no tengan escripturas, ni ellos ni nosotros sabemos quien
fueron sus predescesores ni pobladores destas tierras, mucha parte
dellas despobladas ó por la destemplanza del calor, ó por el demasiado
frio, ó por los médanos de arena y llanos estériles por falta de las
aguas. Porque afirmar lo que dice Platon en el libro que intituló
_Timeo_, que desembocando por el estrecho de Gibraltar en el mar
Occeano, no muy lejos de la tierra firme se descubria una isla mayor que
la Europa y toda la Asia, que contenia en sí diez reinos, la cual, con
una inundacion del mar toda se anegó y destruyó de tal manera que no
quedó rastro della, sino el mar ancho que hay por ventura desde Cabo
Verde al Brasil; lo cual no es creible, por no se hallar en ningun autor
mencion dello, ni es posible. Lo que parece se puede rastrear de los
primos genitores destos indios descubiertos desde las primeras islas:
Deseada, Marigalante, Dominica y las demás, Sancto Domingo, Cuba,
Habana, Puerto Rico y la Tierra Firme, reino de México y del Perú, es
llegarnos á lo que dice Floriano de Ocampo en la _Historia general_ que
comenzó de España, que es lo siguiente: Que cuando los cartaginenses
eran señores de alguna parte del Andalucia, desembocando con temporal
por el estrecho de Gibraltar ciertos navios de los Cartaginenses se
derrotaron hacia el Occidente, corriendo la derrota que agora se navega
por aquel mar ancho, y no pararon hasta descubrir unas islas que por
ventura son las arriba referidas, y viéndolas tan fértiles, pobladas de
arboledas, rios y sabanas, que son llanos abundantes de yerba, como
vegas de pastos, los más allí se quedaron, y volvieron los otros á
Cartago, los cuales, proponiendo en el Senado lo que habian descubierto,
y fertilidad de la tierra, convernia poblar aquellas islas despobladas.
Empero por aquellos senadores cartaginenses fué acordado por entonces se
dejase de tratar de aquello, mandando con mucho rigor nadie volviese á
aquellas islas, porque tenian por más importante el señorio y riqueza de
nuestra España que poblar nuevas tierras.
Destos pudo ser que navegando y buscando tierra firme diesen con ella, y
dellos se poblasen estos reinos; y esto no parece dificultoso de
imaginar, porque los cartaginenses que se quedaron en aquellas islas,
con algunos navios se habian de quedar, con los cuales pudo ser que
navegando para España ó buscando tierra firme se derrotaron y dieron en
ella, que por lo menos en aquella derecera dista de las islas cien
leguas, y más y menos como corre la costa, así de las islas como de la
tierra firme; porque el dia de hoy, como me refirió un español qu'
estuvo preso y captivo en la Deseada, que los indios della, en sus
canoas, que son unas vigas más gruesas que un buey, de madera liviana,
cavadas, largas y angostas, atraviesan á la tierra firme á la
gobernacion de Venezuela, cien leguas por mar, y más; cuando hay viento,
á vela, y cuando les falta, á remo, guiándose de noche por las estrellas
que tienen marcadas en aquel tiempo, qu' es verano; donde el pobre
remaba como captivo hasta que huyéndose al tiempo que las flotas
nuestras vienen á Tierra Firme suelen aportar á la Deseada á tomar agua
y leña, fué su ventura buena que á cabo de pocos dias despues de huido y
llegado al puerto, surgió la flota en él y le tomaron los nuestros. De
dia estaba escondido arriba en las copas de los árboles, que son muy
grandes y altos y muy coposos y de ramas espesas, y de noche descendia,
con no poco temor, á buscar algunas raíces dél conoscidas ó algun poco
de marisco para comer, porque si sus amos le hallaran, como luego
salieron, en echándole menos en busca dél, sin duda le flecharan y luego
se le comieran. Son todos estos indios caribes, que quiere decir
comedores de carne humana; bien dispuestos de cuerpo, morenotes, y así
los varones como las mujeres andan desnudos, como si vivieran en el
estado de la ignocencia[18]; son grandes flecheros y muy ligeros, y el
cuero del cuerpo, por el mucho calor, muy duro. Estas islas son
abundantes de muchas víboras ponzoñosas y culebras muy grandes que
llaman bobas, y muy gruesas; tienen muchas aves de monte y críanse en
ellas muchos venados. Lo que con mucha verdad podemos afirmar, que no se
sabe hasta hoy, ni en los siglos venideros naturalmente se sabrá, de qué
hijos ó nietos ó descendientes[19] de Noé los indios de todas estas
islas, ni Tierra Firme, ni México, ni del Perú, hayan procedido.
