La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion de los de Damasco,

que vinieron con Tarif su capitan, y diez años despues que los

alárabes echaron á los godos del señorío de España, la escogieron

por habitacion; porque en el suelo y aire parecia mas á su tierra.

Primero asentaron en Libira, que antiguamente llamaban Illiberis, y

nosotros Elvira, puesta en el monte contrario de donde ahora está la

ciudad, lugar falto de agua, de poco aprovechamiento, dicho el cerro

de los Infantes; porque en él tuvieron su campo los infantes D. Pedro

y D. Juan, cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael.

Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en él la gente que

dejó Tarif Abentiet despues de haberla tomado por luengo cerco; pero

poca, pobre, y de varias naciones, como sobras del lugar destruido. No

tuvieron rey hasta Habúz Aben Habúz, que juntó los moradores de uno y

otro lugar, fundando ciudad á la torre de San José, que llamaban de

los Judíos, en el alcazava; y su morada en la casa del Gallo, á San

Cristóval en el Albaicin. Puso en el alto su estatua á caballo con

lanza y adarga, que á manera de veleta se revuelve á todas partes, y

letras que dicen: _Dijo Habúz Aben Habúz el sabio, que así se debe

defender el Andalucía_. Dicen, que del nombre de Naath su mujer, y por

mirar al poniente (que en su lengua llaman garb) la llamó Garbnaath,

como Naath la del poniente. Los alárabes y asianos hablan de los

sitios, como escriben; al contrario y revés que las gentes de Europa.

Otros, que de una cueva á la puerta de Bibataubin, morada de la Cava,

hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre propio,

se llamó Garnata, la cueva de Nata. Porque el de la Cava todas las

historias arábigas afirman, que le fue puesto por haber entregado su

voluntad al rey de España D. Rodrigo; y en la lengua de los alárabes

cava quiere decir mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este

nombre por algunas partes; y la memoria en el soto y torre de Roma,

donde los moros afirman haber morado; no embargante que los que tratan

de la destruccion de España ponen que padre é hija murieron en Ceuta. Y

los edificios que se muestran de lejos á la mar sobre el monte, entre

las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro de la

Cava cristiana, cierto es haber sido un templo de la ciudad de Cesarea

hoy destruida, y en otros tiempos cabeza de la Mauritania, á quien dió

el nombre de cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra

que hizo á ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un cuero de

buey cercenado el sitio donde ahora está la ciudad, los mismos moros

lo tienen por fabuloso. Pero lo que se tiene por mas verdadero entre

ellos y se halla en la antigüedad de sus escrituras, es haber tomado el

nombre de una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta

la aldea que llaman Alfacar, que en mi niñez yo vi abierta, y tenida

por lugar religioso, donde los ancianos de aquella nacion curaban

personas tocadas de la enfermedad que dicen demonio. Esto cuanto al

nombre que tuvo en la edad de los moros; tanta variedad hay en las

historias arábigas, aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En

la nuestra conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana,

la decimos Granada, por ser abundante. Habúz Aben Habúz deshizo el

reino de Córdoba, y puso á Idriz en el señorío del Andalucía. Con esto,

con el desasosiego de las ciudades comarcanas, con las guerras que los

reyes de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los dos

pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada vino á mucha

grandeza. Desde entonces no faltaron reyes en ella hasta Abenhut, que

echó de España los almoades, é hizo á Almería cabeza del reino. Muerto

Abenhut á manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo D.

Fernando el III, tomaron los de Granada por rey á Mahamet Alhamar, que

era señor de Arjona, y volvió la silla del reino de Granada, la cual

fue en tanto crecimiento, que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba

en mayor prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros; y

en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso cuidado á los reyes de

Castilla. Hay fama que Bulhaxix halló el alquimia, y con el dinero de

ella cercó el Albaicin: dividióle de la ciudad; y edificó el Alhambra

con la torre que llaman de Comares (porque cupo á los de Comares

fundalla); aposento real y nombrado, segun su manera de edificio, que

despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se

ven en una sala; alguno de ellos conocido en nuestro tiempo por los

ancianos de la tierra.

[Nota al margen: 1492.]

Ganaron á Granada los reyes llamados Católicos Fernando é Isabel,

despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado y echado los moros de

España en guerra continua de setecientos setenta y cuatro años, y

cuarenta y cuatro reyes; acabada en tiempo, que vimos al rey último

Boabdelí (con grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de

su reino y ciudad y tornado á su primera patria allende la mar.

