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BIBLIOTECA ARGENTINA
PUBLICACIÓN MENSUAL DE LOS MEJORES LIBROS NACIONALES
DIRECTOR: RICARDO ROJAS
13
Descripción Colonial
POR
Fr. Reginaldo de Lizárraga
(LIBRO PRIMERO)
[Illustración]
BUENOS AIRES
LIBRERÍA LA FACULTAD, DE JUAN ROLDÁN
436-FLORIDA-436
1916
ORÍGENES DE ESTA BIBLIOTECA
I.--El año 1909, Ricardo Rojas proyectó por primera vez esta BIBLIOTECA,
como parte integrante de su más extenso plan de educación democrática,
que llamó _La Restauración Nacionalista_, en el informe sobre nuestra
enseñanza, presentado entonces al ministro de Instrucción Pública,
doctor Rómulo Naon. (Véase en la citada obra el capítulo VII, páginas
430-434, y en el Apéndice, el acápite número 2, páginas 482-483.)
II.--En 1910, Ricardo Rojas, delegado al Congreso de Bibliotecas,
reunido para el Centenario en Buenos Aires, renovó su iniciativa del año
anterior, concretándola más aun, y dicha asamblea de educadores la
aceptó por unanimidad, despues de oir, en sesión presidida por el
profesor Pablo Pizzurno, los fundamentos y propósitos del autor. (Véase
el proyecto y el voto pertinente del Congreso en _La Nación_ y _La
Prensa_ del mes de junio de 1910.)
III.--En 1911, este proyecto de fundar una Biblioteca popular de autores
argentinos, fué adoptado por el presidente del Consejo de Educación
doctor José M. Ramos Mejía, quien, con la lealtad que le era ingénita,
llamó espontáneamente al autor de la idea para ofrecerle la dirección y
le pidió que redactara un informe ó prospecto sobre la proyectada
Biblioteca. Ricardo Rojas accedió, indicando los mismos autores que
publicaremos nosotros, con idéntico formato, precio y periodicidad; pero
la renuncia del presidente Ramos Mejía, frustró tan generosa tentativa.
(Véase en el _Monitor de la Educación Común_, tomo XXXIX, número 466,
páginas 105-112, los antecedentes de este asunto y el proyecto de
Rojas.)
IV.--En 1912, la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, confió
á Ricardo Rojas la nueva cátedra de «Historia de la Literatura
Argentina» y en la conferencia inaugural de su curso, leída el 7 de
junio de 1914 en el anfiteatro de dicha facultad, encareció la urgencia
de organizar, como base de sus estudios, la bibliografía nacional,
restaurando textos corrompidos ó divulgando los olvidados, á fin de
popularizar sus enseñanzas. (Véase dicha conferencia, parágrafo X, en el
tomo XXI de la Revista de la Universidad de Buenos Aires.)
V.--En 1913, la iniciativa teórica de Ricardo Rojas, tan lentamente
madurada, se convirtió en resolución de fundar la BIBLIOTECA ARGENTINA
por iniciativa particular, y no disponiendo él de medios para hacerlo,
nos convenció de que debíamos acompañarlo como editores en esta empresa
de cultura popular, según tuvimos ocasion de publicarlo entonces, en
nuestro primer prospecto dirigido á los futuros suscriptores. (Véase
nuestra circular, que se titula BIBLIOTECA ARGENTINA, fechada y
repartida en julio de 1914.)
VI.--Tal es el origen, públicamente documentado, de la BIBLIOTECA
ARGENTINA que Ricardo Rojas dirigirá, por el derecho que le da su
iniciativa y su versación en estas cuestiones. Realizaremos esta empresa
casi en la misma forma y con los mismos libros del proyecto que presentó
al doctor Ramos Mejía. La sanción que esta idea recibiera en el
Ministerio de Instrucción Pública (1909), en el Congreso de Bibliotecas
Populares (1910), en el Consejo de Educación (1911), han influído en
nuestro ánimo, pero declaramos que nuestra confianza estriba, sobre
todo, en el sólido prestigio de su iniciador. Nuestro éxito dependerá,
no de la idea, sino del plan y el método. Lo que no hizo el Estado, lo
hará la iniciativa particular. Desde 1914 hemos esperado para lanzarnos
á la publicidad, tener un número discreto de suscriptores. Ya lo
tenemos; pero aun con ellos, esta es una aventura patriótica, y probamos
no perseguir ganancias, con sólo invocar el delicado trabajo que demanda
cada tomo al Director, y el precio popular de nuestras ediciones.
EL EDITOR.
BIBLIOTECA ARGENTINA
Volumen 13
BIBLIOTECA ARGENTINA
PUBLICACIÓN MENSUAL DE LOS MEJORES LIBROS NACIONALES
DIRECTOR: RICARDO ROJAS
13
Descripción Colonial
POR
Fr. Reginaldo de Lizárraga
(LIBRO PRIMERO)
[Illustración]
BUENOS AIRES
LIBRERÍA LA FACULTAD, DE JUAN ROLDÁN
436--FLORIDA--436
1916
ÍNDICE
Págs.
NOTICIA PRELIMINAR, por RICARDO ROJAS. 11
LIBRO PRIMERO
DESCRIPCIÓN BREVE DE TODA LA TIERRA DEL PERÚ, TUCUMÁN,
RÍO DE LA PLATA Y CHILE, PARA EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR
CONDE DE LEMUS Y ANDRADA, PRESIDENTE DEL CONSEJO
REAL DE INDIAS, POR FR. REGINALDO DE LIZÁRRAGA.