[18] En el ms., _ignosençia_.
[19] En el ms., _dessendientes_.
CAPITULO II
DE LA DESCRIPCIÓN DEL PIRÚ
Descendiendo en particular á nuestro intento, trataré lo que he visto,
como hombre que allegué á este Perú más ha de cincuenta años el dia que
esto escribo, muchacho de quince años, con mis padres, que vinieron á
Quito, desde donde, aunque en diferentes tiempos y edades, he visto
muchas veces lo más y mejor deste Pirú, de allí hasta Potosí, que son
más de 600 leguas, y desde Potosí al reino de Chile, por tierra, que hay
más de quinientas, atravesando todo el reino de Tucumán, y á Chile me ha
mandado la obediencia ir dos veces; esta que acabo de decir fué la
segunda, y la primera por mar desde el puerto de la ciudad de Los Reyes;
he dicho esto porque no hablaré de oidas, sino muy poco, y entonces diré
haberlo[20] oido mas á personas fidedignas; lo demás he visto con mis
propios ojos, y como dicen, palpado con las manos; por lo cual lo visto
es verdad, y lo oido, no menos; algunas cosas diré que parece van contra
toda razon natural, á las cuales el incrédulo dirá que de largas vías,
etc., mas el tal dará muestras de un corto entendimiento, porque no
creer los hombres sino lo que en sus patrias veen, es de los tales.
[20] Tachado: _de unas_.
CAPITULO III
PROSÍGUESE LA DESCRIPCIÓN DEL PERÚ
Este reino, tomándolo por lo que habitamos los españoles, es largo y
angosto; comienza, digamos, desde el puerto, ó por mejor dezir playa,
llamado Manta, y por otro nombre Puerto Viejo.
Llámase Puerto Viejo por un pueblo de españoles, así llamado, que dista
del puerto la tierra adentro ocho ó diez leguas; no le he visto, pero sé
es abundante de trigo y maíz y otras comidas de la tierra, de vacas y
ovejas, y es abundante de muchos caballos y no malos; el temple es
caliente, aunque templado el calor; cria la tierra muchas sabandijas
ponzoñosas, y con estar en la línea equinocial no es muy caluroso. Los
aires de la mar le refrescan; llueve en él, aunque no mucho.
Los indios deste puerto son grandes marineros y nadadores; tienen balsas
de madera liviana, grandes, que sufren vela y remo; los remos son
caneletes; visten algodon, manta y camiseta; desde este puerto, enviando
los navios que vienen la vuelta de tierra, salen con sus balsas, llevan
refresco que venden, gallinas, pescado, maíz, tortillas biscochadas,
plátanos, camotes y otras cosas. Tienen las narices encorvadas y algun
tanto grandes; diré lo que vi, porque pase por donaire: cuando veniamos
navegando cerca del puerto llegó una balsa con refresco; diósele un
cabo; traía lo que tengo referido; un criado de mis padres, rescatando
algunas cosas destas, y no queriendo el indio que era el principal
piloto de la balsa (hablan un poco nuestra lengua) quebrar de la plata
que pedia por el refresco, díjole: _¡oh qué pesado eres; no pareces sino
judío!_ En oyendo esto el indio, saltó del navio en su balsa; larga el
cabo y vira la vuelta de tierra; ni por muchas voces que se le dieron
para que volviese, no lo quiso hacer; tan grande fué la afrenta que se
le hizo y tanto lo sintió.
CAPITULO IV
DE LA PUNTA DE SANTA HELENA
Siguiendo la costa adelante, que toda ella desde punta de Manglares
hasta el estrecho de Magallanes, que sin dubda hay más de mil leguas,
corre Norte Sur (no creo son veinte leguas), está la punta llamada de
Santa Helena; tiene pocos ó ningunos indios el dia de hoy; cuando la vi
y saltamos en ella eran muy pocos los que allí vivian. En esta punta,
aunque es playa, suelen surgir los navios que vienen de Panamá, toman
agua y algun refresco. Hubo aquí antiguamente gigantes, que los
naturales decian no saber dónde vinieron; sus casas tenian tres leguas
más abajo del surgidero, hechas á dos aguas con vigas muy grandes; yo vi
allí algunas traidas en balsas para hacer un tambo que allí labraba el
encomendero de aquellos indios, llamado Alonso de Vera y del Peso,
vecino de Guayaquil.
