El propósito requiere tratar brevemente del asiento de Granada por

clareza de lo que se escribe. Es puesta parte en monte, y parte en

llano: el llano se extiende por un cabo y otro de un pequeño rio que

llaman Darro, que la divide por medio; nace en la sierra Nevada poco

lejos de las fuentes de Genil, pero no en lo nevado; de aire y agua

tan saludable, que los enfermos salen á repararse, y los moros venian

de Berbería á tomar salud en su ribera, donde se coge oro; y entre los

viejos hay fama, que el rey de España D. Rodrigo tenia riquísimas minas

debajo de un cerro, que dicen del sol. Está lo áspero de la ciudad en

cuatro montes: el Alhambra á levante, edificio de muchos reyes, con la

casa real; y San Francisco, sepultura del marqués D. Iñigo de Mendoza,

primer alcaide y general, humilde edificio, mas nombrado por esto;

fuerza hecha para sojuzgar la parte de la ciudad que no descubre la

Alhambra, con el arrabal de la Churra y calle de los Gomeres que todo

se continúa con la sierra de Guejar. El Antequeruela, y las torres

Bermejas, que llaman Mauror, á mediodia. El Albaicin, que mira al norte

con el Hajariz; y como vuelve por la calle de Elvira la ladera que

dicen Zenette por ser áspera. El Alcazava cuasi fuera de la ciudad á

mano derecha de la puerta de Elvira que mira al poniente. Con estos

dos montes Albaicin y Alcazava se continúa la sierra de Cogollos, y la

que decimos del Puntal. En torno de estos montes y la falda de ellos,

se extienden los edificios por lo llano hasta llegar al rio Genil que

pasa por defuera. Al principio de la ciudad, la plaza Nueva sobre una

puente; y cuasi al fin, la de Bibarrambla, grande, cuadrada, que toma

nombre de la puerta; ambas plazas juntadas con la calle de Zacatin:

antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso despues del Vaticano de

San Pedro, la capilla en que están enterrados los reyes D. Fernando

y D.ª Isabel, conquistadores de Granada, con sus hijos y yernos. El

Alcaicería, que hasta ahora guarda el nombre romano de César (á quien

los árabes en su lengua llaman Caizar), como casa de César. Dicen las

historias arábigas y algunas griegas, que por encerrarse y marcarse

dentro la seda que se vende y compra en todo el reino la llaman de

esa manera, dende que el emperador Justino concedió por privilegio

á los árabes scenitas, que solos pudiesen crialla y beneficialla:

mas extendiendo debajo de Mahoma y sus sucesores su poder por el

mundo, llevaron consigo el uso de ella, y pusieron aquel nombre á las

casas donde se contrataba; en que despues se recogieron otras muchas

mercaderías, que pagaban derechos á los emperadores, y perdido el

imperio á los reyes. Fuera de la ciudad el hospital real fabricado de

los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, San Hierónimo, suntuoso sepulcro

del gran capitan Gonzalo Hernandez, y memoria de sus victorias: el rio

Genil, que cuasi toca los edificios, dicho de los antiguos Singilia,

que nace en la sierra Nevada, á quien llamaban Solaria y los moros

Solaira, de dos lagunas que están en el monte cuasi mas alto, de

donde se descubre la mar, y algunos presumen ver de allí la tierra de

Berbería. En ellas no se halla suelo ni otra salida sino la del rio;

cuyas fuentes tienen los moradores por religion, diciendo que horadan

el monte por milagro de un santo que está sepultado en otro monte

contrario dicho Sant Alcazaren. Va primero al norte, y pequeño; mas

en poco camino, grande con las nieves cuando se deshacen y arroyos

que se le juntan. Á una y otra parte moraban pueblos, que ahora aun

el nombre de ellos no queda; iliberitanos ó liberinos en tiempo de

los antiguos españoles, lo que decimos Elvira, en cuyo lugar entró

Granada; ilurconeses, pequeños cortijos; la torrecilla, y la torre de

Roma, recreacion de la Cava romana, hija del conde Julian el traidor:

todo poblaciones de los soldados que acompañaron á Baco en la empresa

de España; segun muestran los nombres y muchos letreros y imágenes, en

que se ven esculpidas procesiones y personajes que representan juegos

y ceremonias del mismo Baco á quien tuvieron por dios; todo esto en la

Vega. Despues Loja, Antequera, dicha Singilia del nombre del mismo rio,

Écija dicha Astigis, colonias de romanos antiguamente, hoy ciudades

populosas en el Andalucía por donde pasa; hasta que haciendo mayor á

Guadalquivir, deja en él aguas y nombre.

Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de justicia, con

la presencia de D. Juan. Su comision fue sin limitacion ninguna; mas

su libertad tan atada, que de cosa grande ni pequeña podia disponer

sin comunicacion y parecer de los consejeros, y mandado del rey;

salvo deshacer ó estorbar, que para esto la voluntad es comision:

mozo afable, modesto, amigo de complacer, atento á los oficios de

guerra, animoso, deseoso de emplear su persona. Acrecentaba estas

partes la gloria del padre, la grandeza del hermano, las victorias

del uno y del otro. Lo primero en que se ocupó fue en reformar los

excesos de capitanes y soldados en alojamientos contribuciones,

aprovechamientos de pagas; estrechando la costa, aunque no atajando

las causas de la desórden. En aquellos principios D. Juan era poco

ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio y habilidad. Luis

Quijada, áspero, riguroso, atado á la letra, que tuvo la primera órden

de guerra en la postrera empresa del emperador contra el rey Henrico

II de Francia, siempre mandado. Él y el duque de Sesa acostumbrados á

tratar gente plática, con menos licencia, mas proveida, mayores pagas y

mas ordinarias en Flandes, en Lombardía, lejos cada uno de su tierra;

do convenia esperar pagas, contentarse con los alojamientos, antes

que tornar á España, la mar en medio: todo aquí por el contrario. El

marqués de Mondejar tambien capitan general antes que soldado, criado á

las órdenes de su abuelo y padre, al poco sueldo, á las limitaciones de

la milicia castellana; no guiar ejércitos, poca gente, menos ejercicio

de guerra abierta. El presidente sin plática de lo uno y de lo otro: la

aspereza de unos, la blandura de otros, la limitacion de todos, causaba

irresolucion de provisiones y otros inconvenientes; no faltaron algunos

de la opinion del marqués de Mondejar, que daban la guerra por acabada.

Habia pocos oficiales de pluma, perdian los soldados el respeto,

hacíase costumbre del vicio, envilecíase el buen nombre y reputacion de

la milicia: apocóse tanto la gente, que fue necesario tratar de nuevo

con las ciudades no solo del Andalucía y Estremadura, mas con las mas

apartadas de Castilla que enviasen suplemento de ella; y vinieron las

de mas cerca, con que parecia remediarse la falta.

Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á él: tornó á solicitar

con personas ciertas los príncipes de Berbería, segun parecia por

las respuestas que fueron tomadas: envió dineros, ropa, cautivos;

acercóse á nuestros presidios, especialmente á Orgiba, donde entendió

que faltaba vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente

disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza de él,

mandó D. Juan que fuese del Padul proveido, y llevase la escolta á su

cargo Juan de Chaves de Orellana, uno de los capitanes que trujeron la

gente de Trujillo. Mas él por estar enfermo envió su alférez llamado

Moriz con la compañía; hidalgo, pero poco proveido y muy libre: caminó

con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si tuvieran cabeza.

Entendieron los moros la salida de la escolta por sus atalayas;

juntáronse trescientos arcabuceros y ballesteros mandados por el Macox,

hombre diestro y plático de la tierra; á quien despues prendió D.

Fernando de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mandó justiciar el

duque de Arcos en Granada. Emboscó parte en la cuesta de Talera y un

arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas casas; y dejándolos

pasar la primera emboscada, acometió á un tiempo á los que iban en la

rezaga y los delanteros. Peleóse en una y otra parte, pero fueron rotos

los nuestros, y murieron todos; con ellos el alférez por no reconocer;