I.--De la descripción del Perú. De qué
gente procedan los indios. 39
II.--De la descripción del Pirú. 42
III.--Prosíguese la descripción del Perú. 43
IV.--De la punta de Santa Helena. 44
V.--Del pueblo de Guayaquil. 46
VI.--Del valle de Chicama. 54
VII.--De Tumbes. 56
VIII.--Del rio de Motape. 57
IX.--Del puerto de Paita. 58
X.--De la ciudad de Piura. 58
XI.--[Del valle de Xayanca]. 60
XII.--De los Llanos. 60
XIII.--Del camino de la costa. 64
XIV.--De los demás valles. 65
XV.--De Nuestra Señora de Guadalupe. 66
XVI.--Del valle de Chicama. 66
XVII.--De la ciudad de Trujillo. 68
XVIII.--De la[s] guaca[s] de Trujillo. 73
XIX.--Del valle de Sancta. 76
XX.--De los demás valles á Los Reyes. 77
XXI.--Del valle y ciudad de Los Reyes. 79
XXII.--De la ciudad de Los Reyes. 82
XXIII.--De nuestro Convento. 86
XXIV.--De las Capillas. 88
XXV.--De las capillas del lado de la Epístola. 91
XXVI.--De la capilla de las Reliquias. 93
XXVII.--De los Provinciales [que] han augmentado
el convento. 95
XXVIII.--De los Provinciales de nuestra Orden. 97
XXIX.--De los demás Provinciales de nuestra
Orden. 98
XXX.--De los restantes Provinciales de nuestra
Orden. 102
XXXI.--De los religiosos que sustenta. 105
XXXII.--De los Obispos. 105
XXXIII.--Del convento de San Francisco. 110
XXXIV.--Del convento de San Augustin. 112
XXXV.--Del convento de la Merced. 114
XXXVI.--Del convento del Nombre de Jesús. 114
XXXVII.--Del convento de los Descalzos. 115
XXXVIII.--Del monasterio de la Encarnación. 116
XXXIX.--Del monasterio de la Concepción. 118
XL.--Del monasterio de la Trinidad. 119
XLI.--Del monasterio de las Descalzas. 120
XLII.--De la iglesia de Nuestra Señora de
Guadalupe. 121
XLIII.--De las cofradías desta ciudad. 123
XLIV.--De la capilla de la Cárcel. 125
XLV.--De la Universidad. 127
XLVI.--De los Colegios. 128
XLVII.--De la capilla de Nuestra Señora de
Copacavana. 128
XLVIII.--De los hospitales. 129
XLIX.--De la iglesia Mayor. 132
L.--De los edificios. 133
LI.--De los vestidos de las mujeres. 134
LII.--Del acompañamiento del Santísimo
Sacramento. 135
LIII.--De la cristiandad deste pueblo. 138
LIV.--Las cosas contrarias á esta ciudad. 140
LV.--De las calidades de los nacidos en ella. 142
LVI.--Del puerto y pueblo del Callao. 143
LVII.--De los valles que se siguen. 146
LVIII.--Del valle de Cañete. 148
LIX.--Del valle de Chincha. 151
LX.--Del valle de Pisco. 155
LXI.--Del valle de Ica. 156
LXII.--Del valle de Guayuri. 157
LXIII.--Del valle de la Nasca. 158
LXIV.--De otros valles siguientes. 159
LXV.--Del valle [de] Camaná. 160
LXVI.--De la ciudad de Arequipa. 162
LXVII.--Del puerto Arica. 164
LXVIII.--De los demás valles hasta Copiapó. 167
LXIX.--De la ciudad de Quito. 172
LXX.--De la provincia de los Quijos. 176
LXXI.--De Riobamba y Tumibamba. 178
LXXII.--De la ciudad llamada Loja. 182
LXXIII.--De la provincia de Cajamarca. 183
LXXIV.--De la ciudad de Chachapoyas. 184
LXXV.--De la ciudad [de] Guánuco. 185
LXXVI.--De la villa de Oropesa, llamada por
otro nombre Guancavilca. 187
LXXVII.--Del asiento de Minas Choclococ[h]a,
por otro nombre Castrovirreina. 190
LXXVIII.--De la ciudad [de] Guamanga. 191
LXXIX.--Del rio y caminos de Guamanga al
Cuzco. 194
LXXX.--De la ciudad llamada El Cuzco. 197
LXXXI.--De los Andes del Cuzco y Coca. 203
LXXXII.--Prosíguese el camino del Cuzco á Vilcanota. 208
LXXXIII.--Prosigue el camino al Collao. 211
LXXXIV.--De la laguna de Chucuito. 212
LXXXV.--De los pueblos que hay en esta provincia
de Chucuito. 216
LXXXVI.--Del pueblo [de] Copacavana. 218
LXXXVII.--Del pueblo [de] Cepita y [De]s[a]guadero. 224
XXXVIII.--Del pueblo de Tiaguanaco. 226
LXXXIX.--Del camino de Omasuyo. 227
XC.--De la ciudad de La Paz. 229
XCI.--Del pueblo Calamarca y demás provincias
del Collao. 230
XCII.--Del tambo de Caracollo y camino por
los valles hasta La Plata. 231
XCIII.--De los valles y pueblos desde Cliza á
Misque. 235
XCIV.--De la provincia de Santa Cruz de la
Sierra. 239
XCV.--Prosigue el camino de Mizque á la ciudad
de La Plata. 245
XCVI.--De la ciudad de La Plata. 246
XCVII.--De otro camino para la ciudad de La
Plata. 253
XCVIII.--De los pueblos de españoles en valles
cerca de los Chiriguanas. 257
XCIX.--De los Chiriguanas y sus calidades. 258
C.--Del cerro de Potosí. 263
CI.--Del cerro de Potosí. 269
CII.--Las vueltas que ha dado Potosí. 271
CIII.--De la abundancia de que goza Potosí. 273
CIV.--De las perroquias de Potosí. 275
CV.--De las cofradías. 277
CVI.--De la destemplanza de Potosí. 279
CVII.--De la provincia de las Chichas y Lipes. 280
CVIII.--Del valle Tarija. 281
CIX.--De otros pueblos en frontera y la tierra
adentro de los Chiriguanas. 286
CX.--Del cerro llamado Porco. 287
CXI.--Del camino de Porco á Arica. 288
CXII.--De la calidad y costumbres de los indios
destos reinos. 290
CXIII.--Cómo los gobernaba el Inga. 296
CXIV.--Cómo se han de gobernar en algunas
cosas. 302
CXV.--El azogue consume muchos indios. 306
CXVI.--Cómo se crian los hijos de los españoles
que nacen en este reino. 307
DESCRIPCIÓN COLONIAL
NOTICIA PRELIMINAR
POR
RICARDO ROJAS
NOTICIA PRELIMINAR
SUMARIO: Quién era Fray Reginaldo de Lizárraga
(1545-1615).--_Descripción breve del reino del Perú, Tucumán, Río de la
Plata y Chile_ (1605).--Parte de esta obra que se refiere á la naciente
sociedad argentina (capítulos LXII-LXXII).--Biografía de
Lizárraga.--Fecha probable de su viaje por nuestro país: 1589.--Valor
histórico de su obra.--Sus condiciones de observador.--Algunos ejemplos
de juicios, etopeyas y paisajes.--Valor relativo de su prosa entre las
crónicas del siglo XVI.
