graves y á menudo que solian, dieron ocasion al marqués de
Mondejar[42], al conde Tendilla su hijo, á cuyo cargo estaba la
guerra, á D. Pedro de Deza, presidente de la chancillería, caballero
que habia pasado por todos los oficios de su profesion, y dado buena
cuenta de ellos, al arzobispo, á los jueces de inquisicion, de poner
nuevo cuidado y diligencia en descubrir los motivos de estos hombres,
y asegurarse parte con lo que podian, y parte con acudir al rey y
pedir mayores fuerzas cada uno segun su oficio, para hacer justicia,
y reprimir la insolencia; que este nombre le ponian, como á cosa
incierta, hasta que estando el marqués de Mondejar en Madrid, fue
avisado el rey mas particularmente. Partió el marqués en diligencia, y
llevó comision para crecer en la guardia del reino alguna poca gente,
pero la que pareció que bastaba en aquella ocasion, y en las que se
ofreciesen por mar contra los moros berberíes. Mas las personas á cuyo
cargo era la provision, aunque se creyeron los avisos; ó importunados
con el menudear de ellos, ó juzgando á los autores por mas ambiciosos
que diligentes, hicieron provision tan pequeña, que bastó para mover
las causas de la enfermedad, y no para remedialla; como suelen
medicinas flojas en cuerpos llenos. Por lo cual, vistas por los monfíes
y principales de la conjuracion las diligencias que se hacian de parte
de los ministros para apurar la verdad del tratado; el temor de ser
prevenidos, y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas, los acució á
resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar á Berbería del término
en que las cosas se hallaban, y solicitar gente y armas con la armada,
dando por contraseño que entre los navíos que viniesen de Argel y
Tituan trajesen las capitanas una vela colorada, y que los navíos de
Tituan acudiesen á la costa de Marbella para dar calor á la sierra
de Ronda y tierra de Málaga; y los de Argel á cabo de Gata, que los
romanos llamaban promontorio de Caridemo, para socorrer á la Alpujarra
y rios de Almería y Almazora, y mover con la vecindad los ánimos de la
gente sosegada en el reino de Valencia. Mas estos estuvieron siempre
firmes: ó que en la memoria de los viejos quedase el mal suceso de la
sierra de Espadan en tiempo del emperador Cárlos; ó que teniendo por
liviandad el tratado, y dificultosa la empresa, esperasen á ver como
se movia la generalidad, con que fuerzas, fundamento, y certeza de
esperanzas en Berbería. Enviaron á Argel al Partal que vivia en Narila,
lugar del partido de Cadiar, hombre rico, diligente y tan cuerdo, que
la segunda vez que fue á Berbería, llevó su hacienda y dos hermanos,
y se quedó en Argel. Este y el Jeniz, que despues vendió y mató al
Abenabó su señor, á quien ellos levantaron por segundo rey, estaban en
aquella congregacion como diputados en nombre de toda la Alpujarra;
y por tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos, mas que
por sujetarse á otras sino á las que el rey de Argel los nombrase,
resolvieron en veinte y siete de setiembre hacer rey[43], persuadidos
con la razon de D. Fernando de Valor, el zaguer, que en su lengua
quiere decir el menor, á quien por otro nombre llamaban Aben Jauhar,
hombre de gran autoridad y de consejo maduro, entendido en las cosas
del reino y de su ley. Este viendo que la grandeza del hecho traía
miedo, dilacion, diversidad de casos; mudanzas de pareceres, los juntó
en casa de Zinzan en el Albaicin, y les habló:
[42] El tercer marqués de Mondejar es el que de aquí adelante
siempre se nombra: llamóse don Iñigo y fue virey de Valencia y
Nápoles, y sobrino del autor.
[43] Algo difiere Marmol, _lib._ IV, cap. 7, véase.
«Poniéndoles delante la opresion en que estaban, sujetos á hombres
públicos y particulares, no menos esclavos que si lo fuesen.
