La propiedad histórica ha llegado hasta los belenes. Las figuras de
los modernos nacimientos se ajustan á ella con su indumentaria, y no
obstante este «modernismo» retrospectivo—valga el contrasentido,—priva
á los clásicos retablos de su carácter ingenuo. ¡Sientan tan bien las
graciosas impropiedades en la representación de un misterio que es de
todos los tiempos!
Yo he visto un nacimiento en que junto al portal de Belén había una
iglesia con su campanario y un monaguillo que tocaba á misa, y más
lejos una cuadrilla de toreros celebraba con una corrida—suponemos que
regia—el natalicio del Niño de Dios, y por un puente atravesaba un
ferrocarril y esta disparatada mezcla de tiempos y costumbres da la más
clara impresión de catolicismo, porque nos decía como Jesús nació para
todos los siglos y para todos los hombres.
Estos nacimientos de ahora no emocionan tan hondamente. Por algo los
pintores antiguos, tan soberanos artistas, se atenían en las pinturas
sagradas á las figuras y trajes de su época y por ser de su tiempo
lograron ser de todos.
Respetemos el arte primitivo, ingenuo, de los belenes. ¿Qué significan
trajes y figuras? Para los belenes, la humanidad es siempre la misma.
* * * * *
Los teatros aprovechan estos días de alegría oficial para presentarnos
lo más disparatado del repertorio francés. El «vaudeville» es el
pavo literario de las Pascuas. Como el pavo, los mejores son los de
más confianza, los más conocidos, con sus eternas combinaciones; el
personaje que pasa por otro durante los tres actos, sin hallar ocasión
de decir quien es, ni á qué vino, hasta la última escena; el segundo
acto con su decoración de veintidós puertas por donde los personajes
entran y salen, se buscan, se persiguen, se suceden, se huyen contra
toda razón y toda lógica.
Y el público que ríe porque es Nochebuena, de lo mismo que protestaría
en otro cualquier día del año. ¿Como no ha pensado nadie en publicar un
almanaque teatral, como el almanaque del agricultor y el del empleado?
Sería tan útil para los autores novicios con sus recetas, consejos y
pronósticos. Por ejemplo, Octubre: Bueno para la comedia satírica.
Noviembre: Excelente para el drama de tesis. Diciembre: Disparate
libre. Enero: Drama y comedia de amor, y así sucesivamente.
No hay idea de la influencia de la estación y de los meses en la
literatura dramática. ¡Cuántas obras que parecen detestables en
invierno hubieran parecido excelentes en primavera! ¡A cuántos habrá
perjudicado el estrenarse en Marzo en vez de estrenarse en Diciembre!
«Don Juan Tenorio», estrenado con mal éxito, no logró el favor del
público hasta que halló su día en el de los difuntos. Estrenar en Apolo
á la entrada de primavera es una seguridad de buen éxito. ¿Qué autor de
experiencia no lo sabe?
¡Ah, el autor dramático debe entender de todo y hasta la Astronomía y
la Meteorología son de utilísima aplicación en su arte!
* * * * *
En estas fiestas de Pascua, en las funciones de tarde de los teatros,
en las fiestas familiares á ellas dedicadas, lo he observado con pena
una vez más; los niños de ahora son tristes, no saben reir, parece que,
como Musset, _han venido muy tarde á un mundo muy viejo_.
Nada les sorprende, como si todo lo supieran. En el teatro son ellos
los que preguntan á los mayores: ¿Por qué os reís? Ellos son los
primeros que dicen: ¡Me aburro!
En torno del árbol de Noël se muestran graves y desdeñosos, y en los
Reyes Magos ya no cree ninguno.
Una mamá se lamentaba de esta disposición de espíritu en los
niños.—Figúrese usted que hoy le digo al pequeño: Si no eres bueno, no
te llevó al teatro; y me dice: Mejor. ¡Para ver tonterías!
¡Esta seriedad española! Cuando aquí decimos de un hombre que no es
serio, le hemos imputado el mayor defecto ... Y los que, por desgracia
nuestra, hemos trasmutado los valores, y lo que todos juzgan serio es
lo que más risible nos parece, estamos perdidos.