I
Al finalizar el siglo XVI llegó á Santiago del Estero, capital entonces
del Tucumán, el padre fray Reginaldo de Lizárraga, visitador de los
conventos dominicos en la dilatada provincia del Perú. Su verdadero
nombre era Baltasar de Obando, como su padre, que habia entrado al Nuevo
Mundo con los primeros conquistadores del imperio incaico. Nacido en
1545--unos dicen en Lima, otros en España,[1]--profesó á los quince años
en la orden de Santo Domingo. Fué su maestro Fray Tomás de Argomedo,
«varon doctísimo, de grande ejemplo en vida, é insigne predicador»,
quien, al consagrarle en 1560, le cambió el nombre paterno por el otro
con que le conocemos en sus obras, pues aquél solia decir: «á nueva
vida, nombre nuevo». Desde entonces le distinguieron por «Fray Reginaldo
de Lizárraga». Por tal llegó á Santiago, y así firmó los libros que más
tarde escribiera, entre ellos esta _Descripción_ de su viaje, que ahora
publica la BIBLIOTECA ARGENTINA[2].
En 1586 dividióse la provincia dominica del Perú, creándose la de San
Lorenzo Mártir, que comprendía, más ó menos, Chile, la Argentina y el
Paraguay actuales. Fray Reginaldo fué nombrado provincial de la nueva
jurisdicción, y en tiempo de Sixto Fabro, general de la órden,
mandáronle á visitar los conventos del vasto territorio que se extendía
de Buenos Aires y la Asunción á Concepción y Coquimbo, y de Salta y
Esteco á Córdoba y Mendoza. Por tal motivo llegó á Santiago hacia 1589,
cuando gobernaba don Juan Ramírez de Velasco, de quien guardó muy
halagüeño recuerdo, y del cual escribió pocos años más tarde: «caballero
bien intencionado; el cual pobló de españoles las faldas de la
cordillera vertientes á Tucumán». «Caballero dócil y que fácilmente
recibe la razon y se convence»--como dice esta _Descripción_.--Más
adelante agrega, recordando á Abreu, á Lerma, sus trágicos antecesores,
«creo no le sucederá lo que á los sobredichos»[3].
Harto menguada era la situación de los dominicos en su convento de
Santiago, cuando Lizárraga los visitó. «Pasando yo por esta
provincia--escribe él mismo--(y esto me compelió ir por ella á Chile),
hallé seis ó siete religiosos nuestros divididos en doctrinas; uno en
una desventurada casa en Santiago; más era cocina que convento; es
vergüenza tratar de ello; y teníanle puesto por nombre Santo Domingo el
Real; viendo, pues, que no se podía guardar ni aún sombra de religion en
él, lo saqué de aquella provincia; es cosa de lástima haya ningunos
religiosos en ella, porque un solo fraile en un convento y en un pueblo,
¿qué ha de hacer? Una ánima sola--decíanos--ni canta ni llora.»--Era
mejor el convento franciscano, con cinco ó seis religiosos; pero
igualmente precario el de la Merced. En torno de ellos, la ciudad
menguaba en fortín ó aldea, visible apenas entre selvas vírgenes y
tribus nómades. Las gentes vivian del maíz; beneficiaban la miel
silvestre que vendían en odres al Perú; vestían trajes burdos de lana,
que allí mismo labraban y teñían. Un extranjero proyectaba por esos
días--según nos cuenta el fraile escritor--montar un molino á la manera
de los que él habia visto en «Alemaña», pero murió á la sazon sin lograr
su empresa, y siguióse la molienda del trigo y maíz en morteros de
piedra, según usanza de los indios. Habia, sin embargo, dos ó tres
«atahonas» particulares. Las casas eran pobres, de adobe, y se
desmoronaban fácilmente, por ser la tierra salitrosa. Y si ésta era la
situación de la capital en la provincia, puede medirse cómo eran las
otras aldeas y cómo todo el interior argentino al finalizar el siglo
XVI. Tal como Fray Reginaldo de Lizárraga lo viera entonces, así
volvemos á verlo nosotros en las páginas de este libro, donde nos dejó
la «descripción» de sus viajes.
Antes de visitar nuestras ciudades, Fray Reginaldo habia residido en el
convento de Lima; despues, vuelto al Perú, en diversas localidades:
Arequipa, Cuzco, Guamanga, La Plata y otras, ya como doctrinero, ya como
prior de su órden. Despues de 1591, estaba en Jauja cuando el virrey
García Hurtado recomendóle ante Felipe II para el obispado de la
Imperial ciudad chilena. Nombráronle en 1599. Por diversos
inconvenientes no pasó á Chile hasta 1602, llegando á hacerse cargo de
su sede en 1603, más bien con desabrimiento que entusiasmo. Los indios
de Valdivia acosaban la region; ese obispado era pobre; y en una carta
de 1604, el propio Lizárraga se lamentaba: «La iglesia, paupérrima; las
misas se dicen con candelas de sebo, si no son los domingos y fiestas;
el santísimo se alumbra con aceite de lobo, de mal olor. Si se halla de
ballena no es tan malo». Intentó renunciar á semejante probenda...
Dicen, no obstante, que era virtuoso, que lo amaba el pueblo. El
gobernador Alonso de Ribera recomiéndalo al Rey así: «Usa el oficio con
mucha edificación de letras, vida y ejemplo». Parece lógico, pues, que
en 1607 lo trasladaran de obispo al Paraguay. Hacia 1602 murió en la
Asunción, á los sesenta años de edad. Aseguran las crónicas
eclesiásticas que murió santamente[4].
Los viajes de Lizárraga por el Perú le permitieron conocer las ciudades
nombradas y los valles de Chincha, Pisco, Ica, Nasca, Cumaná, Chicoama,
Tarija, y otros de que trata en su libro. De nuestro país, describe las
comarcas y pueblos de Salta, Esteco[5], Santiago, Córdoba, Mendoza; toda
la tierra que va desde la Puna hasta la cordillera de Cuyo. Durante esas
jornadas conoció las riberas del Chucuito, los tambos del Collao, la
quebrada de Humahuaca, los desiertos de Córdoba, las cordilleras de
Mendoza. Hombre docto como era, trató á gobernantes y prelados, á
caciques y conquistadores, á maestros y bandidos; inquirió noticias
históricas sobre el pasado de estos reinos; observó las costumbres y
caracteres de la época en que tocárale vivir; y legó á su posteridad la
memoria de sus viajes en esta «Descripción», primer libro donde se
muestra, en visión sedentaria, la tierra y la sociedad de la conquista
argentina.
