Habia escrito el rey al marqués, que temporizase con los enemigos no se

poniendo en ocasion de peligro; temeroso de nuestra gente por ser toda

número, excepto los particulares. Representábansele los inconvenientes

que en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar el reino,

venir los de Berbería en ocasion que las armas del gran turco se

comenzaban á mostrar en Levante; incierto donde pararia tan gran

armada, aunque se veía que amenazase á Cipro. Parecíanle las fuerzas

del marqués pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada;

tenia lo pasado mas por correrías, escaramuzas y progresos de gente

desarmada, que por guerra cumplida. El general calumniado en la ciudad,

que le tenia de hacer espaldas; de donde habia de salir el nervio de

la guerra; la voluntad de algunas ciudades y señores en Andalucía no

muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y no faltaban

pretensiones de personas que andaban cerca de los príncipes, ó á las

orejas de quien anda cerca de ellos. Pareció por entonces consejo de

necesidad suspender las armas, y tanto mas cuando llegó la nueva de

la desgracia acontecida en Valor. Escribióse al marqués resolutamente

que no hiciese movimiento; y porque la autoridad que tenia en aquella

tierra era grande, y la costumbre de mandar muy arraigada de padre y

abuelo, y parecia que en reino extendido y tierra doblada no podia dar

cobro á tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando

en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo á las Guajaras, Obañez;

acordó dividir la empresa dando al marqués de Velez cargo de los rios

de Almería y Almanzora, tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el

resto del reino de Granada; enviar á ella por superior de todo á su

hermano D. Juan de Austria; por ventura resoluto á descomponer al uno

y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se tenia por agraviado:

pues con la autoridad y nombre de su hermano cesaban todos los oficios;

los pueblos se mandarian con mayor facilidad; contribuirian todos mas

contentos; servirian mas listos teniendo cerca del rey á su hermano

por testigo; los soldados un general que los gratificase y adelantase;

la eleccion daria mayor sonido entre naciones apartadas, suspenderia

los ánimos de los bárbaros, quitaríales la avilanteza de armar,

imposibilitaríalos de hacer el socorro formado como empresa difícil y

sin efecto; ocuparia á D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en

los de mar; haríale plático en lo uno y en lo otro: mozo despierto,

deseoso de emplear y acreditar su persona, á quien despertaba la gloria

del padre y la virtud del hermano. Decíase tambien que en esta empresa

el rey deseaba ver el ánimo del marqués de Mondejar inclinado á mayores

demostraciones de rigor, por la venganza del desacato divino y humano,

por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian esta

opinion relaciones y pareceres de personas, que cualquiera cosa donde

no ponen las manos les parece fácil, sin medir tiempo ni posibilidad,

presente ó porvenir, y de otras apasionadas; no sin artificio y

entendimiento de unas con otras. Mas los príncipes toman lo que les

conviene de las relaciones, dejando la pasion para su dueño.

Estando las cosas en tales términos, con el suceso de Valor tomaron

los enemigos ánimo para descubrirse, y Aben Humeya entró con mayor

autoridad y diligencia en el gobierno; no como cabeza de pueblos

rogados ó gente esparcida sin órden, sino como rey y señor. Siguió

nuestra órden de guerra; repartió la gente por escuadras, juntóla en

compañías; nombró capitanes; mandó que aquellos y no otros arbolasen

banderas; púsolos debajo de coroneles, y cada partido que estuviese al

gobierno de uno que dicen alcaide (tahas llaman ellos á los partidos

de tahar, que en su lengua quiere decir sujetarse): este mandaba lo de

la guerra; nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto

por nosotros á los que tienen fortalezas en guarda. Para seguridad

de su persona pagó arcabucería de guardia, que fue creciendo hasta

cuatrocientos hombres; levantó un estandarte bermejo, que mostraba el

lugar de la persona del rey á manera de guion.

Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada, olvidada por

haber pasado el reino á los de Castilla, diremos ahora. Muerto Abenhut

que tenia á Almería por cabeza del reino, tomaron (como dijimos) por

rey en Granada á Mahamet Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando

el Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallóse con mucha

caballería este Mahamet á servir en aquella empresa, por haberle

ayudado el rey D. Fernando á tomar el reino: parecióle autoridad el

uso de guion, agradecimiento y honra poner en él la color y banda, que

traen los reyes de Castilla. Armóle caballero el rey el dia que entró

en Sevilla; dióle el estandarte por armas para él y los que fuesen

reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo con dos cabezas de

sierpes á los cabos, segun la traen en su guion los reyes de Castilla;

añadió él las letras azules que dicen: _no hay otro vencedor sino

Dios_: por timbre tomó dos leones coronados que sobre las cabezas

sostienen el escudo; traen el timbre debajo de las armas, como nosotros

encima; porque así escriben y muestran los sitios, y cuentan las partes

del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas las armas antiguas

de los reyes de la Andalucía eran una llave azul en campo de plata;

fundándose en ciertas palabras del alcoran, y dando á entender que con

la destreza y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta á la conquista

de poniente; y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre, el monte

de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta de la Alhambra estas

armas con letras, que declaran la causa y el autor del castillo.

Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los lugares de Valor

y Poqueira, y en los que están en lo áspero de la Alpujarra; comiendo

la vitualla que tenian encerrada y la que hallaban sin dueño, con

mayor abundancia y á mas bajos precios que nosotros. Las rentas que

para mantenimiento del reino le señalaron fueron el diezmo de los

frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tiránicamente quitaba

á sus súbditos. De esta manera se detuvieron, el marqués de Mondejar

rehaciéndose de gente en Orgiba, incierto en que pararia la suspension

del rey; y Aben Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando

el socorro de Berbería para mantener la guerra, ó navíos en que pasarse

y desamparar la tierra.

Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no cesase en

alguna parte, sucedió en Granada un caso aunque liviano, que por

ser en ocasion y no pensado escandalizó. Habia en la cárcel de la

chancillería hasta ciento y cincuenta moriscos presos; parte por

seguridad (que eran escandalosos), parte por delitos ó sospecha de

ellos; todos como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, así de

los mas inhábiles para las armas; gente dada á trato y regalo. Contra

estos se levantó voz á media noche estando los hombres en sosiego, que

procuraban quebrantar las prisiones, matar las guardias, salir de las

cárceles, y juntos con los moros de la Vega y Alpujarra levantar el

Albaicin, degollar los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse

de Granada; empresa difícil para sueltos y muchos y experimentados,

aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no dejó de tener este

movimiento algunas causas; porque hubo informacion que lo trataban;

y deposiciones de testigos, que en ánimos sospechosos lo imposible

hacen parecer fácil. Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque

de esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla, que el

conde halló en cierta cueva al cerro de Santa Elena; pertrecho que

los moros guardaban para entrar en el Alhambra la noche que vinieron

al Albaicin, como está dicho. Alborotado el pueblo, corrió á las

cárceles con autoridad de justicia, acriminando los ministros el caso y

acrecentando la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos,

puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban á mano,

como piedras, vasos, madera, poniendo tiempo entre la ira del pueblo

y su muerte. Habia en ellos culpados en pláticas y demostraciones, y

todos en deseo; gente flaca, liviana, inhábil para todo, sino para dar

ocasion á su desventura.

No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun lugar de nombre

en la costa para dar reputacion á su empresa, y acoger armada de

Berbería; pero su principal intento se encaminaba á tomar á Almería,

ciudad asentada en sitio mas á propósito que Málaga, y despues de ella

la mas importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca de

los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne, pan, aceite,

frutas; puesta á la entrada de muchos valles que unos llevan á la parte

del maestral á Granada, y otros á la del griego al rio de Almanzora y

tierra de Baza; al levante la de Cartagena, y al poniente Almuñecar y

Velez Málaga. En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de

provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino, despues que

fueron echados de Córdoba. Pobláronla los de Tiro que vinieron á Cádiz,

poco apartada de la mar; los moros por la comodidad del agua pasaron

la poblacion adonde ahora está. Destruyóla el emperador de España D.