Yo creo, sin duda alguna, que la mayor superioridad de los
anglo-sajones, consiste en saber reir, en el desprecio al ridículo. Yo
he visto á señoras inglesas muy metidas en carnes y muy entradas en
años, lanzarse al vals y hasta al cake-walk, sin la menor idea de que
estaban _haciendo el paso_. A personajes de grave significación social
ofrecerse espontáneamente á cantar las más extravagantes canciones
de negros, y á distinguidos oficiales de guarnición en Gibraltar,
representar una parodia del «Fausto», interpretando papeles de hombres
y mujeres: todo ello en presencia del gobernador de la plaza y ante
los soldados de la guarnición francos de servicio. ¡Figurémonos el
escándalo que esto hubiera producido en España!
¡Seriedad, seriedad! Es nuestra consigna. En estos días he leído como
algunos revisteros de toros aconsejan á la empresa de la plaza el
contrato de determinados toreros, para dar seriedad al cartel. Y digo
yo: ¿Para qué necesitará la seriedad un cartel de toros?
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El incendio de uno de los barracones destinados al cultivo del arte
barato, ha venido á dar un voto en pro de los que aconsejaban á las
autoridades la supresión de los que no estuvieran en condiciones
de seguridad. Aconsejaban otros en cambio, la mayor tolerancia,
considerando dichos teatrillos como un anticipo de teatro popular,
muy conveniente para la educación artística de las masas. No creo yo
semejante cosa, y opino que la única defensa que podía tener era el
servir de _modus vivendi_ á mucha gente; pero en nombre del arte no
son defendibles. El arte, ó debe darse gratis, con la protección y
espléndida subvención del Estado, y entonces puede exigirse que sea
verdadero arte, ó hay que pedir, mientras esté en manos de empresas
particulares, que sea lo más caro posible. El arte malo no puede ser
nunca educador, y antes pervertirá que afinará el gusto de la multitud.
Bueno esta compadecerse de los modestos artistas que no pueden, por
ahora, aspirar á mayores empresas; pero ¡ay! que el arte no tiene
entrañas y el sentimiento de compasión que inspiran unos pobres cómicos
antes destruye que aumentan el placer estético. El arte dramático
necesita de bellas figuras con bellos trajes; las caras de hambre y los
trapos descoloridos sólo pueden emocionar tristemente ó cruelmente, por
perverso sadismo, y las dos emociones son las más extrañas á la pura
emoción artística.
El Arte es como el sol; no hay uno para los pobres y otro para los
ricos. Día llegará en que, como el sol también, su luz llegue por igual
á todos; entretanto no se hable de arte barato, arte caro, arte grande
y arte chico, porque el arte es ó no es; no se falsifica con nada.
* * * * *
Ha muerto uno de los representantes más ilustres de un arte francés;
mejor dicho, parisiense por excelencia: el modisto Paquín.
El modisto y el literato han sido los creadores de ese tipo
convencional, trapos y literatura de mujer francesa; heroína de novelas
y comedias para la exportación.
Como los modistos imponen sus figurines á las más rebeldes á la moda,
los escritores imponen también sus figurines de almas aún á los menos
atacados de intelectualismo.
¡Bourget y Paquín habrán sido creadores de tantos espíritus femeninos!
Una lectura y una toilette basta á producir un estado de alma. ¡Oh!
¡El Don Juan Tenorio que supiera el libro que acaba de leer una mujer
y sepa interpretar el sentido de un traje ó de un tocado femeninos,
atacaría siempre sobre seguro!
Hay toilettes que suponen una meditación previa sobre el Kempis, otras
que denuncian lecturas de poetas delicados, otras que nos hablan de
Claudina, Colette ...
Hay toilettes que por sí solas dicen al hombre más atrevido: Hoy no
estoy para nada. Hay otras que al más tímido le animan y le dicen: Hoy
estoy para todo.
Y advierto á los que pudieran cometer equivocaciones lamentables, que
la severidad y la ligereza del vestido femenino, suelen estar en razón
inversa del estado de ánimo. Ni debe uno atreverse demasiado por su
«deshabillé», todo trasparencias sugestivas, ni acobardarse por un
riguroso luto ó un severo hábito. ¡Oh, no! El luto sobre todo si es de
viudez reciente, no debe desanimar á nadie. ¡El dolor trastorna!
Los autores dramáticos, por nuestra parte, debemos también una grata
memoria al modisto.
¡Cuántas veces una de sus creaciones habrá distraído al público de una
pesada escena de relleno ó habrá permitido que las elegantes abonadas
perdonen alguna crudeza de frase, disimulando la atención al diálogo
con el examen de la toilette!