Vi tambien una muela grande de un gigante, que pesaba diez onzas, y más.
Refieren los indios, por tradición de sus antepasados, que como fuesen
advenedizos, no saben de dónde, y no tuviesen mujeres, las naturales no
los aguardaban, dieron en el vicio de la sodomia, la cual castigó Dios
enviando sobre ellos fuego del cielo, y así se acabaron todos; no tiene
este vicio nefando otra medicina.
Hay tambien en este puerto, no lejos del tambo, una fuente como de brea
líquida, que mana, y no en pequeña cantidad; del agua se aprovechan
algunos navios en lugar de brea, como se aprovechó el nuestro, porque
viniéndonos anegando entramos en la bahia de Caraques, doblado el cabo
de Pasao, ocho leguas más abajo de Manta, de donde se invió el batel con
ciertos marineros á esta punta por esta brea (creo se llama copey), y
traida se descargó todo el navio; diósele lado y con el copey cocido
para que se espesase más brearon el navio, y saliendo de allí navegamos
sin tanto peligro.
Dice_n_ es bonísimo remedio para curar heridas frescas como no haya
rotura de niervo.
CAPITULO V
DEL PUEBLO DE GUAYAQUIL
De aquí por mar en balsas se va al segundo pueblo de españoles; no sé
las leguas que hay, doblando esta punta hasta Santiago de Guayaquil, y
tambien se camina por tierra llana, y en tiempo de aguas, cenagosa. Este
pueblo Santiago de Guayaquil es muy caluroso por estar apartado de la
mar; tiene mal asiento, por ser edificado en terreno alto, con figura
como de silla estradiota, por lo cual no es de cuadras, ni tiene plaza,
sino muy pequeña, no cuadrada. Por la una parte y por la otra deste
cerro tiene la ribera de un rio grande y caudaloso, navegable, empero no
se puede entrar en él si no es con creciente de la mar, ni salir si no
es en menguante; tanta es la velocidad y violencia de el agua,
cresciendo ó menguando. Críanse en las casas muchas sabandijas, cuales
son culebras, y alguna víboras, sapos muy grandes, ratones en cantidad;
están cenando, ó en la cama, y vense las culebras correr por el techo
tras el raton, que son como las ratas de España; al tiempo de las aguas,
infinitos mosquitos, unos zancudos cantores, de noche infectisimos, no
dejan dormir; otros pequeños, que de día solamente pican, llamados
rodadores, porque en teniendo llena la barriga, como no puedan volar,
déjanse caer rodando en el suelo, y otros, y los peores y más pequeños,
llamados jejenes, ó comijenes, importunísimos; métense en los ojos y
donde pican dejan escociendo la carne por buen rato, con no pequeña
comezon.
Es pueblo de contratación, por ser el puerto para la ciudad de Quito, y
por se hacer en él muchos y muy buenos navios, y por las sierras de agua
que tiene en las montañas el rio arriba, de donde se lleva á la ciudad
de Los Reyes mucha y muy buena madera. Tiene dos ó tres excelencias
notables: la primera, la carne de puerco es aquí saludable, las aves
bonísimas, y sobre todo el agua del rio, particularmente la que se trae
de Guayaquil el Viejo, que es donde se pobló este pueblo; van por ella
en balsas grandes, en una marea, y vuelven en otra; dicen esta agua
corre por cima de la zarzaparrilla, yerba ó bejuco notísimo en todo el
mundo por sus buenos efectos para el mal francés, ó bubas por otro
nombre, las cuales se verán aquí mejor que en parte de todo el orbe, y
sana muy en breve los pacientes, dejándoles la sangre purificada como si
no hobieran sido tocados desta enfermedad, con sólo tomarla por el órden
que allí se les manda guardar; empero si no se guardan por lo menos seis
meses, tornan á recaer; yo vi un hombre gafo en un valle distrito de
Quito, llamado Riopampa, que no podía comer con sus manos, y lo pusieron
en una hamaca para lo llevar á que se cúrase en este pueblo, y dentro de
seis meses le vi en Los Reyes tan gordo y tan sano como si no hobiera
tenido enfermedad alguna, y otros he visto volver sanísimos; suficiente
excelencia para contrapeso de las plagas referidas. No se da trigo en
este pueblo, mas dase maíz muy blanco, y el pan que dél se hace es
mejor y más sabroso que el de nuestro trigo; danse muchas naranjas y
limas, y frutas de la tierra en cantidad, buenas y sabrosas, y la mejor
de todas ellas son las llamadas badeas por nosotros; son tan grandes
como melones, la cáscara verde, la carne, digamos, blanca, no de mal
sabor; por dentro tiene unos granillos poco menores que garbanzos, con
un caldillo que lo uno y lo otro comido sabe á uvas moscateles las más
finas; es regalada comida.
