GUZMÁN

Etchepare se pasó la mano por la frente y murmuró:

--Es un recuerdo que me molesta... pero, en fin... lo contaré. Sabrás

que soy militar retirado; he servido en el arma de Caballería hasta el

golpe de Estado de Bonaparte. Yo me creía con derecho a matar al enemigo

de mi patria; me creía con derecho para pelear por su libertad; cuando

se trató de atacar la patria de los demás para la gloria de un hombre

solo, dije no, y tiré la espada y pedí el retiro. No he sido nunca

aficionado a los gritos y a las alharacas, y hasta las manifestaciones

naturales de alegría me han molestado.

Cuando la célebre batalla de Valmy era yo sargento. El triunfo de las

tropas republicanas había producido un entusiasmo en aquellos soldados

muy natural y lógico. La noche después de la victoria, los cantos, los

gritos, los vivas se repetían a cada momento. Estaba yo delante de la

tienda de campaña, contemplando una hoguera que se consumía ante mis

ojos, cuando acertó a pasar un oficial.

--¿Filosofas, ciudadano sargento?--me dijo.

--Ya ves, ciudadano oficial--le contesté.

El oficial se sentó a mi lado, y hablamos; hablamos de las esperanzas

que iba a dar a Francia la Revolución.

--A Francia y al mundo--me dijo el oficial.

--Yo lo espero así.

--Yo también--añadió él--. Aunque francés de adopción, soy español de

nacimiento.

--Tampoco yo soy del todo francés--le repliqué--, porque soy vasco.

El español y yo nos hicimos amigos. El estaba de oficial agregado a la

Caballería; se llamaba Guzmán, Andrés María de Guzmán. Era hombre flaco,

nervioso, de pelo muy negro y ojos inquietos.

Días después le volví a ver y hablamos repetidas veces. No estábamos

conformes en apreciar la política de la Revolución. El era partidario

del bando más ultrarradical de los montañeses; yo siempre tuve más

simpatías por los girondinos. Guzmán era sospechoso en el Ejército;

extranjero y muy aficionado a criticar los actos de los demás, no

inspiraba confianza.

A fines de 1792 estuve yo en París, y paseando por las galerías del

Palais Royal me encontré con Guzmán. Me habló de que había sido detenido

y acusado de traidor, y que, gracias a los informes de la Sección de las

Picas, donde tenía muchos amigos y partidarios, se había salvado. Guzmán

llevaba una vida disipada; era jugador y libertino. Guzmán me llevó a su

casa. Vivía en un piso alto de la rue Neuve des Mathurins, en el número

34, y tenía una casa pobre, como de obrero o de empleado de escaso

sueldo; pero entre los muebles miserables había algunos riquísimos,

entre ellos un espejo biselado y un _secrétaire_ de concha.

El aprendiz de conspirador · 第 158 / 204 题