¡Y para cuántas actrices habrá sido también el modisto gran inspirador,
y lo que ellas no supieron poner de su alma en un personaje, supo
ponerlo el modisto, mejor intérprete de su carácter con sus trajes, que
la actriz con sus recursos teatrales!
Lloremos á un precioso colaborador y piensen algunas actrices, quien va
á proporcionarles ahora el talento que necesitan. Por algo cuando un
papel le va á un artista, se dice que es un traje á la medida.
Y habrá actrices que no sepan de Ibsen; ¡pero de Paquín!
* * * * *
Nadie como yo cree en la conveniencia de los teatros populares como
excelente medio de propaganda educadora; pero creo también que los
espectáculos ofrecidos en nuestros teatros baratos más contrarian que
favorecen la cultura del pueblo.
Convengamos, en que la mayor parte de las obras en ellos representadas
no son escuela de buenas costumbres, ni siquiera de buen lenguaje.
El teatro ha contribuído no poco en España con sus exageraciones ya
cómicas, ya melodramáticas, á la profusión de ese tipo odioso del chulo
teatral, al que si fuera á buscarse cabal genealogía no sería difícil
hallársela en los galanes de nuestras comedias clásicas; pero allí era
por lo menos limpio el vocabulario y la chulada era retórica.
Grave es siempre la responsabilidad del autor que es escuchado del
público; pero si es al pueblo ó á los niños á quien se dirige, su
responsabilidad es mucho mayor.
Lo he dicho en otras ocasiones; calumnian al pueblo los que le
creen incapaz de comprender un arte superior á su inteligencia. El
sentimiento tiene un seguro instinto y estoy seguro de que solo ante un
auditorio popular sería hoy posible en España, sin temor á un fracaso,
la representación de las obras teatrales más sublimes; las mismas que
no vacilaría en calificar de «latosas» (algunas lo fueron ya), el
selecto público del abono.
Sí; tratándose de ofrecer arte al pueblo, soy radical. Nada mejor que
algo, si ese algo es malo.
Muy atendible es la consideración de que muchos pobres artistas viven
de ese teatro. Me parece muy bien que todo el mundo viva, pero de lo
que pueda vivir.
Harto es ya España el país en que decir ¡Pobrecito! lo justifica
todo. Menos compasión y más justicia. Los empleos están ocupados por
muchos ineptos, pero ... ¡Pobrecitos! Los escenarios soportan á muchos
cómicos detestables, pero ... ¡Pobre gente! Hay quien escribe una
obra, no porque sepa escribirla, sino porque lo necesita para comer.
¡Pobrecillo! Y todos ellos encuentran en esta compasión mayor apoyo,
mayor benevolencia, que el fuerte, el valedor, el útil. Con todo esto
hemos llegado á estimar como la mayor prueba de cariño á nuestra tierra
que los extranjeros nos digan: ¡La pobre España!
* * * * *
La boda de una Vanderbilt ha _epatado_ á la noble y vieja Europa, con
la verdadera explosión de lujo americano, lujo bárbaro, que dicen los
americanos latinos, pero lujo que en su misma barbarie es de tanto
_grandor_, no diremos grandeza, que sólo así salva los peligrosos
linderos de la ordinariez y la cursería. Un lujo así tiene algo de
sobrehumano, eleva el dinero á la categoría de fuerza ideal, única
capaz de realizar en lo humano fantasías y caprichos divinos. ¡Toda esa
fuerza aplicada á un ideal de Justicia, de Belleza, en vez de aplicarse
á un lujo estéril que ni es justo ni es bello!
Cierto, que ese lujo da de comer á mucha gente; no es dinero tirado,
aunque lo parezca, esos miles de dollars gastados solamente en
orquídeas.
En la actual organización social, sin el lujo y sin los vicios de los
ricos la revolución social sería ya un hecho. Cuando gastan su dinero
tontamente, cuando se arruinan locamente, es tal vez cuando realizan un
principio de justicia.
Y lo que tiene ese lujo de insultante es también un estímulo poderoso,
de envidia ó de ira. Piensan unos: «Así quiero ser yo». Piensan otros:
«Nadie debe ser así». Y estos dos pensamientos, en apariencia tan
opuestos, llevan el germen de una futura y más perfecta organización
social.
Tal vez no sea posible que en todas las mesas haya orquídeas. ¿Pero
será tan difícil, estará tan lejano el día en que pueda haber en todas
pan y unas rosas?