Recibieron las llaves de la ciudad en nombre de señorío, como es

costumbre de España: entraron al Alhambra, donde pusieron por alcaide

y capitan general á D. Iñigo Lopez de Mendoza conde de Tendilla,

hombre de prudencia en negocios graves, de ánimo firme, asegurado

con luenga experiencia de reencuentros y batallas ganadas, lugares

defendidos contra moros en la misma guerra; y por prelado pusieron á

fray Fernando de Talavera, religioso de la órden de san Hierónimo,

cuyo ejemplo de vida y santidad España celebra, y de los que viven,

algunos hay testigos de sus milagros. Diéronles compañía calificada y

conveniente para fundar república nueva; que habia de ser cabeza de

reino, escudo y defension contra los moros de África, que en otros

tiempos fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones

aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados y

ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo ser echados de

la ley, como del estado: porque los reyes, queriendo que en todo el

reino fuesen cristianos, enviaron á fray Francisco Jimenez, que fue

arzobispo de Toledo y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos,

gente dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron rehacios.

Tomóse concierto, que los renegados, ó hijos de renegados tornasen

á nuestra fe, y los demás quedasen en su ley por entonces. Tampoco

esto se observaba, hasta que subió al Albaicin un alguacil, llamado

Barrionuevo, á prender dos hermanos renegados en casa de la madre.

Alborotóse el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil, y

barrearon las calles que bajan á la ciudad; eligieron cuarenta hombres

autores del motin para que los gobernasen, como acontece en las cosas

de justicia escrupulosamente fuera de ocasion ejecutadas. Subió el

conde de Tendilla al Albaicin, y despues de habérsele hecho alguna

resistencia apedreándole el adarga (que es entre ellos respuesta de

rompimiento), se la tornó á enviar: al fin la recibieron, y pusiéronse

en manos de los reyes, con dejar sus haciendas á los que quisiesen

quedar cristianos en la tierra, conservar su hábito y lengua, no entrar

la inquisicion hasta ciertos años, pagar fardas y las guardas; dióles

el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto salieron

huyendo los cuarenta electos, y levantaron á Guejar, Lanjaron, Andarax;

y últimamente Sierra Bermeja, nombrada por la muerte de D. Alonso de

Aguilar, uno de los mas celebrados capitanes de España, grande en

estado y linaje. Sosegó el conde de Tendilla y concertó el motin de

Albaicin; tomó á Guejar, parte por fuerza, parte rendida sin condicion,

pasando á cuchillo los moradores y defensores. En la cual empresa,

dicen que por no ir á Sierra Bermeja, debajo de D. Alonso de Aguilar su

hermano, con quien tuvo emulacion, se halló á servir, y fue el primero

que por fuerza entró en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez de

Córdoba, que vivia á la sazon en Loja desdeñado de los Reyes Católicos,

abriendo ya el camino para el título de gran capitan, que á solas dos

personas fue concedido en tantos siglos: una entre los griegos caido

el imperio en tiempo de los emperadores Comnenos como á restaurador y

defensor del Andrónico Contestephano llamándole _megaduca_, vocablo

bárbaramente compuesto de griego y latino, como acontece con los

estados perderse la elegancia de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez

entre los españoles y latinos, por la gloria de tantas victorias

suyas, como viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse allí

entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio de Leiva, mozo

teniente de la compañía de Juan de Leiva su padre, y despues sucesor

en Lombardía de muchos capitanes generales señalados, y á ninguno de

ellos inferior en victorias. La presencia del Rey Católico dió fin con

mayor autoridad á esta guerra; mas guardóse el rincon de Sierra Bermeja

para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que ganada la sierra, y rotos

los moros fue necesitado á quedar en ella con la oscuridad de la noche,

y con ella misma le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia.

Murió D. Alonso peleando, y salvóse su hijo D. Pedro entre los muertos:

salió el conde de Ureña, aunque dando ocasion á los cantares y libertad

española; pero como buen caballero.