Por este rio arriba se sube en balsas para ir á la ciudad de Quito, que
dista deste pueblo sesenta leguas, en la sierra y tierra fria, las
veinticinco por el rio arriba, las demás por tierra.
Al verano se sube en cuatro ó cinco dias; al ivierno en ocho cuando en
menos tiempo, porque se rodea mucho: déjase la madre del rio y
declinando sobre la mano derecha á las sabanas, que son unos llanos muy
grandes llenos de carrizo, pero anegados del agua que sale de la madre
del rio, llévanse las balsas con botadores, porque el agua está
enbalsada y no corre; es cierto que si la tierra no fuera tan cálida y
llena de mosquitos, causara mucha recreacion navegar por estas sabanas.
En ellas hay algunos pedazos de tierras altas que son como islas, donde
los indios tienen sus poblaciones con abundancia de comidas y
mantenimientos de los que son naturales á sus tierras: mucha caza de
venados y puercos de monte, que tienen el ombligo en el espinazo; pavas,
que son unas aves negras grandes, crestas coloradas y no malas al gusto;
hay tambien en estas islas tigres no poco dañosos á los indios, y es
cosa de admiracion: en estas sabanas hay muchas casas, ó barbacoas por
mejor decir, puestas en cuatro cañas de las grandes, en cuadro, tan
gruesas como un muslo y muy altas, hincadas en el suelo; tienen su
escalera angosta, por donde suben á la barbacoa ó cañizo donde tienen su
cama y un toldillo para guarecerse de los mosquitos; aquí duermen por
miedo de los tigres; muchos destos indios están toda la noche en peso
sin dormir, tocando una flautilla, aunque la música, para nosotros á lo
menos, no es muy suave; estas barbacoas no sustentan más que una
persona.
Todo este rio, á lo menos en la madre que yo vi, es abundante de
caimanes ó lagartos, que son los cocodrilos del rio Nilo, muy grandes,
de veinte y cinco pies en largo, y dende abajo, conforme á la edad que
tienen; encima del agua no parecen sino vigas, y son tantos, que muchas
veces vi á los indios que remaban y guiaban las balsas darles de palos
con los botadores para que los dejasen pasar.
Y pues habemos venido á tractar destos lagartos ó caimanes, será justo
decir sus propiedades, las cuales he yo visto. Tienen la misma figura
que un lagarto, pero tan largos como acabo de decir; son velocísimos en
el agua, duermen en tierra, y en ella son perezosísimos, y esto es
necesario, por ser de cuerpos tan grandes y de barriga anchos; los pies
y manos cortos; el sueño es pesadísimo, porque lo que subcedió con uno
destos en Panamá, é yo lo vi muerto en la playa, paso así: que una
mañana de San Juan se salieron tres mujeres enamoradas, las cuales vi en
aquella ciudad, con sus hombres á lavarse al rio, que es pequeño, y
cerca del pueblo; el tiempo os caluroso y de aguas, por ser el ivierno,
aunque por San Juan suelen cesar por algunos dias, y así se llama el
veranillo de San Juan; llegaron al rio y en una poza se entraron á
bañar, en la cual se habia un caiman quedado, que con avenida se subió
de la mar por el rio arriba, y como cesó la avenida no pudo volverse á
la mar, donde hay muchos; en este aroyo no se crian.
El caiman estaba durmiendo en tierra; bañáronse estas mujeres, y
saliendo una á enjugarse, pareciéndole peña el caiman dormido, sentóse
encima dél una, y saliendo la otra llamóla convidándola con la peña tan
blanda; salió la tercera y convidándola sentóse más hácia la cola, donde
los caimanes tienen unas conchas agudas, y como se espinase con ellas,
dijo: ¡Oh! qué espinosa peña, y tentando con la mano, no era aún de dia,
levantó la cola del caiman, y conosciéndolo dió voces: ¡caiman, caiman!
las demás levántanse no poco alborotadas; llamaron á sus hombres, que se
habian apartado un poco rio abajo; á las voces acudieron y con sus
espadas mataron al caiman antes que entrase en el agua.