Mujeres, hijos, haciendas, y sus propias personas en poder y
arbitrio de enemigos, sin esperanza en muchos siglos de verse fuera
de tal servidumbre: sufriendo tantos tiranos como vecinos, nuevas
imposiciones, nuevos tributos, y privados del refugio de los lugares
de señorío, donde los culpados, puesto que por accidentes ó por
venganzas (esta es la causa entre ellos mas justificada), se aseguran:
echados de la inmunidad y franqueza de las iglesias, donde por otra
parte los mandaban asistir á los oficios divinos con penas de dinero;
hechos sujetos de enriquecer clérigos; no tener acogida á Dios ni
á los hombres; tratados y tenidos como moros entre los cristianos
para ser menospreciados, y como cristianos entre los moros para no
ser creidos ni ayudados. Excluidos de la vida y conversacion de
personas, mándannos que no hablemos nuestra lengua; y no entendemos
la castellana: ¿en qué lengua habemos de comunicar los conceptos, y
pedir ó dar las cosas, sin que no puede estar el trato de los hombres?
Aun á los animales no se vedan las voces humanas. ¿Quién quita que
el hombre de lengua castellana no pueda tener la ley del Profeta, y
el de la lengua morisca la ley de Jesus? Llaman á nuestros hijos á
sus congregaciones y casas de letras: enséñanles artes que nuestros
mayores prohibieron aprenderse, porque no se confundiese la puridad,
y se hiciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos amenazan
quitarlos de los brazos de sus madres, y de la crianza de sus padres,
y pasarlos á tierras ajenas, donde olviden nuestra manera de vida, y
aprendan á ser enemigos de los padres que los engendramos, y de las
madres que los parieron. Mándannos dejar nuestro hábito, y vestir
el castellano. Vístense entre ellos los tudescos de una manera, los
franceses de otra, los griegos de otra, los frailes de otra, los mozos
de otra, y de otra los viejos: cada nacion, cada profesion y cada
estado usa su manera de vestido, y todos son cristianos; y nosotros
moros, porque vestimos á la morisca, como si trujésemos la ley en
el vestido, y no en el corazon. Las haciendas no son bastantes para
comprar vestidos para dueños y familias; del hábito que traíamos no
podemos disponer, porque nadie compra lo que no ha de traer; para
traello es prohibido, para vendello es inútil. Cuando en una casa se
prohibiere el antiguo, y comprare el nuevo del caudal que teníamos
para sustentarnos, ¿de qué viviremos? Si queremos mendigar nadie nos
socorrerá como á pobres, porque somos pelados como ricos: nadie nos
ayudará, porque los moriscos padecemos esta miseria y pobreza, que los
cristianos no nos tienen por prójimos. Nuestros pasados quedaron tan
pobres en la tierra de las guerras contra Castilla, que casando su hija
el alcaide de Loja, grande y señalado capitan que llamaban Alatar,
deudo de algunos de los que aquí nos hallamos, hubo de buscar vestidos
prestados para la boda. ¿Con qué haciendas, con qué trato, con qué
servicio ó industria, en qué tiempo adquiriremos riqueza para perder
unos hábitos y comprar otros? Quítannos el servicio de los esclavos
negros; los blancos no nos eran permitidos por ser de nuestra nacion:
habíamoslos comprado, criado, mantenido: ¿esta pérdida sobre las otras?
¿Qué harán los que no tuvieren hijos que los sirvan, ni hacienda con
que mantener criados si enferman, si se inhabilitan, si envejecen,
sino prevenir la muerte? Van nuestras mujeres, nuestras hijas, tapadas
las caras, ellas mismas á servirse y proveerse de lo necesario á sus
casas; mándanles descubrir los rostros: si son vistas, serán codiciadas
y aun requeridas; y veráse quien son las que dieron la avilanteza al
atrevimiento de mozos y viejos. Mándannos tener abiertas las puertas
que nuestros pasados con tanta religion y cuidado tuvieron cerradas,
no las puertas, sino las ventanas y resquicios de casa. ¿Hemos de ser
sujetos de ladrones, de malhechores, de atrevidos y desvergonzados
adúlteros, y que estos tengan dias determinados y horas ciertas, cuando
sepan que pueden hurtar nuestras haciendas, ofender nuestras personas,
violar nuestras honras? No solamente nos quitan la seguridad, la
hacienda, la honra, el servicio, sino tambien los entretenimientos; así
los que se introdujeron por la autoridad, reputacion y demostraciones
de alegría en las bodas, zambras, bailes, músicas, comidas; como los
que son necesarios para la limpieza, convenientes para la salud.
¿Vivirán nuestras mujeres sin baños, introduccion tan antigua?