El verdadero título del libro es como sigue: _Descripción breve de toda
la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile_[6]. Sabido es que
en aquel primer momento de la conquista, todas estas regiones--ó
«reinos» como se decía--formaban una sola entidad política y moral, cuyo
centro era Lima. Posteriormente vinieron las segmentaciones
administrativas y espirituales, núcleos tradicionales y geográficos de
actuales naciones americanas en esta parte del continente. Pero en el
siglo de Lizárraga vemos como los hombres y las cosas coloniales se
movían á través de las susodichas regiones dentro de una sola unidad.
Así por ejemplo en el capítulo LXVIII dice de don Juan de Garay, despues
de escribir sobre la Asunción: «La segunda ciudad, el río abajo, según
dicen 150 leguas, se fundó en nuestros días por el capitan Juan de
Garay, de nación vizcaíno, hombre nobilísimo y muy temido de los indios,
llamada Sancta Fe; _conocílo y tratélo en la ciudad de la Plata_»[7].
Probablemente conoció en La Plata, ó en Lima, ó en Oropesa, donde
tambien residió, á Barco Centenera, autor del poema _Argentina_, y á
algunos otros personajes del Río de la Plata. En el convento dominico de
la ciudad de los Reyes, Fray Reginaldo habia sido compañero de noviciado
con Fray Francisco Victoria, más tarde obispo del Tucumán, y de él nos
dice en el capítulo VI: «...fuimos novicios juntos; varon docto y agudo;
fuese á España, donde murió en corte, y hizo heredero á la magestad del
Rey Felipe Segundo, de mucha hacienda que llevó, y loablemente lo hizo
así. Sucedióle el reverendísimo señor Don Fray Fernando Trejo, que agora
reside en su silla, y resida por muchos años»[8]. Así este libro de
Lizárraga, que participa de la índole de los libros de viajes y
memorias, abunda en sugestiones y noticias para nosotros interesantes,
aun en los capítulos que no se hallan especialmente destinados á
describir las tierras y las cosas que pertenecen hoy, políticamente, á
los dominios de la República Argentina.
II
La obra que nos ocupa, divídese en dos partes. La primera es pertinente,
más bien, á las cosas del Perú, Bolivia y Ecuador actuales. La siguiente
se titula: «LIBRO SEGUNDO.--_De los prelados eclesiásticos del reino del
Perú, desde el reverendísimo don Jerónimo de Loaiza, de buena memoria, y
de los virreyes que lo han gobernado, y cosas sucedidas desde don
Antonio de Mendoza, hasta el conde de Monterrey, y de los gobernadores
de Tucumán y Chile._» Mas á pesar de la limitación que el título parece
marcar, la segunda parte no reviste carácter de relacion histórica
escueta y retrospectiva, sino que, en los capítulos pertinentes á
nuestras provincias del norte y del oeste, acentúa, por lo contrario,
ese colorido, á veces conmovedor, de memoria personal ó relato de
viajes.
La _Descripción_ cuenta por todo 204 párrafos--116 de la primera parte y
88 de la segunda,--breves capítulos encabezados por sendos epígrafes.
Los que expresamente se refieren á nuestro país son los postreros del
libro, del LXII al LXXII, en la segunda parte. Despues de la extensa
noticia histórica sobre los virreyes y obispos, el visitador reanuda el
itinerario interrumpido en la primera parte al llegar á Tarija y
regiones inmediatas, para continuar la descripción con este epígrafe:
«Del camino de Talina á Tucumán» (LXII), el cual penetra de la provincia
de Chichas en nuestro país actual, y sale de él con este epígrafe: «Del
camino de Mendoza á Santiago de Chile» (LXXII), con lo cual penetra en
el reino trasandino, donde Fray Reginaldo de Lizárraga llegó á ocupar la
sede episcopal de la imperialense. A pesar de ello, no dedica á Chile
más que quince capítulos. Describe á Santiago, Osorno, Valdivia, Castro;
da la cronología de sus obispos hasta él; de sus gobernadores hasta
Alonso de Ribera; y concluye con un capítulo sobre «cualidades de los
indios de Chile».
Alusiones contenidas en esta obra, permítenme inducir dónde escribió su
libro el obispo de la Imperial. Don José Toribio Medina, historiador de
la literatura colonial de Chile, afirma sin vacilación que la escribió
en aquel país.
Yo creo, sin embargo, que la obra fué en su conjunto formada con notas
de diversas épocas de la vida de Lizárraga, reunidas con el ánimo de
imprimirlas en España. Dicha obra, según su edición reciente, fué
dedicada al señor conde de Lemos y Andrada, Presidente del Consejo de
Indias. Procuraré dilucidar ahora la prueba y el lugar en que los varios
fragmentos de la obra pudieron ser escritos, aunque lo haré con todas
las reservas del caso, dada la precaria información que se posee sobre
Lizárraga y sus obras. Con iguales reservas aparece esta edición, y si
me he decidido á darla, es por lo interesante de las noticias argentinas
que contiene y por la frecuencia con que esta obra ha empezado á ser
citada por nuestros historiadores.