El mismo dia por la mañana le trajeron negros arrastrando á la ciudad, y
lo pusieron en la playa, donde todo el pueblo lo fué á ver; conoscí é
traté á uno de los que iban con estas mujeres que se halló presente,
llamado Bracamonte, de quien y de otros oí lo referido; tenia de largo
18 pies.
Vi tambien en esta misma ciudad otro caiman muerto en el portete della,
á donde los navios pequeños y fragatas con la marea entran y con ella
salen, que unos negros de un vecino de aquella ciudad, llamado Cazalla,
viniendo de una isla de su amo á este portete con la creciente de la
marea, acaso le hallaron, que se habia quedado en la menguante
precedente en la lama (aquí en esta playa de Panamá crece y mengua la
mar tres leguas, y todo este espacio es lama); echáronle un lazo y
muerto le trujeron por la popa de la fragata; este caiman era muy
grande: tenia de largo 22 pies: yo le vi medir, vile desollar, y del
buche le sacaron muchas piedras, que me parece habria tres copas de
sombrero de los comunes, unas mayores y otras menores, y las mayores tan
grandes como huevo de gallina; es cierto comen piedras y con el calor
del buche las digieren; estaban lisas, y por algunas partes gastadas; vi
tambien que debajo de los brazos, séame lícito decir, del sobaco, le
sacaron unas bolsillas llenas de un olor que no parecia sino almiscle;
esto curan al sol y huele como el mismo almiscle; entonces llegó del
Perú un hombre rico llamado Bozmediano, y la piel deste animal le
dieron; decia lo habia de llevar á España y ponerlo en Santiago de
Galicia.
No tienen lengua, sino una paletilla pequeña con que cubren y abren el
tragadero, por lo cual debajo del agua no pueden comer; tienen los
dientes por una parte acutísimos, por la otra encajan unos en otros;
hecha presa no la sueltan hasta que la han despedazado.
Es cosa graciosa verlos cazar gaviotas, pájaros bobos y cuervos marinos
y otras aves; cuando éstas se abaten de arriba abajo á pescar, velas
venir el caiman, y por debajo del agua va á donde la pobre ave da
consigo en el agua, y veniendo con tanta velocidad no puede declinar la
caída, como el caballo en medio de la carrera; entonces el caiman antes
que llegue al agua abre la boca, y pensando el ave dar en el agua, da en
la boca del caiman, y pensando cazar la sardina ó otro pece es cazada, y
el caiman, la cabeza fuera del agua levantada, trágase la gaviota ó
cuervo marino. El buche desta bestia es calidísimo; aprovéchanse dél,
bebido en polvos, contra el dolor de la ijada; son amicísimos de perros
y caballos, y por esto la balsa donde van la siguen muchas leguas.
Cuando están cebados y encarnizados en carne humana son muy dañosos, y
hacen el daño desta manera: para hacer la presa en el indio ó negro que
lava en el rio, ó coge agua, vienen muy ocultamente por debajo della, y
viéndola suya, vuelven con una velocidad extraña la cola, y dan con ella
un zapatazo en el indio ó negro; cae el indio en el agua, al cual al
instante le echan mano con la boca, de donde pueden; llévanlo al rio ó
mar adelante hasta que lo ahogan, y sacándolo á tierra se lo comen.
Destos caimanes hay mucha cantidad en otros rios, así desta costa como
de Tierra Firme y México, como el temple sea caluroso; en ésta del Pirú
no pasan del gran rio de Motape adelante.
Por este rio de Guayaquil arriba (como habemos dicho) se sube en balsas
grandes hasta el desembarcadero, veinticinco leguas; hasta el dia de hoy
hay requas de mulas y caballos que llevan las mercaderias á aquella
ciudad y á otros pueblos que de Panamá vienen á Guayaquil. Viven en esta
ciudad y su distrito dos naciones de indios, unos llamados
Guamcavillcas, gente bien dispuesta y blanca, limpios en sus vestidos y
de buen parecer; los otros se llaman Chonos, morenos, no tan políticos
como los Guamcavillcas; los unos y los otros es gente guerrera; sus
armas, arco y flecha. Tienen los Chonos mala fama en el vicio nefando;
el cabello traen un poco alto y el cogote trasquilado, con lo cual los
demás indios los afrentan en burlas y en veras; llámanlos perros chonos
cocotados, como luego diremos.