Alonso el VII, trayendo á sueldo el conde de Barcelona, con sesenta

galeras y ciento y sesenta y tres navíos de genoveses con Balduino y

Ansaldo de Oria, generales de la armada; á quien el rey dió por cuenta

de sus sueldos el vaso verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser

esmeralda: y puédese creer sin maravilla, vista la grandeza de los que

comienzan á venir del Nuevo Mundo, y la que refieren algunos antiguos

escritores. Esto tratan nuestras historias; aunque las de genoveses

refieren haberle tomado en la conquista de Cesarea en Asia, siendo

su capitan Guillelmo que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de

esto al arbitrio de los que leen. Tornó á restaurar la ciudad Abenhut.

Cerca del nombre, aprendí de los moros naturales, que por la fábrica

de espejos de que habia gran trato, la llamaron Almería; tierra de

espejos quiere decir, porque al espejo llaman meri. Dicen los moros

valencianos, que por espejo del reino le pusieron este nombre. Las

historias arábigas, que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo

mas alto habia un espejo semejante al que se finge de la Coruña, en

que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos antes de los

moros es, que habia atalaya, á que los latinos llamaban _specula_, como

en la misma Coruña, para encaminar y mostrar los navíos que venian á

la costa, y de allí le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y

entre los arábigos tiene mas crédito, dice que cuando los moros ganada

España se quisieron volver á sus casas, para detenellos, les dieron

á poblar á cada uno la tierra que mas parecia á la suya; y á estas

provincias llamaron Coras, que quiere decir tanto, como la redondez

de la tierra que descubre la vista: horizonte la podrian llamar los

curiosos de vocablos. Los de Almería[49], ciudad populosa en la

provincia de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron á Virgi

por habitacion; porque les pareció semejante á su ciudad, y le dieron

su nombre, como dijimos que los de Damasco dieron el suyo á Granada.

Fue Almería la de Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo

de Mauhía IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los moros

insistian tanto en la empresa de Almería, y si la ocupasen seria tener

la puerta del reino, y fundar en ella nombre y cabeza segun la tuvieron

en otros tiempos; aunque por D. García de Villarroel se guardase con

bastante diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que por

entonces tuviese el cargo con mayor número de gente D. Francisco de

Córdoba que vivia retirado en su casa: hombre plático en la guerra

contra los moros, y que habia seguido al emperador en algunas; criado

debajo del amaestramiento de dos grandes capitanes, uno D. Martin de

Córdoba, su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino de Mendoza

su tio. Estando en Almería D. Francisco, llegó Gil de Andrada con las

galeras de su cargo y otras con que guardaba la costa; y teniendo ambos

aviso que en la sierra de Gador se recogia gran número de moros con

sus mujeres y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de

Mondejar y Velez), acompañados de treinta turcos, temiendo que juntos

con otros le desasosegasen á Almería; juntó gente de la tierra, de

la guardia de ella, y de las galeras hasta setecientos arcabuceros y

cuarenta caballos; fue sobre ellos, que estaban fuertes, y á su pesar

defendidos con algun reparo de manos y aspereza del lugar: á la tierra

llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almería. Estuvo

detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo en fin de enero),

al pie de la montaña, y cuasi desconfiado de la empresa: resolvióse á

combatillos por dos partes, aunque era difícil la subida; hicieron la

defensa que pudieron con piedras y gorguces, porque en tanto número

como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros y

ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y con mas pertinacia que

los de otras partes; porque hasta las mujeres meneaban las armas: hubo

cautivos cuasi dos mil personas; saliéronse los moros y entre ellos

el capitan llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos

de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los ojos, con

un cencerro al cuello, entregado á los muchachos, por los daños que

siendo cosario habia hecho en aquella costa. Tornó D. Francisco la

gente á Almería rica y contenta: dividió la presa entre los soldados;

proveyó de esclavos las galeras; mas dende á pocos dias entendiendo

como el marqués de Velez venia por general de toda aquella provincia,

y pareciéndole que bastaba para la ciudad un solo defensor, pidió

licencia y habida del rey tornó á su casa.

[49] Amorío la llama en su geografía Ptolomeo, lib. V, c. 2.