Sosegada esta rebelion tambien por concierto, diéronse los Reyes

Católicos á restaurar y mejorar á Granada en religion, gobierno y

edificios: establecieron el cabildo, bautizaron los moros, trujeron la

chancillería, y dende á algunos años vino la inquisicion. Gobernábase

la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros con una forma

de justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones

encaminadas en comun al bien público: esto se acabó con la vida de

los viejos. Entraron los celos; la division sobre causas livianas

entre los ministros de justicia y de guerra, las concordias en

escrito confirmadas por cédulas; traido el entendimiento de ellas

por cada una de las partes á su opinion; la ambicion de querer la

una no sufrir igual, y la otra conservar la superioridad, tratada

con mas disimulacion que modestia. Duraron estos principios de

discordia disimulada y manera de conformidad sospechosa el tiempo

de D. Luis Hurtado de Mendoza[41], hijo de D. Iñigo, hombre de gran

sufrimiento y templanza; mas sucediendo otros, aunque de conversacion

blanda y humana, de condicion escrupulosa y propia; fuese apartando

este oficio del arbitrio militar, fundándose en la legalidad y

derechos, y subiéndose hasta el peligro de la autoridad, cuanto á

las preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan, son

aborrecidas de los menores y sospechosas á los iguales. Vínose á causas

y pasiones particulares, hasta pedir jueces de términos; no para

divisiones ó suertes de tierras, como los romanos y nuestros pasados;

sino con voz de restituir al rey ó al público lo que le tenian ocupado,

y intento de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de los

principios en la destruccion de Granada comun á muchas naciones;

porque los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida

y mostrada á servir, veían condenarse y quitar ó partir las haciendas

que habian poseido, comprado, ó heredado de sus abuelos, sin ser oidos.

Juntáronse con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor

importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos de mas alto.

[41] Este D. Luis fue el segundo marqués de Mondejar y

presidente de Castilla.

Pusieron los Reyes Católicos el gobierno de la justicia y cosas

públicas en manos de letrados, gente media entre los grandes y

pequeños, sin ofensa de los unos ni de los otros: cuya profesion

eran letras legales, comedimiento, secreto, verdad, vida llana y sin

corrupcion de costumbres; no visitar, no recibir dones, no profesar

estrecheza de amistades; no vestir, ni gastar suntuosamente, blandura

y humanidad en su trato, juntarse á horas señaladas para oir causas,

ó para determinallas, y tratar del bien público. Á su cabeza llaman

presidente, mas porque preside á lo que se trata, y ordena lo que se

ha de tratar, y prohibe cualquier desórden, que porque los manda.

Esta manera de gobierno, establecida entonces con menos diligencia,

se ha ido extendiendo por toda la cristiandad, y está hoy en el colmo

de poder y autoridad: tal es su profesion de vida en comun, aunque

en particular haya algunos que se desvien. Á la suprema congregacion

llaman consejo real, y á las demás chancillerías, diversos nombres

en España, segun la diversidad de las provincias. Á los que tratan

en Castilla lo civil llaman oidores; y á los que tratan lo criminal

alcaldes (que en cierta manera son sujetos á los oidores): los unos y

los otros por la mayor parte ambiciosos de oficios ajenos y profesion

que no es suya, especialmente la militar; persuadidos del ser de su

facultad, que (segun dicen) es noticia de cosas divinas y humanas, y

ciencia de lo que es justo é injusto; y por esto amigos en particular

de traer por todo, como superiores, su autoridad, y apuralla á veces

hasta grandes inconvenientes, y raices de los que agora se han visto.

Porque en la profesion de la guerra se ofrecen casos que á los que no

tienen plática de ella parecen negligencias; y si los procuran emendar,

cáese en imposibilidades y lazos, que no se pueden desenvolver; aunque

en ausencia se juzgan diferentemente. Estiraba el capitan general su

cargo sin equidad, y procuraban los ministros de justicia emendallo.

Esta competencia fue causa que menudeasen quejas y capítulos al rey;

con que cansados los consejeros, y él con ellos, las provisiones

saliesen varias, ó ningunas, perdiendo con la oportunidad el crédito;

y se proveyesen algunas cosas de pura justicia, que atenta la calidad

de los tiempos, manera de las gentes, diversidad de ocasiones requerian

templanza ó dilacion. Todo lo de hasta aquí se ha dicho por ejemplo,

y como muestra de mayores casos; con fin que se vea de cuan livianos

principios se viene á ocasiones de grande importancia, guerras,

hambres, mortandades, ruinas de estados, y á veces de los señores de

ellos. Tan atenta es la providencia divina á gobernar el mundo y sus

partes, por órden de principios, y causas livianas que van creciendo

por edades, si los hombres las quisiesen buscar con atencion.