¿Veránlas en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenian la
limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad? Representóles
el estado de la cristiandad; las divisiones entre herejes y católicos
en Francia; la rebelion de Flandes; Inglaterra sospechosa; y los
flamencos huidos solicitando en Alemania á los príncipes de ella.
El rey falto de dineros y gente plática, mal armadas las galeras,
proveidas á remiendos, la chusma libre; los capitanes y hombres de cabo
descontentos, como forzados. Si previniesen no solamente el reino de
Granada, pero parte del Andalucía que tuvieron sus pasados, y agora
poseen sus enemigos, pueden ocupar con el primer ímpetu; ó mantenerse
en su tierra, cuando se contenten con ella sin pasar adelante. Montaña
áspera, valles al abismo, sierras al cielo, caminos estrechos,
barrancos y derrumbaderos sin salida: ellos gente suelta, plática
en el campo, mostrada á sufrir calor, frio, sed, hambre; igualmente
diligentes y animosos al acometer, prestos á desparcirse y juntarse:
españoles contra españoles, muchos en número, proveidos de vitualla,
no tan faltos de armas que para los principios no les basten; y en
lugar de las que no tienen, las piedras delante de los pies, que contra
gente desarmada son armas bastantes. Y cuanto á los que se hallaban
presentes, que en vano se habian juntado, si cualquiera de ellos no
tuviera confianza del otro que era suficiente para dar cobro á tan gran
hecho, y si, como siendo sentidos habian de ser compañeros en la culpa
y el castigo, no fuesen despues parte en las esperanzas y frutos de
ellas, llevándolas al cabo. Cuanto mas que ni las ofensas podian ser
vengadas, ni deshechos los agravios, ni sus vidas y casas mantenidas,
y ellos fuera de servidumbre; sino por medio del hierro, de la union y
concordia, y una determinada resolucion con todas sus fuerzas juntas.
Para lo cual era necesario elegir cabeza de ellos mismos, ó fuese
con nombre de jeque, ó de capitan, ó de alcaide, ó de rey, si les
pluguiese, que los tuviese juntos en justicia y seguridad.»
Jeque llaman ellos el mas honrado de una generacion, quiere decir, el
mas anciano: á estos dan el gobierno con autoridad de vida y muerte. Y
porque esta nacion se vence tanto mas de la vanidad de la astrología y
adivinanzas, cuanto mas vecinos estuvieron sus pasados de Caldea, donde
la ciencia tuvo principio, no dejó de acordalles á este propósito,
cuantos años atrás por boca de grandes sabios en movimiento y lumbre de
estrellas, y profetas en su ley, estaba declarado, que se levantarian á
tornar por sí; cobrarian la tierra y reinos que sus pasados perdieron,
hasta señalar el mismo año despues que Mahoma les dió la ley (hegira
le llaman ellos en su cuenta, que quiere decir el destierro, porque
la dió siendo desterrado de Meca), y venia justo con esta rebelion.
Representóles prodigios y apariencias extraordinarias de gente armada
en el aire á las faldas de Sierra Nevada, aves de desusada manera
dentro en Granada, partos monstruosos de animales en tierra de Baza,
y trabajos del sol con el eclipse de los años pasados, que mostraban
adversidad á los cristianos, á quien ellos atribuyen el favor, ó
disfavor de este planeta; como á sí el de la luna.