Crecia la libertad por todo y la permision de los ministros, unos

mostrando contentarse, otros no castigando: hombres á quien las

desórdenes de nuestros soldados parecian venganzas, otros á quien

no pesaba que creciesen estas, y se diese ocasion á que el resto de

los moriscos que estaba pacífico tomase las armas. Juntábanseles los

ministros de justicia, pertinaces de su opinion, impacientes de esperar

tiempo para el castigo, poco pláticos de temporizar hasta la ocasion;

el interés de los que desean acrecentar los inconvenientes, la avaricia

de los soldados, y por ventura la indignacion del príncipe, la voz del

pueblo, y quien sabe si la de Dios, para que el castigo fuese general,

como habia sido la ofensa.

Estaba por rebelar la Vega de Granada, de donde y de la tierra á la

redonda cada dia se pasaba gente y lugares enteros á los enemigos,

excusándose con que no podian sufrir los robos de personas y haciendas,

las fuerzas de hijas y mujeres, los cautiverios, las muertes. Estaba

sosegada la serranía y el habaral de Bonda, la hoya y jarquia de

Málaga, la sierra de Bentomiz, el rio de Bolodui, la hoya y tierra de

Baza, Guescar, el rio de Almanzora, la sierra de Filabres, el Albaicin

y barrios de Granada poblados de moriscos. Habia levantados algunos

lugares en tierra de Almuñecar, el Val de Leclin, el Alpujarra, tierra

de Guadix, marquesado de Zenette, rio de Almería, que en esto se

encierra todo el reino de Granada poblado de moriscos. Mas Aben Humeya

no perdia ocasion de solicitallos por medio de personas, que tenian

entre ellos autoridad, ó deudos de las mujeres con quien se habian

casado: usaba de blandura general; queria ser tenido por cabeza, y

no por rey: la crueldad, la codicia cubierta engañó á muchos en los

principios; pero no á su tio Aben Jauhar, que dejando parte del dinero

y riquezas en poder del sobrino, llevando lo mejor consigo, resoluto de

huir á Berbería, mostró ir á solicitar el levantamiento de la sierra de

Bentomiz: vino á Portugos, donde murió de dolor de la hijada, viejo,

descontento y arrepentido. Mostró Aben Humeya descontentamiento, mas

por haberle la enfermedad quitado el cuchillo de las manos, que por la

falta del tio: tomóle los dineros y hacienda con ocasion de entregarse

de mucha, que habia entrado en su poder de diezmos y quintos. Tal fue

la fin de don Fernando el zaguer Aben Jauhar, cabeza del levantamiento

en la Alpujarra, inventor del nombre de rey entre los moros de Granada;

poderoso para hacer señor á quien le quitó la hacienda y fue causa de

su muerte: tal el desagradecimiento de Aben Humeya contra su sangre,

que le habia dado señorío y título de rey, pudiéndolo tomar para sí.

Mas así á los príncipes verdaderos como á los tiranos son agradables

los servicios, en cuanto parece que se pueden pagar; pero cuando pasan

muy adelante, dase aborrecimiento en lugar de merced.

Acabó de resolverse el rey en la venida de su hermano á Granada, para

emplealle en empresa que puesto que de suyo fuese menuda, era de

muchos cabos peligrosa, por la vecindad de Berbería; y queriéndose

llevar por violencia, larga: por ser guerra de montaña, en ocasion

que el rey de Argel estaba armado, y la armada del gran turco junta

contra venecianos. Hizo dos provisiones; una en D. Luis de Requesens

que estaba por embajador en Roma, teniente de D. Juan de Austria en

la mar, para que con las galeras de su cargo que habia en Italia, y

trayendo las banderas del reino de que D. Pedro de Padilla era maestro

de campo, viniese á hacer espaldas á la empresa, poniendo la gente en

tierra, donde á D. Juan pareciese que podia aprovechar; y juntando

con sus galeras las de España, cuyo capitan era D. Sancho de Leiva,

hijo de Sancho Martinez de Leiva, estorbase el socorro que podia venir

de Berbería á los enemigos; proveyese de vitualla y municiones las

plazas del reino de Granada que están á la costa, y al ejército cuando

estuviese en parte á propósito. Otra provision (resoluto de hacer la

guerra con mayores fuerzas) fue mandar al marqués de Mondejar que

estaba en Orgiba para salir en campo, que dejando en su lugar á D.