Fray Reginaldo de Lizárraga realizó dos viajes á Chile: uno entre 1586 y
1591, como visitador de la órden; otro en 1602, para ocupar el obispado
de la Imperial. En 1591, término de su primer viaje, regresó de Chile á
Lima para desempeñar el cargo de maestro de novicios. Creo que fué
despues de 1591, en el Perú, donde escribió la primera parte de su obra
y algo de la segunda. Despues de 1603, en el suelo de Chile, habria
escrito los quince capítulos que se refieren á aquel país, y que
complementan la memoria ó _descripción_ de sus viajes. Me fundo para
ello en el capítulo LXXVI de la primera parte, donde dice:--«Yo confieso
verdad que en dos años que vivo en este pueblo de Chongos»[9],
etc.--Luego estos capítulos eran escritos en el Perú. Esto se ratifica
en otros pasajes como el LXXVIII, donde al hablar de la ciudad de
Guamanga, dice:--«Edificó aquí un vecino desta ciudad, llamado Sancho de
Ure», etc.--La segunda parte de la obra, da la impresión de que cambia
de asunto, al acometer la cronología de los gobernantes y virreyes, pero
sin cambiar de lugar. Esa impresión persiste en todos los capítulos,
incluso en los que tratan del Tucumán, cuyos lugares aparecen como
aludidos ó recordados desde el Perú. No ocurre lo mismo en los capítulos
finales, referentes á Chile, donde nos encontramos con expresiones como
la siguiente:--«En este estado dejó la tierra Alonso de Ribera á Alonso
García Ramón, que vino á este reino», etc. (LXXXVII). Asimismo al tratar
de los prelados y religiosos de las órdenes:--«La primera religion que
pasó á este reino (Chile) creo fué de Nuestra Señora de las Mercedes»,
etcétera (LXXXII).--Y no sólo el cambio de lugar se advierte en la
yuxtaposición de dichos fragmentos, sino el cambio de la época en que
uno y otro fueron escritos: aquéllos en el Perú, entre 1591 y 1602,
antes de ser obispo de la Imperial; éstos, en Chile, entre 1603 y 1607,
año en que fué trasladado de la Imperial á la Asunción, donde Lizárraga
falleció[10]. Así al hablar del último obispo de la Imperial, don
Agustín de Cisneros, «á quién sucedí yo--agrega--en este tiempo tan
trabajoso», «...empero, falta lo principal, que es la virtud, y el
pusible, por ser obispado paupérrimo, que apenas se puede sustentar, y
no tengo casa donde vivir, que si en San Francisco no me diesen dos
celdas donde vivir, en todo el pueblo no habria cómodo para ello, con
todo esto, tengo más de lo que merezco, por que si lo merecido se me
hubiese de dar, eran muchos azotes» (LXXXI).--Tales alusiones, de tiempo
presente, prueban que los escribió siendo obispo, y en la Imperial; pero
tal cosa ocurre sólo en los contados capítulos adicionales de tema
chileno, probándose por todos los anteriores (más de 150 párrafos) que
no solamente los escribió en el valle de Chongos, sino que lo hizo antes
de ser obispo. De suerte que cuando Fray Reginaldo describe las ciudades
de Santiago del Estero y Mendoza, ó pinta los paisajes de la llanura
cuyona, se refiere á aquellos lugares tal como los viera en su primer
viaje de 1589, cuando pasó para Chile como visitador de los conventos de
su órden, y no como pudo verlos en 1602, si es que pasó por tierra
argentina, cuando fué á tomar posesion de su obispado trasandino. El
viaje que describe es tan penoso por lo largo de las jornadas en el
desierto y lo precario del hospedaje en los tambos indios, que sólo pudo
realizar aquel viaje terrestre por necesidad de visitar los conventos.
Parece probable que el viaje episcopal, libre de ese deber, lo realizara
por la costa del Pacífico. Creo haber esclarecido, con las propias
palabras de Fray Reginaldo, la cuestión bibliográfica que el señor
Medina plantea, sin resolver definitivamente.
III
Cuando Lizárraga vino á nuestro país, dicen cronistas como Menéndez, que
practicó su viaje á pie desde Lima hasta el Tucumán, más ó menos. Habia
salido del Perú con sus alforjas y su bastón de caminante por precario
avío. Acompañábale un fraile de su convento; pero cansado del camino,
éste, menos santo que aquél, tornóse á Lima donde mentó las privaciones
y asperezas que iba sufriendo el visitador en su larga jornada. Estas
condiciones del viaje han sido puestas en duda por Medina[11]; pero
sabemos que otros prelados como San Francisco Solano, Alonso de Barzana
ó Luis de Bolaños, los realizaban habitualmente. Cierto que los
biógrafos ó cronistas de las órdenes emulaban en su afán hagiográfico ó
en su ilusión milagrera, pero no debemos extrañarnos de que los
evangelistas realizaran por necesidad ó voto de virtud, lo que tambien á
veces realizaban los conquistadores militares. Lo cierto es que el
relato de Lizárraga, sobre todo en la parte del camino que media entre
Santiago del Estero y Córdoba, abunda en observaciones que parecen
propias de un caminante á pie, pues habia llegado á familiarizarse con
el secreto de las tierras que recorría. El paisaje no se le presenta
sólo como un espectáculo visual, accesible á los ojos extraños del
observador, sino como un recuerdo de cosas vividas en la intimidad de
nuestros desiertos. A tal pertenece el siguiente pasaje en que muestra á
los avestruces de la llanura argentina, visto al ir hacia Córdoba:
«En toda esta tierra y llanuras hay cantidad de avestruces; son pardos y
grandes, á cuya causa no vuelan; pero á vuelapié, con una ala, corren
ligerísimamente; con todo eso los cazan con galgos, porque con un
espolón que tienen en el encuentro del ala, cuando van huyendo se hieren
en el pecho y desangran. Cuando el galgo viene cerca, levantan el ala
que llevan caída, y dejan caer la levantada; viran como carabela á la
bolina á otro bordo, dejando al galgo burlado» (LXV).
Otro pequeño cuadro rústico de la llanura santiagueña, se lo inspira la
vida de los pájaros y su casa ingeniosa, que tres siglos más tarde dictó
una bella página á Sarmiento[12].
«Es providencia de Dios--dice Lizárraga--ver los nidos de los pájaros en
los árboles: cuélganlos de una rama más ó menos gruesa, como es el
pájaro mayor ó menor, y en contorno del nido engieren muchas espinas; no
parecen sino erizos, y un agujero á una parte por donde el pájaro entra,
ó á dormir ó á sus huevos, y esto con el instinto natural que les dió
naturaleza para librarse á sí y á sus hijuelos de las culebras» (LXV).
Cierto pasaje de este mismo capítulo LXV, da á entender que una parte de
la jornada la hubiera hecho á caballo, pues hablando de sus pantanos y
tremedales, dice: «_se sumen el caballo y caballero en el cieno_». Otro
pasaje del capítulo LXVI, da á entender que de Santiago á Córdoba y de
Córdoba á Buenos Aires, se hacía ya la travesia en carretas:--«_El
camino, carretero; y así caminé yo desde Estero_ (sic) _á esta cebadad,
que son poco menos de 200 leguas, si no son más, y desde aquí se toma el
camino á Buenos Aires, tambien en carretas, que son otras 200, pocas
menos; toda la tierra llana, y en partes tan rasa, que no se halla un
arbolillo_». Por el mismo transporte, en convoy de doce carretas
cuyanas, pasó de Córdoba á Mendoza, que ya era estación carretera del
tráfico andino. Los ferrocarriles actuales han seguido las rutas de
1590.