Tal fue la habla que D. Fernando el zaguer les hizo; con que quedaron
animados, indignados y resueltos en general de rebelarse presto, y en
particular de elegir rey de su nacion; pero no quedaron determinados en
el cuando precisamente, ni á quien. Una cosa muy de notar califica los
principios de esta rebelion, que gente de mediana condicion mostrada á
guardar poco secreto y hablar juntos, callasen tanto tiempo, y tantos
hombres, en tierra donde hay alcaldes de corte y inquisidores, cuya
profesion es descubrir delitos. Habia entre ellos un mancebo llamado
D. Fernando de Valor, sobrino de D. Fernando el zaguer, cuyos abuelos
se llamaron Hernandos y de Valor, porque vivian en Valor, el alto,
lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre de la montaña: era
descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma,
hijos de su hija, que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Córdoba
y el Andalucía; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo padre estaba
preso por delitos en las cárceles de Granada. En este pusieron los
ojos; así porque les movió la hacienda, el linaje, la autoridad del
tio; como porque habia vengado la ofensa del padre matando secretamente
uno de los acusadores, y parte de los testigos. De esta resolucion,
aunque no tan en particular, hubo noticia, y fue el rey avisado; pero
estaba el negocio cierto y el tiempo en duda: y, como suele acontecer
á las provisiones en que se junta la dificultad con el temor, cada
uno de los consejeros era en que se atajase con mayor poder; pero
juntos juzgaban ser el remedio fácil, y las fuerzas de los ministros
bastantes, el dinero poco necesario, porque habia de salir del mismo
negocio; y menospreciaban esto, encareciendo el remedio de mayores
cosas: porque los estados de Flandes desasosegados por el príncipe de
Orange eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que
las fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo
de la disciplina del emperador, testigo y parte en sus victorias,
bastasen para mayores empresas; todavía lo que se temia de parte
de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas
sospechas de príncipes de Alemania, y designios de Italia, daban
cuidado; y tanto mayor por ser la rebelion de Flandes por causas de
religion comunes con los franceses, ingleses, y alemanes; y por quejas
de tributos, y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque
sean livianas y ellos bien tratados. Esto dió á los enemigos mayor
avilanteza, y á nosotros causa de dilacion. Comenzaron á juntar mas al
descubierto gente de todas maneras: si hombre ocioso habia perdido su
hacienda, malbaratándola por redimir delitos; si homicida, salteador
ó condenado en juicio, ó que temiese por culpas que lo seria; los
que se mantenian de perjurios, robos, muertes; los que la maldad, la
pobreza, los delitos traían desasosegados, fueron autores ó ministros
de esta rebelion. Si algun bueno habia y fuera de semejantes vicios,
con el ejemplo y conversacion de los malos brevemente se tornaba como
ellos; porque cuando el vínculo de la vergüenza se rompe entre los
buenos, mas desenfrenados son en las maldades que los peores. En fin
el temor de que eran descubiertos, y seria prevenida su determinacion
con el castigo, movió á los que gobernaban el negocio, y entre ellos
á D. Fernando el zaguer, á pensar en algun caso con que obligasen y
necesitasen al pueblo á salir de tibieza, y tomar las armas. Juntáronse
tercera vez las cabezas de la conjuracion y otras, con veinte y seis
personas del Alpujarra á San Miguel en casa del Hardon, hombre señalado
entre ellos, á quien mandó el duque de Arcos despues justiciar. Posaba
en la casa del Carcí, yerno suyo: eligieron á D. Fernando de Valor
por rey con esta solemnidad: los viudos á un cabo, los por casar á
otro, los casados á otro, y las mujeres á otra parte. Leyó uno de sus
sacerdotes, que llaman faquíes, cierta profecía hecha en el año de los
árabes de... y comprobada por la autoridad de su ley, consideraciones
de cursos y puntos de estrellas en el cielo, que trataba de su libertad
por mano de un mozo de linaje real, que habia de ser bautizado y hereje
de su ley, porque en lo público profesaria la de los cristianos.
Dijo que esto concurria en D. Fernando, y concertaba con el tiempo.
Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle á torno del cuello y espaldas una
insignia colorada á manera de faja. Tendieron cuatro banderas en el
suelo, á las cuatro partes del mundo, y él hizo su oracion inclinándose
sobre las banderas, el rostro al oriente (zalá la llaman ellos), y
juramento de morir en su ley y en el reino; defendiéndola á ella, y á
él, y á sus vasallos. En esto levantó el pie; y en señal de general
obediencia postróse Aben Farax en nombre de todos, y besó la tierra
donde el nuevo rey tenia la planta. Á este hizo su justicia mayor:
lleváronle en hombros, levantáronle en alto diciendo: _Dios ensalce á
Mahomet Aben Humeya rey de Granada y de Córdoba_. Tal era la antigua
ceremonia con que elegian los reyes de la Andalucía, y despues los de
Granada. Escribieron cartas los capitanes de la gente á los compañeros
en la conjuracion; señalaron dia y hora para ejecutalla; fueron los que
tenian cargos á sus partidos. Nombró Aben Humeya por capitan general á
su tio Aben Jauhar, que partió luego para Cadiar, donde tenia casa y
hacienda.