Antonio de Luna ó á D. Juan de Mendoza, cual de ellos le pareciese, con

expresa órden que no innovasen ni hiciesen la guerra, viniese á Granada

para recibir á D. Juan y asistir con él en consejo, juntamente con los

que hubiesen de tratar los negocios de paz y guerra, no dejando el uso

de su oficio, como capitan general de la gente ordinaria del reino de

Granada: ó si mejor le pareciese, quedase en Orgiba á hacer la guerra,

guardando en todo la órden que D. Juan de Austria su hermano le diese,

á quien enviaba por cabeza y señor de la empresa. Pareció al marqués

escoger la asistencia en consejo; ó porque con la plática de la guerra

pasada, con el conocimiento de la tierra y gente, y con el ejercicio

de aquella manera de milicia en que se habia criado (aunque en todo

diferente de la ordinaria), esperaba que el crédito y el gobierno

pararia en su parecer, y la ejecucion en su mano; ó temiendo quedar

debajo de mano ajena, y ser mal proveido, mandado y á veces calumniado

ó reprendido como ausente, dejó á D. Juan de Mendoza contento, regalado

y honrado en Orgiba; por ser hombre plático, mas desocupado, de su

nombre, y con cuyos deudos tenia antigua amistad (aunque algunos creen

que en ello no hizo su provecho); y vino á Granada. Salido de Orgiba,

estuvo aquella frontera sosegada, sin hacer ni recibir daño de los

enemigos; discurriendo ellos á una y otra parte con libertad.

Llegó D. Juan de Austria trayendo consigo á Luis Quijada (plático en

gobernar infantería, cuyo cargo habia tenido en tiempo del emperador),

hombre de gran autoridad, por voluntad del rey, que le remitió la suma

de todo lo que tocaba al gobierno de la persona y consejo del hermano;

y por la crianza que habia hecho en él por mandado del emperador. Fue

recibido D. Juan con grandes demostraciones y confianza, sin dejar

ninguna manera de ceremonia excepto las ordinarias que se suelen hacer

á los reyes; y aun la lisonja (que su verdad está en las palabras) se

extendió á llamarle alteza, no embargante que hubiese órden expresa

del rey, para que sus ministros y consejeros le llamasen excelencia,

y él no se consintiese llamar de sus criados otro título. Posó en las

casas de la audiencia por estar en medio de la ciudad; casas de mala

ventura las llamaban en su tiempo los moros, y así de ellas salió su

perdicion. Llegó dende á pocos dias Gonzalo Hernandez de Córdoba,

duque de Sesa, nieto del Gran Capitan, que despues de haber dejado el

gobierno del estado de Milan, conformando mas su voluntad con la de sus

émulos que con la del rey, vivia en su casa libre de negocios aunque

no de pretensiones: fue llamado para consejo, y uno de los ministros

de esta empresa, como quien habia dado buena cuenta de las que en

Lombardía tuvo á su cargo. Lo primero que se trató fue procurar que se

asegurase Granada contra el peligro de los enemigos declarados fuera, y

sospechosos dentro; visitar la gente que estaba alojada en el Albaicin

y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en frontera contra los

enemigos; repartir y mudar las guardias al parecer con mas curiosidad

que necesidad de los muros adentro; y aun quedó muchos meses de parte

del realejo sin guardia á discrecion de pocos enemigos. En el campo

andaban solas dos cuadrillas, ningunos atajadores por la tierra; que

daba avilanteza á los contrarios de inquietar la ciudad, y á nosotros

causa de correr las calles á un cabo y á otro, y algunas veces salir

desalumbrados, inciertos del camino que llevaban. Atajadores llaman

entre gente del campo hombres de á pie y de á caballo, diputados á

rodear la tierra, para ver si han entrado enemigos en ella ó salido.

Era excusable esta manera de defensa por ser aventurera la gente,

muchas banderas de poco número, mantenidas sin pagas con solos

alojamientos; la ciudad grande, continuada con la montaña; los pasos

como pocos y ciertos en tiempo de nieve, así muchos y inciertos estando

desnevada la sierra; un ejército en Orgiba, que los moros habian de

dejar á las espaldas viniendo á Granada, aunque lejos.

Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades · 第 8 / 21 段