y aun dicen que borracho, mas de confianza que de vino: perdiéronse

bagajes, bagajeros, y la vitualla, sin escapar mas de dos personas: hoy

se ven blanquear los huesos, no lejos del camino. Túvose de este caso

tanto secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque muchos

moriscos de paz, especialmente de las Albuñuelas, se hallaron con el

Macox, y porque los vecinos de aquel lugar acogian y daban vitualla á

los moros, y con ellos tenian continua plática; pareció que debian ser

castigados y el lugar destruido, así por ejemplo de otros, como por

entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba ociosa y

descontenta. Es las Albuñuelas lugar asentado en la falda de la montaña

á la entrada de Val de Lecrin, depósito de todos los frutos y riquezas

del mismo valle, cinco leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado

de otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la sierra,

tenidos los hombres por valientes y que pudieron resistir las armas

del Rey Católico D. Fernando hasta concertarse con ventaja. Mandóse

á D. Antonio de Luna, capitan de la Vega, que con cinco banderas de

infantería y doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase

los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase, quemase,

asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre cuidadoso y diligente, ó que

no midiese el tiempo, ó que la gente caminase con pereza, llegó cuando

los vecinos parte eran huidos á la montaña, parte estaban prevenidos

en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan, llamado

Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente tan tibia, que de

los enemigos murieron pocos, y de esos los mas viejos, perezosos y

enfermos; y de los nuestros algunos: cautiváronse niños y mujeres, los

que no pudieron escapar á lo alto; fue saqueado el uno de los tres

barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que saliendo por

una parte nuestra gente, entraba la suya por otra: habitaron las casas,

segaron sus panes aquel año, y sembraron sin estorbo para el siguiente.

Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo desasosiego

que daban los moros en la ciudad: gobernábalos en la parte que cae el

valle y la Vega un capitan llamado Nacoz (que en su lengua quiere decir

campana), mostrándose á todas horas y en todos lugares. Ya se habian

encontrado él y D. Antonio de Luna con número cuasi igual de gente de

á pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballería que llevaba: se

partieron con igualdad, cuasi sin poner manos á las armas; poniéndose

el Nacoz en salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra

caballería. Dicen que de allí atravesó la sierra de la Almijara, y por

Almuñecar con su hacienda y familia pasó á Berbería.

Visto por D. Juan que los enemigos crecian en número y experiencia;

que eran avisados por los moriscos de Granada, ayudados con vitualla,

reforzados con parte de la gente moza de la ciudad y la Vega; que no

cesaban las pláticas y tratados; el concierto de poner en ejecucion el

primero aun estaba en pie; que tenian señado el dia y hora cierta para

acometer la ciudad; número de gente determinado; capitanes nombrados

Giron, Nacoz, uno de los Partales, Farax, Chacon, Rendati, moriscos;

Caracax y Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido

por mandado del rey de Argel; dió aviso de todo encareciendo el peligro

por parte de los enemigos, si se juntaban con los de Granada y la Vega,

y de los nuestros por la flaqueza que sentian en la gente comun, por la

corrupcion de costumbres y órden de guerra.

Mandó el rey que todos los moriscos habitantes en Granada saliesen

á vivir repartidos por lugares de Castilla y el Andalucía; porque

morando en la ciudad no podian dejar de mantenerse vivas las pláticas

y esperanzas, dentro y fuera. Habia entre los nuestros sospechas,

desasosiego, poca seguridad: parecia á los que no tenian experiencia

de mantener pueblos oprimiendo ó engañando á los enemigos de dentro

y resistiendo á los de fuera, estar en manifiesto peligro. Con tal

resolucion ordenó D. Juan á los veinte y tres de junio, que encerrasen

todos los moriscos en las iglesias de sus parroquias: ya era llegada

gente de las ciudades á sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad.

Puso la ciudad en arma; la caballería y la infantería repartida por

sus cuarteles: ordenó al marqués de Mondejar que subiendo al Albaicin

se mostrase á los moriscos, y con su autoridad los persuadiese á

encerrarse llanamente. Recogidos que fueron de esta manera, mandáronlos

ir al hospital real fuera Granada un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan

por las calles con guardas de á caballo y guion; viólos recoger

inciertos de lo que habia de ser de ellos; mostraban una manera de

obediencia forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza que

arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna señal; que uno de

ellos hirió al que halló cerca de sí: dícese que con acometimiento

contra D. Juan, pero lo cierto no se pudo averiguar porque fue luego

hecho pedazos: yo que me hallé presente diria, que fue movimiento de

ira contra el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres

en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros con que

seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas las manos, puestos en

la cuerda, con guarda de infantería y caballería por una y otra parte,

encomendados á personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares

ciertos de Andalucía, y guardallos; tanto porque no huyesen, como

porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos mercaderes y oficiales,

para el servicio y trato de la ciudad: algunos á contemplacion y por

intereses de amigos. Muchos de los mancebos que adivinaron la mala

ventura huyeron á la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron

por todos tres mil y quinientos; el número de mujeres mucho mayor. Fue

salida de harta compasion para quien los vió acomodados y regalados en

sus casas: muchos murieron por los caminos de trabajo, de cansancio, de

pesar, de hambre, á hierro, por mano de los mismos que los habian de

guardar, robados, vendidos por cautivos.

Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta con su hacienda,

porque antes no las habia, como en negocio de que presto se vernia

al fin; contador, pagador, veedor general y particulares; dentro

en consejo al licenciado Muñatones que habia servido de alcalde de

corte al emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo

y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria fortuna.

Como los moriscos salieron de Granada, perdióse la comodidad de

los soldados; cesaron los alojamientos, camas, fuego, vasos: cosas

que se dan en hospedaje, sin que la gente no puede vivir ni cómoda

ni suficientemente. Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha

provision de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros,

mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento de los

capitanes y oficiales de guerra con los socorros y raciones, cuanto

mas á menudo se tomaban las nuestras: entraban á ellas en lugar de

soldados vecinos del pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey,

en lugar de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: por

todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos, como á moros;

padecian los soldados, adolecian, íbanse, crecieron las desórdenes y

compasiones por la Vega. Nació una opinion entre los ministros, la cual

como provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; así errada,

donde no hay pueblo contrario, y fue que no se debian tomar muestras,

porque los enemigos no entendiesen cuan pocos eran los soldados, y que

se debia permitir la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni

huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; los moriscos

fuera, los soldados no tan pocos, que no fuesen superiores (juntos con

el pueblo) á los enemigos; guarda de á pie y de á caballo en la Vega;

armado en Orgiba D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia

estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de poner en

peligro la empresa, y de que los moros de la Vega no pudiendo sufrir

tanto maltratamiento, yéndose á la sierra acrecentasen el número de los

enemigos? Duró tantos meses esta manera de gobierno, que dió causa á

intenciones libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas

á quien contentase, que creciendo los inconvenientes, fuese mayor la

necesidad.

Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués de Velez tuviese

cargo de los partidos de Almería, Guadix, Baza, rio de Almanzora,

sierra de Filabres; y queriendo salir contra los enemigos, parecióle

asegurar el puerto que dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para

tierra de Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres

enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, plático en las

escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, y se hiciese fuerte

hasta tener órden suya. Comenzó á subir la montaña sin reconocer; mas

los moros que estaban cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino,

dejando subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que

acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, hasta

ponellos en desórden; y cargándolos en rota, murió la mayor parte

huyendo: perdiéronse las armas, municion y vitualla que llevaban;

poca gente tornó á Guadix con el capitan. D. Juan, temeroso que los

enemigos cargasen á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á

Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador en las guerras

de Alemania.

Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz, y

tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que en el Alpujarra,

antes contentándose con recoger la ropa á lugares fuertes sin hacer

daños, echaron bando que ninguno matase ó cautivase cristianos,

quemase iglesia, tomase bienes de cristianos ó de moros que no se

quisiesen recoger con ellos: fortificaron para refugio y seguridad

de sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia

de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos: los antiguos

españoles y romanos le llamaron Saxifirmum. Estuvieron de esta manera

tanto mas sospechosos á Velez, cuanto procedian mas justificadamente,

sin comunicacion ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo,

corregidor de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de D.

Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para levantarse y

ocupar á Velez, movido por la razon de que se podia continuar aquel

levantamiento por la hoya y jarquia de Málaga, hasta tierra de Ronda,

si con tiempo no se atajase, y con alguna esperanza de pacificar los

moros por via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes

y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte la gente

del pueblo que habia desamparado lo llano: puso el lugar en defensa:

socorrió el castillo de Caniles, lugar del marqués de Comares, que

estaba en aprieto, echando los moros de la tierra, los cuales y los de

Sedella se fueron á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo

descubrieron el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez Suazo

juntando mil y quinientos infantes con la caballería que se hallaba,

y entendiendo que se recogian y fortificaban en la sierra, quiso ir á

reconocellos y en ocasion combatillos. Hallólos en Frejiliana la vieja

fortificados: el general de ellos era Gomel, y tenia consigo otros

capitanes; todos se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en

la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles las armas,

trabó la gente desmandada una escaramuza, y siguiéronla dos banderas de

infantería sin órden, y sin podellos Arévalo de Suazo retirar; harto

ocupado en estorbar que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros,

que habian hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba

de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á retirar hasta sus

reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apretaron

nuestra gente cuasi puesta en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo

de Suazo, parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente,

volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez, donde estuvo

á la guarda del lugar y la tierra; y los moros volvieron á continuar su

fuerte. D. Juan visto el caso, y pareciéndole dar dueño á la empresa

que la hiciese á menos costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo

de Suazo no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada por

mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares, gran señor en

el Andalucía, y fuera de ella de mayores esperanzas, que tenia parte de

su estado en aquella montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de

manera, que justificadamente pudo excusarse.

En este tiempo se declararon los preparamientos del rey de Argel ser

contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de Fez se quietó. Partió

el de Argel con siete mil infantes turcos y andaluces y doce mil

caballos, parte de su sueldo y parte alárabes que labraban la tierra:

juntáronse á una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez; mas

el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos caballos hácia

la tierra que dicen de los dátiles. Perdió á Beja y Túnez que ahora

está en poder de turcos, y á Biserta que comenzaron á fortificar,

lugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener;

Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia de Bona: púsole

el nombre Agatócles, tirano de Sicilia en la gran empresa que tuvo

contra los cartagineses. Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que

entiendo de estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo

guerra contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus historias.

Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad Idriz, del linaje de

Alí, que conquistó á Berbería y en memoria tienen su alfanje colgado

en el templo principal con gran veneracion. Dióle el nombre del rio

que pasa por medio, llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph

Miramarazohir Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que fue

vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por la comodidad

de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo de nuevo cabeza del reino

poseido al presente por los hijos de Jarife; hombre que de predicador y

tenido por santo y del linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con

la religion, al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos

de su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides,

los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, y jarifes que hoy

son; todos religiosos y armados, y que por este medio vinieron á la

alteza del reino. El de Túnez tuvo mayor antigüedad por fundarse en las

sobras de la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á

restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio Graco, despues

mudado el sitio á lo llano por César Augusto, y habitada de romanos,

poseida de los emperadores, ganada por los vándalos, y recuperada por

Belisario, capitan del emperador Justiniano; siempre tenida por la

tercia parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que

fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada, venciendo y

matando al conde Gregorio, lugarteniente del emperador Constantino,

hijo de Constante, con setenta mil caballeros cristianos en la gran

batalla junto á África, que los moros llaman Mehedia (del nombre de

un su príncipe dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar

destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las armas con que

se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes llaman Groguir, dicen

que fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y hermosas; él en

una litera de hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro,

y dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le quitaban el

polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de María, hija del conde

Gregorio, con pacto que casase con ella, mas descontento del casamiento

la dejó: deshabitó á Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez,

que entonces era pequeño lugar y siempre del mismo nombre. Quedaron

repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy son de labradores moros

en el cabo que llaman de Cartago, donde fue la ciudad competidora de

Roma; el nombre de ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente:

tantas mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los estados.

Gobernóse Túnez en forma de república hasta los tiempos de Miramamolin

Juseph, que envió á Abdeluahhed su capitan, natural de Sevilla, que los

gobernó y sujetó con ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo

hijo quedó por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz que

ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy reina sin perderse

la sucesion, segun la verdad de sus historias, cegando ó matando los

padres á los hijos, ó los hijos á los padres, como hizo Hamida que

cegó á Mulei Hacen su padre, y le quitó el reino, en que el emperador

D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á

Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de los turcos.

Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades · 第 9 / 21 段