Convencido de que Magdalena no era para mí, decidí abandonar París. Los
acontecimientos políticos no llevaban el camino que yo consideraba
bueno, y me vine a Bidart.
No era fácil en aquel tiempo permanecer aislado, y los amigos me
llamaron a Bayona. En esta época había en Bayona un comité español
revolucionario. El Gobierno de la República lo sostenía, y de aquel
comité salían toda clase de folletos y de papeles, que entraban
clandestinamente en España. En este comité estaban representadas las
tendencias que entonces había en la Convención.
Un grupo seguía a mi amigo Basterreche, y quería para España la
República, una e indivisible; el otro, a cuyo frente estaba el abate
Marchena, era federal, y deseaba tantas repúblicas como antiguos reinos
hubo en España.
Se llegó a consultar a los conspicuos de París si sería mejor una
República española, o una vasca, catalana, andaluza, etc., y los
parisienses opinaron que serían mejor varias, no por sentimiento
federalista, sino por ser muy natural querer al vecino dividido.
Los republicanos españoles de Bayona tenían amigos en toda la Península:
en Madrid, en Barcelona, en San Sebastián; hasta en Burgos llegó a haber
revolucionarios bastantes para formar una sociedad secreta. En Salamanca
se constituyó un club jacobino, que tuvo verdadera importancia.
Los centralistas, que reconocían como jefe, en Bayona, a Basterreche,
tenían como representante en París a mi amigo Guzmán, que entonces era
miembro del comité del club del Obispado y persona muy influyente con
Danton y, sobre todo, con Marat.
Varias veces le había oído decir a Guzmán que Marat era oriundo de
España, creo que de Cataluña; que sabía bastante bien el español, y que
le interesaban los asuntos de la Península. Los centralistas amigos de
Basterreche representaban en el comité español a los dantonianos y
maratistas: a la Montaña.
Los federales españoles de Bayona tenían como representante en París al
girondino Brissot. Eran todos _brissotins_, que entonces era sinónimo de
ser políticos de cultura y de templanza. El partido federal español lo
capitaneaba Marchena, y en él estaban afiliados Hevia, Ballesteros,
Santibáñez, Rubín de Celis y otros.
Marchena escribió, desde Bayona, un aviso al pueblo español, con
carácter girondino, abogando por la república federal, lo que desagradó
profundamente a Guzmán, que envió un informe al ministro Lebrún,
diciéndole que aquel papel estaba tan mal pensado como escrito.
Marchena, que era un pillo, había puesto, a propósito, grandes faltas
gramaticales en su informe, para que no se supiera que era él el autor
del aviso. Sin embargo, Guzmán lo supo y consideró a Marchena como
enemigo. Con esta divergencia entre las dos personas más visibles del
partido revolucionario español, que ya era de por sí pequeño, se
fraccionó y desapareció.