Habia en el reino de Granada costumbre antigua, como la hay en otras

partes, que los autores de delitos se salvasen, y estuviesen seguros en

lugares de señorío; cosa que mirada en comun, y por la haz, se juzgaba

que daba causa á mas delitos, favor á los malhechores, impedimento á

la justicia, y desautoridad á los ministros de ella. Pareció por estos

inconvenientes, y por ejemplo de otros estados, mandar que los señores

no acogiesen gentes de esta calidad en sus tierras, confiados que

bastaba solo el nombre de justicia para castigallos donde quiera que

anduviesen. Manteníase esta gente con sus oficios en aquellos lugares,

casábanse, labraban la tierra, dábanse á vida sosegada. Tambien les

prohibieron la inmunidad de las iglesias arriba de tres dias; mas

despues que les quitaron los refugios, perdieron la esperanza de

seguridad, y diéronse á vivir por las montañas, hacer fuerzas, saltear

caminos, robar y matar. Entró luego la duda tras el inconveniente,

sobre á que tribunal tocaba el castigo, nacida de competencia de

jurisdicciones; y no obstante que los generales acostumbrasen hacer

estos castigos, como parte del oficio de la guerra; cargaron á color

de ser negocio criminal, la relacion apasionada ó libre de la ciudad,

y la autoridad de la audiencia, y púsose en manos de los alcaldes, no

excluyendo en parte al capitan general. Dióseles facultad para tomar á

sueldo cierto número de gente repartida pocos á pocos, á que usurpando

el nombre llamaban cuadrillas; ni bastantes para asegurar, ni fuertes

para resistir. Del desden, de la flaqueza de provision, de la poca

experiencia de los ministros en cargo que participaba de guerra, nació

el descuido, ó fuese negligencia ó voluntad de cada uno que no acertase

su émulo. En fin fue causa de crecer estos salteadores (monfíes los

llamaban en lengua morisca), en tanto número, que para oprimillos ó

para reprimillos no bastaban las unas ni las otras fuerzas. Este fue el

cimiento sobre que fundaron sus esperanzas los ánimos escandalizados

y ofendidos; y estos hombres fueron el instrumento principal de la

guerra. Todo esto parecia al comun cosa escandalosa; pero la razon de

los hombres, ó la providencia divina (que es lo mas cierto), mostró

con el suceso, que fue cosa guiada para que el mal no fuese adelante,

y estos reinos quedasen asegurados mientras fuese su voluntad.

Siguiéronse luego ofensas en su ley, en las haciendas, y en el uso de

la vida, así cuanto á la necesidad, como cuanto al regalo, á que es

demasiadamente dada esta nacion; porque la inquisicion los comenzó á

apretar mas de lo ordinario. El rey les mandó dejar la habla morisca,

y con ella el comercio y comunicacion entre sí; quitóseles el servicio

de los esclavos negros á quienes criaban con esperanzas de hijos,

el hábito morisco en que tenian empleado gran caudal: obligáronlos

á vestir castellano con mucha costa, que las mujeres trujesen los

rostros descubiertos, que las casas acostumbradas á estar cerradas

estuviesen abiertas: lo uno y lo otro tan grave de sufrir entre

gente zelosa. Hubo fama que les mandaban tomar los hijos, y pasallos

á Castilla: vedáronles el uso de los baños, que eran su limpieza y

entretenimiento; primero les habian prohibido la música, cantares,

fiestas, bodas conforme á su costumbre, y cualesquier juntas de

pasatiempo. Salió todo esto junto, sin guardia ni provision de gente;

sin reforzar presidios viejos, ó firmar otros nuevos. Y aunque los

moriscos estuviesen prevenidos de lo que habia de ser, les hizo tanta

impresion, que antes pensaron en la venganza que en el remedio. Años

habia que trataban de entregar el reino á los príncipes de Berbería,

ó al turco; mas la grandeza del negocio, el poco aparejo de armas,

vituallas, navíos, lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder grande