Pasajes de tal género, pudiera yo citar numerosos. Otros hay en que
caracteriza á nuestros indios ó á los gobernantes españoles que vinieron
á reducirlos. De los juries[13] dice, por ejemplo: «Son haraganes y
ladrones» (LXXI); y de los guarpes[14]:--«Son mal proporcionados,
desvaídos» (LXXI). De don Francisco de Aguirre dice:--«Varon para guerra
de indios, bravo», y del licenciado Lerma:--«En Tucumán, unos le alaban,
otros le vituperan» (LXVII).--Muéstrase, como se ve, capaz de
caracterizar los hombres con un rasgo lacónico. Asimismo, logra á las
veces caracterizar un paisaje, haciéndolo visible por una comparación,
como cuando retrata las salinas de la Puna, ya explotadas entonces por
los indios Cochinocas y Casavindos:--«De lejos, con la reverberación del
sol--dice--no parece sino río, y á los que no lo han visto nunca,
espanta, pensando que han de pasar río tan ancho; llegados, admira ver
tanta sal» (LXII).--Y cuando retrata la estructura de aquellas nacientes
sociedades argentinas, elige rasgos que han subsistido. Por ejemplo, de
Mendoza, fundada «á las vertientes de estas sierras nevadas» dice su
libro:--«_La cibdad es fresquísima, donde se dan todas las frutas
nuestras, árboles y viñas, y sacan muy buen vino que llevan á Tucumán ó
de allá se lo vienen á comprar_»[15]; _es abundante de todo género de
mantenimiento y carnes de las nuestras; sola una falta tiene, que es
leña para la maderación de las casas_» (LXXI).--Así van sucediéndose en
el libro, anécdotas de cautivos, paisajes de la cordillera, asaltos de
indios á las carretas, noticias sobre conventos y vecinos, hasta hacer
de su libro un cuadro sugerente y muy completo de lo que fué el embrión
de nuestro país en el siglo XVI, al terminar la primera conquista
militar de los españoles. Así tambien el viaje de Concolorcorvo,
realizado por aquellos mismos caminos que dos siglos antes recorriera
Lizárraga, iba á ser el cuadro más completo de esa misma embrionaria
sociedad argentina al concluir la colonización española, en las vísperas
de la emancipación americana...
IV
No fué esta _Descripción_ el único libro que escribió Reginaldo de
Lizárraga. Menéndez, el cronista de los dominicos, le atribuye además de
esa obra (que ese cronista conoció y aprovechó), estas otras sobre
cuestiones religiosas: _Los cinco libros del Pentateuco_; _Lugares de
uno y otro Testamento que parecen encontrados_; _Lugares comunes de la
Sagrada Escritura_; _Sermones del tiempo y Santos_; _Cartas y Comento á
los Emblemas del Alciato_. Hoy se dan por perdidos estos libros; pero yo
no suelo abandonar jamás la esperanza de que vayan reapareciendo todos
estos antiguos códices coloniales, á medida que las investigaciones
paleográficas avanzan y se perfeccionan, mucho más si se tiene en cuenta
que Lizárraga dejó preparados dichos papeles para su publicación, y que
á los papeles de un religioso como él les han alcanzado menos las
vicisitudes temporales de viajes y guerras, pues siempre tuvieron quien
los guardara, ya en la órden en que fué provincial ó visitador, ya en
las diócesis donde fué obispo. Pero aun perdido el texto, esos títulos
bastan para revelarnos que Fray Reginaldo fué un hombre sabio en
ciencias sagradas, que apasionaban en su tiempo; y acaso en letras
clásicas, instrumento inherente á la cultura teológica[16]. Pero nada
de todo ello se advierte en la _Descripción_ que se ha salvado, sin duda
porque á esta otra la caracteriza, por su género, un tono familiar,
fluyente á la deriva de sus recuerdos espontáneos, tal que á la
disertación abstracta y erudita, roban su sitio anécdotas expresivas,
paisajes característicos, intencionadas etopeyas, mientras pasan por el
espejo del recuerdo, tanto cosas, hombres y sitios como conoció en sus
duras andanzas por las Indias.
El «estilo» de Lizárraga es casi siempre desaliñado, pero su observación
es siempre aguda; su memoria, feliz; su sentimiento, plástico para su
época. El temperamento belicoso de los conquistadores militares y el
ascético temperamento de los conquistadores evangélicos, no dejaba mucho
lugar á la contemplación sensual de las cosas mundanas, fuente de forma
y de color en el arte. De ahí que estos libros de Indias no abunden en
pasajes de verdadero valor literario. Cuando quieren describir,
enumeran; cuando quieren narrar, enumeran tambien; y sus temas son
siempre de utilidad para la acción perentoria ó para el arrobamiento
extraterreno. En la _Descripción_ de Lizárraga, yo he encontrado, sin
embargo, pasajes que traducen su relativa delectación, como aquellas dos
líneas, en las cuales, describiendo la ciudad de Arequipa, sus
edificios, sus aguas, sus temblores, dice:--«Continuamente, la puesta
del sol es muy apacible, por la diversidad de arreboles en los celajes,
á la parte del Poniente» (LXVI). En el capítulo LV, diserta sobre las
cualidades de «los criollos» («así les llamamos»), y entonces dice de
las limeñas:--«_De las mujeres nacidas en esta ciudad, como en las demás
de todo el reino, Tucumán y Chile, no tengo que decir sino que hacen
mucha ventaja á los varones; perdónenme por escribirlo, y no lo
escribiera si no fuera notísimo_». Ese juicio continúa siendo verdad;
pero sorprende encontrarlo bajo la pluma de un cronista primitivo. Ni el
sentimiento de la naturaleza ni el de la belleza femenina, asoman con
frecuencia en la prosa colonial del primer siglo. En tal sentido,
Lizárraga es una excepción en el Plata. Su libro es uno de los
documentos más humanos de la primitiva literatura colonial, por su
acento sincero, y por la profusión de noticias personales que enriquecen
sus páginas. Entre tantas piezas cartularias, dogmáticas, protocolares,
esta _Descripción_ es un oasis de cosas vistas y sentidas, un espejo de
vida verdadera. A los áridos testimonios de las «informaciones» y
«probanzas», él les da forma: á los episodios oficiales de las
«relaciones» y las «actas», él les da color de anécdota novelesca. Tal,
por ejemplo, aquel pasaje en el cual habla del Cuzco y del convento de
Santo Domingo en esta ciudad: «Nuestra casa es lo que antiguamente se
llamaba, gobernando los Ingas, la Casa ó Templo del Sol»;--así dice
Lizárraga.--Pinta despues cómo eran las murallas; cómo una fuente de
piedra donde evaporaba el sol la chicha que bebia; cómo «una lámina de
oro, en la cual estaba el sol esculpido» y que servía para tapar la
chicha en la fuente litúrgica. Y á eso agrega su anécdota personal:
«Cuando los españoles entraron en esta ciudad, le cupo en suerte (la
lámina) á uno de los conquistadores que yo conocí, llamado Mansio
Sierra, de nación vizcaíno y creo provinciano; gran jugador: jugó la
lámina y perdióla: verificóse en él que jugó el Sol»... (LXXX).
