EL EMISARIO

Por esta época, en el otoño del año 30, se comenzó a hablar a todas

horas de que en París había habido revolución, y después, de que los

constitucionales españoles se agitaban más allá de la frontera.

Se decía que Mina con los dos Jáureguis, Chapalangarra, Méndez Vigo,

Miláns del Bosch y otros militares desterrados desde el año 23, habían

tenido una junta en Bayona, y decidido entrar en España por varios

puntos, al frente de muchos miles de hombres.

A mediados de Octubre, una noche que estaba lloviendo a mares, antes de

cenar, se presentó un hombre en nuestra casa preguntando por don Luis:

era Aviraneta.

Don Fernando me dijo:

--Este tipo me parece sospechoso; vamos a ver qué quiere de mi hermano.

Don Luis había pasado a su visita a la sala. Entramos nosotros en la

alcoba, que tenía una puerta excusada, y desde allí don Fernando y yo

pudimos ver y oir a Aviraneta.

Aviraneta venía como emisario de Mina; pero al mismo tiempo tenía

pensado, por su parte, un plan de conspiración infernal.

Me figuro estar viéndole, a la luz de un velón, hablando y mirando a don

Luis, con sus ojos bizcos. Pretendía que inmediatamente que aparecieran

las tropas constitucionales delante de San Sebastián se sublevara la

guarnición, y algunos de los militares se encargaran de nombrar una

Junta revolucionaria, entre cuyos individuos estuviera él, Aviraneta. El

objeto de esta Junta era prender a las autoridades y a los realistas de

más significación y fusilarlos inmediatamente.

Aviraneta llevaba una lista de las personas que consideraba necesario

sacrificar, y entre ellas estaban los sacerdotes de la ciudad.

Don Luis no se prestaba a ayudarle en este crimen. Aviraneta quería

convencerle; y cuando vió que era imposible, se caló el sombrero de copa

y se marchó, murmurando con despecho:

--No se puede hacer nada. Aquí no hay liberales.

El aprendiz de conspirador · 第 78 / 204 题