del emperador, y del rey Felipe su hijo, enfrenaba las esperanzas, é

imposibilitaba las resoluciones, especialmente estando en pie nuestras

plazas mantenidas en la costa de África, las fuerzas del turco tan

lejos, las de los cosarios de Argel mas ocupadas en presas y provecho

particular, que en empresas difíciles de tierra. Fuéronseles con estas

dificultades dilatando los designios, apartándose ellos de los del

reino de Valencia, gente menos ofendida, y mas armada. En fin creciendo

igualmente nuestro espacio por una parte, y por otra los excesos de los

enemigos tantos en número, que ni podian ser castigados por manos de

justicia, ni por tan poca gente como la del capitan general; eran ya

sospechosas sus fuerzas para encubiertas, aunque flacas para puestas en

ejecucion. El pueblo de cristianos viejos adivinaba la verdad, cesaba

el comercio y paso de Granada á los lugares de la costa: todo era

confusion, sospecha, temor; sin resolver, proveer, ni ejecutar. Vista

por ellos esta manera en nosotros, y temiendo que con mayor aparejo les

contraviniésemos, determinaron algunos de los principales de juntarse

en Cadiar, lugar entre Granada, y la mar, y el rio de Almería, á la

entrada de la Alpujarra. Tratóse del cuando y como se debian descubrir

unos á otros, de la manera del tratado y ejecucion: acordaron que

fuese en la fuerza del invierno; porque las noches largas les diesen

tiempo para salir de la montaña y llegar á Granada, y á una necesidad

tornarse á recoger y poner en salvo, cuando nuestras galeras reposaban

repartidas por los invernaderos y desarmadas; la noche de navidad, que

la gente de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y

las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados,

desarmados, torpes con el frio, suspensos con la devocion, facilmente

podian ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta, y acostumbrada

á saltos semejantes. Que se juntasen á un tiempo cuatro mil hombres

de la Alpujarra, con los del Albaicin, y acometiesen la ciudad, y el

Alhambra, parte por la puerta, parte con escalas; plaza guardada mas

con la autoridad que con la fuerza: y por que sabian que el Alhambra,

no podia dejar de aprovecharse de la artillería, acordaron que los

moriscos de la vega tuviesen por contraseña las primeras dos piezas

que se disparasen, para que en un tiempo acudiesen á las puertas de

la ciudad, las forzasen, entrasen por ellas y por los portillos;

corriesen las calles, y con el fuego y con el hierro no perdonasen á

persona, ni á edificio. Descubrir el tratado sin ser sentidos y entre

muchos, era dificultoso: pareció que los casados lo descubriesen á los

casados, los viudos á los viudos, los mancebos á los mancebos; pero á

tiento, probando las voluntades y el secreto de cada uno. Habian ya

muchos años antes enviado á solicitar con personas ciertas no solamente

á los príncipes de Berbería, mas al emperador de los turcos dentro

en Constantinopla, que los socorriese, y sacase de servidumbre, y

postreramente al rey de Argel pedido armada de levante y poniente en

su favor; porque faltos de capitanes, de cabezas, de plazas fuertes,

de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos para tomar, y

proseguir á solas tan gran empresa. Demás de esto resolvieron proveerse

de vitualla, elegir lugar en la montaña donde guardalla, fabricar

armas, reparar las que de mucho tiempo tenian escondidas, comprar

nuevas, y avisar de nuevo á los reyes de Argel, Fez, señor de Tituan,

de esta resolucion y preparaciones. Con tal acuerdo partieron aquella

habla; gente á quien el regalo, el vicio, la riqueza, la abundancia de

las cosas necesarias, el vivir luengamente en gobierno de justicia é

igualdad desasosegaba, y traía en continuo pensamiento.

Dende á pocos dias se juntaron otra vez con los principales del

Albaicin en Churriana fuera de Granada, á tratar del mismo negocio.

Habíanles prohibido, como arriba se dijo, todas las juntas en que

concurria número de gente; pero teniendo el rey y el prelado mas

respeto á Dios que al peligro, se les habia concedido que hiciesen

un hospital y cofradía de cristianos nuevos, que llamaron de la

Resurreccion. (Dicen en español cofradía una junta de personas, que

prometen hermandad en oficios divinos y religiosos con obras.) En

dias señalados concurrian en el hospital á tratar de su rebelion

con esta cubierta; y para tener certinidad de sus fuerzas, enviaron

personas pláticas de la tierra por todos los lugares del reino, que

con ocasion de pedir limosna reconociesen las partes de él á propósito

para acogerse, para recibir los enemigos, para traellos por caminos

mas breves, mas secretos, mas seguros, con mas aparejo de vituallas; y

estos echasen un pedido á manera de limosna, que los de veinte y cuatro

años hasta cuarenta y cinco contribuyesen diferentemente de los viejos,

mujeres, niños, y impedidos: con tal astucia reconocieron el número de

la gente útil para tomar armas, y la que habia armada en el reino.

[Nota al margen: 1568.]

Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades · 第 3 / 21 段