MAGDALENA

Con Guzmán vivía una mujer, que me presentó como sobrina suya; una mujer

pálida, de una gran belleza. Esta mujer se llamaba Magdalena y había

nacido en Gante, y era hija de una hermana de Guzmán.

Servía al tío y a la sobrina un criado viejo, belga, muy ceremonioso.

Guzmán me convidó a comer, y en la mesa hablamos. La sobrina apenas

decía nada. Unos días después fuí a casa de Guzmán, y como él no estaba,

hablé largo rato con Magdalena. Ella se lamentaba amargamente de que su

tío tomara una parte activa en la Revolución, de que se le considerara

como un aventurero sin patria y sin hogar y de que fuera amigo y

partidario entusiasta de Marat.

Realmente, Guzmán tenía mala fama. Era miembro influyente del club del

Obispado: del grupo de los extranjeros, grupo sospechoso, en el que

había hombres entusiastas y cándidos, como Anacarsis Clootz, y

agiotistas, pagados por los ingleses y los prusianos.

Guzmán, que en la calle se mostraba atrevido y cínico, era comedido y

prudente en su casa. Allí se presentaba de otra manera.

Largas conversaciones tuve con Magdalena en la guardilla de la calle

Nueva de los Mathurins. La familia de Guzmán, que al parecer

primitivamente se llamaba Pérez de Guzmán, era aristocrática en grado

sumo, y tenía parientes de la más alta nobleza en España y en Bélgica.

Por lo que me dijo Magdalena, su tío Andrés había salido de España, de

Granada, de donde era oriundo, a recoger una herencia fabulosa de un

antepasado suyo, príncipe belga; pero una rama de los Montmorency les

disputó la herencia, y en los pleitos que tuvo con esta familia poderosa

se estableció una lucha de influencias, en la cual, como era lógico,

vencieron los Montmorency, y aunque Guzmán tenía más derecho, le

desposeyeron de todas las propiedades y títulos.

Desde entonces, Andrés María de Guzmán se había sentido vejado,

ofendido, y se había lanzado a defender las ideas revolucionarias más

extremadas. Esta era la causa de la rebeldía y de la actitud republicana

de su tío, según Magdalena; opinión de mujer, y de mujer imbuída en

prejuicios aristocráticos, que no podía comprender la inmensa atracción

que ejercía la Revolución francesa en todos los hombres, fuesen nobles o

plebeyos.

Magdalena era una mujer encantadora; pero tenía una preocupación

nobiliaria que a mí se me antojaba odiosa. Muchas veces la vi tratar con

altivez al viejo criado, que les servía únicamente por cariño. Tenía el

convencimiento de que ella debía mandar y el anciano aquel debía

obedecer. El criado estaba convencido de lo mismo.

Magdalena solía hablarme de sus parientes, de sus títulos, de sus

posesiones, y también de su infancia de huérfana, educada en una casa de

religiosas de Gante.

En todas nuestras conversaciones solíamos estar de acuerdo menos cuando

hablábamos de la aristocracia y de los acontecimientos de la Revolución.

Alguna que otra vez pensé en dirigirme a Magdalena y decirla que la

quería; pero temía una repulsa, no de la mujer, esto me hubiera

entristecido, sino de la dama aristocrática, lo que me hubiera

indignado.

El aprendiz de conspirador · 第 159 / 204 题