Otra anécdota de carácter más novelesco que histórico, refiere, por
ejemplo al hablar de los Andes del Cuzco; anécdota de color ciertamente
salvaje:
«Estos Andes del Cuzco son fértiles destas víboras y de culebras que
llaman bobas: éstas son muy grandes y muy gruesas; no hacen daño, si no
es cuando, como dicen, andan en celos. Porque en aquellos Andes sucedió
lo que diré: tres soldados volvíanse á sus casas de las chácaras de la
Coca, á pie: no es tierra para caballos. El uno quedóse un poco atrás á
cierta necesidad corporal; acabada, siguió su camino solo, pues los
compañeros iban un poco adelante; prosiguiéndolo, ve atravesar una
culebra destas que tienen de largo más de 16 pies y gruesas más que la
pantorrilla de un hombre, silbando, y otra culebra en pos de ella, de la
misma calidad; la postrera, viendo á nuestro soldado, cíñele todo el
cuerpo, y la boca encaminaba á la garganta; el pobre, que se vió ceñido
y la boca de la culebra cerca de su garganta, con ambas manos afierra de
la garganta de la culebra con cuanta fuerza pudo, no dejándola llegar á
su garganta; la culebra, sintiéndose apretada de las manos del soldado,
apretábale con lo restante de su cuerpo fortísimamente, de suerte que le
hizo reventar sangre por la boca, ojos, narices y orejas; el pobre,
viéndose de aquella suerte, gemia; no podía gritar, sino bramar. Los
compañeros, pareciéndoles que tardaba, pararon un poco, oyeron los
bramidos; vuelven corriendo en busca de su compañero; halláronle de la
suerte que lo hemos pintado. Uno sacó una daga que traía en la cinta y
metiéndola entre el sayo y la culebra la cortó; luego aflojó la culebra
hecha dos partes, y acabáronla de matar. El soldado quedó como muerto;
lleváronle y albergáronle; volviósele la color del rostro y cuerpo
amarilla como cera; vínose al Cuzco, y dentro de tres meses murió. Oí
esto á hombres que le conocieron» (LXXXI).
Combates singulares de hombres con víboras gigantescas debian ser
frecuentes en la conquista. Las crónicas nos refieren de algunos. En
este mundo virgen, semejante confrontación de una terrible fauna nueva y
de la cenceña imaginación de los soldados, exaltada por la reciente
caballería, tales animales se les antojaban dragones algunas veces.
Ulrich Schmidel en su «Viaje» y Barco Centenera en su «poema», nos han
dejado el recuerdo de combates análogos con las temibles serpientes y
yacarés del Paraná[17]. Pero esta descripción de Lizárraga es más
realista, más animada y plástica que todas las otras. Esta podria
pintarse. Por eso, aunque incorrecta, la trascribo, como muestra de su
estilo y de sus facultades de descriptor y narrador, primitivas por
cierto, pero apreciables en su tiempo, cuando los cronistas coetáneos
carecían de ellas. Lizárraga mira con simpatía la naturaleza y los
hombres, los campos y las ciudades, los gestos y las palabras, los
españoles y los indios, los brillantes acontecimientos gubernamentales y
las humildes anécdotas dramáticas, los virreyes y los obispos, los
árboles y los animales. De ahí el interés humano de toda su obra, de ahí
la prueba de su sensibilidad literaria, siquiera incipiente. Y no sólo
se la cultivó á sí propio, sino que hubiera querido difundir la cultura
entre los demás. Cuando estuvo en Guamanga, quiso fundar allí
Universidad. Encontraba en ésta mejor clima que en la Ciudad de los
Reyes, y no la alcanzaba el peligro de los temblores. «No sé yo--nos
dice--si en lo descubierto se hallará mejor temple ni más sano para
fundar una universidad, porque ni el calor ni el frío impiden todo el
año que no se pueda estudiar á todas horas. Yo tuve casi concertado con
un hijo de un vecino, hombre principal, fundase con su hacienda en
nuestra casa, un colegio con que ennobleciese su ciudad. Sacóme la
obediencia para este asiento (Chongos) y quedóse. Fuera obra heróica y
de gran provecho para todo el reino; la ciudad se aumentara, y de todo
el reino vendrian á oir Teología, porque los nacidos en la Sierra corren
mucho riesgo de su salud en Los Reyes» (LXXVIII). Tal superioridad
espiritual trasciende, desde luego, en esta _Descripción_, que no sólo
nos dan el hilo de su vida, sino la visión de los pueblos que recorrió,
haciendo de ella una valiosa fuente de pequeñas noticias locales, que
empieza á ser explotada ya por nuestros historiadores. Datos no siempre
guardados por documentos oficiales, los conocemos por ella; tales como
la clase de vecinos que habitaban los pueblos, la índole de los
indígenas comarcanos, la manera como estaban construídas las casas de
los encomenderos y magistrados, los alimentos de que se proveían, la
forma en que se realizaba el comercio, la dificultad de los viajes, los
precios de las cosas, las pasiones de los hombres, el ambiente precario
de los conventos, la epopeya instintiva de los indios, todo cuanto
constituye, en fin, la vida argentina del siglo XVI, la primitiva
conciencia del drama histórico en el vasto escenario virgen donde
comenzaba entonces á fundarse nuestra civilización. He ahí por qué me ha
parecido tambien que este libro tenia derecho á figurar en una
BIBLIOTECA ARGENTINA, como otros de su índole, que más adelante
publicaré.
RICARDO ROJAS
[1] Lizárraga dice que nació en Medellín (I p. 121)
[2] Dada la índole de esta obra, omitimos en este volumen la nota
biográfica sobre el autor, que hemos dado en los anteriores. Lo que de
Lizárraga se sabe, y que lo debemos casi exclusivamente á Fr. Juan
Meléndez en sus _Tesoros verdaderos de las Indias_, va incluido en esta
«Noticia preliminar». Falta asimismo el retrato del autor, por no haber
encontrado iconografía de Lizárraga, no conociéndose ni siquiera
tradición sobre algun retrato suyo.
[3] Es bien sabido que éstos finalizaron trágicamente sus gobiernos.
[4] Sobre estos y otros detalles de la muy fragmentaria biografía de
Lizárraga, puede verse la _Literatura colonial de Chile_, por D. J.
Toribio Medina, y los cronistas eclesiásticos en que él se apoya:
Menéndez, Errázuriz, etc. Especialmente el P. Menéndez, parece haber
servido de fuente principal á Medina.