Desde aquí á pocas leguas andadas se llega á un convento de San Augustín
fundado en el valle llamado Reque, que tiene por nombre Nuestra Señora
de Guadalupe, porque Francisco de Lezcano (á quien el marqués de Cañete,
de buena memoria, por ciertos indicios desterró á España), volviendo acá
trujo una imágen de Nuestra Señora, del tamaño de la de Guadalupe de
España; púsola en la iglesia del pueblo de aquel valle que los padres de
San Agustin tenian á su cargo, dándola el nombre de Nuestra Señora de
Guadalupe.
Luego que se puso hizo muchos milagros sanando diversas enfermedades, y
particularmente á los quebrados. Oí decir al padre fray Gaspar de
Carvajal (el cual me dió la profesion) que siendo muy enfermo, como
tambien le vi para espirar de esta enfermedad, fué á tener unas novenas,
y las tuvo en aquel convento, y al cabo de los nueve dias se halló sano
y salvo de su quebradura, como si en su vida no la hobiera tenido, y
nunca más padeció aquella enfermedad, viviendo despues muchos años; ya
han cesado estos milagros y aun la devocion de la imágen, por la
indevocion de los circunvecinos. El convento es religioso y de mucha
recreacion; susténtanse en él de 16 á 20 religiosos, con mucha clausura
y ejercicio de letras.
CAPITULO VI
DEL VALLE DE CHICAMA
Pocas leguas adelante, no creo son dos jornadas, corre el valle de
Chicama, abundante; los hijos de los españoles que nascen en este
pueblo, por la mayor parte son gentiles hombres, y las mujeres les hacen
gran ventaja, y aun á todas las del Perú; créese que el agua es gran
parte en este particular, porque donde la hay buena, las mujeres son muy
bien dispuestas que donde no es tal; esto lo dice la experiencia.
Saliendo, pues, de la ciudad de Guayaquil para la mar en una marea ó
poco más, menguante, se llega á la isla Lampuna, cuyo nombre corrompido
llaman la Puna, cuyos indios fueron belicosos mucho; comian carne
humana; era bastantemente poblada. Produce oro y mucha comida; toda su
costa es abundantísima de pescado. Produce tambien cantidad de
sabandijas ponzoñosas, culebras, víboras y otros animales; por la costa
della, particular la que mira la tierra, se veen muchos caimanes; dista
de la tierra firme poco más de ocho leguas.
Estos indios se comieron al primer obispo que hobo en estos reynos,
llamado Fr. Vicente de Valverde, religioso de nuestra sagrada Orden, con
otros españoles; fué obispo de más tierra que ha habido en el mundo,
porque desde Panamá hasta Chile se prolongaba por mar y por tierra su
obispado. Era fama en aquella isla haber un tesoro riquísimo que los
indios tenian escondido; despachóle el Marqués Pizarro desde la ciudad
de Los Reyes con poca gente para que lo descubriese y sacase; los indios
eran recien conquistados; los cuales, recibiendo á nuestro obispo y á
los que con él iban, de paz, y sabiendo á lo que venian, los
descuidaron, y descuidados dan en ellos, mátanlos y cómenselos; por esto
son afrentados de los indios comarcanos, llamándoles perros Lampuna,
come obispo. Estos indios son grandes marineros, tienen balsas grandes
de madera liviana, con las cuales navegan y se meten en la mar á pescar
muchas leguas; vienen á Guayaquil con ellas cargadas de pescado, lizas,
tollos, camarones, etc., y suben al desembarcadero que dejamos dicho del
rio de Guayaquil; cuando en este rio se encuentran estos indios con los
Chonos, se afrentan los unos á los otros; los Chonos dícenles; ¡ah!
perro Lampuna, come obispo! Los Lampunas: ¡ah! perro Chono, cocotarro!
notándolos del vicio nefando; ésto vi y oí. Hay en esta isla plateros de
oro que labran una chaquira de oro, así la llamamos acá, tan delicada,
que los más famosos artífices nuestros, ni los de otras nasciones la
saben, ni se atreven á labrar; destas usaban las mujeres principales
collares para sus gargantas; llevóse á España, donde era en mucho
tenida.
CAPITULO VII
DE TUMBES
Prolongando la costa y corriendo Norte, Sur, pocas leguas adelante, no
son veinte, llegamos al puerto llamado Tumbes, que más justamente se ha
de llamar playa y costa brava; tiene esta playa un rio grande y
caudaloso de buena agua, pero los navios que antiguamente allí aportaban
no entraban en él por la mucha mar de tumbo y olas unas tras otras que
cuotidianamente quiebran en su boca, viniendo más de media legua de la
mar, por lo cual es dificultoso entrar en él aun balsas, y si son aguas
vivas es imposible, so pena de perderse.