Pasaba el capitan Herrera á la sazon de Granada para Abra con cuarenta
caballos, y vino á hacer la noche en Cadiar. Mas Aben Jauhar el
zaguer, vista la ocasion tan á su propósito, habló con los vecinos
persuadiéndoles que cada uno matase á su huésped. No fueron perezosos;
porque pasada la media noche no hubo dificultad en matar muchos á
pocos, armados á desarmados, prevenidos á seguros y torpes con el
sueño, con el cansancio, con el vino: pasaron al capitan y á los
soldados por la espada. Venida la mañana juntáronse, y tomaron lo
áspero de la sierra, como gente levantada; donde ni hubo tiempo ni
aparejo para castigallos. Este fue el primer exceso y mas descubierto
con que los enemigos, ó por fuerza ó por voluntad fueron necesitados
á tomar las armas sin otra respuesta de Berbería mas de esperanzas,
y esas generales. Era entonces Selim el II, emperador de los turcos
recien heredado, victorioso por la toma de Zigueto, plaza fuerte
y proveida en Hungría: habia hecho nueva tregua con el emperador
Maximiliano el II, concertándose con el sofí por la parte de Armenia, y
por la de Suria con los jeques alárabes que le trabajaban sus confines,
y con los genízaros, infantería que se suele desasosegar con la entrada
de nuevo señor. Tenia en el ánimo las empresas que descubrió contra
venecianos en Cipro, contra el rey de Túnez en Berbería; y que como no
le convenia repartir sus fuerzas en muchas partes, así le convenia que
las del rey católico estuviesen repartidas y ocupadas. Dícese, que en
este tiempo vino del rey de Argel respuesta á los moriscos animándolos
á perseverar en la prosecucion del tratado, pero excusándose de enviar
el armada, con que esperaba órden de Constantinopla. El rey de Fez,
como religioso en su ley, y del linaje de los Jarifes, tenidos entre
los moros por santos, les prometió mas resuelto socorro. Todavía
vinieron por medio de personas fiadas á tratar ambos reyes de la
calidad del caso, de la posibilidad de los moriscos; y midiendo sus
fuerzas de mar y tierra con las del rey de España, hallaron no ser
bastantes para contrastalle: y aunque se confederaron, solo fue para
que el rey de Argel hiciese la empresa de Túnez y Biserta, en tanto
que el rey D. Felipe estaba ocupado en allanar la rebelion de Granada;
y juntamente permitir que de sus tierras fuese alguna gente á sueldo
en especial de moros andaluces, que se habian pasado á Berbería; y
mercaderes pudiesen cargar armas, municiones, vitualla, con que los
moriscos fuesen por sus dineros socorridos.
Alpujarra llaman toda la montaña sujeta á Granada, como corre de
levante á poniente prolongándose entre tierra de Granada y la mar, diez
y siete leguas en largo, y once en lo mas ancho, poco mas ó menos:
estéril y áspera de suyo, sino donde hay vegas; pero con la industria
de los moriscos (que ningun espacio de tierra dejan perder), tratable y
cultivada, abundante de frutos y ganados y cria de sedas. Esta montaña
como era principal en la rebelion, así la escogieron por sitio en
que mantener la guerra, por tener la mar donde esperaba socorro, por
la dificultad de los pasos y calidad de la tierra, por la gente que
entre ellos es tenida por brava. Habian ya pensado rebelarse otras dos
veces antes, una jueves santo, otra por setiembre de este año: tenian
prevenido á Aluch Alí con el armada de Argel; mas él entendiendo que el
conde de Tendilla estaba avisado y aguardándole en el campo, volvió,
dejándose de la empresa, con el armada á Berbería. En fin á los veinte
y tres de diciembre, luego que sucedió el caso de Cadiar, la misma
gente con las armas mojadas en la sangre de aquellos pocos, salieron en
público; movieron los lugares comarcanos y los demás de la Alpujarra,
y rio de Almería, con quien tenian comun el tratado, enviando por
corredores, y para descubrir los ánimos y motivo de la gente de Granada
y la Vega, á Farax Aben Farax con hasta ciento y cincuenta hombres,
gente suelta y desmandada, escogida entre los que mayor obligacion y
mas esfuerzo tenian. Ellos recogiendo la que se les llegaba, tomaron
resolucion de acometer á Granada, y caminaron para ella con hasta
seis mil hombres mal armados, pero juntos y con buena órden, segun su
costumbre.