[5] Esta ciudad de Esteco, es la del mismo nombre que poco más tarde fué
destruída por un cataclismo, y sobre la cual los cronistas eclesiásticos
de la colonia han tejido una leyenda muy impregnada de reminiscencias
bíblicas.
[6] De acuerdo con la tendencia popular que abrevia los títulos
bibliográficos por su palabra más significativa, hemos puesto
simplemente _Descripción_ en la carátula de este volumen, por ser muy
extenso su título auténtico y porque no hacemos con ello sino
anticiparnos al pueblo, que lo abreviaría en este caso, como lo ha hecho
con _Bases_, _Facundo_, _Hamlet_, _Quijote_, etc. Nos hemos atrevido á
llamarle _Descripción Colonial_, para definir su carácter, y nos hemos
creído con derecho á hacerlo, porque toda variante de ese género va
advertida en el texto ó en las «Noticias preliminares» de nuestra
BIBLIOTECA, y porque no sabemos cuál fué el título auténtico de esta
obra, no editada en vida del autor, ni impresa sobre sus originales.
Alude á esta obra don Toribio Medina en su ya citada _Historia_, pero no
sabemos si se atiene sólo á las citas fragmentarias del cronista
Meléndez, ó á cierto manuscrito atribuído á Lizárraga con el nombre de
_Descripción y población de las Indias_ ó _Descripción y población de
los reynos del Perú_. De ese manuscrito, existente en la Biblioteca
Nacional de Madrid, copió los pasajes interesantes para Chile, el señor
Barros Arana. El todo era un infolio de 308 páginas. Una nota dice:
«Concuerda este escrito con el libro original de donde se sacó el año
1735, que está archivado en la librería de San Lázaro en la ciudad de
Zaragoza». Serrano y Sans, en su edición de 1909, se habria valido de la
copia de Madrid, ó del original de Zaragoza. Los fragmentos que copia ó
alude Medina (tomados á Meléndez ó á Barros Arana) coinciden algunos con
la edición de Sans; otros concuerdan en el fondo y no en la forma. Tal
cosa pudiera provenir de las variantes explicables en estos antiguos
códices manuscritos, á menos de aceptar que Lizárraga escribiera dos
obras de asunto análogo. Pero mi impresión es que la obra inédita
aludida por Medina, es la misma que yo comento sobre el texto de este
volumen. La presente edición (hecha literalmente sobre la española de
1909) es la primera que se publica en volumen especialmente destinado á
esta obra y la primera que aparece en América.
[7] Garay fué á La Plata, enviado por los españoles del Paraguay, para
arreglar con la hija de Ortiz de Zárate la sucesion del gobierno,
vacante por la muerte de su padre en 1578.
[8] El texto de Serrano y Sans dice _Francisco de Trejo_, pero es,
evidentemente, un error de copia. Alusiones á cosas de actualidad
entonces, como este obispo Trejo y Sanabria ó el gobierno de López de
Velasco, me han servido tambien para inferir la fecha en que este libro
pudo ser redactado.
[9] Chongos, lugar del Perú, cerca de la villa de Oropesa, ó
Guancavélica, y cerca de Jauja.
[10] De esta última época de su vida, no habla la _Descripción_. Por eso
y por lo avanzado de su edad (murió de 70 años) creo que no escribió su
libro en el Paraguay. En el capítulo LXII de la segunda parte del valle
de Jujuy, «donde habia siete años que aquel mismo gobernador Juan
Ramírez de Valasco pobló un pueblo de españoles para la paz de
Ornaguaca». Jujuy se fundó en 1593 (véase mi _Archivo Capitular de
Jujuy_, t. I). Tomando la última fecha, más los siete años á que se
refiere Lizárraga, quiere decir que esta segunda parte fué escrita hacia
1600 más ó menos. Es sabido que hasta 1603 Fray Reginaldo no volvió á
Chile, como obispo de la Imperial. Este dato corrobora mi conjetura
sobre los lugares y las fechas en que pudo ser escrita la _Descripción_,
y destruye de plano la afirmación de que hubiera podido escribirla en
Chile.
[11] _Op. cit._ (t. II, nota de la pág. 48).
[12] SARMIENTO. _Mis pajaritos_ (t. XLVI, p. 261).
[13] Nombre de los indios casi nómades que habitaban en las riberas del
Dulce.
[14] Nombre de los indios que habitaban las provincias de Cuyo. Otros
escriben _huarpes_.
[15] Interesante noticia, que da á la industria vinícola de Cuyo una
antiguedad de 325 años. Esa industria siguió cultivándose durante los
siglos XVII y XVIII, y sus productos se vendían en el norte, llevados á
lomo de mula. (Véase los _Libros de la Renta de Propios_ en el Archivo
de Jujuy. Documentos inéditos.) Algo semejante ha ocurrido con las
industrias tucumanas, por donde se ve que ellas no son del todo un
invento moderno de las oligarquías proteccionistas...
[16] En la _Bibliografía Americana_ del famoso Pinelo (tomo II, página
912), leyendo la sección llamada _Autores de cuyos escritos ay duda_,
encuentro esta noticia: «De Fray Reginaldo de Lizárraga, Dominico,
Obispo de la Imperial de Chile, tengo noticia que escribió un curioso
Libro: _De las cosas del Perú_, i que lo embió á este Reino; por no
hallar mas particular mencion, ni estar en su autor mismo, lo pongo en
este título». Probablemente se refiere al propio libro que ahora
publicamos, pues «cosas del Perú» se llamaban entonces tambien á las
nuestras. La notica y copia de Barros Arana, que cita Medina
(_Literatura Colonial_), varía tambien el título y no la atribuye á
Lizárraga, sino á _Baltasar de Obando_, pero ya hemos visto que ese fué
el primitivo nombre de nuestro autor.
[17] Véase en la _Argentina_ de Barco Centenera el Canto III (páginas 20
y 20 v. de la edición príncipe), y Schmidel, _Viaje al Plata_ (capítulo
XVII).
DESCRIPCIÓN BREVE
DE TODA LA TIERRA DEL
PERÚ, TUCUMÁN, RÍO DE LA PLATA Y CHILE
PARA EL EXCMO. SR. CONDE DE LEMOS Y ANDRADA
Presidente del Consejo Real de Indias
POR
FR. REGINALDO DE LIZÁRRAGA
CAPITULO PRIMERO
DE LA DESCRIPCIÓN DEL PERÚ. DE QUÉ GENTE PROCEDAN LOS INDIOS